El Criticón

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Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

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Hellboy


Hellboy, 2004, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 122 min (cines), 132 min (Director’s Cut).
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Biddy Hodson, Ladislav Beran.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El carisma de Ron Perlman, el vestuario, el maquillaje y los efectos especiales.
Lo peor: Guion lamentable y puesta en escena muy pobre. Potencial desaprovechadísimo.
Versión del director: Tiene diez minutos más, con un par de escenas de colegueo y ligoteo no esenciales, y tampoco aporta violencia extra.

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Los cómics de Hellboy, creados por Mark Mignola en 1993, combinan aventuras y humor negro, esoterismo (con predilección por el nazismo) y mitología, esta última con influencia de las mitologías nórdica y griega y el horror informe de Lovecraft. En la búsqueda de poderes místicos los nazis abren un portal hacia el infierno, y aunque el doctor Trevor Bruttenholm (alias Broom) los sigue de cerca e impide que logren sus objetivos, un demonio bebé acaba en la tierra. Criado por él bajo el nombre de Hellboy (chico o niño del infierno), servirá en la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, que analiza y contrarresta amenazas de complots paranormales y criaturas extrañas por todo el mundo.

La adaptación cinematográfica se fraguó justo antes del boom del cine de superhéroes que se dio con el Batman de Nolan (iniciada en 2005) y la serie Marvel de Los Vengadores (Iron Man vio la luz en 2008). En ese momento triunfaba X-Men (Bryan Singer, 2000), que se podría decir que abrió la veda, pero Hellboy llegaba menos para arrasar en taquilla aprovechando el tirón de aquella y más como rareza, pues partían de un personaje menos conocido, no era una superproducción ambiciosa y parecían apuntar a un público más adulto y alternativo.

Sin embargo, la cinta resultante no causó impresión alguna. Ni logró un tono distintivo y una personalidad llamativa, ni era tan adulta y original como se esperaba, sino que su pobre guion y su acabado visual poco enérgico ofrecieron una de acción genérica. Aunque la crítica fue bastante buena con ella a pesar de su escasa calidad, el público la recibió con gran tibieza, no pudiendo doblar su presupuesto en taquilla, necesario para empezar a ser rentable (hay que contar publicidad y distribución y la ganancia del cine). Pero tampoco fue un fracaso sonado, y tuvo que dar dinero en el mercado doméstico (dvd, bluray y venta de derechos a cadenas de televisión), porque hicieron una secuela cuatro años más tarde. Aunque tuvo mejor recorrido en taquilla tampoco fue un éxito y enseguida cayeron en el olvido, hasta que la llegada de una nueva versión en 2019 nos ha hecho mirar atrás.

Si en su momento fue poca cosa, el paso de los años no le hace ningún bien. La escasa inspiración y ambición del guion se hace más evidente cuantas más cintas de superhéroes hay, pero si os parece injusto ponerla en la balanza con el punto álgido del género, podemos compararla con cualquiera de acción, aventuras y fantasía de la época e incluso de décadas anteriores, y veremos cantidad de lugares comunes que el escritor y director Guillermo del Toro amontona con desgana.

El héroe solitario e incomprendido, la chica dulce, el nuevo compañero novato que cierra el trío amoroso y genera roces en el trabajo, el mentor que morirá para forzar la maduración de aquellos, el villano sin personalidad que quiere destruir el mundo porque sí y sus secuaces raritos dan tumbos sin ton ni son en la presentación, nudo y desenlace más sobados y anodinos que puedas imaginar. De hecho, recuerda mucho a los trabajos previos de Del Toro, Blade II (2002, aunque esta sólo la dirigió) y Mimic (1997), con escenas calcadísimas como los climax finales con esas previsibles explosiones que acaban con los bichos.

El recorrido de los personajes es predecible y aburrido, sabes en todo momento cuál es la escena siguiente, si una de camaradería, una de conflicto, una de conciliación, una explicativa o un lastimero momento de transición a modo de videoclip (por cierto, atención al destroce que hacen versionando la mítica Red Right Hand de Nick Cave). Los diálogos dan bastante vergüenza ajena, y eso que se ve un intento de dar rienda suelta al humor negro y gamberro que se esperaba, pero este resulta infantil y muchas veces desubicado, forzado: hay muchos intentos de chiste que rompen el ritmo en las escenas de acción. A veces se cae a unos niveles sonrojantes: el trío amoroso de ingenuo es hasta gracioso, y por el lado contrario, el director del FBI es un personaje que busca ser cómico pero resulta insoportable, y eso que Jeffrey Tambor (Arrested Development -2003-) le saca todo el jugo posible a semejante esperpento.

Sólo salva la función el carisma de Ron Perlman (En busca del fuego -1981-, La ciudad de los niños perdidos -1995-, Alien Resurrection -1997-, Hijos de la anarquía -2008-), que hace suyo al personaje, no sólo porque se adecúa al físico, sino por su estupenda combinación de mala hostia con candidez. Doug Jones como Abe, el anfibio, consigue resultar simpático a pesar del aparatoso maquillaje, pero el personaje está muy desaprovechado y para colmo a media proyección lo dejan de lado. Jones se ha convertido en todo un genio de la interpretación por gestos y movimientos; recientemente lo pudimos ver en La forma del agua (2017, también a las órdenes de Del Toro) y Star Trek: Discovery (2018). Del resto, hasta un veterano como John Hurt (Alien -1979-) parece estar desubicando en el típico personaje comodín explicativo, no digamos ya los jóvenes Selma Blair (Una rubia muy legal -2001- y otras comedias de bajo nivel) y Rupert Evans (Ágora -2009-, muchas series menores), que están pésimos hasta sacarte de la película haciéndote que te preguntes cómo han podido pasar el cásting.

La decepción se agrava por el potencial que ponía en bandeja la mezcolanza de mitologías del cómic, con unos villanos y monstruos cada cual más extravagante y sugerente. Nazis, ocultismo, Rasputín, demonios del infierno… nada llega a desarrollarse lo suficiente como para generar expectación por el devenir de acontecimientos. Si te quedas con el quién es quién de los malos es por el aspecto de cada uno, porque no se llega a vislumbrar ninguna personalidad. De hecho, el diseño de Kroenen es espectacular, así que apena mucho que no se trabajara lo más mínimo su historia y ambiciones. Este y sus compañeros (la típica rubia nazi, el cansino loco de la dominación mundial -Rasputin-) aparecen esporádicamente para justificar las escenas de acción y la confrontación final de rigor, pero apenas llegan a aportar un mínimo de intriga y espectáculo aceptable.

Una vez se intuye el escaso recorrido de la propuesta, que en mi caso fue desde el manido y tonto prólogo, las únicas esperanzas quedaban puestas en el aspecto audiovisual que pudieran lograr, pero ya desde esa introducción apunta bajo. La puesta en escena se queda muy corta y la imaginación escasea demasiado a pesar de las posibilidades.

La dirección de Del Toro es convencional y muy televisiva, ahogada en planos cerrados y escenificación básica de rostro en rostro. Donde más se nota la falta de ese talento que algunos se empeñan en ver en el realizador es en las escenas de acción, que con unas coreografías vulgares y un montaje tosco resultan más bien cutres. Todo son borrones en movimiento y gente lanzada por los aires, y se dejan ver unos trucos demasiado evidentes: cómo cantan los movimientos con cuerdas, llegando a dar momentos ridículos, como el derrumbe de la pasarela al final, donde Hellboy patalea en el aire. Tampoco ayuda el tono para mayores de 13 años que obligaron en una propuesta que pide a gritos ser para mayor de 18: los diálogos esquivan las palabrotas, o cuando por fin van a recurrir a ellas las dicen a medias (sólo les falta un pitido), a Kroenen sin traje lo esconden de mala manera tras objetos, y de sangre y violencia no se ve casi nada, ni si quiera en la versión extendida como suele ser habitual.

La banda sonora de Marco Beltrami es efectiva pero poco inspirada, ofreciendo típicas fanfarrias heroicas y demás motivos de acción rutinarios, cuando la premisa daba para explorar sonidos más originales; pero claro, lo más probable es que se mantuviera en lo que querían los productores.

Apenas aguanta el tipo porque el vestuario y maquillaje son muy llamativos y los efectos especiales bastante buenos. De hecho, pienso que Abe es aparcado a media película con la excusa de que está herido para ahorrar las horas de maquillaje en la parte más difícil de rodar, las escenas de acción del tramo final. Por otro lado, ya que tenemos tanto traje elaborado, bien le podían haber puesto un vestuario a Liz que soportara el fuego por alguna cualidad mágica, porque va lanzando llamas sin que se le queme la ropa.

Lo digital está bastante bien hecho y se mantiene con el paso del tiempo (más teniendo en cuenta que no era una gran superproducción), sobre todo porque no se abusa de ello y porque sabiamente cuando los monstruos copan el primer plano son muñecos o gente disfrazada. El perro-demonio está muy logrado y la criatura final está bien hecha, lástima que esta forme parte de un clímax tan soso. Eso sí, hay un par de extraños momentos en que recurren al ordenador para cosas que podían haber hecho con material real, como la cuerda con la que enganchan a Kroenen por el cuello o los coches al cruzar la calle, que dan un cante horroroso.

En resumen, Hellboy prometía pero acaba siendo un producto muy convencional y perecedero.

Ver también:
-> Hellboy (2004)
Hellboy II: El ejércido dorado (2008)