El Criticón

Opinión de cine y música

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Transformers: La era de la extinción


Transformers: Age of Extinction, 2014, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 165 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Ehren Kruger.
Actores: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Titus Welliver, Sophia Myles.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Elimina o pule algunos errores de la saga (las subtramas irrelevantes alargadas hasta el infinito).
Lo peor: Pero estira el resto de elementos hasta resultar repetitiva, insustancial y muy aburrida.

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La fórmula no podía estar más gastada, y eso que evita algunos de los peores fallos de las dos entregas anteriores. Las subtramas con exceso de humor inmaduro que no tienen relación con las líneas principales se han eliminado. Ya no tenemos las largas y cansinas tontadas tipo el viaje universitario o la búsqueda de trabajo de Sam Witwicky; recordad cómo se fue de madre esta última. Pero eso implica rellenar el metraje que ocupaban estirando lo demás, porque Michael Bay sigue empeñado en llegar a las dos horas y cuarenta minutos. Además cabría esperar que con actores nuevos el relato fuera más atractivo y novedoso, pero el hechizo dura poco, porque los personajes son prácticamente los mismos. Y en la trama Bay y el guionista Ehren Kruger ponen cero esfuerzo. Tenemos otra vez el grupo de invasores, el gobierno molestando más que ayudando y los héroes casuales salvando el planeta, todo siguiendo los mismos pasos de siempre: corretear en busca del objeto de rigor (maletín, anillo, arma, sustancia… el que toque) para salvar el mundo mientras los robots se hostian alrededor.

La línea principal es la del ciudadano del montón, torpe y tontorrón (Mark Wahlberg), acompañado de la chica (en este caso su hija) que será la mujer florero (más barely legal que nunca: 18 añitos tenía Nicola Peltz durante el rodaje) y algún otro guaperas para meter más carne (el novio que pretende ser simpático pero resulta intrascendente), quienes se verán cómo no metidos en el entuerto, de hecho hagan lo que hagan siempre les cae un robot encima, y terminarán siendo los héroes de la función. Por otro lado está la sección del empresario ambicioso (Stanley Tucci) que por sus pecados pondrá a la humanidad en bandeja para la invasión de los robots malvados. Como para intentar diferenciarlo algo de los villanos previos (es igualito al de Transformers 3), en el tramo final se vuelve bueno, pero no cuela, porque el cambio es tan brusco que resulta incongruente: de malvado capitalista a secundario cómico estúpido en un abrir y cerrar de ojos. También va acompañado de un par de mujeres metidas con calzador: ¿qué aportan Sophia Myles y Bingbing Li a la trama? Y finalmente está el plan enemigo, que no es otro que ser malo porque sí. En este caso hay dos frentes, la conspiración del gobierno (la facción dirigida por un tirano –Kelsey Grammer– que quiere imponer su propio orden mundial) y el robot invasor alienígena de turno. Este último como figura enemiga tiene algo de fuerza, pero en motivaciones anda tan seco como los anteriores: matar y conquistar porque puede. Megatrón está en segundo plano, algo que se agradece porque está muy exprimido, pero me temo que al final renace para prometer aburrirnos en otra secuela.

Las tres líneas tardan muchísimo en unirse, demasiado, y cuando lo hacen no es que la película adquiera un nuevo nivel de trascendencia o mísero interés, porque todo se mantiene igual. El tono como cabía esperar es el habitual de Bay: mensajes conservadores (penoso el discurso anticientífico), vicios infectos (machismo, patriotismo, xenofobia -atención al chino del ascensor: cómo no sabe artes marciales-), mucho colorido (con predilección por el naranja), explosiones exageradas, coches deportivos, destrucción por doquier… La narración es una sucesión de piezas de acción alternadas con una paupérrima exposición de personajes y tramas. Cuánto metraje para decir cosas tan obvias, cuánto tarda en lanzar el grueso de la trama y hacer avanzar el conflicto y la evolución de personajes. Vamos, en eso tampoco sorprende. El problema es que como espectáculo palomitero no cumple. Es imposible causar la misma impresión que en las dos primeras entregas si no pone el esfuerzo por aportar algo más que puso en la tercera, donde las escenas de acción eran inconmensurables y aunque no bastaran para salvar la cinta al menos ofrecían algo de entretenimiento. Aquí Bay anda muy desgastado, acomodado a la rutina. Por mucho que los efectos especiales y sonoros sean impecables ninguna de las secuencias importantes aporta algo nuevo, ninguna resulta impactante porque ya hemos visto exactamente lo mismo en numerosas ocasiones: robots enormes dándose puñetazos, persecuciones a tiros, guerra en ciudades, edificios rompiéndose, naves sobre rascacielos… Ningún escenario es original, la trama no aporta una base desde donde ofrecer algo novedoso, y ahora más que nunca los humanos son un pegote injustificado en plena batalla. Lo único digno de mención es la estancia en la nave, que ofrece una atmósfera algo distintiva; pero como siempre, el guion lo hecha a perder con su vena cómica infantil.

Además se repiten otros errores previos. Cansa ver que Optimus esté en todo momento al borde de la muerte, hecho pedazos, y siempre encuentre energías nuevas para levantarse y derrotar al enemigo en el último momento. Nunca han logrado con él el gran personaje que los fans esperaban, pero aquí queda muy relegado a objeto de la trama. De hecho hay un par de instantes de vergüenza ajena: cuando de camión destrozado se transforma y cura por arte de magia, o cuando después de tanta batalla sale volando sin más. Por el lado contrario puedo decir que al menos este capítulo tiene secundarios robots con algo más de presencia y atractivo. Los personajillos tontos han desaparecido (difícil olvidar a los gemelos macarras) y han sido sustituidos por figuras con algo más de carisma y gracia: el gordo militar y el samurái son tópicos andantes, pero valen como secundarios sencillos. El villano igual: quizá sus motivaciones no convenzan, pero algo de impresión si causa, más que el anodino Megatrón de entregas anteriores; el imponente diseño sin duda tiene algo que ver.

Es entendible que el público no le esté dando buenas notas… pero lo que falta ahora es que le den la espalda en la taquilla, que ha vuelto a recaudar más de mil millones de dólares. Mientras tenga éxito, por mucho que lloriquee luego la gente Bay seguirá con el mismo infame guionista y rodando con el mismo estilo y tics.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
-> Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)

Argo


Argo, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, drama, histórico.
Duración: 120 min.
Dirección: Ben Affleck.
Guion: Chris Terrio, Tony Mendez (novela), Joshuah Bearman (artículo periodístico).
Actores: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Rory Cochrane, Kerry Bishé, Kyle Chandler, Titus Welliver, Zeljko Ivanek.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena notable, ritmo excelente.
Lo peor: No resulta muy impactante y se le ven mucho los trucos cinematográficos.

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Basándose en una crisis política con Irán que acabó con el secuestro de numerosos funcionaros estadounidenses en su propia embajada, Argo narra el rescate de seis escapados al caos que lograron refugiarse en casa del embajador canadiense. El plan es estrafalario y atrevido: simular una producción cinematográfica (de nombre Argo) para introducir al especialista en rescates, reunir el grupo y sacarlo en avión como parte del equipo de rodaje.

La narración se desarrolla con fluidez y las desventuras de los muchos protagonistas resultan muy interesantes en varios sentidos: unas por dramáticas (las escenas en la casa del embajador, con todos al borde de un ataque de ansiedad), otras por divertidas (John Goodman y Alan Arkin como falsos productores de Hollywood) y otras por emocionantes y tensas (los jaleos de la CIA, desde los primeros planes a los líos finales). Aprovechando una buena ambientación (localizaciones, vestuario, colorido de la fotografía) mediante una dirección muy dotada, Ben Affleck construye un relato donde todo está medido al milímetro para buscar una secuencia concreta que consiga unas sensaciones concretas. El director capta muy bien la esencia de los thrillers de los años setenta, y si bien no ofrece una historia compleja u oscura (apenas se adentra en el conflicto político o en temas de espionaje) sí sabe coger lo mejor de la acción basada en personajes envueltos en una atmósfera de tensión y peligro constante. También utiliza con habilidad algunos momentos distendidos bastante originales, recordando al humor rebuscado colado en pleno drama de Tarde de perros.

Pero a Argo le falta algo, pues no causa mucho impacto ni es especialmente trascendente, lo que se deja notar en varias escenas así como en el poso que deja la cinta (prácticamente ninguno, a pesar de que es un visionado muy disfrutable). Esto es resultado de pequeñas sensaciones que se van acumulando poco a poco durante la proyección. La primera es la facilidad con que se intuye el rumbo de cada tramo, pues cada situación y solución se puede predecir con muchos minutos de antelación. Esto lleva al segundo punto: los trucos cinematográficos se ven muy fácilmente. La tensión forzada por la puesta en escena o mediante clichés de guion se nota en bastantes ocasiones, y la sensación de que se subrayan y repiten algunas cosas más de la cuenta también pesa. La persecución al avión es absurda e inverosímil, el paseo por el mercado tiene mucho efectismo (gente, caos, gritos) pero no es capaz de poner realmente peligro sobre los protagonistas, las prisas en la CIA y otros momentos puntuales son de manual de guionista (la activación de los billetes o el retrato compuesto en el último momento, la llamada telefónica a la productora falsa…). Sin embargo, también debo decir que algunos de estos clichés se emplean sabiamente: por ejemplo resulta estupendo como se relaciona el servicio de bebidas del avión con el fin del rescate.

También se puede criticar que la confección de personajes no es muy compleja, pues todos los protagonistas son expuestos como si de secundarios se tratasen, y aunque resultan fácilmente identificables no tienen mucha esencia detrás. Además, cuando pretende buscar complejidad, con ese rol principal que parece inflado por Affleck para copar todo el protagonismo, el resultado dista de ser perfecto. El asunto familiar de este no está bien desarrollado y confluye en un desenlace que sobra por completo y supone un malogrado intento de final emotivo, como si fuera obligatorio terminar una película así (ahí está de nuevo la sensación de que se usa una plantilla para el guion). En cuanto al reparto, Affleck no tiene presencia ni calidad como para dotar de empaque al protagonista (aunque hace un papel correcto, algo digno de citar tratándose de un actor tan mediocre), pero todos los secundarios han sido muy bien elegidos (desfilan nombres conocidos en cantidad: ver ficha) y ofrecen buenas interpretaciones.

Todo ello confluye en que Argo resulte un thriller sin notoria trascendencia ni alcance. Bien compuesto, entretenido y con muchos buenos momentos, pero lejos de ser una gran película. La desmesurada recepción que ha recibido por parte de la crítica y muchos certámenes de premios me da la impresión de que es una respuesta exagerada al injusto poco caso que le hicieron con sus dos anteriores filmes, Gone Baby Gone (claramente superior) o The Town (incluso con sus irregularidades, más impactante). Pienso que los críticos no se creían que Affleck fuera de verdad tan buen director y le pusieron en cuarentena, y ahora el aplauso es más fuerte de lo realmente merecido.