El Criticón

Opinión de cine y música

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A ciegas (Bird Box)


Bird Box, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Susanne Bier.
Guion: Eric Heisserer, Josh Malerman (novela).
Actores: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sarah Paulson, Jacki Weaver, Rosa Salazar, Danielle MacDonald, Tom Hollander, Lil Rel Howey, BD Wong.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de cumplir de sobras en un género y estilo muy gastados. La solidez de sus personajes. Clásica pero efectiva puesta en escena.
Lo peor: La narración fragmentada me parece contraproducente. Quizá falta algo en la parte de supervivencia en el exterior.
El título: La traducción fiel es Pajarera. A ciegas pega, pero si los autores querían el otro, más original y sutil, por qué lo cambias.

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Cuántas películas de suspense o terror hemos visto con personajes planos y aburridos a los que les colocan de mala manera un drama impostado para intentar que conectemos con ellos. Que si un divorcio en ciernes, una pelea entre familiares o amigos, y al final vuelven a unirse; que si un trauma reciente (el abuso de hijos muertos es penoso) a superar con un par de escenas llenas de clichés al final; etc. Cuántas hemos soportado con tramas encasilladas en los mismos escenarios, desarrollo y soluciones. Espacios aislados, locos asesinos o monstruos acosando, los secundarios estereotipados muriendo de forma previsibles, y giros finales rebuscados para intentar sorprender. A ciegas tiene un poco de todo eso… pero todo con la vuelca de tuerca y la inteligencia justas para que te olvides en seguida de los lugares comunes y acabes embaucado por el misterio y sintiendo empatía por los personajes.

La presentación nos pone ante dos hermanas con una vida normal y unos conflictos verosímiles. Puede que la obsesión de la protagonista principal con el embarazo no parezca especialmente trascendental, pero en nada que empieza la acción pasa a formar parte de su adaptación y evolución, para en el tramo final ir cobrando importancia con escenas muy efectivas, algunas sutiles, otras muy bien conectadas con los nuevos eventos que enfrenta. Así, el arco dramático resulta muy interesante, crucial para el personaje y emocionante para el espectador. Los niños llamado Niño y Niña por temor a coger demasiado apego, las dudas sobre cuál debe correr un riesgo enorme para que puedan salvarse otros y otros instantes resultan bastante duros e inquietantes.

La llegada del fin del mundo pone todo patas arriba con buenas dosis de intriga y una pizca de acción agobiante. No se ve mucho, sólo que todo se ha ido al infierno por la presencia de criaturas misteriosas, lo que fuerza a unos pocos desconocidos a sobrevivir improvisadamente encerrados en una casa. Como en las buenas obras de géneros afines, lo importante es el cómo se enfrenta la humanidad a situaciones extremas, no el dinero que se hayan gastado en la recreación del bicho de turno ni los sustos forzados. Hay momentos que beben de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) y El amanecer de los muertos (ídem, 1978), otros de La niebla (Frank Darabont, 2007) y otras tantas parecidas, pero sus autores se centran en lo mismo que hizo destacar a esas obras: construir personajes con suficiente profundidad como para que cuando se tuercen las cosas, y lo hacen a menudo, no parezcan carnaza que irá muriendo en fila sin que te importen un bledo sus destinos.

Para el tercer acto tenemos un cambio de lugar inesperado, es decir, salimos de la casa y enfrentamos lo desconocido. Mantiene la incertidumbre por cómo sobrevivirán los pocos que quedan, y el giro final es también ingenioso y efectivo, al contrario de las chapuzas que suelen verse. Pero aquí termina de hacerse notar el único fallo notable de la película, una narración no lineal que juega en contra de las posibilidades latentes. A lo largo del relato nos han ido soltando pequeñas escenas a modo de adelanto, sin duda con la intención de hilar paralelismos que enfaticen la evolución de la protagonista, pero no parece necesario, ya estaba yendo bien la cosa en ese sentido, y a cambio se resiente el factor intriga. Estoy convencido de que enfrentar cada nueva dificultad y huida por los pelos sin saber qué viene hubiera resultado más emocionante. E incluso ya puestos, podrían haber ofrecido un par de aventuras más antes de entrar en el río, para enriquecer la parte de supervivencia.

En lo visual en cambio evitan por completo artificios demasiado habituales en el género y que también suelen fallar: las puestas en escena rebuscadas para intentar sorprender y disimular las carencias del guion, como en Cloverfield, (Matt Reeves, 2008), 28 días después (Danny Boyle, 2002) y muchas más. La directora Susanne Bier (dada a conocer con la aclamada El infiltrado, 2016) apuesta por un acabado formal muy clásico y sobrio, y funciona muy bien, salvo por un par de planos en el río donde cantan las pantallas de fondo y por la ausencia de una banda sonora de calidad que realzara mejor cada situación. El reparto también está bastante bien, destacando a Sandra Bullock, que muestra con intensidad la constante desesperación y el agobio que viven, y los siempre competentes John Malkovich y Tom Hollander; sólo Trevante Rhodes queda un poco por debajo del resto.

A ciegas no llega a resultar tan impactante y original como para marcar un hito en el género, pero no hace falta más para tener un buen entretenimiento, como ha demostrado también otro estreno del mismo año bastante parecido en concepto, Un lugar tranquilo (John Krasinski). Según los pocos datos que da Netflix, ha sido su película más exitosa hasta la fecha.

Alerta de spoilers: Destripo el final a fondo, no leas más si piensas verla.–

La ubicación de la salvación final da la impresión de estar en medio bosque inaccesible. Para que no parezca exagerado bastaba con señalar que hay una ciudad cerca y debido al caos era mejor ir por el río. Lo que no trago es que aparezca la doctora de maternidad ahí tan campante; no hacía falta para remarcar el desenlace feliz. Me alegro de que no enseñen al monstruo. No era necesario, el temor a que hay algo es suficiente. Además, si la idea es que te salvas no mirando, no tiene sentido que lo veamos a no sea que la protagonista lo hiciera.

Gosford Park


Gosford Park, 2001, EE.UU., Reino Unido, Italia.
Género: Drama, suspense.
Duración: 137 min.
Dirección: Robert Altman.
Guion: Robert Altman, Bob Balaban, Julian Fellowes.
Actores: Michael Gambon, Maggie Smith, Kristin Scott Thomas, Camilla Rutherford Charles Dance, Jeremy Northam, Bob Balaban, Ryan Phillips, Kelly McDonald, Helen Mirren, Eileen Atkins, Emily Watson, Derek Jacobi, Clive Owen, Tom Hollander…
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Guion sublime, realización a su nivel, reparto espectacular.
Lo peor: Que no se recuerde tanto como merece.

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Gosford Park ofrece un certero retrato y análisis de la sociedad inglesa de la década de los treinta, centrándose en la élite adinerada, con títulos y tierras, y sus sirvientes, que representarían en gran medida al pueblo llano. No se escatima en detalles sobre la vida diaria de estos dos estratos sociales y se forma un entramado de relaciones, intereses, puyas, anécdotas, etc. tan complejo como fascinante. Sin embargo su sinopsis y avances pueden llevar a un equívoco y hacer que se llegue a su visionado esperando otra cosa, una de misterio alrededor de un crimen, cuando el asesinato no es el hilo conductor de la historia, sino un evento más en la misma.

Eso sí, la escena previa a la muerte es espléndida, formando un clímax de expectación verdaderamente logrado. Durante un buen rato la cámara sigue a gran parte de los personajes, ubicándolos a la vista o escondiéndolos, poniendo la sombra de la sospecha sobre unos cuantos, mientras que a lo largo del relato se han ido solanto las pistas, sospechas e intrigas necesarias para elaborar un buen misterio; como es de esperar la resolución del crimen encaja al dedillo en el entramado, sin resultar rebuscada ni demasiado evidente.

Volviendo al relato en general, este es tan rico que incluso hay visos de auto parodia, con ese detective casi absurdo o las conversaciones del productor de Hollywood sobre una película que pretende rodar y que prácticamente es la que estamos viendo (aspecto que se torna aún más cómico cuando descubres que ese actor –Bob Balaban– ideó junto a Robert Altman las bases del guion). Estos atrevidos juegos no desentonan lo más mínimo en el conjunto, de hecho casi es un vacile: mira lo que soy capaz de hacer, un guion perfecto y luego encima tomármelo a guasa. El trabajo de Julian Fellowes) es, en definitiva, uno de los mejores de la década, de una complejidad y calidad insólita, espectacular.

La puesta en escena es obviamente crucial en estas condiciones. Sin una dirección y recreación de la época absolutamente perfectos el puzzle se vendría abajo. Cada secuencia y plano debe manejar un gran número de personajes y diálogos cruzados, y la planificación de escenas se convierte en una tarea tan ardua como necesaria. Robert Altman salda el resultado con maestría, obteniendo una narración muy fluida que no hace ostentación visual innecesaria sino que se centra en los personajes y sus historias.

El reparto reúne a un número impresionante de grandes nombres de la interpretación británica, de hecho algunos quedan relegados muy a segundo plano (Charles Dance tiene poquísimos diálogos, por ejemplo). Los que destacan lo hacen prácticamente porque tienen más tiempo de lucirse, como Kelly McDonald, Maggie Smith, Emily Watson

Retrato de la época, intriga, drama social, romance, humor auto-paródico… Gosford Park es una cinta de enorme riqueza y densidad, una obra que deja un grato sabor de boca, aunque eso sí, es para ponérsela con ganas, porque no es un entretenimiento ligero. Hay que seguir multitud de nombres, relaciones, conflictos personales, anhelos internos sólo sugeridos, y quitar capas y capas de sutilezas, indirectas y datos soltados en cantidad. Esa es sin duda su maldición a la hora de conectar con el gran público: es demasiado difícil e inteligente. Quizá por ello, aunque tuvo bastante reconocimiento en su momomento (buenas críticas y premios en cantidad), prácticamente ya nadie habla de ella. No debería olvidarse, es una enorme lección de cine, de arte.