El Criticón

Opinión de cine y música

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Hombres de negro 2


Men in Black II, 2002, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 88 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Robert Gordon, Barry Fanaro, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Rip Torn, Tony Shalhoub, Lara Flynn Boyle, Rosario Dawson, Johnny Knoxville.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista mantiene su química y gracia, y el perro es tronchante.
Lo peor: Es una repetición nada disimulada de la primera parte, no aporta nada nuevo.
Mejores momentos: La oficina de correos.
La frase: Casi todos los que trabajan en correos son extraterrestres -J.

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Alerta de spoilers: Cito algunos detalles importantes del final.–

Hombres de negro 2, sin ser lo que se dice una mala película, ofrece tan poco que nada más terminar de verla empiezas a olvidarla. Si no fuera por el tirón de la primera parte y de sus estrellas no habría alcanzado 440 millones de dólares de recaudación mundial, 150 menos que aquella pero aun así una cifra extraordinaria, pero las críticas fueron muy flojas y es evidente que en poco tiempo el público ya no se acordaba de ella, Así, los productores dudaron si hacer la tercera entrega durante casi ocho años (se puso en marcha a mediados de 2009, se estrenó en 2012). Por suerte, ofreció algo más de original y dejó mejores impresiones.

Los productores y los guionistas contratados (Robert GordonHéroes fuera de órbita-, Barry FanaroLas chicas de oro-) van demasiado sobre seguro, sin esforzarse lo más mínimo en tratar de recuperar uno de los puntos clave del episodio inicial, el factor sorpresa, aportando novedades en las vivencias de los personajes y la trama. Se enquistan totalmente en la repetición de la misma premisa, cambiando poco más que nombres, porque ni escenarios nuevos atractivos nos ofrecen.

Los personajes ya los conocemos y se conocen entre ellos y la dinámica de los Hombres de negro también, así que cambian la introducción a la organización y el despertar de J por la acción pura y dura con esa escena ruidosa pero sin savia del gusano en el metro. En el siguiente acto no encontramos un misterio que cobra forma poco a poco hasta que puedes deducirlo tú mismo, sino un macguffin sin sustancia alguna mientras los protagonistas deambulan de aquí para allá teniendo rocambolescas aventuras, sean encuentros cómicos con alienígenas extraños o escenas de acción varias. El único suspense consiste en esperar a ver si K se digna en soltar otra dosis de información, cosa que sólo ocurrirá cuando hayan agotado el escenario actual. Y todo para que al final sea lo mismo: el objeto buscado por la villana que amenaza con destruir la Tierra estaba ante sus narices, esta lo encuentra antes, y luchan por él. Que la clave sea la chica de turno no añade emoción, si acaso lo contrario, queda un poco raro, pues tiene justificaciones un tanto forzadas. J, tan buen agente que es, se encapricha de una tía buena en un solo encuentro y decide no borrarle la memoria. Y a pesar de ello, en el final él y K la convencen para que se suicide para salvar la Tierra, escena que no transmite el drama y la premura necesarias como para lograr aunque sea una pizca de sentimiento.

Rosario Dawson resulta simpática, pero entre el poco recorrido de su rol y que se echa en falta a Linda Fiorentino parece un mal apaño. Es una pena que esta no quisiera continuar o la confianza de los estudios en ella estuviera por los suelos, pues como conté en el análisis de la primera parte, estaba metida en una importante investigación del FBI y además tenía fama de ser difícil de tratar.

La vuelta de K está muy bien hilada, y la química de Tommy Lee Jones y Will Smith es lo que mejor funciona de nuevo, así que no me quejo de que lo recuperaran tras jubilarse, pero sin duda habría sido más atractivo con una nueva aprendiz en el equipo que diera más juego; los roces y chistes con el tonto compañero de J y las escenas en que el perro lo acompaña son buena muestra de ello. La entrada en acción de K en la oficina de correos es tronchante, la mejor parte de la película. La pena es que su historia termina teniendo poco recorrido dramático, por eso de ser una excusa para dosificar la trama.

En cuanto a lo peor, es sin duda la villana tan vulgar que nos ofrecen. Se trabajan un poco de trasfondo, pero este acaba siendo el pretexto para recuperar a K, a sus motivaciones y personalidad no le aportan absolutamente nada. Lara Flynn Boyle hace lo que puede con el putón mal maquillado que le ha tocado (que me parece demasiado para una cinta familiar), pero ni resulta un enemigo imponente ni interesa su plan, y sus secundarios son más bien lamentables: repiten la fórmula de patanes feos, pero ni el sobreactuado Johnny Knoxville con dos cabezas ni el larguirucho que luego se divide en varios pequeños hacen gracia o dan algo de canguelo. Cuando estás un rato siguiendo las andanzas de la pareja protagonista te olvidas por completo de quién es y qué pretende esta tipa. De hecho, da la impresión de que hasta los autores se olvidan de ella: en una escena manda a varios matones a por J y K, pero cortan el diálogo a medias cuando se gira hacia el larguirucho, y quince minutos después vuelven a ello como si ahí no hubiera pasado tiempo alguno, es más, de por medio incluyen un encuentro entre ella y Z.

La puesta en escena mantiene el tono enérgico, aunque también pierde unas décimas. Entre el ritmo vivaz, el carisma de los protagonistas y la corta duración, la cinta entra bien y divierte, pero no asombra como el primer episodio y no cala lo más mínimo. En aquel Barry Sonnenfeld se mostró más ágil, con recursos visuales más variados, mientras que aquí anda menos inspirado y además patina un par de veces, como las patadas voladoras de K y Z tan exageradas y cutres, donde no se sabe a qué viene ese giro en plan superhéroes y canta muchísimo el uso de cuerdas. Pero es la falta de un clímax más elaborado lo que más pesa: el asalto al cuartel tomado por la enemiga está muy falto de imaginación y sentido del espectáculo, y los momentos finales en un tejado son muy, muy sosos. Un tercer acto épico podría haber eclipsado su falta de originalidad, pero apuntaron muy bajo.

El repertorio de criaturas alienígenas es llamativo, pero no deslumbra como en la primera entrega porque aquí tampoco presentan novedades. El abuso de lo digital se nota (el gusano, los tentáculos de la mala, las cabezas múltiples de sus secuaces), y sumado a los parcos escenarios que hay, cabe preguntarse cómo gastaron tanto dinero, nada más y nada menos que 140 millones de dólares, si no tiene un despliegue de efectos especiales al nivel de otras superproducciones de aquel año: Minority Report, El ataque de los clones y El Señor de los Anillos: Las dos torres costaron bastante menos y lucieron muchísimo mejor. La banda sonora de Danny Elfman es muy efectiva, pero tampoco parece buscar algo de renovación.

PD: David Cross (ahora conocido por Arrested Development) repite en un personaje distinto pero muy parecido (el friki de la morgue en el primer episodio, el del videoclub aquí), y no se sabe si es el mismo rol (se supone que murió), así que queda muy confuso. Tampoco parece un cameo, pues fama no tenía y está acreditado; quizá era amigo de algún productor.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
-> Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

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Hombres de negro


Men in Black, 1997, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 98 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Ed Solomon. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D’Onofrio, Rip Torn, Tony Shalhoub, Siobhan Fallon Hogan.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Imaginativa en argumento y en lo visual. Personajes carismáticos. Aguanta bien el paso de los años.
Lo peor: Un poco menos de chistes de tortas y más humor ingenioso le habría venido bien.
Mejores momentos: Las pruebas de acceso, en especial la de tiro.
El título: Es otro de esos que según llegan las secuelas lo traducen o no, y acaba siendo un lío.
El mito: Un personaje repite la idea errónea de que hasta el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón todo el mundo creía que la Tierra era plana.
La frase:
1) He vacilado… -J
2) ¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Yo llevo esto con estilo -J.

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Como suele pasar, el proyecto estuvo años en el limbro hasta que empezó a concretarse. Dos productores, Walter F. Parkes (quien tras unas cuantas películas no conseguía triunfar) y Laurie MacDonald (recién empezando en este negocio), compraron en 1992 los derechos de un cómic limitado que tuvo buena recepción en su publicación un año antes, Men in Black, escrito por Lowell Cunningham y dibujado por Sandy Carruthers. Contrataron al guionista Ed Solomon (con unas pocas comedias en su haber), pero hasta 1997 la película no llegó a ver la luz, incluyendo un retraso para esperar a que el único director que tenían en mente terminara otro rodaje: Barry Sonnenfeld.

La cosa cogió rumbo cuando consiguieron además un buen padrino. Steven Spielberg puso sus recursos y contactos, de forma que la cinta llegó con gran presupuesto y sin problemas distribución (implicación creativa no parece que tuviera). No tardó en unir a una pareja de éxito seguro para los papeles protagonistas. Will Smith estaba en la cima de su fama, sobre todo tras el pelotazo de Independence Day (1996), y al parecer encabezaba la lista de favoritos porque la esposa de Sonnenfeld era fan de El príncipe de Bel-Air (1990). Tommy Lee Jones estaba buena en racha también tras los buenos resultados de El fugitivo (1993) y El cliente (1994), pero era reticente hasta que Spielberg lo convenció. Otro que estaba en plena forma era Danny Elfman, quien ofreció una banda sonora vibrante.

En papel parece la típica película de pareja de opuestos (buddy movie en inglés), pero no fue tan típica, porque, inspirada en el cómic, combinaba policíaco, ciencia-ficción, comedia y acción de forma bastante original y muy emocionante. Se recibió con entusiasmo, pues tuvo críticas buenas y arrasó en taquilla con 590 millones de dólares mundiales, siendo la tercera en recaudación por detrás de dos colosos como fueron Titanic (James Cameron) y El mundo perdido: Parque Jurásico (Steven Spielberg). Explotaron aún más los réditos con una serie animada y diversos videojuegos. Y ha aguantado bien el paso de los años, tanto que a pesar de la pérdida de calidad de sus tardías secuelas (2002, 2012) estas consiguieron arrastrar cifras semejantes, al menos hasta la cuarta (2019), tan infame que el boca a boca frenó su recorrido comercial y probablemente el de la serie. Los productores se forraron y desde entonces tienen una carrera muy exitosa, con muchas colaboraciones con Spielberg.

Barry Sonnenfeld venía de La familia Adams (1991) y secuela (1993), una saga de corte familiar con bastante buena recepción y que sin duda le dio experiencia en el tono de la presente, la mezcla alocada de realidad y fantasía con diversos efectos especiales. Y Hombres de negro resultó asombrosa en lo visual en su época. Lo cierto es que el presupuesto se fue un poco de madre, pues 90 millones es una cifra muy alta en aquel entonces, de hecho, Independence Day y El mundo perdido no pasaron de 75. Aunque no fuera un espectáculo grandilocuente como Independende Day, la mezcla de alienígenas y distintos trucos visuales (el coche transformándose, las escenas de tortas en plan cómic, platillos volantes estrellándose) tuvo un arduo trabajo detrás y un resultado estupendo. Conviene recordar que junto a Las brigadas del espacio (Paul Verhoeven) dio un paso importante en la introducción de criaturas creadas por ordenador, antes que La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), aunque sólo los usaron en planos amplios, en encuadres cercanos utilizarn fantásticos muñecos, animatronics y disfraces. En alta definición lo digital se nota un poco, pero no como para molestar.

Sonnenfeld consigue juntar todas las piezas en un perfecto equilibrio y además aporta un estilo muy dinámico y lleno de recursos. El ritmo enérgico, la duración comedida y el argumento que va al grano garantizan un buen rato diversión. Qué tiempos aquellos en que no se tomaba como obligatorio pasar de las dos horas metiendo rellenos, y en los que se curraban la trama de forma que tuviera un desarrollo lógico e incluso pudieras intuir cosas por ti mismo, ahora casi todo es ir de un escenario vistoso para otro y que en cada uno le caigan pistas encima a los personajes porque sí. No hay bajones ni en la única parte que bastante realmente previsible, las dudas de si el protagonista aceptará y será aceptado en la organización. El relato destaca por jugar bien con el factor sorpresa, teniendo algún giro muy inspirado (el Cinturón de Orión), por su humor desenfadado (a veces grotesco y absurdo), y unas escenas de acción sencillas pero que combinan bien el carisma de los personajes y los efectos especiales. Sólo podría decir que abusa un poco de los chistes de tortas, en plan slapstick, y le hubiera venido bien más gracias ingeniosas. La escena de la pelota rebotando y liándola parda por la oficina para mostrar los problemas de adaptación de J al trabajo es muy, muy tonta, y la del parto de una alienígena muy forzada, pues K no ve a la mujer en el asiento trasero del coche gimiendo y la situación en si tampoco tiene mucha gracia.

Pero lo mejor es la pareja protagonista. Tommy Lee Jones como el veterano serio y tranquilo y Will Smith como el joven alocado que tiene habilidades pero también mucho que aprender son un deleite de ver, llenan la pantalla con su magnetismo y gracia. El proceso de selección, con la tronchante prueba de tiro, es memorable.

Hay algunos secundarios de lujo, pero en papeles breves o raros y no lucen mucho: Tony Shalhoub, Rip Torn, Vincent D’Onofrio. Más atractiva resulta la gradual inclusión de Linda Fiorentino como parte del equipo, pero lo cierto es que toma protagonismo demasiado despacito, dando la sensación de que infravaloran el potencial del personaje y de la actriz, y en la pelea final queda un poco como mujer florero que rescatar hasta que coge el arma. La pena es que Fiorentino a partir de aquí se fue alejando del cine por diversas razones, y en la segunda entrega no tomó el papel protagonista que tenía a tiro. Le iba más el cine independiente, aunque no conseguía asentarse del todo, tenía fama de ser un grano en el culo en los rodajes, y le alcanzó el caso Pellicano (un investigador privado usado por muchos en Hollywood que empleaba técnicas muy sucias -escuchas ilegales, armas, extorsiones-) y su credibilidad quedó aún más en entredicho, de forma que desde el año 2000 sólo ha aparecido en dos películas, la última en 2009. Entre esto y el éxito del dúo Tomm Lee Jones y Will Smith, recuperaron al agente K para las secuelas a pesar de su retiro al final de esta historia.

Pienso que las nuevas entregas han conseguido revalorizarla y mantener el recuerdo más vivo de lo que por sí sola hubiera conseguido. No creo que entre en la categoría de cinta de culto, ni menos aún en la de gran película que deje huella, como mucho es de esas que pillas en la tele o en alguna plataforma online cuando estás indeciso y terminas viéndola porque sabes que es un valor seguro. Pero con un nuevo episodio cada cinco o diez años avivan su recuerdo, y como suelen ser flojos, además realzan su valor, quizá hasta el punto de sobrevalorarla.

PD: Rip Torn, quien interpreta a Z, el jefe, falleció en junio de 2019, pocos días antes del estreno de la cuarta parte (aunque ni en esa ni en la tercera apareció).

Ver también:
-> Hombres de negro< (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Dolor y dinero


Pain and Gain, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 129 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Mark Walhberg, Dwayne Johnson, Anthony Mackie, Tony Shalhoub, Ed Harris.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Guion excelente, lleno de escenas geniales rebosantes de locuras y humor. Personajes magníficos y actores muy competentes.
Lo peor: Que no haya tenido el éxito que merece.
Mejores momentos: La confusión de coche, la reunión vecinal, la motosierra, la parrilla, el juicio resumido a través de chistes enormes…

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A pesar de su mala fama me parece indudable que Michael Bay tiene bastante talento como director de acción. El problema es que no termina de centrarse y dejarlo salir por completo, no es capaz de dejar atrás algunas limitaciones importantes. La principal y de la que derivan todos sus fallos y manías es que tiene una visión del mundo muy inmadura. Por ello elige guiones de escasa inteligencia y llenos de tonterías, y rueda ensalzando aspectos bastante criticables: clichés adolescentes, machismo, patriotismo exacerbado, grandilocuencia descontrolada… Así pare títulos tan irregulares como Transformers 3, máximo exponente de sus errores y aciertos: es terriblemente estúpida, pero cuando se centra en la acción logra algunas de las mejores escenas de la historia del género (la parte del edificio… sin palabras).

A mediados de su carrera se ve que intentó crecer con un par de producciones más serias: con Pearl Harbor emuló descaradamente el éxito de Titanic como drama emocional de grandes proporciones, y con La isla pretendió una de acción inteligente. Pero se estrelló estrepitosamente por culpa de los mismos puntos de vista y errores: asombrosamente ridículo fue el guion que aceptó para la primera, y la otra no ofreció nada llamativo. Desde entonces en vez de aprender algo se dedicó a potenciar esa vena más que juvenil inmadura, porque tristemente hay que admitir que su estilo y películas triunfan, fomentando así el círculo vicioso. Es decir, no va a replantearse nada mientras lo que haga se acepte en la taquilla, por mucho que luego lo pongamos a parir.

Viendo el panorama nada esperaba ya de él, pero de repente sorprende con Dolor y dinero, un título menor (no independiente, pero casi) de escasísimo presupuesto (20 millones, diez veces menos que en sus últimas producciones) que con un guion excelente y una puesta en escena que lo aprovecha muy bien debería abrir los ojos a cualquier detractor, pues aun siendo una comedia alocada demuestra que Bay puede rodar cine serio, es decir, inteligente y de calidad. Y digo debería porque no ha causado mucho impacto: a pesar de haber tenido buena distribución y publicidad no la ha visto casi nadie (85 millones de recaudación mundial), algo que no logro entender dado el tirón del director, capaz de triunfar con basuras como Dos policías rebeldes, mientras que la recepción crítica ha sido correcta pero no llamativa. Por ello me parece una película a reivindicar, una que creo ganará con el boca a boca y el tiempo. Pero me temo que si enlazo con lo dicho en el párrafo anterior aparece una mala lectura de todo esto: si con esta película que se sale de su onda no ha tenido éxito, se aferrará aún más a su tónica habitual… De hecho se rumorea un Dos policías rebeles III.

Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely (ambos trabajan siempre juntos, teniendo títulos como la trilogía de Las Crónicas de Narnia, Capitán América o Thor 2) se basan en la historia real de un grupo de perdedores que, obsesionados con el sueño americano de triunfar, optan por agarrar ese sueño en vez de ganárselo: se plantean el secuestro de un tipo con dinero para extorsionarlo. Como patanes que son, todo les sale fatal, y se sumergen en una espiral de calamidades que los lleva directo al abismo, con asesinatos incluidos.

El delirio está garantizado en este trepidante, original y divertidísimo relato, alzándose como una de las mejores comedias gamberras que recuerdo desde Very Bad Things (aunque sin un humor negro tan excesivo). La gracia emerge de las situaciones absurdas, casi irreales a veces, de las meteduras de pata (cuando se equivocan de coche…), de las excentricidades y tics de los protagonistas (Victor y su palabrería incesante, Paul el buenazo…), de los excesos cometidos (Paul derrochando el dinero en droga)… Toda secuencia es un despiporre, y hay escenas descojonantes cada dos por tres. La policía sin creerse el relato de Victor, la devolución de la motosierra con restos de sangre, la reunión vecinal de seguridad, las paridas que le suelta Daniel a los niños que entrena… Llega un punto en que muy acertadamente nos recuerdan, mediante texto en pantalla, que estamos ante una historia real, consiguiendo realzar lo absurdo de los hechos mientras se logra otro chiste genial.

La narrativa es más que vivaz, es impresionante: de principio a fin es un no parar, con cada tramo bien medido en el tiempo y el ritmo, pues aunque se notan capítulos bien diferenciados (la presentación de personajes, la preparación del crimen, el desastre, las secuelas, la persecución del detective) todos duran lo necesario, se enlazan con habilidad y fluyen de maravilla. Bay saca lo mejor de sí con sus travellings constantes, su fotografía llena de colorido y los numerosos recursos de los que hace gala en las escenas más exigentes. Además capta a la primera el tono irreverente y casi auto paródico y lo aprovecha muy bien, formando un aura de fábula sobre el fracaso que potencia el tono lastimero pero humorístico de los acontecimientos. ¿Se ven algunos de sus cansinos tics?, os preguntaréis. Pues en cierta manera están ahí: las mujeres tienen un papel de mero objeto, la patria se ensalza bastante… Pero también forman parte de la parodia: la chica es tonta porque los protagonistas lo son también y no pueden aspirar a más, y como decía las señas clásicas de Estados Unidos son objeto de burla (hasta algunas cosas secundarias, como las reuniones sobre superación personal y empresarial, se ridiculizan sabiamente). Lo cierto es que sorprende que un tipo que hace un cine tan conservador tenga tanto sentido de autocrítica.

La descripción de los personajes es certera, cada uno tiene su forma de ser, sus manías y limitaciones, y los actores los interpretan muy bien. Mark Walbergh acierta de lleno a la hora de mostrar un tontaina ambicioso, y Dwayne Johnson sorprende enormemente (nunca mejor dicho) con su panoli perdido de la vida al principio y que evoluciona muy bien hacia la desesperación. Anthony Mackie tiene menos presencia pero está correcto. Tony Shalhoub y Ed Harris son valores seguros, y ambos están en su salsa: el primero puede dar rienda a su vena histriónica, pues el personajillo que tiene entre manos es repelente y consigue que dé grima y pena a la vez, y Harris como serio agente retirado flipando por el caso cumple de sobras.

Dolor y dinero es una de las mejores comedias de los últimos años, tan carismática y divertida que no entiendo cómo no ha pegado un pelotazo como el de otras locuras consideradas de culto, como Snatch, porque desde luego lo merecería. Y es la prueba de que Michael Bay, si elige bien el guión, puede hacer buen cine.

Cars


Cars, 2006, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 115 min.
Dirección: John Lasseter, Joe Ranft.
Guion: John Lasseter, Joe Ranft, Jorgen Klubien, Dan Fogelman, varios.
Actores: Owen Wilson, Bonnie Hunt, Paul Newman, Larry the Cable Guy, Cheech Marin, Tony Shalhoub.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: La animación sigue estando un poco por encima de la media.
Lo peor: Los personajes son arquetipos demasiado evidentes. La historia es también previsible y simplona.

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Cada nueva película de Pixar la recibía con los brazos abiertos y con la seguridad de disfrutar de otra maravillosa obra cinematográfica. Desde Toy Story cada cinta venía siendo gloriosa, y el único problema que podría citarse es que al ser animación siempre son consideradas como simples entretenimientos o como cine de segunda. En mi particular adoración a la empresa nunca había pensado que pudieran defraudarme, pero el tardío visionado de Cars (con las críticas que tuvo siquiera me resultó atractiva para ir al cine) me confirma que hasta los más grandes cometen deslices, porque llegó antes de la compra de Pixar por Disney, así que no podemos echar balones fuera.

Desde los primeros compases hasta el nada sorprendente final Cars navega por unos derroteros demasiado típicos y previsibles tanto en la historia y los protagonistas como en los dilemas o enseñanzas morales. El héroe mimado más proclive a actuar que a pensar y acomodado en las mieles del éxito fácil, la chica inteligente y cautelosa, la vieja gloria, el amigo lelo y simpático… Todos los esquemáticos caracteres son ubicados en aventuras nada originales donde cada conflicto y resolución se ve venir con muchísima antelación. La animación es lo suficientemente sólida como para seguir destacando sobre la competencia, pero no deslumbra en ningún momento, sobre todo porque el diseño de personajes resulta mejorable, aunque es cierto que era dificilísimo dotar de personalidad a los coches.

Pero lo peor de lo peor es la inclusión forzada y fallida de voces de personalidades conocidas en el doblaje español, destacando al insufrible Paco Lobato, el locutor más odiado por los seguidores del deporte del motor. ¿Por qué se antepone en algunos casos como este la política comercial a la artística?

La mala recepción dejó su taquilla algo por debajo de las precedentes, pero seguramente vendiendo cochecitos y peluches se hicieron de oro.