El Criticón

Opinión de cine y música

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Ant-Man y la Avispa


Ant-Man and the Wasp, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Peyton Reed.
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Andrew Barrer, Gabriel Ferrari, Paul Rudd.
Actores: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Laurence Fishburne, Walton Goggins, Michelle Pfeiffer, Bobby Cannavale, Judy Greer, T. I., David Dastmalchian, Hannah John-Kamen, Abby Ryder Fortson, Randall Park.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: La mar de entretenida. Buena en la comedia, correcta en el drama familiar, protagonistas carismáticos.
Lo peor: Incapaz de profundizar en los temas latentes. Tramas dispersas, villanos flojos, falta de rumbo y nada impresionante en lo visual. El grupo de secundarios graciosos se sobreutiliza demasiado.
El título: Ale, otro traducido a medias, menudo ridículo.
Mejores momentos: Cogiendo un camión como si fuera un monopatín. La visita al colegio.

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Como en la primera entrega, los autores esquivan temáticas de gran calado (el thriller político de Capitán América: El Soldado de Invierno), épicas gestas de dioses (Thor: El mundo oscuro, Thor: Ragnarok), dilemas éticos de altos vuelos (Los Vengadores: La era de Ultrón), lo místico y paranormal (Doctor Strange), etc., para buscar un divertimento sencillo, un héroe pequeño, con sus problemas personales y familiares e historias de superación más mundanas. Pero, como en la primera parte, se pasan un poco de frenada, porque todo ello no significa que no se pudiera ahondar algo más en reflexiones como la alienación moral del individuo, las elecciones propias y los condicionantes externos que te llevan por un camino u otro, las responsabilidad, la redención, etc., todos latentes con los problemas con la ley de Scott Lang y los Pym (agravados por los eventos de la Guerra Civil) y con los villanos elegidos, Fantasma y su cuidador.

Lo cierto es que inicialmente apunta maneras. La relación de padre e hija versus la necesidad de aventuras y el tira y afloja con la ley generan situaciones variadas y divertidas. La responsabilidad del héroe aparece pronto, con la disyuntiva de elegir ayudar a los Pym saltándose las normas o centrarse en los suyos y complacer al sistema. La dinámica entre Scott, Hank y Hope es mejor aún, se materializan otras relaciones normales y corrientes pero atractivas con las que es fácil conectar y a veces sentirse reflejado. La aparición de Fantasma pone más dificultades en su misión y un buen toque de intriga. Cuando conocemos su situación se presentan otros conflictos morales interesantes: no es un villano acartonado, sino un ser humano que ha sido empujado al mal camino y la desesperación lo lleva a cometer actos con consecuencias poco meditadas.

Pero el relato entra en una dinámica de vueltas en círculos con todos estos frentes abiertos sin avanzar con determinación en una dirección clara. El drama pasa poco a poco de simpático a previsible, y la aventura no le confiere nuevos giros y lecturas que lo realcen. No se llega a explorar el potencial de los temas jugosos que hay latentes, pues termina inclinándose del todo por la comedia y la acción. Fantasma y el científico pasan sin dejar huella alguna, sin abordar los discursos éticos que ponían en bandeja. Con Scott y los Pym igual, los escritores se obsesionan con el reto de rescatar a la madre y dejan de lado las reflexiones que había latentes, de hecho, tan si quiera llega a materializarse ningún cambio notable en sus formas de ser. Así que la cinta no logra adquirir la trascendencia necesaria para que te impliques de lleno con la historia y te mantengas al lado de los personajes, pues se va perdiendo la conexión cuando las cosas se tuercen y para el tramo final te ves venir todo y no sufres con sus problemas ni temes por sus destinos. Ser una comedia no obliga a dejar de lado la profundidad y el drama, como bien han demostrado Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Thor: Ragnarok.

También pesa el fallido mafioso, que queda como ajeno a la película, un enemigo de cartón piedra sin interés alguno que únicamente aparece aquí y allá para poner las cosas más difíciles cuando los guionistas quieren una nueva pieza de acción. Walton Goggins se ganó merecidamente con sus grandes interpretaciones y personajes en The Shield (Shawn Ryan, 2002) y Justified (Graham Yost, 2010) el ser considerado para cualquier papel de villano o tipo de dudosas tendencias, pero una cosa es tener un rol bien escrito, como aquellas o ya en cine Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015), y otra monocromáticos y sin carisma como el de Tomb Raider (Roar Uthaug, 2017) o el presente. Así que, con sus dientes postizos tan llamativos (tuvo un par de accidentes donde perdió los naturales), el pelo largo tan feo, los trajes estrafalarios y la nula personalidad que le confiere el guion, su personajillo da más bien pena, nunca supone un peligro real. A media película también cobran protagonismo los amigos de Scott, un grupo de secundarios cómicos efectivo en pequeñas dosis, pero a los que se empeñan de nuevo en sacar demasiado y únicamente como chistes andantes. Poca empatía puedes sentir por ellos con tan corto desarrollo, y también acaban lastrando algunas escenas.

Por suerte, pasan tantas cosas que mantiene un ritmo trepidante, el sentido del humor es variado y bastante efectivo, los protagonistas principales resultan muy simpáticos y las escenas de acción son sencillas pero con la combinación de todo funcionan correctamente. Hay que destacar como comedia es bastante buena, tiene infinidad de chistes locos, diálogos chispeantes y situaciones caóticas que mantienen el nivel en casi todo momento, sólo algunos excesos con los amigos de Scott parecen pasados de rosca. Momentos como el camión usado como monopatín o la entrada en el colegio pueden hacerte llorar de risa, y en toda la proyección mantienes la sonrisa.

En el sentido del espectáculo tampoco son capaces de lanzarse a por todas. La historia de la búsqueda de la mujer de Pym en el mundo cuántico podía haberse desarrollado de muchas formas, pero al final queda como un macguffin simplón, el reto objetivo mientras tienen otras aventuras, y no llega a producir tensión real, sabes perfectamente cómo acabará. Por ello mismo tenían que habérselo trabajado más, tanto buscando problemas más elaborados durante el viaje por el mundo cuántico como sobre todo en el aspecto visual, de forma que la situación asombrara, ofreciera un escenario único y un acabado deslumbrante. Pero a pesar de las posibilidades infinitas pasa lo mismo que en Doctor Strange pero agravado: no ponen mucho esfuerzo, recurren a unos pocos enredos visuales básicos y ya está. Peyton Reed dirige con el piloto automático puesto, repitiendo encogimientos y agrandamientos sin aportar soluciones narrativas y visuales novedosas. La persecución en coche termina haciéndole un poco larga y el clímax en el puerto cumple por los pelos. Entrando en el mundo cuántico es donde más se echa de menos algo más imaginativo, todo se limita a lucecitas y enredos digitales que a veces ni se entienden (dónde flotan esos tardígrados, dónde están los átomos, qué son esos bulbos lleno de colorines del destino final), hasta el punto de dejar cuestiones importantes sin resolver: ¿de qué ha vivido Janet durante treinta años, cómo se ha hecho ropas y armas, qué poderes ha adquirido?

Ant-Man y la Avispa es una película bastante disfrutable si no se espera de ella nada más que divertirse, pero si se desea que Marvel dé un giro y explore otras opciones, pues a estas alturas se puede exigir más ambición, o que tan siquiera ahonde un poco más en un potencial mayor, puede decepcionar más de la cuenta.

Django desencadenado


Django Unchained, 2012, EE.UU.
Género: Western.
Duración: 165 min.
Dirección: Quentin Tarantino.
Guion: Quentin Tarantino.
Actores: Christoph Waltz, Jamie Foxx, Leonardio DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington, Walton Goggins.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena: dirección, fotografía y montaje quitan la respiración. El papel de Christoph Waltz es memorable, y la aparición de Samuel L. Jackson también impresiona.
Lo peor: El guion carece de rumbo y objetivo, y la mitad del metraje aporta bien poco. Leonardo DiCaprio y Jamie Foxx están inesperadamente mal, forzado el primero y muy soso el segundo.
Mejores momentos: La cena. El tiroteo.

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La puesta en escena de Django desencadenado es excelente, como siempre en las creaciones de Quentin Tarantino: planificación milimétrica de cada escena, fotografía brillante, montaje soberbio y una selección musical atrevida pero eficaz (aunque se echa de menos algo más de Morricone, pero no se llevó bien con el director). La mayor parte de las escenas ronda la perfección, destacando los momentos cumbre, como el tiroteo final o la larga cena, donde el tempo narrativo es magnífico.

Después del inolvidable nazi de Malditos bastardos (2009), Christoph Waltz se marca otro papelón enorme en otro personaje enorme, tan grande que ensombrece a unos secundarios que inesperadamente no dan la talla. Jamie Foxx nunca me ha parecido un gran intérprete, pero sí uno competente, destacando Collateral (2004). Pero aquí es muy apagado, como desubicado y sin ganas. Quizá el anodino rol que tiene entre manos es el principal culpable; un director tan conocido por lograr protagonistas memorables debería haber sacado más partido. Leonardo DiCaprio tampoco me convence. Cuando se desata da un poco de miedo (sobre todo sabiendo que se cortó de verdad sin querer al dar un puñetazo en la mesa), pero el resto del tiempo se lo ve muy forzado, fingiendo el personaje en vez de mostrarlo con naturalidad. Por suerte, en la parte final salva los trastos Samuel L. Jackson, mimetizado por completo un ser rastrero que da lástima y asco a partes iguales. Estoy convencido de que si fuera sólo por el rol de DiCaprio la cena no habría causado tanta inquietud, es un villano cuadriculado que se ve muy enriquecido por las sutilezas de su esclavo. Aparte tenemos el enorme sinsentido de nominar y premiar en los Globos de Oro y los Oscar a Waltz como secundario, cuando es el protagonista absoluto.

La trama promete un western desenfadado, en una línea gamberra cercana a Malditos bastardos. La forma en que se conocen los dos protagonistas resulta fabulosa: el asalto al convoy de esclavos, el jaleo con el sheriff y el marshal, los primeros pasos afianzando la amistad… Pero llega un momento en que el metraje empieza a pesar, y no se atisba objetivo alguno en la historia. Hasta que se lanzan hacia la búsqueda de la chica hay una hora de presentación que no debería haber durado más de quince o veinte minutos. La tontería del Ku Kux Klan termina por confirmar que aquí no hay rumbo ni cohesión narrativa, sino ideas sueltas empalmadas con poco tacto. Incluso una vez entrados en materia no parece haber un hilo claro, se suceden escenas que visualmente pueden resultar llamativas, pero que entorpecen más que hacen avanzar el desarrollo de la aventura.

La llegada a la hacienda de DiCaprio recupera el tono, manteniendo bastante tensión en el ambiente y llevándonos a un desenlace con un tiroteo espectacular. Pero Tarantino vuelve a perder el norte y empalma nuevos finales bastante fallidos, cada cuál más ininteligible y menos relacionado con el argumento central, y por lo tanto más anticlimático y aburrido Y para rematar, en los últimos minutos, en un epílogo delirante, uno de los protagonistas se pone a hacer florituras con el caballo, con lo que terminé la película bastante cabreado.

Es una lástima. Tarantino tiene talento de sobra como escritor y como director, pero en muchas de sus producciones le hubiera venido de perlas un segundo guionista o un productor con poder de decisión, una visión externa que pusiera freno a sus excesos y recortara lo justo para redondear sus trabajos, para pulir errores. Desde el éxito de Reservoir Dogs (1992) y Pulp Fiction (1994), sus dos únicas obras realmente redondas, disfrutó de carta blanca total, y desde entonces no parece pararse a pensar si tal o cual escena quizá ocupa demasiado metraje y si a la larga estos excesos van a perjudicar a la película entera. Jackie Brown (1997) sería excelente si su longitud no fuera tan abultada, Kill Bill (2003, 2004) va dando tumbos de mala manera, y Malditos bastardos tenía un potencial enorme que no llegó a deslumbrar por completo.

Hasta el momento, Django desencadenado es la que más acumula y sufre estos problemas. Tanto que recortar, tanto que eliminar sin dudar un instante, tanto que resumir y tanta trama que encauzar… tan irregular que casi resulta un despropósito. Sí, existe la semilla de una gran película escondida en este metraje sin pies ni cabeza, pero habría que editarlo todo de nuevo de arriba abajo, y nadie va a hacer eso, porque Tarantino la ha querido así y así se va a quedar.

Predators


Predators, 2010, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Nimród Antal.
Guion: Alex Litvak, Michael Finn.
Actores: Adrien Brody, Alice Braga, Topher Grace, Walton Goggins, Oleg Taktarov, Lawrence Fishburne, Danny Trejo, Luois Ozawa Changchien, Mahershalalhashbaz Ali.
Música: John Debney.

Valoración:
Lo mejor: Pues… pues… pues que no es horrible, que no es poco.
Lo peor: No tiene nada para recordar.
La pregunta: ¿Por qué ahora no se traducen los títulos de las películas?

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Hoy en día, el agotamiento de ideas y la búsqueda de cintas de rentabilidad segura llevan a Hollywood a tirar muchísimo más de la cuenta de remakes, continuaciones de sagas y adaptaciones de todo lo que pillen. Y generalmente son obras que arrastran un bochornoso tufo a producto prefabricado para reventar la taquilla sin ofrecer prácticamente nada de cine auténtico a cambio. Así que es de agradecer que con Predators intentaran volver a la forma clásica de la saga tras esos dos insultos de Alien Vs. Predator que jamás deberían haber existido, es de agradecer que intentaran hacer una película real y no un producto de consumo vacío y estúpido. Pero parece que a Hollywood, tan estancado en la mediocridad, se le ha olvidado cómo hacer cine de calidad. Predators es un quiero y no puedo alarmante a nivel de historia y a nivel visual, un filme torpe y simplón que muestra una gran falta de recursos artísticos y profesionales.

El guion apenas es capaz de ir más allá de la imitación y homenaje a la cinta original. Se disfraza la falta de originalidad trasladando la acción a otro planeta (enésimo planeta imposible: ese exagerado plano al cielo desbordante de gigantes gaseosos, lunas…) y metiendo algunas criaturas nuevas (sorpresas que además son reventadas negligentemente en los tráileres, como es habitual también en estos tiempos), pero no es suficiente para eludir el halo de indiferencia que deja, la sensación de que no se aporta nada nuevo. Si al menos contaran bien la historia, pero la narración es previsible, monocromática, sin chispa ni un solo momento puntual digno de recordar.

El grupo de personajes es a primera vista lo más prometedor, pero no se aprovecha lo más mínimo. Abundan los clichés, las relaciones no llevan a ninguna parte, y ninguno tiene carisma ni tirón suficiente como para despertar interés. Los giros que hay sobre algunos de ellos son poco menos que lamentables a la par que sumamente previsibles: la ridícula aparición de un loco cansino interpretado por Lawrence Fishburne, la cutre forma de dar a conocer qué pinta el médico ahí, el protagonista que se va pero no se va, etc. Por cierto, el doblaje que se empeñan en poner a Adrien Brody es de esos que se cargan completamente la labor de actor.

Fui al cine esperando como mínimo una producción de acción decente, más o menos espectacular visualmente, pero la dirección de Nimród Antal está al mismo nivel que el guion: vulgar. La selva no se convierte en un lugar bello pero aterrador (si es que parece rodada en el parque de tu barrio), la presencia de los depredadores no inquieta, sus ataques aburren, las escenas de más acción son flojísimas, no existe un solo instante que impresione o que simplemente nos saque de la monotonía.

Un aspecto mítico de Depredador fue la memorable banda sonora de Alan Silvestri. Es una lástima que no estuviera disponible (no pudo hacer un hueco en su agenda… o vete a saber si no puso demasiado interés en conseguirlo), así que nos hemos perdido cómo se hubiera enfrentado a la misma saga tantos años después, cómo habría influido en su trabajo la maduración y experiencia. John Debney se encarga de la poco honrosa labor de versionar ese clásico, tarea que cumple muy bien.

La segunda entrega sí supo muy bien ir un paso más adelante sin olvidar la esencia original, contando una buena historia con buenos personajes y ofreciendo numerosos tramos espectaculares. Es una cinta infravaloradísima digna de recordar, una lección de cine de acción y ciencia-ficción comparada con esta insípida Predators.

Ver también:
Depredador (1987)
Depredador 2 (1990)
-> Predators (2010)
The Predator (2018)