El Criticón

Opinión de cine y música

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Misión imposible: Fallout


Mission: Impossible – Fallout, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 147 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie.
Actores: Tom Cruise, Henry Cavill, Ving Rhames, Simon Peg, Rebecca Ferguson, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sean Harris, Michelle Monaghan, Vanessa Kirby.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Un portento visual con escenas de acción memorables. Mayor recorrido dramático de los protagonistas.
Lo peor: Se termina de dejar de lado el género de espionaje y suspense serio. Alguna situación menor un poco cogida por los pelos.
Mejores momentos: La persecución en moto, la pelea de helicópteros, la confrontación final en la montaña.
La frase: Su misión, si decide aceptarla…

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No esperaba novedades y subidones de calidad en la saga Misión imposible, parecía que sus productores, Tom Cruise a la cabeza, habían dado con la clave para amasar dinero y se aferrarían al esquema mientras pudieran. Dejar de lado el thriller de espionaje, simplificar las tramas a una somera exposición de los giros traiciones y escenarios de siempre, llevar a los personajes más hacia el género de superhéroes que al del drama serio y limitar su progresión a que cada uno tenga su momento de lucimiento pero sin cambio real, y centrarse en narrar a toda leche para que no se noten las carencias, colocando con calzador unas cuantas secuencias de acción poco inspiradas pero al menos bien rodadas. El equilibrio entre el desgaste y la simpatía del producto final mantuvo las dos últimas entregas en el limbo de películas muy entretenidas pero que no calan lo más mínimo en la memoria, así que yo ya daba por muerta a la serie. Pero por una vez la máxima de “más grande es igual a mejor” se cumple con creces en este nuevo episodio, y eso a pesar de estar escrito y dirigido por el encargado de la anterior, Christopher McQuarrie.

En realidad debería quejarme, pues han terminado abandonando del todo el cine de espías serio que tan buenos resultados dio en la primera y tercera entregas, al menos en calidad, porque en recepción el capítulo orquestado por J. J. Abrams se resintió un poco. Por si fuera poco, todavía se nota un poco que las secuencias de principales acción son versiones de las que han funcionado previamente en la saga: no falta la persecución en moto y un final de infarto con helicópteros. Pero lo cierto es que echando toda la carne en el asador esta vez disimulan muy bien la tendencia a la simplificación y la falta de imaginación. Tanto en el desarrollo de personajes como sobre todo en lo visual han puesto mucho esfuerzo, consiguiendo una cinta de acción emocionante y espectacular a niveles inesperados, hasta el punto de tener que citarla entre las mejores del género de los últimos años.

También puedo mencionar algún pequeño punto gris, como la tonta presentación del nuevo personaje (el agente de la CIA interpretado por Henry Cavill), en plan chaval de instituto haciendo bromas inverosímiles como quitarle el oxígeno al compañero en un salto en paracaídas, y cabe preguntarse qué hace el secretario de estado (Alec Baldwin) apareciendo a solas en un lugar de reunión de espías en media misión. Pero son cosas que se olvidan pronto; la primera, en la contundente pelea en el baño en la discoteca, la segunda, porque la escena de engaños y traiciones de turno es muy efectiva.

Se maneja mejor la continuidad, algo que echaba en falta en episodios previos. Aunque sea en parte a costa de repetir con un villano a lo James Bond (el encarnado de nuevo por Sean Harris), lo de luchar contra los restos de su organización da una correcta sensación de continuidad y familiaridad. Además, la confrontación pasa factura a los protagonistas, encontrándose Ethan Hunt y sus compañeros ante el reto más difícil hasta el momento. Se los ve sufrir en cada tramo de la misión, pero también asistimos a una lucha interna que sorprende muy para bien a estas alturas. El equipo duda en algunas situaciones, e incluso de las capacidades de Ethan, y este se enfrenta a unos dilemas éticos muy complicados. La escena en que se imagina matando policías para poder salvar a cientos de miles potenciales víctimas es sorprendentemente dura y cruel. Toda la película gira alrededor de ese tipo de decisiones, jugando con la sensación de que Ethan puede convertirse en un agente capaz de justificarlo todo por la misión, acercándose así a la máquina de matar sin brújula moral que son los villanos a los que se enfrenta. Por supuesto, esto es una de acción y héroes, así que el discurso es un tanto simple, con el bien y el mal en dos extremos muy claros, pero lo que vemos vale para dotar de mayor densidad a una premisa que parecía agotada.

Siguiendo con los personajes, cabe pensar que ya que han recuperado a Michelle Monaghan podían haber traído a Maggie Q y otros compañeros del episodio tercero, que resultaron muy simpáticos pero han sido olvidados por completo. En cambio, no aparece Jeremy Renner (por problemas de agenda)… y no me había dado cuenta hasta que lo he leído por internet después de verla, así de poco que aportaba su personaje, un comodín en la lucha de despachos en Nación secreta y un cero a la izquierda en Protocolo fantasma.

En cuanto a la acción, McQuarrie supera con creces lo visto en el capítulo precedente, tanto a la hora de imaginar situaciones grandilocuentes pero con algo de carga dramática como a la hora de plasmarlas en imágenes. Critiqué en aquel que la persecución, bien encaminada, acababa tirando más de la cuenta los por efectos digitales, y que el asalto al servidor de datos no era sino una versión del visto en la primera película. Aquí tenemos otra confrontación con coches y motos, así que cabría preguntarse a qué viene teniendo aquella tan fresca, pero la verdad es que resulta memorable, no se ha visto nada semejante en persecuciones desde Ronin (John Frankenheimer, 1998), aunque las de Jason Bourne no estaban mal tampoco. Nos recorremos París a toda leche con infinidad de momentos alucinantes y giros imaginativos que enriquecen el escenario, y todo ello sin sensación de que hay efectos especiales, sino personajes pasándolas putas por escapar y sobrevivir, chocándose incluso de vez en cuando. Y a eso le sumamos el desconcierto (en quién pueden confiar) y los conflictos morales (improvisar para salvar vidas y no reventar la tapadera en el proceso), con lo que además de asombroso resulta muy emocionante.

Como señalaba, tampoco es nuevo un clímax con helicópteros, pero que me aspen si esperaba algo la mitad de impresionante. De nuevo tenemos a Tom Cruise dándolo todo, colgando de la carga, cayéndose, agarrándose como puede, pegándose hostias alucinantes por la montaña… ¿Cuánto hizo él y cuánto es efecto especial? No quiero saberlo, el engaño es perfecto, parece una situación real grabada por un testigo, sobrecogedora como pocas del género a pesar de que a estas alturas es muy difícil sorprender. Atención además a las deslumbrantes imágenes de la naturaleza, el director aprovecha al máximo las localizaciones.

La cinta sólo se podría mejorar con una banda sonora más trabajada. Se echa de menos a Danny Elfman, Michael Giacchino y Joe Kraemer, pues Lorne Balfe es un alumno de la factoría Hans Zimmer, todo sintetizador y jugar con el ritmo y el volumen más que con la composición, convirtiéndose en un efecto sonoro más que una música que refuerce sensaciones concretas.

Ahora queda la duda de si realmente es necesaria otra entrega tras este sensacional hito. ¿Tienen algo más que contar, hay forma de superar el nivel visual? Sería hora de darle un giro, pero no creo que se atrevan.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
-> Misión imposible: Fallout (2018)

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Misión imposible


Mission: Impossible, 1996, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 110 min.
Dirección: Brian De Palma.
Guion: Robert Towne, David Koepp, Steven Zaillian.
Actores: Tom Cruise, Jon Voight, Ving Rhames, Jean Reno, Emmanuelle Béart, Henry Czerny, Kristin Scott Thomas, Vanessa Redgrave.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La mar de emocionante: intrigante, agobiante, espectacular.
Lo peor: El papel de Tom Cruise es muy flojo. El personaje de Emmanuelle Béart no tiene garra.
Mejores momentos: La incursión en el servidor. El tren entrando en el túnel.
La frase: Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos…

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Auspiciado por el gran conflicto político de la época, la Guerra Fría, el género de espionaje vivió en los años cincuenta y sesenta una época dorada, eso sí, desde una perspectiva de entretenimiento ligero, sobre todo en cine y televisión. Ya había bastante penurias en el mundo real, las excepciones trascendentales como Siete días de mayo (John Frankenheimer, 1964) no eran lo habitual, sino la evasión estilo las adaptaciones de James Bond (Ian Fleming, 1953). En la caja tonta más aún, pues primaba el mantener a las familias entretenidas. El principal referente en este ámbito en Estados Unidos fue la serie Misión imposible de la CBS. Iniciada en 1966 por Bruce Geller, supuso un importante éxito que llegó a durar siete temporadas y fue una notable influencia para el género.

Mucho tardaron en llevarla a la pantalla grande. En Paramount Pictures, poseedora de los derechos, no encontraban enfoque y autores que la sacaran adelante hasta que llegó Tom Cruise, al que le gustaba la serie, con ganas de encabezar la adaptación. Con su fama no le fue difícil liderar el proyecto, imponiendo su protagonismo y eligiendo al director entre varios candidatos de renombre. En cambio, el guion pasó por muchas manos hasta que fue tomando forma, siendo el libreto final una combinación de lo desarrollado por distintos autores.

Raro es que con ese proceso no saliera una amalgama de poca calidad, pero la cinta resultante fue compleja y densa de narices y aun así no se le pueden encontrar carencias importantes. Eso sí, dejó a muchos espectadores más confusos que intrigados, aunque con las magníficas escenas de acción finales todo el mundo salió contento. No ocurrió así con la crítica, que no conectó con una recuperación seria de un género muy en desuso (salvo por la infatigable saga de James Bond) precisamente acusándola de ser demasiado grave y farragosa. Quizá los medios esperaban más fidelidad al original, pero los 500 millones de dólares que recaudó, siendo la tercera en taquilla en 1996, señalan sin lugar a dudas que al espectador medio le convenció la renovación. Partimos de un relevo del protagonista Jim Phelps (Peter Graves en la serie, Jon Voight aquí), que pasa a ser el mentor de un nuevo personaje, Ethan Hunt, encarnado por Tom Cruise. La aventura grupal pasa a una odisea en solitario, y el tono de espionaje se torna más oscuro.

No conocemos nada de la vida personal de Hunt, no es necesario. La historia se centra en su equipo y su trabajo, y cómo trata de salir de un apuro enorme. Cualquier otro autor habría metido flashbacks o como poco alguna llamada telefónica a su familia, con algún niño mono de por medio, para forzar un drama innecesario y tratar de conectar con el espectador con clichés en vez de como logran hacer aquí, contando únicamente lo relevante en esta etapa de su vida. La escena que resume la dinámica de la banda, con el colegueo y la forma de trabajar de cada uno, es muy efectiva para ponernos en situación y conocer qué pierde Ethan cuando empiezan los problemas. Eso sí, aquí puedo citar uno de los pocos puntos grises de la propuesta: el matrimonio entre el viejo líder del equipo y la joven espía no resulta muy verosímil; deberían haber omitido ese dato y optar porque están compinchados por alguna razón relacionada con el espionaje, como dinero o librarse de algún problema.

Desde la primera misión la proyección mantiene el tono de intriga muy alto. ¿Qué está pasando, logrará Ethan salir airoso, en quiénes puede confiar? Vivimos codo con codo su desconcierto y el esfuerzo por desentrañar el complot, y si bien la trama es densa y complicada de seguir a veces, eso mismo garantiza atención máxima, compartir ese empeño por darle sentido a todo. Las sorpresas y las traiciones mantienen la tensión también en un punto álgido casi constante: en cualquier momento puede deshacerse lo andado.

Entre esa conexión y el trabajo físico al que se somete Tom Cruise en las secuencias más importantes se eclipsa bastante el flojísimo papel que ofreció, lejos del carisma de otros títulos recientes (Entrevista con el vampiro -1994-, Nacido el cuatro de julio -1989-) y de la buena interpretación de algunos inmediatamente posteriores (Jerry Maguire -1996-, Magnolia -1999-). En cambio no se trabajan lo suficiente a la compañera, Claire, que podía haber dado mucho más juego con la sospecha de si es de fiar o no, pero apenas deja huella a pesar de aparecer en muchas escenas; además, Emmanuelle Béart está muy sosa. Por suerte, el resto de secundarios es muy efectivo. La ambigüedad moral de Jean Reno (Krieger) y el carisma Ving Rhames (Luther) quedan patentes desde su primera aparición, y pronto su presencia interesa más que la de Béart. Voigh resulta muy intrigante y Henry Czerny construye un jefe tocapelotas efectivo.

Esencial a la hora de dar forma a esta atmósfera absorbente, sofocante a veces, es la dirección de Brian De Palma, que combina de maravilla los distintos tempos de cada escena, y las hay muy variadas. Las partes pausadas resultan tan intensas como otras más activas, por ejemplo, la misión inicial lleva un crescendo que consigue una acertada sensación de que se va perdiendo el control, y la parte de Ethan en los foros de internet transmite muy bien su agotamiento y tensión. Además, como el guion dosifica muy bien cambios de escenario y la introducción de nuevos personajes, la cinta nunca pierde fuelle. El nivel sube inesperadamente en la larga y pausada secuencia de la incursión en el servidor, que toma lo mejor del género (silencios, el peligro a ser descubiertos) y de la serie (el asombro de las tecnologías modernas, con esa alucinante sala) y De Palma remata con un pulso envidiable. Las salas de cine aguantaban la respiración cuando Tom Cruise se cuelga de los cables.

Para el tramo final llega otro cambio brutal, llevándonos a unas secuencias de acción que nos dejaron aún más anonadados. Lejos de las explosiones a lo Jerry Bruckheimer y Michael Bay (La roca -1996- y demás) que triunfaba en la acción más terrenal o de los grandes despliegues de efectos especiales de superproducciones más fantasiosas (Independence DayRoland Emmerich, 1996-, TwisterJan de Bont, 1996-), Cruise y De Palma querían algo espectacular pero más por sorprendente y complicado, y no sin pocas dificultades lo lograron. Ante la imposibilidad de rodar en trenes reales (falta de permisos y seguridad) mezclaron decorados con pantallas de fondo, y el resultado fue impecable, te crees la situación incluso veinte años después, no hay limitación alguna en los trucajes que te saque de las imágenes. La intriga por la resolución de la misión combinada con la peripecia de Ethan por los techos del tren fue asombrosa y sigue manteniéndose como una de las escenas de acción más impresionantes que se recuerdan.

Cabe destacar que mantuvieron muy bien un sello crucial de la original: la música de Lalo Schifrin que mezclaba orquesta con jazz de ritmos modernos es recuperada por Danny Elfman con bastante inspiración, teniendo muchos momentos estupendos, aunque también hay algún otro instante donde satura un poco por sobreutilización.

La segunda entrega, parida por John Woo en el año 2000, nadie entiende cómo pudo salir tan desastrosa (¿no lo vieron venir durante el rodaje?), y aunque es cierto que inicialmente la crítica fue incomprensiblemente muy suave, el público la puso a caldo y da la sensación de que muchos iban al cine para reírse del desastre. El paso del tiempo la ha ido poniendo en su lugar: como una de las peores películas de gran presupuesto de la historia. Aunque por el tirón de la primera amasó más de 500 millones, siendo la más taquillera del año, por encima incluso del pelotazo de Gladiator (Ridley Scott), hundió la serie hasta el punto de que parecía no iba a haber más.

Pero ni Cruise ni los estudios podían dejar morir una saga que sólo con el título daría dinero, y para 2006 se montaron una especie de reinicio. El trabajo de J. J. Abrams fue muy sólido, una buena mezcla de espionaje y acción con nuevos secundarios atractivos, aunque las críticas fueron irregulares y le costó llegar a los 400 millones de dólares, que quizá no fueron suficientes viendo su alto presupuesto y la excesiva campaña publicitaria. El siguiente episodio, Protocolo fantasma, llegó en 2011 de la mano de Brad Bird, y ofreció otro enfoque nuevo. Este por fin dio las ingentes cantidad de dinero deseadas (casi 700 millones), y la saga desde entonces sigue sus parámetros, esto es, una vuelta al entretenimiento más ligero con el que nació la serie en los sesenta, con historias más sencillas, más acción, y reutilización poco disimulada de los mejores momentos de la primera entrega.

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Serie Misión Imposible:
-> Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

American Made (Barry Seal, el traficante)


American Made, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, biografía.
Duración: 115 min.
Dirección: Doug Liman.
Guion: Gary Spinelli.
Actores: Tom Cruise, Domhnall Gleeson, Sarah Wright, Mauricio Mejía, Fredy Yate Escobar, Alejandro Edda.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y curiosa.
Lo peor: La enorme falta de originalidad. Parece un capítulo de Narcos.

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Se narra, con a saber cuántas licencias, la vida de Barry Seal, un piloto de aerolínea de pasajeros un tanto aburrido por la monotonía de su vida, hasta que esta da un vuelco cuando la CIA, en plena Guerra Fría, lo selecciona para hacer vuelos de espionaje a grupúsculos paramilitares con presuntos lazos con los soviéticos por Centroamérica y Sudamérica. Con la búsqueda de aventuras y otros giros inesperados acaba saltando al narcotráfico, trabajando para el cártel de Medellín que lidera Pablo Escobar, mientras sigue usando la fachada de la CIA para cubrir sus viajes. El tío se hace rico hasta el punto de no saber dónde meter el dinero.

El problema es que para condensar una epopeya de este tipo en dos horas hay un rango limitado de fórmulas narrativas que faciliten una forma inteligible y entretenida, y han optado por una muy clásica, la de enlazar anécdotas a toda leche y pararse de vez en cuando en recesos más tranquilos que tratan de otorgar un poco de dimensión humana a los implicados. Si en palabras no te haces una idea de lo que quiero decir, con ejemplos conocidos seguro que sí. El lobo de Wall Street, Atrápame si puedes, Scarface, Uno de los nuestros… pero el mejor ejemplo sería la reciente serie Narcos, de hecho parece un capítulo anexo, porque estos acontecimientos forman parte de la misma gran historia (aunque Seal es citado en un solo capítulo, creo recordar) y el estilo es prácticamente el mismo.

Tenemos cantidad de voz en off y apariciones futuras del protagonista explicando situaciones, montajes a modo de resumen y citas históricas (periódicos, discursos presidenciales), y anécdotas breves de todo pelaje. En las secciones más largas y pausadas se aborda el drama familiar (mujer, hijos, fachada social), la adaptación a los nuevos giros (los métodos del narcotráfico y de la CIA) y a las secuelas (el dinero, vivir en alerta constante…).

Pero Barry Seal, el traficante no tiene la originalidad, personalidad y en general la brillantez de las obras citadas, sino que se aferra demasiado al esquema elegido y tira para adelante sin mucho esfuerzo. Las delirantes aventuras del protagonista tienen capacidad de impacto suficiente como para sobreponerse a una fórmula tan convencional, el ritmo es bastante activo y sin bajones, y también hay contexto histórico suficiente para sacar una correcta lectura crítica sobre los desmanes de EE.UU. (intervencionismo, hipocresía, individualismo y capitalismo extremo). Pero le pesa muchísimo el hecho de que se le aplica a una vida singular un filtro muy predecible, de manera que una vez presentada la historia se ve venir prácticamente todo, y las sorpresas y situaciones más peliagudas pierden fuelle, parecen ponerse al mismo nivel detalles insignificantes que su vivencia más peligrosa. Por ejemplo, las peleas familiares son harto predecibles, los autores no son capaces de salirse de los estereotipos a pesar del potencial de la historia; y cuando aparece el vago hermano de ella, ya tienes el final de la odisea bien explícito. También me parece evidente que, dado el título original (American Made, “Hecho en EE.UU.”), la crítica debería tener más protagonismo y agudeza, cuando parece emerger automáticamente por la situación más que por esfuerzo del guionista y del director. Había muchísimo material por donde meter humor negro y autocrítica ácida, pero lo desaprovechan bastante.

Es decir, le falta ingenio, fuerza dramática, sensación de imprevisibilidad. Una epopeya tan fascinante y prometedora acaba convertida en un simple entretenimiento pasajero, cuando más bien debería dejarte anonadado y pensando al terminar el visionado. A su falta de empaque contribuye también la elección de Tom Cruise como protagonista: un héroe de acción no pega en este papel, hacía falta un intérprete con más registro. No hay más personajes, porque el resto quedan como figurantes del repertorio de curiosidades, y claro, tener figuras como Escobar y no sacarles partido, pues apena bastante.

Eso sí, para pasar un rato ameno vale de sobras.

La momia


The Mummy, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, fantasía.
Duración: 110 min.
Dirección: Alex Kurtzman
Guion: David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, Jon Spaihts, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Annabelle Wallis, Russel Crowe, Sofia Boutella, Jake Johnson.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida: va al grano, tiene un personaje central potente, buenos diálogos, y está bien hecha.
Lo peor: Resulta muy predecible. Annabelle Wallis ofrece un papel pésimo.

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Vaya varapalo se ha llevado este nuevo reinicio de La momia (que además nace como capítulo inicial de una serie con los monstruos clásicos), puesto a parir como si fuera la peor película de los últimos años, como si los autores debieran pedir perdón por haber mancillado el género. No lo entiendo, está en la media del cine de acción y fantasía revienta taquillas, con la excepción de la serie Marvel y las nuevas de La guerra de las galaxias, que se mantienen bastante por encima. Y por las críticas, tanto los medios como los espectadores la están poniendo al nivel de La gran muralla, y como que no. De hecho incluso tiene algunas virtudes que se echan de menos, más que nada porque tiene autoconsciencia de que es un entretenimiento, lo que se traduce en menos pretensiones y más simpatía. Ha pasado como con Dioses de Egipto: conocía sus limitaciones e iba al grano, a divertir y entretener, pero por alguna razón se machacó sin miramientos.

Esa falta de grandilocuencia propia del cine de acción contemporáneo realza sus puntos fuertes. Lo normal hoy en día habría sido hacer una cinta de dos horas y media con subtramas anexas empalmadas de mala manera y acción avasalladora sin límites. Aquí sus autores se esmeran en exprimir su argumento y las pocas bazas que deja de margen apostar por algo tan trillado, porque al fin y al cabo, se enfrentan a una serie comercial, con requisitos y restricciones muy concretos. Sumergen a los protagonistas en una pesadilla que pone a prueba sus límites intelectuales y físicos, pero también morales. Hay mucha acción, pero es más de correr y sobrevivir a duras penas que de ver ciudades destruyéndose y monstruos o superhéroes pegándose. Y tiene un toque adulto y oscuro muy de agradecer en esta época de cine blando, sin violencia ni drama.

El protagonista es ambiguo, amoral, y evoluciona aceptablemente bien, lejos de los cánones del género de héroes impolutos que no sabemos qué piensan ni qué esperan del mundo y de los demás personajes pero se apuntan a todos los jaleos porque sí. Nick Morton vive para sí mismo, sólo piensa en sus ganancias, y no pocas veces trata de escapar de una situación que lo perjudica y le viene grande. Poco a poco va viendo que no queda más opción que implicarse, y en pequeñas dosis observamos cómo su pose de pasota se va tambaleando. Así, a la decisión heroica final llegamos con una trayectoria coherente y tangible, no sucede sin más porque hay que cumplir con ello. Para rematar, como buen antihéroe tiene numerosas frases socarronas, irónicas o cabronas muy efectivas. “Gracias por salvarme dándome el paracaídas”, le dice ella. “Pensaba que había más”, responde él con sinceridad. Tom Cruise está como siempre: se toma muy en serio su trabajo, tanto físico como interpretativo, pero no ha vuelto a lograr un papel como el de Magnolia, parece que siempre hace del mismo personaje, con lo que siempre ves a Tom Cruise. Y aquí hay que señalar lo obvio: La momia parece una entrega de Misión Imposible con un Ethan un tanto asqueado del mundo, en plan “me jubilé para vivir la vida y he caído en otra puñetera misión”. No en vano, el equipo de guionistas es el mismo que el de las últimas entregas de la serie: Koepp, Kurzman, McQuarrie

La chica, Jenny Halsey, no se enamora sin más de un tipo perfecto, sino que se forma una relación de atracción-odio no sorprendente pero sí muy interesante, alejada de los simplones romances actuales. Ve a un tipo con recursos y capacidades, pero con un espectro moral retorcido, así que no sabe si hostiarlo o acercarse a él, generándose buenos momentos de conflicto. La pena es que relación se atasca un poco, no llega a explorarse a fondo, principalmente porque el dibujo de esta arqueóloga es, en contraste con el atractivo mercenario y saqueador, demasiado simplón. Casi termina pareciendo la excusa para explicar cosas de la trama: esa es el arma mágica, no hagas esto que te contagias la maldición, somos el grupo que lucha contra el mal, etc. Y lo peor, Annabelle Wallis está muy, muy floja. También se puede señalar que no hay personajes secundarios de peso. El Dr. Henry Jekyll es interesante, misterioso, pero la descripción de sus personalidades y cualidades se sueltan demasiado deprisa, sin que lleguen a calar, y Russell Crowe no parece muy motivado. No hay más roles que destacar; al prota lo acompaña el típico secundario simpático que te da igual lo que le pase, y ella, a pesar de la importancia de su misión y los peligros con los que podría encontrarse, no lleva acompañamiento ni escolta de ningún tipo.

La figura de la momia funciona por ese tono más sombrío, pues no intentan ir más allá del enemigo poderoso de rigor. Las películas clásicas del género siempre tenían un aura melancólica, los monstruos eran fruto de infortunios y más que malvados chocaban con el miedo de la gente. Pero en los tiempos que corren se llevan más los entes sin motivaciones que buscan el caos y la destrucción. Así que todo el prólogo que expone traiciones familiares y demás no se entiende, no justifica nada del viaje de la momia por el mundo. Sofia Boutella se limita a prestar su físico, porque el rol no da para más. Al menos, eso de que sea más una joven guapa que un cadáver momificado se justifica, porque en los avances en los que apareciera con la melena al viento provocaron algunas carcajadas y dudas. Esta villana se salva porque es una contrincante dura que hace sufrir a los protagonistas. Las peleas son encarnizadas, las hostias que se llevan se ven realistas, casi se sienten, de hecho me asombró el nivel de violencia. Las momias-zombi que va creando son amenazadoras y asquerosas. Nos ofrecen algunas escenas muy tétricas (aunque no terroríficas), otras inquietantes (la momia a punto de violar al protagonista), y en general se logra una correcta sensación de peligro inminente y fatalismo: los protagonistas están siempre al borde de la muerte, la momia los encuentra y alcanza constantemente, no se ve una salida fácil. Y aunque en el clímax final a tortas pierde bastante intensidad, porque ya es evidente todo lo que va a pasar, tiene un giro también siniestro bastante acertado.

El productor y guionista Alex Kurtzman inicia aquí su andadura como director de superproducciones (porque antes hizo una comedia sencilla, Así somos), y lo cierto es que cumple sin problemas. Supongo que esa idea de buscar una obra más contenida y oscura es de todo el equipo de productores, pero está claro que él sabe aprovecharlo. La fotografía capta muy bien los numerosos pasajes de noche o en catacumbas. La banda sonora de Brian Tyler es épica. Los efectos especiales son un fin y no un protagonista forzado, y si bien hay alguna digitalización mejorable (el avión, el plano de la tormenta engullendo Londres), las momias, usaran la tecnología que usaran, son impecables. La cinta resultante es tenebrosa, tiene un ritmo trepidante y escenas de acción breves y sencillas pero enérgicas. La secuencia del avión es espectacular, la pelea en la iglesia brutal, la huida en ambulancia por el camino del bosque es muy intensa…

Así pues, La momia tiene un poco de cada virtud que espero de una buena superproducción de acción: tener claro que es un entretenimiento pero sin caer en la vergüenza ajena, contención y seriedad sobre el artificio vacuo, un poco de esfuerzo en el guion que busque personajes con algo de vida y diálogos decentes, y un acabado sólido. No termina de ser redonda, pues se queda un poco a medias en todos los elementos (sobre todo en cuanto a personajes) y también anda muy falta de novedades, pero ya tiene más que muchos títulos que en cambio el público recibe con bastante más entusiasmo. Dinero ha hecho suficiente, pero queda por ver si, por las malas críticas, en el resto de la serie optan por un estilo más simplón y luminoso, que es lo que el público parece querer ahora.

Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás


Jack Reacher: Never Go Back, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 118 min.
Dirección: Edward Zwick.
Guion: Edward Zwick, Richard Wenk.
Actores: Tom Cruise, Cobie Smulders, Danika Yarosh, Aldis Hodge, Holt McCallany, Madalyn Horcher.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene.
Lo peor: Pierde personalidad y calidad. El doblaje es infame.
El bótox: Atención al nuevo careto de Tom Cruise: parece picado por avispas…

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Jack Reacher no arrasó en taquilla pero cumplió bien, y sobre todo, poco a poco el boca a boca fue propagando sus virtudes, así que vendió mucho en dvd y bluray. Estaba claro que con su fuerte personalidad y la recuperación de la fórmula de los thrillers de los años setenta había ganado bastantes adeptos como para que una segunda parte fuera rentable. Lo gracioso es que la fama adquirida por su autor, Christopher McQuarrie, lo llevó a ser elegido para rodar las nuevas entregas de Misión Imposible (la quinta, Nación secreta, y la sexta), así que esta serie quedó huérfana. Por suerte parecía que los productores sabían lo que tenían entre manos, pues buscaron un autor de las características adecuadas, alguien competente y de estilo clásico. El elegido fue Edward Zwick, director (y en algunas también guionista) de El último samurái, Diamante de sangre, Resistencia, Estado de sitio y, más atrás, Tiempos de gloria y Leyendas de pasión. Pero me temo que la veteranía del realizador no ha sido suficiente para mantener y mejorar la serie, que ha acusado el habitual desgaste de las segundas entregas.

La historia de corrupción en el ejército es algo predecible pero está bien desarrollada, resultando entretenida e intrigante como para enganchar sin problemas. Además supera un poco el patinazo que tenía la primera parte con su villano de cómic y el increíble traidor: sí, el malo y su plan son muy convencionales y no sorprenden, pero al menos resultan más verosímiles. Sin embargo, al contrario que la primera parte, falla a la hora de dibujar a los buenos, la relación entre ellos y su implicación en el caso. Es una pena, porque el personaje de Jack Reacher parecía poder sustentar cualquier situación, pero aquí su odisea personal se estanca, su esfuerzo en la investigación no llega con la misma intensidad.

Y es que resulta que Nunca vuelvas atrás precisamente sí retrocede, deja la esencia del capítulo inicial para inclinarse por una de acción más facilona. De thriller denso con sabor añejo pasamos a una “buddy movie” (pareja de protagonistas opuestos en personalidad y forma de trabajar), a la que le suman además una adolescente petarda. Y no estamos ante la inteligente y divertidísima Dos tipos buenos, el guion carece ingenio y originalidad. Los roces entre los dos protagonistas son los mismos de siempre en este subgénero y arrastran al otrora fascinante Jack Reacher, alejándolo del rol carismático e intrigante para llevarlo hacia un modelo de héroe de acción más convencional. Es que ni siquiera aprovechan la trama militar para ahondar en su pasado. La falta de carisma del rol de Cobie Smulders y de su interpretación no ayudan, logrando más bien que se eche de menos a la solvente Rosamund Pike. Con la niña la cosa empeora, es la típica criaja que quieren a toda costa que resulte simpática pero acaba siendo bastante cargante. Los clichés rancios se ceban en ella. ¿Por qué asume Jack que se habrá ido a la calle cuando lo que sabemos de ella es lo contrario, que se habría escondido? Todo para hacer la gracia paterno-filial de “es lo que haría yo”. Esto se remata con el epílogo híper azucarado: una cosa es mostrar química, otra llorar por un tío que conoces de hace dos días. Y en la pelea final (que se alarga demasiado cuando está claro qué va a pasar) el momento llave defensiva era un “arma de Chéjov” demasiado evidente y previsible. ¿Es que no había forma más inspirada de cerrar el clímax?

La pérdida de autenticidad alcanza también a la forma de la aventura, que en un par de momentos imita a la más exitosa saga de Jason Bourne, como la escena de persecución desde un despacho lleno de tecnología, metida con calzador con todo descaro, o el malo secundario (el sicario) que sólo sirve para que Reacher tenga alguna pela a tortas al estilo de aquella serie. A todo ello hay que sumar unos pocos puntos oscuros. Algunos secundarios son comodines de la trama también sin disimulo: el oficial negro no parece tener un cargo concreto, hace de todo conforme avanza la película; no recuerdo haber visto una escena en la que Jack y la oficial que lo ayuda se intercambien números de teléfono, pero se llaman sin problemas.

En conjunto, Nunca vuelvas atrás es una de acción la mar de entretenida, pero la combinación entre virtudes (la correcta intriga militar, el ritmo intenso) y limitaciones (el poco tirón de sus personajes) impiden que resulte muy destacable, que deje huella. La decepción se agrava porque era una saga que esperábamos que ofreciera thrillers de más categoría, y ha sido estirada con una fórmula de cine de acción muy básica (como ocurrió también con Misión Imposible, dicho sea de paso). Aparte tengo criticar la cada vez más patente pérdida de calidad del doblaje en España. No es normal que títulos destinados a los puestos altos en la taquilla, como Doctor Strange, ofrezcan resultados tan cuestionables. En este caso, exceptuando la voz de Tom Cruise, parece realizado por un grupo de amateurs, a todos los secundarios da grima escucharlos… y el único con una voz profesional es el soldado afroamericano, pero habla como Will Smith, lo que descoloca un montón.

Ver también:
Jack Reacher.

Misión imposible: Nación secreta


Mission: Impossible – Rogue Nation, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Drew Pearce.
Actores: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Jeremy Renner, Simon Pegg, Sean Harris, Ving Rhames, Simon McBurney, Alec Baldwin.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y espectacular, sobre todo gracias a la puesta en escena. Personajes con cierto carisma.
Lo peor: Los topicazos, la falta de inteligencia y profunidad, los sensacionalismos… En resumen, la falta de ambición y pretensiones.
Mejores momentos: La persecución con motos.

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Nación secreta no parecía que fuera a sorprender, y finalmente no lo hace. Con sus propias y ligeras ventajas y desventajas mantiene la estructura de la cuarta entrega, que tanto éxito consiguió a pesar de simplificar bastante el estilo de la saga después de que la tercera la encarrilara de nuevo. Por ello resulta un título de acción bastante entretenido pero algo insatisfactorio, pues como siempre, cabe preguntarse por qué no se esfuerzan tan sólo un poquito más en obtener un producto más serio, sólido e inteligente, por qué seguimos con la tónica de que el género debe ser tan básico. Además, tras tantos capítulos termina surgiendo otra cuestión y decepción: por qué no se han tomado en serio la idea de hacer una serie, que cada episodio no tiene nada que ver con el resto. Hilando con eso, yo sigo echando de menos a los compañeros de la tercera parte, que desaparecieron sin más.

Esa última queja se hace muy evidente porque la proyección empieza de forma brusca con una trama que pide a gritos más desarrollo previo, pues queda precipitada y confusa inicialmente y parece desaprovechada en su conjunto. Porque con el tratamiento que recibe la historia ofrece poco recorrido, se queda en cuatro tópicos, como se se usara como una excusa para saltar de una aventura a otra, para cumplir con las escenas de rigor de la saga. Pesa también la falta de originalidad, pues todo se ve venir por mucho que lo enmarañen. De hecho, hay momentos que provocan un poco de vergüenza ajena, como el cutre intento de hacernos creer que Brandt va a traicionar a sus amigos, o lo poco verosímil que resulta que puedan pasar un intrumento por el control de seguridad del público de la ópera, como si los músicos entraran por ahí. Y finalmente, el villano es muy soso, no se ven en él características que lo hagan llamativo o temible como tanto nos van anunciando durante la proyección. Al menos, con esta trama más concreta y más cercana a los personajes (los afecta más que el caso del día de las anteriores entregas), la cinta cala mejor en la memoria que Protocolo fantasma. ¿Te acuerdas de qué iba aquella, cuál era el enemigo? También hay más sensación de trabajo en equipo, de que los secundarios están mejor desarrollados. Ahí destaca la chica de turno, que toma más protagonismo que las féminas anteriores. Eso sí, a veces es descarado como enfocan su cuerpo sin razón alguna, con lo que no consigue librarse del todo del cliché de mujer florero.

Al forzar el mismo esquema surge la necesidad de hacer que cada escena sea más grande, exagerada, épica. Y al final terminan patinando un poco. La persecución a las motos es espectacular, Christopher McQuarrie la dirige con un pulso encomiable. Pero el empeño en ir más allá está cerca de resultar un desastre: el tramo en la autovía canta a efectos digitales demasiado, perdiendo cualquier capacidad de sobrecoger por mucho que ricen el rizo. El asalto al complejo de ordenadores es bastante interesante, pero también ofrece mucho enredo metido con calzador cuando deberían trabajarse mejor la atmósfera de espionaje y tensión. Las peleas cuerpo a cuerpo sí mantienen el tipo (atención a la fuga de Ethan con ayuda de la espía, menuda forma física tiene el tío), y algunas secuencias clásicas del género son muy efectivas (la ópera), incluso las típicas de la serie con máscaras y engaños (el lío final con el primer ministro inglés).

Con todo en la balanza, Nación secreta acusa desgaste y cierta irregularidad. Pesa sobre todo lo citado: podrían haber sacado mucho más partido a la idea de los espías renegados y a la fuga. La odisea de Ethan Hunt no llega como la de Jason Bourne (sobre todo en sus dos notables primeros episodios), y hay partes donde ni si quiera parecen estar en peligro real. Lo más destacable es que da igual lo desamparados que los presenten, siempre tienen a mano un equipo tecno-mágico impresionnate que les resuelve todo… menos cuando los autores quieren forzar una escena complicada, como el asalto al servidor sumergido, donde cabe preguntarse si tan didícil era conseguir una bombona de oxígeno de plástico o cerámica.

Como la anterior, la película resulta un buen entretenimiento por su simpatía (protagonistas carismáticos, buena mezcla de suspense y acción), por ir al grano aunque sea a costa de tirar de clichés del género (la trama nunca sorprende, pero narrando a toda leche te engañan bien durante el primer visionado… luego no aguanta mucho el tipo), y sobre todo por la firme y contundente puesta en escena, que ofrece un espectáculo vistoso y trepidante. Sustituyendo a Brad Bird llega Christopher McQuarrie, guionista de títulos tan atractivos como Al filo del mañana (2014), Valkiria (2008) y Sospechosos habituales (1995), y quien llamó la atención en el género dirigiendo la más que recomendable Jack Reacher (2012). De las virtudes de aquella en el guion hay bien pocas, porque está atado a la serie y las directrices del estudio y los productores (Cruise incluido), pero en la dirección está de nuevo muy efectivo, ofreciendo una puesta en escena vibrante, dinámica y clara en la acción. En la música lo acompaña su fiel Joe Kraemer, quien cumple también de sobras con una partitura muy en la línea del estilo marcado por Michael Giacchino: orquesta excelente, temas vigorosos y bien acoplados a las imágenes.

Para pasar el rato bien vale la entrada, pero si eres más exigente hay thrillers de acción muy superiores, como la magnífica Ronin (John Frankenheimer, 1998) o la citada Jack Reacher. La pena es que el público en general cada vez es menos exigente, no hay más que ver la estupenda recepción que tiene esta simplificación de la serie. Otra cosa que parece ir a peor en estos tiempos es el doblaje. ¿Nadie más ha notado la plaga de leísmo que sufre la versión española? Los personajes parecen paletos de la España profunda en varias conversaciones.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
-> Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

Misión imposible: Protocolo fantasma


Mission: Impossible – Ghost Protocol, 2011, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Josh Appelbaum, André Nemec.
Actores: Tom Cruise, Jeremy Renner, Simon Pegg, Paula Patton, Léa Seydoux, Michael Nyqvist.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene bastante.
Lo peor: Le falta coherencia, las cosas ocurren porque sí. El grupo protagonista es menos interesante que el anterior. El thriller se trabaja también menos.
Mejores momentos: La persecución en la tormenta de arena, el clímax en el aparcamiento automatizado.

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Para pasar el rato es una película que cumple de sobras. Es vistosa, posee buen ritmo, y los personajes tienen cierto carisma. No deslumbra en originalidad, de hecho, es bastante predecible, pero está lejos de ser cargante. Conoce sus bazas y limitaciones y las exprime bastante bien: el guion va al grano, la dirección es de buen nivel. Pero también se puede criticar su simpleza, y lanzar la eterna pregunta de por qué se asume que el cine de acción ha de ser tontorrón y directo, y más en una saga que nació siendo densa de narices y con las escenas de acción limitadas a un par de pasajes bien aprovechados, y demostró que esa fórmula podía llegar muy bien al público. En la tercera (la segunda no existe) la premisa era más básica y comercial que en sus inicios, pero al menos el desarrollo de la trama estaba bien trabajado, no se olvidaban de que era un thriller, y el grupo de protagonistas tenía bastante calidad. Pero en este nuevo capítulo en cambio se va disipando la fórmula y notan muchos agujeros.

La aventura avanza a trompicones sin un argumento tangible, el tono de thriller está casi desaparecido, todo se resuelve con cienci-magia (cada vez exageran más los cachivaches) y deducciones muy cogidas por los pelos, y la mayor parte de las escenas de acción parecen metidas a la fuerza. Con este estilo narrativo elegido saltamos de un escenario a otro sin que quede realmente claro por qué, sin que haya una lógica consistente detrás. Sinceramente, no tiene más chicha que un capítulo cualquiera de Alias, y sí muchas escenas usadas en esa serie y en el cine de espías en general. Colarse en las fiestas de rigor y robar algo está muy visto, por ejemplo, y no logran ni la mitad de intriga y tensión que en la secuencia equivalente de la tercera entrega, cuando van a por Davian al Vaticano.

Lo peor es la sensación de que intentan arreglar la simplificación con apaños en vez de reescribir la escena con algo más de calidad, más contenido y esfuerzo por trabajar el thriller. Por ejemplo, llegan a un vagón de tren mágico donde tienen todo lo que pueden necesitar y la tecnología más flipante que les resuelve la situación sin que tengan que esforzarse mucho. Lo único difícil es acceder al vagón, que, oh, se mueve. Es decir, en vez de elaborar una buena trama montan una escena de tensión y acción cutre y luego avanzan en la historia tirándoles las soluciones encima a los personaje. El asalto al Kremlin sigue la misma dinámica (además de estar metido con calzador): un cacharrito imposible (esa absurda mampara) y una explosión final no suplen la falta de esfuerzo en buscar una escena consistente. Esta también se puede comparar con la entrada al Vaticano, y carece de todo lo bueno que tenía: minuciosamente desarrollada, mostrando el trabajo, los problemas, las soluciones improvisadas… y todo con un buen manejo de la intriga. Tampoco me convence la escalada al edificio, que busca descaradamente el espectáculo.

Los personajes también han perdido bastante entidad. La dinámica entre ellos no es tan llamativa (compleja, emotiva) como el anterior capítulo y hay momentos en que abusan de los clichés y de un sentido del humor no está a la altura: no se sabe a qué juegan con Benji, quieren ponerlo de secundario tonto pero sin pasarse, y queda muy irregular. Por no decir que es absurdo cambiar a casi todo el grupo, pero claro, los productores sólo se esfuerzan por conseguir la participación de Tom Cruise. Ethan sigue siendo un personaje central con carácter, pero como se pudo ver en la cinta de J. J. Abrams, con apoyo de mejores secundarios la película gana enteros. Además hacen algo raro con él: parece que tratan de buscarle algo de trasfondo con ese misterio que arrastra el nuevo (Jeremy Renner), pero queda un poco de pegote, porque no llega a tener relación con los hechos que nos narran.

Pero aun con sus achaques cumple de sobras como entretenimiento. El ritmo es bueno porque saltando rápidamente entre situaciones y escenarios consiguen que no dé tiempo a que aparezca la sensación de “esto lo he visto mil veces”, y algunas piezas de acción son bastante espectaculares: la tormenta de arena es clásica pero Brad Bird (Los Increíbles, Ratatouille) le saca gran partido, y la pelea final en el aparcamiento automatizado es de infarto. Pero en cambio con esta fórmula no logran que nada cale: ¿te acuerdas de quién era el villano y qué planes ejecutan los buenos?, ¿te interesa el destino de los pocos secundarios, sufres con ellos? Es decir, se ve y se olvida, y no aguanta muy bien los revisionados. Pero ha sido la más exitosa (¡700 millones de dólares!) y mejor valorada por el público, así que ha garantizado más secuelas que probablemente seguirán simplificando la serie…

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
-> Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)