El Criticón

Opinión de cine y música

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Jurassic World


Jurassic World, 2015, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Colin Trevorrow.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow, Derek Connolly.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Ty Simpkins, Nick Robinson, Vincent D’Onofrio, Irrfan Khan, BD Wong.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales. Ritmo enérgico y sentido del espectáculo de primera.
Lo peor: Podría haber sido una gran película si tuviera personajes con un mínimo de calidad, pero se empeñan en reunir topicazos y gilipolleces hasta casi convertirla en cine cutre. Y como viene siendo habitual, los tráileres que te cuentan todo.

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Alerta de spoilers: Quizá cuento demasiado si quieres verla sin saber absolutamente nada.–

La presentación del parque y los protagonistas, la exposición de las cosas que van saliendo mal (ambiciones, incompetencias, fallos de seguridad), el desastre en que se convierte todo, la irrupción de los dinosaurios, los distintos frentes activos, la construcción metódica de largas piezas de acción… Visto así parece un descarado remake de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), con infinidad de referencias puntuales además, pero en imágenes disimula bien y tiene suficientes novedades como para funcionar como película con entidad propia. De hecho, mantiene el alma de la saga mejor que El mundo perdido: Parque Jurásico (Spielberg, 1997) y Parque Jurásico III (Joe Johnston, 2001), donde no supieron ni repetir la fórmula ni alejarse de ella manteniendo alguno de los elementos básicos: efecto asombro, ambiente tenso, acción espectacular y personajes de calidad. Me sorprende que hoy en día, y más habiendo pasado tantos años desde la original, hayan sido capaces de recuperar algo de esa magia que combinaba la fascinación por lo desconocido y el espectáculo sobrecogedor. De ahí que, aun teniendo en líneas generales un guion indefinido, con unos protagonistas paupérrimos, haya sido bien recibida: los factores nostalgia y asombro funcionan lo suficientemente bien como para que salgas del cine emocionado. Luego en frío te paras a pensar en sus muchas carencias, eso sí.

El director Colin Trevorrow es una apuesta sorprendente por parte del estudio: era un don nadie sin experiencia en la acción, pues sólo tiene en su haber un largometraje, Seguridad no garantizada (2012), una obra sencilla sobre adolescentes que vi en su momento porque tiene cierto culto a su alrededor, pero no me llamó la atención y la olvidé enseguida. Pero aquí hace gala de un gran dominio narrativo con el que consigue transmitir bastante bien todas las emociones buscadas: el intenso espectáculo, las dosis justas de intriga y unos pocos sustos garantizan que la adrenalina esté siempre fluyendo. Las escenas de acción sencillas atrapan tanto como las más grandilocuentes, aunque obviamente estas van algo más allá, consiguiendo dejarte absorto, casi sin aliento. Por ejemplo, el tramo final es impresionante, pero la persecución de los raptores al furgón no se queda atrás. En esto también supera a las dos entregas previas, que en lo visual carecían de garra y el espectáculo se quedaba bastante corto. Aun así hay alguna cosa mejorable, como que no me quedó claro qué es del gentío tras el ataque de los pteranodones (en el jaleo final no parece quedar nadie), o cuántos velocirraptores van muriendo en lucha final, porque aparecen y desaparecen sin que quede claro su número y ubicación.

Por supuesto hay que destacar los impecables efectos especiales, donde lo digital parece totalmente real (no entiendo a los que dicen que cantan mucho, ¿es que su cine tenía los colores alterados?) y está perfectamente integrado en las imágenes y la narración, así como los excelentes efectos sonoros. Lo único que se queda un poco corto es la banda sonora de Michael Giacchino, que homenajea bien a la grandiosa creación de John Williams pero no llega a aportar nada de su propia cosecha que resulte llamativo. Tampoco las otras dos secuelas tenían una música con pegada, todo sea dicho.

Jurassic World es un espectáculo muy gratificante que está diciéndote a gritos “voy a ser una buena película y quizá incluso un episodio digno de alabanza”… pero por desgracia no llega a hacerse realidad, porque el guion parece haber sufrido los zarpazos de otros dinosaurios: los carcas de los estudios. No me cabe duda de que esta es una de esas cintas mancilladas por productores que obligan a incluir patrones e ideas que van minando la solidez y el alcance del producto. Sólo así puedo explicar que una trama bastante equilibrada y con tantas posibilidades fuera destrozada poniendo en ella semejantes esperpentos de personajes que además sirven para lanzar manidos mensajitos morales y un sentido del humor que produce vergüenza ajena. Y no digamos el tema de los anuncios, que directamente debería estar penado por la ley por ser publicidad subliminal. La visita de Claire a Owen en su cabaña es simple y llanamente un anuncio de Mercedes y Coca Cola, toda la escenificación está pensada para lanzar los mensajes de esas empresas: el Mercedes asociado al éxito y el dinero, la Coca Cola la popularidad social (el guaperas, la moto, la chica).

Como resultado, una obra impecable en lo visual y con enorme potencial está apunto de resultar un desastre. Para muchos lo es, porque si no conectas en lo emocional, si sólo analizas la lógica, se cae a pedazos. Si tanto estereotipo y tontería se te atraganta y te nubla las otras virtudes del relato, te va a resultar una obra mediocre. Yo he sufrido algunos cabreos, pero no como para impedirme disfrutar de un título de acción más que aceptable. Pero sí, es decepcionante que lo que se podía haber alcanzado con unos protagonistas mínimamente decentes y algo más de inteligencia en el guion se eche por el retrete por la obsesión de cumplir con los tópicos de turno y tratar de contentar a todo el público posible. Voy de personajes menos relevantes a más:

La pareja de técnicos… Jodeeeeeer, ¿se está convirtiendo en norma el incluir algún secundario rematadamente estúpido? Qué cosa más salida de madre: la chica tonta, el friki rarito, los chistes y diálogos cutres, el pseudo romance cómico inaguantable… Y no me olvido del guardia de seguridad gordo y torpe, que parece puesto ahí para reírse de los obesos. Por favor, que en bluray saquen una versión con esta gente asquerosa eliminada del metraje.

El doctor que vimos en la primera entrega, Henry Wu (DB Wong), resultaba simpático, se veía a alguien honrado… Pero aquí lo han convertido en el científico loco que crea monstruos, porque la ciencia es así de peligrosa. Es un mensaje inherente a la saga desde el primer episodio, pero aquí se simplifica aún más, porque el cine es cada día más tonto, o el espectador es cada día más tonto, o las dos cosas. El militar pesado (Vincent D’Onofrio) es para echar de comer aparte… literalmente, porque su presencia es como ajena a la película: está ahí armando jaleo y siendo molesto (en especial para la inteligencia del espectador), pero al final realmente no tiene peso en la trama, salvo morir de forma tonta para hacer gracia a los peques y dejando “grandes” mensajes pro-naturaleza y anti-ambición, como también es habitual en la serie. Con el millonario en cambio no sé qué pretendían: el tío va de responsable y de héroe y se estrella. ¿Querían ampliar esos dos mensajes recién citados o buscaban otra cosa? Lo que queda es una especie de chiste desubicado y malogrado, y encima incongruente: para forzar su gesta tenemos escenas donde repentinamente no hay un solo piloto de helicóptero, pero cuando no está aparecen a puñados de la nada. Y para rematar, tenemos al negro amigo del prota blanco, puesto ahí con todo descaro para cumplir el cupo racial: no tiene entidad alguna y tras la proyección ni recordarás qué hizo.

La pareja de niños son otros dos topicazos andantes. El adolescente irresponsable que sólo piensa en ligar y el jovenzuelo sabihondo que sufre el divorcio de los padres. Pero al menos no resultan repelentes, sólo simplones, y los intérpretes no están mal, con lo que cumplen de forma justita. Obviamente se quedan a años luz de los chavales de la primera película, pero no dan ganas de que mueran destripados como la odiosa niña de la segunda.

La protagonista, Claire, es una fría y exitosa ejecutiva… que deja de lado a veinte mil personas y se mete en un entorno que desconoce para buscar a sus sobrinos. No, no cuadra. La mujer que me has presentado se quedaría en la sala de control tratando de solucionar todo a la vez, pues ahí es desde donde mejor puede gestionar la crisis. Está claro que pretendían tratar el típico y cansino mensaje de unión familiar contra la obsesión por el trabajo, pero no se esfuerzan lo más mínimo por darle sentido y lógica, por narrarlo bien. Sueltan los clichés básicos sin pensar en las consecuencias: la presentación donde se olvida de los chavales por alguna reunión, los remordimientos, la superación de sus “errores” mientras empieza a poner la familia por delante de todo lo demás, y el reencuentro y redención. No importa que nada tenga coherencia, parece que lo único importante es el mensaje. También cabe señalar el descarado relleno que le han puesto en el sujetador y el cachondeo que hay con que se tira toda la película corriendo con tacones. Y no olvido comentar que hubo quejas sobre que era un rol machista, pero visto el destroce generalizado con los personajes es solo un esperpento entre muchos, y no veo por qué se armó tanto jaleo; se ve que es el tema de moda para montar polémicas exageradas.

El macho alfa es otro estereotipo pero al menos resulta coherente. Owen es el clásico empleado curtido y profesional que no traga con la incompetencia de los jefes, una descripción sencilla pero que ofrece un individuo creíble. Además, su viaje por el relato es consecuente con lo mostrado inicialmente. El gran carisma de Chris Pratt lo realza bastante, y también debo decir que me alegro de que no buscaran un tipo graciosete y simpático para exprimir el éxito de su papel en Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), algo que temía que ocurriera. De hecho, con su seriedad y esfuerzo resulta el único realista y atractivo del grupo (y no hacía falta que los niños lo endiosaran como a un superhéroe, en otro de esos ramalazos infantiles inaguantables). Bryce Dallas Howard también está muy resuelta en su absurdo personaje, limando así un poco lo irritante e inverosímil que resulta. Pero luego tenemos la dinámica entre ambos, también forzada a los estereotipos de turno: el odio inicial y el entendimiento y beso final. Pero entre medio no hay proceso de cambio alguno, las cosas ocurren porque sí sencillamente porque algún mandamás dijo que así deben ocurrir.

La Indomitus, el dinosaruio más relevante, también merece su apartado. Resulta que han creado un bicho enorme e impresionante para atraer a un público que ya se ha cansado de ver cosas mundadas como el Velopcirraptor y el Tiranousaurio (en serio, eh). El caso es que Owen, uno de los principales cuidadores, no sabe que existe. Difícil creer que se pueda guardar tal cosa en secreto. Y resulta ser muy lista, tan lista que sabe que han puesto sensores de calor para vigilarla y que tiene un localizador implantado (que para colmo, va con luz y sonido a pesar de estar bajo la piel…). Y ya que estoy hablando de dinosaurios, me pregunto en qué cabeza cabe tener cientos de carnívoros gigantes voladores, menuda locura (aunque en las dos anteriores también había, y en la segunda además sueltos).

Queda una producción palomitera bastante vistosa pero con las carencias de siempre en el género, cuando da la sensación de que debería haber sido mucho más. La propia premisa termina pareciendo una parodia de la existencia misma de la película: el público sólo quiere lo más grande y ruidoso sin importarle el resto del contenido, los productores empeñados en concedérselo aunque sea a costa de destrozar un material que apuntaba mucho más alto.

Ahora bien, decía que entiendo que haya sido bien recibida, pero una cosa es que funcione y otra que haya roto récords uno detrás de otro hasta llegar a 1.600 millones de dólares de recaudación mundial. No es original ni revolucionaria, no forma parte de una saga que estuviera pegando fuerte actualmente. Me sorprende mucho que tanta gente le tuviera tantas ganas. Se ve que la campaña publicitaria ha funcionado. La secuela está garantizada, y es de suponer que no arreglarán sus fallos, sino que incluso probablemente hayan pensado que son lo que le ha dado el éxito… Por cierto, esa secuela molaría si se centrara en los juicios millonarios y en cómo la protagonista y demás accionistas acaban en la cárcel por la muerte de cientos de personas.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
-> Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Insidious


Insidious, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, terror.
Duración: 103 min.
Dirección: James Wan.
Guion: Leigh Whannell.
Actores: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Andrew Astor, Lin Shaye, Barbara Hershey.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena, en especial la fotografía.
Lo peor: El guion es una torpe y aburrida mezcla de todos los tópicos del género.

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Al principio me dejé de llevar porque está bien rodada. La fotografía es muy hábil, adecuada a cada circunstancia y sacando gran partido del formato panorámico en escenarios muy cerrados. Se obtienen planos hermosos, dinámicos y muy expresivos, y junto a la acertada elección del colorido apagado y el buen pulso del director el aspecto visual obtenido es bastante eficaz para un filme de estas características. Sin embargo el guión no está a la altura, así que no se llega a componer una atmósfera inquietante, oscura y subyugante como la que cabría esperar en unas condiciones que de base prometían tanto. Solamente es atractiva para los ojos, el resto de sentidos se duermen rápidamente porque no se ofrece nada capaz de llamar la atención.

Si en su inicio parece poco original (casa encantada, libros cayéndose, niños que dan miedo), conforme avanza la cosa empeora de manera exponencial. Los tópicos descarados se acumulan cada vez más hasta terminar siendo una mezcla poco efectiva de distintas obras emblemáticas del género (tanto que parece un remake velado de Poltergeist). Esa total falta de originalidad me ha impedido conectar con el relato, porque claro, si ya lo he visto todo cómo esperan que me resulte llamativo y más aun sorprendente.

De tanto copiar arrastra además un problema común del género: el intento de explicar y racionalizar lo que ocurre. Señores, es fantasía, no pierdan el tiempo metiendo discursos pseudocientíficos, que aparte de ser ridículos los han puesto de modo que encajan fatal. La clásica viejecita con poderes es cargante, pero lo que resulta inaceptable es la pareja de frikis. ¿Humor, autoparodia, parodia del género? Ni idea, pero tras la falta de originalidad suponen el segundo gran bache de la cinta, el que terminó por sacarme por completo de la historia. Sus chistes, sus pintas, su rivalidad absurda, sus aparatos sacados de Los Cazafantasmas… Desde que aparece esta gente en adelante no hay por dónde agarrar la película. La escena de espiritismo en la mesa y el paseo por el más allá son una orgía de memeces, efectos visuales y sonoros utilizados sin sentido narrativo, cosas que no se entienden (¿por qué el demonio aparece y desaparece poco a poco en vez de soltar una cuantas hostias de golpe?) y por supuesto no falta el final trampa que intenta dejarte mal cuerpo, y lo consigue por cutre e inexplicado.

Y lo peor es que aun tomando las mejores ideas y secuencias de cintas superiores no da miedo. Un par de sustos facilones y gracias, pero ningún tramo inquietante ni sensación de desasosiego, ningún clímax que acojone. Parece que los realizadores son conscientes de ello, pues tratan de asustarte a base de golpes sonoros excesivos que estropean aún más la atmósfera: llegan a ser muy pero que muy molestos.

En el reparto tenemos una de cal y otra de arena. Rose Byrne ofrece un esforzado recital interpretativo, mostrando muy bien las penurias de una madre agobiada, pero Patrick Wilson, que me parece un buen actor (recordemos su papelón en Hard Candy), anda perdidísimo; se nota que el problema es su personaje, que sobra en prácticamente toda la cinta y no termina de definirse en ningún momento, pues su única función es servir como explicación para lo que ocurre. En el resto de metraje no pinta nada, y hacia el final lo convierten en el padre de familia que resuelve heroicamente los problemas. El personaje de Byrne tenía mucho más peso y fuerza, pero en esa última parte se limita a llorar mientras el otrora distante y aburrido padre corretea entre fantasmas. Dejar de lado a la protagonista central en los momentos cumbre es sin duda un error de planteamiento.

El director James Wan y el escritor Leigh Whannell son especialistas en el cine de pseudo-terror barato y comercial (fueron creadores de la infame pero exitosa saga Saw), y si antes de verla llego a darme cuenta de que era obra suya ni me hubiera planteado su visionado. Insidious es claramente una mezcla preparada para sacar tajada de la taquilla fácil, del espectador actual, que de perezoso y poco culto se le puede engañar con trucos viejísimos y escenas copiadas de otros filmes, porque para él el cine anterior a los noventa (o incluso anterior al año 2000) es viejo y no piensa verlo. A quien tenga más cultura le parecerá una tomadura de pelo, muy bien hecha, eso sí.