El Criticón

Opinión de cine y música

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Sicario


Sicario, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 121 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Taylor Sheridan.
Actores: Emily Blunt, Josh Brolin, Benicio Del Toro, Victor Garber, Jeffrey Donovan, Raoul Max Trujillo.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: La notable dirección de Denis Villeneuve, la música, la fotografía. El carisma de Emily Blunt, capaz de llenar la pantalla sin diálogos.
Lo peor: El guion más que simple parece incompleto.
Mejores momentos: El viaje a Méjico, el asalto en el túnel.

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Una competente agente del FBI, Kate Macer, llama la atención de un destacamento especial que lucha contra la influencia de los cárteles mejicanos en EE.UU., y la invitan a formar parte del grupo. Pero la violencia de estas mafias y las técnicas sucias de su nuevo trabajo podrían ser demasiado para ella: su idealismo y profesionalidad se verán ante retos que no había podido ni imaginar. Este viaje al infierno se expone a través de una trama muy sencilla pero exprimida con gran esfuerzo por el realizador canadiense Denis Villeneuve (Prisioneros, 2013) y está muy bien apuntalada por la excelente interpretación de Emily Blunt (Looper -2012-, Al filo del mañana -2014-).

Villeneuve maneja que da gusto el tempo narrativo, contruye un ambiente tenso con puntos álgidos sobrecogedores que transmiten magistralmente la sensación de desasosiego e inquietud por los inminentes peligros que rodean al equipo. Hay un par de escenas cumbre de las de agarrarse a la butaca conteniendo la respiración: en la misión a Méjico y el asalto al túnel el nivel de tensión pone los pelos de punta. Pero es ineludible mencionar la importancia de los elementos en los que se apoya: la banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson (La teoría del todo, 2014) es minimalista (sin grandes despliegues orquestales) pero esencial a la hora de realzar el peligro, la fotografía de Roger Deakins (destacando en especial en las escenas nocturnas) es vistosa pero equilibrada, y el montaje de Joe Walker es excelente. Finalmente, con Emily Blunt transmitiendo el estado de ánimo de Kate con gran intensidad, llenando la pantalla de forma impresionante en las muchas escenas en que los diálogos son escasos, se termina de lograr un thriller muy atractivo en lo visual y con bastante pegada.

Pero mucho me temo que la película se queda a las puertas de alcanzar metas más altas, pues el guion de Taylor Sheridan no vale para el thriller serio y de altos vuelos que sin duda buscaban. De ramplón y superficial resulta predecible, y tiene muchos huecos. La proyección avanza como si fuera el eterno prólogo de una trama que promete desarrollarse pero que no llega realmente a hacerlo, dejando un relato expuesto a retazos y algo forzado que no logra dotar de coherencia y entidad a la historia y el resto de personajes. Hay otros buenos actores, ojo, como Benicio del Toro y Josh Brolin, pero son roles secundarios muy puestos al servicio de la trama, no se les da vida con la fuerza y verosimilitud suficientes como para que resulten personajes naturales: el de Brolin es un cliché con patas y el de Del Toro puro humo; y peor resulta el amigo negro de la protagonista (Daniel Kaluuya), aburrido como él sólo y que evidentemente sólo sirve para tener una conexión con su mundo anterior, por no decir que no se justifica su presencia: no lo quieren ahí pero el tío se apunta a todo y nadie rechista. Realmente tampoco explican bien la presencia de Kate en el grupo, y cuando lo hacen resulta bastante cutre.

En cuanto a la trama, más o menos lo mismo, indefinición y patinazos. Unos cuantos giros que ni siendo muy rebuscados dejan de verse venir de lejos (como el estadounidense traidor, que además es completamente inverosímil), otros tantos puntos oscuros (la amenaza de muerte que sufre ella no hay quien se la crea, sabiendo lo fiel a las reglas que es y lo poco que tarda en ir a sus superiores cuando ve irregularidades), y varios momentos sensacionalistas (el asalto a la mansión parece sacado de una entrega de James Bond, con silenciador imposible incluido -¿esto no era una película seria?-). En todo este caos finalmente queda un análisis paupérrimo de temas que prometían mucho más: hasta dónde llegar con la lucha contra los cárteles, las peleas entre agencias, el oscurantismo gubernamental, etc.

Es cierto que Villeneuve consigue sacar bastante energía casi de cualquier escena (igual que el guion del telefilme que tenía en Prisioneros -2013-), pero eso no impide que el ritmo tenga algunos altibajos. Entre eso y las vaguedades del guion, aunque Sicario te hace pasar muy buen rato, poco después empiezas a pensar en sus carencias y en que podía haber dado mucho más de sí.

Argo


Argo, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, drama, histórico.
Duración: 120 min.
Dirección: Ben Affleck.
Guion: Chris Terrio, Tony Mendez (novela), Joshuah Bearman (artículo periodístico).
Actores: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Rory Cochrane, Kerry Bishé, Kyle Chandler, Titus Welliver, Zeljko Ivanek.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena notable, ritmo excelente.
Lo peor: No resulta muy impactante y se le ven mucho los trucos cinematográficos.

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Basándose en una crisis política con Irán que acabó con el secuestro de numerosos funcionaros estadounidenses en su propia embajada, Argo narra el rescate de seis escapados al caos que lograron refugiarse en casa del embajador canadiense. El plan es estrafalario y atrevido: simular una producción cinematográfica (de nombre Argo) para introducir al especialista en rescates, reunir el grupo y sacarlo en avión como parte del equipo de rodaje.

La narración se desarrolla con fluidez y las desventuras de los muchos protagonistas resultan muy interesantes en varios sentidos: unas por dramáticas (las escenas en la casa del embajador, con todos al borde de un ataque de ansiedad), otras por divertidas (John Goodman y Alan Arkin como falsos productores de Hollywood) y otras por emocionantes y tensas (los jaleos de la CIA, desde los primeros planes a los líos finales). Aprovechando una buena ambientación (localizaciones, vestuario, colorido de la fotografía) mediante una dirección muy dotada, Ben Affleck construye un relato donde todo está medido al milímetro para buscar una secuencia concreta que consiga unas sensaciones concretas. El director capta muy bien la esencia de los thrillers de los años setenta, y si bien no ofrece una historia compleja u oscura (apenas se adentra en el conflicto político o en temas de espionaje) sí sabe coger lo mejor de la acción basada en personajes envueltos en una atmósfera de tensión y peligro constante. También utiliza con habilidad algunos momentos distendidos bastante originales, recordando al humor rebuscado colado en pleno drama de Tarde de perros.

Pero a Argo le falta algo, pues no causa mucho impacto ni es especialmente trascendente, lo que se deja notar en varias escenas así como en el poso que deja la cinta (prácticamente ninguno, a pesar de que es un visionado muy disfrutable). Esto es resultado de pequeñas sensaciones que se van acumulando poco a poco durante la proyección. La primera es la facilidad con que se intuye el rumbo de cada tramo, pues cada situación y solución se puede predecir con muchos minutos de antelación. Esto lleva al segundo punto: los trucos cinematográficos se ven muy fácilmente. La tensión forzada por la puesta en escena o mediante clichés de guion se nota en bastantes ocasiones, y la sensación de que se subrayan y repiten algunas cosas más de la cuenta también pesa. La persecución al avión es absurda e inverosímil, el paseo por el mercado tiene mucho efectismo (gente, caos, gritos) pero no es capaz de poner realmente peligro sobre los protagonistas, las prisas en la CIA y otros momentos puntuales son de manual de guionista (la activación de los billetes o el retrato compuesto en el último momento, la llamada telefónica a la productora falsa…). Sin embargo, también debo decir que algunos de estos clichés se emplean sabiamente: por ejemplo resulta estupendo como se relaciona el servicio de bebidas del avión con el fin del rescate.

También se puede criticar que la confección de personajes no es muy compleja, pues todos los protagonistas son expuestos como si de secundarios se tratasen, y aunque resultan fácilmente identificables no tienen mucha esencia detrás. Además, cuando pretende buscar complejidad, con ese rol principal que parece inflado por Affleck para copar todo el protagonismo, el resultado dista de ser perfecto. El asunto familiar de este no está bien desarrollado y confluye en un desenlace que sobra por completo y supone un malogrado intento de final emotivo, como si fuera obligatorio terminar una película así (ahí está de nuevo la sensación de que se usa una plantilla para el guion). En cuanto al reparto, Affleck no tiene presencia ni calidad como para dotar de empaque al protagonista (aunque hace un papel correcto, algo digno de citar tratándose de un actor tan mediocre), pero todos los secundarios han sido muy bien elegidos (desfilan nombres conocidos en cantidad: ver ficha) y ofrecen buenas interpretaciones.

Todo ello confluye en que Argo resulte un thriller sin notoria trascendencia ni alcance. Bien compuesto, entretenido y con muchos buenos momentos, pero lejos de ser una gran película. La desmesurada recepción que ha recibido por parte de la crítica y muchos certámenes de premios me da la impresión de que es una respuesta exagerada al injusto poco caso que le hicieron con sus dos anteriores filmes, Gone Baby Gone (claramente superior) o The Town (incluso con sus irregularidades, más impactante). Pienso que los críticos no se creían que Affleck fuera de verdad tan buen director y le pusieron en cuarentena, y ahora el aplauso es más fuerte de lo realmente merecido.