El Criticón

Opinión de cine y música

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Macbeth


Macbeth, 2015, EE.UU., Francia, Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 113 min.
Dirección: Justin Kurzel.
Guion: Jacob Koskoff, Michael Lesslie, Todd Louiso. William Shakespeare (obra).
Actores: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Paddy Considine, David Thewlis, Jack Reynor, Sean Harris.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía y música bellísimas.
Lo peor: El guion no expone personajes ni trama, la dirección es pretenciosa pero inerte.

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Vi los avances y me dije: no me la puedo perder, menuda belleza y fuerza transmiten las imágenes. Me puse con la película y ahí estaba esa fotografía de Adam Arkapaw (dado a conocer en la primera temporada de True Detective) tan elaborada que combina de forma fascinante el encuadre y la iluminación, pero también se le suma una banda sonora (Jed Kurzel, hermano del director) minimalista, tétrica, subyugante. El argumento no será original (difícil basándose en un texto tan antiguo), pero con ese arrebatador aspecto audiovisual prometía una cinta épica y hermosa de intrigas de la corte y batallas. Pero me aburrí soberanamente con un relato fallido e inerte en su interior. Si miro atrás, lo único que consigo deducir sobre lo que me han contado es gracias a que el relato me era conocido por la cultura popular aunque no haya leído directamente a Shakespeare. Y es que el guion y la dirección no atinan a formar un filme consistente y fluido, y como es obvio, en esas condiciones causar sopor es más probable que lograr emoción alguna.

Una película no son frases recitadas sin más, hay mucho, mucho más. El guion debe presentar y desarrollar un entorno, unos personajes y una historia concretos, y el director debe darle forma con todos los elementos técnicos y artísticos disponibles de manera que la narrativa cobre un sentido global. Aquí sólo tenemos fotografía y música. La escenificación, obcecada en la belleza visual exterior hasta tener unos cuantos momentos muy pretenciosos (cámaras lentas y composiciones rebuscadas), se olvida del contenido, así que el ritmo es negligente y la historia apenas cobra forma, mucho menos una atractiva. Los intérpretes, por mucho renombre y currículo que tengan, sólo recitan frases (la mayoría susurradas) con cara de intensidad, o sea, de tener problemas para ir al baño, pero a los protagonistas no se les reconocen sentimientos y motivaciones concretos, no se sabe por qué toman una decisión u otra, qué los aflige en cada momento. Ni siquiera al principio, cuando se atina a ver un argumento (y porque es presentado con texto en pantalla), se puede conocer a fondo qué planea cada individuo, qué espera de la situación y cómo se mueve por ella. Pero hay partes verdaderamente opacas. El tramo final ya ha perdido todo rastro de rumbo y sentido, sólo vemos a los actores con la eterna cara de compungidos que no se sabe de dónde sale. ¿Por qué Macbeth está en su habitación lamentándose? ¿Qué hay del reino y los contrincantes? ¿Adónde va la mujer y qué trama? Nada se entiende, nada produce un efecto y una respuesta clara en el devenir de acontecimientos y la evolución de los personajes.

La fascinación inicial se diluye rápido, y conforme avanza la proyección esta se va haciendo más y más larga y pesada. La belleza que alcanza ojos y oídos no llega a más sentidos.

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Misión Imposible: Nación secreta

 


Mission: Impossible – Rogue Nation, 2015, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 131 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Drew Pearce.
Actores: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Jeremy Renner, Simon Pegg, Sean Harris, Ving Rhames, Simon McBurney, Alec Baldwin.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y espectacular, sobre todo gracias a la puesta en escena. Personajes con cierto carisma.
Lo peor: Los topicazos, la falta de inteligencia y profunidad, los sensacionalismos… En resumen, la falta de ambición y pretensiones.
Mejores momentos: La persecución con motos.

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Nación secreta no parecía que fuera a sorprender, y finalmente no lo hace. Con sus propias y ligeras ventajas y desventajas mantiene la estructura de la cuarta entrega, que tanto éxito consiguió a pesar de simplificar bastante el estilo de la saga. De la misma forma, resulta un título de acción bastante entretenido pero algo insatisfactorio, pues como siempre, cabe preguntarse por qué no se esfuerzan tan sólo un poquito más en obtener un producto más serio, sólido e inteligente, por qué seguimos con la tónica de que el género debe ser tan básico. Además en este capítulo surge otra cuestión y decepción: por qué no se han tomado en serio la idea de hacer una serie, que cada episodio no tiene nada que ver con el resto (yo sigo echando de menos a los compañeros de la tercera parte).

Esa última queja se hace muy evidente porque la proyección empieza de forma brusca con una trama que requería más desarrollo previo, pues queda precipitada y confusa inicialmente. Y todo para que a la hora de la verdad sea de nuevo una excusa para saltar de una aventura a otra sin que quede muy claro el nexo de unión entre lugares y submisiones. Al menos la misión principal sí es más relevante y permite que la historia personal sea más intensa: tienen que luchar por salir adelante y desentrañar y detener a una oscura corporación y a su inquietante líder. Sí, muy típico (puro James Bond), pero al menos se recuerda, que en Protocolo fantasma nada más terminar te quedabas diciendo: ¿quién era el malo y cuál su objetivo? Además también hay más sensación de trabajo en equipo, de que los secundarios están mejor desarrollados. Ahí destaca la chica de turno, que toma más protagonismo que las féminas anteriores. Eso sí, a veces es descarado como enfocan su cuerpo sin razón alguna, con lo que no consigue librarse del todo del cliché de mujer florero.

Hay numerosas secuencias de acción de distinto tipo, todas más o menos intensas y espectaculares. Destacan la fuga de Ethan con ayuda de la espía (menuda forma física tiene el tío), la ópera (aquí el tono de thriller está bastante bien manejado), algunas buenas persecuciones y tiroteos varios. Pero a pesar de esa historia central más concreta y del grupo protagonista mejor explotado, la aventura resulta algo más arrítmica que en la anterior entrega, en parte porque como indicaba siguen los saltos poco justificados entre distintos escenarios y partes de acción, que parecen puestos ahí para cumplir con el género y la escena correspondiente, pero también por los grandes contrastes: algunas secuencias no especialmente relevantes son muy aparatosas, y las partes más cruciales no atrapan como debieran. Por ejemplo, la persecución de motos es impresionante, pero te preguntaría si recuerdas a qué se debe. También se nota que los artífices del filme sabían que a base de repetir patrones se puede perder interés, y como respuesta se empeñan en exagerar las cosas. No me convence del todo la gran secuencia de infiltración, porque de nuevo tira por los enredos tecnológicos imposibles y la acción sensacionalista (pero qué exagerado lo del agua) en vez de construir una buena atmósfera de intriga y tensión donde los personajes estén al límite de un esfuerzo más humano que de superhéroe. Ahí la tercera sigue sacando bastante ventaja.

Pero sobre todo le pesan las partes más calmadas. Las discusiones sobre cómo actuar no llaman mucho la atención, por ejemplo. Mi impresión es que podrían haber sacado mucho más partido a la idea de los espías renegados. Y el final pierde bastante fuelle, acabando la película de forma algo repentina. Da la sensación de que pretendían un desenlace que tirase más por la victoria personal y cerrar las tramas de forma calmada, dejando que la historia y los personajes se asentaran bien después de la tormenta. Pero no les ha quedado bien, porque si de verdad buscaban ahora tirar por el drama de personajes, la lucha intelectual y la intriga de espionaje de nivel, pues llegan tarde y mal. El descubrimiento del complot (con el primer ministro y el director de la CIA) es muy forzado y predecible, los clichés de protagonistas en peligro no causan desazón alguna, la simplona y anticlimática captura del villano parece poca cosa, y la victoria en la disputa de despachos es muy básica también.

Como la anterior, la película resulta un buen entretenimiento por su simpatía (protagonistas carismáticos, buena mezcla de humor y acción), por ir al grano aunque sea a costa de tirar de clichés del género (la trama nunca sorprende, pero narrando a toda leche te engañan durante un rato), y sobre todo por la firme y contundente puesta en escena, que ofrece un espectáculo vistoso y trepidante. Sustituyendo a Brad Bird llega Christopher McQuarrie, guionista de títulos tan atractivos como Valkiria y Sospechosos habituales, y quien llamó la atención en el género dirigiendo la más que recomendable Jack Reacher. De las virtudes de aquella en el guion hay bien pocas, porque está atado a la serie y las directrices del estudio y los productores (Cruise incluido), pero en la dirección está de nuevo muy efectivo, ofreciendo una puesta en escena vibrante, dinámica y clara en la acción. Cabe destacar el magnífico trabajo de planificación, rodaje y edición de la asombrosa persecución, una secuencia larga que resulta sobrecogedora y uno de los grandes momentos de acción del año. Aunque por desgracia aquí también aparece el único aspecto negativo de lo visual: cuando el escenario cambia a la autovía se empeñan en tirar de efectos digitales, y no queda ni por asomo tan bien. En la música lo acompaña su fiel Joe Kraemer, quien cumple también de sobras con una partitura muy en la línea del estilo marcado por Michael Giacchino: orquesta excelente, temas vigorosos y bien acoplados a las imágenes.

Para pasar el rato bien vale la entrada, pero si eres más exigente hay thrillers de acción muy superiores, como la magnífica Ronin o la citada Jack Reacher. La pena es que el público en general cada vez es menos exigente, no hay más que ver la estupenda recepción que tiene la citada simplificación de la serie. Otra cosa que parece ir a peor en estos tiempos es el doblaje. ¿Nadie más ha notado la plaga de leísmo que sufre la versión española? Los personajes parecen paletos de la España profunda en varias conversaciones.

Ver también:
Misión Imposible III.
Misión Imposible: Protocolo fantasma.