El Criticón

Opinión de cine y música

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Life (Vida)


Life, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 104 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson, Ryan Reynolds, Hiroyuki Sanada, Olga Dihovichnaya, Ariyon Bakare.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Realizadores y actores muy comprometidos. Buen ritmo y muchas emociones.
Lo peor: Los malditros tráileres te cuentan la película entera, ¡entera! Su falta de pretensiones significa apuntar muy bajo: todo se ve venir muy de lejos, los personajes carecen de la más mínima arista, son carne del bicho.
El título: En serio, qué demonios les pasa a las distribuidoras con los títulos.

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En parte es gracioso y en parte vale para una reflexión el hecho de que Vida llegue casi a la vez que Alien: Covenant. Ambas nacen a la estela de la obra maestra que Ridley Scott regaló al mundo en el primer Alien allá en lejano 1979. Vida no es el primer título que más que verse influenciado directamente vive de las rentas de otro, ni será el último. De hecho también bebe mucho de Gravity. Ni siquiera intenta disimularlo, ni tampoco disimula sus escasas ambiciones más allá de hacer pasar un buen un rato. Juega sobre seguro con honestidad, y no sale mal parado, porque no llega a caer nunca en la vergüenza ajena. Está claro que es un producto industrial, de consumir y tirar. Por el otro lado llega el propio Scott con un intento… no, un segundo intento, tras el fiasco de Prometheus, de revivir una saga agonizante artísticamente. Y lo hace con unas pretensiones intelectuales y narrativas bastante altas, pues persigue una temática más trascendental y darle a la historia nuevos aires. Pero resulta que Covenant se estrella en sus intenciones y acaba siendo un producto más simple y repetitivo de lo que anunciaban, llegando a ahogarse por completo en una pobre imitación de Alien salpicada de torpes adornos que no llevan a nada. Así que los fans de la ciencia-ficción y de la saga Alien nos encontramos en la absurda tesitura de acabar defendiendo a un hijo bastardo que apenas llega a la media para conseguir beca contra el primogénito mimado que ha entrado por la puerta principal con muchos títulos y enchufes pero que luego demuestra ser un patán…

En el guion de Paul Wernick y Rhett Reese (Zombieland, Deadpool) no hallamos intenciones de distanciarse de una premisa tan antigua y gastada, ni de mirar por una profundidad que le permitiera al menos intentar entrar en el cine de calidad, que, en pocas palabras, sería el que se recuerda años después. Pero es evidente que tanto ellos como el resto del equipo, destacando director e intérpretes, sabían dónde se metían y se esforzaron por realizar un trabajo serio que pueda alejar la impresión de producto de segunda o incuso un engaño para llenar salas sin mucho esfuerzo. No me voy a parar a citar las innumerables películas comerciales con cuatro veces su presupuesto que resultan mediocres y estúpidas, baste decir que Vida funciona mejor que muchísimas de ellas. Tiene alma de serie b, de cinta echa con cierto cariño, consciente de sus limitaciones y que sólo busca entretener. Y lo consigue francamente bien.

Uno de sus puntos fuertes es que no empezamos con una farragosa introducción donde intentan describir a los protagonistas a bases de tópicos cansinos. Si está claro que no hay intención (ni necesidad) de darles mucha dimensión, los adornos sobran. Empezamos entrando de lleno en el argumento: una sonda trae pruebas de vida en Marte, y esta se descontrolará a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). La intriga de cómo y cuándo se irá todo al traste podría haberse trabajado mejor, pero también se agradece que no se dilate más de la cuenta. Y mientras, con cuatro retazos nos presenan a cada miembro de la tripulación: el biólogo, el doctor, la encargada de la seguridad biológica, los ingenieros de vuelo y sistemas… Porque lo único que importa aquí es su trabajo, donde sufren una crisis extraordinaria. Apenas hay algún detalle humanizador, como mencionar que uno de ellos acaba de tener una hija, que no cobra protagonismo innecesario ni subraya el drama de forma facilona. La parte de sus personalidades que importa es su capacidad para reaccionar a esta crisis, y ahí tenemos un buen rango de situaciones. Los actores hacen el resto, pues, como señalaba, se lo toman muy en serio. Los principales y más conocidos, Ryan Reynolds, Rebecca Ferguson y Jake Gyllenhaal, se desviven como si estuvieran en un gran drama, transmitiendo muy bien el sufrimiento y la lucha constante.

El director sueco de origen chileno Daniel Espinosa (El invitado, El niño 44) confecciona un producto muy sólido en un escenario complicado, tanto por la limitación física (la estación) como la artística (el guion tan básico). No hay más que comparar con aquel engendro de Europa One (Europa Report en inglés, en otra de esas traducciones absurdísimas), por citar la más parecida que se me ocurre en los últimos años. Como se suele decir, se presenta como un “artesano de acción” de los que escasean (y eso que en El niño 44 desde luego no apuntaba maneras), ofreciendo una narración absorbente e impactante sin artificios modernos, eso de rodar con pantalla verde sin más esfuerzo por la atmósfera y que el ordenador y la postproducción aporten el factor emocional. Maneja la cámara que da gusto verlo, exprimiendo al máximo un decorado bien trabajado, produciendo adecuadamente el efecto de que flotamos en ingravidez (muy logrado también el trucaje de cuerdas con que se mueven los actores, algo nada fácil de conseguir) y, cuando la cosa se pone fea, sumergiéndonos en un entorno angustioso a la par que vibrante.

A cada fase de la pesadilla le saca el máximo partido. El laboratorio, el exterior, los distintos módulos… No hay sensación de repetición, de escenarios poco excitantes, aunque tenía todas la de resultar así, sino que atrapa con cierta intensidad incluso aunque te intuyas el resultado general, manteniendo un ritmo trepidante con algún segmento desasosegante. Lo más destacable es que las muertes no se precipitan, ni se resuelven con algún cliché tontorrón, algo muy habitual en el género, sino que hacen sufrir a cada personaje durante largo rato, mientras los otros buscan a la desesperada soluciones. Además, con el buen partido que saca de los intérpretes, los distintos clímax ganan puntos extra: en algunos momentos me descubrí algo inquieto por el destino de unos personajes que en principio me importaban bien poco. Los intentos de ubicar y exterminar al ente por toda la estación también funcionan, poniendo ante nuestros ojos planteamientos simples (tapar agujeros y accesos son los retos principales) pero muy bien ejecutados.

La recreación digital del alienígena cumple aceptablemente bien, que esto no es una superproducción, aunque también es cierto que teniendo la tecnología informática tan avanzada es inevitable pensar que podía haber quedado mejor. Pero en cuanto a ente hostil es bastante efectivo: una especie de pulpo escurridizo, inteligente, voraz, incansable… En resumen, como en todo elemento del filme, no sorprende pero funciona correctamente.

Si nos ponemos finos se podría señalar algún aspecto mejorable, como justificaciones algo cogidas por los pelos, como que se haya estropeado la radio justo ahora y haya que salir a arreglarla, pero la única de la que me quejaría es el clásico de los personajes haciendo alguna estupidez. Sí, el ser humano es muy falible, pero se puede exponer en situaciones verosímiles o de forma lastimera. Eso de que el biólogo juegue a través de un simple guante con un ente desconocido que crece a ojos vista… Y tampoco hay esclusa de descontaminación, entran y salen del módulo por una puerta normal. Pero al menos no estamos ante el caso de Prometheus y Covenant, donde todos los tripulantes son gilipollas perdidos durante todo el metraje y no hay ni un solo protocolo científico creíble.

El problema más notable es que no hay margen para la sorpresa, y menos con esos avances que te destripaban todo. No entiendo esa moda actual de contártelo todo, de mostrarte los momentos álgidos de las películas. Así no me ganan para el cine, sino todo lo contrario. La he visto en bluray porque soy un fanático de la ciencia-ficción y me lo trago casi todo, pero interés tenía poco. Incluso pienso que ha tenido poco tirón en taquilla porque era claramente más de lo mismo. Con unos avances intrigantes podían habernos engañado, y viendo lo amena que es, quizá no nos hubiéramos quejado.

Así pues, entre que la premisa está muy trillada y me la han destripado de antemano, conocía de sobras el desarrollo de la película. Incluso el intento de sorpresa final se ve venir muy de lejos. Pero no tiene más fallas, y aunque no se queda en la memoria da para dos horas de emociones fuertes.

Déjame salir


Get Out, 2017, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 104 min.
Dirección: Jordan Peele.
Guion: Jordan Peele.
Actores: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Bradley Whitford, Catherine Keener, LilRel Howery, Betty Gabriel, Stephen Root.
Música: Michael Abels.

Valoración:
Lo mejor: Un par de actores secundarios llamativos. Fotografía correcta.
Lo peor: Es ridícula de principio a fin. ¿Cómo ha conseguido tan buena recepción?

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Alerta de spoilers: La destripo a fondo, aunque realmente no hay nada que no se intuya a los cinco minutos…–

Déjame salir (no confundir con Déjame entrar, la sueca que tanto dio que hablar, o su remake) no nació con grandes ambiciones, de hecho su presupuesto era de apenas cinco millones de dólares, pero consiguió una distribución con Universal Pictures de alguna manera, la estrenaron en Sundance de improviso para coger carrerilla, y de ahí poco a poco en el resto del mundo, hasta llegar a España a finales mayo siendo un éxito internacional: lleva unos asombrosos 250 millones recaudados empujada por una crítica que la aclama unánimemente (99% en Rottentomatoes; o puedes verlo en español en el recopilatorio de Filmaffinity) y un público también muy entusiasmado. La señalan como película indie de la temporada y la mejor de terror de los últimos tiempos, así que me lancé a verla entusiasmado… Pero desde el prólogo empecé a dudar, y poco después me quedaba claro que estaba ante una obra no vulgar, ni del montón, sino realmente mala, infame hasta parecerme ridícula y cargante como pocas que he tenido la desgracia de soportar. Está más en la línea de Tusk, tan mala que resulta un visionado desagradable, una completa pérdida de tiempo, que de cualquiera del género que recientemente haya dejado huella, como Babadook, The Conjuring 1 y 2, La visita, Múltiple o No respires. ¿Me equivoqué de título? ¿Se me ha escapado un subtexto inteligente, una vena original, una técnica innovadora? Por más vueltas que le he dado y análisis que he leído, no le he encontrado valor alguno más allá de que la fotografía es muy profesional y casi me engaña con que estaba ante una cinta de primera división. Voy contando las impresiones que me iba dando mientras la veía…

La primera escena ya apunta bajo. Un plano largo y pausado de alguien caminando por un suburbio estadounidense, en plan Halloween de John Carpenter. Para colmo te revela de qué va a ir todo, pues vemos el secuestro de un negro. ¿Apoyarse con todo descaro en uno de los clichés más viejos del género es original? ¿Incluir un innecesario prólogo innecesariamente revelador es rompedor? Algunos lo llaman homenaje. Yo creo que un homenaje bien dado va donde aporta algo a la trama, donde no desentona que cites tus referentes.

Pasamos a la presentación de personajes. Insípida es poco. De lineal y facilona implanta una sensación de aburrimiento que no se va nunca. Porque siguen apareciendo costuras, o más bien desgarrones, mostrando que Déjame salir se ha escrito y rodado a brochazos partiendo de unos pocos tópicos a pesar de lo que, incomprensiblemente, anuncian en tanta apasionada crítica. Si pretendes hacerme sufrir por los protagonistas, primero estos tienen que ganarme, resultar verosímiles, aumentar el interés con una potencial evolución en su situación, y luego ya puedes sumergirlos en un entorno (a poder ser inesperado) que los pone en peligro. Es decir, hay que saber cuándo empezar a edificar veladamente la intriga, la atmósfera de misterio, y exponer el peligro latente sobre un protagonista que previamente ha sido bien desarrollado.

Aquí nos intentan describir dos chicos monos y simpáticos y consiguen lo contrario, que resulten un tanto repelentes y sus vidas me atraigan bien poco. No hay química ni ofrecen una personalidad concreta, pero además su postura inicial, de marcada, empieza a rechinar, pues expone claves del argumento antes de la cuenta y con torpeza. Que él sospeche sin venir a cuento con que los padres de su novia, blancos como ella, no van a tratarlo bien por ser negro, es demasiado obvio, y más tras el prólogo. Sin haber mostrado una relación idílica con la que hacer contraste ya me estás tratando de remarcar el conflicto, pero además me da la sensación de que me va a costar creérmelo como víctima, porque el racista lo parece él. Y con el tono tan falso de ella me empiezo a oler que algo oculta: si los padres son chungos, ¿por qué iba a llevar al novio? Allison Williams (Girls) no pega como arpía con doble cara, pero también es cierto que el guion es demasiado superficial y el director no consigue sacar más de los personajes y los actores. Daniel Kaluuya (numerosas series inglesas: The Fades, Skins, Black Mirror, y empezó a sonar en EE.UU. con Sicario) se compromete un poco más, logrando un aceptable recorrido de desconcierto y sufrimiento, así que cabe pensar que si el personaje tuviera más enjundia quizá hubiera logrado algo llamativo.

El viaje hacia la finca de los padres sigue añadiendo metraje que parece sacado del manual de primer curso de guionista. Tenemos el típico momento de sobresalto barato metido con calzador, con el golpe al venado y el policía algo pasado de rosca; en realidad, es el director el que fuerza la escena para que parezca así, porque el diálogo no muestra nada amenazador. Pero además la situación se remata con otro patinazo revelador: la llamada al amigo grita el final de la cinta a los cuatro vientos. Es una escena tan gratuita en ese momento, sin aportar nada a la descripción de los personajes ni a la trama, que está claro que únicamente sirve para presentar la pistola de Chéjov: es un personaje-objeto que se recuperará al final para salvar al protagonista en el momento clave. Seguimos con esa narrativa que es completamente opuesta a la singular y rompedora que se empeñan en ver muchos.

Llegamos a la casa. Me autoengaño con que pronto me sumergirán en un buen ambiente de misterio y habrá unos cuantos sustos. ¿Cómo si no iba a tener tantas alabanzas? La presentación de los padres amaga con recuperar el nivel con un par de diálogos ligeros pero con chispa puestos en boca de dos actores secundarios de lujo como son Katherine Keener y Bradley Whitford. Y luego llega el hermano (Caleb Landry Jones), un personajillo en plan psicópata demasiado trillado, pero también con un par de frases que parecen apuntar momentáneamente a algo más serio y trabajado, aunque sea predecible también, porque te dicen demasiado a las claras que no es de fiar.

Pero me temo que ahí se queda el único amago con ver algo decentillo. En adelante, aunque habíamos empezado en un nivel muy bajo, es todo ir cuesta abajo sin frenos. La presentación de los criados, con mirada y música alarmante, me hizo darle al pause y comprobar que no me había equivocado de película. ¿Cómo se puede ser tan poco sutil? El primer supuesto susto (sí que se ha hecho esperar) es vergonzoso, otro cliché demasiado sobado que meten por la fuerza. La criada anda por la casa y pasa por detrás del protagonista… pero claro, esta gilipollez no da miedo, así que suena a todo volumen como si empezara el ensayo de una orquesta. Menudo estruendo, menudo susto de mierda. En el patio, mientras se echa un pitillo para matar el tiempo, aparece el jardinero corriendo. Otra situación tan trivial que no daría miedo si no fuera porque la orquesta ha subido de tono el calentamiento… En fin, ridículo.

El segundo acto parece que se lanza, de una vez por todas, con la sesión de hipnosis, pero a la larga esto no aporta nada novedoso a la historia. Sólo sirve para inmovilizar al protagonista en los momentos requeridos. Cabe pensar que utilizar este recurso en vez de golpes o drogas es lo que ha llevado a muchos a hablar de originalidad, pero me cuesta creerlo.

La fiesta es un quiero y no puedo que se eterniza. Un par de situaciones raras con gente rara, más recalcar que los criados no son quienes dicen ser, o sea, que también son raros. Uuuh, estoy acojonado. Si la extravagancia y las acciones de estas gentes fueran realmente atípicas y amenazadoras… pero son cuatro clichés triviales de ricos y racistas. Bueno, en realidad sí hay un instante que cumple con ello: el bingo. Pero intenta ser humorístico también, y resulta un despropósito. Así que sigue sin aparecer el suspense, no hay ninguna sensación de peligro inminente sobre los protagonistas, y aunque la hubiera, sus vidas me interesan bien poco. Está claro que algo le hacen a los negros, pero es que por ahora es hasta gracioso: el único negro pendiente de ser abducido es el protagonista, y sé que no va a salir airoso. ¿Cómo voy a inquietarme entonces? Hay algo peor que una historia predecible, y es una que también es rematadamente lenta, porque se narra todo con una parsimonia desmoralizante.

Cuando, después de tanto esperar, entramos en las revelaciones y el clímax, lo que venía siendo una cinta desganada, facilona, torpe, entra directamente en la comedia involuntaria, y aunque es justo decir que algunos chistes los buscaban a propósito, hacen más gracia por estúpidos y mal ubicados que por ingeniosos. Como estaba claro, los blancos ricos se dedican a secuestrar negros, aunque mediante un plan lento, farragoso y poco efectivo: la chica se los liga y los lleva a casa. Por muy guarra y seductora que sea, al menos un mes de busca y caza habrá. Una vez los atrae, encima les dan de comer, hacen fiestas… ¿Pero no puedes doblegarlos nada más llegar? ¿Para qué tanta tontería, tanto margen de tiempo para que intuyan algo y escapen? ¿Y dónde quedó lo de atrapar gente por la calle que vimos en el prólogo? Pues se lo ventilan con una explicación en una frase: otros de nosotros usan métodos más brutos. Pues vale, pero sigue habiendo mil formas de capturar gente que no implique el engorroso proceso de ligárselo. Eso sí, lo delirante que es tenerlo como invitado durante un tiempo en vez de iniciar al proceso nada más llegar no se explica, que sin ello no habría película. Pocas veces he visto un argumento tan mal justificado.

La escena en que la chica hace como que busca las llaves mientras él se las pide para irse de la finca entra en las grandes escenas del cine cutre del año. Tan idiota él, que ni amaga con irse por la puerta en vez de soportar tanta tontería, tan forzado el suspense (realmente no hay ningún peligro concreto, seguimos anclados en la idea de que son raros, y claramente es más fuerte que los padres y el hermano drogata, pero no parece darse cuenta), tan ridículo el intento de extender el engaño con que la chica es víctima también, con eso de “no encuentro las llaves” ¡cuando acaban de decirnos a las claras que es cómplice! Es que no parece un clímax real, sino una broma. Como toda la película.

Pero tenemos al protagonista retenido, por fin, como se anticipaba desde su primera aparición. Y no tras un buen rato de intriga, sino con una proyección cansina hasta alcanzar el puro agotamiento. Pero sigo aferrándome a la esperanza. Suspense y sustos no ha habido, pero quizá sude un poco con el cómo escapará… Pues debería haber visto venir que con el nivel mostrado esto no iba a remontar de repente por arte de magia… y aun así sorprende para mal con las salidas de tono, de género incluso, por un lado, y lo poco que se mojan en el esfuerzo del protagonista, por el otro. ¡Cuidado, que está inmovilizado en un sofá ante una tele! Qué miedo. Y resulta que se levanta, suelta un par de hostias y ya está corriendo por ahí. Tanto hipnotismo para nada, pues se pone un cacho de sofá en los oídos y ya es inmune. Una vez en pie es evidente que se cargará a quien se le ponga de por medio, no hay ni un amago de tensión por su destino. Nos ponen un poco de sangre a última hora, a ver si así la atmósfera logra desagradar un poco, y para rematar todo, la música en plan coros de clímax épico de una demonios y posesiones no pega ni con cola, resaltando la sensación de chapuza, de tópicos empalmados improvisadamente.

Mientras tanto, vemos la odisea del amigo, aquel de la llamada, por encontrar a su colega desaparecido. Sabemos que va a llegar y a rescatarlo, qué menos que tratar de currarse una situación verosímil de forma que así el intento de generar incertidumbre no resulte impostado (delirante la casualidad de que el único negro que aparezca aparte de los criados sea un antiguo conocido). Pero nos vamos al otro lado, a una subtrama completamente nueva que, atención, se inclina por la comedia. Pero para mantener el nivel, por una rematadamente estúpida. De repente estamos en el típico show afroamericano (a lo que se dedicaba su escritor y guionista hasta ahora, de hecho), estas comedias de veinte minutos protagonizadas por un negrata de barrio, histriónico hasta resultar ruidoso y cargante en vez de gracioso, con chistes de barra de bar, o de esquina de drogas, estúpidos y chabacanos. ¿Qué demonios aporta a estas alturas este receso, este cambio de rumbo tan drástico? ¿Eso es lo que llaman originalidad? Tuvimos un gran ejemplo reciente de cómo incluir humor entre sustos con La visita de Shyamalan, donde encajaba de maravilla. Lo de aquí mí me pareció ridículo y el remate en una cinta que termina siendo verdaderamente insoportable.

Y no me olvido de que por fin explican qué hacen con los negros. Pero mejor se lo hubieran ahorrado. Convertirlos en esclavos mediante la hipnosis era lo más lógico, pero se ve que en el género hay que meter un giro final absurdo, así que toma: los ricos que llegan a la vejez trasplantan sus cerebros a los negros jóvenes y de físico superior. Qué racistas más extraños, oye. Pero sobre todo, qué soberana gilipollez: se quedan medio mongolos, de forma que sólo valen como criados en vez de poder seguir con sus vidas normales. Y por si fuera poco, las personalidades originales quedan ahí luchando. ¿Quién en su sano juicio querría extender su existencia en una agonía así? Vale que están locos, pero es tan absurdo… ¿O es que es otro intento de chiste? Los ricos terratenientes acabando como lo que odiaban, los seres inferiores usados como esclavos. Pero lo hacen voluntariamente, así que no es una situación irónica. ¿Es esa la “certera crítica social” que le ven muchos? Termina de hundirse porque el escenario porque los diálogos y escenarios son vergonzosos. Justifican con una frase chorra el que estén explicándole al tipo al que van a joder cómo le van a joder, para luego seguir con una sobre explicación aún más evidente del proceso. Un guionista profesional expone el asunto sin tanta obviedad. De hecho un simple plano al quirófano y al cerebro abierto del receptor da sentido a toda la situación.

Acaba la cosa como estaba claro que iba a acabar: el prota se libra gracias al amigo que llega, por supuesto, justito en el último momento, y a que en uno de los criados (el jardinero-abuelo) se sobrepone la personalidad original justo también antes de disparar. Súper original, inesperado y sobrecogedor todo.

Y así tenemos “una de las películas de terror más terroríficas, originales e inteligentes de los últimos años”…

Alien: Covenant


Alien: Covenant, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 122 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: John Logan, Dante Harper, Michael Green, Jack Paglen.
Actores: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Jussie Smollett, Carmen Ejogo, Guy Pearce.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: La parte de los androides y el papel de Michael Fassbender. El póster con la cabeza del alien, más inquietante que toda la película.
Lo peor: El guion es un desastre… ¡más grande que el de Prometheus! El ritmo es negligente, los personajes dan vergüenza ajena, excepto los robots, la trama es insustancial y previsible salvo por un par de segmentos, y deja la sensación de que se traiciona demasiado a la serie, de que las nuevas ideas terminan desbarrando en sinsentidos o en soluciones poco emocionantes. El reparto, excepto el citado, no impresiona lo más mínimo. Ridley Scott dirige con desgana. De nuevo los tráileres destripan más de la cuenta.

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Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso no contiene ningún dato revelador más allá de una descripción del argumento.–

El desarrollo de la saga Alien ha sido un caos muy grande y ha traído más disgustos que alegrías a sus seguidores. Desde el éxito de la primera película estuvo claro que era rentable hacer más, que el atractivo del alienígena y del potente personaje principal, Ripley, eran un valor seguro. Bueno, siendo realistas, en cada nueva entrega ha habido unas pocas reticencias por ser ciencia-ficción adulta, que no es tan vendible como otros géneros, pero también era evidente que contaba con bastante fidelidad asegurada y un gran potencial para atraer a nuevos espectadores. Esto queda demostrado con que tras casi cuarenta años siguen pariendo nuevas secuelas, a pesar de que los productores la han liado bastante, improvisando cada proyecto de mala manera de forma que el milagro de Aliens fue un caso aislado y en los siguientes capítulos la desorganización y los egos propiciaron una caída de calidad notable.

Cada película supone una traición más o menos importante a la anterior, y sólo Aliens ofreció giros satisfactorios. Allí pasamos del terror puro a lo bélico, pero sin perder la esencia original: daba miedo y era claustrofóbica como su predecesora, y todas las nuevas ideas que aportaba fueron muy acertadas. En Alien 3, después de marear la perdiz con guiones de todo pelaje, sacrificaron lo andado, sin vergüenza alguna además, pues se cargaron a dos protagonistas muy queridos, Hicks y Newt, para dejar a Ripley sola otra vez y así intentar volver a los orígenes a pesar de que nadie lo pedía. Pero resultó una imitación bastante aburrida e incapaz de provocar pavor. En Alien Resurrection la situación también se descontroló, y acabó siendo una aventura más ligera, con toques de comedia incluso, dejando de lado la premisa de suspense y terror sin disimulo alguno. Al menos es muy entretenida, eso sí.

Prometheus devuelve la saga a manos de Ridley Scott, uno de sus principales artífices. En realidad Alien fue ideada y escrita por Dan O’Bannon, pero hay que contar a Scott y también a H. R. Giger, el diseñador artístico, como los otros pilares fundamentales. Scott ha afirmado estar asqueado, como todos, de la deriva de la saga, y quiere recuperarla con una nueva perspectiva. En este retorno pretende ir a los orígenes del ente alienígena tan misterioso, pero entre las imposiciones del estudio (otra vez con cambios de ideas y de guionistas) y que no estuvo muy atinado, nos trajo explicaciones insuficientes e inclinaciones filosóficas de baratillo en una cinta bastante floja.

Finalmente llegamos a Covenant, que promete, en un segundo intento, abordar la mitología del ser, poner orden en el desbarajuste de la trama y levantar el nivel cualitativo. El que hayan contado entre los guionistas con un peso pesado como es John Logan (Gladiator, El último samurái, El aviador, La invención de Hugo, Skyfall…) parecía indicar que se han tomado el proyecto más en serio. Pero me temo que el resultado ofrece un desastre aún mayor, es la peor entrega, y la más desatinada en cuanto a historia. Aunque se suponía que iba a narrar las andanzas de Shaw y David (tanto que se llamaba Prometheus 2), la sensación que dejó Prometheus en el ambiente fue bastante mala a pesar de su correcto recorrido en la taquilla y en el mercado doméstico, así que el proceso tomó otra vez el rumbo de la improvisación. Es difícil deducir, a la hora de escribir este artículo, cuánto fueron alterándose los planes iniciales (no se han filtrado versiones previas del guion ni hay declaraciones que den pistas, como sí ha ido pasando con Prometheus con los años), pero sí está claro que el estudio obligó a sacar el clásico alienígena de aquella para iniciar una serie distinta, pero ahora lo quiere de vuelta, y Scott ha rodado de nuevo cambiando de ideas sobre la marcha, como si no encontrara el rumbo, anunciando cada poco tiempo que se estaba alejando cada vez más de lo visto en el capítulo inivial de esta nueva línea, dando la impresión de que iba a dejar colgado todo lo que allí se propuso, a hacer la vista gorda.

Pero una vez estrenada Convenant nos encontramos con que la película es en el fondo una repetición apenas disimulada de Prometheus, que cuenta con el mismo esquema narrativo y aborda las mismas ideas aunque sea con otros protagonistas y pequeñas diferencias en los hechos. Es decir, es otra vez llegar a un planeta e ir muriendo de uno en uno en una poco inspirada aventura de suspense y acción, mientras de fondo se desarrolla un burdo ensayo sobre la fe y el creacionismo puesto en boca de personajes mediocres cuando no ridículos. Y para colmo, el intento de avanzar hacia alguna parte, cuando llega, no funciona, ofrece nuevas y absurdas traiciones a la serie, haciendo la historia cada vez menos atractiva y con más agujeros.

Que Scott diera un giro más reflexivo y espiritual a una saga que se aferraba a una combinación del terror alienígena con el humano (la corporación Weyland siempre fue la que nos llevaba a caer en las garras del bicho, en un clásico pero efectivo “el hombre es el peor enemigo del hombre”) no tenía por qué ser malo, pues la ciencia-ficción permite ir por infinidad de caminos, e incluso se podría decir que una renovación de ideas era bastante necesaria. Pero, como en Prometheus, no se sabe en ningún momento a dónde quiere llevarnos, las cuestiones que plantea son banales, quedándose en conceptos muy primarios (“¿hemos sido creados?”, “yo tengo fe a ciegas”), sin profundizar lo más mínimo en ninguna ramificación y desde luego sin dar respuestas convincentes a los pocos y obtusos pensamientos planteados. Y como es de esperar, el dibujo de los personajes se topa con esa visión tan inmadura, superficial. ¿Cómo pretendes sumergirte en la espiritualidad y creencias del ser humano con una descripción tan frívola, tan pueril, del mismo? Los conflictos de creencias son delirantes, pero lo mismo se aplica al resto de dilemas, decisiones y acciones que enfrentan: no guardan lógica ni seriedad alguna. Los científicos elegidos para liderar una misión de gran importancia son memos sin formación que no respetan la cadena de mando, que se toman todo como un juego, que no entienden realmente de ciencia (ni un protocolo de seguridad e investigación decente, es todo más disparatado que en Prometheus), que se mueven por impulsos inmaduros, poniendo en peligro a sus compañeros y la misión (¡2.000 colonos criogenizados!) por el capricho de turno, sea que uno quiere hablar con la novia (abundan los romances de corte adolescente) o cualquier otra sandez.

Así pues, nos volvemos a encontrar con que los protagonistas son muy aburridos, rematadamente estúpidos y por extensión inverosímiles, resultando cargantes desde sus primeras apariciones. Sólo se salvan los dos androides, Walter y David, encarnados ambos por Michael Fassbender. Son los únicos con una pizca de personalidad y unas motivaciones llamativas, con una evolución digna. Muestran el potencial que había y tanto se desaprovecha. La interpretación de Fassbender es de las difíciles, de las de mostrar intenciones y pensamientos ocultos con sutileza, y encima en dos personajes distintos, y está fantástico. La protagonista, Daniels, es un cero absoluto en carisma, en parte por el pobre papel de Katherine Waterson, pero sobre todo porque no presenta ninguna forma de ser concreta, ni anhelos ni metas. Su única aportación medianamente intelectual es una simplona discusión con el capitán, y el único interés que le conocemos en esta gran aventura es hacerse una cabaña en el nuevo mundo. Luego simplemente se dedica a copar todos los planos sin que sepamos qué piensa, cuánto sufre, qué quiere y qué podría hacer. En Prometheus, Noomi Rapace era capaz de levantar un personaje central inicialmente bastante tonto, pero Waterson no da la talla en ningún momento. El nuevo capitán tampoco pasa el corte menos exigente, es un panoli sin determinación ni dotes de liderazgo, otra descripción que no encaja en un tipo que ha alcanzado un puesto tan exigente, y Billy Crudup tampoco deja huella. El resto de la tripulación son peleles a los que no se les confiere identidad, y menos aún cuando empiezan a caer en los agujeros del guion. En Prometheus, aunque fueran malos personajes y acabaran haciendo el gilipollas, al menos te hacías una idea de quién era quién y a qué se dedicaba, aquí sólo he sido capaz de identificar a varios pilotos, y por supuesto no me importaba lo más mínimo lo que les pasara a ninguno de ellos, así que el resto ni te cuento.

Como es obvio, sin protagonistas con tirón es difícil enganchar, y para empeorar las cosas la aventura es rematadamente insulsa, mucho más lenta y aburrida que Alien 3, y la más previsible de toda la saga. El primer acto se hace eterno. Los líos en la nave son intrascendentes, no resultan excitantes ni sirven para exponer como es debido a los protagonistas. La llegada al planeta de turno se hace de rogar, llega sin forjar una atmósfera de intriga, sino con una parsimonia cansina, y una vez allí empieza la fiesta. Pero en el mal sentido, porque en el arco central se acumulan las tonterías hasta convertir la película en una comedia involuntaria, y garantiza risas en cantidad. Los detalles, aunque todo es predecible hasta el hartazgo, los considero reveladores, así que los dejo para luego. Pero aquí también hay un pequeño giro que salva de la más absoluta ignominia a la proyección: la trama toma una nueva perspectiva bastante prometedora cuando los dos androides se enfrascan en un duelo moral e interpretativo. Deja un par de escenas muy sugerentes y promete encaminarnos por fin hacia algo mejor…

Pero el envoltorio hace aguas por todas partes, con esas situaciones rocambolescas que tiran por tierra no sólo la consistencia global, sino cualquier intención de generar intriga o incluso terror, y finalmente esa nueva línea no termina de despegar, la cinta vuelve a decaer bastante en su tercer acto. De repente Scott se obsesiona por la acción aparatosa, cambiando el género de supuesto suspense por prácticamente una de superhéroes. Los personajes que quedan, de inútiles y pasmaos pasan a ser valerosos y resolutivos en un visto y no visto, pero además en una línea exageradísima, como si estuviéramos en un capítulo de Los Vengadores de Marvel. Pero, de nuevo, sin conexión con los protagonistas no hay manera de emocionarse, y para rematar, las secuencias de acción son tan hipertrofiadas que me sacaron por completo de una narrativa que antes era opuesta, fría, apática.

Scott se queda un poco corto donde siempre suele brillar: el aspecto audiovisual no cautiva. El acabado no es tan impactante como el de Prometheus, que conseguía ser entretenida e incluso bastante intensa en algunos tramos a pesar de sus deficiencias, ni tampoco aguanta el tipo comparada con Alien 3 y Resurrection, bastante efectivas a su manera en lo visual aunque no cogieran el punto a la esencia de la saga. Aparte de que Scott no consigue sacar nada del atroz guion, también se hacen evidentes otros motivos: se nota la falta de confianza del estudio, que le dio sesenta millones menos de presupuesto que a Prometheus, los escenarios principales carecen de originalidad y capacidad para sobrecoger (gran parte de la aventura transcurre en parajes naturales), y las partes más importantes se plantearon, supongo que por buscar algo más comercial, como de acción básica, no de atmósferas trabajadas. La recreación de la nave Covenant es bastante buena, pero en cambio el escenario nuevo que debe sorprender lo hace más bien para mal, porque no parece muy verosímil ni se aprovecha en esta narrativa tan poco estimulante. Es que el poco nivel arrastra hasta a la banda sonora, que en disco suena vibrante, a ratos espeluznante, pero en la película no cala lo más mínimo; solo el tema central de Prometheus, al que recurren un par de veces, se hace notar. Scott es bien conocido por destrozar la labor de los músicos.

Después de la leve remontada del segmento central, el tercer acto se me hizo larguísimo y el aparatoso clímax no recuperó mi atención, estaba totalmente desconectado en esas secuencias de acción desmedidas pero huecas. Y el final no mejora las impresiones. La idea de dejarlo abierto a nuevas secuelas no funciona, es un desenlace insustancial, predecible y nada atractivo de cara al futuro. Nos han engañado dos veces, pero no deberían engañarnos una tercera… ¿O no?

Sorprendentemente, las críticas profesionales son bastante correctas, poniéndola incluso por encima de Prometheus. El público es más duro, pero aun así, desde mi punto de vista, le han llovido pocos palos, porque es pésima hasta dejar atrás la serie b y caer de lleno en el cine cutre, es decir, el que hace gracia por estúpido. Hasta las de Alien vs. Predator tenían algo de dignidad: sabían a lo que iban, la saga les importaba bien poco y en general carecían de pretensiones más allá de ganar algo de dinero.

Alerta de spoilers: A partir de aquí destripo a fondo con todo detalle.–

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Prometheus


Prometheus, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 124 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Damon Lindelof sobre el original de Jon Spaihts.
Actores: Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron, Idris Elba, Logan Marshall-Green, Sean Harris, Rafe Spall, Emun Elliott, Benedict Wong, Kate Dickie, Guy Pearce.
Música: Marc Streitenfeld.

Valoración:
Lo mejor: El aspecto audiovisual corta la respiración: dirección, fotografía, música, dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales son de gran nivel.
Lo peor: El guion es infame, ofreciendo un relato previsible y bastante falto de garra, pero sobre todo lleno de agujeros que se acumulan haciendo que tramas y personajes pierdan toda coherencia y verosimilitud. Los tráileres, que te reventaban toda la película.
La pregunta: ¿Por qué para mostrar a un anciano cogen a un actor joven y lo maquillan?

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: la comento bastante a fondo, pero también es cierto que los tráileres te lo contaban todo.–

Parece que Ridley Scott tenía claro qué quería rodar en este inicio de una nueva serie basada en su obra magna Alien, pero en la guerra de despachos habitual de Hollywood el proyecto fue desinflándose. O eso quiero creer, para exonerarlo de los infinitos errores del desastroso resultado. Meses de trabajo con el equipo artístico iban preparando el salto a imagen real del guion firmado por Jon Spaiths, pero, a punto de empezar a rodar, el estudio, 20th Century Fox, cambió de idea sobre el proyecto y exigió que se alejara mucho más de la saga madre, eliminando a los alienígenas de la historia. Fue impuesto Damon Lindelof para reescritir el libreto y Scott filmó cambiando sobre la marcha ideas y escenas varias, lo que indicaba que no encontraba el tono tras las injerencias. La cinta resultante ofrece una odisea científica mezclada con una reflexión religioso-filosófica, todo ello adornado con un poco de intriga y acción, pero la combinación hace aguas por todas partes porque el guion es muy flojo, tirando a esperpéntico. El tratamiento que se hace de la ciencia resulta ridículo, los pensamientos religiosos son primarios, casi infantiles, y la narración es un coladero de inconsistencias. Y no estamos hablando de un par de agujeros de guion y algún detalle cuestionable, sino de que los hay por decenas, y la trama y los personajes terminan atascados en ellos sin llegar a formar un relato coherente.

En el tramo inicial tenemos una aventura de exploración espacial que debería cautivar con la atracción por lo desconocido y por las cuestiones que abren los sorprendentes hallazgos, pero apenas consigue despertar el interés al avanzar con más problemas que aciertos. Las flojas pretensiones filosóficas sobre nuestros orígenes y el sentido de la vida se inclinan torpemente hacia el creacionismo y la fe, la historia que se nos presenta resulta difusa y no parece tener objetivos claros y el ritmo es algo soso. Es decir, ninguna escena o planteamiento causa impresión suficiente como para sumergirte con interés en la película. La simpleza de la perspectiva creacionista de hecho es mosqueante. Para empezar, ¿por qué el haber sido diseñado por una especie alienígena significa de repente tener respuesta a todos los misterios de la vida y la fe? No, es echar balones fuera. Lo único prometedor serían las motivaciones de estos seres, los ingenieros, pero me temo que su presencia es puro artificio y no llega a narrarse nada concreto con ellos después de tanta expectación.

Para empeorar la situación, es difícil establecer conexión con un grupo de personajes tan poco sustancioso, donde los que destacan apenas se mantienen en pie con un dibujo bastante pobre. Shaw (Noomi Rapace) y David (Michael Fassbender) son los dos más relevantes, y van algo justos. Ella de hecho empieza fatal, como una niña mimada que no entiende el mundo pero va de listilla. ¿Esa mente tan cerrada dirige una misión científica tan importante? Al menos Rapace es buena actriz, con lo que, cuando las cosas se ponen feas y lucha por sobrevivir, sus esfuerzos y penurias se transmiten bien al espectador; pero es una lástima que su viaje interior sea tan pobre, quedando a años luz de la gran Ripley, que sólo en Alien, incluso empezando casi como secundaria, mostraba muchas más enjundia. David es bastante intrigante, y más sabiendo que los androides de la serie siempre guardan sorpresas; pronto se sugiere una agenda oculta y gana en atractivo, aunque al final veremos que tampoco lleva a nada atractivo, y si se sostiene es porque Fassbender también llena la pantalla con su carisma nato, lo que le da algo más de empaque. Ningún interés despierta el rol de Charlize Theron, Vickers, cuyo tono críptico resulta cargante, deambula de acá para allá sin que quede claro qué pinta ahí, e igualmente termina sin haber ido a ninguna parte. Y el resto del panorama es desalentador, porque todos los secundarios tienen unas presentaciones bastante torpes: diálogos acartonados y situaciones un tanto forzadas no dejan entrever ninguna personalidad llamativa; también me pregunto cómo aceptaron un trabajo que no les iban a explicar hasta llegar al destino y se embarcaron en la nave y metieron en estasis sin llegar a presentarse entre ellos si quiera. El capitán es el único con potencial, pero tampoco se configura una personalidad clara, y es otro que funciona únicamente por al tirón de su intérprete, Idris Elba. El peor de todos es quien parecía otro protagonista principal, el novio de Shaw, Charlie. No se termina de ubicarlo en un puesto y en una línea argumental concreta, de hecho ni parece aportar nada al viaje emocional de Shaw, y al final es engullido por uno de los giros más malogrados; y Logan Marshall-Green se queda corto ante un reparto bastante llamativo: no deja huella alguna, en cuanto sale de la escena te olvidas de que estaba ahí.

Conforme nos introducimos en el arco central, la situación expuesta acaba pareciendo una comedia involuntaria, porque lo poco que ofrecen los personajes queda diluido por completo en el sinsentido en que desbarra la trama. Es imposible mantener la intriga por lo que encontraremos en el planeta, su significado y su impacto en las vidas de los protagonistas, con un tratamiento tan torpe e irreal de la perspectiva científica, que los convierte a todos en estúpidos. Lo mejor hubiera sido pasar de todo. Aterrizan y se meten ahí, como en cualquier otra del género. Pero Scott buscó un tono serio que Lindelof, como nos temíamos muchos, fue incapaz de alcanzar. Las cosas cogidas por los pelos, los comportamientos inadecuados y los agujeros de guion se amontonan hasta provocar una avalancha.

Resulta que a la misión científica más importante de la historia de la humanidad no sólo le encasquetan unos fanáticos religiosos como líderes, sino que todo el equipo elegido está lleno de incompetentes de un nivel asombroso. Llegamos a la luna objetivo (con la nave siempre en combustión plena cuando debería estar frenando) y… ¿qué hace este gran equipo de científicos? Empezar el aterrizaje a lo bruto. Sin sondas que analicen la atmósfera, el clima y los terrenos adecuados para posarse. Y aun con esas se topan con una estructura alienígena por pura suerte y aparcan ahí. “Dios no construye en líneas rectas” es la gran deducción científica que hacen. Pues oye, lo mismo resulta que detrás de las montañas hay una ciudad, y más allá otra, y otra… Quién sabe, han ido a un sitio aleatoriamente sin comprobar nada más.

Una vez allí siguen olvidándose de la ciencia. Van corriendo a meterse en la estructura, a abrir y tocarlo todo sin una investigación previa que evite contaminación y riesgo personal, porque están tan entusiasmados que ningún protocolo importa. Todo botón, resto y sustancia es manoseado sin miramientos (imagina que activan sin querer un sistema de defensa…). Se quitan los cascos sólo porque detectan una buena combinación de oxígeno, sin que parezca importarles el riesgo biológico en ninguno de los dos sentidos: que se contagien algo o que estropeen los hallazgos con bacterias de la Tierra. Que lo haga Charlie, que como bien dice “soy creyente” y está claro que lo único que quiere es encontrar un viejo sabio que le diga de dónde venimos, adónde vamos y si hay vida después de la muerte, pues podría valer, sólo lo dejaría como majadero a él. Pero lo triste es que los demás lo imitan, incluso los que se reían de su exceso de fe. Con esa actitud no sorprende que accedan a cámaras sin comprobar su atmósfera, alterando lo que hay en su interior, o que se lleven los restos de un alienígena en una mísera bolsa y se paseen con ella por su nave, que por cierto ni siquiera parece tener secciones aisladas para este tipo de trabajos.

Pero sigue decayendo la cosa, porque se dedican a experimentar con ese primer hallazgo de vida extraterrestre a lo bestia: sin trajes aislantes, con unas simples mascarillas que incluso se quitan, pinchando y dando calambrazos… ¡Cuando han destruido la cabeza con sus manazas es cuando deciden tomar muestras! Por si no fuera bastante, ante todos estos descubrimientos Charlie se deprime. ¡No están vivos y no tenemos las respuestas religiosas que quería! Pues no sé, si no te interesa su biología, tecnología y cultura (¿¿pero no eras científico??), estudia sus escritos y sus diarios a ver si ahí te dicen por qué se aburrían y alteraron la evolución de las especies en nuestro planeta; y mira más allá, pues como decía lo mismo hay ciudades enteras. Llegamos al punto de tener bobadas de un calibre verdaderamente risible, como que se pierdan dos miembros a pesar de toda la tecnología que llevan, de hecho incluso transmiten sus coordenadas un momento más tarde. Uno es un geólogo que se asusta de un espécimen fosilizado, diciendo “a mí me gustan las rocas, me piro a la nave” (cosa que hace a gritos sin venir a cuento), y el otro es precisamente un biólogo, al que tampoco parece interesarle el mayor hallazgo del siglo en su materia. Luego esos dos, aburridos de dar vueltas, vuelven al lugar que tanto temían y se ponen a jugar con una serpiente o gusano gigante…

El tercer acto se lanza con la misma torpeza, dejando cada vez más y más cuestiones abiertas, avanzando a trompicones en ninguna dirección concreta. Al final no sabes qué te han querido contar, no te han dado respuesta a ninguno de los planteamientos iniciados, las decisiones de los personajes no se entienden… David probando a infectar con todo lo que encuentra a los demás tripulantes: ¿qué trata de lograr con ello, por qué lo hace sin pruebas controladas ni seguimiento? A Charlie le sale un gusano alienígena en el ojo y no hace nada, se calla cual niño que ha robado una galleta. Nos presentaron un equipo de seguridad con armas que parecía que acompañaba a los científicos, pero por alguna razón desaparecen. Así pues, a la misión de rescatar a los tontos de la serpiente tienen que ir los pobres pilotos. Y por supuesto van sin médico, que parece darles igual si hay algún herido, y luego vuelven a la nave con un tipo infectado sin practicar control biológico alguno, así que Vickers, en su única aportación tangible, intenta evitar que entren, porque los encargados de la seguridad siguen desaparecidos (y flipante ver a gente curioseando por detrás como si no estuvieran implicados en la misión). Pero da igual, al final entran, y una vez se han pateado media nave es cuando empiezan a pensar que quizá habría que hacer pruebas de sangre. ¿De sangre? ¿No habría que hacer una limpieza general, buscar contaminación en la piel, el pelo, la ropa, los pasillos…? Luego uno de los muertos que dejaron atrás se convierte en zombi y ataca… Ahora aparece el equipo de seguridad, pero son tan patanes que de nuevo tienen que implicarse los pilotos; por cierto, no mueren todos estos inútiles, al menos tres cogen un vehículo y se largan, y nunca más se supo de ellos; ¡ahí tienes para otra secuela, Scott! En la operación de Shaw, no sé por qué grita y se pincha si la máquina dice que ha sido anestesiada; y atención a cómo el cacharro cierra la herida sin limpiar los restos orgánicos del interior, ¡qué eficiente! Lo de que luego se vaya corriendo sin más y nadie se cuestione por qué aparece toda ensangrentada y hecha polvo es lo de menos ante tanto desatino.

Pero hay más… Al morir un tripulante por una infección desconocida, Shaw deduce sin más que los alienígenas quieren matar a los humanos. El capitán no se queda atrás: ve al otro infectado (Fifield, el que vuelve en modo Walking Dead) y deduce definitivamente que… ¡es una instalación de guerra bacteriológica! ¿No podría ser una bodega de vino extraterrestre? Y todas las calamidades que os han ocurrido, ¿no podrían deberse a andar enredando con sustancias desconocidas sin medidas de seguridad? De haber sido un equipo competente nada les habría pasado, y antes de haber despertado al ingeniero habrían investigado bien su naturaleza y los archivos de la nave para determinar sus intenciones. El alienígena tampoco parece muy listo. Se despierta solo y no se para a analizar la situación, como qué hacen esos humanos ahí o si siguen estando presente los peligros que acabaron con sus compañeros, su único objetivo es ir a la Tierra a destruir al hombre, ese que tanto parece que les costó crear. Vickers corriendo en línea recta cuando le bastaba dar un paso a un lado es ya un momento legendario del cine cutre. ¿Por qué los otros dos pilotos están contentos por suicidarse cuando tienen una opción de vivir más tiempo?; y a pesar de la aceleración impresionante, el capitán aguanta de pie como un campeón. David le dice a Shaw que el ingeniero va a por ella: ¿cómo sabe que está viva y dónde se encuentra, cómo intuye tan fácilmente adónde va el enemigo y cuál es su plan? Shaw llega con treinta segundos de oxígeno en el traje, cierra la cámara estanca y la llena de oxígeno… ¡pero olvida quitarse el casco!, ¡y aun así sigue viva! Me pregunto cómo crece tanto el pulpo ese sin alimentarse de nada. Finalmente resulta que hay más naves: ¿qué otras cosas habrá en ellas y más allá?, ¿seguro que no queda ningún otro ingeniero vivo?… En resumen, ¿por qué despegan antes de dar un buen repaso a la zona? ¿Y tampoco se les ocurre avisar a la Tierra o incluso llevarle esta tecnología para que la estudien y le saquen partido en defensa de la amenaza? Nooo, vamos a su planeta a agitar el avispero, que parece más sensato. Vale, quizá resulta que este era un grupo rebelde y en su planeta son todos súper majos, o lo mismo están todos extintos ya, pero no es inteligente arriesgarse sin pruebas ni un buen plan.

Y como señalaba, resulta que las incógnitas que funcionan como base de la trama no se explican o, en caso de que quisieran dejarlas en el aire, no se hace bien y quedan confusas. ¿Por qué deduce Shaw que somos creados por ellos, y no lo que indica la lógica más simple, visitados sin más? ¿Para qué hay un mapa-invitación a una base militar indudablemente secreta? ¿Qué pretenden atrayendo a los humanos cuando precisamente el plan es ir a la Tierra a destruirlos? Quizá podríamos pensar que es una mala interpretación de los personajes, pero entonces cabe señalar la torpeza de los ingenieros dejando pistas como para que tribus poco avanzadas elaboraran un mapa de su escondite. El propósito de influir en la evolución tampoco parece muy lógico, al menos sin explicaciones detrás. ¿Nos han fabricado sólo para exterminarnos luego? ¿Cuántos millones de años se tiran controlando la evolución de las especies, cuánto influyen en la aparición del ser humano? Porque está claro que vuelven de vez en cuando, y por alguna razón incluso manteniendo contacto con nuestros ancestros. Menudo trabajito. ¿Son inmortales o es que se pasan eras en estasis? Pero hay infinidad de cuestiones menores que también contribuyen a la confusión. ¿De qué huyen y mueren los habitantes de la nave y por qué se refugian precisamente en una habitación llena la peligrosa sustancia negra? ¿Por qué esa sustancia actúa aleatoriamente, es decir, por qué crean algo tan incontrolable? ¿Por qué las lombrices no fueron afectadas en dos mil años? Aquí supongo que podríamos decir que la sala se activa al entrar ellos. ¿Qué es la vaina verde que tiene un lugar prominente en la sala pero no parece llamarles la atención? ¿Por qué hay representaciones del conocido alien en los murales si el que aparece al final es producto del azar?; y ya me diréis qué aporta ahora este bicho, si la cinta ha terminado y el plan argumental anunciado es que las secuelas se irían a otros mundos.

Entre todo este caos, la esperada evolución de los protagonistas no llega a hacer acto de presencia. ¿Qué han aprendido, qué respuestas a sus cuestiones personales han obtenido? Salvo que hay peligro y deben correr, no hay más cambio en ellos. Shaw ahora decide ir en busca del planeta de los ingenieros tras las dichosas respuestas, porque esto de la fe es un ciclo sin fin. Luego se preguntará quién los creó a ellos, y así sucesivamente. Aunque deba aliarse con Shaw para sobrevivir, no se explica por qué David al final es súper atento y simpático. Tampoco se matiza si ha aprendido algo sobre la humanidad, la vida y la muerte. Ya he comentado el incomprensible entusiasmo de los pilotos por suicidarse. Vickers ni con la aparición de Weyland toma una forma concreta: ¿toda su pose distante y fría se debe a que su padre, que le ha dado dinero y posibilidades infinitas, pasa un poco de ella en lo emocional? La aparición del millonario buscando respuestas e inmortalidad no es una gran sorpresa, pero dada la trama y viéndose claramente que era un actor joven maquillado (Guy Pearce) cabía esperar un final muy distinto, y eso de que exija atención al ingeniero en plan pataleta para luego acabar muerto, pues corta el rollo bastante.

No sé cómo Damon Lindelof se sorprende de que sea tan odiado por los fans de la ciencia-ficción, pues se ven en todo momento sus vicios, esos que acabaron con Perdidos pasando de ser una serie que generaba admiración a ser odiada: crear misterios al tuntún y luego no saber encajarlos en la trama global y menos aún darles respuesta, y destrozar personajes sumergiéndolos en esas tramas sin sentido. Pero lo peor y más difícil de perdonar es que fuera aceptado sin que en el estudio vieran que era un coladero inestable y no daba la talla como capítulo inicial de una saga destinada a ser secuela de otra muy admirada. El trabajo de Jon Spaiths se filtró y ha habido varios que lo leyeron y analizaron: este artículo por ejemplo es muy descriptivo y hace pensar en que había una obra con gran potencial, sin duda más coherente y mucho más relacionada con la serie; tiene ideas y tramos muy atractivos, como ese final con un alien enorme parido por el ingeniero.

La sensación de decepción se agrava porque en el aspecto visual no hay pegas, sino todo lo contrario, es digno de admirar. Como es habitual en su filmografía, Ridley Scott edifica una película impecable en forma, siendo capaz de exprimir bastantes emociones de ese libreto lastimero. Sacando gran provecho de una banda sonora sugerente, una buena fotografía, la vistosa labor artística y su magnífica ejecución a través de los decorados, efectos especiales y vestuario (¿pero cuantos trajes espaciales distintos tienen?, menudo derroche), consigue una obra lo suficientemente cautivadora a la par que inquietante como para atrapar lo justo y resultar entretenida a pesar de sus carencias internas. Algunas escenas son bastante potentes, como las panorámicas del planeta, los pasillos alienígenas, el puente de mando, el despertar del ingeniero (increíble lo realista que ha quedado) y el ascenso y caída de la nave. El clímax final dura media hora y se pasa en un suspiro de lo bien narrado que está desde la puesta en escena: el ritmo y la fuerza de las imágenes es de impresión. La única pega es la obsesión que hay en títulos de intriga o terror con amplificar los efectos sonoros: tocan una sustancia y suena como si una apisonadora aplastara una tonelada de cucarachas, Shaw vomita como una manguera de bomberos a pesar de que apenas se ve salir líquido, los intentos de sustos se remarcan demasiado, etc.

Pero con semejante parida de guion ni siquiera este espectacular acabado visual puede obrar milagros, y aunque en un primer visionado resulta bastante amena, como las veas más veces empieza a caerse a pedazos. Prometheus se queda en una superproducción con tono de serie b: simple, tontorrona, cutre a veces, pero divertida si te la tomas como algo intrascendente. El problema es que sus pretensiones y nuestras esperanzas eran muy altas y por lo tanto hay que hablar de un fracaso importante.

Una mención aparte merecen los tráileres. Precisamente el de Alien siempre se ha considerado uno de los mejores que se han hecho, por ser capaz de despertar interés y generar intriga y desazón sin mostrar casi nada, y desde luego no la criatura principal. Y el de Aliens iba por el mismo camino, resultando igual de efectivo. Pero los de Prometheus te muestran prácticamente el argumento completo y te destripan las escenas cumbre con detalle. ¿Son culpables de que la proyección pareciera bastante previsible? Porque no pueden esperar que te sorprenda la aparición del ingeniero o la nave despegando si te lo han mostrado varias veces antes de verla. Es un desastre de campaña publicitaria y para mí una falta de respeto al espectador. Además es una práctica cada vez más común y difícil de esquivar: no puedes ir al cine sin que te destrocen dos o tres películas en los avances.

(actualización de la entrada original publicada el 04-08-12)

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
-> Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

Aliens


Aliens, 1986, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Duración: 137 min. (cines), 154 min. (edición especial, 1992).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron, Walter Hill, David Giler.
Actores: Sigourne Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Carrie Henn, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope, Janette Goldstein.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion, dirección, efectos especiales y decorados, música, reparto… Su inigualable capacidad para atrapar, impresionar, agobiar, aterrar… incluso innumerables visionados y años después.
Lo peor: Le sobran un par de escenas en su versión completa. Y por el contrario, a la versión corta le falta una crucial. La calidad del audio de la versión doblada en España es bastante mala, hubiera requerido un redoblaje más cuidado para el dvd, y más aún para el bluray (además, se nota mucho el contraste con las escenas añadidas en la edición especial); y la voz de la niña es horrible, como hecha por una actriz adulta con voz de falsete.
Mejores momentos: La inquietante entrada en el complejo, el primer y caótico ataque, Ripley tomando los mandos del tanque, la caída de Vasquez… Y todo el tramo final con la búsqueda de Newt y el enfrentamiento con la reina.
El plano: La nave pilotada por Bishop acercándose al generador (cuando Ripley decide ir a por Newt), con un tema musical que pone los pelos de punta.
El título en castellano: Oficialmente se denominó Aliens: El regreso. No sé por qué en España siempre ha existido la manía de añadir coletillas ambiguas o incomprensibles a los títulos. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, su nombre original es el que se recuerda.
La frase: ¡Aléjate de ella, zorra!

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Por si alguien no la ha visto a estas alturas, la destripo a fondo. —

Alien de Dan O’Bannon y Ridley Scott (1979) fue una de esas obras maestras revolucionarias que marcan un hito en la historia del séptimo arte y dejan al espectador (al que tuvo la suerte de verla en su época sobre todo) anonadado ante algo tan innovador y fascinante (y, en este caso, terrorífico). Una película de las que no se olvidan, de las que son capaces de romper la injusta barrera que separa el cine de ciencia-ficción del “cine de verdad”. Su éxito fue tal que pronto la maquinaria de Hollywood empezó a gestar una secuela, siendo uno de esos proyectos que deambulan por los estudios entre productores varios, contratando y cambiando guionistas e ideas constantemente, de forma que parecen abocados al fracaso artístico. Pero quiere la suerte que por aquel entonces habría gente con la cabeza bien puesta en la 20th Century Fox, y aunque inicialmente había dudas sobre su viabilidad económica, a partir de cierto momento el proyecto se tomó en serio. El nombre de James Cameron, un autor desconocido y sin un currículo digno de mención (el título de cine cutre Pirañas II), fue propuesto por alguien, pero no tenía la confianza del estudio a pesar de que algunos alabaron el argumento que propuso. Pero al deslumbrar con Terminator (1984) pensaron que él y su socia productora Gale Anne Hurd (con la que estuvo casada unos años por aquella época) reunían cualidades de sobra, y les dieron bastante libertad durante el rodaje, sobre todo porque su guion entusiasmó a todos.

Este mismo proceso se repitió en el resto de la serie con mucho peor suerte: en Alien 3 el estudio se sumergió en un caos de cambios de productores y guionistas y maltrataron a lo grande el trabajo del director David Fincher, en Alien Resurrection jugaron con otros tantos guiones, y aunque al final optaron por dar libertad al director Jean Pierre Jeunet, este tomó un rumbo inadecuado, e incluso cuando Ridley Scott resucitó la serie con un nuevo ángulo en Prometheus, el estudio impuso cambios de ideas y guionistas y además parecía que el propio realizador no supo muy bien por dónde quería ir. Así que Aliens acabó siendo un milagro que no se volvió a repetir en una serie que a partir de ahí nos ha traído muchos desencantos a sus seguidores.

Cameron tuvo la osadía de cambiar el género y estilo por completo, planteando una odisea bélica en vez de repetir la fórmula del primer capítulo. Con la filmación y el estreno forjó definitivamente su leyenda de visionario y genio del cine, pero también de persona con la que es difícil trabajar debido a la exigencia de sus rodajes, pues el ambicioso filme que pretendía no fue fácil de llevar a cabo. La complejidad que requería provocó innumerables quebraderos de cabeza, y aunque todos fueron hábilmente resueltos por un equipo muy inspirado y dirigido con mano firme por el obstinado pero dotado director, secuelas quedaron. Como en otros trabajos suyos (Abyss), algunos currantes renegaron de él. El primer director de fotografía duró poco, por ejemplo; aunque el más sonado fue el caso de James Horner, que tuvo que escribir a toda prisa la banda sonora, soportando cambios y exigencias constantes, y no quiso volver a trabajar con él hasta que en Titanic lo convenció de aguna manera (con un sueldazo, seguramente). Recomiendo ver los extras de los dvds, en especial algunos como el dedicado a la creación de la reina alien o el del inicio del rodaje, pues aunque otros son menos satisfactorios (los típicos de entrevistas aburridas), los buenos son muy interesantes.

Como en toda obra de Cameron, su narrativa es extraordinaria a todos los niveles. Mide el tiempo de forma exquisita, sabiendo dónde poner cada personaje, trama y escena, y dominando admirablemente qué emoción y sensación sacar de cada instante. Así, hasta que llegamos al planeta casi pasa una hora, pero hasta entonces ha ido cimentando unas bases sobre la historia y los protagonistas de forma tan acertada que el trayecto ha resultado sumamente atractivo. El ritmo hasta entonces puede ser pausado, pero es intenso y expectante como en las partes más activas del relato.

Protagonistas que despiertan pasión ya desde sus primeras apariciones hay unos pocos en un repertorio memorable: Ripley, Bishop, Hicks y Newt son protagonistas que dejan huella, pero los secundaros resultan redondos también, destacando a Vasquez, Hudson, Gorman y el repelente Burke. Qué difícil es hoy día ver un grupo de personajes tan completo, verosímil y atractivo, sobre todo en los géneros de acción, ciencia-ficción y fantasía. Unos te caen simpáticos, otros resultan algo repelentes pero sin caer en clichés triviales (la trayectoria del teniente inexperto da mucho juego), y con todos se sufre de una forma u otra. El trabajo actoral es excelente. Sigourne Weaver consigue un papel aún más conmovedor que el de Alien, llenando la pantalla de forma impresionante, y Michael Biehn, junto a su gran interpretación en Abyss, demostró que como actor de cintas de acción valía bastante en comparación con el poco éxito que tuvo. Y los secundarios no se quedan atrás, destacando a Bill Paxton como el hiperactivo Hudson, Lance Henricksen como Bishop, capaz de llegarte a pesar de la máscara de frialdad robótica, la carismática Jenette Goldstein que da vida a la dura Vasquez, o la excelente representación del mando cobarde que hace William Hope como el teniente Gorman. Y como curiosidad, fue la única película en la que participó la intérprete de Newt, Carrie Henn, quien sólo volvió a ponerse ante las cámaras para unos pocos documentales rodados a partir del año 2000 para los dvds.

El prólogo con el rescate de Ripley es muy intrigante, su adaptación al mundo real mantiene un aura de pérdida y melancolía muy logrado, y la sensación de que quiere huir pero arrastra heridas no cerradas mantiene la expectación aunque sepamos que al final se lanzará a la aventura, porque no habría película de otra forma. Y su gradual maduración no defrauda, va ganando coraje, determinación y liderazgo, para acabar echándole huevos a lo grande en el inolvidable tramo final.

La presentación del comando militar es muy correcta, tiene los diálogos y situaciones necesarios sin caer en tópicos ni perder el ritmo. El diálogo con Vasquez haciendo ejercicio pone en cada lugar a varios de ellos, y la muestra de que Ripley sabe manejar el robot tiene la gracia suficiente para no parecer una mera justificación del clímax final. La entrada en el complejo del planeta, jugando con el misterio a lo desconocido, los pasillos desiertos y las señales de lucha, resulta acongojante. Cuando empiezan a pitar los detectores de movimiento, la tensión te mantiene aferrado al asiento. El ataque en la oscuridad de la estructura alienígena es abrumador y espeluzante, y la decisión de Ripley de tomar el mando (tanto del tanque como de la misión) expone en acción el cambio que iba viéndose en ella, la decisión de luchar con todo su ser contra el enemigo que cambió su vida. Hay sorpresas fantásticas, como el eterno plan de la corporación Weyland de hacerse con una de las criaturas (la escena en que Burke quiere infectar a Ripley o a la niña resulta hasta desagradable), situación que además señala ne que el hombre es también a veces un monstruo frío e implacable y el peor enemigo de sí mismo. A estas alturas estará claro que otra gran característica de Cameron es el realismo humano que desprenden sus obras: aparte de la verosmilitud que transmiten sus personajes, la historia siempre posee un trasfondo muy interesante; incluso Mentiras arriesgadas, a pesar de su tono absurdo, hablaba muy bien sobre la familia, sin los clichés rancios habituales.

Con el grupo diezmado volvemos al estilo que caracterizó a la primera entrega: la claustrofóbica resistencia ante un enemigo implacable. No hay lugar donde esconderse, y menos en un escenario tan cerrado. La situación de peligro inminente y la opresión del entorno oscuro y con criaturas al acecho se transmite al espectador magistralmente: una simple escena que muestra a los personajes cerrando una puerta pone los pelos de punta. Tras otro feroz y acongojante ataque, la huida por los conductos de ventilación resulta sobrecogedora, con momentos brutales como la caída de Vasquez y Gorman, el teniente en su momento redentor.

Ahora no queda otra que salir por patas antes de que el complejo estalle, un giro introducido con la suficiente habilidad para no parecer forzado. Pero la cosa se compilca con la desaparición de Newt. Ripley se ha encariñado, ve en ella la hija que perdió, y no está dispuesta a dejarla atrás, arrastrando al espectador en uno de los clímax finales más largos, subyugantes y espectaculares de la historia del cine. La búsqueda de la chiquilla, el interminable y terrorífico enfrentamiento con la reina alien, y el espeluznante epílogo sorpresa en la Sulaco te mantienen con el corazón en vilo durante largos minutos. Aquí deslumbra a lo grande ese exquisito manejo del tempo narrativo del que hace gala Cameron: los interminables pasillos, la alarma insistente, las miradas entre Ripley y la reina, el ascensor, el amago con que Bishop las ha abandonado, el remanso de paz roto trágicamente y la épica lucha sin cuartel contra la reina usando el robot de carga casi no te dejan respirar incluso aunque hayas visto la película innumerables veces.

Como señalaba más arriba, James Cameron controla al detalle y exprime todo elemento para que las ideas que tiene en mente se trasladen con fidelidad al celuloide. La labor de recreación artística es un portento, destacando los inigualables diseños de H. G. Riger, y el trabajo para levantarlo todo es loable: decorados y maquetas logran unas naves y escenarios imponentes y hacen verdaderamente tangibles cada situación y criatura; por ello esta película, y más concretamente la reina alien, resulta una magnífica muestra de que cualquier muñeco manejado por títeres, cables y piezas mecánicas funciona mejor que el efecto digital más logrado. La notable fotografía convierte los pasillos en algo inquietante, gracias también a un manejo excelente de la iluminación. El impecable montaje da forma exquisita a cada escena, tenga esta el ritmo que tenga. Y una banda sonora de James Horner que, a pesar de las dificultades y los controvertidos plagios, nos regaló una obra de acción y terror insólita, remata con una fuerza inenarrable la atmósfera del filme.

El resultado garantiza un visionado inolvidable. Estamos ante una obra que rompe cualquier esquema y catalogación. Capta todos los sentidos y los dirige a una tempestad de acción y terror, nos envuelve en un constante halo de claustrofobia, angustia e inquietud que transmite la certeza de la muerte (nadie parece estar a salvo) y la incertidumbre del caos (en cualquier momento pueden reaparecer los monstruos) con enorme intensidad. Es imposible apartar la mirada de la pantalla, salvo que sea por miedo o asco. Es una secuela que desde el más absoluto respeto sabiamente se distancia del original. Nunca una segunda parte con una visión tan atrevida y diferente había resultado tan memorable. En definitiva, Aliens es una obra maestra que complementa de maravilla a otra obra maestra.

La única pega que puedo ponerle es que a las dos versiones que existen les falta algo. La de cines recorta una escena imprescindible, la que presenta la pérdida de la hija de Ripley, crucial para entender su apego con Newt. Y la versión completa que pudo sacar más tarde Cameron (se la recortaron por larga) tiene una escena sobrante, la de las ametralladoras automáticas, que rompe un poco el ritmo para lo poco o nada que aporta. También se podría discutir si es necesario mostrar a los habitantes de la colonia antes de la llegada de los marines, que en esencia no es metraje especialmente importante e incluso podemos decir que la aventura es más intrigante sin saber nada de la colonia hasta que llegamos con Ripley. Sea como sea, ninguno de estos momentos o falta de ellos rompe la magia del conjunto. Lo que sí puede molestar (al menos si eres un cinéfilo exigente) es la poca calidad del audio doblado y la rechinante voz de la chiquilla. Como digo en la ficha, un título de esta categoría requería una mejora sustancial en este ámbito (redoblaje o remasterización si hay una fuente viable) para tener unas ediciones en dvd y bluray dignas. Así que la versión original es la más recomendable.

Serie Alien:
Alien (1979).
-> Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

Alien 3


Alien 3, 1992, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Dirección: 114 min. (cines), 145 min. (Assembly Cut, 2003).
Guion: David Fincher.
Escritores: Vincent Ward, David Giler, Walter Hill, Larry Ferguson.
Actores: Sigourne Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Paul McGann, Brian Glover, Ralph Brown, Danny Web, Lance Henricksen.
Música: Elliot Goldenthal.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, actores, música y unos pocos personajes interesantes.
Lo peor: No termina de tomar forma, es irregular y algo pesada, y no provoca las emociones esperables: el suspense y el terror brillan por su ausencia.
Mejores momentos: La autopsia, Ripley y Clemens interrogándose el uno al otro en distintos momentos, el “dragón” entrando en la enfermería.
El plano: El alien olisqueando a Ripley.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Por si acaso alguien no la ha visto todavía, la destripo a fondo. —

El proyecto de creación y producción de Alien 3 ha sido uno de los más caóticos de la industria del cine en toda su historia. La productora (20th Century Fox) mareó la perdiz alterando y descartando guiones de numerosos autores y cansando a directores que se largaban a rodar otras cosas. De hecho trataron a algunos de ellos con poco tacto: el descontrol era tal que alguno estuvo un tiempo desarrollando el proyecto sin saber que los directivos habían cambiado de ideas y su trabajo ya no valía. Varios nombres fueron muy llamativos, como el escritor de ciberpunk William Gibson, el director de acción Renny Harlin, o el autor de la posterior saga de Riddick, David Thohy. Planteamientos hubo de todo tipo, algunos muy ambiciosos, como el que pretendía dos películas, la primera sin Ripley (estaría protagonizada por Michael Biehn, quien fuera el cabo Hicks en Aliens) y la segunda con ella a la cabeza de una guerra a lo grande contra los alienígenas, y otros que prometían ser surrealistas, como una historia de monjes en una nave de madera que se convertirían en la resistencia contra los alienígenas. Al final los acreditados, aparte de los productores más implicados, fueron Larry Ferguson (La caza del Octubre Rojo) y Vincent Ward.

El rodaje lo empezaron sin poner fin al caos, seguramente porque ya llevaban gastado mucho dinero (sueldos y decorados luego desechados). Y se extendió a él, pues aunque contrataron a un director con talento, David Fincher, hoy día considerado uno de los autores más originales y dotados y con una carrera memorable (Seven, El club de la lucha, Zodiac, La red social), le hicieron la vida imposible con reescrituras de guion e imposiciones constantes. Del resultado renegó, igual que la mayor parte de los seguidores de la saga. Años más tarde, en 2003, una versión extendida con media hora más (llamada Assembly Cut, que supongo que se podría traducir como “Corte completo”) arreglaba aceptablemente bien el estropicio, pero él no tuvo nada que ver con ella y tampoco quiso participar en los extras de la edición en dvd que incluía las cuatro películas. La versión completa es la que comento aquí, porque la original ni la recuerdo ni tengo ganas de recuperarla.

Fincher era un director novel en cine pero venía de una larga carrera en videoclips, así que aparte de tener experiencia también mostraba cierta visión, que fue lo que seguramente llamó la atención del estudio, como pasó con James Cameron en la segunda entrega y luego con Jean-Pierre Jeunet en la cuarta. Y se ve la semilla de un buen director: la cinta entra por los ojos prometiendo más de lo que llega a dar. La puesta en escena se presenta muy certera, a veces incluso virtuosa, con el realizador exprimiendo a fondo la estupenda fotografía e iluminación de Alex Thomson: encuadres amplios para transmitir soledad e indefensión (los planos de los personajes empequeñecidos entre los grandes escenarios) y ángulos extraños para provocar angustia o caos (planos rápidos pero bien controlados, y recursos originales -la perspectiva del alien a ras de suelo o del techo-). El escenario elegido mantiene el sello de la saga: aislado, lúgubre y un tanto destartalado, transmite bien la sensación de claustrofobia y abandono. Eso sí, en un mundo aparte está la recreación digital del alien, que provoca auténtica vergüenza ajena. No sé si fue empeño de algún productor, pero si la tecnología digital estaba en pañales y veían que no pasaba el corte ni por asomo, no sé por qué lo mantuvieron. Supongo que en el lío que fue el proyecto llegó un momento en que no hubo otra salida que seguir adelante con semejante atrocidad. Por suerte en los planos más cercanos es fiel al original, una mezca de disfraz y mecanismos, una creación única, fascinante a la par que repugnante y espantosa. Y en el aspecto sonoro, la notable banda sonora de Elliot Goldenthal, tenebrosa como ella sola, parece la más adecuada para poner un extra de cara a la atmósfera esperada en una entrega de Alien.

En el guion también hay unos pocos puntos fuertes que auguran un filme de mayor calidad. Se va viendo un desarrollo de personajes bastante efectivo, y eso que partimos de un giro difícilmente justificable. No se entiende ni se perdona que, después de la férrea conexión forjada con los espectadores en Aliens, se carguen a la niña (Newt) y al cabo Hicks nada más empezar, sin que lleguen a salir. Con todos los posibles caminos por donde podían extender la serie, ¿en qué cabeza cabe hacerlo de manera tan poco respetuosa? El paso del tiempo ha suavizado esta mala impresión, pero en su momento tuvo que doler bastante a los seguidores. Pero este brusco cambio de dirección también garantiza que Ripley se encuentra en otro gran punto de inflexión de su vida. Además, Sigourne Weaver se implica de nuevo mucho con el personaje y transmite de maravilla la trágica situación. Nos encontramos ante una Ripley abatida, perdida, y este aura de melancolía se va tornando en un fatalismo muy inquietante: primero porque está rodeada de presos, cada cual más loco, y segundo, porque a la impresión de que morirán todos (ni armas, ni salida) se le une el descubrimiento de que lleva una reina dentro, lo que acaba con toda esperanza para ella. La escena en que el alien la deja con vida es una de las más icónicas de la serie, y el momento en que pide a Dillon que acabe con ella es bastante duro.

En cuanto al resto, el que sean presos violentos, escoria de la sociedad, no permite apenarse mucho con sus muertes, pero aun así Dillon, con su determinación por hacer que la comunidad se desarrolle dentro de unos límites civilizados, y el misterioso doctor Clemens, que parece ajeno al lugar (inteligente, culto, paciente y reflexivo), enganchan rápido, y sus esfuerzos y maquinaciones tienen momentos bastante interesantes (genial cuando Clemens pilla a la primera que Ripley ofrece sexo para acallar sus preguntas), amén de que los actores Charles S. Dutton y Charles Dance están muy bien. Y tenemos unos pocos secundarios en los que se ve empeño por otorgarles una personalidad concreta: el alcaide, Aaron (“85”), Golic. Se agradece que no sean simples extras y carnaza, pero también se puede decir que con lo que dura la versión íntegra había margen para forjar personajes y relaciones mucho más llamativos con los que pudiéramos implicarnos con mayor intensidad. En Alien y Aliens, incluso algunos que caen pronto se hacen querer, te acuerdas de ellos tras el visionado. Aquí sólo importan realmente Ripley y Clemens.

Respecto a la trama, se observa un objetivo concreto tanto en el primer acto como en el último, con algunos segmentos bastante notables, unos por ingeniosos, otros por trágicos. Inicialmente tenemos la intriga sobre cómo y cuándo aparecerá el alien, con Ripley forzando la autopsia de Newt (una escena conmovedora) y buscando otras pruebas mientras intenta que nadie se entere o la tomen por loca. Y como señalaba, la dinámica de tiras y aflojas entre ella, Clemens y el alcaide da bastante juego. Pero poco a poco empieza a pesar la sensación de que no se avanza. El tramo central se hace bastante largo, y ninguno de los otros presos, incluso los más presentes, como Golic, terminan de ganarse nuestra atención por completo. No se aprovecha un apunte sugerido en el primer capítulo y potenciado en el segundo y que aquí parecía que iba a tener relevancia: el hombre suele ser el peor enemigo para el hombre. Al principio se matiza, incluso más de la cuenta, que ella rompe el equilibrio del lugar con su presencia, pero la construcción de la nueva convivencia, el acercamiento de cada protagonista, los perdones y redenciones se dejan completamente de lado. Del intento de violación de Ripley pasamos a trabajar todos juntos sin más. En cuanto a la caza a la que están sometidos, el giro en que atrapan al bicho por primera vez pero el loco de Golic lo suelta no está mal planteado, sobre todo porque aumenta la impresión de perdición inminente, pero lo cierto es que la ejecución del plan para su captura es poco o nada esencial: ni aporta un tramo especialmente espectacular ni una lectura más profunda de los personajes. Así pues, lo que hace es agravar el estancamiento, darle visibilidad a las vueltas en círculos que repiten cosas que ya conocemos o que se ven venir.

Esto además se magnifica en el plan final de cazarlo en la fundición, porque a fin de cuentas es lo mismo que vimos en Alien y en el primer intento: ir cercándolo. Pero además emerge la pregunta de que si ahora no necesitan el peligroso combustible y el fuego, por qué antes sí. Si no decae hasta resultar un clímax insípido es por el buen hacer de Fincher, porque lo único que vamos a ver es gente corriendo y cerrando puertas. Se transmite algo de agobio, el destino de Ripley aunque está escrito posee cierto interés… pero desde luego no es un arco final deslumbrante. Ni la llegada de los hombres de la compañía Weyland, con el misterioso tipo que creó al modelo de androides de Bishop, aporta un extra, porque es enormemente predecible. El sombrío final de Ripley es una imagen bastante poderosa, pero por la fuerza del personaje, por su trayectoria, más que por la escena en sí, que va a lo más predecible. Y aquí debo decir que prefiero el cierre original, con la reina intentando escapar del cuerpo y Ripley agarrándola, que el elegido para la versión completa, donde Ripley cae sin más al magma. Con la reina presente se ve una victoria trágica más efectiva, más emocionante.

La sensación final es que, a pesar de los puntos fuertes con atractivo y del potencial global, Alien 3 nunca termina de despegar, de tomar una forma concreta y deslumbrar como podría. No llega a ser una película mediocre en su versión completa (la estrenada en cines parece que sí fue bastante desastrosa), pero queda claro que desde la improvisación no hay manera de levantar un proyecto tan grande como es una producción cinematográfica de forma que el resultado sea de alto nivel, o, dicho de otra forma, sin concretar los objetivos no se pueden medir las necesidades para alcanzarlos y repartir el trabajo adecuadamente. Por muy hábiles o esforzados que estuvieran los guionistas (a los que les tocó en la rifa ser elegidos), el director, el director de fotografía, el editor, el compositor y los actores, si no hay una línea clara y consistente sobre la que trabajar, difícilmente se puede rodar pensando en edificar una atmósfera concreta en este segmento, otra en este otro, y una global para la película entera. Así pues, las pocas virtudes que tiene, aunque inicialmente llamativas, no llegan a explotar, se diluyen un poco en un relato deslavazado, apagado y muy largo para lo poco que llega a mostrar. El misterio y el suspense no logran atrapar con fuerza como para ir poniéndote nervioso para que cuando el alien aparezca te lleve adecuadamente al terror, pero es que este factor miedo ni amaga con aparecer: las incursiones del bicho son muy desganadas, ni con sangre resultan espeluznantes, y por si fuera poco las escenas en que es digital pierden mucha más pegada. Y el fatalismo que prometía emerger de la situación sin salida y del destino sellado de Ripley, aunque tiene buenos momentos dramáticos, no consigue a resultar amargo y desgarrador como se espera.

En resumen, queda en Alien 3 una pizca de la esencia de la saga y un mínimo de calidad más que aceptable como película, pero el listón está tan alto, se esperaba tanto, que la mayor parte de los fans siguen divididos: o se rechaza con lástima o se acepta con tibieza.

PD: El tiempo de gestación de los alienígenas sigue estando muy poco meditado. El alien del buey se gesta en unas horas, el que lleva Ripley en cambio tarda mucho más. También cabe preguntarse cuándo tuvo tiempo la reina de plantar unos pocos huecos por la Sulaco, y más donde Ripley no los viera.

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
-> Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).