El Criticón

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Aquaman


Aquaman, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 143 min.
Dirección: James Wan.
Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall, James Wan, Geoff Johns.
Actores: Jason Momoa, Amber Heard, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman, Dolph Lundgren, Temuera Morrison, Yahya Abdul-Mateen.
Música: Rubert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Algunas mejoras respecto al resto de la serie: estilo y escritura, efectos especiales y, sobre todo, dirección. Un reparto bien elegido. Vestuario impresionante.
Lo peor: Con todo, es un poco tontorrona y demasiado previsible, y los efectos especiales tienen todavía momentos muy cantosos. La banda sonora es horrible, y la selección de canciones peor.
Mejores momentos: Las peleas en el submarino y en el pueblo italiano.

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La gestión de la saga DC o La liga de la justicia, como prefiráis, ha sido caótica, por no decir desastrosa. La idea de una serie de películas que combinara diversos personajes de DC Comics estuvo dando vueltas en el estudio Warner Bros. desde finales de los noventa, pero nunca terminaba de ponerse en marcha. Hay muchas historias que contar ahí (Superman escrito por Kevin Smith y dirigido por Tim Burton con Nicolas Cage de protagonista, Batman vs Superman dirigido por Wolfgang Petersen y escrito por Akiva Goldsman, La liga de la justicia dirigida por George Miller…), pero no lograban sacar la serie adelante, y menos con el fracaso de cintas que se lanzaron a hacer con prisas y sin tener ideas claras, ya por desesperación de estrenar algo, como Superman Returns de Bryan Singer (2006) y Linterna Verde de Martin Campbell (2011). Pero el éxito del Batman de Christopher Nolan (2006), que se gestó aparte de este concepto de héroes unidos o universo cinematográfico, dio el empujón final.

Los directivos del proyecto, Geoff Johns y Jon Berg, idearon un plan de al menos diez películas, pero han ido dando traspiés uno detrás de otro. Tras la tibia recepción de El hombre de acero de Zack Snyder en 2013 y viendo que Marvel les comía terreno, echaron un órdago de forma improvisada y apresurada, saltando a la unión de varios personajes con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia sin haber tenido las películas de presentación de Batman y otros secundarios y manteniendo al frente creativo a Snyder a pesar de que todos los problemas de la cinta inicial eran debidos a su estilo fallido y su nula visión cinematográfica. Pero seguían sin tener claro lo que hacer, pues dicha producción, iniciada a finales de 2013, se alargó con constantes cambios, retrasándose el estreno hasta marzo de 2016. Para rematar las malas decisiones, enlazaron ese proyecto con la siguiente fase, Escuadrón suicida y Wonder Woman, sin esperar a ver el resultado artístico y comercial. Pero tras el fracaso sonado de Escuadrón suicida (David Ayer, agosto de 2016), a Wonder Woman (Patty Jenkins, junio de 2017) le metieron cambios a contrarreloj (incluso tuvieron que eliminar digitalmente el embarazo de la actriz) para intentar alejarse del tono Snyder. Y este a la vez estaba ya inmerso en la siguiente unión de los héroes, La liga de la justicia. El estreno de Wonder Woman empezó a mostrar tibias mejoras en calidad y recepción del público y por fin tomaron nota de que lo que fallaba era la obstusa visión del incompetente de Snyder y la de esos productores que le habían permitido tener demasiado control creativo y continuar pese a los fiascos nada menos que durante tres películas. Pero la cosa estaba clara ya, y prescindieron de él en pleno rodaje. Demasiado tarde, porque por mucho que contrataran al gran Joss Whedon (Los Vengadores 1 y 2), poco pudo hacer para arreglar el desaguisado. Tras el estreno en noviembre de 2017, los directivos también fueron despedidos, tomando las riendas Walter Hamada. Para la siguiente entrega de un héroe en solitario, Aquaman, desde el principio han buscado a un realizador con experiencia demostrada y han tratado de cuidar más el guion. Y falta mencionar el dinero, la cantidad de billetes que tiraron en esos caóticos rodajes: Aquaman habrá costado cien o incluso doscientos millones menos que Batman vs. Superman y La liga de la justicia y luce infinitamente mejor.

La mejoría se nota, pero también está claro que todavía falta mucho que recorrer. Eso sí, no creo que podamos decir que el inicio de la remontada (esperemos que sea eso y no sólo un caso aislado) llegue tarde. El público es poco exigente, y si fue en masa a las anteriores a pesar de echar pestes sobre ellas, esta, con un boca a boca decente, ha hecho caja a lo grande, superando los mil millones de dólares de recaudación mundial. Si es que no hace falta mucho para funcionar con una temática de moda, sólo que sea entretenida.

James Wan inició su carrera en el terror serie b con Saw (2004). A pesar de su nula calidad tuvo un éxito abrumador y le permitió optar a proyectos más ambiciosos con mayor libertad, donde fue cogiendo experiencia hasta llegar a The Conjuring (2013), esta sí, una de terror tradicional pero muy sólida que se puede considerar un referente moderno del género. Por si fuera poco, demostró también su valía en el cine de acción con Fast & Furious 7 (2015), que terminó de asentar una saga que iba madurando con el tiempo. Teniendo ya una fama que le permitiría hacer lo que quisiera, es extraño que elija franquicias, pero mejor para nosotros: su llegada a DC prometía traer un soplo de aire fresco.

El visionado confirma una narrativa muy superior a la de Zack Snyder y la de David Ayer (el de Escuadrón suicida, un director y escritor regulero con más fama de la que merece: nadie se acuerda ya de Día de entrenamiento, Corazones de acero y Sin tregua a pesar de que las pusieron por las nubes, y en cambio su único trabajo original y de calidad, Sabotaje, pasó sin pena ni gloria). Y también muestra más personalidad y valentía que la labor de Patty Jenkins en Wonder Woman, bastante profesional pero sin garra alguna. La imagen tiene color y vida, no está tratada de forma artificial para… no sé cuáles eran las intenciones de Snyder, nadie lo sabe, pero todo quedaba oscuro, falso y feo. La historia posee ritmo y coherencia, no es una sucesión de postales rebuscadas sin visión global del desarrollo argumental y emocional. Cabe destacar sobre todo su habilidad para unir distintas secuencias con movimientos de cámara y fundidos, de forma que agiliza las numerosas transiciones entre escenarios y flashbacks; por el contrario, Snyder es de apelotonar todo sin ton ni son, incluso dejando huecos enormes. Wan también se atreve a mantener los intentos de darle un toque distintivo a las escenas de acción con cámaras lentas y trávellings circulares complicados, pero los resuelve con un dominio de la cámara y un montaje soberbios al lado de la tosquedad de Snyder y los fallos puntuales de Jenkins, que iba bien hasta que se atascaba en estos enredos.

Desde las peleas en el submarino, un escenario interior muy limitado, Aquaman impresiona como debería hacerlo cualquier título decente de acción o superhéroes. Y con la ayuda de un vestuario muy elaborado y unos efectos especiales de buen nivel, el acabado es digno de ver en cine (o en IMAX, pues rodaron casi toda la película en ese formato). Eso sí, hay que matizar que en cuestión de efectos especiales todavía está muy por debajo del nivelón de las sagas de referencia, Los Vengadores y Transformers, con algunos momentos donde la integración de fondos y actores canta bastante; pero ya no hablamos de un aspecto de cine cutre como en el resto de la serie. Lo único que falla realmente es la banda sonora original de Rupert Gregson-Williams, muy limitada y un tanto ruidosa, y la selección de canciones, tan malograda que parecen haber elegido temas comerciales rematadamente malos para hacer alguna clase de chiste.

El guion, escrito a varias manos, incluyendo al propio Wan, pretende dejar de lado la fallida pretenciosidad en la que Snyder había enquistado la serie, derivando hacia un tono más aventurero y relajado, y trabajar mejor la trayectoria de los protagonistas, que antes no sabías qué motivaba a Superman y Batman, no digamos ya a los secundarios. En cierta manera lo consigue, pero estábamos atascados en un nivel tan bajo que ahora aplaudimos un guion de aprobado por los pelos. No tiene nada que ofrecer a un género muy gastado, y más cuando la propia premisa bebe tanto de clásicos de la cultura: mitos griegos, trama “shakesperiana”, nacimiento del héroe y aceptación de su destino… Así, una vez presentado el argumento se ve venir toda la película, y los escritores no ofrecen ningún momento de inspiración que aporte alguna novedad. De hecho, hay partes (como ese prólogo que repite la misma frase una y otra vez, incapaz de ir al grano) que piden a gritos una última reescritura que otorgue algo más de originalidad y solidez. Donde aciertan es a la hora dotar a la aventura de simpatía además de claridad, y a los personajes de carisma además de unas motivaciones concretas, lo que basta para ofrecer un entretenimiento digno.

Aquaman es el típico individuo con capacidades superiores a la media pero que rechaza la difícil responsabilidad que los demás intentan ponerle encima; Mera es la mujer madura y decidida que trata de ponerlo en camino (aquí no se les acusa de feminismo forzado, eso solo pasa en la competencia); Orm el rey ambicioso; Nereus el político prudente que se deja llevar por la corriente; y así con todos. Pero de todos sacan bastante entre guionistas y un reparto muy bien elegido, de forma que Aquaman (Jason Momoa) tiene una personalidad magnética, Mera (Amber Heard) es más encantadora que rígida, y juntos tienen gran química (más que la pareja protagonista de Wonder Woman, Diana y Steve Trevor). Orm (Patrick Wilson) funciona aceptablemente bien como villano, y Nereus (Willem Dafoe) y otros secundarios aportan su granito de arena a unas relaciones y confrontaciones facilonas pero lo justo de emocionantes.

La odisea que induce la maduración del héroe y la intriga de la corte se desgranan con un ritmo enérgico, más teniendo en cuenta que hay mucho que explicar y que una vez las cartas están sobre la mesa todo resulta predecible. Se acumulan escenarios vistosos sin grandes baches de ritmo e interés, los protagonistas aprenden unos de otros o de sí mismos en un sinfín de aventuras muy moviditas. Hay partes espectaculares, como la citada secuencia del submarino, la pelea por los tejados y calles de la ciudad italiana, los planos de la Atlántida y sus gentes…

Pero imperfecciones todavía quedan muchas, aparte de su falta de novedades y calado. Tenemos algunos diálogos épicos forzados, algún chiste más tonto de la cuenta, un par de tramos de transición mejorables (por ejemplo, la escena de la fuente de Italia es un tanto cursi y a la revelación posterior le falta trascendencia), y algún instante de vergüenza ajena (el tipo que se va andando cuando Aquaman levanta la tonelada de piedras que aplastan sus piernas). Pero más grave son dos factores clave. Primero, el villano secundario, Manta Negra, no convence y parece ajeno al resto de la trama, añadiendo demasiado metraje extra innecesario, y el diseño de su traje parece más propio de una producción japonesa de baratillo. Segundo, en el acto final (desde la llegada a la Fosa) optan demasiado por los fuegos artificiales, de forma que parece que estás viendo una batallita de un videojuego en vez de una historia que pueda conmoverte. Deberían haber potenciado el conflicto político y personal entre las escenas de acción, y con situaciones más originales, pero la batalla global y el enfrentamiento entre los protagonistas van por separado, alargando un desenlace muy facilón con muchos más minutos de la cuenta.

Una película como esta (obviamente si es superior, mejor todavía) tenía que haber sido el comienzo de la serie, y a partir de ahí ir madurando y creciendo en complejidad hasta que estuviera lista para saltar a la unión de todos los personajes en una entrega más grande. Como reza el dicho, no se puede empezar la casa por el tejado. Quizá deberían hacer borrón y cuenta nueva, es decir, continuar la saga como si no existieran las tres grupales que llevamos (Batman vs. Superman, La liga de la justicia y Escuadrón suicida) y trabajarse mejor las venideras cintas en solitario (Cyborg, Flash y la segunda de Wonder Woman y Joker están en proceso, queda por ver qué pasa con la de Batman y la secuela de El hombre de acero, y si se atreven con otros). Y si estas dan buenos resultados podrían plantearse entonces hacer una unión de los héroes como es debido, con la experiencia adquirida, la mayor profundidad de los protagonistas y su universo. Inesperadamente, todo apunta a que van a probar esta idea con la segunda parte de Escuadrón suicida, que prácticamente será un reinicio de la mano de un autor que también ha demostrado su valía, James Gunn. Este es el realizador de la subserie Guardianes de la galaxia de Marvel, así que entre esto y que ficharon a Joss Whedon para tratar de salvar La liga de la justicia, parece que los productores de DC han admitido la derrota y tratan de levantar cabeza.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
-> Aquaman (2018)

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La guerra de las galaxias: Episodio III – La venganza de los Sith


Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, 2005, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 140 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Hayden Christensen, Natalie Portman, Ewan McGregor, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Jimmy Smits, Anthony Daniels, Christopher Lee, Temuera Morrison.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Momentos puntuales de gran intensidad. Toda escena en la que sale Palpatine. Lo de siempre: el derroche de imaginación y recursos puestos en la recreación del universo. La banda sonora de John Williams, crucial en muchos instantes.
Lo peor: El potencial desaprovechado, las situaciones y escenas echadas a perder por una falta de garra en el guion y la dirección. Podría haber haber estado a la altura de la trilogía original, pero como las anteriores de esta trilogía termina decepcionando.
Mejores momentos: La batalla inicial. Palpatine tanteando y tentando a Anakin en varias ocasiones. Palpatine descubriendo sus cartas y luchando contra Windu y posteriormente contra Yoda. Amidala descubriendo el paso al Lado Oscuro de Anakin.
Los planos: El inicial, con la batalla sobre Coruscant. El picado a la máscara de Vader recién puesta.
Malaciencia: La batalla inicial está repleta de mala ciencia: capas que se mueven como si hubiera viento en el espacio, inercias imposibles (robots que se caen del casco de las naves), etc.
Las frases:
1) ¿Nunca has considerado que quizá estemos en el lado equivocado? -Padmé.
2) El Lado Oscuro de la Fuerza es un camino que puede aportar facultades y dones que muchos no dudan en calificar de antinaturales -Palpatine a Anakin.
3) -Anakin: ¿Es posible aprender ese poder?
-Palpatine: No de los Jedi.
4) ¡Tú eras el elegido! ¡Se suponía que ibas a destruir a los Sith, no convertirte en uno de ellos! ¡Se suponía que ibas a traer el equilibrio a la Fuerza, no dejarla en oscuridad! -Obi-Wan a Anakin.

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Y llegó el Episodio III. Al público y a la crítica les gustó, de hecho es el único de esta trilogía que consigue una media que ronda el notable, pero en mi caso tuvieron que pasar varios visionados hasta que conseguí apartar las malas sensaciones que me dejaban los instantes fallidos y los desaprovechados, que no son pocos, y consiguiera sacarle algo de jugo, porque tener tiene bastante. Mi opinión final está pues llena de sentimientos encontrados. Claro que me gusta, pero porque me apasiona el género, la saga y hablar de ello, pero no puedo decir que sea lo que esperaba de quien nos regaló la trilogía original, y más viendo el potencial que tenía la historia y los grandes momentos que se dejan entrever pero no terminan de asomar por completo. Por ello me cuesta ponerla por encima de El ataque de los clones como hacen muchos, pues si bien aquella se quedaba corta en su tramo inicial, cuando se lanza resulta épica, mientras que la aquí analizada pretende abarcar demasiado pero no le saca partido del todo a muchas cosas, y en varias escenas críticas se estrella tanto como la anterior en sus peores bajones.

El mejor logro del capítulo es que se desarrollan bastante bien las tramas personales. El personaje de Anakin sale bien parado, con una progresión clara e intensa de su caída al abismo, aunque como comentaré luego, Lucas entorpece bastante el alcance de algunas situaciones, como el enfrentamiento contra Obi-Wan. Y sobre todo, me temo que el actor Hayden Christensen no da la talla para un rol que requiere mostrar muchos sentimientos, con lo que el drama exigible de su tragedia se ve muy resentido. Parece que hasta Lucas debe ponerle unos ojos rojos de villano para mostrar la maldad que el actor es incapaz. Así, fases cruciales, como su lucha interna entre salvar a Palpatine y por extensión a Amidala o salvar a Windu y por lo tanto ser fiel a los Jedi, ven mermadas su fuerza. Por el efecto contrario Palpatine sí resulta un personaje memorable: el actor Ian McDiarmid no sólo da la talla, sino que está soberbio. Con su buen hacer, las apariciones del Canciller y luego Emperador resultan fascinantes, y de hecho termina robando protagonismo a todos los demás. Suyas son las mejores partes de la película: sus largas e inquietantes conversaciones con Anakin, donde lo tienta con sutileza y lo arrastra a su lado, su descubrimiento como el principal lord Sith, su enfrentamiento con Windu… Huelga decir que con el doblaje se pierde muchísimo de los fantásticos cambios de voz que imprime el intérprete entre los diálogos fingidamente afables y los tiránicos.

Sin embargo, al centrarse tanto en esta pareja los otros dos protagonistas pierden bastante. Obi-Wan tiene mucha presencia, pero poco recorrido, pues más o menos repite el esquema del Episodio II: ir de un lado para otro y soltar unas cuantas hostias. Y, por desgracia, cuando debemos ver su conflicto interno ante las desviaciones de su alumno y amigo, Lucas falla a lo grande, jodiendo el punto álgido del personaje (luego me extiendo sobre esto). Amidala aporta menos todavía: es un elemento más en la transformación de Anakin, y ya está. Podría haberla puesto iniciando la rebelión con Bail Organa, para darle más juego y enlazar mejor con la trilogía original, o sencillamente seguir con su lucha política como senadora, pero Lucas prefiere gastar tiempo en criaturitas y batallitas innecesarias. En este último caso entra el estrafalario Grievous, un personajillo sin duda creado para los espectadores más jóvenes, para vender muñequitos; ninguna de sus apariciones tiene relevancia real y de exagerado termina cargando.

Curiosamente, resulta que los Jedi secundarios tienen una historia más interesante. Las artimañas de Palpatine para desestabilizar a todos incluyen también a estos, usando a Anakin para meter cizaña en el Consejo, con lo que se da más vidilla a Windu y Yoda (sobre todo a este último, con la parte del exilio). Terminan de ganar interés cuando deben enfrentarse a la verdad, aunque de nuevo Lucas mete la zarpa en esa esperadísima confrontación contra el Emperador al tirar por la criticada elección de convertir a estas figuras tan poderosas en espadachines saltimbanquis de circo. Finalmente, Jar Jar Binks aparece sólo para un par de planos y la pareja R2-D2 y C-3PO ya no son un recurso cómico infantil, lo que es un claro punto a favor.

En cuanto al desarrollo de las tramas, se juntan demasiadas cosas y Lucas además mete otras innecesarias. Así, aunque es el capítulo de esta trilogía que va más al grano y mejor ritmo tiene, resulta a la vez demasiado apresurado y superficial. El problema surge de que en las dos entregas previas anduvo en círculos más de la cuenta, con lo que aquí se ve obligado a contar demasiadas cosas: el viaje interno de Anakin paralelo al ascenso de Palpatine, las complicadas intrigas de este manipulando la política internacional, los Jedis en la guerra militar y política, y la paulatina unión de todo: caída de la República, nacimiento del Imperio y escenas de enlace con la trilogía original. Y falta tiempo, pero sobre todo falta profundizar y sacar la fuerza que requería cada momento cumbre, que hay muchos y pocos funcionan como deberían.

El relato resultante es pues irregular. Sí, no hay segmentos donde el ritmo baje tanto como en el tramo inicial del Episodio II, pero básicamente ocurre lo contrario, hay bastante ruido y paja que llevan al mismo fallo, perder un tiempo que se habría empleado mejor en otras partes más relevantes. La secuencia inicial de batalla sobre Coruscant quita la respiración, pero luego se pierde con la tontería de los ascensores y el aterrizaje forzoso tan alargado. Y así durante toda la película. A pesar del atractivo de la guerra y el drama personal nos comemos más enredos (Grievous, todo el innecesario viaje al mundo de Chewbacca, el rebuscado planeta de lava) que una exposición más inteligente y metódica de acontecimientos, dando la sensación de que todos los protagonistas deambulan demasiado por la galaxia hasta que se consigue concretar algo, y de que Lucas busca meter acción para agilizar el ritmo, pero lo hace con anexos que no desarrollan personajes y tramas y termina siendo contraproducente. Por suerte, al centrarse tanto en Palpatine destaca mejor el trasfondo político, tan infrautilizado en las dos anteriores partes, de hecho la relación entre la caída de la República, la de los Jedis y el nacimiento del Imperio se expone de forma concisa y con mayor pegada (y con todo lo contrario cuando se necesita: el bajón emocional con el exterminio de los Jedi está muy logrado).

Pero a la película le pesan sobre todo unas carencias de George Lucas que no se veían en la trilogía original pero que en esta fueron clave a la hora de dejarla muy lejos de su nivel: la falta de tacto con los personajes y la falta de calidad en la narrativa le impiden desarrollar el enorme potencial latente en la historia. Es decir, el guion carece de naturalidad e ingenio en los diálogos, la dirección de actores es mediocre, y tampoco logra sacar la emotividad e intensidad esperables de muchas escenas. Así, a pesar del atractivo de la trayectoria de Anakin y Palpatine, se pasa de momentos con gran carga dramática a otros muy mal desarrollados, sea por el histrionismo visual o todo lo contrario, por la frialdad de la puesta en escena. Entre los aciertos tenemos cualquier aparición de Palpatine tentando a Anakin (en su despacho, en la ópera), su revelación como Sith, el sencillo pero sobrecogedor montaje donde Anakin y Padmé “se miran” en la distancia ahogando sus penas, el paso final de Anakin al Lado Oscuro matando a Windu, y lo que sufre Amidala al ver en qué se ha convertido. Y hay que señalar que es en gran medida el portento de banda sonora de John Williams, la mejor de esta etapa y otra de sus grandes obras maestras, lo que realza estas secuencias y salva muchas otras. La cantidad de temas épicos y trágicos y el empaque inenarrable de sus notas transmiten muchas más sensaciones que el esfuerzo de Lucas.

En lo negativo destaca una escena que, la primera vez que vi la película, me sacó por completo de la misma, y a estas alturas todavía me cuesta aguantar, por cutre, por tirar por tierra un instante decisivo: Obi-Wan descubriendo la maldad en Anakin al ver cómo mata a los niños resulta una escena tan fría y torpe que destroza la tensión y dolor que se debían mostrar en esa situación; Lucas estuvo desacertadísimo a la hora de conseguir el tono necesario y sacar el máximo partido de Ewan McGregor, un actor de sobras competente. Pero hay otro error difícilmente perdonable: las peleas principales resueltas con demasiado efectismo y poca emoción. No logro entender cómo puede Lucas perder tanto el norte en ocasiones tan importantes como el duelo entre Anakin y Obi-Wan, el momento quizá más ansiado de toda la trilogía, que termina convertido en una patética lucha a espadas en plan videojuego de plataformas, con una filigrana estúpida detrás de otra (pero qué manía con dar vueltecitas mostrando la espalda al contrincante, y telita eso de agitar las espadas sin chocarlas). Y al igual que en El ataque de los clones, se empeña en hacer de ancianos Jedis y Sith unos superhéroes de inusitada agilidad, convirtiendo a Yoda, Dooku y Palpatine en esperpentos. Además, los rostros de Christopher Lee e Ian McDiarmid superpuestos a los ágiles extras quedan fatal, muy falsos. ¿De verdad no tenía mejor forma de mostrar el poder de estas supuestamente temibles figuras que con esos recursos estrambóticos y pueriles? Al menos al final sí recurre a los rayos en un par de ataques alucinantes y hay alguna treta donde entra en juego la inteligencia, los diálogos y acciones destinados a posicionar a sus rivales y aliados de la forma que les conviene, como la espeluznante táctica de Palpatine medio dejándose vencer por Windu para que Anakin interceda. Así de impresionantes tenían que haber sido todas las peleas al completo.

Pero hay más fallos importantes, en concreto con las obligadas conexiones con la vieja trilogía. Con la obsesión por incluir a la pareja de androides crea incongruencias monumentales: han estado metido en todos los fregados con personajes que en Una nueva esperanza resulta que no los recuerdan (los Lars, Obi-Wan). Ahora nos muestran que Amidala muere en el parto, cuando Luke decía recordarla de joven, y Obi-Wan ve nacer a Leia cuando en la vieja trilogía no conoce su existencia; aunque es cierto que en esto Lucas estaba atado por tiempo y lenguaje cinematográfico, sigue siendo un agujero claro. Tampoco funciona la amistad entre Yoda y Chewaka, por inverosímil y forzada.

En cuanto a efectos especiales, el despliegue de mundos y escenarios es de nuevo insólito, siendo incluso más variado que en las anteriores partes, y el acabado esta vez es impecable, salvo por el fallo de los rostros superpuestos no se nota ninguna otra carencia en un trabajo extremadamente complejo: la integración de fondos mate, digitalizaciones, maquetas y actores es asombrosa. Algunas escenas son realmente impresionantes, como la batalla de naves inicial. Pero Hollywood no recompensó esta magnífica labor de dirección artística, efectos especiales y sonoros porque no se lleva bien con Lucas: esta trilogía no se llevó ningún Oscar en esos aspectos técnicos, cuando los merecía todos los tres años, de hecho el ridículo fue indescriptible cuando en esta ocasión sólo obtuvo la nominación al mejor maquillaje.

En conclusión, a pesar de sus numerosos buenos y muy buenos momentos y el gran partido que saca de los dos roles principales, en conjunto no termina de obtener un relato consistente, equilibrado y tan épico y demoledor como cabría esperar, resultando una película que oscila entre lo artificioso y lo gélido, perdiendo gran parte de la carga emocional que indudablemente guarda. De hecho tengo la clara impresión de que la historia tiene la suficiente fuerza como para conseguir hablar por sí sola a pesar de que George Lucas con su torpeza le pone mil trabas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
-> Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio II – El ataque de los clones


Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: George Lucas
Guion: George Lucas, Jonathan Hales.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La trama política y bélica cobra interés, los personajes también. Cuando se lanza la acción resulta un espectáculo glorioso, en especial gracias la imaginativa dirección artística y los magníficos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Tarda en arrancar: el tramo inicial no logra centrar la historia y narrarla con intensidad. Tiene un tono demasiado infantil que resulta muy molesto en ocasiones (le sobran todas las escenas de R2-D2 y C-3PO).
Mejores momentos: El combate espacial de Obi-Wan contra el cazador de recompensas. La batalla final: la ejecución con criaturas espeluznantes, la aparición de los Jedi, el ataque de los clones, la persecución de Dooku.
El plano: Los Jedis medio aniquilados y rodeados de enemigos.
La pregunta: ¿De dónde sale la profecía de Anakin y el equilibrio en la Fuerza? La mencionan varias veces sin explicar nada más.
Las frases:
1) Los maté, los maté a todos, están todos muertos. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres y los niños. Son animales, y los maté como animales. ¡Los odio! –Anakin.
2) ¡¿Victoria?! ¿Victoria, dices? Maestro Obi-Wan, nada de victoria… Del Lado Oscuro el velo ha caído, las Guerras Clon empezado ya han –Yoda.
3) Siento que un día me vas a matar –Obi-Wan a Anakin.

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El ataque de los clones supuso para muchos fans un pequeño reencuentro con La guerra de las galaxias después del fiasco de La amenaza fantasma, pues este capítulo ofreció un producto de mayor calidad, más coherente y atractivo. La trama mejoraba considerablemente y nos introducía por fin en hechos realmente interesantes, mientras que los personajes adquirían cierta dimensión. Sin embargo, sigue habiendo unos cuantos fallos importantes que no logran alejar del todo el fantasma de la decepción, la sensación de que George Lucas tenía entre sus manos un potencial mucho mayor y su torpeza narrativa y la obsesión por el tono infantil lo echan a perder.

El relato ofrece dos partes bien diferenciadas y de grandes contrastes. La primera aborda la relación romántica entre Padmé y Anakin, mostrando los puntos débiles y problemas del chaval para mantenerse en la Luz, mientras paralelamente se trata de poner las bases para el lanzamiento de las Guerras Clon a través de la investigación de Obi-Wan. Amidala sigue siendo un rol fuerte, con carácter y algunos buenos momentos, como la decisión de ir a rescatar a Obi-Wan y meterse en todo el fregado, anteponiendo sus valores políticos y morales sobre su propia supervivencia. El joven Skywalker en conjunto sale bien parado, quedando claras sus limitaciones y anhelos y mostrando una evolución sencilla pero correcta. Pero es evidente que daban para mucho más. Al romance le falta emotividad, el guion de Lucas ofrece unas situacioens y diálogos ramplones y algo inmaduros; ¿dónde quedaron esas líneas ágiles, imaginativas y eficaces que disfrutamos en la trilogía original en el triángulo amoroso Luke-Leia-Han? Sólo es digno de recordar aquel comentario sobre que el pueblo necesita un grupo de sabios que gobierne eligiendo lo que consideran mejor para la sociedad, diciendo de manera sutil que la democracia no va con él.

El casting magnifica el problema, pues la elección de Hayden Christensen se presenta como un error monumental e imperdonable. Tuvo que ser por mediación de Lucas, porque me cuesta creer que de otra forma un actor tan limitado pasara el corte. Provoca bastante vergüenza ajena ver como su inexpresividad lastra los momentos en que Anakin debe transmitir tal o cual sentimiento intenso, fastidiando más de la cuenta la escena, la credibilidad del personaje, la conexión con el espectador. Un actor competente y un director que sepa exprimirlo pueden levantar un personaje simple e incluso uno mal escrito, pero aquí no se da el caso. Y por si fuera poco, el doblaje, que por lo general es bastante flojo, en este carácter resulta nefasto, aumentando las malas sensaciones. Siguiendo con los actores, destacaría la presencia de secundarios que representan muy bien a sus personajes (Christopher Lee, Samuel L. Jackson e Ian McDiarmid), y me da la sensación de que Ewan McGregor y Natalie Portman están más implicados en sus roles que en el Episodio I.

La sección de Obi-Wan tampoco sale bien parada, consume mucho tiempo para lo poco que aporta. Es obvio que Lucas pretende ir sentando las bases del complot político y preparando el lanzamiento de las Guerras Clon, pero patina bastante en ello. Se obsesiona con la historia detectivesca, que es simple a más no poder y deja a Obi-Wan como un inútil, pues es demasiado lento y torpe sacando conclusiones para lo que se espera de un Jedi. Se empeña en maquillar con acción, dando una de cal y otra de arena: se equivoca de largo con la persecución aérea en Coruscant (larguísima y exagerada), quizá pensando en que el tramo inicial requería alguna escena intensa cuando lo que pide a gritos es sacar más partido de los personajes y exponer mejor la trama, y acierta bastante con la pelea contra Jango Fett en los asteroides, que llega en mejor momento y resulta espectacular. Y mientras se pierde en todo esto se olvida de dar a la política el tiempo necesario, quedando de nuevo algo confuso todo el tema de facciones e intenciones; de hecho sigue habiendo cosas muy raras, como esa Amidala que fue reina elegida en dos mandatos (¿?) y ahora es senadora en la República. Por lo menos, al final Dooku explica con claridad el conflicto, y terminas haciéndote una idea la situación y del plan de Palpatine de poner a todos contra todos para alzarse de las cenizas como salvador.

Como no logra centrarse en lo importante, la primera mitad de la película anda algo escasa de ritmo, pero al menos tiene algo de lo que carecía La amenaza fantasma: la historia muestra una dirección concreta y unos personajes más o menos complejos a los que seguir con un interés que estaban lejos de despertar en aquel episodio. Vale, Obi-Wan inicialmente queda un poco deslucido con su torpeza, pero su determinación y coraje también quedan patentes, sobre todo en el siguiente segmento.

La segunda parte adquiere mayor intensidad y dinamismo y en ella se suceden diversas situaciones muy emocionantes en las que muchos vimos la esencia de la saga por fin recuperada, aunque la película en conjunto no llegara todavía al nivel de la trilogía original. La trama política que hay de trasfondo, no del todo aprovechada pero bastante atractiva, deriva por fin en la apasionante historia bélica que transforma el universo para siempre. Desde que las pesquisas de Obi-Wan lo llevan al planeta donde se reúne el enemigo nos sumergimos en el grandioso inicio de las Guerras Clon. La inquietante presencia de Dooku, el espectáculo donde pretenden sacrificar a Padmé, Anakin y Obi-Wan mediante criaturas horrendas, y la intrusión de los Jedis que abre las puertas a una batalla de una espectacularidad sin parangón, te mantienen agarrado a la butaca casi sin respirar, asombrado y extasiado a partes iguales.

Sin embargo, este inconmensurable clímax se ve lastrado de forma importante por los desvaríos infantiloides de George Lucas (y eso que esta vez se acredita un colaborador en el guion, Jonathan Hales). Llevó a Jar Jar a segundo plano por la presión de los espectadores, pero no rebajó el tono infantil y estúpido, sino que lo depositó sobre R2-D2 y C-3PO, a quienes hace centro de un sin fin de memeces que no hay por dónde coger ni forma de soportar. Pero es que en cierto momento también arrastra a Anakin y Padmé: la infame escena de la factoría de droides es un despropósito. No hacía falta más metraje en esa parte, y desde luego no con este aspecto de videojuego para niños.

También grave resultó el esperadísimo enfrentamiento entre grandes Jedis y Siths, tratado de una forma que todavía la mayor parte de los seguidores no hemos podido perdonar. Pero en qué cojones pensaba Lucas al convertir a dos viejales como Yoda y Dooku en superhéroes de gran agilidad. La batalla a espadas es histriónica, ridícula, y además choca con lo visto en la saga, con lo esperado: que lucharan con una combinación de lanzamiento de objetos, de sobrecogedores rayos, y sobre todo a través diálogos inteligentes y manipuladores. Por ello, el desenlace de la gran batalla no resulta satisfactorio: después de generar tanta tensión con la pelea final entre protagonistas, esta resulta ser un numerito de circo. Por desgracia, en La venganza de los Sith siguió por el mismo camino…

El diseño de los lugares y criaturas y los efectos especiales y sonoros que los recrean fue un trabajo muy imaginativo y complejo, y si bien su calidad general fue digna de alabanza, con momentos deslumbrantes, de nuevo el abuso de lo digital le ha restado durabilidad de cara al paso de los años. La comparación entre alienígenas de maquillaje y digitales pierde otra vez en favor de los primeros: Yoda, Jar-Jar o el cocinero que visita Obi-Wan no aguantan como personajes con diálogo. Los dobles digitales de actores tampoco convencen, en especial en los planos en que ponen el careto de Christopher Lee sobre un extra más ágil. Aunque la batalla tiene muchos planos sobrecogedores, también hay alguno cantoso: cuando los personajes se montan en las naves para ir de aquí para allá se notan mucho las pantallas de fondo, pero lo peor es el empeño en hacer los soldados con el ordenador, con muchos momentos (como su presentación) que parecen de película de animación. Y sorprendentemente, al contrario que en el resto de la serie, incluyendo las antiguas, hay algún matte painting (fondo pintado) que se nota un montón, por ejemplo alguno de los paisajes rocosos por donde pasa Obi-Wan al aterrizar donde se esconden los villanos (Geonosis).

No me olvido de citar otro sello de la saga: la banda sonora de John Williams sigue siendo sumamente efectiva pero aquí firma su trabajo menos notable para la misma, pues sólo aporta un motivo nuevo realmente destacable, el hermosísimo tema de amor. Aparte, hacen algo raro en un momento dado: no entiendo por qué utilizan el tema de Duel of the Fates, el del duelo con Darth Maul, para la escena de búsqueda de Anakin, esa que va en moto por el desierto. No tiene nada que ver en temática.

Rebajando la carga cómica insufrible, haciendo madurar un poco el producto y equilibrando un poco más el tramo inicial, con toda probabilidad estaríamos ante una entrega al nivel de la trilogía original, pero lo cierto es que no vale la pena seguir hablando de “y si…” tanto tiempo después: esto es lo que hay, consigues apartar sus fallos y disfrutar o te toca ser el fan que reniega y hace como no existe, actitud que me parece igual de válida y justificada.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
-> Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)