El Criticón

Opinión de cine y música

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La caza del Octubre Rojo


The Hunt for Red October, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: John McTiernan.
Guion: Larry Ferguson, Donald Stewart, Tom Clancy (novela).
Actores: Sean Connery, Alec Baldwin, Scott Glenn, Sam Neill, James Earl Jones, Tim Curry, Courtney B. Vance, Stellan Skarsgård, Jeffrey Jones, Fred Dalton Thompson.
Música: Basil Poledouris.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico guion y la excelente puesta en escena consiguen un thriller trepidante y absorbente.
Lo peor: Que no haya más títulos de misma temática y calidad.

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La primera adaptación cinematográfica de las novelas sobre el analista de la CIA Jack Ryan escritas por Tom Clancy resultó un memorable thriller de acción, un ejemplo a seguir que en la actualidad desgraciadamente cada vez se sigue menos. Desde alrededor del año 2000 cada vez se trabajan menos la trama, la atmósfera, el ritmo y las emociones, y se dedica el esfuerzo casi exclusivamente al apartado de efectos especiales o la acción inmediata sin nada detrás. Tanto se ha olvidado el buen hacer que hasta el intento de resucitar la saga fue un fracaso: Jack Ryan, operación sombra (Kenneth Brannagh, 2014) resultó un título lastimero. Excepciones como Jason Bourne (Doug Liman, 2002) o Jack Reacher (Christopher McQuarrie, 2012) llegan con cuentagotas, y no llegan a hacerle sombra. Hay que irse más atrás, hasta Ronin (John Frankenheimer, 1998), para poder poner un ejemplo de alta calidad.

El guion de Larry Ferguson y Donald Stewart (este último escribió también las dos protagonizadas por Harrison Ford) es complejo, detallista y valiente, y si tiene fallos son casi insignificantes. Por ejemplo, hay un par de momentos donde se pasan de largo con el detallismo, como el accidente en el portaaviones, que aporta bien poco. Con valentía me refiero a que no tienen miedo a exponer una trama que se desgrana poco a poco y tarda en cobrar sentido, ni les tiembla el pulso a la hora de presentar personajes muy alejados entre sí y que tardarán muchísimo en encontrarse. Solo podría decir que el capitán del otro submarino ruso, interpretado por Stellan Skarsgård, al final termina quedando un poco al servicio de la trama, más que como personaje de peso como recurso de último momento para poner las cosas más difíciles, pero en esa función cumple de sobras.

El suspense que genera el juego de ir descubriendo los planes del otro, los giros bien colocados, la acción en su justa medida y sobre todo personajes de calidad sumergidos en los momentos más difíciles de sus vidas conforman un relato que atrapa en cada minuto produciéndote una sensación de intriga e inquietud por lo que está por venir. Puedes intuir que habrá final feliz como es habitual en el cine de Hollywood, pero no te lo crees hasta que no lo ves, y además el desenlace no se limita a un clímax de acción ruidosa, sino que sigue manteniendo a los protagonistas en el foco de la narración, haciéndote sufrir con ellos.

John McTiernan rueda con un dominio narrativo impresionante, forjando un ritmo ejemplar para un thriller: intrigante en todo momento y con picos de tensión excepcionales, pero también trepidante cual obra de acción. Además hay que tener en cuenta que era una cinta difícil, pues los escenarios son muy cerrados y oscuros. Destaca el sabio uso de la fotografía de Jan de Bont (quien luego dirigiera títulos conocidos como Speed y Twister), que se maneja de maravilla en los espacios cerrados y logra un excepcional uso de la iluminación. Para terminar, la música de Basil Poledouris es mucho más que los impresionantes coros, pues luego se torna sutil y sumamente efectiva.

Los actores saben adaptarse muy bien a sus personajes. Alec Baldwin es el único por debajo de la media, pero su inexperiencia y aspecto de panoli coinciden con lo que precisamente necesitaba el personaje. Sean Connery muestra muy bien como su rol oculta cosas a la tripulación, desde sus intenciones a sus sentimientos. Scott Glenn como capitán serio y curtido pero que no resulta el cowboy temerario que parecía, sino que es paciente e inteligente, consigue otra interpretación contenida muy lograda; es una pena que el actor nunca pasara de ser uno de esos secundarios de toda la vida. Y tenemos muchos más secundarios de lujo: Sam Neill, James Earl Jones, Jeffrey Jones

La segunda parte, Juego de patriotas (Phillip Noyce, 1992) bajó bastante el nivel, pero la tercera, Peligro inminente (ídem, 1994) se encarriló de nuevo. Sin embargo, la saga quedó en suspenso hasta el citado fallido reinicio de 2014.

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Indiana Jones y la última cruzada

Indiana Jones and the Last Crusade, 1989, EE.UU.
Género: Aventura, fantasía.
Duración: 127 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Jeffrey Boam, historia de George Lucas y Menno Meyjes.
Actores: Harrison Ford, Sean Connery, Denholm Elliot, John Rhys-Davies, Alison Doody, Julian Glover, River Phoenix.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Guion (acción, aventura, humor, personajes…), actores con una química insuperable, una banda sonora gloriosa y una realización espléndida.
Lo peor: Nada.
Mejores momentos: Tantos… La huida de Venecia, la huida del castillo en motos, la lucha contra el tanque, la estancia en el cañón de la Media Luna…
La pregunta: ¿Por qué en El arca perdida no le manteían el acento a Sallah en la versión doblada y ahora sí?
La frase: Debería estar en un museo.

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Probablemente las malas críticas que tuvo El templo maldito le indicaron a Spielberg que quizá sería mejor repetir el esquema argumental de En busca del arca perdida y darle mayor grandeza a la aventura. Y funcionó, vaya si funcionó, porque La última cruzada es sin duda la mejor entrega de Indiana Jones. Todo en esta cinta es sobresaliente, brillante. El guion es el más trabajado de todos, y aparte de bordar con creces todos los elementos clásicos de la saga (acción, historia llena de misticismo, lugares exóticos y personajes carismáticos) destaca sobre todo por su equilibrada trama, donde se desglosan muy correctamente las pistas y hallazgos de las indagaciones, así como por su gran sentido del humor, logrado este gracias a unos diálogos que son siempre perfectos. El ritmo es espléndido, sin descanso y sin aglomeraciones. Cada escena está puesta donde mejor funciona, cada diálogo está colocado con precisión exquisita en el instante donde más efectivo resulta.

La realización de Spielberg saca el máximo partido de libreto, ofreciendo una escenificación espectacular y un manejo de cámara como siempre tan profesional como virtuoso. La fotografía, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales son de primer nivel, y la banda sonora de John Williams resulta la más completa y fascinante de la tetralogía. Pero quizá lo más remarcable sea la excepcional labor de los actores, todos impresionantes en sus papeles, aunque despunta de manera remarcable la pareja Harrison Ford y Sean Connery. Si los personajes son muy completos y los diálogos sublimes, los intérpretes les dieron vida propia con un resultado inolvidable, obteniendo una de las pajeras que mejor química ha tenido en la historia del cine.

La película es más en todos los sentidos. Tiene más acción (la escena del tanque quita la respiración), más humor (atención a la aparición de Hitler), más personajes (se amplía muy acertadamente la presencia de Marcus y Sallah) y todas las situaciones son más espectaculares, originales y resultonas. El prólogo nos introduce más a fondo en la personalidad de Indiana, mostrándonos sus inicios en la arqueología. El chico que se encargó del papel (River Phoenix) no podía haberse lanzado mejor a la fama, aunque desgraciadamente las drogas acabaron con él pocos años después. Dicho prólogo es buen ejemplo de las enormes virtudes que posee: es intrigante, atractivo, espectacular… Las escenas sobre el tren denotan gran planificación y una realización de gran calidad a pesar de las aparentes dificultades. Sin embargo no es más que la punta de un iceberg maravilloso, pues a partir de ahí se lanza en la búsqueda del grial pasando de escena magistral en escena magistral. Venecia, las catacumbas, la huida en lanchas (atención a la música en esta asombrosa secuencia), el reencuentro entre Indy y su padre, la escapada en sidecar, las persecuciones por el desierto, el clímax final, los competidores ambiciosos (Donovan), los enemigos implacables (nazis), la chica hermosa que esta vez esconde una sorpresa (fantástica la interpretación de Alison Doody, que como las otras féminas de la saga no llegó a hacer nada más digno de mención en su carrera) y por supuesto los misterios que juegan con leyendas pseudo históricas dan forma a una producción mítica, inolvidable y que se puede ver un millar de veces, pues no pierde ni con los años ni con los visionados.

Saga Indiana Jones:
En busca del arca perdida (1981)
Indiana Jones y el templo maldito (1984)
-> Indiana Jones y la última cruzada (1989)
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)