El Criticón

Opinión de cine y música

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Venom


Venom, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 112 min.
Dirección: Ruben Fleischer.
Guion: Jeff Pinker, Scott Rosenberg, Kelly Marcel.
Actores: Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Jenny Slate, Reid Scott.
Música: Ludwig Göransson.

Valoración:
Lo mejor: Venom es inquietante, divertido y espectacular, y Tom Hardy un gran actor.
Lo peor: La penosa forma en que los desaprovecha un guion ahogado en tópicos y una puesta en escena regulera. El resto del reparto es lamentable. La música machacona. El dinero no luce.
Mejores momentos: Eddie conociendo a Venom. El contraste entre las dos escenas en el supermercado.
La frase: ¡Salta!… Cobarde.

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Estamos ante otro caso donde un estudio (Sony de nuevo, no aprendieron tras hundir The Amazing Spider-Man) interfiere en el rodaje en las etapas final de una película, alterando el montaje y estrenando una versión presumiblemente de menor calidad y más comercial. El propio Tom Hardy afirma que han quitado sus partes favoritas. Sin embargo, en esta ocasión tengo dudas. Es cierto que se adivina un potencial mayor en la propuesta, pero más por las posibilidades que un personaje como Venom en modo desatado y un actor como Hardy ponen en bandeja que por lo que se puede deducir viendo la cinta estrenada.

Se puede pensar que los directivos del estudio la han dejado en un armazón: la premisa pasa por todos los clichés del género, la descripción de los personajes es vulgar, las relaciones se quedan en un par de brochazos mal dados, la confrontación es previsible y monótona, y la narración va entrecortada sin terminar de pararse a desarrollar nada concreto, como pensando que cumpliendo con los tópicos más básicos bastaba para triunfar. Pero, ¿de verdad pensáis que unas pocas escenas más, por mucho que tuvieran más garra y mejores diálogos, mejorarían la relación entre Eddie y Anne? Si tenemos aquí las partes más relevantes y más bien provocan vergüenza ajena, dudo que estirarlas con escenas secundarias lo arreglara. Lo mismo se aplica al resto. Con un villano tan ridículo (y aquí hay que incluir también el nefasto casting) no creo que más minutos puedan levantar el nivel. Quizá, después de todo, los odiados directivos han salvado un despropósito más grande. Lo único que cabe pensar es que restringiendo la edad a mayores de 12 años en vez de a mayores de 18 nos hemos perdido las partes más brutas y sangrientas de Venom (seguramente las que cita Hardy), y aun así tampoco creo que eso bastara para salvar este esperpento. Pero me voy a centrar en analizar la versión estrenada, que al fin y al cabo es la única que hemos visto…

La historia es rutinaria, predecible, aburrida. Un paria que no consigue sacar adelante su vida (trabajo, novia) adquiere superpoderes y ahora debe enfrentar el dilema de la responsabilidad contra los deseos personales inmediatos, y se encontrará con un villano megalómano que le hará decidirse de una vez por todas. El primer acto va a toda leche, saltando entre escenas sin que dé tiempo a respirar, a que nada cale, como intentando quitarse de en medio el trámite para pasar a lo importante. Pero el efecto conseguido es el de frialdad, de falta de contenido: tenemos un argumento muy visto y para colmo es desarrollado con desgana y a la vez prisas. Si habláramos de un par de prólogos, pero es que la presentación ocupa más de cuarenta minutos. Así que el aburrimiento empieza pronto y dura bastante.

La entrada tardía de Venom en acción en el acto central reactiva el interés. La adaptación entre él y Eddie ofrece unos encontronazos facilones pero divertidos, y Hardy está como siempre estupendo: su representación del tontorrón que se ve superado es magnífica. Pero lo cierto es que la aventura carece del toque adulto, violento y gamberro que se espera dado el personaje que tenemos entre manos, en los cómics un ente espeluznante que saca lo peor de los distintos individuos, incluyendo superhéroes, por los que pasa. Y aunque el ritmo se sosiega y van poniendo más énfasis en cada aspecto, a cambio van creciendo las situaciones cutres. La científica queda como idiota en cada escena, la entrada de Eddie en el complejo, paseándose sin encontrar seguridad alguna, es ridícula, las apariciones del nuevo novio son lamentables, en especial en la resonancia, cuando emerge Venom y discuten tonterías a pesar de tener un alien ahí al lado, etc., etc.

En estas circunstancias, el amago de que el dúo Venom-Hardy va a salvar la proyección se va diluyendo, y todo apunta a un desenlace trilladísimo. La anodina confrontación con el villano termina de confirmar ese nuevo bajón, acabando en una pelea final muy ruidosa pero sin emoción alguna en el espectáculo y el drama.

El guion es bastante malo, pero el casting termina de rematar lo poco que dan de sí los personajes. Da la sensación de que tras asegurarse a Hardy eligieron a los demás intérpretes con una lotería. Michelle Williams, a pesar de su talento, muestra la misma expresión todo el rato, no se sabe qué siente por Eddie en las distintas etapas de la historia, y cuando entra en acción seguimos sin saber qué la mueve, ni si está sufriendo o qué. A Reid Scott, el nuevo novio, no sé si le dijeron que estaba rodando una comedia, porque desde luego parece tomárselo como tal. La investigadora con dudas, Jenny Slate, causa tan poca impresión que te olvidas de ella en cuando desaparece del plano. Y lo más grave, no sé en qué cabeza cabe elegir a un joven con cara de pasmado y sin dotes interpretativas como Riz Ahmed para un villano que debe dar miedo. Las escenas en que se supone que se impone a sus empleados provocan lo contrario, vergüenza ajena: termina siendo una parodia involuntaria con la que no sabes si reírte o poner cara de asco.

La dirección de Ruben Fleischer está más en la onda de Brigada de élite (2013) que de Bienvenidos a Zombieland (2007). Venom requería el tono enérgico y alocado de la segunda, pero se queda en la apatía y mediocridad de la primera. También para mal destaca la banda sonora de Ludwig Göransson, quien deslumbrara en Black Panther (Ryan Coogler, 2018) con una partitura original y muy trabajada, pero aquí compone a base de samplers una de acción ordinaria y machacona. Los efectos especiales de Venom están bien hechos, pero no hay más, el director no parece poner mucho empeño en buscar escenarios vistosos que impresionen, así que los cien millones de dólares de presupuesto no lucen nada.

Las persecuciones son simplonas y acaban haciéndose largas, las peleas a tortas, a pesar de los poderes de Venom, no resultan nada espectaculares por culpa de la falta de imaginación y del pésimo montaje, y la batalla final llega con el interés por los suelos y no consigue volver a despertarlo con ese escenario tan poco interesante (la rampa de acceso al cohete) y las hostias repetitivas donde se hace más patente la falta de visión. La única escena de acción rescatable es aquella en que los SWAT o quienes fueran atacan a Venom, donde hay más variedad de situaciones… aunque sea un calco descarado de la escena de Terminator II (James Cameron, 1991) en la que los protagonistas salen de las oficinas de Skynet rodeados de policías.

Otra a la que me recordó es Lo oculto (The Hidden, Jack Sholder, 1987), por eso de tener un alienígena negro y asqueroso usando a gente para pasárselo a lo grande en la Tierra. A pesar de sus limitaciones presupuestarias aquella tenía más savia y gracia.

En cuanto al género de superhéroes, Venom entraría para mí en la categoría de olvidar inmediatamente y hacer como que no existe, pero al final tenemos otro caso donde una película simple y tonta triunfa, dando así, me temo, la razón a los estudios, y es tildada de un buen entretenimiento mientras otras con mucha más calidad han sido maltratadas injustamente, como, sin ir más lejos, la anterior aparición de este personaje, Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007), destacable precisamente por lo que aquí brilla por su ausencia: el buen trabajo con los personajes. Hay muchas veces que no entiendo a los espectadores.

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Dunkerque


Dunkirk, 2017, EE.UU.
Género: Bélico, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Jack Lowden, Aneurin Barnard, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Harry Styles,
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Transmite la angustia y desesperación de la guerra y muestra llamativos ejemplos de cómo reacciona el ser humano ante situaciones límite. La narrativa es notable: dirección, fotografía, música y montaje muy bien combinados.
Lo peor: El guion descuida la coherencia más de la cuenta, y la puesta en escena termina cobrando demasiado protagonismo, viéndose las costuras algunas veces.
La frase:
-Prácticamente podemos verlo desde aquí.
-El qué.
-El hogar.

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Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Dunkerque es una localidad situada al norte de Francia, ruta esencial durante la Segunda Guerra Mundial al estar en el canal de la Mancha que separa Europa de Reino Unido. Un breve texto en pantalla nos pone en situación: en el verano de 1940 unos cuatrocientos mil soldados británicos, franceses y belgas han quedado aislados en la costa de Dunkerque en espera de evacuación, mientras las tropas y aviación alemanas se acercan. De no sacarlos a tiempo, la catástrofe daría un vuelco brutal a la guerra… Pero los pocos navíos militares que llegan están siendo hostigados por los ataques aéreos, y la huida parece destinada al fracaso.

La narrativa es experimental y un tanto exigente. No me sorprende que haya no pocos espectadores que no se enteren de nada, aunque desde luego sí lo hace el que haya algunos diciendo “es otra de guerra, tiros y tiros hasta aburrir”… cuando precisamente el único que dispara es el piloto de caza, y no tiene escenas muy aparatosas. Dunkerque no ofrece un drama al uso, ni una descripción tradicional de la guerra. El relato se basa en una combinación de lo visual y lo emocional, es decir, la trama se desglosa sin describir a fondo las acciones militares, se pone todo el énfasis en tratar de transmitir cómo se sienten los protagonistas. Más que una película sobre la guerra estamos ante una que analiza cómo el ser humano se comporta en situaciones desesperadas: desde los primeros minutos queda claro que el hilo conductor no es la épica de supervivencia a base de tiros y heroicidades físicas, sino la resistencia mental, la lucha contra la angustia y la impotencia. Con unos pocos personajes desperdigados aquí y allá veremos distintos ejemplos de respuesta ante una situación en la que prácticamente sólo cabe esperar la muerte.

La descripción de estos no se detiene en recesos ni explicaciones tangenciales que apoyen su dibujo, sino que se expone poco a poco mediante sus acciones. Y ahí es cierto que hay que hacer cierto esfuerzo para entrar en el juego. Apenas tienen unas pocas frases, están divididos en tres líneas temporales distintas (la historia de la playa dura una semana, el viaje de los barcos civiles un día, la misión del piloto una hora), sus nombres probablemente no seas capaz de recordarlos, y con los jóvenes poco conocidos puede costarte distinguirlos cuando están hasta arriba de barro y aceite. Pero la recompensa es grata si te gustan los flmes que no lo dan todo mascado y las emociones fuertes. A medida que pasan los minutos nos vamos adentrando a fondo en la mente de estos pocos individuos, y sus sentimientos y objetivos llegan con una claridad e intensidad más que certeras dolorosas, conforme vas conociéndolos e intuyendo cómo intentarán actuar, todo lo que las nuevas dificultades les echan encima va haciéndose cada vez más tangible y trágico.

La primera vez que vemos al joven de infantería (el desconocido Fionn Whitehead) tratar de colarse a un barco parece un pilluelo inmaduro, quizá incluso pienses que se merece un castigo por romper las filas, pero en los siguientes intentos de escapar con vida es imposible no sentir lástima por un niño al que adultos irresponsables han metido en un infierno. Y en sus desventuras conoceremos a otros con una actitud semejante, algunos de peor calaña, como esos que, escondidos en un barco esperando que la marea los lleve, se refugian en el egoísmo inmediato, sacrificar a sus compañeros, para vivir unos minutos más. Otros se quedan en un espectro intermedio, como el rol de Cillian Murphy, que representa otro caso de flaqueza, pero este desde otra perspectiva: los remordimientos de sus acciones lo sumergen en un tormento constante, con lo que es imposible no sentir empatía por él. Y también hay muchos héroes. Mark Rylance interpreta a un civil anciano que manifiesta un talante decidido e implicado que se convierte en una brújula moral para otros: a ella se aferran su hijo (Tom Glynn-Carney) y un amigo de este (Barry Keoghan), que quieren seguir su modelo y hacer algo por el bien común a pesar del riesgo. Tom Hardy y Jack Lowden encarnan a los pilotos de caza que no se amilanan ante ninguna dificultad, dispuestos a darlo todo por conseguir unos minutos más para que la evacuación sea un éxito. Los comandantes británico (Kenneth Branagh) y francés (James D’Arcy) tampoco agachan la cabeza, manteniendo la cordura y compostura para que sus hombres tengan una oportunidad más.

Sufriremos envestidas de aviones, naufragios y ahogamientos en cantidad, pero entre medio mil anécdotas irán describiendo un tormento capaz de quitar el aliento en muchos tramos, la mayoría de supervivencia a la desesperada, algunos de acción, como los combates aéreos, otros inesperadamente contenidos y breves pero igualmente demoledores, como el soldado anónimo que se mete en el agua para morir mientras los demás miran sin hacer nada, porque saben que de una forma u otra probablemente acaben como él. Y tenemos también unos pocos detalles geniales, como el soldado que se sorprende de que otro esté mirando salidas y escapatorias del barco de salvamento que acaban de abordar con euforia, dándole en la cara con la realidad: aún no estás a salvo.

La virtuosa fotografía de Hoyte Van Hoytema es capaz de saltar de la playa al mar y al aire sin notarse desequilibrio, y logra un hábil uso de la distancia, con el horizonte siempre presente hasta donde alcanza la vista, lo que remarca muy bien la sensación de indefensión y pequeñez de los protagonistas ante una situación que les viene grande. Esto se disfrutaría más en el formato de pantallas gigantes IMAX con que el rodaron, más cuadrado, es decir, con más visión aún del horizonte. La música de Hans Zimmer parece, en una primera escucha aislada en disco, otra más escupida por sus sintetizadores, lejos del gran esfuerzo que puso en la composición de Interstellar, pero en la película va como anillo al dedo. Apoyándose en unos recursos básicos pero efectivos (ritmos repetitivos y crescendos que no parece explotar nunca) logra rematar muy bien las atmósferas agobiantes. La construcción rítmica de la música y los clímax, sumada a la narrativa con distintas líneas temporales, remarca la obsesión habitual de Christophet Nolan con el tiempo, presente en prácticamente todos sus filmes de una forma u otra.

Esto me lleva a señalar algo obvio: Dunkerque es una cinta muy bien medida, Nolan exprime emociones primarias a base de aturdir con técnicas de eficacia probada. Y desde luego funciona, en lo audiovisual posee cierta belleza y resulta apabullante en sensaciones (opresión, fatalismo, etc.), lo que realza muy bien el drama vivido por los atractivos protagonistas y logra una proyección intensa, sofocante, e incluso sobrecogedora en muchas secuencias. Los ataques de aviones alemanes, con el sonido afilado hasta casi molestar y la música repiqueteando incesantemente en una tétrica cuenta atrás, recuerdan al bombardeo de las aldeas en La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988), donde no ves las bombas venir, pero el silbido hiela los huesos y anuncia la muerte.

Pero esa construcción tan estudiada, tan técnica y milimétrica, aun siendo esencial en el propósito y logre su objetivo con bastante robustez en la mayor parte del metraje, también es el origen de sus problemas o limitaciones. Una vez analizada en frío se ve una cinta un tanto artificial, dejando la sensación de que una película bélica debería ser más natural y visceral. Sí, este estilo se puede justificar con que es una obra de sentimientos más que de desarrollar una historia con detalle, pero Nolan se aferra a la fórmula más de la cuenta. En algunos momentos se nota que fuerza el clímax con la música y el sonido, que en el fondo realmente no estamos ante una escena extraordinaria por sí sola. Y a la larga pesa. Podríamos señalar al menos un par de grandes títulos que abordan el género desde una perspectiva más emocional, como La delgada línea roja (Terrence Malick, 1998) y Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), muy filosóficas e introspectivas ambas, pero también es indudable que mostraban el escenario bélico como si estuviéramos allí, sin que la técnica empleada dejara entrever trucos y huecos.

El pasar de puntillas sobre la perspectiva global de la evacuación deja muchas cosas sin explicar, lo que va restando puntos a la experiencia, pues puede llegar un momento en que te cuestiones tanto lo que está ocurriendo que te saque de las imágenes, lo que se ve agravado porque a partir de algún momento los clímax pueden empezar a parecer poco naturales. Así, el tramo final me resultó bastante menos satisfactorio que el enérgico y turbador acto central, ya estaba un poco saturado de tanta secuencia sofocante y esperaba más hechos concretos, más explicaciones y soluciones más claras. De hecho, el propio Nolan afirmó que no podía alargar mucho el relato porque se podía romper el hechizo. A mí se me nubló en momentos puntuales aquí y allá, para empezar a disiparse claramente en el tramo final. A pesar de los numerosos planos aéreos de la playa y el entorno no es fácil hacerse una idea del escenario. En ningún momento parece haber ni tan siquiera diez mil personas en la playa, no digamos ya los cuatrocientos mil citados; no queda claro dónde están los alemanes, ni si sólo los franceses están resistiendo en la ciudad mientras los británicos no hacen nada en la playa; apenas vemos un par de aviones solitarios, cuando en realidad atacaron muchos e iban en grupos de bombarderos con escolta; la explicación de por qué no hay más barcos militares se dice de refilón y puede que no te des cuenta y estés toda la película preguntándote los motivos; y salvo un par de planos donde se ve un puñado de barcos civiles no hay sensación de una evacuación desesperada a gran escala, al final dicen que han evacuado a todo el mundo y ya está.

Christopher Nolan, como viene siendo habitual en su llamativa filmografía, exprime y casi reinventa otro género más, ofreciendo una experiencia única y reavivando las esperanzas en que el cine contemporáneo todavía puede sorprender. Dunkerque una obra original, valiente y arriesgada como pocos autores se atreven tan siquiera a plantear hoy en día, una muy necesaria en una industria cada vez más autocomplaciente. De hecho, el estudio fue muy reticente con el proyecto, porque los protagonistas no eran heroicos estadounidenses, el argumento no parecía comercial, requería mucho dinero, etc. Vamos, que si no fuera porque Nolan está bien consagrado y amortizado, esta cinta no habría visto la luz, salvo quizá una versión llena de estereotipos y argumentos trilladísimos. Y el precio a pagar quizá ha sido el restringirla para mayores de trece años, es decir, no hay una gota de sangre, lo que se echa de menos en algunos momentos y contribuye a esa falta de visceralidad.

Pero también es indudable que es una película con fallas y limitaciones, que la fantasmada de considerarla su mejor trabajo y una obra maestra no hay manera de justificarla. Para obra maestra Interstellar. El Caballero Oscuro y Memento son claramente superiores. Y El truco final y Origen están a un nivel semejante, pero a mí en lo personal me gustaron más. Esta recepción desmedida es quizá un efecto secundario de este panorama rebosante de series clónicas y remakes sin alma: un estreno con personalidad pega más fuerte de lo que lo haría con una competencia de más nivel. Y también pienso que estamos chocando de nuevo ante la barrera conservadora de los medios: la ciencia-ficción y la fantasía se tratan como cine de segunda al lado del drama (en este caso bélico), y después de ignorarlo durante tanto tiempo parece que por fin han descubierto a este director. Apuesto a que se llevará multitud de premios después de haber pasado por alto un hito del calibre de Interstellar

En pocas palabras, Dunkerque no habrá dado de lleno en el blanco, pero ha apuntado más alto y ha llegado más lejos que gran parte del cine actual.

Legend


Legend, 2016, Reino Unido, Francia, EE.UU.
Género: Drama, crimen.
Duración: 132 min.
Dirección: Brian Helgeland.
Guion: Brian Helgeland, John Pearson (novela).
Actores: Tom Hardy, Emily Browning, David Thewlis, Christopher Eccleston, Paul Anderson, Chazz Palminteri, Tara Fitzgerald.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Es una historia clásica pero efectiva.
Lo peor: Le falta bastante garra y originalidad.

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Legend destila profesionalidad en todos sus elementos, ofreciendo un clásico thriller de ascenso y caída del líder de una mafia que explota bien sus puntos fuertes: los personajes son atractivos, el romance funciona, la odisea criminal no está nada mal… Sin embargo se queda corta a la hora de conseguir un filme notable, porque todo sabe a visto y se atasca en unas pocas limitaciones.

Los capos que lideran la banda son Reggie y Ronald (o Ronnie). Este último tiene serios problemas mentales que lo llevan a actuar impulsivamente y con violencia descontrolada. El primero está en cambio más centrado y dirige los negocios con más cabeza. Junto a los secuaces habituales (el contable, los matones…) van cimentando una mafia cuyos lazos llegan hasta los órganos gubernamentales de Reino Unido, con lo que la ley lo tiene difícil para actuar. La chica es una joven que queda prendada del carisma de Reggie y del glamour al que le da acceso, pero una vez conoce mejor al novio y su mundo las nubes empiezan a tornarse grises.

Tom Hardy es un valor seguro y aquí vuelve a demostrar su gran talento haciendo reconocible a cada hermano al exponer gran facilidad sus distintas personalidades y la progresión de las mismas. Si alguien no conocía a este gran actor todavía, tiene recientes Mad Max: furia en la carretera, El renacido y esta para ponerse al día con cuatro grandes papeles. Emily Browning como la chica cumple de sobras transmitiendo las sensaciones de dulzura e inocencia, y mejora cuando la relación se torna agria.

Pero el guion de Brian Helgeland (conocido por un hito del género como es L.A. Confidential) se queda en lo básico, faltándole el toque de inspiración, no digamos ya de genialidad, necesario para destacar. Lo bueno es que dentro de esta limitación no da la sensación de parecer construido a base de otras obras del género (como la insípida Brigada de élite): la aventura delictiva (basada en hechos reales, por cierto) entretiene y el romance da fluye de forma bastante natural. Hay algún tópico facilón (el de los caramelos), pero entre la correcta construcción de personajes y el buen papel de los intérpretes es fácil conectar con ellos. Y encontramos algunos buenos momentos: el tramo final, en el que ella ve lo peor de un hermano y lo mejor del otro, es muy emocionante y además sirve para poner de manifiesto la hasta entonces sutil evolución de ambos. Pero sí se echa de menos algo más de originalidad y garra. Es muy fácil prever el desarrollo de las tres secciones (historia de mafias, la relación de los hermanos, el romance con la chica) y ninguna tiene detalles o giros que aporten algo novedoso o imaginativo. Y sobre todo da la impresión de que falta contenido: el recorrido y profundidad de la hazaña criminal tiene severas carencias, pues se supone que terminan dominando el mundo del hampa del Londres de la época pero realmente hemos visto pocas acciones relevantes, una peleílla con otra pandilla (que no da sensación de ganar una guerra) y la compra de un par de clubs. Es decir, la trama además de poco original está algo descuidada, y Helgeland trata de parchear los huecos con una narración en off que lo único que consigue es matizar esa incapacidad para lograr una epopeya mafiosa de nivel.

La ambientación y la dirección funcionan correctamente (aunque la banda sonora y la selección musical no me convencen) y el ritmo fluye bastante bien, pero ya está. De ahí a deslumbrar, a dejarte enamorado de las imágenes, hay un salto que Brian Helgeland no llega a conseguir… O quizá ni lo intenta, porque no toda película tiene que tratar de ser una obra maestra, ¿no? Legend cumple de sobras en su propósito de entretener con un producto bien acabado.

El renacido


The Revenant, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 156 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Mark L. Smith, Michael Punke (novela).
Actores: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck.
Música: Alva Noto (también conocido como Carsten Nicolai), Ryûichi Sakamoto.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de las imágenes. Los personajes y actores secundarios.
Lo peor: La falta de profundidad del guion, los excesos narrativos que lastran el ritmo.
Mejores momentos: El ataque al campamento. Algunas huidas por los pelos: el río, el árbol y el caballo…
La historia: Ya hubo una adaptación de esta historia real, El hombre de una tierra salvaje (Man in the Wilderness, 1971), con Richard Harris y John Huston como protagonistas. Pero la presente versión se apoya en la novela de Michael Punke, The Revenant: A Novel of Revenge (2002).

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Alejandro González Iñárritu se fue a rodar a las montañas, luchando contra la naturaleza en una gesta que rivaliza con la de los comerciantes de pieles que protagonizan el relato. Las dificultades de la logística en páramos alejados de la civilización, los problemas climáticos, las situaciones límite a las que puso a los actores (en especial a DiCaprio)… El proyecto tuvo que ser una locura… Pero probablemente los extras sobre el cómo se rodó sean más interesantes y espectaculares que la propia película, porque después de tanto bombo no ha resultado para tanto.

En conjunto es una buena cinta de aventuras, pero no como para dejar una gran impresión, a menos que su potente aspecto visual te hipnotice tanto que sus muchos problemas se te hagan invisibles. Porque desde luego la labor de Inárritu y Emmanuel Lubezki (pocas veces un largometraje parece más del director de fotografía que del propio director) es asombrosa y cautivadora como pocas. El empeño en sacar de cada escena y plano los encuadres, colores y paisajes más bellos ofrece una obra única en lo visual, hermosa y fastuosa a partes iguales. Además, el realizador se marca unas pocas secuencias de acción memorables. El asalto inicial y la breve cabalgada con los indios detrás hacen gala de un dominio narrativo de impresión: los elaborados planos secuencia y el escenario lleno de acción lucen de maravilla, fluyendo con naturalidad y exprimiendo al máximo la inmersión del espectador en los hechos. Pero esa exquisitez visual también peca de soberbia, y con ello empiezan a verse las costuras: los excesos por un lado y las carencias por otro.

Primero, el guion no es gran cosa. Que no sea complejo o profundo no tiene que ser por sí solo una lacra, que esto es aventura de supervivencia, no cualquier otra cosa que requiera una escritura más elaborada. El problema es que lo que tiene no lo expone con la energía y equilibrio que podría. La odisea es más básica de lo que parece a simple vista, de hecho para mí el peor fallo es que el personaje central es el menos interesante. Hace más bien poco aparte de arrastrarse. Su supervivencia es en un 90% ajena a sus habilidades. Sí, se empeña en vivir, pero se salva siempre por suerte o por factores externos (el indio que lo cuida, el árbol que frena su caída…). Esfuerzo real, ingenio, escenas donde se curre alguna tarea o solución, hay muy pocas y no son especialmente llamativas (sólo asombra un poco lo que hace con el caballo, pero original no es). A esto se le suma la escasa exposición de sus motivaciones. Cuidar al hijo y vengarse, no hay más recorrido emocional. Y para mostrar algo tan simple Iñárritu necesita farragosos flashbacks que hacen gran mella en el ritmo. No puedo compararla con la otra adaptación de esta historia porque no la he visto, pero puedo citar Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972, de Sydney Pollack y con Robert Redford), que narra eventos muy, muy parecidos: tiene un protagonista más completo e interesante, y la propia película, sin tanto artificio y a pesar de su antigüedad, resulta más equilibrada y entretenida.

Aparte de la fuerza visual, son los protagonistas secundarios quienes salvan la propuesta. El capitán que es también el empresario que dirige la expedición resulta muy atractivo. Su estilo cauto y reflexivo y su nobleza (no escatima en gastos y esfuerzos para tratar de salvar a los suyos) dan forma a un individuo íntegro admirable y que además contrasta muy bien con los paletos brutos que lo rodean (por algo es el líder, claro). La interpretación de Domhnall Gleeson, quien entre El despertar de la fuerza (es el general de los malos) y Ex Machina parece estar lanzando su carrera, es muy correcta, pues muestra con credibilidad la lucha del personaje. En el grupo que lo acompañan destacan pocos, y es cierto que se puede pensar que con el abultado metraje que hay daba para sacarles más partido, pero lo que hay funciona. El joven (Will Poulter) superado por los acontecimientos y luego agobiado por los remordimientos resulta muy simpático y aporta, junto al capitán, las únicas dosis de humanidad en un relato que ofrece un retrato del hombre bastante sombrío, pues aquí todos los bandos que vemos (distintas tribus indígenas, franceses, ingleses…) van a lo suyo en una espiral de violencia demencial. De hecho el otro rol importante es el del desalmado que sólo piensa en su supervivencia inmediata. Este tipo rastrero y egoísta que tan bien capta Tom Hardy resulta temible, inquietante, asqueroso… pero nunca inverosímil, pues su dibujo es realista y describe bien la dureza de aquellos tiempos.

Así, tenemos un villano de nivel que ensombrece a un héroe que cumple justito como figura central. De hecho mucho se habla de la interpretación de Leonardo DiCaprio, pero me temo que se debe a la presión mediática y es Tom Hardy quien deja huella. Se han empeñado en que DiCaprio gane el Oscar de una vez, y están machacando más de la cuenta tanto en los medios como desde la propia película (atención al plano final tan forzado en el que le falta suplicar por la estautilla). Su labor es buena, transmite bien el sufrimiento y la agonía, pero ya está, el esfuerzo físico del rodaje no es motivo para alabar tanto un papel que no pasa de correcto. Y si lo comparamos con sus muchos grandes trabajos, como Infiltrados o El aviador, pues sería una vergüenza, otra más en la academia, que se lo dieran ahora para compensar posibles errores anteriores. Pero así funcionan los Oscar, y no me cansaré de señalar que no tienen valor objetivo ninguno y que la gente (medios y público) deberían dejar de seguir el cuento de una vez por todas.

La otra gran limitación es que, después de todo, la dirección también falla. El renacido no es tan vibrante, espectacular y estremecedora (falta sufrimiento y miedo en muchos tramos de la odisea del protagonista) como debería teniendo ese portento de aspecto visual. Y todo porque Iñárritu se empeña en hacer una cinta larga y grandilocuente, cuando con estas características tan básicas se requiere ir al grano con determinación. Los flashbacks inútiles o redundantes, las secuencias oníricas a lo Terence Malick que no aportan nada salvo pretenciosidad y el exceso de metraje afectan mucho al ritmo e intensidad. De hecho hasta aparentes nimiedades como el abuso de imágenes y panorámicas de la naturaleza son contraproducentes. A veces parecen las diapositivas del familiar pesado que te obliga a ver sus vacaciones, en plan “con lo que costó subir a esa montaña no podéis decir que no a las fotos que hice”. Iñárritu disfrutó y sufrió en este complicado rodaje y le da pena descartar material.

Es inevitable pensar que metiéndole una buena poda, de al menos treinta o cuarenta minutos, para que fuera a lo bueno con contundencia, ganaría mucho en ritmo y pegada. Aunque también habría que mejorar el personaje central, pues como señalaba, le falta personalidad y esfuerzo por su parte, se echa en falta mayor angustia e incertidumbre en su día a día… ¡que se pasa media película durmiendo! Por suerte no estamos hablando de una catástrofe, sino de algunos problemas de concepto y acabado que deslucen un gran potencial. El renacido bien merece ser admirada en pantalla grande, y la odisea narrada, aunque a veces se atasque, resulta lo suficientemente emocionante como para no dejar malas sensaciones más allá de que la publicidad vende una maravilla que no se ve por ninguna parte.

PD: De entre todas las escenas incomprensibles o directamente absurdas, se llevan la palma la del meteorito seguida de la avalancha que sólo se ve de lejos; se ve que quería incluir todo tipo de fenómenos naturales por la fuerza.

El niño 44


Child 44, 2015, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 137 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Richard Price, Tom Rob Smith (novela).
Actores: Tom Hardy, Gary Oldman, Noomi Rapace, Joel Kinnaman, Fares Fares, Jason Clarke, Paddy Considine, Vincent Cassel.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Los personajes y el drama que viven.
Lo peor: El thriller es convencional y algo soso. La puesta en escena mediocre.
La pregunta: ¿Por qué demonios si la película está rodada en inglés, es decir, la vemos como si fuera una traducción del ruso, obligan a los actores a fingir acento ruso? Que hablen en ruso o en inglés, pero este apaño intermedio queda horrible.

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En la temible dictadura de Stalin un soldado valiente y cumplidor se encuentra con el giro en la vida que todos temen: ser considerado sospechoso de traición. Toda su familia y todo lo que conoce pueden irse al traste en un instante, y la sombra de la ejecución pende sobre sus cabezas. La atmósfera que consigue el guion es francamente buena. No vamos a ver nada nuevo, pero se logra una buena descripción de la vida de la época y unos personajes verosímiles y atractivos con los que conectar, de forma que promete un buen drama de supervivencia en tiempos difíciles. Además los actores terminan de ganarse al espectador. Tom Hardy con su energía inicial que se transforma en sufrimiento conforme avanza su tormento, Noomi Rapace eficaz como es habitual en su encasillamiento en papeles de mujer afligida, y una serie de buenos secundarios (Gary Oldman, Fares Fares, Vincent Cassel). Sólo Joel Kinnaman no está a la altura, probablemente porque tiene entre manos el único rol fallido.

Pero a pesar de este tono desasosegante y trágico tan conseguido, el guion no es capaz de desgranar adecuadamente la historia. El prólogo es poco llamativo y cuanto más avanza la trama menos necesario parece. ¿De verdad hacía falta dedicar una escena completa para decir que el protagonista es huérfano y hay otros como él, con esa mención metida con calzador al Holodomor? De ahí pasamos a un largo tramo de presentación que pretende sentar unas bases que cobrarán importancia más adelante, con lo que se posterga aún más la exposición definitiva de cuál va a ser el argumento. Los detalles relevantes, como la rivalidad con un compañero o la amistad férrea con otro, deberían haberse introducido en pleno desarrollo de la trama, no en una larga y poco llamativa exposición inicial. Así, parece que la película no arranca hasta los cuarenta minutos… y encima lo hace con dos problemas. Cuando aparece el caso de los niños muertos el relato se ramifica en dos historias, el drama de supervivencia y el thriller de investigación, y para colmo todo se torna resulta muy predecible, de forma que intuí todo lo que estaba por venir: quién sería el traidor que pondrá en apuros al protagonista, cómo el caso lo seguirá en su destierro, y cómo luchará y renacerá.

Por suerte, a partir de ese punto de inflexión también gana ritmo, y si bien decepciona porque prometía un thriller de más nivel, lo que hay funciona aceptablemente bien. La adaptación al nuevo entorno tiene más interés que el flojo arranque, la odisea de la pareja protagonista llega con cierta intensidad, se agradecen detalles como un tono serio tirando a sórdido (el protagonista no es el típico héroe luminoso de Hollywood, es bastante cabronazo), llegan nuevos personajes que a pesar de llevar ya media película consiguen ser interesantes también (el de Gary Oldman)… y sobre todo, como decía, por fin las cosas avanzan. No van a sorprender las traiciones, la incursión en zona enemiga, los vigilantes peligrosos, las huidas por los pelos, los hallazgos de pistas, el desenlace a hostias… pero tampoco provocan la sensación de ser una película construida a retazos de otras. Obviamente sí se frena su potencial: en todo momento da la sensación de que podría haber sido una obra bastante superior, de que seguramente la novela de Tom Rob Smith daba para más. Los epílogos ponen de manifiesto ese origen literario y maximizan la sensación de no haber estado a la altura en el resto: mostrar dos largas secuencias para reposicionar a los protagonistas resulta inteligente y atrevido hoy día en el cine, donde no se suele dedicar tiempo a los personajes ni se arriesgan a ofrecer un cierre pausado.

Pero la limitación más grande que le veo es la puesta en escena, algo pobretona y falta de garra. La dirección de Daniel Espinosa (que a pesar del nombre nació en Suecia y empezó su carrera allí) se presenta sin recursos ni energía, con lo que maximiza la impresión de que se desaprovecha una historia y entorno con muchas más posibilidades. Lo peor es la horrible fotografía con una fallida cámara en mano: en las pocas escenas de acción no se ve ni entiende nada… y qué mala idea hacer la pelea final en barro, para ponerlo peor. Tampoco tiene una buena banda sonora que enfatice la intriga y peligros. Así, el thriller, que no termina de explotar su potencial en el guion, se diluye otro poco. Lo que queda es una cinta correcta y entretenida si te va el género; si no, puede resultar lenta y larga.

La entrega


The Drop, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 106 min.
Dirección: Michaël R. Roskam.
Guion: Dennis Lehane.
Actores: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Matthias Schoenaerts, John Ortiz.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes e intérpretes. El tono europeo: más originalidad y menos acción superficial.
Lo peor: Lenta e incapaz de ir al grano: se hace aburrida.

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La entrega es la última película del gran James Gandolfini, que se hizo un hueco en la historia del séptimo arte con un papel televisivo, el del mítico Tony Soprano, pero en cine no terminaba de despuntar. Encarna a un camarero con lazos con la mafia chechena que en otros tiempos disfrutó de una mejor posición y mayor respeto, y su interpretación tiene lo justo de amargura y melancolía como para hacer creíble al personaje, pero lo cierto es que no destaca mucho; más o menos igual estuvo en otra estrenada póstumamente, Sobran las palabras, dando la sensación de que Los Soprano no encontró un papel que le entusiasmara. Además no es el protagonista principal, pues este recae en un roba escenas nato y un talento en alza, Tom Hardy, quien hace suyo desde la primera escena al buenazo de andares raros y quizá algo corto de mollera pero que esconde más de lo que aparenta. Recuerda mucho al protagonista de Rundskop (más conocida con su título en inglés, Bullhead), con la que se dio a conocer el director Michaël R. Roskam. Noomi Rapace, anclada en chicas torturadas y desvalidas, a las que ciertamente capta muy bien, es la mujer de la función, un poco cliché de primeras (víctima a rescatar) pero que termina resultado bastante adorable.

El tono europeo del guion (Dennis Lehane, experto en vender sus novelas al cine) de primeras es un aliciente, porque garantiza un relato que se aleja de los topicazos de Hollywood (narración predecible adornada con predecibles escenas de acción) y sobre todo porque pone mucho énfasis en los personajes, en cómo enfrentan la situación emocionalmente, no sólo en cómo agarran la pistola y resuelven todo heroicamente. Pero esa virtud se limita a los protagonistas, todos muy humanos y con los que se conecta inmediatamente, porque la trama es simple y no se desarrolla bien. El ritmo es lento de por sí y se ve retenido aún más por subtramas completamente innecesarias, como la anodina investigación del detective, quien finalmente no tiene nada que aportar al relato, o por los capítulos que se estiran con conversaciones triviales y los que reinciden una y otra vez en cosas ya expuestas (cuántas veces nos van a decir que Deeds está loco y es una amenaza, por ejemplo).

Es una pena que una película que prometía ofrecer algo distinto se quede en tan poca cosa. De hecho hubo tramos que me aburrieron bastante. Al menos el largo capítulo final está bastante bien, y sobre todo los personajes llegan con intensidad y logran que al menos algo recuerdes de ella.

Locke


Locke, 2013, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 85 min.
Dirección: Steven Knight.
Guion: Steven Knight.
Actores: Tom Hardy.
Música: Dickon Hinchliffe.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena disimula algo de su falta de contenido.
Lo peor: No ofrece nada: ni una buena historia, ni entretenimiento.

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Un tipo cualquiera viaja en coche mientras lidia con algunos problemas a través de llamadas telefónicas. Tom Hardy es el único actor y cumple francamente bien, pero el personaje no da para mucho, así que no llega estar tan intenso como en Warrior.

Si el dramón de la pareja que se pelea por cuernos es un argumento muy visto, ¿qué queda si lo reducimos al mínimo, a una par de conversaciones telefónicas sin más contenido y trascendencia? Pues nada de nada. Y la otra parte de la trama es que deja el trabajo colgado y hay gente dependiendo de sus esfuerzos. Un puñado de llamadas para concretar materiales, horarios y personal es todo lo que da de sí. Intriga, momentos de tensión, drama humano con calado… ninguna emoción emerge de la narración, ninguna.

Podría decirse que el autor intenta mostrar la cotidianidad de la vida de cualquier persona, de cómo nos enfrentamos a nuestras limitaciones y errores y nos superamos (el personaje lucha contra el fantasma de su padre, por ejemplo), pero si de verdad es esto lo que pretendía, y no es una conclusión propia mía, le ha quedado completamente diluido y falto de garra. Para colmo hay algunos instantes muy raros. Tres o cuatro veces la escena se enfoca hacia coches de policía que se acercan con las sirenas puestas. ¡Por fin va a pasar algo!, pensé en todas las ocasiones. Pero nada, puro adorno.

Lo único rescatable es la puesta en escena, capaz de dar algo de dinamismo a un relato inerte. Montaje vivaz, juego con el enfoque y la iluminación… Hay muy poco margen pero Steven Knight logra algo de vidilla en lo visual como para alejar la película del cero absoluto. No basta sin embargo para hacerla digerible, pues se hace eterna, tediosa, insustancial… Otro ejercicio de chulería pedante y pseudoartística tipo Under the Skin, Cosmopolis, etc. No esperéis nada parecido a Buried, que es lo que esperaba yo.