El Criticón

Opinión de cine y música

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Corazones de acero


Fury, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 134 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Brad Pitt, Shia LaBeouf, Logan Lerman, Michael Peña, Jon Bernthal, Jason Isaacs.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Como entretenimiento cumple.
Lo peor: Pero va muy justa en todo, está llena de tópicos y es enormemente predecible.
El trailer: Estamos ante otro lamentable caso en que el trailer principal te desvela la película entera escena a escena. Por suerte no lo vi hasta después de ir al cine, por curiosidad por cómo lo enfocaban. Y es que ya evito verlos, sabiendo lo que hay.

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En Sin tregua (End of Watch) David Ayer se marcó una aventura policial de lo más vulgar, pero la adornó con altas dosis de drama y sensacionalismo baratos de comprobada eficacia entre el público facilón y tuvo una buena recepción crítica (de los que la vieron, fue una cinta menor con escasa taquilla). Yo la vi y la olvidé, no tenía nada digno de destacar y sí muchas cosas que criticar (la forzada puesta en escena en plan metraje encontrado era muy cargante). Luego se lanza a hacer cine original y arriesgado con Sabotage, le sale una estupenda cinta de acción… y todos le dan la espalda. ¿Qué hace entonces? Pues volver a la fórmula de simpleza y topicazos que parece tener éxito.

Así, Corazones de acero se anuncia como una supuesta cinta bélica épica y descarnada, pero resulta ser otra de acción comercial, llena de clichés y con una trama y personajes harto predecibles. No aporta ni una escena o idea original al género, y tampoco presenta un drama que se aleje lo más mínimo de historias contadas decenas de veces. Sólo con un público que parece no haber visto un filme bélico en su vida puede funcionar este compendio de tópicos.

El grupo protagonista se compone de los patrones más rancios. El sargento duro en principio pero que luego resulta ser un gran amigo, el novato que tiene que hacerse un hueco, el simpático, el tonto peleón y el misterioso o reservado (religioso en este caso). Se podría decir que partir de un frente común no tiene por qué dar malos personajes, pero es que la evolución sigue el mismo camino de tomar todo lo conocido y plantarlo ahí sin darle el más mínimo toque distintivo. En cuanto se ve la dinámica se puede intuir en qué orden llegarán los capítulos que irán haciendo progresar las relaciones del grupo: la presentación de la banda, la inclusión del novato, la emboscada de relleno a media película, la entrada en el pueblo, el receso con las chicas (porque hay que meter alguna hembra), la pelea entre tanques…

Y me temo que no hay un argumento más allá de avanzar por la guerra y mostrar la vida de esos personajes. Si en ellos falla tanto, en la descripción del entorno no parece que pudiera sorprender, y efectivamente tenemos más de lo mismo. Como decía, Ayer se cree estar dando forma a un gran drama bélico, pero sólo sabe poner capas de pintura en un relato muy básico. En el guion trata de mostrar la dureza de la guerra (el blandengue novato enfrenta la muerte y la crueldad) y lanzar algunos mensajes trillados (como que en el conflicto la humanidad se deja de lado y aplicando justicia y ética no puedes sobrevivir). En la puesta en escena fuerza el tono con musiquita trágica (aunque no esté pasando nada), planos a detalles varios (muertos, refugiados) y alguna muerte truculenta. Pero entre lo impostado que resulta y la sensación de que todo se ha visto ya y no se usa con sabiduría, la atmósfera nunca alcanza las intenciones buscadas. Un buen ejemplo de esta fallida dualidad entre cinta de corte serio y cinta comercial es el capítulo de los soldados saqueando y violando. Por un lado pretende recalcar la pérdida de humanidad (con otros tantos clichés), por el otro, no puede poner a los protagonistas principales violando, que no vende, y se inventa un romance momentáneo de lo más vergonzoso.

La labor de dirección, bastante limitada, ayuda aún más a que se desvanezca el potencial. ¿Dónde está el Ayer dinámico y hábil de Sabotage? No saca provecho de los exteriores ni de los pueblos, pareciendo una serie más que una película (Hermanos de sangre luce muchísimo mejor), y sobre todo, no hay sensación de claustrofobia en el tanque y las batallas no causan conmoción alguna. Cuando ataca el Tiger diezmando la columna de tanques protagonistas debería transmitirse sufrimiento y tensión… pero entre que sabes perfectamente qué pasará y la poca fuerza de las imágenes, pasa como los demás episodios: sin dejar huella.

Una mención aparte merece la inclusión de un recurso claramente comercial muy absurdo: Ayer se empeña en dibujar las balas cual láseres de La Guerra de las Galaxias o Star Trek para que veamos por dónde van los tiros. Supongo que es mitad efectismo barato para enfatizar la acción y mitad ponérselo fácil al espectador objetivo de la película, el que tiene que recibir todo mascadito.

Hasta el capítulo final cumplía bastante bien como entretenimiento intrascendente, aunque se venda como otra cosa, pero entonces todos los fallos se acumulan hasta que se viene abajo.

Alerta de spoilers: El siguiente párrafo contiene spoilers gordos del final, pero vamos, es algo que se intuye a media película.–

La batalla suicida en plan remedo exagerado de Tiempos de gloria (y mil más del estilo) es digna del cine de Michael Bay. ¿Cinco contra trescientos? Venga ya, hombre. Es increíble lo forzadamente que mete Ayer el final épico-trágico de todos muertos en una batalla desigual. Una batalla que no debería haber tenido lugar, que era totalmente evitable. ¿Morir para nada es mejor que retirarse para dar la alarma? Surrealista. Y cómo no la supuesta épica hace aguas por todas partes. Los malos de papel atacan en oleadas que los protagonistas puedan manejar, se olvidan de las granadas y sólo sacan los lanzacohetes al final, pero tampoco saben usarlos. Además parece rodado en una cochera, por no decir que el brusco cambio entre día y noche para poner unos planos molones con el fuego de fondo es descarado. Por supuesto los buenos irán muriendo en perfecto orden de importancia, y cada muerte irá acompañada de la escenita lacrimógena de rigor donde los malos se toman un descanso para que lloremos a los muertos.

Alerta de spoilers: fin de spoilers.–

Tanto dramón de postín me sacó por completo de una película que no apuntaba maneras pero que hasta entonces valía para pasar el rato. Le doy un aprobado porque nunca llega a ser mala, porque a pesar de su tono simplón pero creído no me hizo rechinar los dientes hasta el lastimero desenlace. En mi caso lo mejor fue que en cuanto terminó supe que la olvidaría en dos días, y además salí recordando a Los violentos de Kelly

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Transformers: El lado oscuro de la Luna


Transformers: Dark of the Moon , 2011, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, comedia.
Duración: 157 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Ehren Kruger.
Actores: Shia LaBeouf, Rosie Huntington-Whiteley, John Turturro, Frances McDormand, Tyrese Gibson, Patrick Dempsey, Kevin Dunn, John Malkovich, Julie White, Alan Tudyk, Ken Jeong.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Los efectos especiales y sonoros y el provecho que el director saca de los mismos en el impresionante tramo final gracias a una puesta en escena magnífica.
Lo peor: El infame guion, lleno de morralla, estulticia, subtramas fallidas e inconexas, mensajes maniqueos…
Mejores momentos: El salto desde el helicóptero. El ataque del robot gigante al edificio, que culmina con la caída de los protagonistas por la fachada.
El plano: La chica a cámara lenta, con la guerra al fondo.
La pregunta: ¿Sois conscientes de lo jodidamente insoportable que podría haber resultado el protagonista (Sam) de no ser interpretado por un actor carismático y resultón?

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Por lo que veo en internet, mucha gente quedó desencantada con Transformers: La venganza de los caídos, de hecho se considera una pésima película comparada con Transformers, que fue bastante bien aceptada (muchísimo dentro del género de taquillazo de acción sin más pretensiones que entretener). La verdad es que en líneas generales no veo diferencia cualitativa entre ambas, aunque sí es cierto que el humor inmaduro abunda más en el segundo episodio. Sea como sea, la tercera parte se ha esperado con intriga: ¿remontaría y daría un final digno a la trilogía o seguiría por el mal camino? La respuesta del público está bastante polarizada, y se entiende, pues aquí se magnifica todo aún más, tanto lo bueno como lo malo, hasta el punto de que parecen dos películas mal mezcladas.

Se podría aceptar que como introducción a la trama nos muestren al protagonista, Sam, adaptándose a una nueva etapa de su vida, pues es algo básico y casi ineludible en el cine (y la literatura, el teatro…) mostrar evolución en el personaje, moverlo del punto A al B, que viva conflictos en los que madurará, etc. Pero lo que aquí encontramos es peor que la parte de la universidad de la segunda entrega. No es de recibo que esta sección ocupe la mitad de un metraje de dos horas y media, y menos teniendo tan poca relación con el argumento principal. Este proceso largo y sin rumbo se convierte pues en la primera subpelícula, que resulta una insoportable y cutre comedia de adolescentes sobre un pringado que fue héroe y se aferra a eso como si no tuviera más en su vida y que intenta encontrar empleo, porque claro, un hombre no puede ganar menos que su novia.

Si el argumento de este tramo es penoso, no lo es menos su desarrollo, todo a trompicones, perdiéndose en subtramas irrelevantes y saltando entre escenas que poco o nada pegan entre sí. Las apariciones de los padres se han reducido, pero siguen resultando ridículos y cargantes. No resulta creíble que tal paquete de niñato tenga semejantes novias, pero ya sabemos que las películas estas son los sueños onanistas de Michael Bay, y se acepta; y como opinión masculina, Rosie Huntington-Whiteley es fea de narices (nunca mejor dicho), por mucho que tenga buen culo. Además, como lo fue Megan Fox, es una mujer florero, puesta ahí para lucir y como excusa para que el protagonista haga cosas de machotes. La búsqueda de empleo se salda con un montón de entrevistas que pretenden ser humorísticas, y cuando lo encuentra se tira allí minutos y minutos sin hacer nada relacionado mínimamente con la historia de los robots. Y hablando de perder el tiempo, aquí nos topamos con el personaje de John Malkovich, el más descolocado y sobrante que he visto en toda mi vida en una película; y lo peor, en principio es un jefe maniático y pesado, pero más adelante, tras pensar que por fin ha dejado de salir, reaparece convertido por arte de magia en un tontaina.

Esta subpelícula resulta extremadamente difícil de digerir, pues como comedia de adolescentes es inmadura y estúpida hasta provocar vergüenza, pero sobre todo porque carece de sentido y no lleva a nada tangible: pasan cosas porque sí, una chorrada detrás de otra. Burdas rivalidades y celos con el aburrido empleador de la novia, conflicto familiar delirante, amigos mini-robots que se transforman en chistes (al menos nos hemos librado de los gemelos raperos), lucimientos de cuerpos femeninos y coches de lujo sin venir a cuento, problemas laborales que rozan el surrealismo… En todo este galimatías infumable que se come más de una hora (más o menos lo que duran muchas obras maestras) se salvan unos cuantos chistes, eso sí, infantiles, primarios.

El hilo central, lo de la nave oculta en la Luna cuya existencia fue mantenida en secreto por el gobierno de Estados Unidos, no es por definición complejo ni difícil de exponer, pero como el guionista es un patán necesita un montón de metraje para hacerlo, y en el proceso termina repitiendo información, añadiendo sandeces innecesarias y en definitiva enmarañando todo torpemente. El propio prólogo es buena muestra de ello: ¿tantos minutos y tanto enredo para decir tan poco? Durante la primera subpelícula aparecen algunos retazos de dicha trama (vagos, dispersos… y aun así redundantes), siendo lo más destacable la inclusión de otro personaje totalmente fuera de lugar y que resulta lo más penoso y molesto de toda la película: el asiático loco (Ken Jeong), sobre el que no pienso perder el tiempo diciendo nada más. Cuando por fin se dignan en lanzar esta dichosa historia central lo hacen sin embargo precipitadamente. ¿Tanto perder el tiempo en otras chorradas y ahora van con prisas? Pero lo sorprendente es que acelerar las cosas funciona. Desde que aparece el mejor acierto de la saga, el histríonico Simmons (encarnado por un alocado John Turturro), la narración se lanza. Se comen con buen ritmo los simplones descubrimientos que nos llevan al meollo del asunto, y mediante algunas acertadas secuencias de transición nos introducen de una vez por todas en la segunda subpelícula. Destaca por ejemplo la divertida inclusión de Alan Tudyk como acompañante de Turturro, aunque por desgracia ambos pasan muy pronto a segundo plano.

Y esto me lleva a ahondar en la cuestión de los personajes. Es desesperante observar como protagonistas de bastante importancia para la historia son maltratados o relegados a un plano inferior a favor de otros que tienen mucho metraje para lo poco o nada que aportan. El de Patrick Dempsey tiene escasa presencia para su relevancia en los planes enemigos, y resulta el típico traidor en el que ni pierden el tiempo tratando de exponer motivaciones, porque no hay quien se lo crea. El propio Turturro no pega mucho en esta entrega, dando la sensación de que aparece por cumplir; su presentación se da en otra larga e innecesaria escena, y cuando la acción empieza casi desaparece del relato. Tampoco funciona la tropa de militares que nos ha acompañado en toda la saga (Lennox –Josh Duhamel– sale más, pero Epps –Tyrese Gibson– está metido con calzador), pues aparecen sólo al final para pegar cuatro tiros, y además con el tiempo reducido porque se presentan nuevos soldados. Igual que ocurre con el argumento, el desequilibrio en la exposición y desarrollo de los protagonistas es horroroso. Y por último, igual que en los otros dos capítulos siento que los propios robots están infrautilizados con respecto a los humanos: ninguno llega a resultarme interesante, sus propios conflictos personales me aburren (las motivaciones de Megatrón entran en la categoría citada anteriormente: es malo porque sí y punto). De hecho en toda la saga los robots secundarios me resultan imposibles de diferenciar, aspecto en el que tiene parte de culpa ese diseño demasiado abstracto que les resta personalidad.

Entrando por fin en materia, esta segunda subpelícula supone una de las mejores muestras del cine de catástrofes, apocalipsis, invasiones alienígenas y por ende de acción que se han creado, eso sí, si hablamos de espectáculo de entretenimiento sin grandes pretensiones (para una buena historia me pongo Terminator II, Aliens o Matrix, pero a veces apetecen chorradas del tipo Independence Day o Transformers). Michael Bay se exprime al máximo y echa todo lo que tiene, todas sus dotes como realizador de colosales y grandilocuentes escenas de acción. Y lo más destacable y lo que hace grande a este tramo es que no se limita a soltar explosiones sin más y dar unas cuantas vueltas de 360º con la cámara como en otros bodrios suyos (Dos policías rebeldes y secuela, por ejemplo), sino que nos hemos encontrado con el Bay más inspirado (el de La Roca). Se enlazan ideas y secuencias muy bien planeadas y ejecutadas con maestría que aportan constantemente algo atractivo al clásico proceso de “hay una invasión y luchamos heroicamente”: asombrosos planos de destrucción y desolación, distintos tipos de incursiones (la del salto desde el helicóptero es impresionante), distintos tipos de ataques enemigos, conflictos variados (escenas cuerpo a cuerpo entre los mastodontes, momentos trágicos con rehenes, duelos personales épicos –Optimus versus Sentinel-)… Pero entre toda esta orgía de destrucción hay un momento que destaca, y lo hace tanto que por ello resulta aún más memorable. Hablo del clímax en el edificio cuando el robot gigante ataca. La conjunción de los brillantes efectos especiales con las impecables labores de planificación, dirección y montaje ofrecen una de las secuencias más asombrosas vistas en el cine: el edificio cayéndose, los protagonistas salvándose como pueden, la huída suicida por la fachada de cristal… Bay podrá ser un pésimo hacedor de historias, pero quien tenga huevos de decir que no sabe dirigir que se ponga esta escena.

El resultado es una película bélica de ciencia-ficción colosal… pero eso visualmente hablando, porque la conexión emocional es escasa debido a la falta de fuerza y cohesión del argumento, tanto por la poca calidad del mismo como por la eterna hora de sufrimiento anterior. Pocos espectadores han llegado hasta aquí despiertos, pocos han soportado el tedio y las sandeces previas, pocos llegan con entusiasmo y ganas y son capaces de dejarse llevar por la espectacularidad. Yo estaba tan desconectado a estas alturas que estoy seguro de que no he disfrutado plenamente este festín. Sin duda coger el dvd y ponerse esta parte será un viaje de infarto. Otros sí han sido capaces de aguantar o borrar de su memoria la primera sección y habrán disfrutado de lo lindo con la segunda…

… pero seamos justos: esto hay que valorarlo como una sola película. Lo que nos queda es un producto demasiado desequilibrado, largo, descompuesto e incluso estúpido. Un galimatías, una película delirante, amorfa. Un pastiche de los egos, manías, sueños y fetiches de su autor: onanismo con lo militar, patriotismo hortera con dosis de xenofobia recalcitrantes (todos los extranjeros se definen mediante tópicos –empezando por el de “son malos”-, llegando a extremos ofensivos: ver a los Autobots machacando árabes en plan mercenarios de los USA es vomitivo), anuncios descarados (marcas como Cisco o Chevrolett tienen auténticos reportajes velados), machismo del cutre (el momento latina-buenorra es asqueroso, los pases de modelo de Rosie Huntington cantan demasiado), videoclips musicales cada dos por tres, etc. Prescindiendo de la primera subpelícula podríamos haber estado ante una auténtica joya del cine de acción, con un estilo parecido al de la correcta pero infravalorada Invasión a la Tierra pero con tres veces más presupuesto y por lo tanto tres veces más espectáculo. En esas condiciones probablemente estaríamos hablando de algo digno de recordar, pero lo que ofrece Transformers 3 es el máximo exponente de película taquillera veraniega de consumo rápido: la más grande y espectacular, pero también la más hueca, torpe y ridícula.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
-> Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal


Indiana Jones and the Kingdom of Crystal Skull, 2008, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 124 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, historia de George Lucas y Jeff Nathanson.
Actores: Harrison Ford, Karen Allen, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, Ray Winstone, John Hurt, Jim Broadbent.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Es Indiana Jones: ritmo trepidante, aventura fascinante, humor bien medido, personajes carismáticos, excelentes escenas de acción…
Lo peor: Que el espectador vaya con su película perfecta construida en su cabeza y no disfrute por tener unas expectativas demasiado altas. Que la trilogía está demasiado idealizada y los “fallos” que se le sacan a esta película no se le sacan a las anteriores, aunque sean exactamente los mismos.
Mejores momentos: La persecución y lucha sobre vehículos a través de la selva. El clímax final, intrigante, sobrecogedor y espectacular.
Un apunte anti-magufos: Las calaveras de cristal que inspiran esta historia fueron talladas en el siglo XIX (se cree que en Alemania), y todas las historias de poderes mágicos, mayas y alienígenas que giran a su alrededor no son más que invenciones de los fanáticos de lo paranormal. Más información en Magonia.

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Como decía en una crítica anterior (en concreto La jungla 4.0), cuando se recupera una saga cinematográfica que además de su valor artístico e importancia en la historia del cine está muy arraigada entre el público es harto complicado satisfacer a los espectadores, tanto a los nuevos como a los que crecieron con dicha saga. En el caso de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal se está viendo una tendencia que me resulta muy, muy, muy sorprendente: hay muchos seguidores de toda la vida que la critican duramente, que la fusilan sin miramientos por cosas estúpidas que además eran habituales en la trilogía original. Que si es muy exagerada, que si los malos no tienen puntería, que si las persecuciones son inverosímiles, que si tiene un trasfondo de fantasía… ¿Pero cómo pueden quejarse de esas cosas en esta película y a la vez alaban la trilogía, que tiene exactamente los mismos elementos? Sinceramente, es tan absurdo que no logro comprenderlo. Luego están los que van con la expectativas demasiado altas, con una obra maestra imaginada en su cabeza, y no son capaces de ver lo que tienen delante. Han pasado muchísimos años y las anteriores entregas están idealizadas, sobrevaloradas por nuestros corazones, y además el cine ha cambiado y nosotros hemos cambiado desde entonces. Quien no sea consciente de todo ello no podrá disfrutar la nueva película. La fórmula es la misma, los autores los mismos, los protagonistas los mismos, y el resultado el mismo. El reino de la calavera de cristal no es nada más y nada menos que otra entrega de las aventuras del reverenciado arqueólogo. Señores, quítense la venda de los ojos, que Indiana Jones ha vuelto.

Tras un prólogo impactante e intrigante pasamos a las pistas y revelaciones que ponen al héroe en camino. Amigos presentes y ausentes (emotivos homenajes a Sean Connery, que no quiso estar, y a Denholm Elliott, el simpático Marcus, actor que falleció en los noventa), arqueología con tintes fantásticos y místicos, conflicto social emergente (el nazismo se sustituye por el comunismo, cuya huella se siente constantemente en la historia y los personajes) y peligros constantes, desde enemigos implacables a naturaleza hostil, forman parte de una historia sencilla y con desarrollo lineal que repite más o menos el mismo esquema que sus predecesoras. Hay algún agujero de guion, sí (qué fácil es meter un llamativo grupo de comunistas en una de las instalaciones más secretas del gobierno estadounidense), pero de nuevo repito que tenemos las mismas virtudes y leves defectos que en las demás. Lo importante es que el gran sentido de la aventura y del asombro se mantiene en plena forma, el carisma de los protagonistas no se ha perdido, el humor continúa siendo muy bien tratado y la escenificación es ejemplar. Coreografías impresionantes, efectos especiales de primer nivel y exquisitas labores de fotografía y montaje allanan el camino para que Spielberg pueda ofrecer escenas de acción espectaculares donde prima la impecable planificación de las secuencias sobre la forma de rodar del cine de acción actual. Es decir, el director deja en ridículo a sagas como Piratas del caribe y La momia y otras producciones como King Kong (la nueva versión, el engendro de Peter Jackson) o la terriblemente fallida última entrega de El Señor de los Anillos (El retorno del rey, también de Jackson), cintas donde todo se reduce a muñecotes digitales, agitación de cámara y montaje caótico. Sólo podría quejarme de un par de fantasmadas, la de las lianas y la de la nevera (que es tan ridícula como innecesaria), pero por lo demás diría sin duda alguna que El reino de la calavera de cristal es superior a El templo maldito, que por cierto es igual o más exagerada que esta.

Harrison Ford se mete de nuevo en la piel del intrépido arqueólogo, recuperando el rumbo que había perdido en los últimos años encadenando apariciones en títulos mediocres. La edad no es el problema que algunos temían, pues el libreto cuida mucho esa parte (atención a los chistes al respecto) y el actor está en buena forma. Karen Allen hace lo mismo con Marion, Shia LaBeouf se desenvuelve muy bien en su papel (el chico apunta maneras), aunque el doblaje es mediocre, y la siempre espléndida y hermosa Cate Blanchett no puede lucirse mucho al tener un personaje muy serio y frío (no por ello menos interesante, ojo). El resto (John Hurt y Jim Broadbent) cumplen con profesionalidad en papeles menores pero lo suficientemente atractivos como para que su presencia se recuerde tras el visionado. La excepción es el carácter de Ray Winstone (el amigo de Indy, Mac), quien queda un tanto desdibujado. Nada grave, pero no está a la altura del resto y sus constantes cambios de lealtad terminan confundiendo y disipando el interés que pudiera despertar al principio de la función.

Es una lástima que una parte bastante numerosa del público no haya sabido apreciarla, porque El reino de la calavera de cristal es, como lo fueron sus predecesoras, una cinta modélica en el género de entretenimiento sin más pretensiones. Sin embargo, cabe recordar que tanto El templo maldito como La última cruzada en su momento también tuvieron malas críticas y sufrieron odiosas comparaciones entre sí. El tiempo las puso en el lugar que merecen, y espero que con esta ocurra lo mismo. Tengo que añadir también un ya inútil deseo personal: ojalá el regreso de La guerra de las galaxias hubiera tenido esta calidad y hubiera conservado tan bien el espíritu de la saga original. ¿Para cuándo la quinta entrega, a ser posible basada en el argumento de aquella obra maestra de juego para ordenador que fue Indiana Jones and the Fate of Atlantis?

Saga Indiana Jones:
En busca del arca perdida (1981)
Indiana Jones y el templo maldito (1984)
Indiana Jones y la última cruzada (1989)
-> Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)