El Criticón

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Millennium: Lo que no te mata te hace más fuerte


The Girl in the Spider’s Web, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Fede Álvarez.
Guion: Jay Basu, Fede Álvarez, Steven Knight.
Actores: Claire Foy, Sverrir Gudnason, Lakeith Stanfield, Sylvia Hoeks, Stephen Merchant, Christopher Convery, Claes Bang, Cameron Britton.
Música: Roque Baños.

Valoración:
Lo mejor: Clare Foy está muy implicada. Tiene buen ritmo y un aspecto visual correcto, con lo que resulta entretenida.
Lo peor: El resto del reparto y de los personajes no dan la talla. Es una de acción convencional que se olvida en seguida, cuando Los hombres que no amaban a las mujeres apuntó mucho más alto.
El título: En toda la saga, las traducciones españolas de novelas y películas son más fieles al original sueco que las estadounidenses.

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En los Los hombres que no amaban a las mujeres (2011) los estudios implicados (Metro-Godlwyn-Mayer y Columbia Pictures) apostaron por mantener el tono de thriller adulto de las novelas, y David Fincher lo llevó más allá, ofreciendo una película muy intrincada y oscura y de gran calidad. Fue un estreno muy de agradecer, dado que desde la entrada del milenio este tipo de cine cada vez es más temido por los estudios. El rango de edad limita bastante el alcance en taquilla, y al ser para un público más inteligente se presupone que lo restringe aún más. Podríamos entrar a analizar si el público es cada vez más tonto y va al cine sólo a echar el rato el fin de semana y se mete en la cinta que esté de moda (a la que han puesto de moda con la campaña publicitaria), o si las majors han ido abandonando el cine auténtico por el de consumo rápido, pero este caso por suerte demuestra lo contrario: que hay público que quiere cine serio, y que la explotación comercial tiene sus límites.

La de Fincher costó demasiado a pesar de no ser una superproducción de acción, 90 millones de dólares, pero recaudó 230 en taquilla y a saber cuánto en el mercado doméstico, porque su calidad le garantizó fama inmediata; de hecho, fue uno de los mejores estrenos del año. Pero se ve que no ha sido suficiente para garantizar la continudad de la serie, y en esta pseudo secuela, reinicio o lo que sea, han tratado de convertirla en algo más comercial y rentable. Han rebajado las pretensiones intelectuales hasta dejarlas por los suelos, cambiando el thriller denso por una de acción al uso que combina sin tacto estilos de moda. Pero luego han hecho una cosa muy rara, porque han quitado mucha violencia y todo el sexo pero aun así se ha llevado una certificación “R”, o sea, sólo para adultos (en España no somos tan mojigatos y es +12 contra el +16 de la anterior), con lo que han acabado limitándose el rango de espectadores después de tratar de apuntar precisamente a un sector más amplio. No hay quien los entienda. El caso es que ha costado unos míseros 45 millones… y ha recaudado unos vergonzosos 35 millones gracias a un boca a boca que confirmaba una importante traición estilística y cualitativa.

Lo más difícil de digerir es el cambio del reparto. Teníamos a Kate Mara espléndida como Lisbeth Salabander, una joven destrozada por el sistema y algún pasado oscuro pero que fue siendo capaz de canalizar sus habilidades, luchar contra viento y marea y encontrar algo por lo que vivir, y a Mikael Blomkvist, un editor de una pequeña revista, encarnado por Daniel Craig, un tipo maduro y valiente con el que ella inicia una interesante relación de colaboración y puede que algo más. Pero nos los cambian sin más, como esperando que a nadie le moleste. Hemos tenido la suerte de que con Lisbeth se perdona bastante porque la actriz Claire Foy (The Crown, 2016) es muy competente y borda el papel de mujer dura pero metida en grandes peligros, y al trabajarse el pasado del personaje mantiene cierto interés. En cambio, el editor es un desastre. Como personaje no pinta nada, es un comodín de apoyo puntual a la protagonista al que no han sabido darle entidad alguna, y la falta de carisma de Sverrir Gudnason termina de hundirlo. Cada minuto que tiene en pantalla deseas que cambien a otra escena.

También teníamos secundarios de todo tipo y bastante atractivos, destacando al inquiente rol de Christopher Plummer , pero aquí el panorama es desolador. La villana (cuyo secreto creo que desvelan en los tráileres, para variar) está en esa línea, es un objeto conductor de la trama, ni resulta verosímil ni interesante; en esas condiciones Sylvia Hoeks, quien se dio a conocer con un papel impresionante en Blade Runner 2049 (2017), no puede hacer mucho. El resto del reparto es incluso peor, cada cual más intrascendente, tonto o cargante: el científico que ha creado algo mortífero pero se arrepiente y huye desearás que muera pronto, el agente de la CIA que lo persigue es analista informático y agente de campo todo en uno, pero no sé qué pinta aquí si la protagonista es Lisbeth, y para rematar, tenemos un niño superdotado, juntando así todos los clichés más viejos y cutres del cine de acción y suspense de baratillo.

Mosquea también que salten a libros muchos más avanzados. Pasamos a la segunda trilogía, no escrita por el autor original, Stieg Larson, pues falleció de un ataque al corazón, sino por David Lagercrantz. Lisbeth ya es una mujer adulta y ha hecho de la venganza contra los hombres su modo de vida. Pero las menciones a eventos que han pasado entre medio confunden más que servir como bagaje para la protagonista, porque hacen pensar en que nos hemos perdido cosas, que tenían que haber ido novela a novela. Pero claro, esta entrega se adapta más a las pretensiones de los productores, pues según parece (no la he leído) tiene un imporante toque de tecno-thriller y personajes secundarios estrafalarios. Ya me dirá algún lector si el libro se pasa de rosca como esta adaptación, yo voy a centrarme en compararla con la cinta Los hombres que no amaban a las mujeres (los telefilmes suecos tampoco me interesan). La crisis entre agencias de espionaje, con esos personajes anodinos y la demencial intriga nuclear, parece muy ajena a la fórmula inicial de la serie, y en este relato, también ajena a los protagonistas principales, resultando un hilo conductor, un macguffin, bastante forzado. Y en general, el estilo a lo James Bond, Jason Bourne y Misión Imposible resulta excesivo, sobre todo porque el potencial dramático de Lisbeth se deja de lado para convertirla en una heroína de acción.

Todo se resuelve con el móvil y el ordenador, con trucos muy inverosímiles, y no por investigación y esfuerzo real de Lisbeth. Dónde quedó el suspense, la sensación de reto enorme para los personajes, y para nosotros la emoción de ir juntando pistas. Se abusa también de la acción aparatosa (persecuciones, explosiones) a lo Jason Bourne, con calcos descarados como las luchas cuerpo a cuerpo con cámara en mano o la escena en un lugar concurrido y vigilado donde la protagonista trata de pasar desapercibida. La confrontación con la villana hortera y poderosa bebe demasiado de James Bond, sobre todo en ese final que pretende imitar a Skyfall (Sam Mendes, 2012) pero acaba siendo mediocre: el fracontirador y la casa reconstruida con el último exceso de cienci-magia no es un clímax con la suficiente pegada. Y todo ese artificio se sobrepone a la evolución de Lisbeth, quien después tanto flashback y tanto anunciar que va a enfrentar su pasado, no queda claro qué ha supuesto esta aventura para ella: ¿una liberación, un cierre o una herida nueva?

Sin deslumbrar como Fincher, el uruguayo Fede Álvarez es la mar de competente y ofrece un acabado bastante sólido. Hay momentos, como la persecución en moto, espectaculares. Pero conociendo su trayectora, con dos de suspense muy sólidas, Posesión infernal (2013) y sobre todo la notable No respires (2013), está claro que se ha visto algo limitado por las exigencias del estudio de forzar la acción sobre la atmósfera de intriga. En la misma situación parece estar la banda sonora del español Roque Baños. La labor de Trent Reznor y Atticus Ross en la anterior cinta no era brillante pero sí más original y se fusionaba mejor con las imágenes; la presente es muy predecible y algo machacona, parece hecha con ejemplos de una biblioteca de temas de acción. Pero es muy probable que exigieran eso mismo, no hay más que escuchar la anterior colaboración con el director, la entusiasta partitura para Posesión infernal.

Gracias a que la protagonista engancha, la proyección mantiene buen ritmo y un aspecto visual vistoso, destacando aprovechan bien los gélidos paisajes de Suecia, Lo que no te mata te hace más fuerte cumple con lo justo como entretenimiento pasajero, pero claro, no tiene nada que te permita recordarla al terminar, salvo la decepción por la falta de ambición artística y la obsesión por el dinero fácil, aunque esta vez podemos alegrarnos de que la fórmula no haya funcionado y les haya explotado en la cara.

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