El Criticón

Opinión de cine y música

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Casino


Casino, 1995, EE.UU.
Género: Drama, suspense, histórico.
Duración: 178 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: Nicholas Pileggi, Martin Scorsese.
Actores: Robert De Niro, Sharon Stone, Joe Pesci, James Woods, Don Rickles, Billy Sherbert, Frank Vincent, Kevin Pollack, Pasquale Cajano.

Valoración:
Lo mejor: Algunos pasajes son lo justo de entretenidos, los protagonistas lo justo de simpáticos, los actores lo justo de carismáticos…
Lo peor: Pero yendo justo no se logra una buena película, y menos esa grandiosa que vende tanta buena crítica. El guion es superficial y torpe, la puesta en escena poco llamativa. Las tres horas que dura se hacen bastante cuesta arriba.

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La conmoción de Uno de los nuestros (1990) todavía coleaba. Y antes de esa, Scorsese nos había deleitado con otros tantos títulos notables sobre criminales. El mundo, tanto crítica como público, estaba abierto de brazos ante un autor que mantenía la expectación en el género por las nubes. Y aún la mantiene, a tenor del entusiasmo con que se esperaba El irlandés (2019). Pero no siempre se acierta, se tiene la inspiración y las ganas. Casino es un bache enorme en su carrera, aún más notable que las irregulares Gangs of New York (2002) y El irlandés. Otra cosa es que el fervor y el favoritismo impidan ver la realidad.

Martin Scorsese y Nicholas Pileggi se unieron de nuevo para adaptar otra historia real de crímenes, pero parece que fue más para revivir el reciente éxito de Uno de los nuestros que por tener verdadera pasión en el relato. En aquella está claro que pusieron mucho más mimo en la escritura, cuidando la forma tanto como el contenido, tratando de lograr algo distintivo, que pegara fuerte. Trabajaron a fondo con los actores en el dibujo de los personajes, analizando cómo habrían de interpretarlos, cuidando el detalle. En el rodaje, el director echó toda la carne en el asador, deslumbrando con infinidad de recursos narrativos.

Aquí da la impresión de que desarrollaron el proyecto con la inercia, optando por lo básico, jugando sobre seguro. La escritura denota dejadez y desequilibrios formales, no es capaz de ofrecer una historia concreta, unos personajes sólidos, un desarrollo de ambos coherente y en general un relato que al menos fuera entretenido. Fuerzan la grandilocuencia por longitud y enredos varios (subtramas, detallismo innecesario), no por apuntalar una trama de gran calado y complejidad, cuidando los aspectos pequeños tanto como la perspectiva global de forma que el todo deslumbre.

La descripción de las mafias no cuaja, no ofrece novedades ni en lo relevante (los capos, el funcionamiento de su entramado criminal) ni en el repertorio de anécdotas (curiosidades de este mundo y vivencias varias de los personajes) con respecto a los obvios referentes, El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Uno de los nuestros y Scarface (Brian De Palma, 1983). La parte más relevante en esta trama, el casino y el protagonista que lo lleva, tampoco apasiona a pesar del glamour del escenario, las fechorías, las fiestas y drogas…

Las motivaciones de los personajes son vagas y la evolución de sus personalidades inconsistentes, en algunos casos dejan huecos enormes. A Sam “Ace” Rothstein (Robert De Niro) le encanta su trabajo en el casino, no conoce otra cosa. Nosotros tampoco conocemos más de él. Por qué se casa con una timadora, por qué si es tan cuidadoso y profesional deja irse tanto las relaciones con los mafiosos, empezando por su amigo Nicky Santoro. Este es un remedo barato del rol que tenía el propio Joe Pesci en Uno de los nuestros. Simpático, alocado, peligroso… impredecible, un comodín para que haya problemas. Y por ello, la rivalidad entre ambos es poco emocionante, muy volátil en el mal sentido: es predecible y repetitiva unas veces, otras se olvida por completo y te preguntas si han arreglado algo fuera de pantalla. Tanto De Niro como Pesci van con el piloto automático puesto, hasta el punto de que llega a ser cargante la poca gana que le ponen y la repetición de sus tics más habituales. Ginger McKenna brilla inicialmente con una Sharon Stone bellísima y enérgica, pero pronto se atasca también en una trayectoria muy mal hilada. Qué piensa, qué anhela, qué le falta, por qué tiene esos prontos y bajones y sigue al paria interpretado por James Woods

No encontramos personajes secundarios con calado y menos con pegada, de hecho, muchos ni se quedan en la memoria, y en los casos en que reaparecen al final para aportar por fin algo en teoría trascendente es difícil acordarse de quiénes son y qué pintan en el conjunto de los hechos. El caso más sangrante es el tipo al que escucha el FBI en su tienda y permite que caiga todo el tinglado de mafias y casinos: ¿quién es, por qué lo siguen? No entendí nada. Algo tan crucial en el desenlace no se puede descuidar tanto.

El único atrevimiento que hay con la narrativa es un disparate descomunal. El protagonista muere en la primera escena de la proyección, lo que representa el final de su historia y el comienzo de la narración al espectador de su vida a modo de flashback. Por lo general la voz en off aporta poco, describe lo obvio y no nos adentra en los pensamientos del personaje. Pero de repente aparecen otros personajes narrando, y entonces todo queda muy raro. No hay una declaración final a las autoridades que justifique tanto palique, es más, como digo, algunos mueren, ¿nos hablan desde el más allá? Así, lo que en principio estaba siendo una voz en off irritante pronto se convierte en un galimatías sin pies ni cabeza. Y para rematar, tres horas después resulta que no, que me has engañado, el personaje en realidad no muere en el atentado y hay más cosas que contar.

Lovelace


Lovelace, 2013, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 93 min.
Dirección: Rob Epstein, Jeffrey Friedman.
Guion: Andy Bellin.
Actores: Amanda Seyfried, Sharon Stone, Peter Sarsgaard, Robert Patrick, Chris Noth, Bobby Cannavale, James Franco, Juno Temple, Adam Brody.
Música: Stephen Trask.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto. Correcto drama una vez arranca.
Lo peor: Su primer tramo es insustancial y nada novedoso.
Mejores momentos: La escena de “menuda bestia en la cama” revisitada, donde descubrimos que era una paliza.

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El tramo inicial no apunta buenas maneras. Promete otro biopic con tono de telefilme: narración convencional, sin garra, sin elementos distintivos. Una adolescente que quiere ver mundo y sentirse libre está encorsetada en las costumbres de la época y controlada por unos estrictos padres (atención a la irreconocible Sharon Stone), pero conoce a un hombre mayor que promete darle esa vida deseada y se casa esperando una liberación. Sin embargo los primeros pasos del matrimonio no son fáciles, y entre una cosa y otra acaba actuando en una película porno. Esta es Garganta profunda (Deep Throat, 1972), que inesperadamente resultó un éxito enorme.

Llegados a este punto estaba convencido de que no tenía nada que ofrecer, pero por suerte mejora bastante cuando cambia el punto de vista, cuando a través de los flashbacks que reescriben lo narrado vemos el lado malo de la fulgurante y breve carrera de Linda Lovelace: abusos, maltratos… Era un objeto para su esposo y la industria, una forma de ganar dinero. No va a dejar de ser un melodrama bastante básico, pero al menos se pone algo de esfuerzo en darle algo de originalidad, lo que permite pasar del sopor al interés y prestar más atención a la odisea de la protagonista. Los personajes están bien dibujados (solo el marido falla, al deshumanizarlo para ponerlo como villano sin más profundidad), los diálogos son correctos, la recreación de la época funciona y hay unas pocas buenas escenas aquí y allá. Terminamos con la esperable reconciliación con los padres y con el mundo, que es también previsible pero bastante bonita.

No deja nada para el recuerdo, pero no es tiempo perdido. Lo que más me ha mosqueado es que Amanda Seyfried haya decidido desnudarse ahora que se ha vendido a Hollywood, volviéndose anoréxica, y no antes (Big Love, Veronica Mars), cuando era una bomba de mujer. ¿Adónde han ido sus curvas? En el resto del reparto aparecen numerosas figuras de escasa fama pero calidad comprobada en grandes papeles televisivos o secundarios en el cine: Peter Sarsgaard, Robert Patrick, Chris Noth, Bobby Cannavale, James Franco haciendo un papel loco de los suyos (imitando a Hugh Hefner) y la estrella emergente Juno Temple, entre otros.

Desafio total


Total Recall, 1990, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 113 min.
Dirección: Paul Verhoeven.
Guion: Dan O’Bannon, Ronald Shussett, Gary Goldman.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Rachiel Ticotin, Sharon Stone, Ronny Cox, Michael Ironside, Marshall Bell, Mel Johnson.
Música: Jerry Goldsmith.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion (thriller exquisito, personajes excelentes), ambientación (decorados, efectos especiales), dirección, banda sonora, reparto… Su capacidad para entretener y asombrar incluso veinte años después.
Lo peor: Nada, excepto quizá lo de siempre: la sensación de que por ser ciencia-ficción se infravalora.
La frase: Mueve el culo hacia Marte. Mueve el culo hacia Marte…

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No cabe duda que los años ochenta y noventa fueron la mejor época del cine de acción y derivados (aventuras, ciencia-ficción, fantasía). No sólo por las obras maestras de James Cameron (Aliens, Terminator II) o las innumerables producciones de gran influencia (Depredador, La jungla de cristal, La guerra de las galaxias -aunque empezó en el 77-, Indiana Jones…), sino porque en general el estándar en la época era bastante más alto que el actual. Las películas de Arnold Scharzenegger o Bruce Willis, por poner los ejemplos más fáciles, resultaban por lo general mucho más entretenidas y carismáticas que las tonterías llenas de efectos digitales que tenemos que tragar ahora (incluidos innumerables remakes de grandes de aquella época… sin ir más lejos el estreno de Desafío total 2012 es inminente). A caballo entre las dos décadas (justo en 1990) Paul Verhoeven, que había dejado buenas impresiones con Robocop, nos deleitó con Desafío total, una espectacular producción que aglutinaba las mejores bazas del género: capacidad para entretener e incluso dejar huella por su fuerza narrativa y visual sin perder por ello la inteligencia por el camino.

Inspirada en un relato de Phillip K. Dick y escrita entre otros por Dan O’Bannon (principal artífice también de Alien), Desafío total camina entre el thriller, la acción y la ciencia-ficción inteligente, y todo ello edulcorado además con un atrevido tono irreverente, casi auto-paródico, que no desentona lo más mínimo sino todo lo contrario, imprime al relato una personalidad tan atípica como eficaz. Las escenas de Quaid sacándose el rastreador, la cara falsa que luego explota, las tres tetas, el vendedor de sueños, el pesado taxista, la escenas de asfixia e incluso la aparición de Kuato tienen un tono de aventura absurda rozando la comedia muy atrevido pero notablemente eficaz. Hasta la violencia extrema y explícita no se puede tomar en serio (el ataque de la máquina excavadora es claramente gore-comedia). Fuera idea del guion o algo amplificado por Verhoeven, el estilo de la cinta busca claramente divertir y entretener a toda costa, y como decía, no por este aspecto gamberro se deja de lado la consistencia e inteligencia del relato ni se toma por tonto al espectador.

La búsqueda de respuestas de Douglas Quaid, con su tormento sobre su identidad y su posible relación con Marte, se desarrolla con las dosis justas de intriga diseminadas hábilmente entre los momentos de acción. Cada nuevo descubrimiento añade interés y sorpresas, cada nuevo paso y giro de acontecimientos va poniendo las piezas de un puzle complejo pero fascinante. Protagonistas ambiguos con traiciones constantes y villanos que marcan época siembran el camino de Quaid de roles definidos con maestría y usados con mucha sabiduría. Un entorno social impecablemente construido y hábilmente mostrado (tanto en la parte del guion -constantes aportes en las noticias dan un aspecto de realidad y complejidad- como en la visual -la recreación es detallada-) sumerge las aventuras en un ambiente muy cuidado que resulta tan creíble como impactante. Un manejo exquisito del tempo narrativo (tanto desde el guion como en la dirección) que sabe exactamente qué sacar de cada escena y cómo construir un todo perfectamente equilibrado forma un relato complejo pero entretenido, inteligente pero con el que es muy fácil conectar, tan perfecto a todos los niveles que también cuida el poso tras la proyección, pues es de esas cintas donde al final tienes que pensar por ti mismo cuál es la respuesta final: ¿pero es un sueño o no?

Eso sí, como muchas películas, incluidas no pocas obras maestras, hay algún detalle o agujero de guion digno de mencionar pero no suficientemente notable como para echar a perder el producto. Por ejemplo, cabe preguntarse, con los problemas de abastecimiento de oxígeno que hay en el planeta rojo, cómo es que han perdido dinero y recursos llenando de atmósfera respirable las inmensas instalaciones alienígenas.

Arnold Schwarzenegger nunca ha sido un intérprete de amplio registro, pero dado el género en el que trabajaba tampoco se le puede echar en cara, porque carisma y naturalidad sí tiene de sobras: la incredulidad y temores de Quaid los muestra sin muchos problemas. Sharon Stone estaba iniciando la etapa cumbre de su carrera, y en un papel que pasa de la simpatía fingida a la frialdad de una zorra implacable cumple bastante bien, de hecho, la intensidad de su mirada en momentos clave es difícilmente olvidable, aunque si destaca es también por su belleza: en esos años era una de las mujeres más cautivadoras del planeta. Pero el plato fuerte de la función es Michael Ironside, uno de los mejores secundarios del celuloide que logra aquí uno de sus papeles más redondos como villano.

Tanto por la calidad de la puesta en escena como sobre todo por la abrumadora cantidad y calidad de los efectos especiales, Desafío total no sólo deslumbró en su momento, sino que haciendo balance destaca como una de las películas con mejores efectos especiales de la historia del cine. Obviamente algunas cosas no han envejecido muy bien (el diseño de los coches, los túneles marcianos), pero en conjunto a pesar de los años que tiene resulta un espectáculo inconmensurable. El diseño artístico es impresionante y la recreación a través de maquetas, decorados y otros efectos especiales tuvo que ser extremadamente difícil de llevar a cabo. Pero el resultado es inmejorable: su aspecto visual es colosal, inigualable. Para redondear el producto Jerry Goldsmith nos regaló una de sus mejores partituras, una banda sonora de marcada personalidad, de rasgos únicos, que se ajusta a la cinta como un guante. El tema principal es mítico, pero no sobra ni un solo minuto de música.

Desafío total es una película mítica e inolvidable que, sin llegar a ser una obra maestra, sí se puede considerar un hito indispensable de los géneros de la acción y la ciencia-ficción.