El Criticón

Opinión de cine y música

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Ready Player One


Ready Player One, 2018, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 140 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Zak Penn, Ernest Cline (también autor de la novela).
Actores: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, T. J. Miller, Win Morisaki, Philip Zhao, Lena Waithe.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Alegrarte por reconocer alguna referencia a la cultura popular. La chica resulta simpática y la actriz Olivia Cooke competente. Ben Mendelsohn es capaz de deslumbrar incluso en una basura de personaje.
Lo peor: Historia muy vista y tontorrona, personajes planos tirando a cargantes (en especial el protagonista tan mal interpretado por Tye Sheridan), aburrida en lo visual a pesar del potencial.

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Es evidente que el Steven Spielberg de los años ochenta y principios de los noventa hace mucho que quedó atrás, que su talento no ha madurado y envejecido tan bien como desearíamos y se observa desgaste, falta de pasión o inspiración, y un giro conservador. Sus últimas obras que pueden considerarse realmente originales y vibrantes serían Atrápame si puedes y Minority Report (2002 ambas), el resto queda más bien en tierra de nadie o rozando la mediocridad. Cabe destacar el intento de revivir éxitos pasados con Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008), que sí bien a mí me pareció notable se llevó tal varapalo que frenó durante una década cualquier otro acercamiento a su mejor época y prefirió migrar hacia los clichés conservadores del lado más rancio del gremio, el modelo de cine de la academia de los Oscar, en busca de un reconocimiento que el público ya no le daba. Pero con Ready Player One inesperadamente vuelve a mirar atrás, y muchos de los que crecieron con Tiburón (1975), E.T. (1982), Indiana Jones (1981), Parque Jurásico (1993) y otras que no dirigió pero produjo con mucha implicación, como Los Gremlins (1984), Los Goonies (1985) y Regreso al futuro (1985), vieron revividas sus esperanzas de encontrar esa magia que nos llevó a lugares nunca vistos. Pero estos olvidan que el realizador no está en sus mejores momentos y nada apuntaba a remontada, y sobre todo que ya no somos niños y que en el cine está todo inventado y es muy difícil sorprender.

Menos mal que yo no he ido con esperanzas de ningún tipo. Sólo así no me he llevado las manos a la cabeza ante una cinta tan floja, tontorrona, desganada, muy propia de nuestros tiempos (estereotipos y artificios y nada más), que si no supiera que firma Spielberg hubiera achacado a cualquier don nadie trabajando por encargo sobre la enésima adaptación de novelas para adolescentes con la que el estudio de turno trata de sacar tajada con poco esfuerzo. Estamos ante otra aproximación al eterno viaje del héroe, en plan La guerra de las galaxias (1977), pero en su versión moderna y comercial en la onda de Harry Potter (2001) y decenas del estilo que la siguieron. Todos los tópicos de este tipo de aventuras están puestos en orden sin que parezca que intenten disimularlos. El dibujo de los personajes no podía ser más simplón, la historia es predecible hasta provocar rechazo y se apoya demasiado en enredos visuales sin alma que saturan bien pronto.

Tenemos al chico resuelto pero solitario, la chica madura y comprometida, los amigos de adorno y para cumplir cupos (la negra graciosa, el asiático -esta vez por partida doble- para vender en China y Japón), el genio reservado que sirve de guía y el villano que es malo porque sí. Un protagonista tan facilón tiene todas las de aburrir, pero con una interpretación tan sosa como la de Tye Sheridan resulta incluso cargante: no me importa nada su vida y lo que pueda pasarle. La compañera es mucho más simpática y Olivia Cooke una actriz más competente, de hecho es prácticamente lo único que salvo de la película, pero cabe preguntarse a qué viene esa gilipollez de la mancha en la cara. Parece que quieren ponerle encima un problema, pero una vez mencionado ya no se vuelve a tener en cuenta, ella es guapa y decicida como siempre, y parece que incluso la mancha se va aclarando, así que este recurso queda un tanto hipócrita. Y hablando de conflictos, los dos viven tragedias recientes (la de él de hace horas) que se supone dirigen sus vidas, pero no muestran dolor alguno. Aparte, él parece rondar los treinta años (aunque tiene veintiuno), y ella no está muy lejos tampoco, con lo que el romance de corte tan adolescente resulta un tanto ridículo.

Los otros miembros del grupo son tan intrascendentes que a dos días del visionado no recuerdo nada de lo que han hecho. ¿Dónde quedaron esos secundarios brillantes que había en casi cualquier película de los años ochenta, por qué ahora los reducen a chistes andantes y cuotas de corrección política, incluso en esta, que trata de rememorar aquella época? El villano que dirige una corporación todopoderosa de soldados de cartón no podía ser un estereotipo más manido, si no fuera por el colosal Ben Mendelson podría haber dado vergüenza ajena; la escena en que tienta sutilmente al protagonista es el único amago de llegar a tener un personaje sólido y verosímil, en el resto del metraje se queda en el psicópata de siempre, tan cabezón y estúpido que no te crees que pueda haber llegado tan lejos ni provoca miedo. Por último, el tipo sabio, el maestro que señala el camino a los jóvenes rebeldes, es anodino también, no se dibuja una figura atractiva cuyos secretos vayan redefiniendo lo que sabemos de él. Y Mark Rylance empieza a cansar. Parecía un gran descubrimiento cuando viró del teatro al cine (El puente de los espías, 2015) y la televisión (Wolf Hall, 2015), pero hace siempre el mismo papel de tipo serio y reservado, y aquí no funciona, no transmite la timidez y ansiedad necesarias, por no decir que disfrazarlo de joven provoca risa.

El citado viaje del héroe no podía estar más trillado, cumple todos los preceptos del género. Despertar, salida forzosa de su mundo, formación del grupo, confrontación contra el todopoderoso enemigo, maduración personal y cambio en la sociedad. Y por alguna razón, a pesar de que la historia es simple y evidente, se empeñan en sobre explicarla una y otra vez con voz en off. Falla principalmente el factor intriga, y no sólo porque resulte tan predecible que a los pocos minutos ya me la imaginé entera y desconecté. El chaval es una enciclopedia andante, así que cabe preguntarse cómo no resuelve las cosas antes… Supongo que lo hacen así para justificar que necesite el consabido empujón de la chica, pero el resultado es que no hay tensión por cómo saldrán las cosas, ni puedes implicarte pensando en posibles soluciones, pues desde el principio queda claro que se las sacarán de la manga cuando más convenga. Por no desarrollar, no se describe ni el escenario planteado adecuadamente. ¿El dinero del juego vale para el mundo real? Porque nadie parece trabajar, más allá de los que ficha la compañía, y tampoco se sabe cómo esta saca dinero con ellos.

No hay un solo atisbo de que sus realizadores traten de darle una vuelta de tuerca que disimule la falta de ambición e inteligencia del guion, y parece que Spielberg se lanzó al rodaje como esperando que el festín de referencias y efectos especiales le otorgaran al relato una personalidad llamativa, porque la falta de pasión que mostraba en sus últimas cintas se ve acrecentada aquí. Incluso en ellas, a pesar del tono conservador y maniqueo con que buscaba a toda costa un melodrama oscarizable, se veía profesionalidad, experiencia. En Ready Player One, cuando precisamente puede soltarse e imaginar cualquier cosa, le pasa como en Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (2011), se deja llevar por el ordenador y pare una amalgama con los peores vicios del cine contemporáneo. Mucho movimiento de cámara y un montaje precipitado, todo aderezado con música aparatosa, efectos especiales y sonoros en cantidad, pero sin planificar y desarrollar secuencias que narren algo más tangible y logren transmitir emociones más allá del hastío creciente que tanto caos puede provocar. Sin duda es algo difícil ya de por sí con la pobre trama y los insulsos personajes, pero si algo se podía decir de Spielberg es que era un narrador muy emocional, capaz de conmover con un par de planos y buena música. Por ejemplo, en Minority Report había bastante acción, pero se esforzaba en elaborar escenarios originales que sorprendieran y en que el sufrimiento del protagonista resultara creíble, manteniendo así la expectación. Aquí son todo son tortas exageradas pero sin garra, y en el mundo real incluso bastante inverosímiles: los niños son capaces de tumbar a una abogada-asesina (literal) bien entrenada.

Con este panorama, sólo en tramos más tranquilos y en algunos homenajes puede lucirse Alan Silvestri, un compositor que apuntaba a dominar la música de cine de tú a tú con John Williams tras deslumbrar con partituras tan memorables como Regreso al futuro (1985), Depredador (1987) y Abyss (1989), pero por alguna razón no logró contratos que lo mantuvieran en primera línea. Para rematar, los efectos especiales son normalitos, no traen novedades ni nada que pueda causar el más mínimo impacto. En el juego virtual, cada lugar imaginario y cada batalla sólo llaman la atención por pillar qué referencia hay de fondo, y en el mundo real apenas vemos cuatro callejones, sólo la torre donde vive el protagonista es más elaborada, pero nada original.

Acabamos la larguísima proyección (he tenido que verla en tres intentos) con un bajón bien grave en la ruidosa pero inane batalla final y el desenlace anticlimático con el creador del juego, que lo único que deja es un simplón y demasiado subrayado mensaje de que debes salir al mundo real y no encerrarte en casa y en ti mismo… y ni eso, porque lo dejan a medias, de lo blanda y cobarde que es la cinta. La decepción por la falta de calado se agrava al pensar que el futuro que vemos daba para explorar muchos temas, pero aparte de las obviedades sobre el capitalismo extremo no se mojan con nada.

Por mucho Steven Spielberg que lleve en el cartel, Ready Player One es otro ejemplo de algunas las peores modas que inundan el cine actual, el intento de sacar tajada de adataciones prefabricadas de novelas juveniles exitosas, y la obsesión con vivir de réditos antiguos, de atraer al espectador con miradas al pasado en vez de buscar nuevas historias y poner cariño en ellas. Lo triste es que esta tontería se ha llevado buenas críticas y casi seiscientos millones de dólares de recaudación mundial, así que sigue diciendo a los estudios que este tipo de cine es rentable.

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Deadpool 2


Deadpool 2, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: David Leitch.
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds.
Actores: Ryan Reynolds, Julian Dennison, Zazie Beetz, Brianna Hildebrand, Josh Brolin, Morena Baccarin, T. J. Miller, Karan Soni.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Divertidísima. Personajes muy carismáticos. Algunos pasajes estupendos.
Lo peor: Ritmo muy irregular, con situaciones y chistes alargados más de la cuenta, sobre todo los que hay tras la batalla final.
Mejores momentos: La formación del grupo X-Force y su entrada en acción. Toda la estancia en la cárcel.

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A ratos parece que Deadpool 2 ha superado algunas limitaciones de la primera parte, pero en otros tramos anda igual de perdida y en conjunto acaba teniendo el mismo desequilibrio narrativo. Sigue habiendo pasajes de relleno (qué largo e insustancial es el prólogo), escenas alargadas y chistes sobreutilizados (algunas tonterías tras el clímax final se hacen pesadas) que rompen el ritmo más de la cuenta. La mejora está en la claridad de la trama central y de la evolución de los protagonistas, más relevantes y atractivas que en el capítulo previo, donde pesaba más de la cuenta la falta de una línea conductora, pues el pobre villano que entraba y salía sin motivos concretos no aportaba mucho y Deadpool pasaba por muchos escenarios sin llevarnos hacia ninguna historia determinada.

Pero me temo que la base de la mejora puede ser considerada un espejismo, o incluso un engaño. Resulta que llegamos al final de la película y el punto de conflicto principal en Deadpool, el evento tan relevante y trágico de su vida que había dirigido toda la narración, se deshace con la excusa de los viajes en el tiempo. Los guionistas necesitaban esa premisa como hilo conductor del relato y de los personajes pero luego no se atreven a mantenerla como suceso real que deje huella en próximos capítulos, con lo que acabé con cierta sensación de estafa.

Por suerte, la aventura exprime bien a los personajes y se mantiene el estilo y gracia del relato, lo que disimula muy bien sus carencias. Hay muchos tramos entre entretenidos y espectaculares, como la estancia en la cárcel, la formación del grupo X-Force, su primera misión, el clímax en el camión y partes del desenlace, pero incluso en buena parte de los pasajes menos interesantes en lo argumental te puedes reír sin problemas y pasar el bache. Y es que su sentido del humor desenfrenado garantiza dos horas descacharrantes. Las paridas monumentales (las piernas de bebé), las vulgaridades (guarradas y sangre en cantidad), las referencias (Thanos, los actores de X-Men, Linterna Verde…) y las situaciones absurdas (¡Peteeer!) se acumulan hasta hacerte llorar de risa en algunos momentos, como la delirante entrada en acción del supergrupo.

Deadpool es una mezcla de tragicomedia y antihéroe brillante, y sus secundarios (la novia, el camarero, y sobre todo el taxista) resultan encantadores. Aunque el dibujo de Cable no es muy elaborado y el giro final es precipitado y lo degrada bastante, Josh Brolin compone un villano imponente. Los pocos X-Men que siguen apareciendo (Coloso, Negasonic) caen muy bien y se echan de menos cuando no están en pantalla. Los X-Force son dispares y geniales, sobre todo la que tiene más protagonismo, Domino (Zazie Beetz), cuyo superpoder es la suerte. Pero el plato fuerte es el conductor de la historia, Firefist, el joven torturado: pocas veces vemos la formación de un posible villano, y menos tan bien lograda. Cada escena con él es un torbellino de emociones y garantiza un desarrollo de la histoira bastante impredecible, porque se juega con escenarios que pueden salir de distintas formas. Se remata con sus diálogos brutos y la buena interpretación del desconocido Julian Dennison.

David Leitch (Atómica -2017-, John Wick -2014-) mantiene bien el pulso que requiere el relato: alocado, vibrante, sin perder fuelle en las complicadas escenas de acción, que tienen que contener muchos chistes y el ritmo podría resentirse. La idea de desarrollar la secuencia de acción principal en un camión en marcha no sé si es del guionista, de los productores o del director, pero es muy eficaz, porque otorga mucho movimiento y permite recesos para diálogos. El subidón de presupuesto se nota pero no tanto como esperaba, seguramente porque en la primera parte lo poco que tenían estuvo muy bien aprovechado.

Es una pena que los altibajos lastren una cinta que tenía todas las de superar con creces a su predecesora, pero desde luego no está nada mal y se mantiene como soplo de aire fresco en un género bastante saturado.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
-> Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

Cloverfield (Monstruoso)


Cloverfield, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 85 min.
Dirección: Matt Reeves.
Guion: Drew Goddard.
Actores: Michael Stahl-David, T. J. Miller, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, Odette Annable, Mike Vogel.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La parte central con acción entretiene…
Lo peor: … pero no basta para salvar el resto, tan previsible y monótono que asombra que tuvieran la cara de venderlo como si fuera una película novedosa.
Mejores momentos: Los créditos, cuando se ha acabado la tortura y suena el tema de Michael Giacchino.

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Con una buena campaña publicitaria, generando expectación mediante la intriga (algo que los traductores españoles se pasaron por el forro en el título) y la presencia constante en internet, el productor J. J. Abrams consiguió vender una cinta menor (25 millones de dólares de presupuesto) como si fuera un evento mundial que no podías perderte. Pero al final se vio que todo era humo, que fue exprimir la moda del “metraje encontrado” que inició (creo) El proyecto de la bruja de Blair y tuvo otros éxitos (como Chronicle) a pesar de que ningún título ha dado calidad cinematográfica digna de mención hasta la recomendable The Visit de Shyamalan, que en cambio en taquilla se ha quedado más corta que otras (pendiente tengo [Rec], que parece la mejor valorada, pero es que ya no me fío del género). Tirando del estilo “youtuber” (niñatos grabando sus andanzas), los clichés más rancios sobre juventud y la acción más facilona, el listo de Abrams logró colar una película de escasa trascendencia, menor inteligencia y desde luego nula originalidad, pues es una versión no acreditada de Godzilla que reúne tanto tópico que termina saturando.

La presentación no se estira mucho pero cansa bastante. El amigo simpático y un poco tonto, el prota más serio que será el héroe (a pesar de que lo presentan como alguien cobarde y sin iniciativa, menudo cambio pega), las chicas sin personalidad concreta pero atractivas, la fiesta imposible (botellón de etiqueta, todos guapísimos, nadie borracho…), la relación amorosa en tensión de rigor… Cuando por fin empieza la esperada acción resulta que sólo un par de pasajes entre tiros transmiten algo de tensión, sólo en esos instantes se alcanza lo que obviamente pretendían con la cinta: sumergirte en primera persona en el caos. Y parte del mérito lo tienen los estupendos efectos sonoros, eso sí. Pero una vez pasado el subidón, el resto va hacia cuesta abajo y sin frenos, porque la aventura de supervivencia es flojísima; en el tramo final el interés acaba por los suelos: estaba deseando que terminara de una vez, distrayéndome navegando por internet.

Primero, tras ese insustancial primer acto exclusivamente dedicado a ellos no logran dibujar personajes con los que conectar, de hecho llegan a resultar molestos por los diálogos estúpidos y los tópicos en fila. Segundo, se tira de lo básico para tratar de generar intriga (las televisiones, la gente corriendo), y no hacen amago alguno de buscar alguna escena más trabajada, sino todo lo contrario, enlazan secuencias demasiado trilladas, como el momento con visión nocturna o flash y el ataque de los bichos en un espacio cerrado… Por cierto, en esa escena del metro rompen las reglas del metraje encontrado y meten música sutil para matizar la tensión; así de falsa es la película. Por ello prácticamente sólo vemos gente cansina andando y agitando la cámara entre caos y ruido, una combinación incapaz de narrar algo concreto, mucho menos de resultar emocionante.

Y también tenemos de los agujeros de guion, pues con el poco empeño que le han puesto se cae a pedazos. ¿Cuántos amigos hay en la fiesta, cuántos por la ciudad, y cuántos familiares? Da igual, el héroe salido sólo quiere encontrar a la tía buena que le gusta (a su actual novio ni lo vuelven a mencionar), y los amigos son tan tontos que van con él (¿ellos no tienen a quienes localizar?) aunque se tiran media película diciendo que no quieren ir. Motivaciones claras, lógica… para qué. Con un “quiero rescatar a la mujer que amo” los militares rompen el protocolo, las órdenes, la cuarentena. No necesitamos lógica, las tet… el amooor lo justifica todo.

Lo peor es pensar que salió de un productor (Abrams) y un guionista (Drew Goddard) con talento y de un director (Matt Reeves) que ha demostrado luego también tenerlo (El amanecer del planeta de los simios no es buena película, pero su buen trabajo la salva bastante). Es decir, me fastidia bastante que gente que podía estar haciendo cosas serias se monten algo que básicamente es un videoclip para estaf… epatar a espectadores facilones y sacarles los cuartos. Pues no sé si se ofenderán los que han disfrutado con ella, pero yo espero más de una película, sobre todo que no me intenten engañar con un producto hecho a cachos de otros, con un nivel intelectual en negativo y con un estilo que se vende como hiperrealista (cámara en mano, ambiente en primera persona, tono post 11-S) pero canta a falso (vaya planos magníficos realizan a pesar del miedo y de correr por su vida) y maniqueo (qué facilón y superficial todo lo que se mete de fondo: ejército incapaz, saqueos…).

Lo único para recordar, aparte del memorable tema de Michael Giacchino que se escucha en los créditos, es que muchos actores han ido destacando en el mundo de las series y en menor medida en el cine: Lizzy Caplan ofrece un papelón inolvidable en Masters of Sex, T.J. Miller está en Silicon Valley haciendo muy suyo a un personaje muy característico, aunque también lo hemos visto en Deadpool, Odette Annable ha pasado por House y Banshee, y Jessica Lucas ha estado en Cult y Gotham, y lo ha intentado en cine sin demasiado éxito (Posesión infernal, Pompeya).

Deadpool


Deadpool, 2016, EE.UU.
Género: Superhéoes, acción, comedia.
Duración: 108 min.
Dirección: Tim Miller.
Guion: Rhett Reese y Paul Wernick, basandose en el cómic de Rob Liefeld y Fabian Nicieza.
Actores: Ryan Reynolds, Morena Baccarin, T. J. Miller, Ed Skrein, Brianna Hildebrand, Stefan Kapicic, Karan Soni, Gina Carano.
Música: Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: El fantástico sentido del humor, el carisma arrollador del personaje.
Lo peor: El villano es insípido, el ritmo mejorable, y en lo visual no tiene mucha pegada.
Mejores momentos: La pelea contra Coloso. El último viaje en taxi, hablando del primo del taxista.
El doblaje: Me temo que tiene uno de esos doblajes de comedia tonta donde se empeñan en adaptar localmente los chistes, cargándose muchísimas referencias y bromas ingeniosas para rebajarlo al nivel que el traductor jefe decide porque la da la gana.
La frase:
1) ¡Todos los dinosaurios temían al T-Rex!
2) Vaya, es una casa enorme, pero solamente os veo a vosotros dos. Es como si el estudio no tuviera dinero suficiente para más X-Men…

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Deadpool fue visto en X-Men Orígenes: Lobezno, pero nadie se acuerda de ello… básicamente porque pocos se acuerdan de esa entrega, que no satisfizo a muchos (a mí me pareció aceptable), y otros, los más fans de los cómics, se obligaron a olvidar la representación lastimera que le hicieron, pues de secundario de adorno pasó a enemigo cutre, ese tipo feo que lucha contra Lobezno en la chimenea de la central nuclear y con poderes que no tiene en los cómics. ¿Por qué trataron tan mal a un personaje que tenía potencial para película propia o como poco valía para secundario relevante en otras secuelas? Es lo que pasa cuando diversos productores meten ideas propias por la fuerza sin pensar en el equilibrio de la serie y el respeto a los seguidores de los cómics. Pero tras años de rumores y esfuerzos (por parte de Ryan Reynolds sobre todo), llega por fin el intento de redimir esta figura y traer savia nueva al género.

Ya desde los delirantes créditos se hace patente que estamos ante una obra irreverente y alocada dispuesta a jugar con todo tipo de humor. Tenemos tonterías grotescas (“Hashtag AhíLoDejo”), chistes brutos (la pelea con Coloso), humor negro, gracias reincidentes (“Francis”), diálogos hacia el espectador y, como debe ser, explotan la vena cómica del protagonista. Ni considerándolo un antihéroe Deadpool resulta convencional. La locura que arrastra, sus incansables chistes descarados u obscenos, los diálogos punzantes, su manejo de las situaciones de forma excéntrica e impredecible y el correcto papel de Ryan Reynolds, quien parece actuar mejor con una máscara que sin ella (los gestos y movimientos que hace son esenciales para darle vida), conforman un superhéroe con enorme magnetismo. La narración también es fiel al cómic, con idas y venidas en el tiempo para exponer cosas (su pasado se desgrana en medio de los hechos presentes) y con recesos cómicos absurdos, destacando las constantes rupturas de la cuarta pared (atención a la frase sobre la escasez de mutantes).

Con todo ello tenemos garantizada una aventura siempre simpática y con varias secuencias descacharrantes hasta el punto de llegar a llorar de risa. El ritmo puede ser mejorable en algunos tramos, pero entre las risotadas casi no te das cuenta; aunque veremos cómo aguanta los revisionados, claro. La puesta en escena no es brillante, aunque teniendo en cuenta el escaso presupuesto luce francamente bien; pero también se le puede achacar que tiene una dirección (el primer largo de Tim Miller) bastante tradicional para una propuesta que se vende como “con mucha personalidad”; sólo con un estilo más dinámico, en la onda del gran trabajo visual de los hermanos Russo en Capitán América: El soldado de invierno, habría ganado enteros; y con un acabado visual valiente y original, podría haber sido mucho mejor.

Por suerte esas pequeñas limitaciones no se convierten en fallos, no impiden que la proyección resulte divertidísima, porque Deadpool y el sentido del humor salvan cualquier bache. Pero por ello hay quien dice que, como la película parece estar construida únicamente para el personaje central, se descuida el resto. No me parece cierto. Los secundarios son todos interesantes y su presencia ocupa lo justo, que esto no es una historia coral como Los Vengadores. La chica de turno (Morena Baccarin) no es un maniquí, posee su propia personalidad que de hecho resulta encantadora. Sólo aparecen dos mutantes de los X-Men pero se los aprovecha muy bien, pues no se descuidan sus formas de ser y mantienen una relación muy atractiva con Deadpool. Los escasos amigos y conocidos que vemos aportan lo necesario a la hora de dar al héroe un entorno y una vida verosímiles (el camarero –T. J. Miller– y la camaradería en su local), y hasta caracteres de relleno, como la ciega o el taxista, son hábilmente usados como receso cómico en algunas situaciones que de otra forma podrían haber quedado algo faltas de chicha.

El único problema notable es el villano, Ajax, y por extensión la esperable confrontación. Aunque ponga al protagonista en apuros en su tortuosa creación, lo cierto es que la falta de profundidad de este enemigo, su nula evolución, las carencias del actor Ed Skrein y una batalla final descafeinada, lo rebajan al nivel del malo de Ant-Man: un cero total en interés y carisma, quedando como una excusa para presentar al héroe. Tampoco llaman mucho la atención sus secuaces, donde sólo el rol de Gina Carano tiene algo de presencia, pero no la suficiente. ¿Por qué este retroceso en villanos cuando Loki demostró que un personaje fuerte y cambiante con las circunstancias resulta mucho más atractivo? Y hay que recalcar lo de la pelea final. Si tan rompedora decían que iba a ser la película, ¿por qué acaba de forma tan básica? Previsible secuestro de amada, con un fallido receso para buscarla (que anticlimática resulta la visita al club de striptease), y enfrentamiento a tortas donde no se ofrece nada que tan siquiera intente ser mínimamente original. No llega a ser un desastre porque la escena de acción es correcta y el humor gratificante, pero unos cuantos chistes no te montan un clímax genuino e impactante.

Poniendo todo en la balanza me sale una cinta muy entretenida y con carácter que garantiza un rato de risas incontrolables y un personaje al que difícilmente podrás olvidar. Pero también cabe señalar que prometía mucho más, que guarda un potencial que finalmente no explota por completo. Sin duda la campaña publicitaria, llena de anuncios virales y con mucha implicación en las redes, más el atractivo de ver por fin una de superhéroes que fuera para adultos, ha levantado muchas expectativas en una producción menor de la que el estudio no parecía esperar mucho (de ahí que el presupuesto sea la mitad de lo habitual: 58 millones). Pero el visionado no muestra tanta valentía como se anunciaba. El lenguaje es bastante sucio, y hay golpes con más sangre de lo habitual en el género de acción actual, pero cualquier título estándar de los ochenta y noventa tiene más sangre y violencia… y sexo, porque aquí no se ve prácticamente nada. Parece que nos hemos ablandado tanto que un par de heridas con algo de sangre y unos cuantos “joder” y “paja” nos resultan excesivos. Y en temática no es nada transgresora u oscura, de hecho está muy anclada en los clichés del género. No, evidentemente Deadpool no está dirigida exclusivamente a adultos y seguidores de la HBO, sino que pone su mira en los adolescentes de entre dieciocho y veintipocos años. Es una mejora, porque hasta ahora, salvo el Batman de Nolan, todas las de superhéroes estaban rebajadas para que hasta niños de diez años pudieran verlas, pero no es una revolución. Eso sí, con su éxito (está rompiendo récords de estrenos +18) la secuela podrá tener más presupuesto y menos miedo con el guion (podrá ser más bestia y elaborado), y además quizá abra la veda a más obras de corte adulto.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
-> Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)