El Criticón

Opinión de cine y música

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El vicio del poder


Vice, 2018, EE.UU.
Género: Drama, comedia, histórico.
Duración: 132 min.
Dirección: Adam McKay.
Guion: Adam McKay.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Alison Pill, Eddie Marsan, Jesse Plemons.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: Hay que agradecer tanto el tocar un tema que pocos se atreven como el ofrecernos una buena visión global y crítica de hechos muy complejos.
Lo peor: Irregular, sin garra. El personaje principal es superficial y no engancha.

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Al guionista y director Adam McKay le salió una jugada bastante buena La gran apuesta (2015), que tuvo bastante éxito y acaparó bastante nominaciones y premios. No fue una cinta redonda pero sí bastante valiente, por tocar un tema muy complicado, la crisis económica mundial de 2008, y, lo más importante para triunfar, muy entretenida, sobre todo gracias a un reparto estupendo.

El vicio del poder aborda otra historia de gran envergadura con la misma fórmula, buscando un ritmo ágil a través de numerosos recursos narrativos: voz en off, flashbacks, recesos explicativos cómicos, anécdotas que pulen detalles, mezcla de escenas variadas que construyen una idea en conjunto… Es descarado intenta exprimir los réditos de La gran apuesta, pero si en aquella no terminaba de deslumbrar, en esta se queda aún más corto. Aun así, el realizador ya estaba en la órbita de los Óscar y los Globos de Oro, y ya se sabe que si caes bien en este gremio vas a estar mimado unos cuantos años más aunque hagas basuras, y se llevó incluso más nominaciones que su anterior trabajo. Pero en general la crítica y el público la recibieron con tibieza.

El empeño en repetir lo que fue útil en otro caso impide que la historia respire con vida propia, y queda una cinta bastante desequilibrada que desaprovecha un gran potencial. El individuo que explica cosas, sea interrumpiendo con una aparición o mediante voz en off, funcionó en La gran apuesta porque era un protagonista, sabíamos qué pintaba en el relato. Aquí es completamente ajeno a él, a pesar del intento de sorpresa final de relacionarlo con la historia, que encima es demagogia barata. El humor no tiene tanto ingenio, a veces entorpece más que ayuda, sobre todo en los momentos surrealistas, de romper la cuarta pared: llegan de sopetón y no terminan de encajar. El ritmo no es tan ágil, y aunque la perspectiva global se sigue bien y hay partes impactantes, hay muchos tramos de poca trascendencia e interés por la dispersión y la poca garra de una narrativa más caótica que inteligente. ¿Es una biografía seria, una comedia alocada, un documental?

Y, lo más importante, no hay personajes que te enganchen e inviten a seguir con interés lo narrado. A pesar de estar centrado en una sola figura, al contrario del reparto coral de La gran apuesta, no consigue un rol central complejo, humano, con el que conectar.

El político ultraconservador Dick Cheney, que llegó a ser el videpresidente más poderoso de la historia de EE.UU., copa el foco del relato… pero nunca sabemos qué lo mueve. McKay da unos cuantos brochazos sobre su vida que no son suficientes para hacerse una idea de su mentalidad, esperanzas y ambiciones. Parece que intenta mantener cierta distancia para no abandonar la neutralidad, algo que no lo entiendo muy bien, pues es una cinta muy crítica. Si esa era su idea, debería haber optado por tener otro punto de vista (como un periodista o un político reconstruyendo su trayectoria), o por inclinarse totalmente por el documental. Si el protagonista es este, debemos empatizar, seguir su vida con pasión o, lo que iría mejor en este caso, con resquemor e incluso odio, en vez de que nos resulte un ente vacío y a ratos cargante. A veces parece un inútil empujado por una esposa que quiere un marido con un buen trabajo (la escena de la riña me dio vergüenza ajena), otras un hábil jugador político, otras que le cae todo encima y sobrevive improvisando… Pero nunca llegamos a saber si lo que busca es ascender en el curro, o poder por sentirse superior, o transformar el mundo a su visión fascista. Ni en los momentos clave, como los problemas con la hija, quedan claras sus posturas.

Los secundarios tampoco aportan gran cosa, siendo recordables sólo por las buenas imitaciones de Steve Carell, Sam Rockwell y Amy Adams de sus respectivas figuras reales, Donald Rumsfeld, George Bush y Lynne Cheney. Christian Bale como Cheney también se mimetiza de forma impresionante, pero la verdad, tiene menos valor una imitación que construir un personaje original.

Con todo, McKay obtiene un híbrido entre documental y película instructivo, que te hace pensar y probablemente informarte mejor sobre los temas tratados, y aunque no sea un visionado muy emocionante, sí entretiene y tiene tramos que consiguen sacudirte un poco. La historia política reciente de EEUU queda bien resumida, viéndose con facilidad el panorama global de décadas de cambios y sus consecuencias. El domino de los conservadores sobre los medios de información, su habilidad para deformar la opinión pública y manejar la maraña de leyes sobre política para imponer su visión ultraconservadora, antisocial, belicista… llega a ser escalofriante. Por desgracia, este es un tipo de cine que ni con éxito llega a la gran masa de espectadores como para provocar algún cambio digno de mención, y en este caso desde luego no ha dejado huella alguna.

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La gran apuesta


The Big Short, 2015, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 130 min.
Dirección: Adam McKay
Guion: Adam McKay, Charles Randolph, Michael Lewis (novela).
Actores: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: El impresionante reparto. El guion es estupendo…
Lo peor: … pero el director no le saca todo el partido que parece guardar.

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La crisis económica global iniciada en los alrededores del año 2008, para quien no se haya enterado todavía, fue una estafa. Como rémora del sistema capitalista tenemos las especulaciones de la bolsa y la banca, en manos de unas pocas empresas todopoderosas que controlan el cotarro a su antojo para enriquecimiento propio. A esta gente le importan un comino las clases bajas, las leyes y la moral. Tampoco les asusta que su modelo económico explote, porque saben que tienen a los gobiernos agarrados por las pelotas y van a darles todas las ayudas que quieran hasta que el timo esté en marcha otra vez.

Pero sí, está claro que todavía hay millones de ciudadanos que no se han enterado y siguen votando a partidos políticos que avalan o utilizan estos modelos, incluso en España, donde la crisis se ha cebado más que en otros lugares por la incompetencia y corrupción del bipartidismo, y ahí siguen PP y PSOE como los partidos más votados. Por desgracia, tampoco hay muchas formas de llegar a la población adormecida e ignorante (cuando no fanática), y es una pena que un medio tan útil como el cine no se atreva más a menudo a tratar temas complejos y polémicos como la política y la economía. Aparte de Margin Call no he visto ninguna otra reciente, y encuentro muy pocas que parezcan llamativas: The Company Men (John Wells, 2010) y una de la HBO, Malas noticias (Too Big to Fall, de Curtis Hanson, 2011), aunque supongo que habrá varios documentales al estilo Inside Job.

Por suerte, ahora ha llegado La gran apuesta, que además se ha visto catapultada por algunas nominaciones a los Oscar, así que supongo que valdrá para que unos cuantos miles de individuos empanados abran los ojos… aunque no tantos como debiera, porque la mayoría estará viendo Gran Hermano en vez de una película de apariencia adulta y complicada (sólo 100 millones de dólares lleva en todo el mundo a pesar de lo que se habla de ella en los medios). Por lo menos me queda el consuelo de que en la sesión donde la vi escuché gruñidos y suspiros de rabia por la mierda que se narra, y risitas de incomodidad cuando mencionan España.

Los guionistas, y supongo que también el autor del libro en que se basan, sabían en el fregado que se metían. La terminología enrevesada de la banca y Wall Street y la complejidad global de los hechos son un muro muy alto para el espectador, así que ponen mucho empeño en explicar bien las cosas, con paréntesis descarados, narración hacia la cámara y con los personajes disimuladamente exponiendo las cosas despacito. Pero lo mejor es el tono distendido con salpicaduras de humor ácido: saben de sobra que hay que entretener, y la aventura se mantiene con un pie en la comedia negra y otro en la parida absurda (los cameos de famosos aclarando conceptos). Parece que pensaron, no sin razón, que no había forma de abordar este esperpento de historia sin hacerte vomitar, ni soltar esos datos tan complejos sin que la gente se perdiera. Así pues, el guion es muy certero a la hora de elegir el tono, consiguiendo que el espectador se implique, divierta y aprenda con facilidad.

La descripción de los protagonistas es también muy buena. Hay muchos pero cada uno tiene su personalidad bien definida, en especial los más relevantes obviamente, pero no se descuida lo más mínimo el gran repertorio de secundarios: no te quedas con los nombres pero sabes quién es quién y cómo pueden reaccionar en cada momento. Quizá el flashback del rol de Christian Bale es reiterativo, pero el resto se presenta con lo justo. La entrada de Steve Carell es fantástica, por ejemplo. El único fallo es que se empeñan en mostrárnoslos como héroes, cuando realmente ninguno lo es, pues lo que hacen es aprovechar el agujero del sistema para intentar forrarse, en vez de denunciarlo. Sólo un par de personajes amagan con ir a la prensa, pero luego deciden no seguir intentándolo y sí sacar tajada, y sólo el de Carell analiza las injusticias y problemas subyacentes… pero a la hora de la verdad no hace nada tangible por sacarlo a la luz o tratar de arreglarlo. Una visión más cínica de los propios protagonistas hubiera sido más acorde al estilo del relato, pero se nota una clara intención de ser amable en esta parte, quizá para que el espectador pueda conectar con algo positivo.

El reparto es magnífico y logra que los personajes cobren vida con mucha verosimilitud. Todos los actores secundarios están excelentes (incluso los cameos breves), pero los principales están soberbios. Christian Bale y Steve Carell son dos de los más grandes de nuestro tiempo y vuelven a demostrar por qué, aunque por desgracia el segundo, quizá por haber hecho muchas comedias tontas, no tiene el reconocimiento que merece; eso sí, aquí sí está impresionante, no como en Foxcatcher, el papel que empezó a darle reconocimiento como actor “de verdad” aunque en realidad no fuera para tanto. El único que falla es Ryan Gosling, como ocurre en absolutamente todas sus películas. ¿Qué le ven algunos? Su falta de carisma y dotes interpretativas son bien evidentes.

Ahora bien, el guion tiene una calidad que no luce en imágenes como podría. No conozco el resto de la obra del escritor y director Adam McKay (salvo por el simplón guion de Ant-Man), pero mi impresión con La gran apuesta es clara: como escritor ha estado muy por encima de su labor como director. Parece que el libreto le ha resultado demasiado inteligente y complejo, porque en la puesta en escena le faltan recursos, agilidad, sutilezas… Lo único que destaca es que sabe qué sacar de los actores en cada escena, pero es un milagro que sus interpretaciones no se pierdan en el caos. No puedes pretender una fotografía cámara en mano y un montaje frenético que transmitan sensación de inmersión y caos, y construir las escenas de forma tan evidentemente planificada, teatralizada. Con las pausas forzadas para meter chistes, los cortes de plano tan estudiados (si enfoca a alguien del fondo sabes que va a hacer algo, en vez de sorprendente porque pase algo) no se consigue la naturalidad buscada. Además, tiene patinazos muy gordos. En numerosas ocasiones incluye flashes, sean fotografías o imágenes en movimiento, de cosas paralelas, gente con sus quehaceres y tal. Pero pocas veces tienen un sentido claro, una relación con lo narrado, como la gente viviendo en la calle tras la crisis; en la gran mayoría de los casos te quedas con cara de qué narices estoy viendo.

Es imposible no pensar en qué habría resultado en manos de un realizador más dotado. Cabe citar a Martin Scorsese por el parecido con El lobo de Wall Street, y aunque esa tenía sus propios fallos que limitaban su también destacable potencial, sus virtudes en la dirección son las que se echan de menos aquí: sabio uso de recursos muy variados, gran vitalidad, y en general pegada y carisma. Mejor narrada (en agilidad e ingenio sobre todo) y con mayor personalidad, La gran apuesta podría haber sido un peliculón.

PD: Otro fallo es el final con letras explicado qué fue de cada protagonista… Podían haber puesto las caras al lado, que hay tantos que no me quedé con todos los nombres.
PD2: ¿Los fallos de montaje de la escena de Margot Robbie son a propósito? Resultan tan evidentes que me hace pensar que forman parte de la broma.

Foxcatcher


Foxcatcher, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 134 min.
Dirección: Bennett Miller.
Guion: E. Max Frye, Dan Futterman.
Actores: Steve Carell, Channing Tatum, Mark Ruffalo, Sienna Miller, Vanessa Redgrave.
Música: Rob Simonsen.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto en personajes interesantes. La aventura es atractiva…
Lo peor: … pero no llega a desplegar todo su potencial: es lenta, superficial, poco emocionante.
El detalle: Si notas algo raro en las orejas de los actores, es maquillaje imitando a los personajes en que se basan. Digo esto porque yo anduve descolocado un rato hasta que comprobé qué pasaba.

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Otro drama biográfico de superación personal, del hombre que lucha contra sí mismo, sus iguales y el entorno para llegar a donde sus sueños le guían. Otro más que demuestra la afinidad descarada de los Oscar por patrones narrativos inmovilistas y arcaicos. Y como suele ocurrir, poco tiene que ofrecer a pesar del entusiasmo de la Academia con él.

Mark Schultz es un campeón de lucha libre, de esa versión menos violenta que consiste en poner al contrincante de espaldas contra el suelo. Desde mi punto de vista no es un deporte muy llamativo, ni espectacular ni emocionante, y como suele ocurrir, si esperas que la película te muestre cómo funciona y cuáles son sus atractivos, vas apañado, porque pasa muy por encima de todo ello para centrarse en el drama personal. La vida de Mark es solitaria y no disfruta de grandes lujos, porque no es un deporte exitoso, pero no ceja en su empeño de seguir adelante. No le iba del todo mal entrenando con su hermano, no en vano ya tenía alguna medalla olímpica, pero es evidente que podía aspirar a más. Un millonario aburrido y fan del deporte se encapricha con la idea de patrocinarle, entrenarle y compartir sus sueños y conquistas.

Du Pont es extraño, antisocial, de humor inconstante, y la película no profundiza demasiado en él… por suerte, porque sería improvisar y especular, dado que no se sabe muy bien qué pasaba por su cabeza. El relato se basa en hechos reales, pero si con Mark Schultz se toman libertades hasta el punto de haberlo cabreado de lo lindo (a pesar del contrato de silencio echó pestes del director, diciendo que había deformado toda su vida), pues podrían haber desbarrado mucho con Du Pont en busca de sensacionalismo. Pero apuestan por no montarse una historia muy compleja, tirando por lo básico. Du Pont se siente solo y no realizado a pesar de su posición económica, y la relación con Mark es casi de adopción. La dinámica entre ambos pasa por varias fases, hasta que los celos, profesionales y sentimentales, llevan a un desenlace trágico (puedes leer la Wikipedia si no pretendes ver la película).

La aventura es bastante sencilla y predecible, pero contando con un personaje fuerte y un par de secundarios interesantes no era difícil conseguir un entretenimiento aceptable… Sin embargo, la película desaprovecha el potencial latente y termina aburriendo más de la cuenta. Por una vez debo reprocharle a un guion del género que debería haber apostado un poco más por la carga sentimental y el drama latente, porque pasa de puntillas por muchas cosas, sin mojarse del todo, sin dar relevancia suficiente a los eventos como para que causen impacto en el espectador, sin exprimir personajes con buenas posibilidades. Pero es la puesta en escena el problema más claro. El tempo narrativo es demasiado lento y apático, formando un relato frío, distante y aburrido. Con una dirección que supiera ensalzar los puntos clave y otorgar un ritmo vibrante hubiera resultado mucho más emocionante, pero además de la poco entusiasta labor de Bennett Miller (Moneyball) tenemos una fotografía rutinaria y una música muy floja. Eso no impide que haya tenido nominaciones a los Oscar a mejor guion y mejor dirección, se ve que en la Academia han perdido el juicio por completo definitivamente.

Y con los actores estamos ante el mismo absurdo panorama. Han nominado a Steve Carrel supongo que por su transformación física (anda como un pato y lleva bastante maquillaje) y a Mark Ruffalo no tengo ni idea de por qué (quizá también por andar raro), pero realmente ninguno de los dos muestra un registro interpretativo de gran calado. Y mientras, el que sí está muy convincente es dejado de lado: Channing Tatum usa los detalles físicos (otro que anda extraño, oye) como un complemento en una transformación completa: la mirada, los gestos, las emociones contenidas… se palpa qué siente y cuánto sufre, incluso a pesar de que el guion no profundiza demasiado en su psique. El único reconocimiento que merecía la película es el único que no recibe.