El Criticón

Opinión de cine y música

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X-Men: Fénix oscura


Dark Phoenix, 2019, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 113 min.
Dirección: Simon Kinberg.
Guion: Simon Kinberg. Stan Lee, Jack Kirby, Chris Claremont, John Byrne, Dave Cockrum (cómic).
Actores: Sophie Turner, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Evan Peters, Alexandra Shipp, Kodi Smit-McPhee, Jessica Chastain.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y actores principales que caen bien con facilidad.
Lo peor: Muy simplona y sin garra en guion y puesta en escena. Tras un puñado de capítulos, no han desarrollado prácticamente a ningún personaje, y encima pierden el tiempo metiendo unos villanos anodinos. Terminan pasando por completo de la continuidad de la saga.
El título: En el original han eliminado “X-Men”, como para intentar darle la categoría de Logan y Deadpool.

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X-Men: Primera generación parecía haber llegado para encarrillar la serie tras el batacazo de X-Men: La decisión final y las dos primeras de Lobezno en solitario, pero esta línea también se desinfló rápidamente, primero, por intentar abarcar demasiado en Días del futuro pasado, luego, por aspirar a tan poco en Apocalipsis. Tras los éxitos de las entregas paralelas Logan y Deadpool cabría pensar que tratarían de seguir manteniéndola viva, y con esfuerzo por aportar algo más novedoso, pero Fénix oscura ha vuelto a herirla de gravedad, y la adquisición de Fox por parte de Disney la ha dejado en el aire, con Los nuevos mutantes cada vez más retrasada. Por mi parte, no diría que no a que reinicien la saga dentro de unos años si se esmeran en hacerlo bien en vez de improvisar de mala manera. Hay muchos personajes y muchas historias que contar.

No es de recibo que lleguemos al cuarto episodio y sigan sin desarrollar a los numerosos protagonistas. Todo lo prometido en Primera generación quedó en suspenso en los siguientes, lo poco que dieron de sí los protagonistas principales se fue repitiendo en bucle y los secundarios seguían sin aprovecharse lo más mínimo. Que si Raven se va y no se va, que si Magneto se vuelve malo o no, que si Xavier quiere perdonar a todos los mutantes y la paz entre humanos. Si no fuera por el talento y magnetismo de los intérpretes, seguramente la serie no se habría mantenido viva tanto tiempo.

Aquí Raven vuelve a dudar con su lugar en el mundo, Xavier sigue lidiando con el gobierno y los mutantes que ponen en peligro el equilibrio… y por suerte, Magneto sale poco y hace menos. Este último arrastraba otro problema importante: siempre que se vuelve malo es momentáneamente y debido a factores externos, el resto del tiempo sólo quiere vivir por su cuenta. Pero aquí no nos libramos de esa cobardía argumental, porque se la encasquetan a Jean Grey en su conversión en Fénix. Su maldad es una crisis temporal que sin duda no habría ocurrido si esos cutres alienígenas que aparecen de vez en cuando no la hubieran forzado. Así, no hay sensación de conflicto, de crisis y tragedia real, de ruptura del statu quo que pueda dejar secuelas. Está claro que vencerán al villano de turno y todo volverá a la normalidad, como siempre.

Si en Apocalipsis el enemigo parecía distante y poco temible a pesar de tanto enredo, aquí estamos en las mismas. La nube misteriosa como macguffin de baratillo, los extraterrestres que no causan sensación alguna, salvo preguntas de por qué están ahí, y la anodina líder encarnada por Jessica Chastain son minutos perdidos, cada aparición suya desvía el interés y te hace pensar que podrían haber dedicado el tiempo a desarrollar mejor a los personajes.

Ni con Jean ponen ganas en profundizar realmente en su psique, en construir una evolución dramática más compleja. Sueltan cuatro tópicos sobre traumas infantiles y ale, a lanzar fuegos artificiales. Tampoco ayuda que Sophie Turner anda un poco justa, ni lo que canta el relleno que le han puesto en el sujetador. Con el resto de mutantes apuntan también a unos mínimos que apenas valen para mantener cierto aire de camaradería, que resulta agradable pero desde luego no como para implicarte, para conseguir que te interese su destino y lo que puedan sufrir por el camino. Para rematar, si la continuidad de la saga ya estaba muy liada a pesar de los malabares que han ido haciendo los autores, aquí directamente pasan de ella, pues el final de un par de personajes contradice todo lo que habíamos visto en la trilogía de mutantes adultos.

No se puede entender cómo se mantuvo a Simon Kinberg como escritor y productor en la saga tras su fallida entrada en La decisión final, y menos que vuelva a ella después de haber parido guiones tan nefastos como el de Cuatro fantásticos (Josh Trank, 2015). Tendría alguna autoridad como productor para mantenerse, o algún enchufe, porque aquí encima acabó como director.

Y precisamente el otro gran problema es la falta de garra visual, su nulo talento como narrador queda patente también tras la cámara. La proyección va ligerita, con lo que entra bien, pero con el piloto automático puesto, sin adecuarse al tono de cada situación, sin emoción en el drama, sin energía en la acción, sin clímax que aumenten la tensión. También carece de originalidad en escenarios y batallas. Todas las peleas son iguales, tortas entre calles lanzándose coches (algo de lo que ya abusó en La decisión final) y con algún vagón de metro de por medio, todo ello con unos poco efectos especiales de rayitos y colores que no impresionan nada a pesar de los doscientos millones de dólares que ha costado. Y para colmo, se filtró durante el rodaje que cambiaron el final previsto, que sería una lucha en el espacio, por un vulgar tren a pesar de haber usado ya el metro, donde repite los mismos golpes de todas las confrontaciones anteriores.

Eso sí, para mi sorpresa la banda sonora de Hans Zimmer, que escuchada en disco me pareció un insoportable trabajo hecho con librerías y sintetizadores, se adapta bastante bien a las imágenes, aunque claro, queda lejos de la versatilidad de John Ottman y Michael Kamen.

Con un final más original y que centrara más el foco en los protagonistas podría haber resultado mejor, pero en esa ruidosa batalla acabé bastante desconectado. Con todo, por simplona y predecible que resulte, nunca cae en el caos o la vergüenza ajena como sí hizo La decisión final, y me ha resultado algo más entretenida que Apocalipsis, aunque es igual de decepcionante.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
-> X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

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Stan Lee nos ha dejado

Se ha ido un grande. Pero no podemos decir que deje un vacío, porque su legado está muy vivo y perdurará durante años y años. Algunos defienden que debe ser consideraro el creador de la mitología contemporánea más influyente, y no les falta razón. Su aportación al mundo del cómic ha sido de tal calado que es difícil medir su influencia artística y social.

Aunque su sueño era ser novelista, la vida lo llevó hacia el mundo del cómic. Poco a poco, y más con la fructífera relación con Steve Ditko y Jack Kirby, fue revolucionando este arte con personajes que causaron sensación y aún hoy en día están en primerísimo plano gracias a las adaptaciones cinematográficas: Spider-Man, Hulk, Iron Man, Los Cuatro Fantásticos, Thor, Los Vengadores, Daredevil, Doctor Strange, X-Men

Nació en Nueva York en 1922, y falleció el 12 de noviembre en Los Ángeles, con 95 años de edad.

Black Panther


Black Panther, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: Ryan Coogler.
Guion: Ryan Coogler y Joe Robert Cole. Stan Lee y Jack Kirby (cómic).
Actores: Chadwick Boseman, Letitia Wright, Martin Freeman, Danai Gurira, Michael B. Jordan, Lupita Nyong’o, Daniel Kaluuya, Andy Serkis, Angela Bassett, John Kani, Forest Whitaker.
Música: Ludwig Göransson.

Valoración:
Lo mejor: Buen repertorio de personajes secundarios. Dirección artística, vestuario, decorados, efectos especiales, banda sonora original.
Lo peor: El personaje principal no deslumbra. La trama central es muy clásica y por lo tanto predecible.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores. —

No sabía muy bien qué esperar del episodio de Black Panther en solitario, puesto que la presentación de otros héroes secundarios, Ant-Man y Doctor Strange, sin ser ni mucho menos malas, iban un poco con el piloto automático puesto, sin intenciones de innovar, de aprovechar que ya había muchas historias de orígenes de los héroes para explorar nuevas opciones narrativas. Además, el personaje, aunque resultara un buen complemento en Guerra civil, no terminó de ganarme del todo. Me he encontrado con una película que, aun teniendo todavía bastante margen para mejorar, resulta más compleja de lo esperado, con varias capas de distinto estilo combinadas en un todo con bastante personalidad, sin miedo a conjugar, como de hecho trata en su propio argumento, la tradición con algo más novedoso.

El único pero notable es que la base sobre la que han construido el relato es demasiado clásica y no se mueven de ella un ápice. La trama pasa por todos los clichés ya vistos desde los albores de la narrativa y que Shakespeare explotó con tanto éxito: reyes caídos, príncipes que deben encontrar su valía, herederos desaparecidos que retornan, el consabido conflicto y la obvia maduración y victoria final del héroe. Supone un problema importante, porque el desarrollo de la aventura resulta muy predecible en todas sus fases, y en el desenlace desde luego faltan novedades, alguna sorpresilla que levantara la expectación.

Aquí cabe preguntarse si sus guionistas no dieron para más, o si tuvieron que seguir a rajatabla las directrices del estudio. Y lo cierto es que me inclino por lo segundo, da la sensación de que tragaron con esta premisa tan sencilla porque no les quedaba otra. Así, parece que mientras Edgar Wright no logró salir airoso de su intento dar a Ant-Man una perspectiva personal atrevida, pues fue despedido bien pronto y Peyton Reed tomó las riendas ofreciendo un producto más convencional, el director y principal guionista de Black Panther, Ryan Coogler, ha logrado engañar al estudio con una de héroes tradicional a simple vista pero bastante versátil e inteligente en una lectura más profunda.

Todos dábamos por sentado que, de otorgar protagonismo a la cultura afroamericana, sería con estereotipos blandos y un envoltorio facilón, por ejemplo con música rap y hip hop, como de hecho parecían señalar los avances. Era difícil creer que permitieran tratar a fondo la lucha racial, la miseria en África, y ya de paso la crítica al belicismo tan presente en los cómics, nacidos en los años sesenta en plena crisis de Vietnam y con los líos raciales en momentos álgidos. Pero todo eso está latente en un subtexto bien hilado, que ni parece forzado ni simplón. A veces incluso se permiten reírse de los tópicos, como el chiste de los niños negros del barrio que pretenden desmantelar la nave y vender las piezas como si fuera un Cadillac.

Se expone bien cómo la raza negra ha sido ninguneada, desplazada, negándole igualdad de oportunidades y derechos. También se habla de la colonización, con la invasión de estados, el expolio de recursos y el esclavismo, en parte impulsor de los males del racismo y también un importante factor en la pobreza sistémica de los países del tercer mundo. Por extensión, no se puede evitar criticar el belicismo e intervencionismo de los del primer mundo, o sea, los blancos.

Con todo este trasfondo, las disputas de la corte no se limitan a un “yo valgo más que tú como rey”, sino que tenemos un panorama sociopolítico sólido y realista donde sumergen muy bien a los numerosos personajes secundarios, que se posicionan y mueven ficha con unas motivaciones e intereses claros y verosímiles, algo que muchas veces falta en el género, donde más veces de la cuenta solemos tener una simple lucha del bien contra el mal, con enemigos con planes de conquista por que sí y héroes impolutos sin más aristas. Era obvio que habría un villano que viene a disputar el trono, alguna traición entre los consejeros, más algún otro giro habitual, como la falsa muerte del héroe, pero con este dibujo más elaborado de personajes y tramas se enriquece bien el conjunto. Para rematar, hay roles femeninos en cantidad sin que parezca un panfleto feminista como Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017), sino que fluyen por el relato con naturalidad.

T’Challa / Black Panther (Chadwick Boseman) es el líder prudente y capaz pero al que le falta un poco de maduración para lograr poner orden entre la inmundicia de su reino, para dominar el caos inherente al gobierno. Su corte es dispar y muy atractiva. La hermana ingeniera, Shuri (Letitia Wright), es carismática y divertidísima, su presencia llena la pantalla en cada aparición. Nakia (Lupita Nyong’o) y Okoye (Danai Gurira) forman una pareja espectacular también digna de ver. Las tres terminan resultando más interesantes que el protagonista, pues con la proyección lineal de la trama queda un poco encorsetado, y aunque tiene garra (chistaco) suficiente para no ser engullido (otro más), no logra dejar huella y tiene partes muy mejorables: el romance es lamentable, está incluido como si fuera una obligación a pesar de que no encaja de ninguna manera.

Otros, como la madre de T’Challa (Angela Bassett) o el colega que se posiciona en contra, W’Kabi (Daniel Kaluuya), tienen poco recorrido pero aportan lo justo. Quienes se quedan más cortos son Everett K. Ross (Martin Freeman), quien a pesar del tiempo que ocupa está cerca de resultar más cargante que simpático, y el sacerdote, porque al estar encarnado por un actor tan llamativo como Forest Whitaker cabía esperarse más relevancia pero no pasa de ser un vulgar extra. El villano, Killmonger (Michael B. Jordan), sin llegar a ser fascinante, sí supera de largo el problema que citaba en el género, el de los enemigos de cartón piedra, resultando un individuo con ideas claras y un rival que pone en peligros tangibles al héroe. Cabría preguntarse por qué empezar con Ulysses Klaue (Andy Serkis) como contrincante y no directamente con Killmonger, pero al contrario que otros espectadores no me quejo, su presencia no me parece tiempo perdido. Si Killmonger se hubiera quedado corto sería otro cantar, pero no necesita más profundidad, sólo podría exprimirse con una trama de relleno, para lo cual ya tenemos a Klaue, que funciona bien para ir exponiendo a los demás protagonistas, rellenar las escenas de acción en los dos primeros actos, forzadas por el estudio en todos los capítulos, y dar el necesario toque de continuidad a la serie.

Como punto gris se podría señalar que para aceptar la existencia de Wakanda hay que hacer un salto de fe bastante grande, porque cuesta aceptar que un estado tan avanzado y poderoso lograra pasar desapercibido durante siglos. Para que ninguna persona que descubriera el país (imposible frenar la inmigración estando en el centro de África) hablara de él habrán tenido que mantener una política de asimilación forzosa (con un control total de movimientos durante años) o de exterminio sin miramientos; y a la vez, es poco creíble que, con una ciencia y cultura tan avanzadas, muchos habitantes no quieran irse fuera a conocer mundo y buscar otras oportunidades. También da la sensación de que hay una clase dominante riquísima y unos plebeyos dedicados a la agricultura y ganadería sumidos en la pobreza.

La puesta en escena también contribuye a realzar la personalidad de la cinta. La recreación de Wakanda como pueblo que combina la tradición con la modernidad es deslumbrante en el diseño artístico e impecable en la recreación a través del vestuario, los decorados y los efectos especiales. Hasta la música acierta de lleno en la mezcolanza, uniendo la electrónica, la orquesta estruendosa y motivos africanos (coros y percusiones) con gran habilidad, y además, para mi sorpresa, evitando la inclusión de canciones hip hop de moda para vender más. El desconocido Ludwig Goransson ha logrado una de las mejores bandas sonoras de la serie Marvel, y desde luego la más original.

El realizador Ryan Coogler se dio a conocer en Creed (2015), tardía secuela de Rocky (John G. Avildsen, 1981) que causó muy buenas impresiones. De esta forma, era uno de los pocos realizadores afroamericanos a los que podía optar Marvel, es decir, alguien con talento pero sin una carrera tan asentada como para imponer su personalidad y exigencias. (En la moda del policorrectismo de elegir negros para películas de negros y mujeres para las de mujeres no voy a perder el tiempo). Su trabajo es muy profesional, loable si tenemos en cuenta la dificultad de levantar una superproducción de estas características, logrando un título sólido a pesar de sus ambiciones y a la vez restricciones narrativas. Sólo se queda un poco corto en las luchas cuerpo a cuerpo, pero es que el listón dejado por los hermanos Russo (El Soldado de Invierno, Guerra Civil) está muy alto.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol 2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
-> Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)