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Spider-Man: Homecoming


Spider-Man: Homecoming, 2017, EE.UU.
Género: Acción, comedia, superhéroes.
Duración: 133 min.
Dirección: Jon Watts.
Guion: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers.
Actores: Tom Holland, Jacob Batalon, Michael Keaton, Robert Downey, Jon Fabreau, Laura Harrier, Tony Revolori, Marisa Tomei, Zendaya.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ingeniosa, divertidísima. Capaz de darle la vuelca de tuerca justa para pasar como fresco a un personaje muy exprimido.
Lo peor: Aunque todavía se nota cierta cobardía, y hay pequeños cambios que no serán del agrado de todos. La confrontación final peca de ruidosa pero poco emocionante.
El anuncio: Descarada la promoción de Lego Star Wars…
La frase: Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo.

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No iba con muchas esperanzas. Empezar la tercera serie de Spider-Man en tan pocos años no auguraba nada bueno. Dolió que no fueran capaces de continuar la etapa dirigida por Sam Raimi (2002-2007), pues a pesar de haber nacido con un capítulo inicial bastante mediocre pegó un subidón enorme en el segundo y tercero, por no decir que contaba ya con una historia y unos personajes ya bien maduros y unos actores muy implicados. Hurgó más en la herida que reiniciaran al arácnido apresuradamente en dos nuevas entregas (encargadas a Marc Webb en 2012 y 2014) en las que los productores no habían aprendido nada de errores ya superados en un género que entraba ese año en su punto álgido con Los Vengadores: las injerencias del estudio en la labor creativa de guionistas y directores, la obsesión por cumplir con todos los clichés del género y el personaje sin buscar una solidez y una personalidad concretas, no planificar la serie a largo plazo y no cuidar la elección de los actores, pues los nuevos rostros resultaron bastante lamentables. Al menos en Sony, poseedores de los derechos del superhéroe, se dieron cuenta por fin de lo mal que lo hicieron y cedieron la parte creativa a Disney/Marvel.

Pero no sirvió para levantarme las expectativas. Las últimas entregas de la saga Marvel destinadas a presentar nuevos personajes fueron un tanto conservadoras. Ant-Man y Doctor Strange cumplían muy justitas, y si funcionaban era porque lograban que el protagonista tuviera bastante tirón. De hecho en Doctor Strange fue decepcionante que se aferraran tanto a la fórmula cuando tenía tantas posibilidades. Pero claro, qué iba a hacer, ¿saltarme un capítulo a estas alturas? Aparte de quedarme al margen en temas de conversación me arriesgo a perder parte de información de la serie. Así que al final caí… Y me ha sorprendido muy gratamente. No será la mejor entrega de Spider-Man, pues Spider-Man 2 dejó el listón muy alto, pero como episodio inicial cumple muy bien a pesar de las dificultades que enfrentaban y abre las puertas a la confianza en que en las secuelas lleguen más lejos.

Lo primero que salta a la vista es la actualización de la historia a los tiempos actuales, teniendo como objetivo además un público incluso más juvenil que el habitual en Marvel, pues el tono y el contenido se dirige claramente a críos de diez años para arriba. Y por ello sorprende que en EE.UU. tenga calificación +13 en vez de PG, donde a partir de los diez años pueden entrar con los padres. Y mientras, Guardianes de la galaxia Vol 2. tiene escenas inquietantes, palabrotas gordas y referencias sexuales y es +13 también. En España Spider-Man se ha considerado para mayores de 7 años y Guardianes de la galaxia +12. Lo único malo de esto es que quizá hay que aguantar demasiadas canciones, aunque aquí me ponen ante una disyuntiva: ¿qué es preferible, escuchar otra vez los temas más sobados de los Ramones y The Rolling Stones, o que hubieran metido Justin Biever y “requetón”?

Las generaciones de preadolescentes y adolescentes actuales están muy bien representadas y el mensaje clásico del cómic se maneja con inteligencia. Peter Parker juega a ser youtuber, se obsesiona con imitar a los famosos (Los Vengadores), deja de lado sus responsabilidades por seguir los deseos inmediatos, y espera que todo se arregle solo mientras no se preocupa de lo que tiene delante. Bajo la batuta de Iron Man y los encontronazos de la vida deberá ir madurando y aceptando la responsabilidad. Por ello resulta realmente ridículo que haya críticas diciendo que esto no es Spider-Man porque “no se habla sobre responsabilidad”. Toda la película lo hace, todas las situaciones en que se ve metido el protagonista lo empujan hacia la maduración: enfrenta dilemas, mete la pata, se lleva no pocas lecciones, y crece poco a poco. Y el eslogan ineludible, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se incluye con tacto después del ridículo que hicieron en The Amazing Spider-Man con que si lo decían o no: “Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo”.

El conflicto interno de Peter queda muy bien materializado, la relación con Tony Stark y Happy y con los demás chavales se trata con naturalidad y sin cursiladas, con lo que estamos ante una anomalía muy de agradecer, una cinta juvenil, una de institutos, sin tonterías ni estereotipos vulgares. El drama es sencillo y obviamente centrado en la acción de superhéroes, con lo que es inevitable imaginar por dónde irá la aventura. Pero con el tirón de los personajes engancha muy bien, y el ritmo enérgico y el sentido del humor ingenioso e inagotable terminan de perfilar una película muy divertida.

Se despacha rápido el origen. Parker dice “Me picó una araña”, y a otra cosa, que ya lo conocemos bien. El tío Ben no nos tortura con su drama, sacrilegio para unos, una liberación para otros por no atarse a lo mismo de nuevo. Pero estamos hablando de un capítulo en la vida de Peter donde es crucial. O dices a las claras que en esta adaptación no existe el tío, o lo muestras de pasada (un diálogo, una foto) para que sepamos que sí, porque como es de esperar no indicar nada está confundiendo y decepcionando a muchos. Igualmente, la queja de que Tony Stark le hace el traje la entiendo, pero esta no me parece una transgresión grave, lo raro sería que Stark lo coja como pupilo y no le ofrezca nada de ayuda; y mientras, Peter se hace las telas de araña y se describe bien como un genio.

En cuanto a la presencia de Iron Man, pues sí, se la podían haber ahorrado, se nota el miedo a que no funcionara y que lo han usado para darle un empujón a la confianza del público. Pero una vez vista sólo puedo ponerle pegas al innecesario epílogo dedicado a Tony sin venir a cuento, mientras que en el resto de la cinta su presencia es concisa, destinada por completo a servir en la maduración de Peter sin robarle protagonismo alguno. Además, da a la película una entidad como capítulo que no han tenido otras, donde se unían con escenas postcréditos fugaces. Por ejemplo, era inevitable preguntarse por qué Los Vengadores no aparecieron en Thor: El mundo oscuro, cuando una nave amenaza Reino Unido, y se los echó de menos cuando el envite de Ego en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 alcanza a la Tierra. Por otro lado, hilando fino se podría señalar una falta de continuidad con la aparición de Spider-Man en Capitán América: Guerra Civil. Allí parecía un luchador entrenado, resuelto, sin miedo… aquí vemos que es bastante patán, que está en sus primeros intentos de implicarse en luchas más grandes; pero supongo que también se puede justificar con que allí fue muy entusiasmado y no había civiles en peligro que lo pusieran nervioso.

El trabajo de los actores es excelente. Con la elección de Tom Holland (quien se dio a conocer en Lo imposible) han acertado de lleno, muestra espontaneidad y recursos de sobras para cumplir en la inocencia juvenil, en el drama y en el romance (por fin escenas de ligoteos torpes que resultan verosímiles… todavía recuerdo la vergüenza ajena que dieron las de The Amazing Spider-Man). Los demás compañeros tienen también la simpatía y carisma necesarios, aunque es justo decir que el guion hace gran parte del trabajo describiendo con realismo el entorno del instituto. La tía May sale muy poco, pero lo suficiente para que quede claro que han fichado a una actriz más joven y sexy de lo que requiere el papel, la todavía muy atractiva Marisa Tomei, para atraer más público. Otro pequeño cambio sin necesidad, pero una vez superado el shock, pues cumple en sus breves apariciones y ya está: Veremos cuando le den más protagonismo qué tal resulta. Jon Fabreau (Happy) y Robert Downey (Tony) han demostrado de sobras su valía, y se emplean como buenos profesionales, sin dar la sensación de estar por obligación. Y Michael Keaton como el Buitre compone un villano bastante completo, en parte también porque el guion le ha dado cierto margen, pero es indudable que está muy efectivo en la creciente frustración y desesperación del personaje.

En la banda sonora tenemos al pluriempleado Michael Giacchino, que ha pasado por todas las sagas exitosas del momento: Star Trek, La guerra de las galaxias, El planeta de los simios, Parque Jurásico, Misión Imposible y varias películas de Pixar. Y el tío no muestra cansancio o desgaste. Nos ofrece otra partitura vibrante y orquestada con maestría a la que sólo le falta un poco de garra personalidad y recordabilidad, algo común en la serie Marvel, donde apenas Alan Silvestri ha conseguido algún tema que cale y al que los productores le hayan dado algo de proyección entre los distintos capítulos.

El director Jon Watts apenas era conocido, su único trabajo destacable es Coche policía, un thriller protagonizado por Kevin Bacon, así que sorprende que confiaran tanto en él para una superproducción. Pero se desenvuelve con soltura , combinando adecuadamente los momentos intimistas con la acción aparatosa. Destaca para bien el ritmo impecable, lo bien que capta la vitalidad del guion. Y en lo malo, la confrontación final es poco vistosa: entre la oscuridad, el caos y la falta de imaginación, no luce como otras peleas de la propia película y de la serie. Lo que queda por saber es si ese escenario es imposición de los productores o fue idea suya. Sea como sea, señala el único problema de una cinta que iba apuntando bastante alto: al final sí acaba un poco encorsetada por algunos clichés del género que no son capaces de quitarse de encima.

Al contrario de lo visto con el héroe, no han logrado darle una nueva perspectiva al villano y al consabido enfrentamiento. Pero ojo, que no hablamos de un desastre, de hecho el problema se nota más de la cuenta por lo bien que iban andando el camino. A lo largo de las vivencias de Peter Parker colocan unas pocas pero efectivas escenas donde presentan al villano trabajándose bien su situación y su personalidad, y cómo los cambios en la primera influyen en la segunda, y a la hora de hacerlo chocar con Spider-Man incluso tenemos un giro inesperado que maneja bien la sorpresa y la tensión. Por todo ello decepciona que al final deshagan lo construido y se apoyen por completo en una batalla de efectos especiales. ¿Nadie es capaz de ofrecer desenlaces más originales? En Doctor Strange al menos lo intentaron. Así pues, mientras todas las aventurillas de Parker (incluso las más pasadas de rosca, como el aprendizaje sobre la marcha de las opciones del traje) mantienen una buena conexión con el espectador, pues es fácil sentir empatía por el joven y sus amigos, cuando llega el momento cumbre la emoción se disipa bastante. A la larga incluso acabé un saturado de tanta hostia en el avión, sabiendo de sobras cómo iba a acabar, y para colmo, el paso final en la maduración de Spider-Man es un poco confuso: Stark ahora lo aplaude, cuando ha hecho lo mismo que por lo que antes le riñó en el ferry, ir en solitario y liarla parda (abajo en spoilers me extiendo).

Otro ligero lastre es que tampoco saben darle un buen cierre. Las escenas de rigor para terminar de posicionar cada personaje son obviedades que no tienen mucha garra, sólo destacan por un par de chistes (como el último de tía May). Pero sobre todo le pesa que se salen por la tangente dándole toda una escena a Tony Star que por primera vez le quita protagonismo a Peter Parker. No parece necesaria y añade minutos inútiles.

Alerta de spoilers: Ahondo en los detalles finales.–
Como digo, Spider-Man, tras la traca final, es bien considerado por Tony a pesar de que la única diferencia respecto al lío del ferry es que lo ha hecho sin el traje súper avanzado que le dio y que esta vez ha capturado al malo, pero en el fondo es la misma situación, ha ido solo, sin avistar a nadie (algo que le criticó Tony en aquel entonces), y el desastre en que podía haber acabado su implicación es bien patente, pues esquiva la ciudad por los pelos. Es decir, al final, tras tanto hablar de maduración, parecen encauzarlo más de la cuenta hacia su habilidad como superhéroe. Se recupera un poco con el rechazo de Peter de plantarse ante los periodistas, es decir, con que su ego está aplacado.

También tenemos una decisión de adaptación, con sorpresa final incluida, un poco extraña. Igual que con lo de omitir al tío Ben, ¿por qué ese empeño en poner una chica nueva como objetivo sentimental de Peter? ¿Qué problema había con empezar cimentando la relación con MJ, y más cuando está claro que abordarán este acercamiento en siguientes entregas? Han perdido un tiempo precioso sin razones que lo justifiquen. No queda nada mal, la película funciona bien así, pero estás adaptando una obra que sigue mucha gente, no tiene sentido dejarlos de lado sin necesidad.

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Z, la ciudad perdida


The Lost City of Z, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 141 min.
Dirección: James Gray.
Guion: James Gray, David Grann (novela).
Actores: Charlie Hunnam, Robert Pattinson, Sienna Miller, Edward Ashley, Angus Macfadyen, Ian McDiarmid, Clive Francis, Tom Holland.
Música: Christopher Spelman.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de algunos aspectos de los últimos coletazos de la época de la exploración.
Lo peor: Aventura sin épica, ni drama, ni intesidad de ningún tipo, ni en el contenido ni en lo visual: es muy aburrida.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle, pero nada que destripe sorpresas… que por otra parte tampoco hay.–

Qué decepción me he llevado con Z, la ciudad perdida. Las críticas profesionales que la señalaban como una vuelta al cine de aventuras clásico me pillaron con el interés por el género en todo lo alto, pues andaba releyendo El Terror (Dan Simmons), una novela sobre la exploración del Paso del Noroeste que me encantó en su momento y volví a coger porque pronto será una miniserie a la que le tengo muchas ganas. Hice caso omiso a la gente que la ponía de película muy aburrida, suponiendo que, como ocurrió con Master and Commander y El guerrero nº 13, los dos últimos grandes (y más bien únicos) títulos del género, el público no las recibió muy bien.

Pero lo cierto es que sí ha sido una cinta muy pesada e insatisfactoria. Hay en ella potencial para algo más notable, pero la narrativa es plomiza, el guionista y director James Gray (adaptando la novela de David Grann que a su vez partió de los hechos reales) no es capaz de abordar con la solidez y pasión necesarias una odisea que termina ahogada en la monotonía y las inconsistencias. En lo único que recuerda a clásicos es en alguna referencia, como la ópera en la selva de Fiztcarraldo (Werner Herzog, 1982). Aguirre, la cólera de Dios (de Herzog también, 1972), El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975), El tesoro de Sierra Madre (ídem, 1948), Indiana Jones (Steven Spielberg, a partir de 1981) si incluimos la fantasía también… Olvidaos de cualquier referente que tengáis en mente.

Aunque la era de los exploradores estaba entrando en declive con la globalización, todavía había partes del mundo donde perderse en busca de aventuras, conocimientos, y también fantasías. Pero la principal motivación era más terrenal: el prestigio, el ascenso social y económico. Pocos lo hacían por amor a la naturaleza y a la ciencia, era un trabajo muy vistoso en su rango social y ya está. Volver victorioso de una epopeya de este calibre garantizaba un subidón en el escalafón social que de otra forma podría costar muchos años de esfuerzo. Sí, eran viajes considerablemente arriesgados, pero muchos preferían batallar contra la naturaleza que contra la pirámide social. Igualmente, el apoyo de países y empresas en su mayor parte era político o comercial. Proyectos como el de Charles Darwin no eran lo habitual.

Todo esto tiene aquí una representación bastante correcta, y es lo único que me ha gustado de la película. Percy Fawcett es un joven inglés que no encaja del todo en la aristocracia, que no consigue ascender como desearía ni le caen bien los estirados con los que compite. La posibilidad de ver aumentada a lo grande su reputación por una misión para cartografiar las fronteras entre Bolivia y Brasil es muy jugosa… y el viaje además despierta en él el entusiasmo por encontrar civilizaciones en principio míticas y echarle en cara a la conservadora sociedad su visión antropológica más moderna: los indígenas pueden formar sociedades complejas. Pero de funcionar a deslumbrar hay un gran trecho. Todo lo que se narra lo conocemos ya, y no se ofrece una perspectiva novedosa, no hay diálogos y situaciones con ingenio suficiente para evitar la sensación de falta de riesgo. Por ejemplo, los capítulos dedicados al conflicto con otro explorador, el típico bocazas engreído que en el terreno demuestra su calaña, son entretenidos (uno de los segmentos más amenos de la proyección, de hecho) y aportan matices a la descripción de la época, pero también son muy predecibles, se limitan a exponer lo obvio. Y fuera de esta sección no hay prácticamente nada. El drama personal y la propia aventura en la selva carecen de este amago de contenido y consistencia, resultan historias muy superficiales y monótonas.

No hay personajes secundarios atractivos, todos son clichés puestos al servicio de la trama, o sea, monocromáticos y previsibles. El único que da juego es el citado rival, James Murray (Angus Macfadyen, recordado por ser el conde traidor de Braveheart), y porque es importante en el argumento, pues su descripción es muy simple. Los compañeros de aventuras es como si no estuvieran ahí, no sabemos nada de sus vidas y pensamientos, no tienen escenas que aporten algo sustancioso, no hay una dinámica de compañermismo de ningún tipo, todos sueltan su verborrea sin que haya sensación real de que están viajando, trabajando y batallando juntos. Son tan irrelevantes e insípidos que en cuanto salen de plano te olvidas de que estaban ahí. La esposa y los hijos son anodinos también. Ella además me resulta algo inverosímil. Si estás tratando de describir esa época con verosimilitud, no me metas un ramalazo de policorrectismo actual, con la mujer fuerte e independiente y el matrimonio con los dos miembros al mismo nivel, porque no pega en el relato, en la situación habitual de casamiento por conveniencia (nombre, dinero y guardar las apariencias) donde ella se queda en casa cuidando de la familia mientras él trabaja. Pero claro, parece que si hoy en día pones a una mujer florero se te tiran encima, así que prima el revisionismo burdo. Los hijos sólo aparecen para el típico cabreo por un padre ausente, hasta que el mayor crece, y entonces resulta incongruente: de odiar al progenitor y su trabajo pasa a seguirlo con entusiasmo sin que haya habido ningún proceso de cambio, ninguna razón que lo justifique.

Fawcett no es mal rol central, pero le falta algo más de garra a su viaje, más sufrimiento y lucha por sacar adelante sus objetivos. Con secundarios tan pobres hacía falta un protagonista más fuerte y una interpretación muy potente para que fuera capaz de cautivar, en plan Steve McQueen en El Yang-Tsé en llamas o Peter O’Toole en Lawrence de Arabia. Charlie Hunman es muy buen actor, lo dejó claro en Hijos de la anarquía, pero aquí no consigue conmover. El problema es que el personaje no tiene apenas recorrido. Sí, empieza mostrándose un poco reticente a ese trabajo y luego ve que le gusta, pero no se ofrece una transición llamativa, ni vamos más allá. Su determinación, fuera de los líos en la Sociedad Geográfica Real, no se contagia, porque la aventura es muy parca en contenido y vacía de emociones. Parece pasearse por la selva sin más, no se ve el fruto de su esfuerzo, los problemas no llegan con intensidad. Los asuntos logísticos (formar el equipo, negociar con el gobernador), las vicisitudes por el río (naturaleza hostil), los choques con los indígenas… Todo se despacha con cuatro tópicos simples empalmados sin mucho tacto, y aun así Gray es capaz de llenar un montón de metraje. En esto pesa también que se obsesiona con narrar toda la vida del explorador, aunque no sea necesario: el receso bélico y sus secuelas es tiempo completamente perdido. De estar ciego por sus heridas en combate pasa a estar curado sin más, sin que sepamos realmente qué ha pasado, cuánto ha padecido, qué proceso de curación ha seguido… Tantos minutos, y no se ve casi nada de contenido.

La desgana con que se narra todo afecta incluso a la verosimilitud. Gray incluye todos los pasos de los viajes por la fuerza sin una coherencia ni evolución tangible, sólo cita el problema de turno y enseguida pasa al siguiente asunto dejando un montón de preguntas y agujeros. Los personajes dicen “Necesitamos tres balsas llenas y cuatro caballos”, y resulta que, salvo por un plano muy fugaz al poco de partir donde se ve otra balsa y unos caballos, el resto del tiempo sólo contamos la barcaza donde van los pocos protagonistas, donde además apenas llevan material. En el segundo viaje igual, pero con botes. Los vemos navegar, tienen problemas de suministros, sufren ataques, sobreviven por los pelos, tratan con los indígenas… pero todo el material y gente que supuestamente llevan están desparecidos… salvo cuando tiene que morir un extra, y entonces este materializa por arte de magia en la barco de los protagonistas; y en otro momento necesitan usar un caballo, y este aparece también sin más. En los primeros pasos del viaje se preocupan de que no son capaces de pescar, mientras a la vez dicen que vivirán en el río unos dos años… pero siguen adelante sin más. Por el camino, en un jaleo dicen haber perdido gran parte de las provisiones… ¡pero sí solo hemos visto volcarse una cesta de fruta que llevaban abierta y sin sujetar! Pero aun así siguen adelante. Llegan a su destino diciendo que tienen hambre, pero sin que sepamos si en estos meses han aprendido a aprovechar el entorno y han recuperado provisiones que les hayan permitido llegar tan lejos. Allí encuentran un jabalí enano y ya con eso no parecen preocuparse de los meses que tienen de retorno. Con otras cuestiones, como las enfermedades, lo mismo: ahora vemos a un protagonista enfermo, en la siguiente escena aparece como si nada, si mostrar si han hecho algo o todo ha pasado sin más, y secuelas desde luego no hay de ningún tipo. El trato con los indígenas… no me preguntes cómo pasan de hostiles a amistosos, no se explica, de la lluvia de flechas saltamos al intercambio de regalos.

También hay cosas muy cogidas por los pelos. Fawcett chapurrea español y el aborigen habla su propio idioma, pero aun así lo entiende y lo traduce al inglés para sus compañeros; de hecho es un idioma fascinante: dos palabras se traducen en cuatro frases. Llegan a la fuente del río sin haber cartografiado prácticamente nada, y ahí encuentran asombrosos restos de una civilización… pero deciden dejarlo todo e irse porque hay una pantera. Van armados hasta los dientes, podían dispararar, o podían dar un rodeo, pero no, deciden volver sin pruebas sólidas. No me olvido de mencionar también alguna transición absurda, como ese líquido derramado haciendo una línea que se funde con el siguiente plano y se convierte en… no, en el río no… en un tren.

Termina de hundir la propuesta otro aspecto muy decepcionante: lo visual está muy lejos de dar la talla en un tipo de cine que exige más. No hay belleza ni asombro, no tenemos un acabado cinematográfico destacable. Y lo gracioso es que se rodó en 35 milímetros para darle un aire épico acorde al género. Pero la dirección, fotografía y montaje son bastante flojos. Gray no saca partido alguno del escenario, parece que estamos más en un parque que en una selva, todos los planos son muy cerrados encima de la barca y las caras de los actores, y el tono saturado de las imágenes le resta naturalidad a los pocos y nada llamativos paisajes que vemos. No encuentro ninguna escena digna de recordar, ningún pasaje apasionante. Todo lo contrario, el aburrimiento me embargó en grandes tramos de la cinta, sobre todo el pobre desenlace, donde intenta hacer algo extraño, medio onírico, en plan Apocalypse Now, y el interés acaba por los suelos.

Capitán América: Guerra Civil


Captain America: Civil War, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 147 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus y Stephen McFeely. Joe Simon y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Don Cheadle, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Anthony Mackie, Chadwick Boseman, Paul Rudd, Emily VanCamp, Tom Holland, Daniel Brühl, William Hurt.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Perfectamente equilibrada en todos sus elementos: trama emocionante, personajes excelentes con gran evolución, espectáculo de primer nivel.
Lo peor: No se libra de ser algo previsible, y se echa de menos un poco más de enjundia política y riesgo en la parte final (matar a alguien importante).
Mejores momentos: La persecución al Soldado de Invierno, la batalla en el aeropuerto, la confrontación final.
El título: Otra traducción oficial a medias. ¿Pero qué costaba traducir Civil War?
La frase:
1) Un imperio derribado por sus enemigos puede recuperarse. ¿Pero uno que se desmorona desde dentro? Está muerto. Para siempre. -Zemo.
2) ¿Puedes mover el asiento? –Soldado de Invierno a Falcon.
3) ¿Habéis visto esa película antigua, El Imperio contraataca? –Spider-Man.
4) Soy tu conciencia. No hablamos mucho estos días. –Ant-Man a Iron Man.

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Alerta de spoilers: Hay datos reveladores de la trama y del resultado de la guerra, pero no creo que sea nada inesperado.–

La tercera entrega del Capitán América debería haberse cambiado de nombre y haber sido la tercera de Los Vengadores, porque implica al grupo entero y retoma la historia con los temas principales de La era de Ultrón, esto es, la disensión en el equipo. Pero bueno, esto es una serie y se pueden mezclar como los productores y guionistas quieran; de hecho es evidente que también bebe mucho de El Soldado de Invierno.

Por otro lado, es inevitable realizar la comparación con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, la respuesta de DC/Warner a la exitosa combinación de superhéroes de Marvel/Disney. La victoria más que clara es humillante. Donde aquella resultó inconsistente y caótica por culpa de una pésima descripción de personajes, una trama embarullada y un aspecto visual sobrecargado pero inerte, la aquí descrita es vibrante en la historia y asombrosa en lo visual gracias a que sus protagonistas son magníficos y a que sus realizadores tienen las ideas claras y dominan las técnicas cinematográficas con una precisión encomiable.

El único aspecto negativo digno de mención (más allá de algún pequeño punto gris en el guion que también abordaré) es uno difícilmente evitable, aunque no imposible, en una serie que llega a la conclusión de una de sus historias principales: se ve venir. Como he comentado en el capítulo previo, La era de Ultrón, los autores están atados al género, a la serie, a la fuente original y sobre todo al esquema que desea el estudio. Si los productores principales (Kevin Feige a la cabeza) se atrevieran a dejar más margen podría haberse orquestado la guerra civil de forma más valiente y buscando giros más originales, pero hay que cumplir con las reglas establecidas, como incluir el villano de rigor y no sumergirse en un berenjenal intelectual ni incluir escenas arriesgadas que supuestamente puedan espantar a determinados espectadores, porque pretenden llegar a todos los públicos. Así surgen unas pocas limitaciones en un episodio que, como La era de Ultrón, pedía a gritos más valentía (aunque en una onda distinta, claro está).

La más evidente es la presencia de Zemo. Como clásico enemigo con su plan de venganza para fastidiar a los héroes que le han causado algún daño colateral en sus acciones le falta algo de verosimilitud, porque el proyecto es un tanto rebuscado (entrar en un edificio tan protegido, esperar que los acontecimientos lleven a tus víctimas donde tú quieres y justo cuando quieres), pero en principio no me parecería grave, pues el mensaje de fondo (la responsabilidad social y política de las misiones) y la idea en sí tienen pegada (genial la frase nº 1), amén de que es un macguffin y lo relevante es la respuesta de los protagonistas. Pero a esa ligera falta de consistencia de su intriga hay que sumarle que, a la hora de la verdad, no parece pintar mucho en una historia que ya estaba desarrollándose sin él. Las diferencias ideológicas y éticas dentro del grupo estaban ya expuestas, el tema de la responsabilidad subyacente a sus actos llega con las reacciones de los gobiernos, y la unión de ambas corrientes conduce claramente a esta guerra civil. El tiempo dedicado a presentar y desarrollar a Zemo se podía haber dedicado a ahondar más en los temas políticos y éticos, pero aquí entra en juego la falta de riesgo intelectual, el miedo a embarcarse en temas complejos.

En La era de Ultrón y El Soldado de Invierno ponían las bases de un prometedor thriller político que juega con los ideales primarios de los EE.UU. (es obvio que el sesgo tira para allá), pero a la hora de la verdad no quieren mojarse del todo y se ven obligados a utilizar un recurso externo que termine de lanzar el conflicto y empuje a los héroes a su lado más oscuro. Por un lado tenemos a Rogers como el liberal de toda la vida, fiel a las libertades individuales, con un código moral estricto que lo lleva a plantearse quejas contra el estado. Por el otro, vemos a Stark como el capitalista conservador, a favor del gobierno imponiendo un orden cuasi fascista (y, antes de reformarse un poco, creyéndose que el resto del mundo era suyo). Pero los autores, en vez de llevar estas diferencias hacia una verdadera guerra interna lo reconducen a una historia básica de venganza, de momento de pérdida de la humanidad por trágicos factores ajenos. Stark se inclina por un orden mundial más rígido no porque vaya con su estilo, sino únicamente porque le apena un criajo muerto. Rogers se rebela exclusivamente porque debe salvar a un amigo, no porque el gobierno está legislando restricciones a las libertades en vez de buscar soluciones más cercanas al pueblo. Y la confrontación final se lanza porque Zemo explota esos sentimientos, no porque la postura ideológica sea insalvable y tomen la determinación de actuar contra sus hermanos para salvar su visión del país y el mundo. Si es que al terminar parece que Stark y Rogers pueden hacer las paces en cualquier momento, y los demás lo mismo pero mucho antes del desenlace. Y dudo que exista la posibilidad de que en próximas entregas luchen en bandos opuestos, y menos que algunos se alíen con los villanos.

Pero bueno, al menos esta cuestión no está dejada de lado por completo. Las acciones y consecuencias de los políticos corruptos y de las ambiciones y motivaciones de cada personaje están en la serie en todo momento y destacando con mayor intensidad en los episodios que se centran en esta trama. Y sobre todo, se ve a los protagonistas sufrir cada decisión y resultado, y el enfrentamiento es épico en la acción y apasionante en lo dramático. Sencillamente, a la hora de implicar de lleno a los héroes en el paso final los productores no han tenido los redaños de ir a por todas, sin duda pensando en que una cinta comercial que implicara elegir bando en un espectro político realista y tener consecuencias en plan tragedia seria podría ser demasiada emoción y reflexión para la masa de espectadores.

Siguiendo por este camino de cierta cobardía, resulta que no tienen el valor de matar a nadie. Aunque fuera predecible, Iron Man o Capitán América deberían haber muerto; más bien el primero, pues es una película del segundo y la historia sigue con cada individuo actuando más o menos por libre dado que todas las organizaciones y gobiernos en los que han trabajado se han podrido o movido por intereses propios. Además algún secundario podría haber sufrido también consecuencias más graves, o incluso haber caído, que sólo nos ponen uno (el menos relevante, además) herido, y sabemos que con la tecnología mágica que tienen no será por mucho tiempo.

Aparte se puede mencionar alguna cosilla cogida por los pelos. Si Stark está tan compungido y arrepentido ante el niño muerto, ¿por qué va tan alegremente a fichar a Spider-Man, que además de ser un crío lo mete en este embrollo medio engañado? También cuestionaría la rapidez con que le hace un traje nuevo, o que se entretenga en ello cuando tiene un margen de tiempo tan corto. Y hablando de tiempos, Iron Man llega en un tris a Siberia cuando los otros llevan la tira viajando (el tiempo de que este fuera al hospital, luego al complejo de los Vengadores, luego a la cárcel en el confín del océano…). En la lucha del aeropuerto Vision no debería estar, se nota que no saben qué hacer con él; podría haberse quedado en la guarida lamentándose por la situación, algo más propio de su forma de ser.

Por suerte, como en La era de Ultrón, las restricciones y pequeños fallos no engullen el relato, sino que se vuelve a demostrar que en esta saga saben explotar unos puntos fuertes muy bien elegidos y encontrar autores que mantengan el tono sin perder fuelle. Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, bien asentados en la serie, elaboran una trama sencilla pero certera donde mantienen un fantástico equilibrio entre el drama, el humor, la acción, los dramas personales… Saben que lo principal son los personajes, y, dejando aparte el blandengue empujón para terminar de lanzar la conflagración, las formas de ser y el proceso que los lleva a tomar una elección u otra están claros en todo momento. Este fantástico repertorio serviría de base para casi cualquier aventura que les echaran encima, y si cogemos una con gran atractivo pues tenemos una bomba entre manos. La Guerra Civil los exprime muy bien, sacando a la luz parte de su lado más oscuro pero también sus convicciones más férreas, jugando con las alianzas y las decisiones difíciles, poniendo al espectador en la excitante tesitura de tener que ir elucubrando qué hará cada uno.

Es difícil manejar tanto protagonista, incluso con la ventaja de tener varias entregas a cuestas, pero lo dominan tan bien que hasta los introducidos a media película mantienen el tipo: Ant-Man tiene su hueco y su carácter, no queda como un cupo a cumplir, pero Spider-Man deslumbra como nadie se esperaba. Al anunciar un nuevo reinicio el fandom mostró su hastío y decepción (y es que las The Amazing Spider-Man de Sony casi hunden al personaje), pero en sólo dos secuencias la gente de Marvel ha logrado que todos recuperen el entusiasmo a lo grande. Un buen casting, una escena que define al protagonista en pocos diálogos, y una donde explota sus cualidades. No parece tan difícil, así que cabe preguntarse cómo otros la han cagado tanto en otras muchas cintas de superhéroes. No hay que ir muy lejos, ahí tenemos la malograda Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, que contaba con muy pocos personajes y prácticamente ninguno tiene consistencia ni casi sentido, por no hablar de que las introducciones de los roles secundarios fueron lamentables.

Esencial en la calidad del producto es su acabado, y no decepciona lo más mínimo: la puesta en escena es magnífica. Los Russo (que sorprendentemente vienen de series de humor –Community, Arrested Development, Finales felices-) tienen lo mejor de Whedon, esto es, no perder de foco a los personajes y mostrar con claridad las escenas más trepidantes: la parte del aeropuerto combina elegancia con asombro, y cada héroe está en su salsa (salvo Visión, pero esto es cosa de guion). Pero además aportan el sello con el que deslumbraron en El Soldado de Invierno: su estilo rudo, de caos bien controlado, en las escenas más sucias, o sea, las peleas a puños, sobre todo si son a la desesperada. La lucha de Rogers y Barnes en el escondite de este último y sobre todo la persecución por las carreteras de la ciudad son impresionantes: enérgicas, veloces, contundentes… y aun así se entiende en todo momento qué está pasando, dónde está cada uno. En sólo dos películas se han alzado como grandes referentes del cine de acción, y su carrera genera mucha expectación; en sus manos han puesto la próxima entrega de Los Vengadores, La guerra del infinito (en dos partes) y espero que después no se queden anclados en Marvel y exploren nuevos horizontes con los que deleitarnos.

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Serie Los Vengadores:
Hulk (previa a la serie oficial, pero la cuento), (2003).
Iron Man (2008).
El increíble Hulk (el reinicio innombrable), (2008).
Iron Man 2 (2010).
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011).
Los Vengadores (2012).
Iron Man 3 (2013).
Thor: El mundo oscuro (2013).
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014).
Guardianes de la Galaxia (2014).
Ant-Man (2015).
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015).