El Criticón

Opinión de cine y música

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The Descent


The Descent, 2005, EE.UU.
Género: Terror.
Duración: 99 min.
Dirección: Neil Marshall.
Guion: Neil Marshall.
Actores: Shauna Macdonald, Natalie Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder, MyAnnna Buring, Nora-Jane Noone, Molly Kayll.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Miedo y asco en cantidad. La puesta en escena (dirección, música, fotografía).
Lo peor: Falta de fuerza en el tramo inicial. Un guión mejorable, sobre todo en el dibujo de personajes.

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En el ámbito de suspense y terror, como he comentado más de una vez (en Insidious James Wan, 2010- por ejemplo), por desgracia hay demasiada morralla simple y facilona dedicada exclusivamente al público juvenil y pocas obras esmeradas en ofrecer un producto sólido y lo que se espera del género: transmitir miedo. En los últimos años, salvo unas pocas propuestas de nivel, como la filmografía de M. Night Shyamalan antes de perder el rumbo (Señales -2002-, El sexto sentido -1999-, El bosque -2004-) o algún título suelto (El último escalónDavid Koepp, 1999-, Los otrosAlejandro Amenábar, 2001-), hay poco que salvar y mucho que enterrar (sagas tipo Saw o memeces como la citada Insidious). Por ello, propuestas no espectaculares pero sí muy dignas como Pandorum (Christian Alvart, 2009) o The Descent son recibidas con agrado aunque no tengan la calidad suficiente como para considerarlas un hito del género o simplemente una gran película.

The Descent narra como un grupo de amigas aficionadas a los deportes de riesgo se monta una reunión de reconciliación (una de ellas perdió a una hija y ha estado distante) en la que explorarán una cueva sencilla. O eso pensaban, porque una de ellas cambia la ruta para adentrarse en un sistema de cuevas recién descubierto con la idea de sorprender y dar más emoción al asunto. Y para su desgracia, a los problemas que surgen en el intento de salir de ahí con vida se le suma la presencia de un misterioso y mortífero depredador.

Su tramo inicial es su punto débil. Parece que a Neil Marshall le cuesta introducir un grupo bastante amplio de personajes (todos mujeres, por cierto) y alcanzar el punto álgido de la trama. La presentación de cada una de ellas, la definición de cada personalidad y la exposición de las relaciones resulta tan superficial que a la larga lastra incluso las mejores partes del relato: cuando empiezan a morir es difícil acordarse de quién era ésa, o cuántas quedan. De la misma forma, hasta que no se entra en la cueva no ocurre nada interesante (porque lo importante era definir los roles y ahí falla), por lo que se intenta recordar el género con algún susto forzado donde, a falta de recursos, se tira de clichés: los pájaros que salen volando a golpe de música o la amiga que aparece de golpe para acojone de la que andaba despistada, dejan bastante que desear y no prometen nada bueno.

Pero en cuanto nos adentramos en las entrañas de la tierra la cinta adquiere una nueva dimensión. La aventura de supervivencia funciona francamente bien, manejando la intriga, las sorpresas y sobre todo la atmósfera inquietante y claustrofóbica de maravilla. Aunque los personajes no ofrecen un dibujo complejo, se sufre siguiendo sus penurias, y por fin surgen conflictos interesantes. Poco a poco además se convierte en una historia de terror que rápidamente se inclina hacia el gore. La mezcla es explosiva: se mantiene un nivel de expectación e inquietud constante, los sustos son de primerísimo nivel, las situaciones difíciles ponen los nervios a flor de piel (escalofriante cuando algunas de las chicas esquivan en silencio a las criaturas) y el gore se usa magistralmente no sólo para dar asco, sino para forjar una equilibrada unión con el miedo que acrecienta la sensación de ambiente insano, grotesco, terrorífico. El diseño de las criaturas es espeluznante, las muertes son sangrientas e impresionantes.

El mérito de The Descent radica sin duda en la puesta en escena de Neil Marshall, quien apoyándose en una hábil fotografía (labores de iluminación muy adecuadas: se ve lo justo y necesario) y una música (David Julian) que subraya de forma excelente la atmósfera, se marca un festín de sustos y sangre digno de ver. Como decía, dista de ser una película perfecta, pero en su función de entretener, hacer pasar miedo y asco, cumple de sobra.

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