El Criticón

Opinión de cine y música

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Juego de patriotas


Patriot Games, 1992, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Phillip Noyce.
Guion: W. Peter Iliff, Donald Stewart, Tom Clancy (novela).
Actores: Harrison Ford, Sean Bean, Anne Archer, James Earl Jones, Thora Birch, Samuel L. Jackson, Polly Walker, James Fox, Richard Harris.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Eficaz puesta en escena que enfatiza muy bien los momentos de intriga y tensión.
Lo peor: Un argumento muy básico y alargado más de la cuenta; el tramo final es aún más predecible. Pero lo peor es la banda sonora de James Horner.

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La segunda película basada en el agente Jack Ryan creado por Tom Clancy no tardó mucho en llegar tras el éxito de La caza del Octure Rojo. Juego de patriotas apunta hacia otro thriller con más intriga que acción, pero termina absorbido por esta, y pretende también resultar un relato complejo, pero se queda en la superficie. La mezcla de terroristas, la célula independizada, el conflicto entre países, la investigación de despachos y la acción directa apunta maneras pero está sustentada sobre pilares bastante endebles.

El guion controla las pocas bazas que tiene bastante bien: el ritmo no es malo, separa las distintas etapas sin que se noten baches y posiciona a los personajes con cuidado (siempre sabemos dónde están, qué hacen y por qué, qué piensan…). Pero no es sustancioso ni original, sus pretensiones se desinflan rápido en un conflicto de buenos contra malos que aunque lo intenta no logra disimular sus carencias, y el equilibrio entre intriga y acción no se consigue correctamente. La aventura empieza bien, algo dispersa pero encaminada hacia un llamativo thriller de terrorismo e investigación, pero no termina de tomar forma a pesar de algunos instantes eficaces (la misteriosa pelirroja, el asalto al campamento visto desde las pantallas), y conforme avanza y se decanta por la acción rutinaria pierde fuelle, hasta que llegamos a un tedioso final en la casa del protagonista, donde los clichés del género y la falta de trama, emoción e intriga deshacen las buenas maneras iniciales.

No cae en estupideces ni simplezas exasperantes (habituales en el género hoy en día), pero sí tiene algunos agujeros y cosas bastante inverosímiles: Ryan yendo a toda prisa a buscar a su esposa en peligro dejando atrás a un puñado de guardias armados (ni de coña es tan tonto, simplemente el guion quería mostrar únicamente el drama de él en solitario); la célula terrorista independiente con más recursos que muchos ejércitos (campamentos en África, movilidad por todo el globo, armamento y equipo de primera…); la cutre seguridad del Primer Ministro que desmantelan tres terroristas locos; que los compañeros del personaje de Sean Bean no vean lo evidente que resulta que no es apto para esa misión; etc.

La buena puesta en escena de Phillip Noyce funciona como armazón impidiendo que tanto desequilibrio hunda la cinta. No llega a ser una de acción de las de recordar, pero el buen manejo de los clímax, el control exhaustivo del tempo narrativo en busca de tensión e intriga y la estupenda fotografía dan una propuesta más que aceptable para pasar el rato. Lo que falla es la música, pues pillaron a un James Horner de bajón que da uno de sus peores trabajos. Otro pequeño sello de calidad lo pone un reparto bien ajustado: el carisma de Harrison Ford, la simpatía de Anne Archer (no relegada a florero), la sorprendente Thora Birch (con poquísimos años se marca una papel excelente) y una serie de secundarios míticos, como el ya por entonces veterano James Earl Jones y un Sean Bean empezando a destacar como villano, pues a pesar de lo pobre que es su personaje transmite rabia y miradas inquietantes muy bien.

Se mantiene sin envejecer para mal por las buenas maneras del género en la época (esfuerzo por trabajar la escena, no buscar el espectáculo a base de fuegos artificiales), pero realmente no resulta nada destacable. Si se recuerda más que otros títulos es quizá por la combinación de renombre (Ford+Ryan+Clancy) y por su ambiciosa y magnífica secuela, Peligro inminente (1994).

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La caza del Octubre Rojo


The Hunt for Red October, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: John McTiernan.
Guion: Larry Ferguson, Donald Stewart, Tom Clancy (novela).
Actores: Sean Connery, Alec Baldwin, Scott Glenn, Sam Neill, James Earl Jones, Tim Curry, Courtney B. Vance, Stellan Skarsgård, Jeffrey Jones, Fred Dalton Thompson.
Música: Basil Poledouris.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico guion y la excelente puesta en escena consiguen un thriller trepidante y absorbente.
Lo peor: Que no haya más títulos de misma temática y calidad.

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La primera adaptación cinematográfica de las novelas sobre el analista de la CIA Jack Ryan escritas por Tom Clancy resultó un memorable thriller de acción, un ejemplo a seguir que en la actualidad desgraciadamente cada vez se sigue menos. Desde alrededor del año 2000 cada vez se trabajan menos la trama, la atmósfera, el ritmo y las emociones, y se dedica el esfuerzo casi exclusivamente al apartado de efectos especiales o la acción inmediata sin nada detrás. Tanto se ha olvidado el buen hacer que hasta el intento de resucitar la saga fue un fracaso: Jack Ryan, operación sombra (Kenneth Brannagh, 2014) resultó un título lastimero. Excepciones como Jason Bourne (Doug Liman, 2002) o Jack Reacher (Christopher McQuarrie, 2012) llegan con cuentagotas, y no llegan a hacerle sombra. Hay que irse más atrás, hasta Ronin (John Frankenheimer, 1998), para poder poner un ejemplo de alta calidad.

El guion de Larry Ferguson y Donald Stewart (este último escribió también las dos protagonizadas por Harrison Ford) es complejo, detallista y valiente, y si tiene fallos son casi insignificantes. Por ejemplo, hay un par de momentos donde se pasan de largo con el detallismo, como el accidente en el portaaviones, que aporta bien poco. Con valentía me refiero a que no tienen miedo a exponer una trama que se desgrana poco a poco y tarda en cobrar sentido, ni les tiembla el pulso a la hora de presentar personajes muy alejados entre sí y que tardarán muchísimo en encontrarse. Solo podría decir que el capitán del otro submarino ruso, interpretado por Stellan Skarsgård, al final termina quedando un poco al servicio de la trama, más que como personaje de peso como recurso de último momento para poner las cosas más difíciles, pero en esa función cumple de sobras.

El suspense que genera el juego de ir descubriendo los planes del otro, los giros bien colocados, la acción en su justa medida y sobre todo personajes de calidad sumergidos en los momentos más difíciles de sus vidas conforman un relato que atrapa en cada minuto produciéndote una sensación de intriga e inquietud por lo que está por venir. Puedes intuir que habrá final feliz como es habitual en el cine de Hollywood, pero no te lo crees hasta que no lo ves, y además el desenlace no se limita a un clímax de acción ruidosa, sino que sigue manteniendo a los protagonistas en el foco de la narración, haciéndote sufrir con ellos.

John McTiernan rueda con un dominio narrativo impresionante, forjando un ritmo ejemplar para un thriller: intrigante en todo momento y con picos de tensión excepcionales, pero también trepidante cual obra de acción. Además hay que tener en cuenta que era una cinta difícil, pues los escenarios son muy cerrados y oscuros. Destaca el sabio uso de la fotografía de Jan de Bont (quien luego dirigiera títulos conocidos como Speed y Twister), que se maneja de maravilla en los espacios cerrados y logra un excepcional uso de la iluminación. Para terminar, la música de Basil Poledouris es mucho más que los impresionantes coros, pues luego se torna sutil y sumamente efectiva.

Los actores saben adaptarse muy bien a sus personajes. Alec Baldwin es el único por debajo de la media, pero su inexperiencia y aspecto de panoli coinciden con lo que precisamente necesitaba el personaje. Sean Connery muestra muy bien como su rol oculta cosas a la tripulación, desde sus intenciones a sus sentimientos. Scott Glenn como capitán serio y curtido pero que no resulta el cowboy temerario que parecía, sino que es paciente e inteligente, consigue otra interpretación contenida muy lograda; es una pena que el actor nunca pasara de ser uno de esos secundarios de toda la vida. Y tenemos muchos más secundarios de lujo: Sam Neill, James Earl Jones, Jeffrey Jones

La segunda parte, Juego de patriotas (Phillip Noyce, 1992) bajó bastante el nivel, pero la tercera, Peligro inminente (ídem, 1994) se encarriló de nuevo. Sin embargo, la saga quedó en suspenso hasta el citado fallido reinicio de 2014.

Jack Ryan: Operación Sombra


Jack Ryan: Shadow Recruit, 2014, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 105 min.
Dirección: Kenneth Branagh.
Guion: Adam Cozad, David Koepp, basados en la obra de Tom Clancy.
Actores: Chris Pine, Kevin Costner, Keira Knightley, Kenneth Branagh.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Guion de risa, puesta en escena mediocre, pareja protagonista sin carisma ni calidad.

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Alerta de spoilers: Hay algún ligero spoiler, si es que a alguien le preocupa.–

Sobre el papel la premisa es típica pero no tiene por qué dar algo malo. El analista que se ve metido en una gran conspiración y debe luchar por su vida, el mentor que le ayudará, el villano temible, las esperables persecuciones y tiroteos, las consabidas escenas de intriga como el asalto a la guarida del villano, y por supuesto el clímax final en una gran ciudad norteamericana. Sí, es una pena que para el reinicio de una saga empiecen por algo tan poco novedoso y no busquen algo distintivo (imposible no pensar en lo original e intensa que fue La caza del Octubre Rojo), pero el Hollywood actual es así. Lo que no es perdonable es que dieran el visto bueno a un guion que hace aguas por todas partes, más cerca de despropósitos recientes como La jungla 5 o incluso el cine cutre de Asalto al poder que de los buenos títulos de acción de finales de los ochenta y la década de los noventa, donde la saga tuvo su momento álgido y el género también (la trilogía de Jungla de cristal a la cabeza). La caza del Octubre Rojo (1990) fue un thriller ejemplar, el relanzamiento con Juego de patriotas (1992) siguió un camino más convencional pero al menos era entretenida y estaba bien rodada, y en Peligro inminente (1994) se arriesgaron y esforzaron bastante más y resultó otro thriller memorable; de Pánico nuclear (2002) no recuerdo nada (dudo que vuelva a verla alguna vez), pero aunque fuera mala difícilmente podría ser peor que la aquí analizada.

En el dichoso guion hay tantas lagunas y tonterías que tendría que ver la película otra vez para hacer una lista, pero obviamente no voy a perder el tiempo. Por ejemplo la secuencia de la cena y el asalto a la oficina del enemigo es vergonzosa: diálogos cutres, verosimilitud por los suelos, paridas informáticas lamentables, clímax pésimamente construido… Pero hay otros tantos momentos que parecen chistes de mal gusto, como la novia señalando a todos los experimentados agentes que el ataque será en Wall Street (poniendo a todos como imbéciles para realzar a un protagonista de forma forzadísima), el héroe deduciendo de la nada que el malo irá en un furgón policial de mentira y memeces sin nombre como esa furgoneta bomba que cae en la orilla y explota (instantáneamente) doscientos metros río adentro. La narración es un despropósito a todos los niveles (personajes, trama, escenas, diálogos), se va cayendo a pedazos conforme avanza y arrastra además una importante falta de credibilidad desde la poco sostenible premisa de guerra financiera. Hacia el final ya no queda nada, llegando a un lastimero anticlímax donde solo esperas que se acabe de una vez.

El nuevo Ryan no es tan llamativo como el interpretado por Alec Baldwin y Harrison Ford, que fue descrito como un analista de oficina cuya inexperiencia en la acción y el peligro se mostraba bien, logrando un héroe más original y realista que de costumbre. Este Ryan en cambio domina todo campo físico o intelectual con una habilidad pasmosa. Por suerte se trabaja un poco la idea de que sea un héroe militar con la carrera truncada por una lesión que lo llevó a estudiar economía, pero eso no justifica que se desenvuelva en otros elementos rozando la genialidad: controla las tareas de espionaje, la informática y el liderazgo de equipos como si llevara años haciéndolo. Vamos, un superhéroe sin matices con el que es difícil conectar: todo lo resuelve por su superioridad nata, no hay una evolución o aprendizaje visible, los pocos momentos en que se supone que sufre resultan muy forzados (la pelea con el asesino, que se va de madre cosa mala). Finalmente la escasa credibilidad que arrastra se va al traste por completo en la escena en que él solito averigua en un par de minutos todo el plan del atentado, donde además la tecnojerga y la ciencimagia informática valen de comodín para el vago guionista. Con un protagonista tan plano y poco atractivo no puedes vender una serie.

El resto de personajes son para el olvido. La novia metida con calzador en el argumento tenía un pase hasta que de repente la incluyen también en la acción con esa estúpida revelación de que él trabaja para la CIA, porque resulta que ella también se defiende como si llevara haciendo de espía toda su vida. El mentor es un rol plano e insípido que sirve para poco más que justificar la trama y es reutilizado de vez en cuando como agente de campo (parece que querían ahorrar en actores). El villano resulta ridículo desde su presentación, donde le pega una paliza a su médico sin venir a cuento. Y me temo que no es el último empleado que se carga. Odio los personajes en plan “soy malo porque sí”, y más aun los que parecen parodias de los villanos de James Bond, el típico tío raro que quiere dominar el mundo sin razones claras. No funciona tampoco que en unos momentos parece que el héroe es el único agente en toda Rusia y cuando el guion ya no es capaz de hacer más malabares para justificarlo salen agentes de la nada. Pues si hay más gente experimentada que se encarguen ellos y no ese novato.

Los actores andan perdidísimos. Chris Pine (experto en reinicios cutres con Star Trek y la aquí analizada) es bastante regulero y no tiene carisma, aunque tengo la impresión de que se esfuerza. Keira Knightley (Piratas del Caribe) sorprende muy para mal cuando ha tenido algún buen papel (Un método peligroso): sus muecas y expresiones forzadas son horribles. Kevin Costner no aporta nada a un personaje inerte. Kenneth Branagh es el único con talento y logra alguna mirada inquietante, pero tampoco puede hacer mucho con semejante parida de rol.

La dirección de Branagh es lastimera también. ¿Qué fue del realizador atrevido e implicado en su obra que nos regaló grandes adaptaciones de Shakespeare? Se ha vendido a lo comercial de forma incomprensible. Thor era aceptable, pero su trabajo aquí es asombrosamente espantoso, dando una de las peores labores de dirección del género en los últimos años. Frío y torpe en las conversaciones y escenas de intriga, totalmente perdido en las de acción. A pesar de ser un thriller no hay tensión ni intriga en los momentos clave, que dan más risa que otra cosa. La acción carece de originalidad y sentido del espectáculo: qué chapuceras resultan las persecuciones y tiroteos, qué difícil enterarse de algo o ver una pizca de espectacularidad. La imitación al estilo Bourne, tan esperable como innecesaria, fracasa estrepitosamente, y la comparación con las excelentes labores de John McTiernan y Phillip Noyce en la trilogía original… bueno, mejor ni hacerla, juegan en otra liga.

Es un pésimo refrito de Bourne, Misión imposible y El pacificador, y en algún momento me ha traído a la memoria a la magistral serie Rubicon… Esa sí es lo que debería ser una obra sobre Jack Ryan. Los productores han tenido suerte de que costó poco (unos escasos sesenta millones) y por ello su tibia recaudación de 140 millones no se considerará un fracaso monetario. La crítica y recepción del público ha sido floja aunque no tan mala como cabe esperar ante tal bazofia (qué triste que la gente sea tan poco exigente hoy día), pero todo apunta a que por suerte no se convertirá en una serie. Mejor olvidar que existe y empezar otra vez, esta vez con un guion serio y un realizador que se esfuerce algo más. O mejor todavía, que continúen con Jack Reacher, esa sí que apuntaba maneras y sabía recuperar el estilo del género.