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La liga de la justicia


Justice League, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Zack Snyder, Joss Whedon (acreditado como guionista).
Guion: Chris Terrio, Zack Snyder, Joss Whedon.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Amy Adams, Connie Nielsen, J. K. Simmons, Ciarán Hinds, Joe Morton.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Duración comedida y va directo al grano, así que no aburre hasta la desesperación como Batman vs. Superman.
Lo peor: Flojísimo dibujo de personajes. Insustancial y anticuada en estilo y argumento. Mediocre en lo visual, que se torna pésimo en la batalla final. Que el estudio siga improvisando la serie sobre la marcha.
La pregunta: ¿A qué se refiere la “justicia” del título? Debería ser La Liga Defensora de la Tierra o algo parecido.
El título: Oficialmente es Liga de la justicia. Le han quitado el artículo “La”, como en Vengadores: La era de Ultrón con el “Los”. De verdad que no entiendo a las distribuidoras. Por supuesto, todo el mundo la conoce como La liga de la justicia.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle por encima, pero no creo que haya nada revelador. —

La liga de la justicia se veía venir como un Batman vs. Superman segunda parte, porque todo en ella se ha ido planteando y desarrollando más o menos igual. De nuevo estamos ante la discutible idea de saltar de golpe a un filme grupal sin haber presentado como es debido a sus protagonistas por separado, ante la difícil tesitura satisfacer con un capítulo muy ambicioso y esperado a un público bastante dispar, tanto a los exigentes fans de los cómics como a los que sólo quieren pasar el rato con las películas que están de moda. Otra vez nos encontramos con un rodaje caótico, con imposiciones del estudio y filmación de escenas adicionales, es decir, se mantiene la falta de rumbo y la improvisación. ¿Puede salir algo bueno teniendo el listón tan alto y una gestión del proyecto tan desorganizada? Todo apuntaba a que sería otra catástrofe artística… y el estreno así lo confirma.

La liga de la justicia no tiene aires de grandeza como El hombre de acero, ni es tan pretenciosa, aburrida y confusa como Batman vs. Superman. Al menos han intentado que sea más ligera y directa, como Wonder Woman. Pero en el proceso ha quedado otro batiburrillo de intenciones malogradas y apaños de última hora como Escuadrón suicida. Es simple y predecible, pero a la vez inconexa y precipitada. Es superficial y anodina, a pesar del empeño en abarcar varios superhéroes y una trama supuestamente épica. La proyección deja frío y se olvida nada más acabar si vas con la mente abierta, sin prejuicios. Pero si te pones a analizarla como fan y como cinéfilo es mejor reírse, porque no merece la pena apenarse de nuevo por el desastre en que ha caído el estudio Warner Bros. con la serie DC, en cómo han desaprovechado unos personajes con tanto potencial y tan admirados. El panorama resulta incluso desalentador, viendo que veníamos del gran Batman de Christopher Nolan y pensando que han agotado a este y los demás superhéroes para una década, porque nadie se atreverá a reiniciar estas figuras en muchos años, y más cuando está confirmado que van a extender la agonía durante unos cuantos episodios más. Así que lo único que queda es pasártelo bien poniéndolos a caldo y viendo a los fanáticos tirarse de los pelos o intentar darle la vuelta y decir que son buenas películas pero incomprendidas.

La taquilla ya va dejando ver el desgaste, con un estreno y primer fin de semana por debajo de los demás capítulos. Si hacemos caso a las estimaciones de que el presupuesto alcanzaría los 300 millones de dólares, a lo que hay que añadir unos 100 más en publicidad (que seguramente sean más, pero por poner una cifra), debería recaudar por encima de 800 millones para empezar a dar dinero, así que va a ir muy justa la cosa. La masa de espectadores es fácil de llevar a la tendencia de moda y tarda en cansarse, pero tarde o temprano tendrán que darle la espalda a una serie que apenas gusta. ¿Será por fin en esta entrega? Hasta ahora los episodios rondaban los 700-800 millones de taquilla, sí, pero con toda seguridad por el tirón de los personajes y del género, en pleno momento álgido, y por la insistente campaña publicitaria, que mueve a la gente indecisa en plan “esta es la peli del mes y hay que verla”.

De hecho, es imposible no pensar que le deben la mitad de la recaudación a Disney/Marvel y otro poco al Batman de Nolan, que hacen efecto arrastre y son quienes mantienen al género muy vivo. Si en Warner/DC tuvieran que depender sólo del boca a boca y las críticas, la hostia sería mayúscula. De ahí que los fanáticos que se empeñan en defender esta saga contra viento y marea despotriquen contra Rottentomatoes con conspiraciones absurdas de que está comprada por Disney, cuando lo único que hacen en esa web es recopilar las críticas de decenas de medios. Y luego estos mismos niñatos intentan reventar la media en la IMDb poniéndole miles de dieces antes del estreno, se dedican a perseguir por los foros a quien opine mal de estos bodrios, y tratan de machacar al estreno de Marvel más cercano, en este caso Thor: Ragnarok, con argumentos pueriles y mucha rabia. Pero dejemos de lado esta surrealista guerra, perdida por Warner/DC y sus mercenarios ya desde El hombre de acero, y centrémonos en la película…

Como en el resto de la serie, lo primero que se observa es que el tono oscuro y épico está hecho a brochazos y es una fachada que cae rápido. La estética es artificial pero gélida, con esa fotografía de colores apagados nada naturales y los planos teatrales pero vacíos y sin visión global (una postal aquí, otra allí, pero la narrativa descuidada). Sumado a los penosos efectos especiales, se conforma un aspecto visual poco llamativo, desagradable incluso, por deslucido y cutre. La trama va de grandiosa, sombría y grave, pero al final resulta bastante insípida e infantil. Y sobre todo, lo peor de todo, los protagonistas tienen una descripción somera y un desarrollo muy exiguo, no son capaces de hacerlos crecer tras varios capítulos muy largos.

No hay conflicto ético llamativo, ni una lectura intelectual con el más mínimo atractivo. Claro que, si no los ha habido hasta ahora, no debería sorprender, pero dadas las temáticas que se trataban en los cómics y las otras adaptaciones, se echa de menos que profundicen en temas como la responsabilidad, la moral, la esperanza, la superación personal, etc. Apenas se señalan los puntos básicos de cada superhéroe, y desde luego no se explora ninguna otra línea conocida, como la corrupción de la sociedad (habitual en Batman), el poder de los medios (recurrente en Superman, a través del aquí inexiste Daily Mirror), etc. Tenemos flojas menciones al aspecto de Superman como faro de la humanidad, Diana sólo suelta un par de clichés a los nuevos sobre que sus poderes deberían estar al servicio del bien, y con Batman se roza el tema del miedo como arma porque los bichos malos se alimentan de miedo (aunque esto se olvida en largos tramos de la cinta), pero no porque se profundice en el personaje.

También se sigue descuidando otro aspecto esencial: la humanidad parece no existir. Aparecen Lois y la madre de Clark de refilón, para cumplir con ellas porque están en los cómics, pero no aportan nada al desarrollo emocional de Superman (casi mejor, después del patético desenlace de la pelea con Batman), y desde luego no sirven para recordarnos que la humanidad está en peligro. Es más, no sabría si ha habido una extinción en la Tierra, pues apenas vemos a unos pocos secundarios y figurantes, y los únicos con presencia relevante están metidos con calzador y sensacionalismo: las citadas mujeres de Clark y esa familia que vive cerca de la planta nuclear resultan muy cargantes. Es decir, nunca da la sensación de que la Tierra está en verdadero peligro, no parece que el grupo luche realmente por el ser humano, tanto por la supervivencia global como por sueños de una sociedad mejor, sino que parecen solamente unos frikis que se juntan en un descampado para pegarse con un gamberro sideral.

El villano provoca indiferencia total. Se puede perdonar que no tenga un dibujo complejo, que sea una entidad destructora sin más, si su presencia es una excusa para presentar al grupo de superhéroes. Pero aun así debe causar alguna impresión, tener cierto atractivo (diseño, carisma) y transmitir algo de peligro, es decir, que no parezca un infantil monstruo final de videojuego… no, peor, otro monstruo de videojuego, porque es intercambiable con todos los villanos de la saga. Si es que ni el nombre recuerdo. Intenciones, planes, poderes (¿y ese teletransporte?)… nada llega a definirse, es un muñeco digital sin alma alguna. Y como la puesta en escena y los efectos especiales son mediocres, la batalla final provoca más sopor que emoción.

Así que todo el peso del relato recae en el grupo, en su unión, sus relaciones incipientes, los primeros pasos en la lucha, la aceptación gradual del destino y la responsabilidad, el encontrarse a sí mismos y sacar coraje, etc. Viene a ser lo mismo de siempre, pero como siempre también, se puede hacer bien y cumplir de sobras, se puede conseguir un nivel extraordinario que permita rememorar la película años después, o se puede hacer el ridículo. Marvel se mantiene en los dos primeros puntos, con algunos picos antológicos, Guardianes de la galaxia y Los Vengadores. La reciente Thor: Ragnarok es otro gran ejemplo de que con una premisa clásica se puede conseguir una obra desbordante de personalidad. Pero con La liga de la justicia seguimos ahogándonos en un mar de decepciones.

La presentación de Aquaman es breve e insustancial, no llegamos a vislumbrar quién es, dónde vive, de qué cultura viene. Sólo nos quedamos con un vago dato: es el típico heredero que pasa de todo. Y su desarrollo no aporta ninguna capa, salvo incongruencias: va de chulo pasota de toda la vida que no quiere inmiscuirse en los problemas del mundo… ¿y entonces por qué ayuda al pueblo de pescadores? Sin conocer sus motivaciones y poderes (¿puede volar o la escena es exageradísima?), su presencia es confusa. Sin mostrar un carácter bien definido, sus chascarrillos parecen forzados. A pesar del carisma nato de Jason Momoa (Stargate: Atlantis, Juego de tronos), termina la proyección y me cuesta recordar que ha estado en ella, sólo me viene a la memoria la escena del Lazo de la Verdad, clásico humor “made in” Joss Whedon. La entrega que liderará en solitario debería haber llegado antes y la presente ser una conclusión o un punto y aparte a su trayectoria, como han hecho sabiamente en Marvel con todos sus protagonistas principales. Sin ir más lejos, parece un soso clon de Thor.

El drama familiar de Flash es escupido de mala gana, pero el chico resulta simpático, más humano que los demás. Se ve a un joven novato en esto de ser héroe, madura y se hace un hueco poco a poco. No deslumbra, se queda en un estereotipo un tanto limitado, y parece una imitación del Spider-Man de Capitán América: Guerra Civil, pero resulta agradable y su presencia y acciones sí vienen a la mente cuando piensas en la película. El actor Ezra Miller cumple en el papel de secundario cómico, pero faltaría por ver un progreso dramático más elaborado y cómo se desenvuelve en él.

Con Cyborg parece que intentan trabajárselo más, quizá por ser el más desconocido. Pero el lío paternofilial está demasiado visto y se desarrolla con clichés muy rancios. Al final hasta le hace ganar puntos a Flash: con él van al grano sin extenderse innecesariamente. En la comparación también pierde el actor Ray Fisher, incapaz de transmitir el supuesto tormento que vive su rol. Como héroe queda un remedo chapucero de Iron Man, con un traje y tecnología que todo lo puede, y como persona resulta más bien irritante.

Superman, con menos presencia, pierde más definición y profundidad, y mira que tenía poca. No se intuye de qué va ni qué siente. Se supone que ha de estar abrumado, pero parece pasárselo bien. El conflicto con Batman desaparece sin más, porque claro, acabaron bien después de todo… Pero entonces, ¿por qué el grupo teme que al resucitarlo vaya a por el hombre murciélago? Por cierto, increíble que Wayne, tan afligido por matarlo, no ayudara a su madre con las deudas que la llevan a quedarse sin casa. Y como decía, no existe conexión alguna entre Superman y la humanidad, por más que repitan la frase de que es un faro para la misma varias veces. Lo único digno de su presencia es que en la resurrección los guionistas se esfuerzan un poco. Luego está claro que no saben qué hacer con él, que meterlo en juego demasiado pronto acabaría con el malo en un pis pas, así que lo reservan con todo descaro para que los otros sufran un poco, con gilipolleces como que se preocupe por unos cuantos civiles a la huida (y eso que en El hombre de acero le importaron bien poco), cuando dejar al enemigo seguir con su plan es lo que podría causar un auténtico apocalipsis. Así que Superman queda otra vez casi al nivel del villano: un tipo súper poderoso que pulula por ahí sin saber qué lo motiva y qué piensa y que sólo pasa a primer plano para soltar hostias.

Batman posee cierto carisma y determinación, pero en el lado de Wayne, porque el hombre murciélago no me dice nada. Ben Affleck ha perdido fuelle (y ganado peso) respecto al buen papel en Batman vs. Superman: no se lo ve agobiado y tenso como debería ante tal empresa. Es otro que al terminar el visionado no sabes muy bien qué ha hecho, aparte de un par de escenas típicas donde lidia con la unión de la pandilla. Wonder Woman también apunta maneras. Tiene las ideas claras, quitando el absurdo de pasarse cien años de vacaciones, y algún diálogo digno. Pero una vez entrados en acción los atisbos de personalidad de estos dos desaparecen, engullidos por el caos sin contenido de la larga y cansina confrontación.

Está claro que el esfuerzo de Joss Whedon, centrado en definir mejor las relaciones de la banda, se ha ido en el tramo central, y que el final es puro Zack Snyder: fuegos artificiales (poco vistosos además) y nada de contenido. Porque la forma de rodar de Snyder y el paupérrimo nivel de los efectos especiales son el otro gran lastre de la saga y del episodio.

Es alucinante que se hayan gastado tanto dinero (recordemos: unos estratosféricos 300 millones de dólares) y luzca tan mal… de nuevo, porque no se entiende tampoco que sigan recurriendo al mismo equipo técnico que tan malos resultados da. Las pantallas de fondo cantan un montón (atención a la conversación de Clark y Lois en el maizal), las criaturas y escenarios digitales son propios de una película de hace veinte años (sonrojante la batalla de las amazonas), y el tramo final, todo hecho por ordenador, es puro videojuego, da lástima verlo. Para rematar, tenemos a Snyder y su incapacidad para dotar de ritmo y garra a la narrativa, y sus tics exasperantes: aspecto visual sintético, atardeceres eternos, cámaras lentas sin justificación alguna… Y la pena es que ni habiendo finalizado la cinta un artesano tan competente como Whedon se arregla la cosa, porque con unas pocas escenas sueltas es complicado cambiar un todo fallido, y aparte el estudio ha metido mano exigiendo un metraje de dos horas, cuando sabemos que había mucho material rodado (y probablemente obligaran a otras cosas, como a meter esos videoclips musicales tontorrones -el remix de The Beatles es incluso ofensivo- o a quitarle ropa a las amazonas -¡!-). Y me temo que el metraje final es tan caótico como el de Batman vs. Superman, tanto por el montaje de las peleas cuerpo a cuerpo, que siguen siendo bastante chapuceras, como en la narrativa global, que va a toda leche pero tropezándose y dejando huecos enormes.

Algunos de esos agujeros cantan mucho. Cuando se quedan tirados en los túneles porque Cyborg se larga, de repente aparecen afuera sin que sepamos cómo han salido. La solución de Batman con los insectoides sale de la nada, aunque quizá es mejor, porque me imagino una investigación absurda como la de Batman vs. Superman y me da la risa. Otro aspecto del rodaje extra que está dando que hablar es el dichoso bigote que tenía Henry Cavill para su siguiente película y eliminaron digitalmente con resultados muy cómicos, porque parece que han pintado con acuarela de color carne encima del labio.

En el lío de la producción también cambiaron de compositor. A estas alturas quieren a alguien con carácter, dejando de lado la electrónica sin alma de Junkie XL y al imprevisible Hans Zimmer, que lo mismo te hace un mix repetitivo de sintetizador que pare una genialidad, pero ahora anda diciendo que no quiere más películas de superhéroes. Así que han fichado a Danny Elfman, autor de la mítica partitura del Batman de Tim Burton, entre otras muchas maravillas. Eso no justifica que metan el tema principal de aquel Batman aquí, pero es que ya de paso incluyen también un homenaje al Superman de John Williams, con lo que da la sensación de que el estudio quería tirar de los buenos recuerdos de los espectadores para levantar el nivel emocional. El resto de su labor no destaca, y menos con tanto ruido. Si bien se agradece una orquestación más trabajada, la composición es de acción rutinaria, no se esmera (o no lo dejan) en crear motivos concretos para personajes (sólo recupera brevemente el simplón de Wonder Woman) ni en una trayectoria temática sólida, quedando una obra impersonal y predecible. De hecho, en algunos momentos se lo ve bastante limitado, como esos forzados violines lacrimógenos de las partes más dramáticas e íntimas.

El argumento trillado, las situaciones tan vistas, la poca enjundia intelectual, los protagonistas estereotipados y de escaso recorrido, y el acabado visual de cine cutre, dan como resultado una película ingenua, torpe, fea, que parece anticuada, como de los tiempos del Superman de Richard Donner, impropia de esta época donde el género alcanzó su madurez hace unos años, precisamente con otro Batman, el de Nolan, y se mantiene en todo lo alto desde entonces gracias a la serie Los Vengadores y los giros adultos de la agonizante X-Men, Logan y Deadpool.

Y una vez vista y digerida es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿El estudio ha apartado a Snyder y fichado a Whedon para tratar de encauzar un barco que se hunde? Ojo, no quiero frivolizar con la tragedia familiar que vivió Snyder, pero de haberse retirado para reponerse mentalmente lo lógico es que el estudio terminara el rodaje en la línea de este autor, la línea que le estaba imprimiendo a la serie. Inicialmente todos pensamos en lo más lógico: ficharon a Joss Whedon porque es uno de los mayores expertos en cómics de Hollywood y un notable guionista y director (de hecho, es un pilar fundamental en Los Vengadores). Pero en frío era imposible no razonar que el estilo (y el nivel cualitativo) de Whedon y el de Snyder son muy distintos, y que no pinta mucho para un trabajo tan poco gratificante como finalizar y editar la película de otro. Había muchos autores sin temperamento pero con experiencia que podrían haberlo hecho. Sólo se me ocurre que podría haber firmado para este mal trago a cambio de poder realizar la adaptación de Batgirl que persigue desde hace tiempo.

Siguiendo la labor de Whedon en el proyecto (por las noticias y declaraciones que ha habido) y analizando el resultado final, las dudas aumentan muchísimo. Sabiéndose que con él al frente el estudio buscó reforzar las relaciones entre personajes y un tono menos funesto y solemne, amén de reducir el metraje agilizando el ritmo y quitando morralla (Snyder nunca supo ir al grano), parece quedar claro que han mirado al éxito de Wonder Woman, con su estilo más luminoso y aventurero, y a la vena humorística que tan buenos resultados le da a Marvel. Es decir, todo apunta a que siguen improvisando y modificando la serie sobre la marcha, intentando encontrar un estilo y una personalidad según soplan las críticas, y han tratado a última hora de encauzar un filme que, finalmente, como Batman vs. Superman y Escuadrón suicida, se les ha ido de las manos. Para colmo, ahora andan algunos seguidores clamando por una versión del director editada por Snyder, como si de repente resultara que él no es el principal problema de la saga.

La liga de la justicia es otro fracaso (hasta el póster es horrendo) en una serie que deberían dejar morir (deberían haberlo hecho desde El hombre de acero) y reiniciar en unos años con buenos guionistas y directores y con la planificación adecuada.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
-> La liga de la justicia (2017)

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Thor: Ragnarok

 


Thor: Ragnarok, 2017, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 130 min.
Dirección: Taika Waititi.
Guion: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost; Jack Kirby, Larry Lieber, Stan Lee (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Mark Ruffalo, Idris Elba, Tessa Thompson, Jeff Goldblum, Cate Blanchett, Karl Urban, Anthony Hopkins, Benedict Cumberbatch, Rachel House.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: El ingenioso guion (fantástico el tono tragicómico), la excelente puesta en escena (dirección, efectos especiales, vestuario, música), el carisma de los actores.
Lo peor: Que por tener mucho humor algunos la tilden de “comedia tonta”, ignorando o siendo incapaces de ver su inteligencia y mala leche.

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Alerta de spoilers: Sólo describo algunas cosas generales de la trama, pero si quieres verla sin saber nada (ni lo que revelaban en los tráileres, que para mí es más de la cuenta) quizá sea mejor no leerme.–

Es complicado enfrentarse a un obra de superhéroes sin que la fantasía y los efectos especiales engullan la humanidad del personaje y la verosimilitud de la historia. Aunque la serie Marvel de Disney empezó con buen pie con Iron Man, el traspiés de El increíble Hulk (ya olvidada convenientemente por todos) volvió a sembrar dudas: ¿y si a pesar del potencial se sigue poniendo más empeño en los fuegos artificiales que en trabajarse adecuadamente los guiones y los protagonistas? Por ello el primer capítulo de Thor se esperaba con inquietud entre los seguidores, más teniendo en cuenta su temática de dioses, planetas y ciudades muy imaginativos. Pero acertaron bastante con su tono ligero, huyendo de pretenciosas intrigas de la corte y descomunales guerras entre dioses que tenían todas las de salirse de madre para centrarse en una aventura más terrenal, más humana: un par de jóvenes inmaduros (Thor y Loki) embarcados en una aventura de crecimiento y aceptación de la responsabilidad no por predecible menos entretenida. La segunda parte siguió por el mismo camino, y aunque se frivolizó más de la cuenta con algunos personajes secundarios, volvió a salir bastante bien la jugada.

Para la tercera entrega han decidido no arriesgarse y seguir por la misma tónica. El resultado supera las expectativas, mostrando la madurez de la serie y la capacidad de sus autores para seguir arañando historias de cómics sin caer en la vergüenza ajena ni estancarse en estereotipos. Pero, para mi sorpresa, hay un buen número de fanáticos que se lamentan de que no haya habido un giro hacia una épica más trágica y oscura. Argumentan que la saga de Los Vengadores está en pleno punto álgido tras vivir la guerra civil y estar a punto de lanzarse hacia el conflicto galáctico con Thanos, y sobre todo que este capítulo versa sobre el Ragnarok, la profecía del fin de Asgard. Aunque se pueda divagar y teorizar sobre alternativas, al final hay que ser objetivos y calificar la película por lo que ofrece, no por lo que se quisiera que fuera. Además, si la línea de este superhéroe funcionaba bien así, ¿para qué cambiar? En la saga DC (El hombre de acero, Batman vs. Superman, Wonder Woman, Escuadrón suicida y La liga de la justicia) van de oscuros y serios y precisamente caen una y otra vez en el desastre que con habilidad evitan en Thor: forzar un aura seria que resulta muy impostada y fría, y aferrarse a los clichés del héroe correspondiente y el género sin ser capaces tan siquiera de dejar que los personajes respiren, cobren vida propia.

Para retratar con un realismo dramático profundo la vida en el planeta Sakaar habría que inclinarse por la ciencia-ficción intelectual y compleja a lo Blade Runner 2049, lo que sin duda implicaría un tono serio y reflexivo que no pega en esta serie. La odisea de Thor en modo de dramón intenso tampoco encaja, lo mire por donde lo mire; es de tipo mitológico, ha de tener un estilo aventurero, el crecimiento y las moralejas tienen que emerger de algo más emocionante que siniestro. Y desde luego no veo forma de abordar la lucha de titanes como Thor, Loki y Hela con un estilo grave y trascendental sin provocar risa involuntaria, como ocurrió con la esperada batalla de Batman vs. Superman o el lastimero desenlace de Wonder Woman; por lo pronto, para hacer tangible y verosímil a Hela requería un desarrollo como el de Loki, con mucho protagonismo e incluso varias películas a cuestas, y no había necesidad, es únicamente el objeto de la trama, el macguffin que hace mover a los demás personajes, así que la confrontación ha de limitarse a acción comiquera, cualquier otra cosa es desviarse y perder el tiempo.

Precisamente resulta que lo mejor de Thor: Ragnarok es su desatado sentido del humor, que algunos no han sido capaces de entender del todo (o nada). No son chistes tontos, ni una forma facilona de complacer al espectador, y eso a pesar de que como es obvio la película tiene que ser entretenida y gustar a todos. Estos chistes son la esencia misma del relato. Cuando Thor cree haber madurado se encuentra con una situación que le viene muy grande, nada más y nada menos que la realización inminente de la profecía que señala la destrucción de su mundo natal. Y por si fuera poco ha de plantar cara con menos armas que nunca: exiliado, vencido, sin amigos ni aliados. Todo su desconcierto, sus miedos, sus problemas y los esfuerzos fallidos se plasman con un sentido del humor inteligente y gamberro como pocas veces se ha visto en una comedia del Hollywood contemporáneo. Cada gracia, por absurda que parezca, lleva detrás el peso de toda esa situación, con lo que posee varias capas de ironía y drama, de forma que te ríes de muchas formas: por lo delirante de la situación, por los desgraciados que viven en ella, por el viaje caótico y desesperanzado de Thor… Y a la vez compartes el dolor del protagonista y eres consciente de la toda la miseria y penurias que lo rodean. ¿Qué necesidad había de regodearse en un forzado drama personal, sabiendo desde el principio que Thor saldría airoso? Mucho mejor es que nos lleven a una montaña rusa de emociones con una tragicomedia ingeniosa, que ofrezcan una perspectiva mordaz, original, impredecible.

La cinta resultante es espectacular, una locura que sólo flojea en unos pocos detalles, ninguno especialmente grave. El principal lastre es el rol de Karl Urban, Skurge, inerte y aburrido a pesar de tanta presencia; para ello que le hubieran dado más protagonismo a los colegas de Thor, que son despachados repentinamente de mala manera después de haber tenido muy poca presencia en las entregas previas. También es evidente que la proyección pierde fuelle e ingenio en el desenlace, donde no logran aportar situaciones y chistes que aderecen típica batalla final; por ejemplo, estaba claro que Banner se estamparía contra el suelo. Además, el salto de Sakaar a Asgard es un tanto brusco.

El ritmo es impecable, la combinación de acción, humor y desarrollo de personajes casi alcanza el nivel extraordinario de Guardianes de la galaxia 1 y 2. No había visto ni un tráiler, ni una fotografía y reportaje (como es habitual, más reveladores de la cuenta), y me ha sorprendido en numerosas ocasiones. No concebía que el glamuroso Thor acabase en un planeta vertedero, y aunque intuyera que cumpliría con su destino casi toda su aventura mantiene bien la incertidumbre hasta el tramo final. Y por si fuera poco, este desconcierto se exprime a lo grande con ese punto delirante y estresante que emerge tan bien del sentido del humor. En cuanto a los protagonistas, ya teníamos asegurado el carisma de los principales (Thor –Chris Hemsworth-, Loki –Tom Hiddleston-, Heimdall –Idris Elba-), a los que sumamos la inesperada presencia de Hulk/Banner (Mark Ruffalo), que se gana su hueco a pesar de ser una epopeya centrada en Thor y su pueblo. Y los secundarios, exceptuando ese pegote fallido de Skurge, dejan muy buenas impresiones también. Valkyrie por definición tiene un recorrido predecible, pero se trabaja bien y la actriz Tessa Thompson es competente, así que se conecta con ella bastante bien. El Gran Maestro resulta inquietante y gracioso a la vez, algo difícil de lograr tanto desde el guion como en la interpretación, y no fallan en ninguna de las dos; Jeff Goldblum de hecho está fantástico. Y como indicaba, Hela funciona bien como villana sin más objetivo que ser la catalizadora de la historia de los protagonistas, amén de que Cate Blanchett como siempre está estupenda. Aparte queda el Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), cuya presencia no se entiende muy bien, aunque su escena es simpática.

La puesta en escena es impecable, la labor del desconocido (pero no novato) Taika Waititi es muy sólida, y se apoya muy bien (sin dejarse eclipsar) en una dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales inconmensurables. Aunque ya difícilmente puedan sorprender en lo visual, desde luego hay muchos ejemplos en recientes superproducciones de que se puede hacer mal: la cutrez incomprensible de la saga DC o La gran muralla son los mejores ejemplos. Donde sí hay cierto riesgo es en la banda sonora: el también desconocido compositor Mark Mothersbaugh consigue una música electrónica ochentera vibrante a la vez que juega con el homenaje a la época muy bien. Es cierto que con Guardianes de la galaxia (y con Stranger Things si nos vamos a la televisión) la valía de lo retro ha quedado bien probada, pero bien podía haber salido mal. De hecho, la inclusión en repetidas ocasiones de un tema de Led Zeppelin, rock duro de los años setenta, desentona bastante.

Thor: Ragnarok ambiciona y ofrece prácticamente lo que exige el género, el argumento, los personajes y la trayectoria de la serie (¿cómo no iba a acercarse a Guardianes de la galaxia si se están uniendo las tramas?). Esto no es El Caballero Oscuro, ni Logan. Es Los Vengadores. Quien quiera ver otra película que se la busque, pero que no se ponga a llorar diciendo que la presente es mala porque no es lo que quería. Con ese llanto infantil muchos son incapaces de ver que Thor: Ragnarok es mucho más inteligente de lo que parece a simple vista, que su calidad y personalidad elevan el listón más allá de lo esperado. Espero que con el tiempo lo vean. Estoy convencido de que ganará reconocimiento con los años.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
-> Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Spider-Man: Homecoming


Spider-Man: Homecoming, 2017, EE.UU.
Género: Acción, comedia, superhéroes.
Duración: 133 min.
Dirección: Jon Watts.
Guion: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers.
Actores: Tom Holland, Jacob Batalon, Michael Keaton, Robert Downey, Jon Fabreau, Laura Harrier, Tony Revolori, Marisa Tomei, Zendaya.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ingeniosa, divertidísima. Capaz de darle la vuelca de tuerca justa para pasar como fresco a un personaje muy exprimido.
Lo peor: Aunque todavía se nota cierta cobardía, y hay pequeños cambios que no serán del agrado de todos. La confrontación final peca de ruidosa pero poco emocionante.
El anuncio: Descarada la promoción de Lego Star Wars…
La frase: Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo.

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No iba con muchas esperanzas. Empezar la tercera serie de Spider-Man en tan pocos años no auguraba nada bueno. Dolió que no fueran capaces de continuar la etapa dirigida por Sam Raimi (2002-2007), pues a pesar de haber nacido con un capítulo inicial bastante mediocre pegó un subidón enorme en el segundo y tercero, por no decir que contaba ya con una historia y unos personajes ya bien maduros y unos actores muy implicados. Hurgó más en la herida que reiniciaran al arácnido apresuradamente en dos nuevas entregas (encargadas a Marc Webb en 2012 y 2014) en las que los productores no habían aprendido nada de errores ya superados en un género que entraba ese año en su punto álgido con Los Vengadores: las injerencias del estudio en la labor creativa de guionistas y directores, la obsesión por cumplir con todos los clichés del género y el personaje sin buscar una solidez y una personalidad concretas, no planificar la serie a largo plazo y no cuidar la elección de los actores, pues los nuevos rostros resultaron bastante lamentables. Al menos en Sony, poseedores de los derechos del superhéroe, se dieron cuenta por fin de lo mal que lo hicieron y cedieron la parte creativa a Disney/Marvel.

Pero no sirvió para levantarme las expectativas. Las últimas entregas de la saga Marvel destinadas a presentar nuevos personajes fueron un tanto conservadoras. Ant-Man y Doctor Strange cumplían muy justitas, y si funcionaban era porque lograban que cada protagonista tuviera cierto magnetismo. De hecho en Doctor Strange fue decepcionante que se aferraran tanto a la fórmula cuando tenía tantas posibilidades. Pero claro, qué iba a hacer, ¿saltarme un capítulo a estas alturas? Aparte de quedarme al margen en temas de conversación me arriesgo a perder parte de información de la serie. Así que al final caí… Y me ha sorprendido muy gratamente. No será la mejor entrega de Spider-Man, pues Spider-Man 2 dejó el listón muy alto, pero como episodio inicial cumple muy bien a pesar de las dificultades que enfrentaban y abre las puertas a la confianza en que en las secuelas lleguen más lejos.

Lo primero que salta a la vista es la actualización de la historia a los tiempos actuales, teniendo como objetivo además un público incluso más juvenil que el habitual en Marvel, pues el tono y el contenido se dirige claramente a críos de diez años para arriba. Y por ello sorprende que en EE.UU. tenga calificación +13 en vez de PG, donde a partir de los diez años pueden entrar con los padres. Y mientras, Guardianes de la galaxia Vol. 2 tiene escenas inquietantes, palabrotas gordas y referencias sexuales y es +13 también. En España Spider-Man: Homecoming se ha considerado para mayores de 7 años y Guardianes de la galaxia Vol. 2 +12. Lo único malo de esto es que quizá hay que aguantar demasiadas canciones, aunque aquí me ponen ante una disyuntiva: ¿qué es preferible, escuchar otra vez los temas más sobados de los Ramones y The Rolling Stones, o que hubieran metido Justin Biever y “requetón”?

Las generaciones de preadolescentes y adolescentes actuales están muy bien representadas y el mensaje clásico del cómic se maneja con inteligencia. Peter Parker juega a ser youtuber, se obsesiona con imitar a los famosos (Los Vengadores), deja de lado sus responsabilidades por seguir los deseos inmediatos, y espera que todo se arregle solo mientras no se preocupa de lo que tiene delante. Bajo la batuta de Iron Man y los encontronazos de la vida deberá ir madurando y aceptando la responsabilidad. Por ello resulta realmente ridículo que haya críticas diciendo que esto no es Spider-Man porque “no se habla sobre responsabilidad”. Toda la película lo hace, todas las situaciones en que se ve metido el protagonista lo empujan hacia la maduración: enfrenta dilemas, mete la pata, se lleva no pocas lecciones, y crece poco a poco. Y el eslogan ineludible, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se incluye con tacto después del ridículo que hicieron en The Amazing Spider-Man con que si lo decían o no: “Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo”.

El conflicto interno de Peter queda muy bien materializado, la relación con Tony Stark y Happy y con los demás chavales se trata con naturalidad y sin cursiladas, con lo que estamos ante una anomalía muy de agradecer, una cinta juvenil, una de institutos, sin tonterías ni estereotipos vulgares. El drama es sencillo y obviamente centrado en la acción de superhéroes, con lo que es inevitable imaginar por dónde irá la aventura. Pero con el tirón de los personajes engancha muy bien, y el ritmo enérgico y el sentido del humor ingenioso e inagotable terminan de perfilar una película muy divertida.

Se despacha rápido el origen. Parker dice “Me picó una araña”, y a otra cosa, que ya lo conocemos bien. El tío Ben no nos tortura con su drama, sacrilegio para unos, una liberación para otros por no atarse a lo mismo de nuevo. Pero estamos hablando de un capítulo en la vida de Peter donde es crucial. O dices a las claras que en esta adaptación no existe el tío, o lo muestras de pasada (un diálogo, una foto) para que sepamos que sí, porque como es de esperar no indicar nada está confundiendo y decepcionando a muchos. Igualmente, la queja de que Tony Stark le hace el traje la entiendo, pero esta no me parece una transgresión grave, lo raro sería que Stark lo coja como pupilo y no le ofrezca nada de ayuda; y mientras, Peter se hace las telas de araña y se describe bien como un genio.

En cuanto a la presencia de Iron Man, pues sí, se la podían haber ahorrado, se nota el miedo a que no funcionara y que lo han usado para darle un empujón a la confianza del público. Pero una vez vista sólo puedo ponerle pegas al innecesario epílogo dedicado a Tony sin venir a cuento, mientras que en el resto de la cinta su presencia es concisa, destinada por completo a servir en la maduración de Peter sin robarle protagonismo alguno. Además, da a la película una entidad como capítulo que no han tenido otras, donde se unían con escenas postcréditos fugaces. Por ejemplo, era inevitable preguntarse por qué Los Vengadores no aparecieron en Thor: El mundo oscuro, cuando una nave amenaza Reino Unido, y se los echó de menos cuando el envite de Ego en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 alcanza a la Tierra. Por otro lado, hilando fino se podría señalar una falta de continuidad con la aparición de Spider-Man en Capitán América: Guerra Civil. Allí parecía un luchador entrenado, resuelto, sin miedo… aquí vemos que es bastante patán, que está en sus primeros intentos de implicarse en luchas más grandes; pero supongo que también se puede justificar con que allí fue muy entusiasmado y no había civiles en peligro que lo pusieran nervioso.

El trabajo de los actores es excelente. Con la elección de Tom Holland (quien se dio a conocer en Lo imposible) han acertado de lleno, muestra espontaneidad y recursos de sobras para cumplir en la inocencia juvenil, en el drama y en el romance (por fin escenas de ligoteos torpes que resultan verosímiles… todavía recuerdo la vergüenza ajena que dieron las de The Amazing Spider-Man). Los demás compañeros tienen también la simpatía y carisma necesarios, aunque es justo decir que el guion hace gran parte del trabajo describiendo con realismo el entorno del instituto. La tía May sale muy poco, pero lo suficiente para que quede claro que han fichado a una actriz más joven y sexy de lo que requiere el papel, la todavía muy atractiva Marisa Tomei, para atraer más público. Otro pequeño cambio sin necesidad, pero una vez superado el shock, pues cumple en sus breves apariciones y ya está. Veremos cuando le den más protagonismo qué tal resulta. Jon Fabreau (Happy) y Robert Downey (Tony) han demostrado de sobras su valía, y se emplean como buenos profesionales, sin dar la sensación de estar por obligación. Y Michael Keaton como el Buitre compone un villano bastante completo, en parte también porque el guion le ha dado cierto margen, pero es indudable que está muy efectivo en la creciente frustración y desesperación del personaje.

En la banda sonora tenemos al pluriempleado Michael Giacchino, que ha pasado por todas las sagas exitosas del momento: Star Trek, La guerra de las galaxias, El planeta de los simios, Parque Jurásico, Misión Imposible y varias películas de Pixar. Y el tío no muestra cansancio o desgaste. Nos ofrece otra partitura vibrante y orquestada con maestría a la que sólo le falta un poco de personalidad y recordabilidad, algo común en la serie Marvel, donde apenas Alan Silvestri ha conseguido algún tema que cale y al que los productores le hayan dado algo de proyección entre los distintos capítulos.

El director Jon Watts apenas era conocido, su único trabajo destacable es Coche policía, un thriller protagonizado por Kevin Bacon, así que sorprende que confiaran tanto en él para una superproducción. Pero se desenvuelve con soltura, combinando adecuadamente los momentos intimistas con la acción aparatosa. Destaca para bien el ritmo impecable, lo bien que capta la vitalidad del guion. Y en lo malo, la confrontación final es poco vistosa: entre la oscuridad, el caos y la falta de imaginación, no luce como otras peleas de la propia película y de la serie. Lo que queda por saber es si ese escenario es imposición de los productores o fue idea suya. Sea como sea, señala el único problema de una cinta que iba apuntando bastante alto: al final sí acaba un poco encorsetada por algunos clichés del género que no son capaces de quitarse de encima.

Con el villano parecía que iban a acertar de lleno también, pero el camino andado se deshace bastante en un arco final muy facilón. A lo largo de las vivencias de Peter Parker colocan unas pocas pero efectivas escenas donde presentan al contrincante de turno, trabajándose bien su situación y su personalidad, y cómo los cambios en la primera influyen en la segunda. Y para rematar las buenas sensaciones, a la hora de hacerlo chocar con Spider-Man incluso tenemos un giro inesperado que maneja bien la sorpresa y la tensión. Por todo ello decepciona que al final deshagan lo construido y se apoyen por completo en una batalla de efectos especiales. ¿Es que nadie es capaz de ofrecer desenlaces más originales? En Doctor Strange al menos lo intentaron. Así pues, mientras todas las aventurillas de Parker (incluso las más pasadas de rosca, como el aprendizaje sobre la marcha de las opciones del traje) mantienen una buena conexión con el espectador, pues es fácil sentir empatía por el joven y sus amigos, cuando llega el momento cumbre la emoción se disipa bastante. A la larga incluso acabé un saturado de tanta hostia en el clímax, sabiendo de sobras cómo iba a acabar. Y para colmo, el paso final en la maduración de Spider-Man es un poco confuso: Stark ahora lo aplaude, cuando ha hecho lo mismo que por lo que antes le riñó en el ferry, ir en solitario y liarla parda (abajo en spoilers me extiendo).

Otro ligero lastre es que tampoco saben darle un buen cierre. Las escenas de rigor para terminar de posicionar cada personaje son obviedades que no tienen mucha garra, sólo destacan por un par de chistes (como el último de tía May). Pero sobre todo le pesa que se salen por la tangente dándole toda una escena a Tony Star que por primera vez le quita protagonismo a Peter Parker. No parece necesaria y añade minutos inútiles.

Alerta de spoilers: Ahondo en los detalles finales.–
Como digo, Spider-Man, tras la traca final, es bien considerado por Tony a pesar de que la única diferencia respecto al lío del ferry es que lo ha hecho sin el traje súper avanzado que le dio y que esta vez ha capturado al malo, pero en el fondo es la misma situación, ha ido solo, sin avisar a nadie (algo que le criticó Tony en aquel entonces), y el desastre en que podía haber acabado su implicación es bien patente, pues esquiva la ciudad por los pelos. Es decir, al final, tras tanto hablar de maduración, parecen encauzarlo más de la cuenta hacia su habilidad como superhéroe. Se recupera un poco con el rechazo de Peter de plantarse ante los periodistas, es decir, con que su ego está aplacado. También se recupera brevemente el nivel del villano en su escena post-créditos, otorgándole de nuevo un poco de humanidad.

Por último, tenemos una decisión de adaptación, con sorpresa final incluida, un poco extraña. Igual que con lo de omitir al tío Ben, ¿por qué ese empeño en poner una chica nueva como objetivo sentimental de Peter? ¿Qué problema había con empezar cimentando la relación con MJ, y más cuando está claro que abordarán este acercamiento en siguientes entregas? Han perdido un tiempo precioso sin razones que lo justifiquen. No queda nada mal, la película funciona bien así, pero estás adaptando una obra que sigue mucha gente, no tiene sentido dejarlos de lado sin necesidad.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El soldado de invierno (2014)
Guardianes de la Galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017)
-> Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (2020)

Wonder Woman


Wonder Woman, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéreoes.
Duración: 141 min.
Dirección: Patty Jenkins.
Guion: Allan Heinberg, Zack Snyder, Jason Fuchs, William Moulton Marston (creador del personaje).
Actores: Gal Gadot, Chris Pine, Danny Huston, David Thewlis, Ewn Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock, Robin Wright, Connie Nielsen, Lucy Davis, Elena Anaya.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: El choque cultural de Diana con el mundo exterior, con humor y conflictos interesantes.
Lo peor: El resto, un relato ahogado en tópicos hasta resultar bastante aburrido. La puesta en escena, normalita y con salidas de tono innecesarias, pero sobre todo con unos efectos especiales malísimos. Los actores: ni Gal Gadot ni Chris Pine están a la altura.
La pregunta: ¿Por qué Bruce Wayne y Diana se escriben en castellano? Otra película donde traducen el texto sustituyendo el original, creando un absurdo enorme. Hace poco lo hicieron con Jason Bourne, y más atrás el Capitán América (en El Soldado de Invierno) se dedicaba a tachar de su lista de cosas pendientes eventos culturales relevantes de España en vez de su país.

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Parece que Wonder Woman ha llegado para salvar la imagen de la serie DC de Warner Bros.: crítica y público la han recibido asombrosamente bien, al contrario de la decepción, o al menos del sinsabor, más o menos generalizada que dejaron las tres entregas previas. Y si un bodrio como Batman vs. Superman obtuvo casi novecientos millones de dólares mundiales en la taquilla a pesar del boca a boca que la ponía bastante mal (superando a peliculones como Guardianes de la galaxia y El Soldado de Invierno), y Escuadrón suicida sólo perdió cien millones respecto a aquella a pesar de ir sobre aviso, la presente, con tanto entusiasmo, tiene todas las de pasar de los mil. Y no lo entiendo, porque es otra entrega que dista de ser una buena película.

Todo está mal en Wonder Woman. O al menos flojo, desganado, como en El hombre de acero, porque Batman vs. Superman y Escuadrón suicida dejan claro que se puede hacer peor. Empiezo por la actriz Gal Gadot. Ha deslumbrado tanto con su belleza que a la hora de enfrentar su trabajo real pocos parecen haber visto lo mismo que yo: un papel muy justo como heroína de acción, pero sobre todo un registro dramático infame. En los momentos clave, ya flojos de por sí, me terminó de expulsar del todo de la conexión con las imágenes su irreal y forzada interpretación. Chris Pine tampoco me convence, y eso que venía de haberme sorprendido muy para bien en Comanchería después de parecerme un patán en las primeras películas donde lo vi, Star Trek 2009 y Jack Ryan: Operación Sombra. Aquí tiene el mismo rol que en esas, el de guaperas un poco engreído, y lo interpreta con el mismo escaso registro. Está clara la diferencia que puede marcar la presencia de un buen director que sepa exprimir a los actores. Unos personajes tan monocromáticos, que basan su fuerza únicamente en su integridad moral, o sea, en ser héroes impolutos e inquebrantables, porque más profundidad no tienen, han de apoyarse unas interpretaciones con mucho tirón para poder sostener una película sobre sus hombros. Y aparte de la escasa pasión que desprenden hay que contar también con que de carisma andan bastante escasos.

Pero estos dos protagonistas tan poco llamativos por separado se salvan, e incluso logran resultar algo simpáticos, porque a la hora de juntarlos surge cierta química y situaciones un poco más elaboradas, alguna incluso con cierto poso. No llegan a dar algo deslumbrante, ni encontramos momentos originales, pero al menos se levanta bastante el interés. El choque cultural y moral es de hecho el esqueleto que sostiene a la película, lo único que la salva de un suspenso claro. La curiosa y activa Diana (pronunciado “Daiana”) se encuentra con una anomalía cultural y, en vez de rechazarla y volver a su rutina, se implica de lleno con pasión. Quiere aprender qué es el hombre (tronchante la escena del baño), y su falta de conocimientos prácticos ofrece momentos divertidos y bonitos (sobre todo relativos al sexo y sus tabúes). Pero sobre todo destaca su ética rígida, que la lleva apartarse de su pueblo conservador que mira hacia otro lado cuando se presenta el mal para el que precisamente han estado preparándose, y a dar la tabarra a los generales humanos. Su determinación, ingenua y casi fanática, contrasta con la experiencia de Steve Trevor, un espía también implicado hasta la médula en la guerra. Las situaciones en que ella no puede ver la perspectiva global porque la abruma la tragedia inmediata (soldados y refugiados heridos) son bastante efectivas.

Pero aunque consiguen enganchar un poco, hacer llevadera una historia muy facilona, el relato en general no consigue la emotividad y la profundidad exigibles para que con un envoltorio tan trillado pueda dejar huella. Todo se ve venir muy de lejos, con lo que ninguna revelación, giro y maduración sorprende, y mucho menos va a llegar con intensidad. La heroína con el destino marcado, el mentor sabio que sabe más de lo que dice, el contacto con el mundo exterior, las reticencias y miedos iniciales, la caída del mentor que la empuja a abandonar el nido, la presentación del enemigo, ese que es malo porque sí, el capítulo central de acción de relleno acompañado de la formación del grupo de secundarios, el asalto final a la guarida del villano… En ninguna de las fases hay un solo amago de buscar algo que pueda disimular la total falta de novedades (el parecido con Capitán América: El primer vengador es excesivo), ni un esfuerzo por alcanzar algo más de complejidad emocional e intelectual. De hecho ocurre lo contrario, va perdiendo fuelle conforme avanza. A la cantidad de escenas predecibles hasta resultar bastante aburridas, a los giros y soluciones igual de apáticos, hay que añadir las muchas vaguedades cuando no agujeros de guion, más un aspecto visual que no da la talla como superproducción.

Parece que se dejaron casi todo el presupuesto en Temiscira, donde hay planos muy logrados de ciudades y paisajes imaginarios, y además a plena luz del sol. Ahí parece también que Patty Jenkins iba a dirigir con más sobriedad y naturalidad que Zack Snyder. Pero la escaramuza en la playa ya empieza a sembrar la duda. Demasiada filigrana absurda, demasiada amazona disparando flechas en posturitas muy inverosímiles, y demasiada cámara lenta innecesaria que rompe el ritmo. Y una vez en la guerra empieza a dar la impresión de que se ha acabado el dinero y las ideas. El presupuesto se estima en 150 millones de dólares, que es mucho, pero viendo que las otras entregas rondaron los 250 y no lucieron mejor, está claro que no saben sacarle partido. La introducción de Steve, escapando en avioneta de los alemanes, es horrenda, menudo cante las pantallas de fondo. La supuesta gran batalla en las trincheras muestra a unos veinte soldados en un escenario minúsculo, y se resuelve con cuatro tiros y patadas. No hay sensación real de guerra, algo que agrava porque no hay ni gota de sangre, Diana sólo usa la espada para golpear; normal que no la lleve en una vaina, no tiene filo. No sé de qué van en esta serie: Batman vs. Superman era pretendidamente oscura, Escuadrón suicida supuestamente chunga… pero a la hora de la verdad resultaron prácticamente aptas para todos los públicos. El asalto al pueblo está mejor ejecutado, pero no sorprende, y el abuso de las cámaras lentas se va convirtiendo en un lastre enorme: cuánto saltito y fotograma congelado sin venir a cuento… ¿Esto es lo que entienden por espectáculo? En la falta de épica tiene culpa también la pobre banda sonora de Rupert Gregson-Williams, otra hecha con plantilla que apenas pasa de un murmullo de fondo, y donde además el tema que Hans Zimmer compuso para Wonder Woman en Batman vs. Superman no pega ni con cola: ese rock apareciendo de la nada a todo volumen queda fatal.

El final, aun con este pobre nivel, es un bajón enorme. Primero, porque los villanos son de risa, estereotipos vulgares incapaces de transmitir nada. Segundo, porque es el mismo desenlace que el de casi todas las del género, pero en esta serie, con su excesiva simplificación argumental y su flojísimo acabado visual, resulta realmente fallido, un cutre monstruo de fase final de videojuego. A las pantallas de fondo, las nieblas y humos para ocultar la escasísima calidad de las digitalizaciones, destacando los cantosos dobles (y pensar que en Marvel llevamos años viendo peleas enteramente digitales y no se nota nada), se le suma el infantil progreso de la batalla: ahora me saco un golpe o un rayo más grande de la manga, ahora yo otro más, y así hasta que deciden terminar de una vez por todas.

Este desastroso desenlace deja muy malas sensaciones y casi hace olvidar las pocas virtudes que presentaba, el potencial que han desaprovechado por anclarse a un esquema tan pobre. Wonder Woman es otra película del montón que incomprensiblemente va a hacer un montón de dinero.

Para variar, el doblaje es regulero. Las voces de todas las actrices parecen muy forzadas, como si estuvieran leyendo el guion por primera vez, sin emoción, sin adecuarse al contexto, y encima a las amazonas le ponen un acento extraño… No sé si el acento está en el original, y si funciona en caso afirmativo, pero en castellano no queda bien. Tampoco me gusta que cuando se supone que se está hablando alemán lo único que hacen los actores es poner acento alemán. En cambio otros idiomas salen como tales y subtitulados.

Alerta de spoilers: A partir de aquí la destripo a fondo.–

La presentación de la heroína da demasiadas vueltas sobre su necesidad de saber más y de crecer rápido. Sabemos que la madre aceptará el entrenamiento, que llegará el punto de inflexión donde dudará sobre si abandonar lo conocido para embarcarse en el viaje, y que habrá un giro donde su mundo sufra un revés (la típica muerte del mentor, en este caso la general –Robin Wright-) que la empujará por fin a decidirse. Así que estirarlo tanto, reincidir tanto en obviedades, resulta contraproducente: en esta larga y monótona introducción me envolvió el aburrimiento y la sensación de decepción, de que me he dejado engañar otra vez, y apenas se disipa en el siguiente segmento, pues, como señalaba, el choque con el mundo exterior es lo mejor pero lo desaprovechan demasiado. Que el tipo con el que se embarca en la aventura sea un mazizo algo pagado de sí mismo con el que surge un flechazo instanténeo es otra desilusión. ¿Por qué esa obsesión con apoyarse en estereotipos tan manidos? ¿Qué miedo hay a escribir personajes más humanos, más complejos? De un espía curtido en la guerra me espero a un asesino, a alguien sin escrúpulos, y quizá amargado o con traumas. Pero nos ponen ante alguien que es tan superhéroe como ella, sólo que sin superfuerza. En otras palabras, ambos son unos estereotipos demasiado limitados y fríos, dudo que por separado no hubieran hundido la cinta por completo, y juntos, como decía, tienen buenos momentos, pero tampoco se exprime del todo el potencial latente.

El grupo no ayuda. Todos se apoyan en una característica trivial y de ahí no se mueven. El parecido con Doce del patíbulo, uno de los referentes de cinta bélica con un grupo dispar enfrentado a una misión suicida, remarca muchísimo la diferencia de calidad, o más bien la diferencia con la forma de hacer cine en la actualidad. Hay excepciones, pero pocas, y lo gracioso es que son precisamente de la competencia: Los Vengadores y Guardianes de la galaxia son grandes ejemplos de películas de grupo. Los miembros de esta panda no tienen personalidad, ninguno evoluciona hacia algo concreto o sirve para desarrollar una historia tangible. ¿Qué hacen en el relato entonces? Lo más absurdo es que mencionan un trauma en el francotirador, pero no aporta absolutamente nada. Es más, él no aporta nada; el actor metido a timador por lo menos tiene una escena en que su habilidad sirve para algo, y el indio también, aunque sea bastante cutre (la del humo que sólo ve el protagonista), pero aun así ni se acercan a un mínimo exigible. La secretaria (Lucy Davis) merece una mención aparte. La gorda simpática me resulta una vulgaridad en su propia concepción, pero el tono humorístico surrealista que le ponen, a base de ruiditos y murmullos estúpidos, termina de convertir sus apariciones en insoportables. Entre eso, la secuencia de Diana probándose trajes (recalcando que está muy buena), el que se vuelva loca por helados y bebés… ¿Pero no anunciaban una película feminista? Yo veo más bien lo contrario.

Pero hay más problemas. Los autores se aferran tanto a la idea de cumplir con el esquema sin mirar más allá que incluso arrastran a la pareja protagonista en varias ocasiones, donde quedan como tontos después de haber sido descritos como todo lo contrario. Él, con tanta experiencia en la guerra y en el espionaje, se pone en marcha sin planificar nada, metiéndose de lleno en todo meollo improvisadamente. Se presenta en el frente sin un plan de acción, sin una ruta estudiada y apoyos en el terreno, y la secretaria les resuelve por teléfono la localización de su objetivo, que resulta estar por arte de magia a pocos kilómetros. ¡Vaya potra! Luego nadie se pregunta quién es este desconocido que hay en una fiesta exclusiva de altos mandos, y la vigilancia en la base es tan mala que entran y se pasean por ella sin problemas con un indio de dos metros con plumas y adornos y armado con un Winchester. Resulta que al final sí tiene superpoderes: la suerte. Ella, con tanta educación intelectual y militar de primer nivel, no se para a pensar ni un segundo, ataca a lo loco, apenas escucha a gente que claramente tiene más conocimientos de la situación.

Fruto de esta narrativa tan simplificada y encorsetada encontramos también no pocos momentos ridículos. Diana en su tierra es capaz de saltar un precipicio enorme y escalar una torre muy lisa, pero en la batalla del pueblo no llega a un campanario no muy alto, con muchas cornisas y agarres en su exterior (y unas escaleras en su interior, es de suponer…), todo porque toca meter la escenita en que el grupo empieza a trabajar unido. La decisión final de Steve de suicidarse para eliminar el avión con gas resulta forzadísima, todo porque hay que incluir la tragedia que haga nacer de una vez por todas a Wonder Woman. ¿Este tipo tan curtido no sabe desactivar bombas, ni cambiar el temporizador? ¿No puede saltar en paracaídas soltando una granada? ¿Y qué sentido tiene poner un temporizador en un vuelo que puede encontrarse con resistencia durante el viaje y tener que variar el rumbo? Tampoco funciona eso de que ella se pare en el momento más duro de la lucha para recordar las palabras de despedida y reconciliarse repentinamente con la humanidad, un final para el romance y una revelación que no llegan en el momento ni en la forma adecuada. Y qué me decís de los trajes mágicos… Diana se pone un vestido elegante con mucho escote, pero cuando se lo quita resulta que hemos de creernos que debajo llevaba la armadura completa, ¡incluyendo la espada!; si hasta baila con el malo y no nota el metal. ¿Qué costaba mostrarla cambiándose? ¿Unos segundos de metraje? Sin duda es mejor que tratar al espectador de gilipollas.

Las incursiones en la fiesta y en la base del enemigo dan bastante vergüenza ajena, en parte por el nulo afán que ponen en hacerlas verosímiles y trabajar la tensión y el esfuerzo de los personajes, pero también por lo absurdo de su situación: no hay quien se crea que los alemanes monten una fiesta y una base crucial tan cerca del frente activo. No mejor parado sale el relleno central de acción y posición de los personajes secundarios, o sea, el asalto a las trincheras y al pueblo. Primero, parece una dificultad muy artificiosa, pues como señalaba, se presentan en el frente sin más, no se justifica bien que deban pasar por ahí. Segundo, tanto decir que llevan años de lucha en esa zona, sin avanzar ni un metro por la resistencia alemana… y luego resulta que hay unos diez soldados por bando. También es alucinante que los alemanes pierdan ese frente y el pueblo más próximo y nadie se preocupe porque haya una incursión tan inesperada justo cuando tienen la gran fiesta y el gran plan a punto.

Los villanos, ante este panorama, no sorprende que sean otro cliché cansino. Ludendorff es un general alemán ambicioso y obsesionado con mantener la guerra. No sé cómo pretenden a estas alturas intimidarme presentándolo disparando a uno de los suyos para remarcar lo malo que es. La idea en sí es ridícula, pero la de años que tiene y todavía siguen con ella (en Escuadrón suicida también tragamos con una escenita así) colma la paciencia de cualquiera… pero es que vamos más allá, con esa escena donde envenena a los altos mandos, ¡y tira una sola máscara para que se peleen por ella y se ríe como un niño chico viéndolo! Y este golpe de estado no deja ninguna secuela clara: ¿se ha hecho con el control del ejército y no queda nadie que le rechiste, o es un apaño temporal, un intento de demostrar su valía? Un buen actor como es Danny Huston, con un físico además imponente, no es capaz de levantar un rol tan básico y aburrido. La doctora deforme (Elena Anaya), porque en una de nazis que se precie ha de haber un doctor demente y deforme, tampoco da la talla. No causa pavor, no aporta nada aparte del macguffin, el gas. Pero a eso llegamos con otra gran incongruencia. Le da a su jefe una cápsula de otro producto: “Mira, he hecho esto para ti”, y el tío se lo esnifa y obtiene una superfuerza que le permite rivalizar con Wonder Woman… Así que cabe preguntarse para qué tanto empeño en encontrar la fórmula del gas si ya tiene otra arma que les daría una ventaja inconmensurable en la guerra. Fabrica eso en cadena, preséntaselo a la junta que iba a firmar la paz, no te lo juegues todo a una baza en el último momento.

Ares, el supervillano, es simple por definición, así que había razones de más para tratar de darle una forma novedosa al clímax. Pero de nuevo parece que ponen la mira en abrazar los tópicos con fuerza en vez de intentar algo que disimule las carencias. El giro que en Ares resulta ser quien menos te lo esperabas es una parida monumental: el senador pacifista de los aliados. Parece que los guionistas lo han elegido al azar. Y sus motivaciones y planes también. Si quiere la guerra, ¿para qué trabaja para el armisticio? Dales a ambos bandos armas de una vez, en vez de andar susurrando sugerencias poco a poco. Por no decir que una vez se quita el velo, David Thewlis no funciona como archienemigo, ni parece inteligente ni temible, y menos con esos diálogos tan tontos. Porque, como cabía esperar, tenemos un villano que se pone a explicarle el plan a su principal enemigo en vez de eliminarlo de una vez. El nacimiento de Wonder Woman ya lo he comentado: precipitado e inverosímil, otro elemento que se veía venir y donde no tratan de darle una perspectiva más ingeniosa. La forma de derrotar al dios es de esas que odio: un superpoder nuevo sacado de la nada en una batalla que es puro artificio sin nada detrás. Y encima, el artificio es del malo: la pobreza visual es alucinante. El escenario y el acabado es el mismo que en Batman vs. Superman y Escuadrón suicida: un lugar sin nada vistoso, sin personalidad, y un enfrentamiento ininteligible de rayitos y explosiones generados con efectos especiales muy malos que intentan disimular entre nieblas y oscuridad.

Para colmo, después de tener a Ares aclarando bien aclarado que el hombre es malo por naturaleza, que él sólo empujó un poquito, una vez muerto este los nazis se abrazan con los protagonistas… Es decir, el mal ha desaparecido de la Tierra como esperaba Wonder Woman. ¿Cómo justifican entonces la Segunda Guerra Mundial? Y ya de paso, ¿qué hizo Diana durante la misma y durante todos los conflictos hasta el presente? Parece que se hartó del hombre y se fue de vacaciones hasta que aparece Superman, que le hará tilín también, porque no se justifica que vuelva a la acción.

Aparte cabe señalar que la madre (Connie Nielsen) y sus compañeras de Temiscira parece seguían en la isla (a menos que el destructor varado de los nazis se pusiera a disparar y arrasara con todo…) ¿No ha vuelto a visitarlas? Esto me lleva a hacerme más preguntas sobre las amazonas. ¿Cuándo empieza su historia? ¿Hace milenios o en el siglo XIX? Porque si llevan ahí desde hace miles de años no se entiende que con un aislamiento total del resto del mundo conozcan y dominen todos los idiomas modernos. Tampoco quedan claros sus poderes; es de suponer que no envejecen, pero no parecen tener un físico superior al hombre. Los de Wonder Woman tampoco se concretan. Al final no sé si le afectan las balas y flechas, porque, si bien se mete en todo fregado sin pensar, pone mucho empeño en pararlas con el escudo y los brazaletes, y cuando está el francotirador se esconde rápidamente. Entre eso y los poderes cambiantes en la batalla final… No puedes presentar al héroe sin dejar claras sus habilidades y superpoderes.

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Wonder Woman resulta un compendio de los tópicos más rancios del género, acumulados sin alma ni a veces coherencia, pero también sin sentido del espectáculo. Su impresionante éxito se me escapa.

Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
-> Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

X-Men: Apocalipsis


X-Men: Apocalypse, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Bryan Singer, Simon Kinberg.
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Josh Helman, Sophie Turner, Tye Sheridan, Lucas Till, Kodi Smit-McPhee, Ben Hardi, Olivia Munn, Alexandra Shipp.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: El reparto, sobre todo los principales.
Lo peor: Es una repetición de todo lo visto. Prometía ser a cambio espectacular, pero se queda lejos de lograrlo.
Errores de continuidad: Se supone que a Rondador Nocturno lo conocen en X-Men 2, pero aquí está perfectamente integrado. Jean y Cíclope no conocían a Lobezno al llegar este en la primera X-Men, y es difícil que el encuentro que tienen aquí lo olvidaran. ¿Y cómo acabó Lobezno ahí si en X-Men: Días del futuro pasado se muestra que Mística lo rescata del fondo del río? ¿No se supone que hasta X-Men: La decisión final Jean Grey desconocía y temía los límites de sus poderes? Y supongo que hay más agujeros…

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Para muchos, la saga X-Men parecía agonizar sin remedio tras el cierre fallido de la trilogía original, la denostada X-Men: La decisión final, y las dos aventuras en solitario de Lobezno (I y II), prometedoras pero una vez vistas bastante insatisfactorias. Bryan Singer, quien diera vida a la adaptación de los cómics en la gran pantalla, era de los primeros en mostrarse decepcionado con el camino que llevaba, y se esforzó por darle nueva vida desarrollando X-Men: Primera generación, que con el sencillo truco de ir a la juventud de los mutantes recuperaba la esencia intacta, la cual que aprovechó muy bien en un guion certero que remató sabiamente el director Matthew Vaughn. Pero parece ser que seguía teniendo una espina clavada: darle un cierre digno a los mutantes adultos. Y se montó una difícil mezcla de ambas líneas temporales, X-Men: Días del futuro pasado. A tenor de su gran éxito, al público no pareció importarle que con cualquier excusa pudieran resucitar y matar personajes y rehacer tramas, además de volver toda la línea temporal muy confusa y llena de agujeros, pero a mí, aunque la película no estuvo nada mal, me pareció un jaleo innecesario y hubiera preferido que siguieran la serie exclusivamente con los nuevos protagonistas. Apocalipsis parecía volver a encarrillar las cosas, anunciando además una historia de gran épica al poner como villano al mutante más poderoso de los cómics. Pero Singer parece haberse dejado las neuronas en cuadrar la combinación de las dos líneas, y al retomar una en solitario ha mostrado un notable desgaste de ideas.

El problema más patente de esta entrega es que no ofrece nada nuevo. La temática clásica de aceptación de los mutantes está demasiado enquistada, no es capaz de darle nueva vida, o tan siquiera de probar a arriesgarse con una historia distinta. Y eso a pesar de que con el argumento elegido podía haberla dejado de lado para ir directamente a la acción, pero se empeña en incluir las escenas y clichés de rigor recalcando excesivamente la más que conocida posición de los tres bandos: Xavier, Magneto y gobiernos (curiosamente, nunca se habla de qué opina el pueblo llano de todo el tema).

Pero la falta de novedades se nota más en el agotamiento de los protagonistas. Todos ofrecen la misma historia personal que hemos visto en toda la serie, y más concretamente reviven situaciones que no se diferencian en nada de los dos capítulos previos. Xavier se limita a ser el buenazo que quiere integración y sacar adelante el colegio, pero a la hora de la verdad nunca vemos si los eventos de cada película dejan repercusiones o cambian las cosas, siempre se hace un reset sin más. Mística continúa buscando un hogar dando vueltas sin rumbo concreto por el mundo, para regresar al embrollo actual sin motivaciones claras; ¿en diez años no ha encontrado nada en lo que centrarse? Y sobre todo, Erik salta de la luz a la oscuridad según la tragedia familiar y el enemigo que amenace a los mutantes de turno. ¿En serio tenemos que ver otra vez a Magneto llorando, volviéndose contra los humanos, uniéndose a Xavier en la lucha (con los típicos roces iniciales y colegueo final), para luego irse otra vez? ¿Pero va a ser malo de verdad alguna vez? Menos mal que los actores (Lawrence, Fassbender, McAvoy) los realzan con interpretaciones muy entusiastas, porque si no vaya aburrimiento de protagonistas, cuando antes eran muy atractivos y resultaba fácil emocionarse con sus aventuras.

Los secundarios tampoco funcionan como podrían. Hay muchos personajes y Singer se obsesiona con darle una presentación completa a cada uno, con lo que el lanzamiento de la trama se posterga demasiado en secuencias que deberían ser mucho más imaginativas e intensas, porque lo que cuentan se ve venir o lo conocemos: el quién es quién, que Jean y Scott se liarán, que unos se unirán a Xavier y otros a los oponentes, que Lobezno se escapará del coronel Stryker… Hasta los que tiene ya presentados, como Peter (Mercurio), caen en ese círculo vicioso: ¡la misma escena-videoclip de la cinta anterior! ¿En serio? Por suerte, este grupo de jóvenes despierta la simpatía justa como para que se lleve bien la falta de rumbo claro, con la excepción de Moira, que es un pequeño desastre: ¿qué pinta en la narración? Pero de resultar lo justo de interesantes a deslumbrar, a dejar huella, hay un trecho muy grande. Si al final todos o al menos varios protagonistas avanzaran algo o se unieran dando un clímax que los exprimiera bien, pues quizá tanta exposición regulera se hubiera pasado un poco por alto, en plan “era necesario poner ciertas bases, aunque no fueran muy llamativas”. Pero me temo que también descuida mucho las transiciones y los desenlaces: cada uno tendrá la típica revelación en que acepte sus poderes y elija bando, pero sin avanzar realmente en su historia personal.

La psique de Tormenta no llega a abordarse a pesar del tiempo que ocupa. La de Mariposa Mental mejor no hablamos, sólo está para cumplir el cupo de enemigos, que no llegaban. Angel lo mismo, y no se sabe por qué Apocalipsis elige un mutante tan birria. Rondador aparece prácticamente en cada plano pero no se sabe nada de su vida y pensamientos. Bestia no avanza en ningún sentido, se ha relegado a relleno también. Scott y Jean qué hacen aparte de acercarse un poco el uno al otro; bueno, ella repite el clímax de X-Men: La decisión final en modo ligero, pero es lo mismo, es no aportar nada. Los peores parados son de nuevo los más relevantes. Con Peter parece que el realizador va a hacerlo avanzar en su drama (decirle a Erik que es su hijo) pero se lo guarda negligentemente para otra entrega. A esto se le suma el ciclo no repetitivo, sino ya cansino, de Erik. ¿Para qué sumerges a ambos en una tragedia de familias, de pérdida y búsqueda, si no los vas a llevar a una conclusión? Xavier sigue inmóvil, como si cumplir con lo de la calvicie fuera suficiente para señalar alguna supuesta evolución. Mística cada vez es más buena; fijo que se convertirá en la chunga de la primera X-Men en el último momento del último episodio en un giro trágico que la empuje al mal camino; igual ocurrirá con Magneto, supongo, porque Singer parece haberse inclinado por la fórmula blanda del cine comercial actual (Marvel a la cabeza): los protagonistas no pueden ser malvados, sólo llevados momentáneamente hacia la locura. Y para rematar, el conflicto con Apocalipsis se desarrolla de la forma más predecible posible. Este súper invencible villano (que quiere que lo adoren como a un dios pero en vez de mostrar grandeza lo destruye todo… que me lo expliquen) será derrotado por la esperable combinación de todos los poderes y el deus ex machina que se veía venir de lejos.

El otro gran problema es que ni si quiera da la talla como espectáculo. El ritmo aletargado y sin savia, las partes de acción poco inspiradas, y un aspecto visual que no cumple como debería, conforman una superproducción que parece haber costado la mitad de lo que dicen (178 millones de dólares). Los efectos de destrucción de ciudades no son nuevos ni se utilizan en elaboradas secuencias de acción, con lo que no impresionan lo más mínimo; se quedan a años luz de Transformers y Los Vengadores, la competencia más directa. Y en muchos momentos lo digital se nota demasiado: el campo de concentración o la reconstrucción de la mansión parecen un videojuego (por cierto, menudos conocimientos de arquitectura tienen los mutantes), y a veces la integración de actores con fondos añadidos en postproducción, como la escena de Apocalipsis usando a Xavier en el desierto, dan vergüenza ajena. Los robots y el estadio de Días del futuro pasado pasado quizá no sorprendían, pero al menos su acabado era imponente. Primera generación tampoco era impactante en lo visual, pero se suplía con una historia y unos personajes estupendos.

Ver también:
X-Men.
X-Men 2.
X-Men: La decisión final.
X-Men Orígenes: Lobezno.
Lobezno: Inmortal.
X-Men: Primera generación.
X-Men: Días del futuro pasado.

Escuadrón suicida


Suicide Squad, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 123 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Will Smith, Margot Robbie, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Jai Courtney, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, David Harbour, Jared Leto.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Will Smith y Margot Robbie, y sus interpretaciones, sobre todo la de esta última.
Lo peor: Todo lo demás.
Mejores momentos: El rescate. La escena del bar.
El doblaje: ¿Por qué dejan sin traducir algunas palabras? ¿Es que pensaban que así mola más? “Speech” en vez de “discurso” y otros términos en inglés me descolocaron y molestaron un montón. ¿Pero quién habla así? Aparte, la voz de Joker la pone a parir todo el mundo, y con razón.

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Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa.–

Llega la nueva entrega del universo DC adaptado por Warner Bros. Llega con miedo por parte de los productores, porque el capítulo inicial de la serie que une a varios de sus personajes, Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, no contentó a casi nadie, y aunque la taquilla fue notable, parece ser que esperaban más, así que flota en el ambiente el temor de las siguientes partes se resientan. Y dada la patente torpeza de la que van haciendo gala, los cinéfilos llegamos también con pocas ganas, aunque como buenos frikis, ficharemos. De hecho los rumores sobre rodajes de escenas adicionales causaron bastante revuelo. ¿Intentaban arreglar una chapuza a última hora? ¿Pretendían darle un toque de humor extra para paliar las quejas sobre el estilo ominoso y trascendental tan postizo de los dos filmes protagonizados por Superman? ¿Querían darle un toque más adulto viendo el éxito de Deadpool? El rumor más sonado es que el director tenía una obra oscura, en la línea de la saga que están adaptando, y el estudio la ablandó y llenó de humor más ligero. Si bien para la crítica sólo puedo basarme en lo estrenado, es inevitable opinar sobre el proceso creativo, pues arrastra decisiones y acciones bastante erráticas que sin duda están afectando a la calidad de los episodios que llevamos.

El primer aspecto reprobable son las prisas, las presiones del estudio, que ponen fechas de estrenos antes de tener si quiera guion, que piden resultados rápidos y exigen cambios en medio del rodaje. Esto no es exclusivo de esta serie, es una plaga en la industria. Incluso grandes obras se rodaron improvisando (como Gladiator), porque una vez en marcha no se puede parar el rodaje, costaría demasiado. O, por centrarme en los superhéroes, Iron Man se apañó bastante sobre la marcha. Así que no podemos decir que sean nuevos en estas malas artes… pero repetir el mismo patrón en tres ocasiones desde luego no te deja en buen lugar…

Se lanzaron a unir Batman y Superman sin haber terminado de asentar al dios de Krypton ni haber presentado al azote de Gotham. Y da la impresión de que lo hicieron porque pensaron que esta confrontación tan popular era un salto necesario dada la tibia recepción de El hombre de acero. Si Marvel arrasó con Los Vengadores nosotros también. Pero olvidaron que la competencia empezó con buen pie, pues Iron Man encantó a todos y supieron superar el gran patinazo de El increíble Hulk consolidando la saga con una segunda entrega de las andanzas Tony Stark, uno de sus iconos, y las primeras partes de las otras dos figuras principales, pues aunque Capitán América: El primer Vengador no fue deslumbrante sí definía muy bien la personalidad del héroe y las características de su historia, y Thor fue la mar de entretenida y mostraba también un rol con carisma. Pero en Warner van a pelo… y se encuentran con un título que debe unir demasiadas cosas y ambiciona demasiado. Y no tienen buenos guionistas y directores, o no les da tiempo a buscarlos, ni les dejan margen para desarrollar con tranquilidad el proyecto: depurar el estilo, perfilar mejor los caracteres y su trayectoria, buscar una trama de calidad y equilibrada…. Y claro, Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, resultó un batiburrillo de ideas, personajes y estilos muy mal planteado y ejecutado con gran torpeza.

¿Y han aprendido algo? Pues está claro que no. Con Escuadrón suicida se aferran a la fórmula, innovando únicamente en la aportación de más humor (y como indicaba, todo parece indicar que fue un apaño de última hora). El resultado de ir hacia adelante precipitadamente, saltando a la unión de otro grupo de héroes sin haberlos introducido debidamente, se nota desde las primeras escenas: tienen que lidiar con un material demasiado amplio y complejo, se enfrentan a una producción donde ponen demasiadas esperanzas, y se vuelven locos en el proceso tratando de hacer que todo funcione.

Los protagonistas son presentados con prólogos, flashbacks y resúmenes metidos a mogollón, como si fueran el “anteriormente en…” de cualquier serie. Y esa es la sensación constante: que te has perdido los capítulos que los introducen y no entiendes nada. A pesar de los minutos dedicados apenas definen sus formas de ser, y parece que los realizadores de vez en cuando se dan cuenta de que tienen que explicar un nuevo aspecto de su historia, con lo que recurren a nuevos flashbacks que cuelan con calzador y están llenos de topicazos, porque deben ser breves, que rompen el ritmo. Sólo hay cuatro principales dignos de mención, y sólo dos de ellos dan la talla. Deadshot y Harley Quinn de hecho son lo único que da cierta coherencia, atractivo y dirección a la película. Tienen un carácter bien determinado y bastante sugerente, y son los únicos con escenas con algo de empaque y una leve evolución (su acercamiento y entendimiento mutuo), los únicos con chistes que incitan a la sonrisa y cuyos problemas llaman mínimamente la atención. Will Smith alterna bien los momentos sombríos con los de excitación y cabreo, y Margot Robbie (dada a conocer en El lobo de Wall Street) está fantástica con su repertorio de coqueteos y locuras.

Los otros dos relevantes se estancan en estereotipos, desaprovechando sus posibilidades. El coronel prometía pero termina siendo muy monocromático, pues su motivación es muy básica y no da más de sí. Joel Kinnaman (The Killing, Robocop) es buen actor, pero no tiene donde agarrarse. Amanda Waller, la agente secreta que arma el comando, también se queda en una promesa: la de ofrecer un villano más complejo y terrenal que el ente mágico que hace las veces de enemigo final, así como ahondar en la corrupción y la ambigüedad moral. Pero se pasan recalcando lo obvio hasta convertirla en otro vulgar cliché: los protagonistas tienen que quedar como medio buenos (empezar como malotes pero acabar abrazando la responsabilidad y la colaboración), así que hay que dejar claro que ella es la mala, y lo hacen con algunas escenas dignas del “mejor” cine cutre, como esa en la que se carga a tiros a sus propios hombres. De risa. Ni la correcta interpretación de Viola Davis (Criadas y señoras, El juego de Ender), que consigue excelentes miradas de hijaputa, levanta el interés.

El resto de personajes están incluidos para cumplir el cupo pero sin saber qué hacer con ellos, quedando como secundarios extravagantes de adorno. ¿Cuál se supone que es la habilidad o poder del atracador y qué pinta en todo esto? Con la asiática y su katana tenemos otro tópico cansino. Parece que siempre tiene que haber algo monstruoso y bruto tipo La Cosa/Hulk/Groot, y cumplen con ello sin preocuparse por darle una personalidad. No falta tampoco el que quiere ser bueno pero no le dejan, que tendrá su giro tan previsible como aburrido. Y para rematar está el que desde el primer momento apunta a que será carnaza, del que no te vuelves a acordar porque no ha dejado huella.

En cuanto a la dinámica de la pandilla, esta tampoco da nada de sí. Sin diálogos con ingenio, cinismo e ironía, sin chistes de nivel, sin escenas que expriman a los caracteres, lo que queda son tipos raros andando por la calle. Los temas de amistad en tiempos difíciles, caídas al lado oscuro y retomar el camino, así como los juegos con los límites de la ética y los puntos de vista sobre la misma, son superficiales, anecdóticos, como si no pusieran esfuerzo en tratarlos, como si no fueran importantes. Pero al final los autores se acuerdan de que hay que cumplir con ello, que de eso va la película, así que de repente los personajes deciden unirse, afirman que son una familia, y se lanzan a luchar por el tipo que los está extorsionando con su libertad y su vida, todo ello sin una razón clara, pues salvo el incipiente romance o colegueo entre Quinn y Deadshot, ninguno se ha movido un ápice desde su primera aparición. Es que hay alguno que se va, pero luego vuelve porque sí. También podemos preguntarnos la lógica misma de la concepción del grupo… ¿De qué podrían servir un francotirador, una loca, un atracador y una espachina contra un enemigo del calibre de Zod?

Y sobre las inclusiones de otros de la saga, daba la impresión de que con Joker iban a superar el fallo de Batman vs. Superman con Wonder Woman, es decir, si va a ocupar muchos minutos debe tener una influencia en la trama y los protagonistas. Pero por desgracia no logra hacerse un hueco a pesar de tener bastante metraje. Un tipo loco maquillado que mata gente, no hay más. Termina siendo un anodino complemento de la historia de Quinn, con lo que obviamente los que esperábamos más de una figura tan llamativa y con tanta presencia en los anuncios hemos acabado muy decepcionados. El resto (Batman, Flash y otros indefinidos) los muestran en modo cameo como diciendo “tenemos un plan para la serie”, cuando la evidencia apunta a lo contrario. Con unos personajes tan desconocidos (Cyborg, Aquaman) no puedes hacer esto, sólo genera confusión. ¿Pero quieres llegar a todo el mundo o sólo a los lectores más acérrimos?

Con este grupo tan desaprovechado, que oscila entre la indiferencia y el aburrimiento y tiene pocos momentos dignos, no hay muchas formas de lograr una aventura que enganche… y menos si tampoco le pillan el tono que se esperaba, que se anunciaba, que requería dada la fuente original, resultando una cinta fingidamente “guay”, ingeniosa y atrevida, y fingidamente oscura, adulta y divertida. En el primer conjunto tenemos el malogrado carácter moderno y gamberro. Con las letras horteras en pantalla no sé si querían imitar el estilo graciosete de los créditos de Deadpool, pero lo que vemos me parece una cagada: infantiles y cutres, y ni siquiera da tiempo a leerlas del todo. Los intentos de resumir las supuestas personalidades excéntricas con escenas y gracias breves carecen de savia e ingenio. Y la originalidad no se ve por ninguna parte, sino todo lo contrario: los tópicos de familias son bastante cargantes, los guardias tontos y violentos son clichés muy limitados. En el segundo conjunto, como en las dos entregas previas, el estilo oscuro y serio resulta impostado. El aspecto visual de colores apagados y unos supuestos criminales como protagonistas no impresionan, porque no hay escenas realmente épicas, ni dramáticas, ni adultas; la limitación de edad a mayores de 13 años le ha hecho mucho daño. Y el humor es flojo tirando a malo. Sin chispa ni inteligencia, forzado en muchas ocasiones, primordial y predecible en otras, apenas hay tres o cuatro momentos donde la sala, llena a rebosar, se rio tímidamente. En Deadpool es despolle era constante, y Guardianes de la galaxia te llevaba de la emoción intensa a la risa descontrolada con gran facilidad.

Lo cierto es que entrando en el segundo acto (una vez puesta en marcha la misión) hay un amago que lleva a pensar que en el resto de la cinta exprimirían por fin la dinámica del grupo, con una aventura que combinara violencia, humor negro y atractivos individuos marginales y dementes. En la misión de rescate destaca una sorpresa sencilla pero efectiva, las reacciones de todos y un giro con Quinn; y poco después tenemos la escena del bar, que por fin saca algo de los personajes, en especial los dos con más visibilidad. Pero la trama principal es insípida y termina de matar el poco potencial que se dejaba ver. Los realizadores han perdido todo el primer segmento tratando (inútilmente) de dar forma a los protagonistas, no queda tiempo para elaborar una buena historia. Así que arman un básico plan de rescate y una lucha contra un monstruo de manual. Tenemos una bruja piruja cuya naturaleza, objetivos y poderes no se explican lo más mínimo, cuya intérprete Cara Delevigne no realza con carisma y maldad sino todo lo contrario, termina de hundir con su apatía. Con semejante panorama, ¿cómo esperas que sienta la más mínima intriga o congoja? Puede hacer lo que quiera el guionista, con lo que no hay manera de implicarse y huele a resolución con truco mágico, pues sin definir unas reglas no puede haber giros y soluciones con una lógica tangible. Pero sobre todo, si el relato versa sobre la moralidad del ser humano, de la sociedad y de los gobiernos, pon un contrincante que haga una réplica decente. Los Vengadores, en La era de Ultrón, tenían una extensión de sus líos morales e ideológicos en su villano, con lo que se podía jugar con el tema. Aquí tenemos un inerte malo de final de fase. Además, es evidente que ganarán, así que menos interés se consigue. Y como señalé, el intento paralelo de dotar de enjundia al rol de Viola Davis no funciona.

Por el camino nos topamos con su ejército de entes indefinidos que caen como moscas en escenas de acción del montón y donde los héroes no sufren (aunque mueren extras irrelevantes en cantidad, como para forzar una tensión inexistente). Sí, podemos decir que la serie Los Vengadores también ha empleado este patrón de enemigos de papel, y más de la cuenta… pero como decía, ahí al menos ahí ponen un adversario de nivel y los protagonistas dan la talla. En principio este tipo de tropas tontas lo perdono, pues es una imposición debida al rango de edad (humanos muriendo en masa de forma violenta subiría la edad recomendada) y el tiempo (ya hay muchos caracteres). Pero precisamente el saberlo de antemano te debería empujar a potenciar los otros elementos importantes: los personajes, la acción. A los primeros ya los he descartado, pues a pesar de los prometedores Deadshot y Quinn esto es una obra coral y el conjunto está muy lejos de funcionar. En cuanto al nivel de las escenas de acción, David Ayer dirige con la desgana que mostró en Fury (Corazones de acero), no con la pasión de Sabotaje, con la que fue capaz de levantar otro título donde hubo un gran caos en el rodaje y la postproducción. La primera secuencia importante, un tiroteo por las calles previo al rescate, es muy, muy floja. Los enemigos atacan en fila sin ocultarse ni disparar hasta que están encima, y los “buenos” no sabes por dónde andan la mitad del tiempo. Todo parece rodado en un barato decorado de interior, sin alcanzar el nivel exigible para un estreno de estas características: sin sentido del espectáculo, con una fotografía sin alma y un montaje lamentable que da un ritmo como aletargado (aunque no tanto como en Batman vs. Superman, donde parecía ir todo a cámara lenta).

Pero peor es el desenlace, porque el poco nivel alcanzado se termina de diluir. La confrontación es simplona y monótona, no saca nada de los caracteres, que vuelven a estancarse en cuatro clichés tras el amago del tramo central, y desde luego el villano no consigue causar el más mínimo impacto. El nivel visual es muy pobre: efectos especiales propios de serie b (cuatro rayitos y colorines, fondos falsos que cantan a videojuego) y un escenario pequeño y nada llamativo. Ayer lo remata siendo incapaz de filmar un clímax de nivel. El montaje horrendo y la absurda idea de rodar con niebla (¿un intento de disimular las carencias técnicas?) se traducen en que no se ven la mitad de los golpes y se pierde la escasa espectacularidad que pudiera tener. Cámaras lentas finales en un último intento de forjar un ambiente tenso y dramático, más un previsible giro que deja todo más o menos como estaba y lanza los esperables prólogos, no mejoran las sensaciones sobre el bajón del último acto.

Me resulta incomprensible que costara 175 millones de dólares (y esto es lo que admiten, puede ser más). Supongo que se habrá inflado en los vaivenes de levantar un proyecto tan grande sobre la marcha, con cambios, re-rodaje y postproducción acelerada, porque estrellas que cobren grandes sumas no hay, y el aspecto visual es de producción de 40 millones a lo sumo. Pon otros veinte en sus numerosas canciones caras, por decir una cifra alta, que no sé cuánto podrían haber costado, y ni aun así se acerca a esa marca. En cuanto a recaudación, no creo que le vaya mal, como tampoco le fue mal a Batman vs. Superman o a Iron Man 3, la peor recibida del grupo fuerte Marvel. Y es que salvo que cante mucho a basura de grandes proporciones (como el reinicio de Los Cuatro Fantásticos), la gente va al cine independientemente de las críticas, por la afinidad con las series, el atractivo de los superhéroes, y el no quedarse sin temas de conversación. Eso sí, veremos si da dinero. Dicen que para empezar a ser rentable debe llegar a los 750-800 millones, pues el cálculo siempre es el doble de lo que cuesta hacerla, anunciarla y distribuirla. Y se han gastado un pastizal en venderla (hasta hicieron campaña especial con Joker para que luego no haya tenido relevancia real), porque Warner sigue empeñada en labrarse un nombre con la imagen de marca, no con la calidad de la misma.

Al menos, al no ser tan presuntuosa y larga como los dos entregas previas, resulta más ligera, e incluso tiene unas pocas secuencias donde se deja entrever su potencial (igual que la anterior con Batman, Quinn y Deadshot levantan un poco el pésimo nivel general). Pero el resto es un galimatías, un quiero y no puedo que denota un caos en el estudio, el rodaje y la postproducción. Además da la sensación de que en postproducción vieron que no tenía garra visual y argumental, o que la ablandaron demasiado si hacemos caso a los rumores, e intentan conseguir personalidad mediante canciones con pegada. Una cosa es que uses un tema concreto para redondear una escena, y otra poner uno y otro y otro y otro extractos de temas hiperconocidos (van a lo más fácil) sin venir a cuento; como digo, deben de haberse gastado un pastizal en derechos. En cuanto a la música original, la labor de Steven Price, quien hiciera una buena entrada con Gravity, es tan impersonal y apagada que no parece existir.

Así pues, aunque no se haga tan pesada como Batman vs. Superman es igualmente insatisfactoria: caótica pero predecible, artificial por fuera pero impersonal por dentro, ruidosa pero sin savia ni emoción. No puedo aprobar una película con tantas carencias. Hasta El hombre de acero la supera, y ya andaba floja. Marvel dio un gran ejemplo de que se puede lograr una película de alta calidad que parta de un número amplio de personajes desconocidos para el gran público: Guardianes de la galaxia. Pero para eso hay que tener las ideas claras, el equipo de productores y realizadores cohesionado y trabajando en una misma dirección, y dejar la libertad creativa justa a estos últimos para que las distintas entregas no parezcan productos sin alma.

No quería meterme en el fregado pero me asombra tanto que lo voy a hacer: es increíble la guerra que se ha montado en internet desde Batman vs. Superman, con los fanáticos de DC negándose a admitir el por ahora fracaso continuado de esta serie y tratando de sabotear las críticas: campañas para cerrar rottentomatoes.com (web que recopila críticas de medios), oleadas de votos con miles de cuentas creadas días antes del estreno dando dieces de nota en IMDb.com para inflar las medias, acoso constante en foros, donde no hay manera de opinar con tranquilidad (lo peor son las teorías de la conspiración: que si Disney/Marvel ha comprado las críticas, que si los fans de Marvel no entienden el supuesto tono sombrío y trascendente de esta serie)… Es tan ridículo e inmaduro como por ahora la propia saga La liga de la justicia de Warner/DC.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
-> Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

Capitán América: Guerra Civil


Captain America: Civil War, 2016, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 147 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus y Stephen McFeely. Joe Simon y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Don Cheadle, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Anthony Mackie, Chadwick Boseman, Paul Rudd, Emily VanCamp, Tom Holland, Daniel Brühl, William Hurt.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Perfectamente equilibrada en todos sus elementos: trama emocionante, personajes excelentes con gran evolución, espectáculo de primer nivel.
Lo peor: No se libra de ser algo previsible, y se echa de menos un poco más de enjundia política y riesgo en la parte final (matar a alguien importante).
Mejores momentos: La persecución al Soldado de Invierno, la batalla en el aeropuerto, la confrontación final.
El título: Otra traducción oficial a medias. ¿Pero qué costaba traducir Civil War?
La frase:
1) Un imperio derribado por sus enemigos puede recuperarse. ¿Pero uno que se desmorona desde dentro? Está muerto. Para siempre. -Zemo.
2) ¿Puedes mover el asiento? –Soldado de Invierno a Falcon.
3) ¿Habéis visto esa película antigua, El Imperio contraataca? –Spider-Man.
4) Soy tu conciencia. No hablamos mucho estos días. –Ant-Man a Iron Man.

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Alerta de spoilers: Hay datos reveladores de la trama y del resultado de la guerra, pero no creo que sea nada inesperado.–

La tercera entrega del Capitán América debería haberse cambiado de nombre y haber sido la tercera de Los Vengadores, porque implica al grupo entero y retoma la historia con los temas principales de La era de Ultrón, esto es, la disensión en el equipo. Pero bueno, esto es una serie y se pueden mezclar como los productores y guionistas quieran; de hecho es evidente que también bebe mucho de El Soldado de Invierno.

Por otro lado, es inevitable realizar la comparación con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, la respuesta de DC/Warner a la exitosa combinación de superhéroes de Marvel/Disney. La victoria más que clara es humillante. Donde aquella resultó inconsistente y caótica por culpa de una pésima descripción de personajes, una trama embarullada y un aspecto visual sobrecargado pero inerte, la aquí descrita es vibrante en la historia y asombrosa en lo visual gracias a que sus protagonistas son magníficos y a que sus realizadores tienen las ideas claras y dominan las técnicas cinematográficas con una precisión encomiable.

El único aspecto negativo digno de mención (más allá de algún pequeño punto gris en el guion que también abordaré) es uno difícilmente evitable, aunque no imposible, en una serie que llega a la conclusión de una de sus historias principales: se ve venir. Como he comentado en el capítulo previo, La era de Ultrón, los autores están atados al género, a la serie, a la fuente original y sobre todo al esquema que desea el estudio. Si los productores principales (Kevin Feige a la cabeza) se atrevieran a dejar más margen podría haberse orquestado la guerra civil de forma más valiente y buscando giros más originales, pero hay que cumplir con las reglas establecidas, como incluir el villano de rigor y no sumergirse en un berenjenal intelectual ni incluir escenas arriesgadas que supuestamente puedan espantar a determinados espectadores, porque pretenden llegar a todos los públicos. Así surgen unas pocas limitaciones en un episodio que, como La era de Ultrón, pedía a gritos más valentía (aunque en una onda distinta, claro está).

La más evidente es la presencia de Zemo. Como clásico enemigo con su plan de venganza para fastidiar a los héroes que le han causado algún daño colateral en sus acciones le falta algo de verosimilitud, porque el proyecto es un tanto rebuscado (entrar en un edificio tan protegido, esperar que los acontecimientos lleven a tus víctimas donde tú quieres y justo cuando quieres), pero en principio no me parecería grave, pues el mensaje de fondo (la responsabilidad social y política de las misiones) y la idea en sí tienen pegada (genial la frase nº 1), amén de que es un macguffin y lo relevante es la respuesta de los protagonistas. Pero a esa ligera falta de consistencia de su intriga hay que sumarle que, a la hora de la verdad, no parece pintar mucho en una historia que ya estaba desarrollándose sin él. Las diferencias ideológicas y éticas dentro del grupo estaban ya expuestas, el tema de la responsabilidad subyacente a sus actos llega con las reacciones de los gobiernos, y la unión de ambas corrientes conduce claramente a esta guerra civil. El tiempo dedicado a presentar y desarrollar a Zemo se podía haber dedicado a ahondar más en los temas políticos y éticos, pero aquí entra en juego la falta de riesgo intelectual, el miedo a embarcarse en temas complejos.

En La era de Ultrón y El Soldado de Invierno ponían las bases de un prometedor thriller político que juega con los ideales primarios de los EE.UU. (es obvio que el sesgo tira para allá), pero a la hora de la verdad no quieren mojarse del todo y se ven obligados a utilizar un recurso externo que termine de lanzar el conflicto y empuje a los héroes a su lado más oscuro. Por un lado tenemos a Rogers como el liberal de toda la vida, fiel a las libertades individuales, con un código moral estricto que lo lleva a plantearse quejas contra el estado. Por el otro, vemos a Stark como el capitalista conservador, a favor del gobierno imponiendo un orden cuasi fascista (y, antes de reformarse un poco, creyéndose que el resto del mundo era suyo). Pero los autores, en vez de llevar estas diferencias hacia una verdadera guerra interna lo reconducen a una historia básica de venganza, de momento de pérdida de la humanidad por trágicos factores ajenos. Stark se inclina por un orden mundial más rígido no porque vaya con su estilo, sino únicamente porque le apena un criajo muerto, pero ojo, sólo un estadounidense con intereses afines (ingeniería), los niños sokovianos se la sudan. Rogers se rebela exclusivamente porque debe salvar a un amigo, no porque el gobierno está legislando restricciones a las libertades en vez de buscar soluciones más cercanas al pueblo. Y la confrontación final se lanza porque Zemo explota esos sentimientos, no porque la postura ideológica sea insalvable y tomen la determinación de actuar contra sus hermanos para salvar su visión del país y el mundo. Si es que al terminar parece que Stark y Rogers pueden hacer las paces en cualquier momento, y los demás lo mismo pero mucho antes del desenlace. Y dudo que exista la posibilidad de que en próximas entregas luchen en bandos opuestos, y menos que algunos se alíen con los villanos.

Pero bueno, al menos esta cuestión no está dejada de lado por completo. Las acciones y consecuencias de los políticos corruptos y de las ambiciones y motivaciones de cada personaje están en la serie en todo momento y destacando con mayor intensidad en los episodios que se centran en esta trama. Y sobre todo, se ve a los protagonistas sufrir cada decisión y resultado, y el enfrentamiento es épico en la acción y apasionante en lo dramático. Sencillamente, a la hora de implicar de lleno a los héroes en el paso final los productores no han tenido los redaños de ir a por todas, sin duda pensando en que una cinta comercial que implicara elegir bando en un espectro político realista y tener consecuencias en plan tragedia seria podría ser demasiada emoción y reflexión para la masa de espectadores.

Siguiendo por este camino de cierta cobardía, resulta que no tienen el valor de matar a nadie. Aunque fuera predecible, Iron Man o Capitán América deberían haber muerto; más bien el primero, pues es una película del segundo y la historia sigue con cada individuo actuando más o menos por libre dado que todas las organizaciones y gobiernos en los que han trabajado se han podrido o movido por intereses propios. Además algún secundario podría haber sufrido también consecuencias más graves, o incluso haber caído, que sólo nos ponen uno (el menos relevante, además) herido, y sabemos que con la tecnología mágica que tienen no será por mucho tiempo.

Aparte se puede mencionar alguna cosilla cogida por los pelos. Si Stark está tan compungido y arrepentido ante el niño muerto, ¿por qué va tan alegremente a fichar a Spider-Man, que además de ser un crío lo mete en este embrollo medio engañado? También cuestionaría la rapidez con que le hace un traje nuevo, o que se entretenga en ello cuando tiene un margen de tiempo tan corto. Y hablando de tiempos, Iron Man llega en un tris a Siberia cuando los otros llevan la tira viajando (el tiempo de que este fuera al hospital, luego al complejo de los Vengadores, luego a la cárcel en el confín del océano…). En la lucha del aeropuerto Vision no debería estar, se nota que no saben qué hacer con él; podría haberse quedado en la guarida lamentándose por la situación, algo más propio de su forma de ser. Y el giro clave anda un poco forzado: ¿qué hace una cámara en esa carretera perdida, y más con sonido?

Por suerte, como en La era de Ultrón, las restricciones y pequeños fallos no engullen el relato, sino que se vuelve a demostrar que en esta saga saben explotar unos puntos fuertes muy bien elegidos y encontrar autores que mantengan el tono sin perder fuelle. Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, bien asentados en la serie, elaboran una trama sencilla pero certera donde mantienen un fantástico equilibrio entre el humor, la acción, el drama… Saben que lo principal son los personajes, y, dejando aparte el blandengue empujón para terminar de lanzar la conflagración, las formas de ser y el proceso que los lleva a tomar una elección u otra están claros en todo momento. Este fantástico repertorio serviría de base para casi cualquier aventura que les echaran encima, y si cogemos una con gran atractivo pues tenemos una bomba entre manos. La Guerra Civil los exprime muy bien, sacando a la luz parte de su lado más oscuro pero también sus convicciones más férreas, jugando con las alianzas y las decisiones difíciles, poniendo al espectador en la excitante tesitura de tener que ir elucubrando qué hará cada uno.

Es difícil manejar tanto protagonista, incluso con la ventaja de tener varias entregas a cuestas, pero lo dominan tan bien que hasta los introducidos a media película mantienen el tipo: Ant-Man tiene su hueco y su carácter, no queda como un cupo a cumplir, pero Spider-Man deslumbra como nadie se esperaba. Al anunciar un nuevo reinicio el fandom mostró su hastío y decepción (y es que las The Amazing Spider-Man de Sony casi hunden al personaje), pero en sólo dos secuencias la gente de Marvel ha logrado que todos recuperen el entusiasmo a lo grande. Un buen casting, una escena que define al protagonista en pocos diálogos, y una donde explota sus cualidades. No parece tan difícil, así que cabe preguntarse cómo otros la han cagado tanto en otras muchas cintas de superhéroes. No hay que ir muy lejos, ahí tenemos la malograda Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, que contaba con muy pocos personajes y prácticamente ninguno tiene consistencia ni casi sentido, por no hablar de que las introducciones de los roles secundarios fueron lamentables.

Esencial en la calidad del producto es su acabado, y no decepciona lo más mínimo: la puesta en escena es magnífica. Los Russo (que sorprendentemente vienen de series de humor –Community, Arrested Development, Finales felices-) tienen lo mejor de Whedon, esto es, no perder de foco a los personajes y mostrar con claridad las escenas más trepidantes: la parte del aeropuerto combina elegancia con asombro, y cada héroe está en su salsa (salvo Visión, pero esto es cosa de guion). Pero además aportan el sello con el que deslumbraron en El Soldado de Invierno: su estilo rudo, de caos bien controlado, en las escenas más sucias, o sea, las peleas a puños, sobre todo si son a la desesperada. La lucha de Rogers y Barnes en el escondite de este último y sobre todo la persecución por las carreteras de la ciudad son impresionantes: enérgicas, veloces, contundentes… y aun así se entiende en todo momento qué está pasando, dónde está cada uno. En sólo dos películas se han alzado como grandes referentes del cine de acción, y su carrera genera mucha expectación; en sus manos han puesto la próxima entrega de Los Vengadores, La guerra del infinito (en dos partes) y espero que después no se queden anclados en Marvel y exploren nuevos horizontes con los que deleitarnos.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El soldado de invierno (2014)
Guardianes de la Galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
-> Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la Galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (2020)