El Criticón

Opinión de cine y música

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Alien Resurrection


Alien Resurrection, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Duración: 109 min. (1997), 116 min. (Special Edition, 2003).
Dirección: Jean-Pierre Jeunet.
Guion: Joss Whedon, Dan O’Bannon (Alien).
Actores: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, Michael Wincott, Kim Flowers, Dan Hedaya, Brad Dourif, J. E. Freeman, Raymond Cruz, Lelan Orser.
Música: John Frizzel.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, dirección artística, música. Un grupo de personajes atractivo en una aventura muy entretenida.
Lo peor: Supone una notable traición estilística a la saga Alien, y tampoco alcanza la calidad esperada.
Mejores momentos: La presentación de los piratas. La discusión alrededor del superviviente (¿Qué llevo dentro?). El clímax en la Betty.
El fallo: El planeta de Alien 3 es Fury 161, no 16 como dicen aquí.
Las preguntas: ¿Por qué el vigilante de la celda de Ripley está en el techo dos pisos más arriba y no en el pasillo al lado de la puerta? ¿Por qué el jefe médico es quien lidera el equipo de seguridad que va por los piratas cuando saltan las alarmas?
La frase:
1) ¡Doce! -Johner.
2) Debí haberlo sabido. Ningún ser humano es tan humano -Ripley.
3) -¿Qué está ardiendo?
-¡Nosotros!

* * * * * * * * *

En 20th Century Fox, poseedora de los derechos, no podían dejar una saga tan rentable quieta durante tanto tiempo, pues en Hollywood siempre piensan en exprimir un poco más todo lo que ha cosechado éxito en el pasado. Y con la experiencia de Alien 3 (David Fincher, 1992) en mente el terror no venía de la mítica criatura, sino de lo que pudieran hacer con la nueva entrega. ¿Cómo se atreven a tocar algo que dio dos obras maestras y una secuela maldita y malograda? No niego la posibilidad de ver nuevos capítulos de un universo con tantas posibilidades, pero temía la previsible cadena de acontecimientos que acabaría con toda probabilidad dando una mala película: guion circulando durante años por los despachos, con cada nuevo productor y guionista a sueldo metiendo alguna idea con calzador y alterando la poca base que tuviera el argumento inicial planteado por algún mandamás; egos varios implicados poniendo zancadillas varias (hasta 11 millones de dólares le dieron a Sigourney Weaver para convencerla de que merecía la pena volver a meterse en el personaje… lo mismo que costó AlienRidley Scott, 1979-); y finalmente, la arriesgada elección de un director que podría echar al traste el potencial que tuviera la historia o que, más probable aún, sería molestado continuamente con nuevos cambios y exigencias. Una vez estrenada quedó claro que Alien Resurrection cumplía bastante bien estas previsiones y no funcionaba como secuela, pues aunque no llega a resultar un insulto como Aliens Vs. Predator 1 (Paul W. S. Anderson, 2004) y 2 (los hermanos Strause, 2007), esperpentos comerciales que es mejor ignorar, está muy lejos de la calidad de Alien y Aliens (James Cameron, 1986) y además se aleja bastante del estilo y la atmósfera de ellas, más incluso que Alien 3, que al menos lo intentaba.

Joss Whedon, el guionista elegido (ahora en boca de todos gracias a la fama conseguida con sus series y rematada con Los Vengadores -2012-, pero en aquel entonces un don nadie), renegó del acabado final de la película, alegando que, si bien habían mantenido la línea narrativa, el tono era completamente distinto y echaba a perder lo que había escrito. Jean-Pierre Jeunet, director francés que firmó largometrajes tan extraños y fascinantes como Delicatessen (1991) y La ciudad de los niños perdidos (1995), y que después de esta Alien Resurrección pegó el pelotazo con la memorable y deliciosa Amelie (2001), fue una extraña elección, aunque seguramente estuvo basada en la misma idea que se empleó en los anteriores capítulos: una joven promesa con cualidades distintivas. Pero, quizá pensando en que haber entorpecido tanto la labor de David Fincher en el rodaje de Alien 3 fue motivo de su fracaso, aquí le dieron carta blanca total a Jeunet. Y menuda cagada. Su labor es bastante buena en el aspecto visual, pero la esencia de la saga brilla por su ausencia porque, a pesar de la fama de la misma, de la cantidad de gente que la admiraba y esperaba una secuela que mantuviera el tipo, decidió tomársela como una película de aventuras en vez de una de misterio y terror, dándole además un tono de comedia gamberra. Y ojo, no me parece mal atreverse con un cambio de perspectiva, pues James Cameron le dio un giro notable a lo visto en Alien y le funcionó. Pero funcionó porque supo mantener un estándar de calidad y transmitir la misma sensación aunque fuera desde otro ángulo: sumió al espectador en una atmósfera de inquietud, agobio y terror constante ante los envites del temible monstruo en un escenario oscuro y claustrofóbico. Nada de esto se ve Alien Resurrection. Las escenas de acción son sencillas, simples, algunas ni siquiera emocionantes, como la pelea bajo el agua, supuesto momento cumbre que resulta poco interesante, por inverosímil y falto de intensidad. El terror a lo desconocido, a la muerte inminente en cada pasillo y agujero de ventilación, no llega a hacer acto de presencia, ni en los personajes (a veces da la sensación de que se pasean por la nave con pocas preocupaciones) ni en el espectador, que iría a verla esperando sustos y se encontró chistes. Para rematar el asunto, siguiendo la tradición, la producción no fue tranquila: el presupuesto no daba para rodar con un nivel decente la mitad de lo previsto, con lo que se descartaron o limitaron muchas escenas, como una gran lucha final en la Tierra. Ridley Scott y James Cameron lograron unos aspectos visuales únicos y arrebatadores con presupuestos ajustadísimos, pero pero está claro que aun teniendo talento Jeunet no está a semejante altura.

Por ello entiendo (y comparto) que Alien Resurrection descolocara y decepcionara a muchos seguidores, y que sea difícil posicionarse a favor de esta o de Alien 3, pues ambas están en el limbo de decepción y rabia que generan las entregas fallidas cuando sus capítulos precedentes son tan queridos. Sin embargo, otros muchos espectadores, entre los que también me incluyo, vimos en ella una buena película que gana con el tiempo: si se hace el esfuerzo de olvidarse de la saga y pensar que es una obra de ciencia-ficción independiente, se podrá disfrutar de un grato espectáculo, una aventura con un ritmo excelente (se hace cortísima y aguanta los visionados muy bien), con un grupo de personajes muy atractivo y una puesta en escena de buen nivel.

La premisa de clonar a Ripley y justificar sus recuerdos y otras habilidades con la herencia de los genes alienígenas es una gran idea. La descripción de la trama y el universo en que se envuelve, a base de detalles soltados aquí y allá, funciona y tiene buenos momentos, como la evolución de la historia de los robots. Y sobre todo, el grupo de protagonistas se hace querer rápidamente. Como buenos piratas que son, la tripulación está formada por individuos dispares, tanto en origen como en personalidad. Todos están bien descritos, resultan muy carismáticos, y sus relaciones, cargadas de los diálogos ingeniosos típicos de Whedon, dan mucho juego. Cada uno tiene su hueco y su momento estelar digno de recordar y alguna que otra frase espectacular. Los actores se desenvuelven bastante bien, destacando la candidez de Winona Ryder, la intensidad de Sigourney Weaver, la soltura de Dominique Pinon o la intimidante presencia de Ron Perlman, siempre perfecto para el papel de matón. Como he dicho alguna que otra vez, es difícil encontrar hoy día películas con un grupo de protagonistas amplio que resulte atractivo y de calidad. No hay más que ver como las horrendas Alien Vs. Predator 1 y 2 dan vergüenza ajena en este aspecto. El único fallo es el general al mando del proyecto. El personaje y la interpretación de Dan Hedaya resultan ridículamente caricaturescos, y lo peor, se termina de estropear con la muerte digna de cine cutre donde coge un trozo de su propio cerebro y lo mira antes de morir. Incluso en un conjunto gore-humorístico tal parida está fuera de lugar.

Puede dar la impresión de que en cada nuevo paso que dan los protagonistas se encuentran demasiado casualmente con una escena clave (ahora las víctimas de los huevos –esta es la más cantosa-, ahora los clones fallidos, ahora la trampa en el agua, ahora el nido), pero claro, sin esto no habría película, como no habría Alien sin el rápido crecimiento del bicho. En cambio, enlazar tan rápidamente cada sección da un ritmo enérgico: la narración avanza con celeridad sin perder fuelle en casi ningún instante, ni siquiera en los recesos de transición o para explicaciones. Sí, quizá la pelea con Ripley en la cancha es un poco absurda (se puede entender que sean guerrilleros y busquen bronca, pero atacar con una pesa es ir a matar, algo estúpido cuando eres invitado en un navío militar), y se puede decir en el tramo central hacía falta algo más impactante que la poco llamativa escena bajo el agua (si se salva es porque la parte de la escalera es más contundente), pero el resto se desarrolla de forma muy amena, con una buena mezcla de aventura de ciencia-ficción, comedia gamberra y gore. La mejor muestra de esta combinación está en el clímax final, en la huída desesperada con la Betty: el ente mitad alien mitad humano (Newborn lo llaman) es una de las creaciones más asquerosas vistas en pantalla, y el gore explota de forma delirante en su fantástica muerte, mientras que paralelamente tenemos acción trepidante en la cabina, con los estupendos personajes soltando frases tronchantes: ¡Qué está ardiendo!… ¡Nosotros!

De nuevo haciendo la vista gorda a que esto no es Alien, hay que admitir que el inconfundible estilo visual de Jeunet resulta bastante llamativo, salvo cuando se le va la pinza más de la cuenta (el insecto del prólogo de la versión extendida y la muerte del general). Sus clásicas panorámicas y travellings veloces se adaptan bien a los grandes pasillos de la Auriga (la nave militar), la escenificación y el montaje son buenos (hay muchos personajes en pantalla pero la escena siempre fluye sin problemas), y sobre todo saca muy buen provecho de una buena fotografía y de un notable trabajo con las criaturas alienígenas, en especial el grotesco híbrido. Eso sí, parte de su sello es el colorido excesivo a base de filtros, que desentona un poco en una serie que se basaba en algo más natural y apagado. El único fallo notable es que cuando recurren al ordenador para los alienígenas dista mucho de dar la talla. La guinda la pone una banda sonora que, como ocurrió en los tres casos anteriores, no se parece en nada a ninguna de las demás pero resulta estupenda: el desconocido John Frizzell aportó una partitura con persnonalidad, muy expresiva y adaptable. Lo cierto es que en algo siembre ha coincidido la saga: la dirección artística, la fotografía y la música eran de calidad y aprovechadas por directores con visión (aunque luego esta no diera sus frutos como se esperaba).

Sin embargo, también hay algunos agujeros de guion o giros dudosos dignos de citar. En el argumento hay un agujero notable: como protocolo de emergencia la Auriga vuelve automáticamente a su base, a la Tierra, algo doblemente descabellado, primero, porque es una nave que opera bajo secreto gubernamental, y no es plan de que se pasee a la vista de todos, y segundo, porque finalmente vemos que no parece haber nadie en el Sistema Solar y en la Tierra, nadie que se interese por una nave que va a toda leche hacia el planeta y no responde a llamadas. Canta mucho que, después de decir que pasar por el agua es el único camino, Call, tras hundirse, haga su reaparición por el otro lado: ¿cómo ha llegado ahí? Y no me convence que Christie se ahogue: en el agua podía soltarse el pie enganchado al alien sin problemas. También quiero comentar que no entiendo qué es la extraña masa que engulle a Ripley: ni llega a ser un montón de aliens (aunque se ven colas) ni es la estructura de resina vista en Aliens, ni por qué está eso ahí y dice ella “Estamos cerca del nido” si el alien que la atrapa se la lleva bien lejos. En el aspecto visual también hay algunas limitaciones, pues en ocasiones se notan problemas presupuestarios que no supieron suplir con ingenio: las maquetas cantan un poco en el atraque de la Betty, nunca vemos un alien de cuerpo entero si no es digital (como señalaba, con un resultado muy pobre, ¿es que no aprendieron la lección en Alien 3?) o muerto, y hay escenas donde se nota bastante que se enfoca sólo a la cabeza.

Para la tetralogía editada en dvd en 2003, Jeunet aprovechó para meter un par de escenas que se quedaron fuera por falta de dinero, más algunas pequeñas extensiones en otras secuencias. Las dos escenas largas son unos nuevos créditos iniciales, con una tontería de un tripulante aplastando un insecto con dientes, una especie de amago-broma con que es el xenomofro, que de haber estado en el montaje de cines probablemente habría hecho salirse de la sala a mucha gente, y un epílogo donde aterrizan en la Tierra y vemos que es un lugar desolado (y no se explica por qué), que me gusta menos que el final con la nave volando y dejando el destino de los personajes y la situación del planeta abierto a la imaginación, pues mostrar la Tierra destruida y abandonada es un giro tan definitivo y tan ajeno a la trama (sobrevivir a los alienígenas) que no sé a qué viene. El resto son algunos planos y diálogos que, si bien enriquecen aquí y allá algunos detalles de la historia o personajes, también tienen alguna parte totalmente sobrante; por ejemplo, la conversación sobre armas antes de meterse en el agua carece de sentido.

Es una pena que pensaran que Alien Resurrection podría funcionar alejándose tanto del concepto básico de la saga, porque es evidente que en esas condiciones ni logrando un peliculón satisfaría a todos los fans. Estoy convencido de que si se hubiera ambientado en un universo distinto (habría que cambiar poca cosa en el argumento: un alienígena diferente y darle otro nombre al rol central) hubiera sido mejor considerada, porque desde luego tiene mucha personalidad y es la mar de entretenida. Pero ya se sabe que Hollywood prefiere perder tiempo y recursos en agotar franquicias que en desarrollar desde cero proyectos más valientes.

Por cierto, no puedo dejar de comentar que es evidente que Joss Whedon reutilizó ideas de este guion para crear su obra maestra televisiva, Firefly (2002): la tripulación pirata y el diseño de su nave se quedaron en su cabeza y sirvieron como base para la serie.

Serie Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
-> Alien Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

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Aliens


Aliens, 1986, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Duración: 137 min (cines), 154 min (edición especial, 1992).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron, Walter Hill, David Giler.
Actores: Sigourne Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Carrie Henn, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope, Janette Goldstein.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion, dirección, efectos especiales y decorados, música, reparto… Su inigualable capacidad para atrapar, impresionar, agobiar, aterrar… incluso innumerables visionados y años después.
Lo peor: Le sobran un par de escenas en su versión completa. Y por el contrario, a la versión corta le falta una crucial. La calidad del audio de la versión doblada en España es bastante mala, hubiera requerido un redoblaje más cuidado para el dvd, y más aún para el bluray (además, se nota mucho el contraste con las escenas añadidas en la edición especial); y la voz de la niña es horrible, como hecha por una actriz adulta con voz de falsete.
Mejores momentos: La inquietante entrada en el complejo, el primer y caótico ataque, Ripley tomando los mandos del tanque, la caída de Vasquez… Y todo el tramo final, con la búsqueda de Newt y el enfrentamiento con la reina.
El plano: La nave pilotada por Bishop acercándose al generador (cuando Ripley decide ir a por Newt), con un tema musical que pone los pelos de punta.
El título en castellano: Oficialmente se denominó Aliens: El regreso. No sé por qué en España siempre ha existido la manía de añadir coletillas ambiguas o incomprensibles a los títulos. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, su nombre original es el que se recuerda.
La frase: ¡Aléjate de ella, zorra!

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Alerta de spoilers: Por si alguien no la ha visto a estas alturas, la destripo a fondo. —

Alien de Dan O’Bannon y Ridley Scott (1979) fue una de esas obras maestras revolucionarias que marcan un hito en la historia del séptimo arte y dejan al espectador (al que tuvo la suerte de verla en su época sobre todo) anonadado ante algo tan innovador y fascinante (y, en este caso, terrorífico). Una película de las que no se olvidan, de las que son capaces de romper la injusta barrera que separa el cine de ciencia-ficción del “cine de verdad”. Su éxito fue tal que pronto la maquinaria de Hollywood empezó a gestar una secuela, siendo uno de esos proyectos que deambulan por los estudios entre productores varios, contratando y cambiando guionistas e ideas constantemente, de forma que parecen abocados al fracaso artístico. Pero quiere la suerte que por aquel entonces habría gente con la cabeza bien puesta en la 20th Century Fox, y aunque inicialmente había dudas sobre su viabilidad económica, a partir de cierto momento el proyecto se tomó en serio. El nombre de James Cameron, un autor desconocido y sin un currículo digno de mención (el título de cine cutre Pirañas II, 1981), fue propuesto por alguien, pero no tenía la confianza del estudio a pesar de que algunos alabaron el argumento que propuso. Pero al deslumbrar con Terminator (1984) pensaron que él y su socia productora Gale Anne Hurd (con la que estuvo casada unos años por aquella época) reunían cualidades de sobra, y les dieron bastante libertad durante el rodaje, sobre todo porque su guion entusiasmó a todos los productores y directivos.

Este mismo proceso se repitió en el resto de la serie con mucho peor suerte: en Alien 3 (1992) el estudio se sumergió en un caos de cambios de productores y guionistas y maltrataron a lo grande el trabajo del director David Fincher, en Alien Resurrection (1997) jugaron con otros tantos guiones, y aunque al final optaron por dar libertad al director Jean Pierre Jeunet, este tomó un rumbo inadecuado, e incluso cuando Ridley Scott resucitó la serie con un nuevo ángulo en Prometheus (2012), el estudio impuso cambios de ideas y guionistas y además parecía que el propio realizador no supo muy bien por dónde quería ir. Así que Aliens acabó siendo un milagro que no se volvió a repetir en una serie que a partir de ahí nos ha traído muchos desencantos a sus seguidores.

Cameron tuvo la osadía de cambiar el género y estilo por completo, planteando una odisea bélica con un gran repertorio de protagonistas en vez de repetir la fórmula del primer capítulo. Con la filmación y el estreno forjó definitivamente su leyenda de visionario y genio del cine, pero también de persona con la que es difícil trabajar debido a la exigencia de sus rodajes, pues el ambicioso filme que pretendía no fue fácil de llevar a cabo. La complejidad que requería provocó innumerables quebraderos de cabeza, y aunque todos fueron hábilmente resueltos por un equipo muy inspirado y dirigido con mano firme por el obstinado pero dotado director, secuelas quedaron. Como en otros trabajos suyos (Abyss -1989-), algunos currantes renegaron de él. El primer director de fotografía duró poco, por ejemplo; aunque el más sonado fue el caso de James Horner, que tuvo que escribir a toda prisa la banda sonora, soportando cambios y exigencias constantes, y no quiso volver a trabajar con él hasta que en Titanic (1997) lo convenció de aguna manera (con un sueldazo, seguramente). Recomiendo ver los extras de los dvds, en especial algunos como el dedicado a la creación de la reina alien o el del inicio del rodaje, pues aunque otros son menos satisfactorios (los típicos de entrevistas aburridas), los buenos son muy interesantes.

Como en toda obra de Cameron, su narrativa es extraordinaria a todos los niveles. Mide el tiempo de forma exquisita, sabiendo dónde poner cada personaje, trama y escena, y dominando admirablemente qué emoción y sensación sacar de cada instante. Así, hasta que llegamos al planeta casi pasa una hora, pero hasta entonces ha ido cimentando unas bases sobre la historia y los protagonistas de forma tan acertada que el trayecto ha resultado sumamente atractivo. El ritmo hasta entonces puede ser pausado, pero es intenso y expectante como en las partes más activas del relato.

Protagonistas que despiertan pasión ya desde sus primeras apariciones hay unos pocos en un repertorio memorable: Ripley, Bishop, Hicks y Newt son protagonistas que dejan huella, pero los secundaros resultan redondos también, destacando a Vasquez, Hudson, Gorman y el repelente Burke. Qué difícil es hoy día ver un grupo de personajes tan completo, verosímil y atractivo, sobre todo en los géneros de acción, ciencia-ficción y fantasía. Unos te caen simpáticos, otros resultan algo desagradables, pero sin caer en clichés triviales (la trayectoria del teniente inexperto da mucho juego), y con todos se sufre de una forma u otra. El trabajo actoral es excelente. Sigourne Weaver consigue un papel aún más conmovedor que el de Alien, llenando la pantalla de forma impresionante, y Michael Biehn, junto a su gran interpretación en Abyss, demostró que como actor de cintas de acción valía bastante en comparación con el poco éxito que tuvo. Y los secundarios no se quedan atrás, destacando a Bill Paxton como el hiperactivo Hudson, Lance Henricksen como Bishop, capaz de llegarte a pesar de la máscara de frialdad robótica, la carismática Jenette Goldstein que da vida a la dura Vasquez, o la notable representación del mando cobarde que hace William Hope como el teniente Gorman. Y como curiosidad, fue la única película en la que participó la intérprete de Newt, Carrie Henn, quien sólo volvió a ponerse ante las cámaras para unos pocos documentales rodados a partir del año 2000 para los dvds.

El prólogo con el rescate de Ripley es muy intrigante, su adaptación al mundo real mantiene un aura de pérdida y melancolía muy logrado, y la sensación de que quiere huir pero arrastra heridas no cerradas mantiene la expectación aunque sepamos que al final se lanzará a la aventura, porque no habría película de otra forma. Y su gradual maduración no defrauda, va ganando coraje, determinación y liderazgo, para acabar echándole huevos a lo grande en el inolvidable tramo final.

La presentación del comando militar es muy correcta, tiene los diálogos y situaciones necesarios sin caer en tópicos ni perder el ritmo. La conversación con Vasquez haciendo ejercicio pone en cada lugar a varios de ellos, y la muestra de que Ripley sabe manejar el robot tiene la gracia suficiente para no parecer una mera justificación del clímax final. La entrada en el complejo del planeta, jugando con el misterio a lo desconocido, los pasillos desiertos y las señales de lucha, resulta acongojante. Cuando empiezan a pitar los detectores de movimiento, la tensión te mantiene aferrado al asiento. El ataque en la oscuridad de la estructura alienígena es abrumador y espeluzante, y la decisión de Ripley de tomar el mando (tanto del tanque como de la misión) expone en acción el cambio que iba viéndose en ella, la decisión de luchar con todo su ser contra el enemigo que cambió su vida. Hay sorpresas fantásticas, como el eterno plan de la corporación Weyland de hacerse con una de las criaturas (la escena en que Burke quiere infectar a Ripley o a la niña resulta repugnante), situación que además señala ne que el hombre es también a veces un monstruo frío e implacable y el peor enemigo de sí mismo. A estas alturas estará claro que otra gran característica de Cameron es el realismo humano que desprenden sus obras: aparte de la verosmilitud que transmiten sus personajes, la historia siempre posee un trasfondo muy interesante; incluso Mentiras arriesgadas (1994), a pesar de su tono absurdo, hablaba muy bien sobre la familia, sin los clichés rancios habituales.

Con el grupo diezmado nos acercamos más al tono que caracterizó a la primera entrega: la claustrofóbica resistencia ante un enemigo implacable. La situación de peligro inminente y la opresión del entorno oscuro y con criaturas al acecho se transmite al espectador magistralmente: una simple escena que muestra a los personajes cerrando una puerta pone los pelos de punta. Tras otro feroz y escalofriante ataque, la huida por los conductos de ventilación resulta sobrecogedora, con momentos memorables como la caída de Vasquez y Gorman, con el teniente en su momento redentor.

Ahora no queda otra que salir por patas antes de que el complejo estalle, un giro introducido con la suficiente habilidad para no parecer forzado. Pero la cosa se compilca con la desaparición de Newt. Ripley se ha encariñado, ve en ella la hija que perdió, y no está dispuesta a dejarla atrás, arrastrando al espectador en uno de los clímax finales más largos, subyugantes y espectaculares de la historia del cine. La búsqueda de la chiquilla, el interminable y terrorífico enfrentamiento con la reina alien, y el espeluznante epílogo sorpresa en la Sulaco te mantienen con el corazón en vilo durante largos minutos. Aquí deslumbra a lo grande ese exquisito manejo del tempo narrativo del que hace gala Cameron: los interminables pasillos, la alarma insistente, las miradas entre Ripley y la reina, el ascensor, el amago con que Bishop las ha abandonado, el remanso de paz roto trágicamente y la épica lucha sin cuartel contra la reina usando el robot de carga casi no te dejan respirar incluso aunque hayas visto la película innumerables veces.

Como señalaba más arriba, James Cameron controla al detalle y exprime todo elemento para que las ideas que tiene en mente se trasladen con fidelidad al celuloide. La labor de recreación artística es un portento, destacando los inigualables diseños de H. G. Riger, y el trabajo para levantarlo todo es loable: decorados y maquetas logran unas naves y escenarios imponentes y hacen verdaderamente tangibles cada situación y criatura; por ello esta película, y más concretamente la reina alien, resulta una magnífica muestra de que cualquier muñeco manejado por títeres, cables y piezas mecánicas funciona mejor que el efecto digital más logrado. La notable fotografía convierte los pasillos en algo inquietante, gracias también a un manejo excelente de la iluminación. El impecable montaje da forma exquisita a cada escena, tenga esta el ritmo que tenga. Y una banda sonora de James Horner que, a pesar de las dificultades y los controvertidos plagios, nos regaló una obra de acción y terror insólita, remata con una fuerza inenarrable la atmósfera del filme.

El resultado garantiza un visionado inolvidable. Estamos ante una obra que rompe cualquier esquema y catalogación. Capta todos los sentidos y los dirige a una tempestad de acción y terror, nos envuelve en un constante halo de claustrofobia, angustia e inquietud que transmite la certeza de la muerte (nadie parece estar a salvo) y la incertidumbre del caos (en cualquier momento pueden reaparecer los monstruos) con enorme intensidad. Es imposible apartar la mirada de la pantalla, salvo que sea por miedo o asco. Es una secuela que desde el más absoluto respeto sabiamente se distancia del original. Nunca una segunda parte con una visión tan atrevida y diferente había resultado tan memorable. En definitiva, Aliens es una obra maestra que complementa de maravilla a otra obra maestra.

La única pega que puedo ponerle es que a las dos versiones que existen les falta algo. La de cines recorta una escena imprescindible, la que presenta la pérdida de la hija de Ripley, crucial para entender su apego con Newt. Y la versión completa que pudo sacar más tarde Cameron (se la recortaron por larga) tiene una escena sobrante, la de las ametralladoras automáticas, que rompe un poco el ritmo para lo poco o nada que aporta. También se podría discutir si es necesario mostrar a los habitantes de la colonia antes de la llegada de los marines, que en esencia no es metraje especialmente importante e incluso podemos decir que la aventura es más intrigante sin saber nada de la colonia hasta que llegamos con Ripley. Sea como sea, ninguno de estos momentos o falta de ellos rompe la magia del conjunto. Lo que sí puede molestar (al menos si eres un cinéfilo exigente) es la poca calidad del audio doblado y la rechinante voz de la chiquilla. Como digo en la ficha, un título de esta categoría requería una mejora sustancial en este ámbito (redoblaje o remasterización si hay una fuente viable) para tener unas ediciones en dvd y bluray dignas. Así que la versión original es la más recomendable.

Serie Alien:
Alien (1979)
-> Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
Alien Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

Alien 3


Alien 3, 1992, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Dirección: 114 min (cines), 145 min (Assembly Cut, 2003).
Guion: David Fincher.
Escritores: Vincent Ward, David Giler, Walter Hill, Larry Ferguson.
Actores: Sigourne Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Paul McGann, Brian Glover, Ralph Brown, Danny Web, Lance Henricksen.
Música: Elliot Goldenthal.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, actores, música y unos pocos personajes interesantes.
Lo peor: No termina de tomar forma, es irregular y algo pesada, y no provoca las emociones esperables: el suspense y el terror brillan por su ausencia.
Mejores momentos: La autopsia, Ripley y Clemens interrogándose el uno al otro en distintos momentos, el “dragón” entrando en la enfermería.
El plano: El alien olisqueando a Ripley.

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Alerta de spoilers: Por si acaso alguien no la ha visto todavía, la destripo a fondo. —

El proyecto de creación y producción de Alien 3 ha sido uno de los más caóticos de la industria del cine en toda su historia. La productora (20th Century Fox) mareó la perdiz alterando y descartando guiones de numerosos autores y cansando a directores que se largaban a rodar otras cosas. De hecho, trataron a algunos de ellos con poco tacto: el descontrol era tal que alguno estuvo un tiempo desarrollando el proyecto sin saber que los directivos habían cambiado de ideas y su trabajo ya no valía. Varios nombres fueron muy llamativos, como el escritor de ciberpunk William Gibson, el director de acción Renny Harlin, o el autor de la posterior saga de Riddick, David Twohy. Planteamientos hubo de todo tipo, algunos muy ambiciosos, como el que pretendía dos películas, la primera sin Ripley (estaría protagonizada por Michael Biehn, quien fuera el cabo Hicks en Aliens) y la segunda con ella a la cabeza de una guerra a lo grande contra los alienígenas, y otros que prometían ser surrealistas, como una historia de monjes en una nave de madera que se convertirían en la resistencia contra los alienígenas. Al final los acreditados, aparte de los productores más implicados, fueron Larry Ferguson (La caza del Octubre Rojo) y Vincent Ward.

El rodaje lo empezaron sin poner fin al caos, seguramente porque ya llevaban gastado mucho dinero (sueldos y decorados luego desechados). Y se extendió a él, pues aunque contrataron a un director con talento, David Fincher, hoy día considerado uno de los autores más originales y dotados y con una carrera memorable (Seven, El club de la lucha, Zodiac, La red social), le hicieron la vida imposible con reescrituras de guion e imposiciones constantes. Del resultado renegó, igual que la mayor parte de los seguidores de la saga. Años más tarde, en 2003, una versión extendida con media hora más (llamada Assembly Cut, que supongo que se podría traducir como “Corte completo”) arreglaba aceptablemente bien el estropicio, pero él no tuvo nada que ver con ella y tampoco quiso participar en los extras de la edición en dvd que incluía las cuatro películas. La versión completa es la que comento aquí, porque la original ni la recuerdo ni tengo ganas de recuperarla.

Fincher era un director novel en cine pero venía de una larga carrera en videoclips, así que aparte de tener experiencia también mostraba cierta visión, que fue lo que seguramente llamó la atención del estudio, como pasó con James Cameron en la segunda entrega y luego con Jean-Pierre Jeunet en la cuarta. Y se ve la semilla de un buen director: la cinta entra por los ojos prometiendo más de lo que llega a dar. La puesta en escena se presenta muy certera, a veces incluso virtuosa, con el realizador exprimiendo a fondo la estupenda fotografía e iluminación de Alex Thomson: encuadres amplios para transmitir soledad e indefensión (los personajes empequeñecidos entre los grandes escenarios), ángulos extraños para provocar angustia o caos, y recursos originales, como la perspectiva del alien. El montaje también es bueno, adecuado a los cambios de tono de cada escena, pero claro, a saber a quién hay que agradecer esto. El escenario elegido mantiene el sello de la saga: aislado, lúgubre y un tanto destartalado, transmite bien la sensación de claustrofobia y abandono. Eso sí, en un mundo aparte está la recreación digital del alien, que provoca auténtica vergüenza ajena. No sé si fue empeño de algún productor, pero si la tecnología digital estaba en pañales y veían que no pasaba el corte ni por asomo, no sé por qué lo mantuvieron. Supongo que en el lío que fue el proyecto llegó un momento en que no hubo otra salida que seguir adelante con semejante atrocidad. Por suerte, en los planos más cercanos es fiel al original, una mezca de disfraz y mecanismos, una creación única, fascinante a la par que repugnante y espantosa. Y en el aspecto sonoro, la notable banda sonora de Elliot Goldenthal, tenebrosa como ella sola, parece la más adecuada para poner un extra de cara a la atmósfera esperada en una entrega de Alien.

En el guion también hay unos pocos puntos fuertes que auguran un filme de mayor calidad. Se va viendo un desarrollo de personajes bastante efectivo, y eso que partimos de un giro difícilmente justificable. No se entiende ni se perdona que, después de la férrea conexión forjada con los espectadores en Aliens, se carguen a la niña (Newt) y al cabo Hicks nada más empezar, sin que lleguen a salir. Con todos los posibles caminos por donde podían extender la serie, ¿en qué cabeza cabe hacerlo de manera tan poco respetuosa? El paso del tiempo ha suavizado esta mala impresión, pero en su momento tuvo que doler bastante a los seguidores. Pero este brusco cambio de dirección también garantiza que Ripley se encuentra en otro gran punto de inflexión de su vida. Además, Sigourne Weaver se implica de nuevo mucho con el personaje y transmite de maravilla la trágica situación. Nos encontramos ante una Ripley abatida, perdida, y este aura de melancolía se va tornando en un fatalismo muy inquietante: primero, porque está rodeada de presos cada cual más loco, y segundo, porque a la impresión de que morirán todos (ni armas, ni salida) se le une el descubrimiento de que lleva una reina dentro, lo que acaba con toda esperanza para ella. La escena en que el alien la deja con vida es una de las más icónicas de la serie, y el momento en que pide a Dillon que acabe con ella es bastante duro.

En cuanto al resto, el que sean presos violentos, escoria de la sociedad, no permite apenarse mucho con sus muertes, pero aun así Dillon, con su determinación por hacer que la comunidad se desarrolle dentro de unos límites civilizados, y el misterioso doctor Clemens, que parece ajeno al lugar (inteligente, culto, paciente y reflexivo), enganchan rápido, y sus esfuerzos y maquinaciones tienen momentos bastante interesantes (genial cuando Clemens pilla a la primera que Ripley ofrece sexo para acallar sus preguntas), amén de que los actores Charles S. Dutton y Charles Dance están muy bien. Y tenemos unos pocos secundarios en los que se ve empeño por otorgarles una personalidad concreta: el alcaide, Aaron (“85”) y Golic. Se agradece que no sean simples extras y carnaza, pero también se puede decir que con lo que dura la versión íntegra había margen para forjar personajes y relaciones mucho más llamativos con los que pudiéramos conectar con mayor intensidad. En Alien y Aliens incluso algunos que caen pronto se hacen querer, te acuerdas de ellos tras el visionado. Aquí sólo te importan realmente Ripley y Clemens.

Respecto a la trama, se observa un objetivo concreto tanto en el primer acto como en el último, con algunos segmentos bastante notables, unos por ingeniosos, otros por trágicos. Inicialmente tenemos la intriga sobre cómo y cuándo aparecerá el alien, con Ripley forzando la autopsia de Newt (una escena conmovedora) y buscando otras pruebas mientras intenta que nadie se entere o la tomen por loca. Y como señalaba, la dinámica de tiras y aflojas entre ella, Clemens y el alcaide da bastante juego. Pero poco a poco empieza a pesar la sensación de que no se avanza. El tramo central se hace bastante largo, como indicaba, ninguno de los otros presos, incluso los más presentes, como Golic, terminan de ganarse nuestra atención por completo. Además, me apena, sobre todo teniendo en cuenta el escenario, que no se aproveche un apunte sugerido en el primer capítulo y potenciado en el segundo y que aquí parecía que iba a tener relevancia: el hombre suele ser el peor enemigo para el hombre. Al principio se matiza, incluso más de la cuenta, que ella rompe el equilibrio del lugar con su presencia, pero la construcción de la nueva convivencia, el acercamiento de cada protagonista, los perdones y redenciones se dejan completamente de lado: del intento de violación de Ripley pasamos a trabajar todos juntos sin más. En cuanto a la caza a la que están sometidos, el giro en que atrapan al bicho por primera vez pero el loco de Golic lo suelta no está mal planteado, sobre todo porque aumenta la impresión de perdición inminente, pero lo cierto es que la ejecución del plan para su captura es poco o nada trascendental: ni aporta un tramo especialmente espectacular ni una lectura más profunda de los personajes. Así pues, lo que hace es agravar el estancamiento, la impresión de que damos vueltas en círculos que repiten cosas que ya conocemos o que se ven venir.

El problema se magnifica en el plan final de cazarlo en la fundición, porque a fin de cuentas es lo mismo que vimos en Alien y en el primer intento: ir cercándolo. Pero además, emerge la pregunta de que si ahora no necesitan el peligroso combustible y el fuego, por qué antes sí. Si no decae hasta resultar un clímax insípido es por el buen hacer de Fincher, porque lo único que vamos a ver es gente corriendo y cerrando puertas. Se transmite algo de agobio, el destino de Ripley aunque está escrito posee cierto interés… pero desde luego no es un arco final deslumbrante. Ni la llegada de los hombres de la compañía Weyland, con el misterioso tipo que creó al modelo de androides de Bishop, aporta un extra, porque es enormemente predecible. El sombrío final de Ripley es una imagen bastante poderosa, pero por la fuerza del personaje, por su trayectoria, más que por la escena en sí, que va a lo más predecible. Y aquí debo decir que prefiero el cierre original, con la reina intentando escapar del cuerpo y Ripley agarrándola, que el elegido para la versión completa, donde Ripley cae sin más al magma. Con la reina presente se ve una victoria trágica más efectiva, más emocionante.

La sensación final es que, a pesar de los puntos fuertes con atractivo y del potencial global, Alien 3 nunca termina de despegar, de tomar una forma concreta y deslumbrar como podría. No llega a ser una película mediocre en su versión completa (la estrenada en cines parece que sí fue bastante desastrosa), pero queda claro que desde la improvisación no hay manera de levantar un proyecto tan grande como es una producción cinematográfica de forma que el resultado sea de alto nivel, o, dicho de otra forma, sin concretar los objetivos no se pueden medir las necesidades para alcanzarlos y repartir el trabajo adecuadamente. Por muy hábiles o esforzados que estuvieran los guionistas (a los que les tocó en la rifa ser elegidos), el director, el director de fotografía, el editor, el compositor y los actores, si no hay una línea clara y consistente sobre la que trabajar, difícilmente se puede rodar pensando en edificar una atmósfera concreta en este segmento, otra en este otro, y una global para la película entera. Así pues, las pocas virtudes que tiene, aunque inicialmente llamativas, no llegan a explotar, se diluyen en un relato deslavazado, apagado y muy largo. El misterio y el suspense no logran atrapar con fuerza como para ir poniéndote nervioso para que cuando el alien aparezca te lleve adecuadamente al terror, pero es que este factor miedo ni amaga con aparecer: las incursiones del bicho son muy desganadas, ni con sangre resultan espeluznantes, y por si fuera poco las escenas en que es digital pierden mucha más pegada. Y el fatalismo que prometía emerger de la situación sin salida y del destino sellado de Ripley, aunque tiene buenos momentos dramáticos, no consigue resultar amargo y desgarrador como se espera.

En resumen, queda en Alien 3 una pizca de la esencia de la saga y un mínimo de calidad más que aceptable como película, pero el listón está tan alto, se esperaba tanto, que la mayor parte de los fans siguen divididos: o se rechaza con lástima o se acepta con tibieza.

PD: El tiempo de gestación de los alienígenas sigue estando muy poco meditado. El alien del buey se gesta en unas horas, el que lleva Ripley en cambio tarda mucho más. También cabe preguntarse cuándo tuvo tiempo la reina de plantar unos pocos huecos por la Sulaco, y más donde Ripley no los viera.

Saga Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
-> Alien 3 (1992)
Aien: Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)