El Criticón

Opinión de cine y música

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It: Capitulo 2


It Chapter 2, 2019, EE.UU.
Género: Suspense, terror, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Andy Muschietti.
Guion: Gary Dauberman, Stephen King (novela).
Actores: Jessica Chastain, James McAvoy, Bill Hader, James Ransone, Isaiah Mustafa, Jay Ryan, Andy Bean, Bill Skarsgård,
Jaeden Martell, Sophia Lillis, Wyat Oleff, Finn Wolfhard, Jeremy Ray Taylor, Jack Dylan Grazer, Chosen Jacobs, Teach Grant, Stephen Bogaert.
Música: Benjamin Wallfisch.

Valoración:
Lo mejor: Muy buena en la técnica, con partes inquietantes, algunas terroríficas, y otras épicas.
Lo peor: Abusa de dicha técnica mientras descuida el lado creativo y emocional. Demasiado acomodada, demasiado metraje, demasiado susto sonoro y efecto especial, y en cambio deja un poco de lado la búsqueda de escenas más originales, trabajadas y sutiles, y no profundiza del todo en los personajes adultos.
Mejores momentos: La anciana y el té. El sótano de la farmacia.

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La pasión por el cine de terror resucita de vez en cuando y los estudios la exprimen con infinidad de producciones baratas de escasa o nula calidad hasta que explota la burbuja y entra en letargo unos años. Pero de vez en cuando hay gratas sorpresas, una chispa de inspiración que rompe esquemas (Shyamalan es el mejor referente) o una aproximación clásica tan bien hecha que consigue dejar huella, como The Conjuring (James Wan, 2013). En ese último rango entró It (Andy Muschietti, 2017), nueva versión de la novela de Stephen King empujada también por la ola de nostalgia ochentera. Su recibimiento fue abrumador, teniendo críticas estupendas y una taquilla de 700 millones de dólares mundiales contra 35 de presupuesto.

El segundo capítulo estaba pendiente de su éxito… y me temo que este ha afectado a su calidad. Con tantas buenas críticas y el esperable subidón de presupuesto (esta ha costado 80 millones), sus principales artífices, el guionista Gary Dauberman y el director Andy Muschietti, no se han esforzado tanto. El acomodamiento de partir sobre un valor seguro, unido al temor a perder el favor del público si se salen mínimamente de la fórmula, los ha llevado a tomar caminos y métodos más facilones y menos trabajados que en la primera parte. En otras palabras, han basado la secuela en el cansino mantra de “más grande es mejor”. Sobra metraje (¡169 minutos!), sobran ruido y efectos especiales, le pesa el ir con la inercia repitiendo situaciones más de la cuenta, y la pareja de actores famosos parece elegida porque tenían dinero, no porque fuera la más adecuada para sus personajes. Falta la dedicación y el amor que pusieron en aquel episodio, el cuidado en usar técnicas clásicas sin abusar de ellas, sino con inteligencia y contención, el mimo a los personajes y a la conexión emocional con el espectador.

En la balanza queda una cinta de terror comercial más que correcta en general y con partes muy conseguidas, pero al no cumplir con lo que se esperaba y exigía de ella es entendible que esté decepcionando a muchos. Ha sido una oportunidad perdida de mejorar un título notable y acabar teniendo una serie digna de citar en los anales del género.

Al menos sobra media hora sobra, y probablemente más. Sin dudar un instante deberían haber eliminado del metraje el vulgar y largo prólogo, al matón de Henry Bowers de adulto, pues para lo poco que hace consume demasiado tiempo, algunas escenas reiterativas de sustos, partes del clímax final (la aparatosa huida mientras todo se viene abajo es la más evidente), y los repetitivos epílogos (sólo la visita a la cantera es útil y emotiva). Si la primera entrega, yendo despacito y con buena letra, uniendo los personajes poco a poco y elaborando los escenarios de miedo con esmero, duró dos horas y cuarto, esta, yendo más deprisa, casi como de una cinta de acción se tratase, y profundizando algo menos en lo dramático, desde luego no necesitaba extenderse tanto. Por el buen ritmo no se hace pesada, pero es evidente que tiene bajones, que sin estirar el chicle hubiera sido mejor y atraería más para revisionarla de vez en cuando.

Este ritmo se consigue a base de abrumar al espectador con una lluvia de manfestaciones del payaso, efectos especiales, y sobre todo efectos sonoros y música constantes subidos un par de tonos más de lo necesario. Y no funciona mal, la proyección está siempre activa, con varios tramos de gran intensidad, unos más pausados (la anciana y el té), otros épicos (la larga batalla final). Pero queda un espectáculo visual a lo Poltergeist (Tobe Hooper, 1982) mientras pierde en el ámbito de terror puro, aunque todavía le quedan tramos con bastante suspense y algún gran susto. También se abusa de un humor ligero, efectivo unas pocas veces pero que en muchas más resulta inadecuado, le resta seriedad y rompe la tensión negligentemente. Por poner los ejemplos más notorios, el chiste del perrito tras la puerta es vergonzoso, y la cena en el restaurante chino acaba siendo un pequeño desastre de gore humorístico.

En el lado dramático ocurre igual. Funciona en líneas generales, pero de manera irregular, un peldaño por debajo de lo esperado. Los recesos más intimistas, como los flashbacks a los niños, son bonitos, pero alguno reincide sobre lo mismo más de la cuenta. El despertar gradual de los adultos y la reunión del grupo se lleva su tiempo y tiene buenos momentos, pero no se consigue generar la misma conexión emocional que en el episodio precedente. Primero, porque se repiten algunos escenarios sin aportar novedades: al final cansa tanta aparición de Pennywise en distintas formas físicas pegando sustos sonoros cada dos por tres; como señalaba, hacía falta novedades y mantener la construcción metódica de escenarios, no tirar por lo fácil. Segundo, porque los personajes, aunque correctos, de hecho son superiores a la media de un género ahogado en estereotipos cansinos, quedan un poco desdibujados después del encantador grupo con el que disfrutamos en la primera película, y para rematar, el casting no es tan certero.

Jessica Chastain hace de sí misma, no se adapta al rol, sólo te acuerdas de que es Beverly Marsh cuando mencionan los maltratos. ¿Qué fue de la chica enérgica que ponía buena cara ante todo y que junto a Ben era la que dirigía el grupo? Si no fuera porque se lleva la mejor secuencia de la película, la de la anciana inquietante, hubiera pasado sin dejar huella. Es imposible no seguir pensando lo mismo que cuando se anunció el reparto: que Amy Adams se ajustaba más al papel, más parecida físicamente y una actriz más versátil; aunque claro, como digo, es problema de guion también. Con Bill Denbrough estamos en las mismas. Mucho tirar de actor famoso, pero aunque tenga un innegable talento James McAvoy en ningún momento parece ajustarse al personaje, y este además no tiene gran recorrido. Le aplico lo mismo: si no fuera por otro estupendo momento, aquel en la que se acerca a la alcantarilla donde desapareció su hermano y entra en contacto con otro niño que podría ser víctima del payaso, daría la sensación de que no está en la película.

Mike Hanlon tiene más presencia que en la primera parte, donde quedaba muy relegado, pero el resultado es el mismo, pues es un macguffin explicativo de la trama, no se trabaja lo más mínimo su personalidad. Además, todo el rollo indio y el conjuro sólo aporta confusión, la forma de luchar contra Pennywise está expuesta desde el primer episodio y aquí también termina aplicándose después de tanto enredo. Y este quita protagonismo a Ben Hanscom, que era el que investigó el asunto y el cerebro del grupo por aquel entonces, y aquí queda como el cliché de guaperas para mantener el triángulo amoroso, lo cual empeora porque no hay química alguna entre Jay Ryan, el peor intérprete, y Chastain.

Curiosamente, son los dos más secundarios de entonces los que mejor parados salen en el presente. Eddie Kaspbrak, el neurótico, y Richie Tozier, el bocazas, tienen mayor recorrido y más interacción útil con el payaso. Eso sí, me temo que a Richie le falta una buena escena central de terror y tiene un aspecto de su historia un tanto forzado: el susto con la estatua del leñador es más bien lastimero, y su supuesto secreto íntimo al final no tiene mucha relevancia, y además en la anterior entrega no se dio ni una pista, es muy postizo (ni estaba en el libro, al parecer). Pero Eddie tiene una estupenda, la del sótano de la farmacia, que juega bien a marearte con cuándo llegará el susto obvio y pone en marcha la evolución del personaje. Los actores James Ransone y Bill Hader respectivamente son también los que más llaman la atención, sobre todo el primero, que además tiene un parecido asombroso con su versión joven.

Ver también:
It (2017)
-> It: Capítulo 2 (2019)

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