El Criticón

Opinión de cine y música

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Escuadrón suicida


Suicide Squad, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes, suspense, acción.
Duración: 123 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Will Smith, Margot Robbie, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Jai Courtney, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, David Harbour, Jared Leto.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Will Smith y Margot Robbie, y sus interpretaciones, sobre todo la de esta última.
Lo peor: Todo lo demás.
Mejores momentos: El rescate. La escena del bar.
El doblaje: ¿Por qué dejan sin traducir algunas palabras? ¿Es que pensaban que así mola más? “Speech” en vez de “discurso” y otros términos en inglés me descolocaron y molestaron un montón. ¿Pero quién habla así? Aparte, la voz de Joker la pone a parir todo el mundo, y con razón.

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Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa.–

Llega la nueva entrega del universo DC adaptado por Warner Bros. Llega con miedo por parte de los productores, porque el capítulo inicial de la serie que une a varios de sus personajes, Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, no contentó a casi nadie, y aunque la taquilla fue notable, parece ser que esperaban más, así que flota en el ambiente el temor de las siguientes partes se resientan. Y dada la patente torpeza de la que van haciendo gala, los cinéfilos llegamos también con pocas ganas, aunque como buenos frikis, ficharemos. De hecho, los rumores sobre rodajes de escenas adicionales causaron bastante revuelo. ¿Intentaban arreglar una chapuza a última hora? ¿Pretendían darle un toque de humor extra para paliar las quejas sobre el estilo ominoso y trascendental tan postizo de los dos filmes protagonizados por Superman? ¿Querían darle un toque más adulto viendo el éxito de Deadpool? El rumor más sonado es que el director tenía una obra oscura, en la línea de la saga que están adaptando, y el estudio la ablandó y llenó de humor más ligero. Si bien para la crítica sólo puedo basarme en lo estrenado, es inevitable opinar sobre el proceso creativo, pues arrastra decisiones y acciones bastante erráticas que sin duda están afectando a la calidad de los episodios que llevamos.

El primer aspecto reprobable son las prisas, las presiones del estudio, que ponen fechas de estrenos antes de tener si quiera guion, que piden resultados rápidos y exigen cambios en medio del rodaje. Esto no es exclusivo de esta serie, es una plaga en la industria. Incluso grandes obras se rodaron improvisando (como Gladiator), porque una vez en marcha no se puede parar el rodaje, costaría demasiado. O, por centrarme en los superhéroes, Iron Man se apañó bastante sobre la marcha. Así que no podemos decir que sean nuevos en estas malas artes… pero repetir el mismo patrón en tres ocasiones desde luego no te deja en buen lugar…

Se lanzaron a unir Batman y Superman sin haber terminado de asentar al dios de Krypton ni haber presentado al azote de Gotham. Y da la impresión de que lo hicieron porque pensaron que esta confrontación tan popular era un salto necesario dada la tibia recepción de El hombre de acero. Si Marvel arrasó con Los Vengadores nosotros también. Pero olvidaron que la competencia empezó con buen pie, pues Iron Man encantó a todos y supieron superar el gran patinazo de El increíble Hulk consolidando la saga con una segunda entrega de las andanzas Tony Stark, uno de sus iconos, y las primeras partes de las otras dos figuras principales, pues aunque Capitán América: El primer Vengador no fue deslumbrante sí definía muy bien la personalidad del héroe y las características de su historia, y Thor fue la mar de entretenida y mostraba también un rol con carisma. Pero en Warner van a pelo… y se encuentran con un título que debe unir demasiadas cosas y ambiciona demasiado. Y no tienen buenos guionistas y directores, o no les da tiempo a buscarlos, ni les dejan margen para desarrollar con tranquilidad el proyecto: depurar el estilo, perfilar mejor los caracteres y su trayectoria, buscar una trama de calidad y equilibrada… Con ese sistema, no sorprende que Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia resultara un batiburrillo de ideas, personajes y estilos muy mal planteado y ejecutado con gran torpeza.

¿Y han aprendido algo? Pues está claro que no. Con Escuadrón suicida se aferran a la fórmula, innovando únicamente en la aportación de más humor (y como indicaba, todo parece indicar que fue un apaño de última hora). El resultado de ir hacia adelante precipitadamente, saltando a la unión de otro grupo de héroes sin haberlos introducido debidamente, se nota desde las primeras escenas: tienen que lidiar con un material demasiado amplio y complejo, se enfrentan a una producción donde ponen demasiadas esperanzas, y se vuelven locos en el proceso tratando de hacer que todo funcione.

Los protagonistas son presentados con prólogos, flashbacks y resúmenes metidos a mogollón, como si fueran el “anteriormente en…” de cualquier serie. Y esa es la sensación constante: que te has perdido los capítulos que los introducen y no entiendes nada. A pesar de los minutos dedicados apenas definen sus formas de ser, y parece que los realizadores de vez en cuando se dan cuenta de que tienen que explicar un nuevo aspecto de su historia, con lo que recurren a nuevos flashbacks que cuelan con calzador y están llenos de topicazos, porque deben ser breves, que rompen el ritmo. Sólo hay cuatro principales dignos de mención, y sólo dos de ellos dan la talla. Deadshot y Harley Quinn de hecho son lo único que da cierta coherencia, atractivo y dirección a la película. Tienen un carácter bien determinado y bastante sugerente, y son los únicos con escenas con algo de empaque y una leve evolución (su acercamiento y entendimiento mutuo), los únicos con chistes que incitan a la sonrisa y cuyos problemas llaman mínimamente la atención. Will Smith alterna bien los momentos sombríos con los de excitación y cabreo, y Margot Robbie (dada a conocer en El lobo de Wall Street) está fantástica con su repertorio de coqueteos y locuras.

Los otros dos relevantes se estancan en estereotipos, desaprovechando sus posibilidades. El coronel prometía pero termina siendo muy monocromático, pues su motivación es muy básica y no da más de sí. Joel Kinnaman (The Killing, Robocop) es buen actor, pero no tiene donde agarrarse. Amanda Waller, la agente secreta que arma el comando, también se queda en una promesa: la de ofrecer un villano más complejo y terrenal que el ente mágico que hace las veces de enemigo final, así como ahondar en la corrupción y la ambigüedad moral. Pero se pasan recalcando lo obvio hasta convertirla en otro vulgar cliché: los protagonistas tienen que quedar como medio buenos (empezar como malotes pero acabar abrazando la responsabilidad y la colaboración), así que hay que dejar claro que ella es la mala, y lo hacen con algunas escenas dignas del “mejor” cine cutre, como esa en la que se carga a tiros a sus propios hombres. De risa. Ni la correcta interpretación de Viola Davis (Criadas y señoras, El juego de Ender), que consigue excelentes miradas de hijaputa, levanta el interés.

El resto de personajes están incluidos para cumplir el cupo pero sin saber qué hacer con ellos, quedando como secundarios extravagantes de adorno. ¿Cuál se supone que es la habilidad o poder del atracador y qué pinta en todo esto? Con la asiática y su katana tenemos otro tópico cansino. Parece que siempre tiene que haber algo monstruoso y bruto tipo La Cosa/Hulk/Groot, y cumplen con ello sin preocuparse por darle una personalidad. No falta tampoco el que quiere ser bueno pero no le dejan, que tendrá su giro tan previsible como aburrido. Y para rematar está el que desde el primer momento apunta a que será carnaza, del que no te vuelves a acordar porque no ha dejado huella.

En cuanto a la dinámica de la pandilla, esta tampoco da nada de sí. Sin diálogos con ingenio, cinismo e ironía, sin chistes de nivel, sin escenas que expriman a los caracteres, lo que queda son tipos raros andando por la calle. Los temas de amistad en tiempos difíciles, caídas al lado oscuro y retomar el camino, así como los juegos con los límites de la ética y los puntos de vista sobre la misma, son superficiales, anecdóticos, como si no pusieran esfuerzo en tratarlos, como si no fueran importantes. Pero al final los autores se acuerdan de que hay que cumplir con ello, que de eso va la película, así que de repente los personajes deciden unirse, afirman que son una familia, y se lanzan a luchar por el tipo que los está extorsionando con su libertad y su vida, todo ello sin una razón clara, pues salvo el incipiente romance o colegueo entre Quinn y Deadshot, ninguno se ha movido un ápice desde su primera aparición. Es que hay alguno que se va, pero luego vuelve porque sí. También podemos preguntarnos la lógica misma de la concepción del grupo… ¿De qué podrían servir un francotirador, una loca, un atracador y una espachina contra un enemigo del calibre de Zod?

Y sobre las inclusiones de otros de la saga, daba la impresión de que con Joker iban a superar el fallo de Batman vs. Superman con Wonder Woman, es decir, si va a ocupar muchos minutos debe tener una influencia en la trama y los protagonistas. Pero por desgracia no logra hacerse un hueco a pesar de tener bastante metraje. Un tipo loco maquillado que mata gente, no hay más. Termina siendo un anodino complemento de la historia de Quinn, con lo que obviamente los que esperábamos más de una figura tan llamativa y con tanta presencia en los anuncios hemos acabado muy decepcionados. El resto (Batman, Flash y otros indefinidos) los muestran en modo cameo como diciendo “tenemos un plan para la serie”, cuando la evidencia apunta a lo contrario. Con unos personajes tan desconocidos (Cyborg, Aquaman) no puedes hacer esto, sólo genera confusión. ¿Pero quieres llegar a todo el mundo o sólo a los lectores más acérrimos?

Con este grupo tan desaprovechado, que oscila entre la indiferencia y el aburrimiento y tiene pocos momentos dignos, no hay muchas formas de lograr una aventura que enganche… y menos si tampoco le pillan el tono que se esperaba, que se anunciaba, que requería dada la fuente original, resultando una cinta fingidamente “guay”, ingeniosa y atrevida, y fingidamente oscura, adulta y divertida. En el primer conjunto tenemos el malogrado carácter moderno y gamberro. Con las letras horteras en pantalla no sé si querían imitar el estilo graciosete de los créditos de Deadpool, pero lo que vemos me parece una cagada: infantiles y cutres, y ni siquiera da tiempo a leerlas del todo. Los intentos de resumir las supuestas personalidades excéntricas con escenas y gracias breves carecen de savia e ingenio. Y la originalidad no se ve por ninguna parte, sino todo lo contrario: los tópicos de familias son bastante cargantes, los guardias tontos y violentos son clichés muy limitados. En el segundo conjunto, como en las dos entregas previas, el estilo oscuro y serio resulta impostado. El aspecto visual de colores apagados y unos supuestos criminales como protagonistas no impresionan, porque no hay escenas realmente épicas, ni dramáticas, ni adultas; la limitación de edad a mayores de 13 años le ha hecho mucho daño. Y el humor es flojo tirando a malo. Sin chispa ni inteligencia, forzado en muchas ocasiones, primordial y predecible en otras, apenas hay tres o cuatro momentos donde la sala, llena a rebosar, se rio tímidamente. En Deadpool es despolle era constante, y Guardianes de la galaxia te llevaba de la emoción intensa a la risa descontrolada con gran facilidad.

Lo cierto es que entrando en el segundo acto (una vez puesta en marcha la misión) hay un amago que lleva a pensar que en el resto de la cinta exprimirían por fin la dinámica del grupo, con una aventura que combinara violencia, humor negro y atractivos individuos marginales y dementes. En la misión de rescate destaca una sorpresa sencilla pero efectiva, las reacciones de todos y un giro con Quinn; y poco después tenemos la escena del bar, que por fin saca algo de los personajes, en especial los dos con más visibilidad. Pero la trama principal es insípida y termina de matar el poco potencial que se dejaba ver. Los realizadores han perdido todo el primer segmento tratando (inútilmente) de dar forma a los protagonistas, no queda tiempo para elaborar una buena historia. Así que arman un básico plan de rescate y una lucha contra un monstruo de manual. Tenemos una bruja piruja cuya naturaleza, objetivos y poderes no se explican lo más mínimo, cuya intérprete Cara Delevigne no realza con carisma y maldad sino todo lo contrario, termina de hundir con su apatía. Con semejante panorama, ¿cómo esperas que sienta la más mínima intriga o congoja? Puede hacer lo que quiera el guionista, con lo que no hay manera de implicarse y huele a resolución con truco mágico, pues sin definir unas reglas no puede haber giros y soluciones con una lógica tangible. Pero sobre todo, si el relato versa sobre la moralidad del ser humano, de la sociedad y de los gobiernos, pon un contrincante que haga una réplica decente. Los Vengadores, en La era de Ultrón, tenían una extensión de sus líos morales e ideológicos en su villano, con lo que se podía jugar con el tema. Aquí tenemos un inerte malo de final de fase. Además, es evidente que ganarán, así que menos interés se consigue. Y como señalé, el intento paralelo de dotar de enjundia al rol de Viola Davis no funciona.

Por el camino nos topamos con su ejército de entes indefinidos que caen como moscas en escenas de acción del montón y donde los héroes no sufren (aunque mueren extras irrelevantes en cantidad, como para forzar una tensión inexistente). Sí, podemos decir que la serie Los Vengadores también ha empleado este patrón de enemigos de papel, y más de la cuenta… pero como decía, ahí al menos ahí ponen un adversario de nivel y los protagonistas dan la talla. En principio este tipo de tropas tontas lo perdono, pues es una imposición debida al rango de edad (humanos muriendo en masa de forma violenta subiría la edad recomendada) y el tiempo (ya hay muchos caracteres). Pero precisamente el saberlo de antemano te debería empujar a potenciar los otros elementos importantes: los personajes, la acción. A los primeros ya los he descartado, pues a pesar de los prometedores Deadshot y Quinn esto es una obra coral y el conjunto está muy lejos de funcionar. En cuanto al nivel de las escenas de acción, David Ayer dirige con la desgana que mostró en Fury (Corazones de acero), no con la pasión de Sabotaje, con la que fue capaz de levantar otro título donde hubo un gran caos en el rodaje y la postproducción. La primera secuencia importante, un tiroteo por las calles previo al rescate, es muy, muy floja. Los enemigos atacan en fila sin ocultarse ni disparar hasta que están encima, y los “buenos” no sabes por dónde andan la mitad del tiempo. Todo parece rodado en un barato decorado de interior, sin alcanzar el nivel exigible para un estreno de estas características: sin sentido del espectáculo, con una fotografía sin alma y un montaje lamentable que da un ritmo como aletargado (aunque no tanto como en Batman vs. Superman, donde parecía ir todo a cámara lenta).

Pero peor es el desenlace, porque el poco nivel alcanzado se termina de diluir. La confrontación es simplona y monótona, no saca nada de los caracteres, que vuelven a estancarse en cuatro clichés tras el amago del tramo central, y desde luego el villano no consigue causar el más mínimo impacto. El nivel visual es muy pobre: efectos especiales propios de serie b (cuatro rayitos y colorines, fondos falsos que cantan a videojuego) y un escenario pequeño y nada llamativo. Ayer lo remata siendo incapaz de filmar un clímax de nivel. El montaje horrendo y la absurda idea de rodar con niebla (¿un intento de disimular las carencias técnicas?) se traducen en que no se ven la mitad de los golpes y se pierde la escasa espectacularidad que pudiera tener. Cámaras lentas finales en un último intento de forjar un ambiente tenso y dramático, más un previsible giro que deja todo más o menos como estaba y lanza los esperables prólogos, no mejoran las sensaciones sobre el bajón del último acto.

Me resulta incomprensible que costara 175 millones de dólares (y esto es lo que admiten, puede ser más). Supongo que se habrá inflado en los vaivenes de levantar un proyecto tan grande sobre la marcha, con cambios, re-rodaje y postproducción acelerada, porque estrellas que cobren grandes sumas no hay, y el aspecto visual es de producción de 40 millones a lo sumo. Pon otros veinte en sus numerosas canciones caras, por decir una cifra alta, que no sé cuánto podrían haber costado, y ni aun así se acerca a esa marca. En cuanto a recaudación, no creo que le vaya mal, como tampoco le fue mal a Batman vs. Superman o a Iron Man 3, la peor recibida del grupo fuerte Marvel. Y es que salvo que cante mucho a basura de grandes proporciones (como el reinicio de Los Cuatro Fantásticos), la gente va al cine independientemente de las críticas, por la afinidad con las series, el atractivo de los superhéroes, y el no quedarse sin temas de conversación. Eso sí, veremos si da dinero. Dicen que para empezar a ser rentable debe llegar a los 750-800 millones, pues el cálculo siempre es el doble de lo que cuesta hacerla, anunciarla y distribuirla. Y se han gastado un pastizal en venderla (hasta hicieron campaña especial con Joker para que luego no haya tenido relevancia real), porque Warner sigue empeñada en labrarse un nombre con la imagen de marca, no con la calidad de la misma.

Al menos, al no ser tan presuntuosa y larga como los dos entregas previas, resulta más ligera, e incluso tiene unas pocas secuencias donde se deja entrever su potencial (igual que la anterior con Batman, Quinn y Deadshot levantan un poco el pésimo nivel general). Pero el resto es un galimatías, un quiero y no puedo que denota un caos en el estudio, el rodaje y la postproducción. Además da la sensación de que en postproducción vieron que no tenía garra visual y argumental, o que la ablandaron demasiado si hacemos caso a los rumores, e intentan conseguir personalidad mediante canciones con pegada. Una cosa es que uses un tema concreto para redondear una escena, y otra poner uno y otro y otro y otro extractos de temas hiperconocidos (van a lo más fácil) sin venir a cuento; como digo, deben de haberse gastado un pastizal en derechos. En cuanto a la música original, la labor de Steven Price, quien hiciera una buena entrada con Gravity, es tan impersonal y apagada que no parece existir.

Así pues, aunque no se haga tan pesada como Batman vs. Superman es igualmente insatisfactoria: caótica pero predecible, artificial por fuera pero impersonal por dentro, ruidosa pero sin savia ni emoción. No puedo aprobar una película con tantas carencias. Hasta El hombre de acero la supera, y ya andaba floja. Marvel dio un gran ejemplo de que se puede lograr una película de alta calidad que parta de un número amplio de personajes desconocidos para el gran público: Guardianes de la galaxia. Pero para eso hay que tener las ideas claras, el equipo de productores y realizadores cohesionado y trabajando en una misma dirección, y dejar la libertad creativa justa a estos últimos para que las distintas entregas no parezcan productos sin alma.

No quería meterme en el fregado pero me asombra tanto que lo voy a hacer: es increíble la guerra que se ha montado en internet desde Batman vs. Superman, con los fanáticos de DC negándose a admitir el por ahora fracaso continuado de esta serie y tratando de sabotear las críticas: campañas para cerrar rottentomatoes.com (web que recopila críticas de medios), oleadas de votos con miles de cuentas creadas días antes del estreno dando dieces de nota en IMDb.com para inflar las medias, acoso constante en foros, donde no hay manera de opinar con tranquilidad (lo peor son las teorías de la conspiración: que si Disney/Marvel ha comprado las críticas, que si los fans de Marvel no entienden el supuesto tono sombrío y trascendente de esta serie)… Es tan ridículo e inmaduro como por ahora la propia saga La liga de la justicia de Warner/DC.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
-> Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

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Blackhat


Blackhat, 2015, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 133 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Morgan Davis Foehl.
Actores: Chris Hemsworth, Viola Davis, Wei Tang, Leehom Wang, Holt McCallany, Ritchie Coster, Andy On, John Ortiz, Yorick van Wageningen.
Música: Atticus Ross, Leopold Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es un thriller con cierta intensidad y algo de originalidad. La puesta en escena es estupenda.
Lo peor: Le falta consistencia a la trama, y más aún a los personajes.
La curiosidad: A Harry Gregson-Williams le rechazaron la banda sonora tan en el último momento que llegó a ver la película sin saberlo y se cogió un buen cabreo.
El título: En España por supuesto tiene una coletilla absurda: Amenaza en la red.

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La crítica y el público son unánimes en señalar que Michael Mann se ha pegado un buen batacazo, pero desde mi punto de vista se pasan de largo mientras a películas auténticamente infames las trataron mejor. No hay más que compararla con Jack Ryan: Operación Sombra, una reciente del género que solamente fue tildada de regulera a pesar de ser una abominación. Blackhat no es una buena película, pero dista de ser mala, y comparada con el cine actual desde luego tiene virtudes que se ven cada vez menos.

Lo mejor es que el thriller es thriller, algo que solo hemos visto últimamente en Jack Reacher y Bourne. Hay un misterio que desentrañar y los personajes investigan sin descanso mientras se topan con peligros varios. Esos peligros son tangibles, te crees que sufren y pueden morir, y el esfuerzo que hacen buscando pistas también llega con intensidad, nada les cae del cielo; remarco esto porque en el cine actual los personajes avanzan por distintas fases sin despeinarse y las cosas se resuelven casi solas. Tenemos también escenarios diversos y bastante atractivos. La guerra de despachos, agencias y jurisdicciones es muy interesante y realista. La informática está bastante bien tratada, algo insólito en el cine. Y las escenas de acción son buenas, en especial por la calidad de Mann como director, un talento a la hora de conseguir tiroteos vistosos pero verosímiles.

Ahora bien, esos puntos fuertes no llegan a deslumbrar, y algunos deslices minan la solidez del conjunto. Hay giros cogidos por los pelos, como que la enviada de justicia apoye al protagonista a la hora de hackear la NSA como último recurso, pero luego va tras él sin pestañear, como si no hubiera estado implicada en eso, o que el Marshal no compruebe nunca la ubicación de su vigilado, pues aunque tarde en actualizarse el mapa del móvil después del cambio de configuración, precisamente por eso puede ver una posición rara en cuanto eche un vistazo. También falla el realismo citado en la parte final, con la pelea entre el gentío, donde no hay quien se crea que con individuos armados y tiros varios no haya una estampida y caos. Pero lo peor son los personajes…

Por una vez Mann no escribe, y Morgan Davis Foehl no llega al nivel al que nos tiene acostumbrado, en especial a la hora de conseguir protagonistas de calidad y atractivo. La presentación de todos los personajes es francamente buena y muy prometedora, pues hasta se nota interés por lo sutil (el héroe mirando al horizonte, anhelando la libertad). Pero pronto se estrellan para no volver a levantarse. Los secundarios se van olvidando, para ir muriendo justo cuando ya no parecen ser necesarios. La relación que forman el protagonista y la chica de turno es verosímil y efectiva de primeras, pues el deseo de vivir y tener compañía es evidente que surge en situaciones así. Pero luego intentan mostrar problemas de pareja que no tienen sentido alguno, y menos entre gente tan inteligente: ¿por qué el protagonista y el amigo de toda la vida (y hermano de ella) hablan de la relación como si no hubiera más opción tras haberse acostado que iniciar una relación estable?, ¿es que no pueden tener una aventura breve, diversión sin pensar en relaciones largas? El guionista busca conflicto donde no lo hay, con lo que el toque de drama personal queda muy impostado.

Pero el problema más grave es el propio rol central. Apuntaba maneras, pero el hechizo dura bastante poco. Enseguida lo convierten en un héroe de acción que domina todo campo como si fuera un agente con años de entrenamiento. Armas blancas y de fuego, supervivencia en países extranjeros… Al final sí termina pareciéndose al nefasto personaje de Jack Ryan: Operación Sombra… ¿Qué demonios hacen llevando a un simple hacker que ha sido contratado como ayuda con los ordenadores a un tiroteo contra fuerzas fuertemente armas? ¿Cómo pueden dejar que entre solo en la habitación de un sospechoso? Y lo peor: ¿cómo pretenden que nos traguemos que puede liderar el equipo de rescate en una central nuclear extranjera accidentada? Así, a partir de cierto momento la película parece dividirse en dos obras distintas, como si el guionista quisiera una de acción moderna (efectismo sin pensar en su credibilidad y coherencia) y el director quisiera potencial el entorno de thriller, con puntos álgidos más trabajados (atención a la fuga a tiros de los mercenarios).

Por otro lado, como informático tengo que ahondar en este campo, que no se libra de algún cliché cansino. Primero están los monitores que hacen ruiditos cada vez que un texto cambia. Hasta los paneles de la bolsa hacen pipipipi. ¿Te imaginas la sala de la bolsa en pleno bullicio con miles de paneles haciendo ruido? Es tan estúpido que no entiendo cómo nadie en la producción dice que ya basta de tonterías. Otra memez cansina del cine es que el ratón no existe, y aquí lo mantienen a rajatabla: todo lo hacen tecleando, incluso seleccionar una celda de una tabla enorme lo consiguen pulsando una sola tecla. La incomprensible representación de los datos viajando por los ordenadores y redes tampoco funciona, porque no se sabe qué demonios son los enredos que salen, en especial esa lucecita minúscula que se enciende en el microprocesador, como si estuviera infectado por un ente mágico. Por suerte, sólo son detalles, porque en lo argumental la cosa está mejor: las tecnologías, los lenguajes de programación, la terminología hacker y demás está bien trabajado y es bastante realista. Aunque precisamente por eso descoloca y molesta que luego caigan en topicazos tan absurdos.

Al contrario que las anteriores obras de Michael Mann (Enemigos públicos, Corrupción en Miami), Blackhat no gana con los revisionados, porque la carencia de profundidad en los personajes se hace más evidente. Y es una pena, porque los puntos fuertes del thriller parecen apuntar a una película mucho más interesante.

Prisioneros


Prisoners, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 153 min.
Dirección: Denis Villeneuve.
Guion: Aaron Guzikowski.
Actores: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bello, Terence Howard, Melissa Leo, Paul Dano.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Reparto excelente y puesta en escena de buen nivel.
Lo peor: Predecible y muy forzada.

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Un telefilme con buenos actores, eso es Prisioneros. Personajes definidos a retazos y por extensión de dibujo maniqueo. Trama sensiblera y sensacionalista, simple y predecible, con giros flojos y algunas resoluciones lastimeras (qué forzada resulta la escena final: ¿pero qué hace el personaje de Gyllenhaal ahí?).

Como suele ocurrir los papelones de los actores dan más entidad a unos personajes bastante limitados, y la puesta en escena es de buena calidad y consigue narrar con buen ritmo y una lograda atmósfera la pobre trama. De hecho, el tono recuerda a la estupenda Zodiac: el relato es oscuro, sofocante, enfermizo, inquietante… Gracias a esta combinación de reparto capaz de conectar con la fibra sensible del espectador y de atmósfera absorbente la película entra bastante bien a pesar de su excesiva duración. Como drama facilón es pues efectivo, aunque en nada que escarbes los trucos y limitaciones del guion te salpican de lleno.

Para mi sorpresa está siendo una de las cintas más valoradas del año, apareciendo en muchas listas de las diez mejores de la temporada. No puedo entender tal entusiasmo ni aun pensando en lo que gustan en EE.UU. los dramones con buen reparto.

Criadas y señoras


The Help, 2011, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 146 min.
Dirección: Tate Taylor.
Guion: Tate Taylor.
Actores: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Allison Janney, Sissy Spacek.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Historia muy bien narrada, llena de personajes excelentes. Un gran reparto. Una música muy bonita.
Lo peor: Nada.
El título: Por una vez, el título en castellano es mejor que el original.

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La historia de cómo se fue gestando el final de la diferencia de clases entre negros y blancos en los años 60 (más de cien años después de la abolición de la esclavitud…) se ha abordado de muchas maneras, al igual que la aventura de la persona con ideales modernos enfrentada a un mundo abrazado a las injusticias por comodidad e ignorancia. Pero una buena película en parte lo es porque aporta una visión original y bien narrada sobre cualquier argumento, por muy visto que esté. Y Criadas y señoras se quita de un plumazo cualquier atisbo a cine pasado de moda, a historia demasiado clásica, ya sea por la recreación de la época cuidada a todos los niveles (realismo, detallismo, confección de personajes) o porque ofrece una perspectiva muy cercana y humana: deja de lado la política (aunque algo se ve de fondo en las noticias) y los dramas trágicos para centrarse en el día a día de unas pocas y deliciosas protagonistas.

Basándose en una novela de Kathryn Stockett, Criadas y señoras narra una historia ficticia (aunque no lo parece) en la que una serie de eventos revolucionan un pequeño pueblo sureño, haciendo tambalear el obstinado conservadurismo y las injusticias que éste genera. A través de un crisol de personajes de distinto origen y condición vemos la forma de vida de la época, los roles de cada clase, género y estatus social, los clichés, las costumbres y situaciones que llevan a la desigualdad y la opresión. El guion expone la situación de forma magistral a través de personajes definidos con sumo detalle, donde cada rol sirve para desarrollar un ejemplo de la condición humana y todos juntos muestran las grietas de la sociedad que formamos.

La situación de equilibrio social sustentada sobre el miedo a cambiar por un lado y a luchar contra las normas inmorales por el otro se rompe cuando entra en juego una joven blanca que, tras haberse formado en la universidad, vuelve a su pueblo con energía e ideales y se topa con la sinrazón del racismo, el estancamiento de la sociedad conservadora y las absurdas pajas mentales de sus obtusas amigas y familias, que ven todo intento de progresismo como un ataque a su propia existencia. Lo de siempre en las sociedades humanas, vamos. Su entusiasmo y determinación por sacar adelante su vida laboral (pretende ser escritora) y su conciencia ante la situación la llevan a preparar un libro que saque toda la inmundicia que las señoritas pijas blancas vierten sobre las criadas negras.

Sustentando las magníficas protagonistas hallamos el que probablemente sea el reparto más espectacular del año. La indómita y entusiasta Skeeter recae en una joven pero eficaz Emma Stone (estrella emergente tanto por belleza como por calidad); las dos principales criadas, las explotadas y abatidas Aibileen y Minny (la del pastel de mierda) son retratadas de forma impresionante por Viola Davis y Octavia Spencer respectivamente (premios en cantidad se han llevado las dos); la descentrada y rechazada ricachona Celia es mostrada por una brillante Jessica Chastain (a la que los kilos ganados para el papel le sientan de maravilla y quien ha pegado el pelotazo en 2011 con El árbol de la vida y Criadas y señoras marcándose papelones en ambas), y Bryce Dallas Howard realiza una gran composición de la retrógrada Hilly. Redondeando el plantel, en un apartado más secundario tenemos a dos inmensas veteranas: Sissy Spacek y Allison Janney. Pero como suele ser habitual, el doblaje empobrece estas estupendas labores, de hecho en este caso supone una limitación notable más allá de perderse la interpretación real: no se distinguen a las mujeres unas de otras (todas parecen tener la misma voz chirriante) y se eliminan los acentos entre clases/razas. Parece un telediario de Canal Sur, donde nadie tiene el acento del lugar.

Pasar de las dos horas en un relato que oscila entre la comedia y el drama ligero puede parecer excesivo, pero entre la cantidad y calidad de personajes y tramas y la fluidez de la narración la proyección pasa volando sin decaer lo más mínimo en ningún instante. Todas las líneas se entrelazan de forma exquisita, nunca parece haber un cabo suelto o una protagonista fuera de lugar en este filme perfectamente equilibrado. Hasta la narración en off funciona muy bien complementando momentos clave.

Criadas y señoras es una película que tiene de todo, y todo puesto en su sitio y en su justa medida. Una película que da todo lo que se espera del buen cine: entretenimiento que no olvida la inteligencia ni la calidad, que emociona en cada minuto de metraje pero también deja buen poso días tras su visionado, y que además también sirve como crítica y enseñanza de los males de la humanidad. Sin ser deslumbrante como para hablar de una cinta memorable, sí me parece que ha sido de las mejores producciones en un año en el que como ocurre más veces de las deseadas triunfan o se aplauden títulos claramente inferiores. Curiosamente tiene muchísimos elementos que gustan en Hollywood, de hecho es un filme que huele a Oscar en cada plano, pero a pesar de que (junto a Hugo) supera claramente a todas las demás nominadas (incluida a la ganadora, The Artist), pasó sin armar mucho revuelo. En la taquilla le fue bastante bien, sin embargo.