El Criticón

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Aquaman


Aquaman, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 143 min.
Dirección: James Wan.
Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall, James Wan, Geoff Johns.
Actores: Jason Momoa, Amber Heard, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman, Dolph Lundgren, Temuera Morrison, Yahya Abdul-Mateen.
Música: Rubert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Algunas mejoras respecto al resto de la serie: estilo y escritura, efectos especiales y, sobre todo, dirección. Un reparto bien elegido. Vestuario impresionante.
Lo peor: Con todo, es un poco tontorrona y demasiado previsible, y los efectos especiales tienen todavía momentos muy cantosos. La banda sonora es horrible, y la selección de canciones peor.
Mejores momentos: Las peleas en el submarino y en el pueblo italiano.

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La gestión de la saga DC o La liga de la justicia, como prefiráis, ha sido caótica, por no decir desastrosa. La idea de una serie de películas que combinara diversos personajes de DC Comics estuvo dando vueltas en el estudio Warner Bros. desde finales de los noventa, pero nunca terminaba de ponerse en marcha. Hay muchas historias que contar ahí (Superman escrito por Kevin Smith y dirigido por Tim Burton con Nicolas Cage de protagonista, Batman vs Superman dirigido por Wolfgang Petersen y escrito por Akiva Goldsman, La liga de la justicia dirigida por George Miller…), pero no lograban sacar la serie adelante, y menos con el fracaso de cintas que se lanzaron a hacer con prisas y sin tener ideas claras, ya por desesperación de estrenar algo, como Superman Returns de Bryan Singer (2006) y Linterna Verde de Martin Campbell (2011). Pero el éxito del Batman de Christopher Nolan (2006), que se gestó aparte de este concepto de héroes unidos o universo cinematográfico, dio el empujón final.

Los directivos del proyecto, Geoff Johns y Jon Berg, idearon un plan de al menos diez películas, pero han ido dando traspiés uno detrás de otro. Tras la tibia recepción de El hombre de acero de Zack Snyder en 2013 y viendo que Marvel les comía terreno, echaron un órdago de forma improvisada y apresurada, saltando a la unión de varios personajes con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia sin haber tenido las películas de presentación de Batman y otros secundarios y manteniendo al frente creativo a Snyder a pesar de que todos los problemas de la cinta inicial eran debidos a su estilo fallido y su nula visión cinematográfica. Pero seguían sin tener claro lo que hacer, pues dicha producción, iniciada a finales de 2013, se alargó con constantes cambios, retrasándose el estreno hasta marzo de 2016. Para rematar las malas decisiones, enlazaron ese proyecto con la siguiente fase, Escuadrón suicida y Wonder Woman, sin esperar a ver el resultado artístico y comercial. Pero tras el fracaso sonado de Escuadrón suicida (David Ayer, agosto de 2016), a Wonder Woman (Patty Jenkins, junio de 2017) le metieron cambios a contrarreloj (incluso tuvieron que eliminar digitalmente el embarazo de la actriz) para intentar alejarse del tono Snyder. Y este a la vez estaba ya inmerso en la siguiente unión de los héroes, La liga de la justicia. El estreno de Wonder Woman empezó a mostrar tibias mejoras en calidad y recepción del público y por fin tomaron nota de que lo que fallaba era la obstusa visión del incompetente de Snyder y la de esos productores que le habían permitido tener demasiado control creativo y continuar pese a los fiascos nada menos que durante tres películas. Pero la cosa estaba clara ya, y prescindieron de él en pleno rodaje. Demasiado tarde, porque por mucho que contrataran al gran Joss Whedon (Los Vengadores 1 y 2), poco pudo hacer para arreglar el desaguisado. Tras el estreno en noviembre de 2017, los directivos también fueron despedidos, tomando las riendas Walter Hamada. Para la siguiente entrega de un héroe en solitario, Aquaman, desde el principio han buscado a un realizador con experiencia demostrada y han tratado de cuidar más el guion. Y falta mencionar el dinero, la cantidad de billetes que tiraron en esos caóticos rodajes: Aquaman habrá costado cien o incluso doscientos millones menos que Batman vs. Superman y La liga de la justicia y luce infinitamente mejor.

La mejoría se nota, pero también está claro que todavía falta mucho que recorrer. Eso sí, no creo que podamos decir que el inicio de la remontada (esperemos que sea eso y no sólo un caso aislado) llegue tarde. El público es poco exigente, y si fue en masa a las anteriores a pesar de echar pestes sobre ellas, esta, con un boca a boca decente, ha hecho caja a lo grande, superando los mil millones de dólares de recaudación mundial. Si es que no hace falta mucho para funcionar con una temática de moda, sólo que sea entretenida.

James Wan inició su carrera en el terror serie b con Saw (2004). A pesar de su nula calidad tuvo un éxito abrumador y le permitió optar a proyectos más ambiciosos con mayor libertad, donde fue cogiendo experiencia hasta llegar a The Conjuring (2013), esta sí, una de terror tradicional pero muy sólida que se puede considerar un referente moderno del género. Por si fuera poco, demostró también su valía en el cine de acción con Fast & Furious 7 (2015), que terminó de asentar una saga que iba madurando con el tiempo. Teniendo ya una fama que le permitiría hacer lo que quisiera, es extraño que elija franquicias, pero mejor para nosotros: su llegada a DC prometía traer un soplo de aire fresco.

El visionado confirma una narrativa muy superior a la de Zack Snyder y la de David Ayer (el de Escuadrón suicida, un director y escritor regulero con más fama de la que merece: nadie se acuerda ya de Día de entrenamiento, Corazones de acero y Sin tregua a pesar de que las pusieron por las nubes, y en cambio su único trabajo original y de calidad, Sabotaje, pasó sin pena ni gloria). Y también muestra más personalidad y valentía que la labor de Patty Jenkins en Wonder Woman, bastante profesional pero sin garra alguna. La imagen tiene color y vida, no está tratada de forma artificial para… no sé cuáles eran las intenciones de Snyder, nadie lo sabe, pero todo quedaba oscuro, falso y feo. La historia posee ritmo y coherencia, no es una sucesión de postales rebuscadas sin visión global del desarrollo argumental y emocional. Cabe destacar sobre todo su habilidad para unir distintas secuencias con movimientos de cámara y fundidos, de forma que agiliza las numerosas transiciones entre escenarios y flashbacks; por el contrario, Snyder es de apelotonar todo sin ton ni son, incluso dejando huecos enormes. Wan también se atreve a mantener los intentos de darle un toque distintivo a las escenas de acción con cámaras lentas y trávellings circulares complicados, pero los resuelve con un dominio de la cámara y un montaje soberbios al lado de la tosquedad de Snyder y los fallos puntuales de Jenkins, que iba bien hasta que se atascaba en estos enredos.

Desde las peleas en el submarino, un escenario interior muy limitado, Aquaman impresiona como debería hacerlo cualquier título decente de acción o superhéroes. Y con la ayuda de un vestuario muy elaborado y unos efectos especiales de buen nivel, el acabado es digno de ver en cine (o en IMAX, pues rodaron casi toda la película en ese formato). Eso sí, hay que matizar que en cuestión de efectos especiales todavía está muy por debajo del nivelón de las sagas de referencia, Los Vengadores y Transformers, con algunos momentos donde la integración de fondos y actores canta bastante; pero ya no hablamos de un aspecto de cine cutre como en el resto de la serie. Lo único que falla realmente es la banda sonora original de Rupert Gregson-Williams, muy limitada y un tanto ruidosa, y la selección de canciones, tan malograda que parecen haber elegido temas comerciales rematadamente malos para hacer alguna clase de chiste.

El guion, escrito a varias manos, incluyendo al propio Wan, pretende dejar de lado la fallida pretenciosidad en la que Snyder había enquistado la serie, derivando hacia un tono más aventurero y relajado, y trabajar mejor la trayectoria de los protagonistas, que antes no sabías qué motivaba a Superman y Batman, no digamos ya a los secundarios. En cierta manera lo consigue, pero estábamos atascados en un nivel tan bajo que ahora aplaudimos un guion de aprobado por los pelos. No tiene nada que ofrecer a un género muy gastado, y más cuando la propia premisa bebe tanto de clásicos de la cultura: mitos griegos, trama “shakesperiana”, nacimiento del héroe y aceptación de su destino… Así, una vez presentado el argumento se ve venir toda la película, y los escritores no ofrecen ningún momento de inspiración que aporte alguna novedad. De hecho, hay partes (como ese prólogo que repite la misma frase una y otra vez, incapaz de ir al grano) que piden a gritos una última reescritura que otorgue algo más de originalidad y solidez. Donde aciertan es a la hora dotar a la aventura de simpatía además de claridad, y a los personajes de carisma además de unas motivaciones concretas, lo que basta para ofrecer un entretenimiento digno.

Aquaman es el típico individuo con capacidades superiores a la media pero que rechaza la difícil responsabilidad que los demás intentan ponerle encima; Mera es la mujer madura y decidida que trata de ponerlo en camino (aquí no se les acusa de feminismo forzado, eso solo pasa en la competencia); Orm el rey ambicioso; Nereus el político prudente que se deja llevar por la corriente; y así con todos. Pero de todos sacan bastante entre guionistas y un reparto muy bien elegido, de forma que Aquaman (Jason Momoa) tiene una personalidad magnética, Mera (Amber Heard) es más encantadora que rígida, y juntos tienen gran química (más que la pareja protagonista de Wonder Woman, Diana y Steve Trevor). Orm (Patrick Wilson) funciona aceptablemente bien como villano, y Nereus (Willem Dafoe) y otros secundarios aportan su granito de arena a unas relaciones y confrontaciones facilonas pero lo justo de emocionantes.

La odisea que induce la maduración del héroe y la intriga de la corte se desgranan con un ritmo enérgico, más teniendo en cuenta que hay mucho que explicar y que una vez las cartas están sobre la mesa todo resulta predecible. Se acumulan escenarios vistosos sin grandes baches de ritmo e interés, los protagonistas aprenden unos de otros o de sí mismos en un sinfín de aventuras muy moviditas. Hay partes espectaculares, como la citada secuencia del submarino, la pelea por los tejados y calles de la ciudad italiana, los planos de la Atlántida y sus gentes…

Pero imperfecciones todavía quedan muchas, aparte de su falta de novedades y calado. Tenemos algunos diálogos épicos forzados, algún chiste más tonto de la cuenta, un par de tramos de transición mejorables (por ejemplo, la escena de la fuente de Italia es un tanto cursi y a la revelación posterior le falta trascendencia), y algún instante de vergüenza ajena (el tipo que se va andando cuando Aquaman levanta la tonelada de piedras que aplastan sus piernas). Pero más grave son dos factores clave. Primero, el villano secundario, Manta Negra, no convence y parece ajeno al resto de la trama, añadiendo demasiado metraje extra innecesario, y el diseño de su traje parece más propio de una producción japonesa de baratillo. Segundo, en el acto final (desde la llegada a la Fosa) optan demasiado por los fuegos artificiales, de forma que parece que estás viendo una batallita de un videojuego en vez de una historia que pueda conmoverte. Deberían haber potenciado el conflicto político y personal entre las escenas de acción, y con situaciones más originales, pero la batalla global y el enfrentamiento entre los protagonistas van por separado, alargando un desenlace muy facilón con muchos más minutos de la cuenta.

Una película como esta (obviamente si es superior, mejor todavía) tenía que haber sido el comienzo de la serie, y a partir de ahí ir madurando y creciendo en complejidad hasta que estuviera lista para saltar a la unión de todos los personajes en una entrega más grande. Como reza el dicho, no se puede empezar la casa por el tejado. Quizá deberían hacer borrón y cuenta nueva, es decir, continuar la saga como si no existieran las tres grupales que llevamos (Batman vs. Superman, La liga de la justicia y Escuadrón suicida) y trabajarse mejor las venideras cintas en solitario (Cyborg, Flash y la segunda de Wonder Woman y Joker están en proceso, queda por ver qué pasa con la de Batman y la secuela de El hombre de acero, y si se atreven con otros). Y si estas dan buenos resultados podrían plantearse entonces hacer una unión de los héroes como es debido, con la experiencia adquirida, la mayor profundidad de los protagonistas y su universo. Inesperadamente, todo apunta a que van a probar esta idea con la segunda parte de Escuadrón suicida, que prácticamente será un reinicio de la mano de un autor que también ha demostrado su valía, James Gunn. Este es el realizador de la subserie Guardianes de la galaxia de Marvel, así que entre esto y que ficharon a Joss Whedon para tratar de salvar La liga de la justicia, parece que los productores de DC han admitido la derrota y tratan de levantar cabeza.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
-> Aquaman (2018)

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La liga de la justicia


Justice League, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Zack Snyder, Joss Whedon (acreditado como guionista).
Guion: Chris Terrio, Zack Snyder, Joss Whedon.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Amy Adams, Connie Nielsen, J. K. Simmons, Ciarán Hinds, Joe Morton.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Duración comedida y va directo al grano, así que no aburre hasta la desesperación como Batman vs. Superman.
Lo peor: Flojísimo dibujo de personajes. Insustancial y anticuada en estilo y argumento. Mediocre en lo visual, que se torna pésimo en la batalla final. Que el estudio siga improvisando la serie sobre la marcha.
La pregunta: ¿A qué se refiere la “justicia” del título? Debería ser La Liga Defensora de la Tierra o algo parecido.
El título: Oficialmente es Liga de la justicia. Le han quitado el artículo “La”, como en Vengadores: La era de Ultrón con el “Los”. De verdad que no entiendo a las distribuidoras. Por supuesto, todo el mundo la conoce como La liga de la justicia.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle por encima, pero no creo que haya nada revelador. —

La liga de la justicia se veía venir como un Batman vs. Superman segunda parte, porque todo en ella se ha ido planteando y desarrollando más o menos igual. De nuevo estamos ante la discutible idea de saltar de golpe a un filme grupal sin haber presentado como es debido a sus protagonistas por separado, ante la difícil tesitura satisfacer con un capítulo muy ambicioso y esperado a un público bastante dispar, tanto a los exigentes fans de los cómics como a los que sólo quieren pasar el rato con las películas que están de moda. Otra vez nos encontramos con un rodaje caótico, con imposiciones del estudio y filmación de escenas adicionales, es decir, se mantiene la falta de rumbo y la improvisación. ¿Puede salir algo bueno teniendo el listón tan alto y una gestión del proyecto tan desorganizada? Todo apuntaba a que sería otra catástrofe artística… y el estreno así lo confirma.

La liga de la justicia no tiene aires de grandeza como El hombre de acero, ni es tan pretenciosa, aburrida y confusa como Batman vs. Superman. Al menos han intentado que sea más ligera y directa, como Wonder Woman. Pero en el proceso ha quedado otro batiburrillo de intenciones malogradas y apaños de última hora como Escuadrón suicida. Es simple y predecible, pero a la vez inconexa y precipitada. Es superficial y anodina, a pesar del empeño en abarcar varios superhéroes y una trama supuestamente épica. La proyección deja frío y se olvida nada más acabar si vas con la mente abierta, sin prejuicios. Pero si te pones a analizarla como fan y como cinéfilo es mejor reírse, porque no merece la pena apenarse de nuevo por el desastre en que ha caído el estudio Warner Bros. con la serie DC, en cómo han desaprovechado unos personajes con tanto potencial y tan admirados. El panorama resulta incluso desalentador, viendo que veníamos del gran Batman de Christopher Nolan y pensando que han agotado a este y a los demás superhéroes para una década, porque nadie se atreverá a reiniciar estas figuras en muchos años, y más cuando está confirmado que van a extender la agonía durante unos cuantos episodios más. Así que lo único que queda es pasártelo bien poniéndolos a caldo y viendo a los fanáticos tirarse de los pelos o intentar darle la vuelta y decir que son buenas películas pero incomprendidas.

La taquilla ya va dejando ver el desgaste, con un estreno y primer fin de semana por debajo de los demás capítulos. Si hacemos caso a las estimaciones de que el presupuesto alcanzaría los 300 millones de dólares, a lo que hay que añadir unos 100 más en publicidad (que seguramente sean más, pero por poner una cifra), debería recaudar por encima de 800 millones para empezar a dar dinero, así que va a ir muy justa la cosa. La masa de espectadores es fácil de llevar a la tendencia de moda y tarda en cansarse, pero tarde o temprano tendrán que darle la espalda a una serie que apenas gusta. ¿Será por fin en esta entrega? Hasta ahora los episodios rondaban los 700-800 millones de taquilla, sí, pero con toda seguridad por el tirón de los personajes y del género, en pleno momento álgido, y por la insistente campaña publicitaria, que mueve a la gente indecisa en plan “esta es la peli del mes y hay que verla”.

De hecho, es imposible no pensar que le deben la mitad de la recaudación a Disney/Marvel y otro poco al Batman de Nolan, que hacen efecto arrastre y son quienes mantienen al género muy vivo. Si en Warner/DC tuvieran que depender sólo del boca a boca y las críticas, la hostia sería mayúscula. De ahí que los fanáticos que se empeñan en defender esta saga contra viento y marea despotriquen contra Rottentomatoes con conspiraciones absurdas de que está comprada por Disney, cuando lo único que hacen en esa web es recopilar las críticas de decenas de medios. Y luego estos mismos niñatos intentan reventar la media en la IMDb poniéndole miles de dieces antes del estreno, se dedican a perseguir por los foros a quien opine mal de estos bodrios, y tratan de machacar al estreno de Marvel más cercano, en este caso Thor: Ragnarok, con argumentos pueriles y mucha rabia. Pero dejemos de lado esta surrealista guerra, perdida por Warner/DC y sus mercenarios ya desde El hombre de acero, y centrémonos en la película…

Como en el resto de la serie, lo primero que se observa es que el tono oscuro y épico está hecho a brochazos y es una fachada que cae rápido. La estética es artificial pero gélida, con esa fotografía de colores apagados nada naturales y los planos teatrales pero vacíos y sin visión global (una postal aquí, otra allí, pero la narrativa descuidada). Sumado a los penosos efectos especiales, se conforma un aspecto visual poco llamativo, desagradable incluso, por deslucido y cutre. La trama va de grandiosa, sombría y grave, pero al final resulta bastante insípida e infantil. Y sobre todo, lo peor de todo, los protagonistas tienen una descripción somera y un desarrollo muy exiguo, no son capaces de hacerlos crecer tras varios capítulos muy largos.

No hay conflicto ético llamativo, ni una lectura intelectual con el más mínimo atractivo. Claro que, si no los ha habido hasta ahora, no debería sorprender, pero dadas las temáticas que se trataban en los cómics y las otras adaptaciones, se echa de menos que profundicen en temas como la responsabilidad, la moral, la esperanza, la superación personal, etc. Apenas se señalan los puntos básicos de cada superhéroe, y desde luego no se explora ninguna otra línea conocida, como la corrupción de la sociedad (habitual en Batman), el poder de los medios (recurrente en Superman, a través del aquí inexiste Daily Mirror), etc. Tenemos flojas menciones al aspecto de Superman como faro de la humanidad, Diana sólo suelta un par de clichés a los nuevos sobre que sus poderes deberían estar al servicio del bien, y con Batman se roza el tema del miedo como arma porque los bichos malos se alimentan de miedo (aunque esto se olvida en largos tramos de la cinta), pero no porque se profundice en el personaje.

También se sigue descuidando otro aspecto esencial: la humanidad parece no existir. Aparecen Lois y la madre de Clark de refilón, para cumplir con ellas porque están en los cómics, pero no aportan nada al desarrollo emocional de Superman (casi mejor, después del patético desenlace de la pelea con Batman), y desde luego no sirven para recordarnos que la humanidad está en peligro. Es más, no sabría si ha habido una extinción en la Tierra, pues apenas vemos a unos pocos secundarios y figurantes, y los únicos con presencia relevante están metidos con calzador y sensacionalismo: las citadas mujeres de Clark y esa familia que vive cerca de la planta nuclear resultan muy cargantes. Es decir, nunca da la sensación de que la Tierra está en verdadero peligro, no parece que el grupo luche realmente por el ser humano, tanto por la supervivencia global como por sueños de una sociedad mejor, sino que parecen solamente unos frikis que se juntan en un descampado para pegarse con un gamberro sideral.

El villano provoca indiferencia total. Se puede perdonar que no tenga un dibujo complejo, que sea una entidad destructora sin más, si su presencia es una excusa para presentar al grupo de superhéroes. Pero aun así debe causar alguna impresión, tener cierto atractivo (diseño, carisma) y transmitir algo de peligro, es decir, que no parezca un infantil monstruo final de videojuego… no, peor, otro monstruo de videojuego, porque es intercambiable con todos los villanos de la saga. Si es que ni el nombre recuerdo. Intenciones, planes, poderes (¿y ese teletransporte?)… nada llega a definirse, es un muñeco digital sin alma alguna. Y como la puesta en escena y los efectos especiales son mediocres, la batalla final provoca más sopor que emoción.

Así que todo el peso del relato recae en el grupo, en su unión, sus relaciones incipientes, los primeros pasos en la lucha, la aceptación gradual del destino y la responsabilidad, el encontrarse a sí mismos y sacar coraje, etc. Viene a ser lo mismo de siempre, pero como siempre también, se puede hacer bien y cumplir de sobras, se puede conseguir un nivel extraordinario que permita rememorar la película años después, o se puede hacer el ridículo. Marvel se mantiene en los dos primeros puntos, con algunos picos antológicos, Guardianes de la galaxia y Los Vengadores. La reciente Thor: Ragnarok es otro gran ejemplo de que con una premisa clásica se puede conseguir una obra desbordante de personalidad. Pero con La liga de la justicia seguimos ahogándonos en un mar de decepciones.

La presentación de Aquaman es breve e insustancial, no llegamos a vislumbrar quién es, dónde vive, de qué cultura viene. Sólo nos quedamos con un vago dato: es el típico heredero que pasa de todo. Y su desarrollo no aporta ninguna capa, salvo incongruencias: va de chulo pasota de toda la vida que no quiere inmiscuirse en los problemas del mundo… ¿y entonces por qué ayuda al pueblo de pescadores? Sin conocer sus motivaciones y poderes (¿puede volar o la escena es exageradísima?), su presencia es confusa. Sin mostrar un carácter bien definido, sus chascarrillos parecen forzados. A pesar del carisma nato de Jason Momoa (Stargate: Atlantis, Juego de tronos), termina la proyección y me cuesta recordar que ha estado en ella, sólo me viene a la memoria la escena del Lazo de la Verdad, clásico humor “made in” Joss Whedon. La entrega que liderará en solitario debería haber llegado antes y la presente ser una conclusión o un punto y aparte a su trayectoria, como han hecho sabiamente en Marvel con todos sus protagonistas principales. Sin ir más lejos, parece un soso clon de Thor.

El drama familiar de Flash es escupido de mala gana, pero el chico resulta simpático, más humano que los demás. Se ve a un joven novato en esto de ser héroe, madura y se hace un hueco poco a poco. No deslumbra, se queda en un estereotipo un tanto limitado, y parece una imitación del Spider-Man de Capitán América: Guerra Civil, pero resulta agradable y su presencia y acciones sí vienen a la mente cuando piensas en la película. El actor Ezra Miller cumple en el papel de secundario cómico, pero faltaría por ver un progreso dramático más elaborado y cómo se desenvuelve en él.

Con Cyborg parece que intentan trabajárselo más, quizá por ser el más desconocido. Pero el lío paternofilial está demasiado visto y se desarrolla con clichés muy rancios. Al final hasta le hace ganar puntos a Flash: con él van al grano sin extenderse innecesariamente. En la comparación también pierde el actor Ray Fisher, incapaz de transmitir el supuesto tormento que vive su rol. Como héroe queda un remedo chapucero de Iron Man, con un traje y tecnología que todo lo puede, y como persona resulta más bien irritante.

Superman, con menos presencia, pierde más definición y profundidad, y mira que tenía poca. No se intuye de qué va ni qué siente. Se supone que ha de estar abrumado, pero parece pasárselo bien. El conflicto con Batman desaparece sin más, porque claro, acabaron bien después de todo… Pero entonces, ¿por qué el grupo teme que al resucitarlo vaya a por el hombre murciélago? Por cierto, increíble que Wayne, tan afligido por matarlo, no ayudara a su madre con las deudas que la llevan a quedarse sin casa. Y como decía, no existe conexión alguna entre Superman y la humanidad, por más que repitan la frase de que es un faro para la misma varias veces. Lo único digno de su presencia es que en la resurrección los guionistas se esfuerzan un poco. Luego está claro que no saben qué hacer con él, que meterlo en juego demasiado pronto acabaría con el malo en un pis pas, así que lo reservan con todo descaro para que los otros sufran un poco, con gilipolleces como que se preocupe por unos cuantos civiles a la huida (y eso que en El hombre de acero le importaron bien poco), cuando dejar al enemigo seguir con su plan es lo que podría causar un auténtico apocalipsis. Así que Superman queda otra vez casi al nivel del villano: un tipo súper poderoso que pulula por ahí sin saber qué lo motiva y qué piensa y que sólo pasa a primer plano para soltar hostias.

Batman posee cierto carisma y determinación, pero en el lado de Wayne, porque el hombre murciélago no me dice nada. Ben Affleck ha perdido fuelle (y ganado peso) respecto al buen papel en Batman vs. Superman: no se lo ve agobiado y tenso como debería ante tal empresa. Es otro que al terminar el visionado no sabes muy bien qué ha hecho, aparte de un par de escenas típicas donde lidia con la unión de la pandilla. Wonder Woman también apunta maneras. Tiene las ideas claras, quitando el absurdo de pasarse cien años de vacaciones, y algún diálogo digno. Pero una vez entrados en acción los atisbos de personalidad de estos dos desaparecen, engullidos por el caos sin contenido de la larga y cansina confrontación.

Está claro que el esfuerzo de Joss Whedon, centrado en definir mejor las relaciones de la banda, se ha ido en el tramo central, y que el final es puro Zack Snyder: fuegos artificiales (poco vistosos además) y nada de contenido. Porque la forma de rodar de Snyder y el paupérrimo nivel de los efectos especiales son el otro gran lastre de la saga y del episodio.

Es alucinante que se hayan gastado tanto dinero (recordemos: unos estratosféricos 300 millones de dólares) y luzca tan mal… de nuevo, porque no se entiende tampoco que sigan recurriendo al mismo equipo técnico que tan malos resultados da. Las pantallas de fondo cantan un montón (atención a la conversación de Clark y Lois en el maizal), las criaturas y escenarios digitales son propios de una película de hace veinte años (sonrojante la batalla de las amazonas), y el tramo final, todo hecho por ordenador, es puro videojuego, da lástima verlo. Para rematar, tenemos a Snyder y su incapacidad para dotar de ritmo y garra a la narrativa, y sus tics exasperantes: aspecto visual sintético, atardeceres eternos, cámaras lentas sin justificación alguna… Y la pena es que ni habiendo finalizado la cinta un artesano tan competente como Whedon se arregla la cosa, porque con unas pocas escenas sueltas es complicado cambiar un todo fallido, y aparte el estudio ha metido mano exigiendo un metraje de dos horas, cuando sabemos que había mucho material rodado (y probablemente obligaran a otras cosas, como a meter esos videoclips musicales tontorrones -el remix de The Beatles es incluso ofensivo- o a quitarle ropa a las amazonas -¡!-). Y me temo que el metraje final es tan caótico como el de Batman vs. Superman, tanto por el montaje de las peleas cuerpo a cuerpo, que siguen siendo bastante chapuceras, como en la narrativa global, que va a toda leche pero tropezándose y dejando huecos enormes.

Algunos de esos agujeros cantan mucho. Cuando se quedan tirados en los túneles porque Cyborg se larga, de repente aparecen afuera sin que sepamos cómo han salido. La solución de Batman con los insectoides sale de la nada, aunque quizá es mejor, porque me imagino una investigación absurda como la de Batman vs. Superman y me da la risa. Otro aspecto del rodaje extra que está dando que hablar es el dichoso bigote que tenía Henry Cavill para su siguiente película y eliminaron digitalmente con resultados muy cómicos, porque parece que han pintado con acuarela de color carne encima del labio.

En el lío de la producción también cambiaron de compositor. A estas alturas quieren a alguien con carácter, dejando de lado la electrónica sin alma de Junkie XL y al imprevisible Hans Zimmer, que lo mismo te hace un mix repetitivo de sintetizador que pare una genialidad, pero ahora anda diciendo que no quiere más películas de superhéroes. Así que han fichado a Danny Elfman, autor de la mítica partitura del Batman de Tim Burton, entre otras muchas maravillas. Eso no justifica que metan el tema principal de aquel Batman aquí, pero es que ya de paso incluyen también un homenaje al Superman de John Williams, con lo que da la sensación de que el estudio quería tirar de los buenos recuerdos de los espectadores para levantar el nivel emocional. El resto de su labor no destaca, y menos con tanto ruido. Si bien se agradece una orquestación más trabajada, la composición es de acción rutinaria, no se esmera (o no lo dejan) en crear motivos concretos para personajes (sólo recupera brevemente el simplón de Wonder Woman) ni en una trayectoria temática sólida, quedando una obra impersonal y predecible. De hecho, en algunos momentos se lo ve bastante limitado, como esos forzados violines lacrimógenos de las partes más dramáticas e íntimas.

El argumento trillado, las situaciones tan vistas, la poca enjundia intelectual, los protagonistas estereotipados y de escaso recorrido, y el acabado visual de cine cutre, dan como resultado una película ingenua, torpe, fea, que parece anticuada, como de los tiempos del Superman de Richard Donner, impropia de esta época donde el género alcanzó su madurez hace unos años, precisamente con otro Batman, el de Nolan, y se mantiene en todo lo alto desde entonces gracias a la serie Los Vengadores y los giros adultos de la agonizante X-Men, Logan y Deadpool.

Y una vez vista y digerida es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿El estudio ha apartado a Snyder y fichado a Whedon para tratar de encauzar un barco que se hunde? Ojo, no quiero frivolizar con la tragedia familiar que vivió Snyder, pero de haberse retirado para reponerse mentalmente lo lógico es que el estudio terminara el rodaje en la línea de este autor, la línea que le estaba imprimiendo a la serie. Inicialmente todos pensamos en lo más lógico: ficharon a Joss Whedon porque es uno de los mayores expertos en cómics de Hollywood y un notable guionista y director (de hecho, es un pilar fundamental en Los Vengadores). Pero en frío era imposible no razonar que el estilo (y el nivel cualitativo) de Whedon y el de Snyder son muy distintos, y que no pinta mucho para un trabajo tan poco gratificante como finalizar y editar la película de otro. Había muchos autores sin temperamento pero con experiencia que podrían haberlo hecho. Sólo se me ocurre que podría haber firmado para este mal trago a cambio de poder realizar la adaptación de Batgirl que persigue desde hace tiempo.

Siguiendo la labor de Whedon en el proyecto (por las noticias y declaraciones que ha habido) y analizando el resultado final, las dudas aumentan muchísimo. Sabiéndose que con él al frente el estudio buscó reforzar las relaciones entre personajes y un tono menos funesto y solemne, amén de reducir el metraje agilizando el ritmo y quitando morralla (Snyder nunca supo ir al grano), parece quedar claro que han mirado al éxito de Wonder Woman, con su estilo más luminoso y aventurero, y a la vena humorística que tan buenos resultados le da a Marvel. Es decir, todo apunta a que siguen improvisando y modificando la serie sobre la marcha, intentando encontrar un estilo y una personalidad según soplan las críticas, y han tratado a última hora de encauzar un filme que, finalmente, como Batman vs. Superman y Escuadrón suicida, se les ha ido de las manos. Para colmo, ahora andan algunos seguidores clamando por una versión del director editada por Snyder, como si de repente resultara que él no es el principal problema de la saga.

La liga de la justicia es otro fracaso (hasta el póster es horrendo) en una serie que deberían dejar morir (deberían haberlo hecho desde El hombre de acero) y reiniciar en unos años con buenos guionistas y directores y con la planificación adecuada.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
-> La liga de la justicia (2017)

Wonder Woman


Wonder Woman, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéreoes.
Duración: 141 min.
Dirección: Patty Jenkins.
Guion: Allan Heinberg, Zack Snyder, Jason Fuchs, William Moulton Marston (creador del personaje).
Actores: Gal Gadot, Chris Pine, Danny Huston, David Thewlis, Ewn Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock, Robin Wright, Connie Nielsen, Lucy Davis, Elena Anaya.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: El choque cultural de Diana con el mundo exterior, con humor y conflictos interesantes.
Lo peor: El resto, un relato ahogado en tópicos hasta resultar bastante aburrido. La puesta en escena, normalita y con salidas de tono innecesarias, pero sobre todo con unos efectos especiales malísimos. Los actores: ni Gal Gadot ni Chris Pine están a la altura.
La pregunta: ¿Por qué Bruce Wayne y Diana se escriben en castellano? Otra película donde traducen el texto sustituyendo el original, creando un absurdo enorme. Hace poco lo hicieron con Jason Bourne, y más atrás el Capitán América (en El Soldado de Invierno) se dedicaba a tachar de su lista de cosas pendientes eventos culturales relevantes de España en vez de su país.

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Parece que Wonder Woman ha llegado para salvar la imagen de la serie DC de Warner Bros.: crítica y público la han recibido asombrosamente bien, al contrario de la decepción, o al menos del sinsabor, más o menos generalizada que dejaron las tres entregas previas. Y si un bodrio como Batman vs. Superman obtuvo casi novecientos millones de dólares mundiales en la taquilla a pesar del boca a boca que la ponía bastante mal (superando a peliculones como Guardianes de la galaxia y El Soldado de Invierno), y Escuadrón suicida sólo perdió cien millones respecto a aquella a pesar de ir sobre aviso, la presente, con tanto entusiasmo, tiene todas las de pasar de los mil. Y no lo entiendo, porque es otra entrega que dista de ser una buena película.

Todo está mal en Wonder Woman. O al menos flojo, desganado, como en El hombre de acero, porque Batman vs. Superman y Escuadrón suicida dejan claro que se puede hacer peor. Empiezo por la actriz Gal Gadot. Ha deslumbrado tanto con su belleza que a la hora de enfrentar su trabajo real pocos parecen haber visto lo mismo que yo: un papel muy justo como heroína de acción, pero sobre todo un registro dramático infame. En los momentos clave, ya flojos de por sí, me terminó de expulsar del todo de la conexión con las imágenes su irreal y forzada interpretación. Chris Pine tampoco me convence, y eso que venía de haberme sorprendido muy para bien en Comanchería después de parecerme un patán en las primeras películas donde lo vi, Star Trek 2009 y Jack Ryan: Operación Sombra. Aquí tiene el mismo rol que en esas, el de guaperas un poco engreído, y lo interpreta con el mismo escaso registro. Está clara la diferencia que puede marcar la presencia de un buen director que sepa exprimir a los actores. Unos personajes tan monocromáticos, que basan su fuerza únicamente en su integridad moral, o sea, en ser héroes impolutos e inquebrantables, porque más profundidad no tienen, han de apoyarse unas interpretaciones con mucho tirón para poder sostener una película sobre sus hombros. Y aparte de la escasa pasión que desprenden hay que contar también con que de carisma andan bastante escasos.

Pero estos dos protagonistas tan poco llamativos por separado se salvan, e incluso logran resultar algo simpáticos, porque a la hora de juntarlos surge cierta química y situaciones un poco más elaboradas, alguna incluso con cierto poso. No llegan a dar algo deslumbrante, ni encontramos momentos originales, pero al menos se levanta bastante el interés. El choque cultural y moral es de hecho el esqueleto que sostiene a la película, lo único que la salva de un suspenso claro. La curiosa y activa Diana (pronunciado “Daiana”) se encuentra con una anomalía cultural y, en vez de rechazarla y volver a su rutina, se implica de lleno con pasión. Quiere aprender qué es el hombre (tronchante la escena del baño), y su falta de conocimientos prácticos ofrece momentos divertidos y bonitos (sobre todo relativos al sexo y sus tabúes). Pero sobre todo destaca su ética rígida, que la lleva apartarse de su pueblo conservador que mira hacia otro lado cuando se presenta el mal para el que precisamente han estado preparándose, y a dar la tabarra a los generales humanos. Su determinación, ingenua y casi fanática, contrasta con la experiencia de Steve Trevor, un espía también implicado hasta la médula en la guerra. Las situaciones en que ella no puede ver la perspectiva global porque la abruma la tragedia inmediata (soldados y refugiados heridos) son bastante efectivas.

Pero aunque consiguen enganchar un poco, hacer llevadera una historia muy facilona, el relato en general no consigue la emotividad y la profundidad exigibles para que con un envoltorio tan trillado pueda dejar huella. Todo se ve venir muy de lejos, con lo que ninguna revelación, giro y maduración sorprende, y mucho menos va a llegar con intensidad. La heroína con el destino marcado, el mentor sabio que sabe más de lo que dice, el contacto con el mundo exterior, las reticencias y miedos iniciales, la caída del mentor que la empuja a abandonar el nido, la presentación del enemigo, ese que es malo porque sí, el capítulo central de acción de relleno acompañado de la formación del grupo de secundarios, el asalto final a la guarida del villano… En ninguna de las fases hay un solo amago de buscar algo que pueda disimular la total falta de novedades (el parecido con Capitán América: El primer vengador es excesivo), ni un esfuerzo por alcanzar algo más de complejidad emocional e intelectual. De hecho ocurre lo contrario, va perdiendo fuelle conforme avanza. A la cantidad de escenas predecibles hasta resultar bastante aburridas, a los giros y soluciones igual de apáticos, hay que añadir las muchas vaguedades cuando no agujeros de guion, más un aspecto visual que no da la talla como superproducción.

Parece que se dejaron casi todo el presupuesto en Temiscira, donde hay planos muy logrados de ciudades y paisajes imaginarios, y además a plena luz del sol. Ahí parece también que Patty Jenkins iba a dirigir con más sobriedad y naturalidad que Zack Snyder. Pero la escaramuza en la playa ya empieza a sembrar la duda. Demasiada filigrana absurda, demasiada amazona disparando flechas en posturitas muy inverosímiles, y demasiada cámara lenta innecesaria que rompe el ritmo. Y una vez en la guerra empieza a dar la impresión de que se ha acabado el dinero y las ideas. El presupuesto se estima en 150 millones de dólares, que es mucho, pero viendo que las otras entregas rondaron los 250 y no lucieron mejor, está claro que no saben sacarle partido. La introducción de Steve, escapando en avioneta de los alemanes, es horrenda, menudo cante las pantallas de fondo. La supuesta gran batalla en las trincheras muestra a unos veinte soldados en un escenario minúsculo, y se resuelve con cuatro tiros y patadas. No hay sensación real de guerra, algo que agrava porque no hay ni gota de sangre, Diana sólo usa la espada para golpear; normal que no la lleve en una vaina, no tiene filo. No sé de qué van en esta serie: Batman vs. Superman era pretendidamente oscura, Escuadrón suicida supuestamente chunga… pero a la hora de la verdad resultaron prácticamente aptas para todos los públicos. El asalto al pueblo está mejor ejecutado, pero no sorprende, y el abuso de las cámaras lentas se va convirtiendo en un lastre enorme: cuánto saltito y fotograma congelado sin venir a cuento… ¿Esto es lo que entienden por espectáculo? En la falta de épica tiene culpa también la pobre banda sonora de Rupert Gregson-Williams, otra hecha con plantilla que apenas pasa de un murmullo de fondo, y donde además el tema que Hans Zimmer compuso para Wonder Woman en Batman vs. Superman no pega ni con cola: ese rock apareciendo de la nada a todo volumen queda fatal.

El final, aun con este pobre nivel, es un bajón enorme. Primero, porque los villanos son de risa, estereotipos vulgares incapaces de transmitir nada. Segundo, porque es el mismo desenlace que el de casi todas las del género, pero en esta serie, con su excesiva simplificación argumental y su flojísimo acabado visual, resulta realmente fallido, un cutre monstruo de fase final de videojuego. A las pantallas de fondo, las nieblas y humos para ocultar la escasísima calidad de las digitalizaciones, destacando los cantosos dobles (y pensar que en Marvel llevamos años viendo peleas enteramente digitales y no se nota nada), se le suma el infantil progreso de la batalla: ahora me saco un golpe o un rayo más grande de la manga, ahora yo otro más, y así hasta que deciden terminar de una vez por todas.

Este desastroso desenlace deja muy malas sensaciones y casi hace olvidar las pocas virtudes que presentaba, el potencial que han desaprovechado por anclarse a un esquema tan pobre. Wonder Woman es otra película del montón que incomprensiblemente va a hacer un montón de dinero.

Para variar, el doblaje es regulero. Las voces de todas las actrices parecen muy forzadas, como si estuvieran leyendo el guion por primera vez, sin emoción, sin adecuarse al contexto, y encima a las amazonas le ponen un acento extraño… No sé si el acento está en el original, y si funciona en caso afirmativo, pero en castellano no queda bien. Tampoco me gusta que cuando se supone que se está hablando alemán lo único que hacen los actores es poner acento alemán. En cambio otros idiomas salen como tales y subtitulados.

Alerta de spoilers: A partir de aquí la destripo a fondo.–

La presentación de la heroína da demasiadas vueltas sobre su necesidad de saber más y de crecer rápido. Sabemos que la madre aceptará el entrenamiento, que llegará el punto de inflexión donde dudará sobre si abandonar lo conocido para embarcarse en el viaje, y que habrá un giro donde su mundo sufra un revés (la típica muerte del mentor, en este caso la general –Robin Wright-) que la empujará por fin a decidirse. Así que estirarlo tanto, reincidir tanto en obviedades, resulta contraproducente: en esta larga y monótona introducción me envolvió el aburrimiento y la sensación de decepción, de que me he dejado engañar otra vez, y apenas se disipa en el siguiente segmento, pues, como señalaba, el choque con el mundo exterior es lo mejor pero lo desaprovechan demasiado. Que el tipo con el que se embarca en la aventura sea un mazizo algo pagado de sí mismo con el que surge un flechazo instanténeo es otra desilusión. ¿Por qué esa obsesión con apoyarse en estereotipos tan manidos? ¿Qué miedo hay a escribir personajes más humanos, más complejos? De un espía curtido en la guerra me espero a un asesino, a alguien sin escrúpulos, y quizá amargado o con traumas. Pero nos ponen ante alguien que es tan superhéroe como ella, sólo que sin superfuerza. En otras palabras, ambos son unos estereotipos demasiado limitados y fríos, dudo que por separado no hubieran hundido la cinta por completo, y juntos, como decía, tienen buenos momentos, pero tampoco se exprime del todo el potencial latente.

El grupo no ayuda. Todos se apoyan en una característica trivial y de ahí no se mueven. El parecido con Doce del patíbulo, uno de los referentes de cinta bélica con un grupo dispar enfrentado a una misión suicida, remarca muchísimo la diferencia de calidad, o más bien la diferencia con la forma de hacer cine en la actualidad. Hay excepciones, pero pocas, y lo gracioso es que son precisamente de la competencia: Los Vengadores y Guardianes de la galaxia son grandes ejemplos de películas de grupo. Los miembros de esta panda no tienen personalidad, ninguno evoluciona hacia algo concreto o sirve para desarrollar una historia tangible. ¿Qué hacen en el relato entonces? Lo más absurdo es que mencionan un trauma en el francotirador, pero no aporta absolutamente nada. Es más, él no aporta nada; el actor metido a timador por lo menos tiene una escena en que su habilidad sirve para algo, y el indio también, aunque sea bastante cutre (la del humo que sólo ve el protagonista), pero aun así ni se acercan a un mínimo exigible. La secretaria (Lucy Davis) merece una mención aparte. La gorda simpática me resulta una vulgaridad en su propia concepción, pero el tono humorístico surrealista que le ponen, a base de ruiditos y murmullos estúpidos, termina de convertir sus apariciones en insoportables. Entre eso, la secuencia de Diana probándose trajes (recalcando que está muy buena), el que se vuelva loca por helados y bebés… ¿Pero no anunciaban una película feminista? Yo veo más bien lo contrario.

Pero hay más problemas. Los autores se aferran tanto a la idea de cumplir con el esquema sin mirar más allá que incluso arrastran a la pareja protagonista en varias ocasiones, donde quedan como tontos e inútiles después de haber sido descritos como gente seria y competente. Él, con tanta experiencia en la guerra y en el espionaje, se pone en marcha sin planificar nada, metiéndose de lleno en todo meollo improvisadamente. Se presenta en el frente sin un plan de acción, sin una ruta estudiada y apoyos en el terreno, y la secretaria les resuelve por teléfono la localización de su objetivo, que resulta estar por arte de magia a pocos kilómetros. ¡Vaya potra! Luego nadie se pregunta quién es este desconocido que hay en una fiesta exclusiva de altos mandos, y la vigilancia en la base es tan mala que entran y se pasean por ella sin problemas con un indio de dos metros con plumas y adornos y armado con un Winchester. Resulta que al final sí tiene superpoderes: la suerte. Ella, con tanta educación intelectual y militar de primer nivel, no se para a pensar ni un segundo, ataca a lo loco, apenas escucha a gente que claramente tiene más conocimientos de la situación.

Fruto de esta narrativa tan simplificada y encorsetada encontramos también no pocos momentos ridículos. Diana en su tierra es capaz de saltar un precipicio enorme y escalar una torre muy lisa, pero en la batalla del pueblo no llega a un campanario no muy alto, con muchas cornisas y agarres en su exterior (y unas escaleras en su interior, es de suponer…), todo porque toca meter la escenita en que el grupo empieza a trabajar unido. La decisión final de Steve de suicidarse para eliminar el avión con gas resulta forzadísima, todo porque hay que incluir la tragedia que haga nacer de una vez por todas a Wonder Woman. ¿Este tipo tan curtido no sabe desactivar bombas, ni cambiar el temporizador? ¿No puede saltar en paracaídas soltando una granada? ¿Y qué sentido tiene poner un temporizador en un vuelo que puede encontrarse con resistencia durante el viaje y tener que variar el rumbo? Tampoco funciona eso de que ella se pare en el momento más duro de la lucha para recordar las palabras de despedida y reconciliarse repentinamente con la humanidad, un final para el romance y una revelación que no llegan en el momento ni en la forma adecuada. Y qué me decís de los trajes mágicos… Diana se pone un vestido elegante con mucho escote, pero cuando se lo quita resulta que hemos de creernos que debajo llevaba la armadura completa, ¡incluyendo la espada!; si hasta baila con el malo y no nota el metal. ¿Qué costaba mostrarla cambiándose? ¿Unos segundos de metraje? Sin duda es mejor que tratar al espectador de gilipollas.

Las incursiones en la fiesta y en la base del enemigo dan bastante vergüenza ajena, en parte por el nulo afán que ponen en hacerlas verosímiles y trabajar la tensión y el esfuerzo de los personajes, pero también por lo absurdo de su situación: no hay quien se crea que los alemanes monten una fiesta y una base crucial tan cerca del frente activo. No mejor parado sale el relleno central de acción y posicionamiento de los personajes secundarios, o sea, el asalto a las trincheras y al pueblo. Primero, parece una dificultad muy artificiosa, pues como señalaba, se presentan en el frente sin más, no se justifica bien que deban pasar por ahí. Segundo, tanto decir que llevan años de lucha en esa zona, sin avanzar ni un metro por la resistencia alemana… y luego resulta que hay unos diez soldados por bando. También es alucinante que los alemanes pierdan ese frente y el pueblo más próximo y nadie se preocupe porque haya una incursión tan inesperada justo cuando tienen la gran fiesta y el gran plan a punto.

Los villanos, ante este panorama, no sorprende que sean otro cliché cansino. Ludendorff es un general alemán ambicioso y obsesionado con mantener la guerra. No sé cómo pretenden a estas alturas intimidarme presentándolo disparando a uno de los suyos para remarcar lo malo que es. La idea en sí es ridícula, pero la de años que tiene y todavía siguen con ella (en Escuadrón suicida también tragamos con una escenita así) colma la paciencia de cualquiera… pero es que vamos más allá, con esa escena donde envenena a los altos mandos, ¡y tira una sola máscara para que se peleen por ella y se ríe como un niño chico viéndolo! Y este golpe de estado no deja ninguna secuela clara: ¿se ha hecho con el control del ejército y no queda nadie que le rechiste, o es un apaño temporal, un intento de demostrar su valía? Un buen actor como es Danny Huston, con un físico además imponente, no es capaz de levantar un rol tan básico y aburrido. La doctora deforme (Elena Anaya), porque en una de nazis que se precie ha de haber un doctor demente y deforme, tampoco da la talla. No causa pavor, no aporta nada aparte del macguffin, el gas. Pero a eso llegamos con otra gran incongruencia. Le da a su jefe una cápsula de otro producto: “Mira, he hecho esto para ti”, y el tío se lo esnifa y obtiene una superfuerza que le permite rivalizar con Wonder Woman… Así que cabe preguntarse para qué tanto empeño en encontrar la fórmula del gas si ya tiene otra arma que les daría una ventaja inconmensurable en la guerra. Fabrica eso en cadena, preséntaselo a la junta que iba a firmar la paz, no te lo juegues todo a una baza en el último momento.

Ares, el supervillano, es simple por definición, así que había razones de más para tratar de darle una forma novedosa al clímax. Pero de nuevo parece que ponen la mira en abrazar los tópicos con fuerza en vez de intentar algo que disimule las carencias. El giro que en Ares resulta ser quien menos te lo esperabas es una parida monumental: el senador pacifista de los aliados. Parece que los guionistas lo han elegido al azar. Y sus motivaciones y planes también. Si quiere la guerra, ¿para qué trabaja para el armisticio? Dales a ambos bandos armas de una vez, en vez de andar susurrando sugerencias poco a poco. Por no decir que una vez se quita el velo, David Thewlis no funciona como archienemigo, ni parece inteligente ni temible, y menos con esos diálogos tan tontos. Porque, como cabía esperar, tenemos un villano que se pone a explicarle el plan a su principal enemigo en vez de eliminarlo de una vez. El nacimiento de Wonder Woman ya lo he comentado: precipitado e inverosímil, otro elemento que se veía venir y donde no tratan de darle una perspectiva más ingeniosa. La forma de derrotar al dios es de esas que odio: un superpoder nuevo sacado de la nada en una batalla que es puro artificio sin nada detrás. Y encima, el artificio es del malo: la pobreza visual es alucinante. El escenario y el acabado es el mismo que en Batman vs. Superman y Escuadrón suicida: un lugar sin nada vistoso, sin personalidad, y un enfrentamiento ininteligible de rayitos y explosiones generados con efectos especiales muy malos que intentan disimular entre nieblas y oscuridad.

Para colmo, después de tener a Ares aclarando bien aclarado que el hombre es malo por naturaleza, que él sólo empujó un poquito, una vez muerto este los nazis se abrazan con los protagonistas… Es decir, el mal ha desaparecido de la Tierra como esperaba Wonder Woman. ¿Cómo justifican entonces la Segunda Guerra Mundial? Y ya de paso, ¿qué hizo Diana durante la misma y durante todos los conflictos hasta el presente? Parece que se hartó del hombre y se fue de vacaciones hasta que aparece Superman, que le hará tilín también, porque no se justifica que vuelva a la acción.

Aparte cabe señalar que la madre (Connie Nielsen) y sus compañeras de Temiscira parece que seguían en la isla (a menos que el destructor varado de los nazis se pusiera a disparar y arrasara con todo…) ¿No ha vuelto a visitarlas? Esto me lleva a hacerme más preguntas sobre las amazonas. ¿Cuándo empieza su historia? ¿Hace milenios o en el siglo XIX? Porque si llevan ahí desde hace miles de años no se entiende que con un aislamiento total del resto del mundo conozcan y dominen todos los idiomas modernos. Tampoco quedan claros sus poderes; es de suponer que no envejecen, pero no parecen tener un físico superior al hombre. Los de Wonder Woman tampoco se concretan. Al final no sé si le afectan las balas y flechas, porque, si bien se mete en todo fregado sin pensar, pone mucho empeño en pararlas con el escudo y los brazaletes, y cuando está el francotirador se esconde rápidamente. Entre eso y los poderes cambiantes en la batalla final… No puedes presentar al héroe sin dejar claras sus habilidades y superpoderes.

Wonder Woman resulta un compendio de los tópicos más rancios del género, acumulados sin alma ni a veces coherencia, pero también sin sentido del espectáculo. Su impresionante éxito se me escapa.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
-> Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

Escuadrón suicida


Suicide Squad, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes, suspense, acción.
Duración: 123 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Will Smith, Margot Robbie, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Jai Courtney, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, David Harbour, Jared Leto.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Will Smith y Margot Robbie, y sus interpretaciones, sobre todo la de esta última.
Lo peor: Todo lo demás.
Mejores momentos: El rescate. La escena del bar.
El doblaje: ¿Por qué dejan sin traducir algunas palabras? ¿Es que pensaban que así mola más? “Speech” en vez de “discurso” y otros términos en inglés me descolocaron y molestaron un montón. ¿Pero quién habla así? Aparte, la voz de Joker la pone a parir todo el mundo, y con razón.

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Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa.–

Llega la nueva entrega del universo DC adaptado por Warner Bros. Llega con miedo por parte de los productores, porque el capítulo inicial de la serie que une a varios de sus personajes, Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, no contentó a casi nadie, y aunque la taquilla fue notable, parece ser que esperaban más, así que flota en el ambiente el temor de las siguientes partes se resientan. Y dada la patente torpeza de la que van haciendo gala, los cinéfilos llegamos también con pocas ganas, aunque como buenos frikis, ficharemos. De hecho, los rumores sobre rodajes de escenas adicionales causaron bastante revuelo. ¿Intentaban arreglar una chapuza a última hora? ¿Pretendían darle un toque de humor extra para paliar las quejas sobre el estilo ominoso y trascendental tan postizo de los dos filmes protagonizados por Superman? ¿Querían darle un toque más adulto viendo el éxito de Deadpool? El rumor más sonado es que el director tenía una obra oscura, en la línea de la saga que están adaptando, y el estudio la ablandó y llenó de humor más ligero. Si bien para la crítica sólo puedo basarme en lo estrenado, es inevitable opinar sobre el proceso creativo, pues arrastra decisiones y acciones bastante erráticas que sin duda están afectando a la calidad de los episodios que llevamos.

El primer aspecto reprobable son las prisas, las presiones del estudio, que ponen fechas de estrenos antes de tener si quiera guion, que piden resultados rápidos y exigen cambios en medio del rodaje. Esto no es exclusivo de esta serie, es una plaga en la industria. Incluso grandes obras se rodaron improvisando (como Gladiator), porque una vez en marcha no se puede parar el rodaje, costaría demasiado. O, por centrarme en los superhéroes, Iron Man se apañó bastante sobre la marcha. Así que no podemos decir que sean nuevos en estas malas artes… pero repetir el mismo patrón en tres ocasiones desde luego no te deja en buen lugar…

Se lanzaron a unir Batman y Superman sin haber terminado de asentar al dios de Krypton ni haber presentado al azote de Gotham. Y da la impresión de que lo hicieron porque pensaron que esta confrontación tan popular era un salto necesario dada la tibia recepción de El hombre de acero. Si Marvel arrasó con Los Vengadores nosotros también. Pero olvidaron que la competencia empezó con buen pie, pues Iron Man encantó a todos y supieron superar el gran patinazo de El increíble Hulk consolidando la saga con una segunda entrega de las andanzas Tony Stark, uno de sus iconos, y las primeras partes de las otras dos figuras principales, pues aunque Capitán América: El primer Vengador no fue deslumbrante sí definía muy bien la personalidad del héroe y las características de su historia, y Thor fue la mar de entretenida y mostraba también un rol con carisma. Pero en Warner van a pelo… y se encuentran con un título que debe unir demasiadas cosas y ambiciona demasiado. Y no tienen buenos guionistas y directores, o no les da tiempo a buscarlos, ni les dejan margen para desarrollar con tranquilidad el proyecto: depurar el estilo, perfilar mejor los caracteres y su trayectoria, buscar una trama de calidad y equilibrada… Con ese sistema, no sorprende que Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia resultara un batiburrillo de ideas, personajes y estilos muy mal planteado y ejecutado con gran torpeza.

¿Y han aprendido algo? Pues está claro que no. Con Escuadrón suicida se aferran a la fórmula, innovando únicamente en la aportación de más humor (y como indicaba, todo parece indicar que fue un apaño de última hora). El resultado de ir hacia adelante precipitadamente, saltando a la unión de otro grupo de héroes sin haberlos introducido debidamente, se nota desde las primeras escenas: tienen que lidiar con un material demasiado amplio y complejo, se enfrentan a una producción donde ponen demasiadas esperanzas, y se vuelven locos en el proceso tratando de hacer que todo funcione.

Los protagonistas son presentados con prólogos, flashbacks y resúmenes metidos a mogollón, como si fueran el “anteriormente en…” de cualquier serie. Y esa es la sensación constante: que te has perdido los capítulos que los introducen y no entiendes nada. A pesar de los minutos dedicados apenas definen sus formas de ser, y parece que los realizadores de vez en cuando se dan cuenta de que tienen que explicar un nuevo aspecto de su historia, con lo que recurren a nuevos flashbacks que cuelan con calzador y están llenos de topicazos, porque deben ser breves, que rompen el ritmo. Sólo hay cuatro principales dignos de mención, y sólo dos de ellos dan la talla. Deadshot y Harley Quinn de hecho son lo único que da cierta coherencia, atractivo y dirección a la película. Tienen un carácter bien determinado y bastante sugerente, y son los únicos con escenas con algo de empaque y una leve evolución (su acercamiento y entendimiento mutuo), los únicos con chistes que incitan a la sonrisa y cuyos problemas llaman mínimamente la atención. Will Smith alterna bien los momentos sombríos con los de excitación y cabreo, y Margot Robbie (dada a conocer en El lobo de Wall Street) está fantástica con su repertorio de coqueteos y locuras.

Los otros dos relevantes se estancan en estereotipos, desaprovechando sus posibilidades. El coronel prometía pero termina siendo muy monocromático, pues su motivación es muy básica y no da más de sí. Joel Kinnaman (The Killing, Robocop) es buen actor, pero no tiene donde agarrarse. Amanda Waller, la agente secreta que arma el comando, también se queda en una promesa: la de ofrecer un villano más complejo y terrenal que el ente mágico que hace las veces de enemigo final, así como ahondar en la corrupción y la ambigüedad moral. Pero se pasan recalcando lo obvio hasta convertirla en otro vulgar cliché: los protagonistas tienen que quedar como medio buenos (empezar como malotes pero acabar abrazando la responsabilidad y la colaboración), así que hay que dejar claro que ella es la mala, y lo hacen con algunas escenas dignas del “mejor” cine cutre, como esa en la que se carga a tiros a sus propios hombres. De risa. Ni la correcta interpretación de Viola Davis (Criadas y señoras, El juego de Ender), que consigue excelentes miradas de hijaputa, levanta el interés.

El resto de personajes están incluidos para cumplir el cupo pero sin saber qué hacer con ellos, quedando como secundarios extravagantes de adorno. ¿Cuál se supone que es la habilidad o poder del atracador y qué pinta en todo esto? Con la asiática y su katana tenemos otro tópico cansino. Parece que siempre tiene que haber algo monstruoso y bruto tipo La Cosa/Hulk/Groot, y cumplen con ello sin preocuparse por darle una personalidad. No falta tampoco el que quiere ser bueno pero no le dejan, que tendrá su giro tan previsible como aburrido. Y para rematar está el que desde el primer momento apunta a que será carnaza, del que no te vuelves a acordar porque no ha dejado huella.

En cuanto a la dinámica de la pandilla, esta tampoco da nada de sí. Sin diálogos con ingenio, cinismo e ironía, sin chistes de nivel, sin escenas que expriman a los caracteres, lo que queda son tipos raros andando por la calle. Los temas de amistad en tiempos difíciles, caídas al lado oscuro y retomar el camino, así como los juegos con los límites de la ética y los puntos de vista sobre la misma, son superficiales, anecdóticos, como si no pusieran esfuerzo en tratarlos, como si no fueran importantes. Pero al final los autores se acuerdan de que hay que cumplir con ello, que de eso va la película, así que de repente los personajes deciden unirse, afirman que son una familia, y se lanzan a luchar por el tipo que los está extorsionando con su libertad y su vida, todo ello sin una razón clara, pues salvo el incipiente romance o colegueo entre Quinn y Deadshot, ninguno se ha movido un ápice desde su primera aparición. Es que hay alguno que se va, pero luego vuelve porque sí. También podemos preguntarnos la lógica misma de la concepción del grupo… ¿De qué podrían servir un francotirador, una loca, un atracador y una espachina contra un enemigo del calibre de Zod?

Y sobre las inclusiones de otros de la saga, daba la impresión de que con Joker iban a superar el fallo de Batman vs. Superman con Wonder Woman, es decir, si va a ocupar muchos minutos debe tener una influencia en la trama y los protagonistas. Pero por desgracia no logra hacerse un hueco a pesar de tener bastante metraje. Un tipo loco maquillado que mata gente, no hay más. Termina siendo un anodino complemento de la historia de Quinn, con lo que obviamente los que esperábamos más de una figura tan llamativa y con tanta presencia en los anuncios hemos acabado muy decepcionados. El resto (Batman, Flash y otros indefinidos) los muestran en modo cameo como diciendo “tenemos un plan para la serie”, cuando la evidencia apunta a lo contrario. Con unos personajes tan desconocidos (Cyborg, Aquaman) no puedes hacer esto, sólo genera confusión. ¿Pero quieres llegar a todo el mundo o sólo a los lectores más acérrimos?

Con este grupo tan desaprovechado, que oscila entre la indiferencia y el aburrimiento y tiene pocos momentos dignos, no hay muchas formas de lograr una aventura que enganche… y menos si tampoco le pillan el tono que se esperaba, que se anunciaba, que requería dada la fuente original, resultando una cinta fingidamente “guay”, ingeniosa y atrevida, y fingidamente oscura, adulta y divertida. En el primer conjunto tenemos el malogrado carácter moderno y gamberro. Con las letras horteras en pantalla no sé si querían imitar el estilo graciosete de los créditos de Deadpool, pero lo que vemos me parece una cagada: infantiles y cutres, y ni siquiera da tiempo a leerlas del todo. Los intentos de resumir las supuestas personalidades excéntricas con escenas y gracias breves carecen de savia e ingenio. Y la originalidad no se ve por ninguna parte, sino todo lo contrario: los tópicos de familias son bastante cargantes, los guardias tontos y violentos son clichés muy limitados. En el segundo conjunto, como en las dos entregas previas, el estilo oscuro y serio resulta impostado. El aspecto visual de colores apagados y unos supuestos criminales como protagonistas no impresionan, porque no hay escenas realmente épicas, ni dramáticas, ni adultas; la limitación de edad a mayores de 13 años le ha hecho mucho daño. Y el humor es flojo tirando a malo. Sin chispa ni inteligencia, forzado en muchas ocasiones, primordial y predecible en otras, apenas hay tres o cuatro momentos donde la sala, llena a rebosar, se rio tímidamente. En Deadpool es despolle era constante, y Guardianes de la galaxia te llevaba de la emoción intensa a la risa descontrolada con gran facilidad.

Lo cierto es que entrando en el segundo acto (una vez puesta en marcha la misión) hay un amago que lleva a pensar que en el resto de la cinta exprimirían por fin la dinámica del grupo, con una aventura que combinara violencia, humor negro y atractivos individuos marginales y dementes. En la misión de rescate destaca una sorpresa sencilla pero efectiva, las reacciones de todos y un giro con Quinn; y poco después tenemos la escena del bar, que por fin saca algo de los personajes, en especial los dos con más visibilidad. Pero la trama principal es insípida y termina de matar el poco potencial que se dejaba ver. Los realizadores han perdido todo el primer segmento tratando (inútilmente) de dar forma a los protagonistas, no queda tiempo para elaborar una buena historia. Así que arman un básico plan de rescate y una lucha contra un monstruo de manual. Tenemos una bruja piruja cuya naturaleza, objetivos y poderes no se explican lo más mínimo, cuya intérprete Cara Delevigne no realza con carisma y maldad sino todo lo contrario, termina de hundir con su apatía. Con semejante panorama, ¿cómo esperas que sienta la más mínima intriga o congoja? Puede hacer lo que quiera el guionista, con lo que no hay manera de implicarse y huele a resolución con truco mágico, pues sin definir unas reglas no puede haber giros y soluciones con una lógica tangible. Pero sobre todo, si el relato versa sobre la moralidad del ser humano, de la sociedad y de los gobiernos, pon un contrincante que haga una réplica decente. Los Vengadores, en La era de Ultrón, tenían una extensión de sus líos morales e ideológicos en su villano, con lo que se podía jugar con el tema. Aquí tenemos un inerte malo de final de fase. Además, es evidente que ganarán, así que menos interés se consigue. Y como señalé, el intento paralelo de dotar de enjundia al rol de Viola Davis no funciona.

Por el camino nos topamos con su ejército de entes indefinidos que caen como moscas en escenas de acción del montón y donde los héroes no sufren (aunque mueren extras irrelevantes en cantidad, como para forzar una tensión inexistente). Sí, podemos decir que la serie Los Vengadores también ha empleado este patrón de enemigos de papel, y más de la cuenta… pero como decía, ahí al menos ahí ponen un adversario de nivel y los protagonistas dan la talla. En principio este tipo de tropas tontas lo perdono, pues es una imposición debida al rango de edad (humanos muriendo en masa de forma violenta subiría la edad recomendada) y el tiempo (ya hay muchos caracteres). Pero precisamente el saberlo de antemano te debería empujar a potenciar los otros elementos importantes: los personajes, la acción. A los primeros ya los he descartado, pues a pesar de los prometedores Deadshot y Quinn esto es una obra coral y el conjunto está muy lejos de funcionar. En cuanto al nivel de las escenas de acción, David Ayer dirige con la desgana que mostró en Fury (Corazones de acero), no con la pasión de Sabotaje, con la que fue capaz de levantar otro título donde hubo un gran caos en el rodaje y la postproducción. La primera secuencia importante, un tiroteo por las calles previo al rescate, es muy, muy floja. Los enemigos atacan en fila sin ocultarse ni disparar hasta que están encima, y los “buenos” no sabes por dónde andan la mitad del tiempo. Todo parece rodado en un barato decorado de interior, sin alcanzar el nivel exigible para un estreno de estas características: sin sentido del espectáculo, con una fotografía sin alma y un montaje lamentable que da un ritmo como aletargado (aunque no tanto como en Batman vs. Superman, donde parecía ir todo a cámara lenta).

Pero peor es el desenlace, porque el poco nivel alcanzado se termina de diluir. La confrontación es simplona y monótona, no saca nada de los caracteres, que vuelven a estancarse en cuatro clichés tras el amago del tramo central, y desde luego el villano no consigue causar el más mínimo impacto. El nivel visual es muy pobre: efectos especiales propios de serie b (cuatro rayitos y colorines, fondos falsos que cantan a videojuego) y un escenario pequeño y nada llamativo. Ayer lo remata siendo incapaz de filmar un clímax de nivel. El montaje horrendo y la absurda idea de rodar con niebla (¿un intento de disimular las carencias técnicas?) se traducen en que no se ven la mitad de los golpes y se pierde la escasa espectacularidad que pudiera tener. Cámaras lentas finales en un último intento de forjar un ambiente tenso y dramático, más un previsible giro que deja todo más o menos como estaba y lanza los esperables prólogos, no mejoran las sensaciones sobre el bajón del último acto.

Me resulta incomprensible que costara 175 millones de dólares (y esto es lo que admiten, puede ser más). Supongo que se habrá inflado en los vaivenes de levantar un proyecto tan grande sobre la marcha, con cambios, re-rodaje y postproducción acelerada, porque estrellas que cobren grandes sumas no hay, y el aspecto visual es de producción de 40 millones a lo sumo. Pon otros veinte en sus numerosas canciones caras, por decir una cifra alta, que no sé cuánto podrían haber costado, y ni aun así se acerca a esa marca. En cuanto a recaudación, no creo que le vaya mal, como tampoco le fue mal a Batman vs. Superman o a Iron Man 3, la peor recibida del grupo fuerte Marvel. Y es que salvo que cante mucho a basura de grandes proporciones (como el reinicio de Los Cuatro Fantásticos), la gente va al cine independientemente de las críticas, por la afinidad con las series, el atractivo de los superhéroes, y el no quedarse sin temas de conversación. Eso sí, veremos si da dinero. Dicen que para empezar a ser rentable debe llegar a los 750-800 millones, pues el cálculo siempre es el doble de lo que cuesta hacerla, anunciarla y distribuirla. Y se han gastado un pastizal en venderla (hasta hicieron campaña especial con Joker para que luego no haya tenido relevancia real), porque Warner sigue empeñada en labrarse un nombre con la imagen de marca, no con la calidad de la misma.

Al menos, al no ser tan presuntuosa y larga como los dos entregas previas, resulta más ligera, e incluso tiene unas pocas secuencias donde se deja entrever su potencial (igual que la anterior con Batman, Quinn y Deadshot levantan un poco el pésimo nivel general). Pero el resto es un galimatías, un quiero y no puedo que denota un caos en el estudio, el rodaje y la postproducción. Además da la sensación de que en postproducción vieron que no tenía garra visual y argumental, o que la ablandaron demasiado si hacemos caso a los rumores, e intentan conseguir personalidad mediante canciones con pegada. Una cosa es que uses un tema concreto para redondear una escena, y otra poner uno y otro y otro y otro extractos de temas hiperconocidos (van a lo más fácil) sin venir a cuento; como digo, deben de haberse gastado un pastizal en derechos. En cuanto a la música original, la labor de Steven Price, quien hiciera una buena entrada con Gravity, es tan impersonal y apagada que no parece existir.

Así pues, aunque no se haga tan pesada como Batman vs. Superman es igualmente insatisfactoria: caótica pero predecible, artificial por fuera pero impersonal por dentro, ruidosa pero sin savia ni emoción. No puedo aprobar una película con tantas carencias. Hasta El hombre de acero la supera, y ya andaba floja. Marvel dio un gran ejemplo de que se puede lograr una película de alta calidad que parta de un número amplio de personajes desconocidos para el gran público: Guardianes de la galaxia. Pero para eso hay que tener las ideas claras, el equipo de productores y realizadores cohesionado y trabajando en una misma dirección, y dejar la libertad creativa justa a estos últimos para que las distintas entregas no parezcan productos sin alma.

No quería meterme en el fregado pero me asombra tanto que lo voy a hacer: es increíble la guerra que se ha montado en internet desde Batman vs. Superman, con los fanáticos de DC negándose a admitir el por ahora fracaso continuado de esta serie y tratando de sabotear las críticas: campañas para cerrar rottentomatoes.com (web que recopila críticas de medios), oleadas de votos con miles de cuentas creadas días antes del estreno dando dieces de nota en IMDb.com para inflar las medias, acoso constante en foros, donde no hay manera de opinar con tranquilidad (lo peor son las teorías de la conspiración: que si Disney/Marvel ha comprado las críticas, que si los fans de Marvel no entienden el supuesto tono sombrío y trascendente de esta serie)… Es tan ridículo e inmaduro como por ahora la propia saga La liga de la justicia de Warner/DC.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
-> Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia


Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 151 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: Chris Terrio, David S. Goyer.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Diane Lane, Jeremy Irons, Lawrence Fishburne, Holly Hunter, Scoot McNairy.
Música: Hans Zimmer, Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: Batman y Ben Affleck tienen el suficiente interés como para salvar parte de la cinta.
Lo peor: El guion chapucero, la puesta en escena grandilocuente pero mediocre. El dinero no luce. Aburrida y confusa. Los momentos cruciales son desastrosos y decepcionan a lo grande.
Mejores momentos: Batman en misión de rescate, la única escena realmente llamativa.
El plano: Lois Lane en la bañera.
La pregunta: ¿Gotham y Metrópolis son la misma ciudad? No en los cómics, pero aquí parece que sí.
El título: Yo voy a poner “vs.”, que es la abreviación correcta de “versus” en castellano.
La frase: Dime, ¿sangras? Lo harás -Batman a Superman.

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Alerta de spoilers: La comento con todo detalle, incluido el final.–

Una campaña publicitaria insistente y demasiado explícita (hasta el punto de contarte toda la película en cada tráiler, y hubo muchos) vendía lo rematadamente obvio: que la proyección versaría sobre la mítica confrontación entre Batman y Superman. Pero llegas al cine y te tragas dos horas y media de sinsentidos para que la batalla dure cinco minutos y sea un bluff total en justificación, en motivaciones de los personajes, en sentido del espectáculo. ¿Adónde va el resto del metraje? A un embrollo donde las pocas veces que se puede intuir qué quieren contarte queda claro que lo están haciendo de la peor manera posible. Guionista (Chris Terrio con historia de David S. Goyer) y director (Zack Snyder) se pierden en una narrativa torpe y caótica donde no entienden ni dominan conceptos cinematográficos básicos. Esta obra debería ser estudiada en las escuelas de cine como ejemplo a evitar. ¿Cómo pueden dedicar tantos minutos a tan pocos personajes y no sacar casi nada de ellos? ¿Cómo la historia es tan simple pero resulta tan enmarañada y confusa? También se puede analizar el método de vender una serie de películas sólo con la publicidad, no afianzando su calidad, y cómo los espectadores nos dejamos engañar una y otra vez.

Clark Kent aparece un par de veces para cumplir con el cupo de novio y periodista, pero no se trabaja más su intento de vivir entre los hombres. Superman tiene más protagonismo… y tampoco son capaces de introducirnos en su mente. ¿Qué siente, qué sufre, qué piensa y espera de la humanidad y cómo planea responder ante los pocos retos morales y legales que se plantean en la trama? Como en la primera parte, vaga por el mundo sin rumbo, frunce el ceño (sigo pensando que Henry Cavill valía para más) sin que sepamos por qué y pelea con una determinación no explicada, pues su viaje interior carece de la coherencia y fuerza necesarias para conectar con el personaje y vislumbrar algún tipo de evolución. Le ponen de nuevo algunas escenas introspectivas que lejos de servir para algo vuelven a resultar pretenciosas y fallidas: esa visión con el padre en la montaña descoloca un montón (forzada en forma y contenido para no aportar nada claro), hay una conversación con la madre que en cuanto termina me olvidé sobre qué iba, se persona en el juicio y no sabemos si se está rindiendo ante el ser humano, si tiene algún plan para darle la vuelta al asunto o qué. Claro que tampoco se entiende el propio juicio: de qué se lo acusa y por qué esa intervención para salvar a una ciudadana estadounidense de las garras de unos mercenarios se supone que le da mala imagen; qué demonios hace EE.UU. juzgando un tiroteo en el extranjero; y no digamos ya lo justito de verosimilitud que resulta el que no se dé cuenta de la trampa con la silla de ruedas, o por qué esta también se supone que debe hacer que la gente lo vea como enemigo público. Así pues, el conflicto entre la humanidad y Superman no hay por dónde agarrarlo, no se presenta nada concreto y no ofrece conclusión de ningún tipo. Por ello los personajes implicados (militares, congresistas y periodistas) sólo sirven de apoyo puntual sin lograr causar ninguna impresión.

Lois también está igual que en el capítulo inicial: metida en todo sin venir a cuento. Momentos risibles, como ese helicóptero que le da Perry White porque sí, o lo de que suelte la lanza y luego vuelva a por ella, son lo único que deja para el recuerdo aparte de la belleza de Amy Adams, porque su enorme talento no llega a aprovecharse. Diana Prince/Wonder Woman está también metida con calzador: no se aclara nada sobre ella a pesar de tener numerosas apariciones breves, con lo que no sabes qué hace por el mundo (¿es de kryptón o qué?), cuáles son sus lealtades, su visión de las cosas y su forma de actuar. Si vas a presentar un personaje de la serie de forma que no sea sólo un cameo sutil para los lectores de los cómics tienes que hacer que tenga sentido en la historia. Y atención a su infantil aparición en la batalla (plano molón y musiquita roquera barata) y a la foto “antigua” (¿no sería lo más lógico pensar que es una foto de una fiesta de disfraces con filtro sepia?) en que sale posando con otros tipos raros, cuando se supone que quiere pasar desapercibida. Gal Gadot acaba como Adams: sólo te acuerdas de su asombrosa belleza. Aparte tenemos a los otros héroes de la saga que están adaptando, Flash y demás, donde precisamente se van al extremo de no esclarecer nada y que sólo los fans pillen la cosa; por cierto, la presentación de Aquaman acercándose a una cámara cual pececito curioso es tronchante.

Lex Luthor es el peor de todos los protagonistas, una auténtica cagada. En vez de plasmar al Luthor conocido han intentado imitar al exitoso Joker de El Caballero Oscuro: un demente estrafalario lleno de tics delirantes que sólo quiere traer el caos. ¿Dónde está el megalómano millonario con grandes planes para hacerse más y más millonario e importante y que odia a Superman porque es el único rival capaz de echar al traste sus maquinaciones? No sabemos nada de él y entre sus balbuceos apenas se deja entrever un plan. Por alguna razón está empeñado en que Batman y Superman se zurren, pero no se dice por qué, y cuando se expone algún paso del supuesto proyecto resulta tan débil y cogido por los pelos que provoca vergüenza ajena: oooh cuidado, que ha enviado cartas provocadoras a Bruce Wayne; ¿y alguien entendió lo de África, por qué se supone que era una treta contra Superman, y por qué usan balas que sólo Luthor tiene, lo que las convierte en una pista clara del autor de todo?; pero para agujero de guion lo de que sabe por arte de magia quiénes son los álter ego y las familias de cada superhéroe. Diría que Jesse Eisenberg no lo hace mal, pero como la interpretación que le exigen no pega para el personaje y este termina resultando una catástrofe, pues tiene todas las papeletas para que le cojas asco.

Batman es el único que sale bien parado, de hecho parece una película de Batman más que de Superman o repartida entre ambos. Dedican algo de esfuerzo en mostrar las dos caras de su vida y a matizar su punto de partida, su transición y su posición final. Y su clásico apoyo, Alfred, funciona medianamente bien también, aunque sea en gran parte por el carisma de Jeremy Irons. Pero lo más destacable es que Ben Affleck da la sorpresa al marcarse un buen papel, algo que nadie esperaba. Estamos ante un Wayne/Batman atormentado, obsesivo y desatado bastante atractivo y que casi supone la salvación de la cinta. Casi, porque obviamente forma parte de ella y se tropieza con sus limitaciones. Así, aunque sea el único personaje en que se puede ver una forma de ser y un propósito, tampoco destaca en coherencia y buena progresión. Primero, los realizadores no son capaces de ver qué es lo importante. ¿De verdad era necesario repetir la escena de la muerte de sus padres a estas alturas? Una visita al cementerio para mostrar brevemente su dolor bastaba. El confuso, largo y lento prólogo lastra demasiado su presentación: esa surrealista elevación por murciélagos, por qué corre hacia su edificio sin el traje de Batman (y por qué la gente no desaloja hasta que llama, cuando están viendo la cuidad caer en pedazos), la cansina cámara lenta del asesinato. Segundo, cuando a duras penas se deja entrever su potencial entre subtramas anodinas (la investigación del “Portugués Blanco” parece escrita por un amateur, con momentos absurdos como ponerle un localizador a un camión que pretende destrozar) y resoluciones chapuceras (el lastimero hackeo al ordenador de Luthor), este no llega a madurar porque el resto del relato tampoco lo hace. ¿Por qué decide ir contra Superman? Sí, le mosquea su aura divina, le tocó las pelotas con la destrucción de su edificio, y queda claro que es un tipo rabioso y violento, pero de ahí a odiarlo a muerte y decidir enfrentarse a ese rival en apariencia imbatible hay un salto que no se matiza lo más mínimo, porque dejan toda la lógica del conflicto en manos del plan de Luthor y este es un despropósito.

Pero vale, al final tenemos por fin la esperadísima batalla entre los dos superhéroes… Parpadeas y se acaba. ¿Ya está? ¿Tanto ruido para esto? Es realmente triste que no hayan sabido sacarle partido a la parte más importante de la película: no es verosímil, ni emocionante, ni grandiosa. Empieza rebosando incoherencias, se pasa en un suspiro y no deja huella alguna. Media lucha se basa en lanzar al contrincante más allá en vez de intentar aplastarlo o atravesarlo, y resulta muy breve, con pocos trucos y trampas por parte de Batman; uno de los momentos cumbre es la forzada tensión mientras carga un arma: ¡debería tener de todo por todas partes! Además se le ven muchas carencias. Me pregunto por qué Batman guarda la lanza lejos. Úsala en el primer momento de debilidad, que menuda imprudencia es darle más oportunidades a semejante rival. O mejor, ¿por qué no haces balas con kryptonita en vez de un arma de cuerpo a cuerpo? Superman es igual de tonto: lánzale rayos a las piernas hasta inmovilizarlo si no quieres matarlo, pero no sigas acercándote cuando es evidente que tiene más trucos, y sobre todo grita de una puñetera vez por qué no deberíais luchar, so memo, que cuando llega el giro ya no hay quien se crea el cambio repentino en Batman, que sin más se convierte en su mejor amigo. Y vaya cutrez de giro, demostrando definitivamente lo pésimo que es el guion. Primero, porque telita el recordatorio para tontos, como si no estuviera claro cómo se llamaba la madre de Bruce. Segundo, porque llega Lois para aclarar la situación (porque Superman se quedó mudo ante Batman por la razón que sea y así sigue), a pesar de que ella en realidad no ha podido escuchar la conversación. Tercero, por lo demencial de la decisión de Batman en plan “¡No puedo matarlo, su madre se llama igual que la mía! ¡Esto perdona todos los pecados que le atribuía, aunque no sepa cuáles son! ¡Ahora somos amigos hasta la muerte!”

De ahí pasamos al anticlimático final contra un bicho grande que los fans de los cómics sabrán qué es, pues aquí no se explica nada. Como decía, este Luthor no quiere construirse un imperio, sino destrozar cosas porque sí. El gobierno de EE.UU., muy amable él, deja que un millonario de dudosa lealtad acceda a su bien más preciado, una nave alienígena, y la nave de kryptón, muy amable ella, le deja hacer de todo a pesar de que el protocolo de seguridad dice que no repetidas veces. Y de todo lo que le enseña sobre el universo lo único que le mola es hacerse un monstruo al que llamaré “clon del trol de Moria” (La Comunidad del Anillo), pues es igualito pero con rayos. En la batalla, el único momento que aparece algo de guion es para hacer el ridículo: los autores, defendiéndose de las críticas a El hombre de acero, recalcan que la gente de la ciudad ha salido de trabajar y no hay nadie y que la lucha final es en una isla desierta. El resto lo dejan en manos de la puesta en escena, de la que hablo en seguida. En cuanto al final, no lo entiendo. ¿Esperas que me crea que Superman se va a quedar muerto, o que Batman lo haría si hubiera muerto él? No, hay que seguir con la serie. Este tipo de trampas argumentales tan sensacionalistas me revientan. ¿Cómo pretenden que sufra emociones ante tal engaño? Aparte está la lentitud y desgana con que cierran una despedida tan predecible, y lo innecesaro que resulta mostrar la entrada de Luthor en la cárcel y la amenaza que le hace Batman.

Para dar forma al superficial y la vez caótico y desconcertante guion llega la dirección Zack Snyder con su estilo presuntuoso y artificial que no logra disimular su nulo dominio narrativo. Saltamos de escena en escena sin cohesión entre ellas, sin un rumbo claro en los acontecimientos, sin garra a pesar de los enredos visuales. El colorido falso busca un tono sombrío sin conseguirlo, unas cuantas secuencias de acción tratan de ser oscuras y violentas pero no transmiten nada, el clímax final pretende ser sobrecogedor pero acaba resultando inerte por el abuso de lo digital y la inexistencia de argumento y personajes. La única escena digna de citar como espectacular es el combate de rescate a Martha Kent donde Batman suelta hostias como panes. Pero parece rodada por otra persona, porque el resto de persecuciones, tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo o conflictos colosales entre edificios son esperpénticos. La persecución con el batmóvil debería ser trepidante, pero posee un montaje tan malo que va a trompicones, sin sensación de velocidad. La pelea en la premonición del futuro es de una tosquedad impresionante: Snyder trata de hacer un plano secuencia y le queda una coreografía muy mal fingida, con cada soldado enemigo esperando el turno para que Batman los tumbe con sus lentos golpes, porque por algún motivo deciden no disparar sus ametralladoras. Por estas fechas se estrenó la primera temporada de la serie Daredevil, y te encuentras con estupendas luchas en todos los capítulos, más un monumental y memorable plano secuencia en el segundo episodio que deja a la altura del betún al de este filme. La confrontación entre los superhéroes ya la he comentado. Y la batalla final es todo muñeco digital sobre fondo digital: ruido, lucecitas y borrones sin ton ni son (ah, ¿la tipa esa tiene un látigo mágico?), así que yo ya estaba desesperado de aburrimiento. El descomunal presupuesto (unos 250 millones de dólares) no luce lo más mínimo. Parece que estamos ante la adaptación en videojuego y no ante la película que nos anunciaban. Es comparar con Los Vengadores y Guardianes de la galaxia, por citar las dos más llamativas en lo visual (dirección y calidad de los efectos especiales) de la serie Marvel, y se te cae la cara de vergüenza. Cabe señalar también que la banda sonora de Hans Zimmer en la primera entrega no era uno de sus mejores trabajos, pero sí poseía cierta épica, mientras que aquí ha perdido fuelle, resultando bastante estrepitosa, sin personalidad y poco implicada con las imágenes.

Para colmo anuncian que en bluray/dvd tendrá media hora más, es decir, que a pesar de su lentitud, de su incapacidad para narrar con concisión y claridad, y de que sin duda le sobra metraje por todas partes, la película era aún más larga, tres horas nada menos. De hecho algún recorte evidente hay: Batman no consigue robar la kryptonita del camión, pero luego aparece con ella mientras vemos la base de Luthor atacada. ¿Me pones una escena donde no llega a mostrarse el objetivo buscado pero omites la que sí lo hace? Sí señor, con dos cojones. ¿Y aclararán en ese montaje otras muchas cosas sin sentido? Como por qué aparece Superman arrastrando un barco, quiénes son esos tipos con poderes que ven Wayne y Prince en los archivos de Luthor, qué diantres es esa visión de Batman peleando contra Superman que finalmente es algo que no sucede en la película, por qué enfocan a un cuadro con tanta insistencia, por qué nos plantan esa larga escena final de Luthor en la cárcel… Algunas respuestas me las han dado lectores de los cómics: deducen que Luthor ha conocido al supervillano de la serie, Darkseid, y sabe que viene, y la visión del futuro formaría parte de ese conflicto. Señores Torrio y Snyder, ¿me tratáis de presentar las siguientes películas con la mitad de la información y de forma que la trama de la que estoy viendo ahora se resienta en ritmo y comprensión? Y peor todavía, ¿después de tanto bombo y platillo me estáis diciendo que esta no es la lucha definitiva entre Batman y Superman? Y yo que me quejaba de las escenas postcréditos de Marvel como torpe salto entre capítulos…

Los productores y autores implicados no aprendieron de los errores de la primera parte de la serie, sino que los han magnificado, consiguiendo que un título muy prometedor, a pesar de las reticencias que levantaba El hombre de acero, resulte un galimatías plomizo y cansino que no es capaz ni de ofrecer un espectáculo aceptable. Aunque sin duda las hay peores (Batman y Robin, Los Cuatro Fantásticos, El increíble Hulk, algunas que ni me atrevo a ver: Catwoman, Linterna Verde, el reinicio de Los Cuatro Fantásticos…), Batman vs. Superman, por la ambición con que nace y las esperanzas con que llegaba, ha resultado el desastre supremo de las películas de superhéroes. ¿Dónde quedó el prometedor Zack Snyder del notable remake El amanecer de los muertos? Desde entonces ha perdido el norte en una especie de vanguardismo mal entendido donde no hace cine, sólo videoclips que capturan viñetas de cómic. ¿Adónde fue el David S. Goyer que deslumbró con el imaginativo guion de Dark City? En adelante los únicos libretos destacables son los que terminaron otros (el Batman de Christopher Nolan), menos esta chapuza que ha rematado Chris Terrio… que precisamente será quien escriba la serie a partir de ahora, con Snyder de nuevo en la dirección. Pero me temo que con tanta publicidad y ansias por ver unos superhéroes muy queridos probablemente engañen a suficientes espectadores como para sacar tajada y seguir con la misma farsa. Wonder Woman y La liga de la justicia son atractivas e iremos a verlas porque la curiosidad nos puede, pero luego volveremos a lamentarnos. Qué duro es ser friki.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
-> Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

El hombre de acero


Man of Steel, 2013, EE.UU.
Género: Superhéreoes.
Duración: 143 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: David S. Goyer, Christopher Nolan.
Actores: Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Diane Lane, Russell Crowe, Antje Traue, Harry Lennix, Christopher Meloni, Laurence Fishburne, Kevin Costner.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante espectacular.
Lo peor: Irregular, con tramos aburridos. Intenta abarcar mucho y se queda a medio camino de todo.
La pregunta: ¿Cómo una nave de veinte mil años de antigüedad es compatible con la tecnología de Krypton actual?

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Superman es un superhéroe para mí incomprensiblemente popular y querido: el concepto es simplón a más no poder, la serie de películas que le dio fama fue cine cutre del verdaderamente horrible ya desde la primera entrega, la famosa de Richard Donner con Christopher Reeve (¡pero cómo un esperpento de tal calibre pudo tener éxito y ser recordado durante décadas!… y de las secuelas mejor no hablar), las series de televisión también tuvieron mucho tirón pero poquísima calidad (Las aventuras de Lois y Clark y Smallville eran bastante malillas), y el intento de reinicio cinematográfico reciente, Superman Returns, fue otro fracaso de calidad pero esta vez también de taquilla. Ahora llega otra versión más, otro intento de sacar una franquicia rentable. Como la anterior, arrastra disgustos y polémicas. Es curioso, las versiones antiguas (cine o tv) se adoran sin reservas a pesar de ser mediocres o penosas, pero a las nuevas se les exige demasiado. Este último reinicio tampoco ha conseguido deslumbrar: la crítica la pone a parir, y el público aunque menos duro está muy dividido.

Como superproducción veraniega El hombre de acero resulta entretenida y bastante espectacular, pero con altibajos notables y con un tono trascendental que resulta bastante impostado. O dicho de otra forma, es pretenciosa e intenta abarcar demasiado, pero no consigue llegar a nada. Han intentado contar tanto y buscaban una historia tan grandiosa e intensa que no se han dado cuenta de que o no les cabía o no se conseguía la fluidez y solidez suficientes para no resultar un galimatías engreído. El resultado es un resumen de película, un batiburrillo de ideas e intenciones adornadas con pompa y grandilocuencia sin mesura alguna. Y la verdad sea dicha, prefiero chorradas como Transformers, Armaggedon e Independence Day (por citar referentes del género “revienta taquillas de verano”), que no van fingiendo ser más de lo que son y resultan más divertidas y entretenidas (aunque es cierto que estas a veces se van al lado contrario, a lo estúpido).

El tramo inicial se hace larguísimo, a la narración le cuesta ir al grano sin dar vueltas innecesarias. Se tarda una eternidad en contar todo lo de Krypton, pues aunque entiendo que quisieran darle relevancia está claro que no lo han sabido mostrar bien. Los delirios de Zod resultan exagerados desde un principio, y la caída de los padres de Kal-El es insípida. Las preguntas sobre la situación del planeta dejan agujeros importantes en la credibilidad del argumento: con tanta tecnología y tantas naves, y se quedan a esperar la destrucción; no queda claro por qué abandonaron todas sus colonias por el universo; y lo peor, la historia de esa especie de calavera mágica es un lío incomprensible, con lo que no se entiende la mitad de lo que hacen los kryptonianos y los objetivos de Zod. El diseño del lugar en plan videojuego termina de restarle realismo: hay demasiado enredo visual en los decorados y efectos especiales y poco esfuerzo en hacer un lugar verosímil: no parecen tener unas estancias habitables. Una vez en la Tierra, Superman deambula demasiado hasta que por fin se lanza la acción, y mientras, el guion es incapaz de darle al otro personaje principal, Lois Lane, una personalidad llamativa y una posición concreta en la historia. El padre del héroe, Jor-El, es otro cuya presencia resulta forzada, y sus discursos tratando de explicar la trama resultan cargantes; además, eso de que el holograma sea tan activo e inteligente y hábil (como si fuera más bien un clon de la personalidad) no me convence lo más mínimo, es otro recurso muy cogido por los pelos.

Todo este segmento se adorna con la pompa citada. La escenificación que pretende dar a cada momento la mayor trascendencia y drama posible no termina de funcionar. Toda la supuesta intensidad de las escenas se ve muy falsa: demasiada música insistente, demasiado atardecer naranja, demasiado discurso inflado, demasiado “mira qué momento más glorioso” cuando lo único que tenemos es lo de siempre, un héroe buscando su lugar en el mundo. Y como no hay un rol central llamativo, pues Superman es plano por definición y además sacan bien poco de él, la sensación de que no están contando nada pero lo esconden tras mucho artificio es constante.

Cuando llegamos a los momentos cumbre del relato la débil fachada de película seria y profunda termina por desmoronarse. Lo único que vamos a ver una vez se lanza el argumento principal (también muy visto: salvar Nueva York, digo Metrópilos, digo la Tierra) es acción de la aparatosa y ruidosa sin contenido ni personajes interesantes en el foco de la narración. No me interesa lo más mínimo el destino de los currantes del Daily Planet, a pesar de que se empeñan en sacarlos sufriendo por la ciudad; concretamente, la escena de la mujer atrapada en los escombros es vergonzosa. Lois está metida en todos los fregados de forma forzadísima. Los militares y el científico son aburridos clichés andantes. Zod es un villano demasiado histriónico, y por el contrario Superman un héroe demasiado simple y apagado. El duelo a tortas con el grupo de Zod es espectacular, impresionante a veces, pero carente de emoción, porque no hay forma de conectar con los personajes.

Y sobre todo, como dicen muchas críticas: ¿dónde están los mensajes clásicos de Superman? El drama humano no hace acto de presencia, porque la catástrofe es puro efectismo sin nada detrás. El conflicto interno de Clark es muy pobre, a pesar de tantos flashbacks cansinos; escenas cutres como la del padre suicidándose por un maldito perro no ayudan. No vemos mucho de su adaptación al mundo real, más allá de los paseos huyendo de su responsabilidad y un par anécdotas de la juventud (que duran una eternidad para lo poco que dicen). De hecho, el Clark adulto no existe, lo dejan para la segunda entrega. Salvo un par de clichés de rigor (salvar gente, eludir peleas) no vemos realmente cómo intenta hacer una vida normal entre los humanos: las relaciones, los sentimientos, no parecen importar, como si pensaran que con esos tópicos bastara para contruir su personalidad. Tampoco tenemos el clásico juego de esconder su personalidad secreta, sobre todo ante Lois, pues ella desde un principio sabe quién es. La aceptación de su importante destino no emociona, ni tampoco se expone muy bien: lo único que hace es hostiarse con monstruos como él, no se ve conexión alguna con la humanidad, no se ve una transición verosímil de individuo con poderes asustado y huidizo a figura heroica que acepta responsabilidades de gran calado. Lo más triste es que Jor-El nos suelta varios sermones sobre estos temas, pero el guion es incapaz de traspasar todo eso a Kal-El. Para colmo, esta ausencia de la esencia de Superman se remata en una escena que roza el ridículo: después de destruir media ciudad dejando un reguero de probablemente miles de muertos, porque es evidente que no se ha preocupado por nadie (salvo por Lois en alguna escena metida con calzador), de repente se desvive por una familia en peligro. No cuela, a estas alturas no cuela. Además, es difícil olvidar al Superman vengativo que le hace la bromita al camionero. Como dice un amigo mío, este no es Superman, es Hulk: un tipo que teme a su otro yo, que se dedica a huir de todo vagabundeando por el mundo, y que cuando se desata no piensa en nada excepto destruir a su oponente arrasando con todo lo que haya por medio.

Sobre la puesta en escena tenía muchísimas dudas, pues después de apuntar maneras con el excelente remake El amanecer de los muertos (2004), Zack Snyder se dedicó a la experimentación con 300 (2006) y Watchmen (2009), que dejaban ver algunas buenas ideas pero poca experiencia y grandes fallos en su ejecución. Finalmente, su labor ha resultado como el guion: regularceja, con muchos puntos criticables y muchos aires de grandeza. El intento de darle un aspecto oscuro se realiza con un colorido apagado y saturado que queda muy artificial. La cámara en mano con la idea de darle un toque de realismo es irregular: algunas peleas aéreas resultan bastante logradas, con un buen uso de zooms que consiguen esa sensación de estar viendo algo real, pero el resto de enfrentamientos es un caos sin sentido, sobre todo los de puñetazos en planos cortos, donde no se entiende nada. También hay errores de concepto notables: la cámara en mano y los reflejos y demás virguerías visuales sobran por completo en escenas pausadas, pues transmiten el efecto contrario al buscado. Por ejemplo, las conversaciones íntimas entre padre e hijo fallan estrepitosamente en su tempo narrativo, pues son auténticos videoclips cuando debería buscarse un tono sencillo, cercano y cándido con el que se lograra transmitir la conexión familiar.

Los efectos especiales me han sorprendido por ser normalitos. Si algo se espera de una superproducción de este calibre es que deslumbre y asombre, pero ocurre todo lo contrario: parece una cinta con por lo menos diez años de antigüedad. Tanto Krypton como las ciudades terrestres resultan muy falsas (esos tonos naranjas de cuando los efectos digitales estaban empezando…), los dobles digitales se notan mucho (y se emborronan para intentar ocultarlo), la destrucción de Metrópolis tiene muchos planos cantosos… Es alucinante lo lejos que se queda de títulos como Transformers y Los Vengadores, que tienen efectos especiales nítidos y creíbles. También tengo que decir que, aunque las armaduras del grupo de Zod son impresionantes, el diseño artístico no tiene originalidad y personalidad alguna, y no me pega en esta película: parece sacado de descartes de Matrix (el criadero de fetos, las naves y máquinas de estilo insectoide), o de Alien y Prometheus (estilo H. R. Giger, vamos), y la batalla final recuerda mucho a Independence Day (los planos de aviones incapaces de dañar la nave alienígena).

Los actores son todos competentes, pero como los personajes son cascarones vacíos no hay margen para ofrecer un buen papel, y es imposible no pensar en que han desperdiciado a una actriz con tanto potencial como Amy Adams y que no hay material suficiente para juzgar a Henry Cavill. Lo que sí tengo que decir es que el doblaje es una aberración que destroza a dos principales: Zod y Lois resultan tan ridículos que parecen una parodia de las que hace la gente en youtube. En cuanto a la banda sonora, resulta en la onda del Hans Zimmer comercial: épica contundente que a veces resulta un poco sobrecargada, y aunque sin duda funciona bastante bien (mejor que las compuso para el Batman de Nolan), también es incomparable con la épica de John Williams ni con la excelente Superman Returns que nos regaló John Ottman y que pasó injustamente desapercibida.

Está claro que Zack Snyder y David S. Goyer han intentado repetir el éxito de la trilogía de Batman de Christopher Nolan (su mención en los créditos como guionista señala un asesoramiento importante), pero es que la idea es claramente equivocada: Superman no da para un héroe atormentado y una historia densa y oscura, es más básico y apela al lado más luminoso de la humanidad. Además, conseguir un El Caballero Oscuro es muy difícil… de hecho, a El hombre de acero le ha pasado como a El Caballero Oscuro, la leyenda renace: entretenida y espectacular en general, pero bastante irregular, excesiva unas veces y aburrida otras, pero siempre con un tono pretencioso notablemente fallido.

PD: se podrían haber ahorrado el epílogo, pues resulta intrascendente y el chiste de “qué bueno está” es penoso.

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Serie La liga de la justicia:
-> El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)