El Criticón

Opinión de cine y música

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El faro


The Lighthouse, 2019, EE.UU., Canadá.
Género: Suspense.
Duración: 109 min.
Dirección: Robert Eggers.
Guion: Robert Eggers, Max Eggers.
Actores: Robert Pattinson, Willem Dafoe.
Música: Mark Korven.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía estupenda y reparto entregado.
Lo peor: Es un experimento más que fallido ridículo y molesto, una sucesión de paridas y gilipolleces sin pies ni cabeza que resulta tiempo perdido.

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Tenía la vista puesta en Robert Eggers tras La bruja (2015). Sin ser una maravilla, mostraba personalidad y buen hacer, resultando una llamativa presentación de un autor con talento y potencial en un género ahogado en productos prefabricados. Pero el tropiezo de El faro deja su futuro en vilo. De un realizador inteligente, metódico, que mostró entender muy bien el lenguaje cinematográfico y la conexión emocional con el espectador, hemos pasado a un iluminado que rueda mezclando conceptos varios sin ton ni son.

¿De qué sirve que un elemento, o dos, o cinco… o todos sean brillantes si el conjunto no logra tener coherencia, equilibrio, y un significado superior? El faro tiene una fotografía valiente y asombrosa. Con un certero formato cuadrado, un estupendo blanco y negro y una iluminación muy cuidada Jarin Blaschke logra una serie de imágenes que van de lo hermoso a lo sobrecogedor. El reparto está imponente, se ve en los ojos de Robert Pattinson y Willem Dafoe la soledad, la desesperanza, la locura.

Pero esto no es suficiente para conseguir unos personajes sólidos, que ofrezcan unas vivencias apasionantes con las que conectar, para que el relato en su conjunto cobre significado y propósito y transmita las sensaciones pretendidas. No ocurre porque no hay guion y la dirección no atina una. Eggers parece haber rodado cada escena según le viniera la inspiración, y desde luego ha tenido bien poca.

Tenemos una amalgama de distintos recursos, ideas, escenarios… El galimatías resultante ni siquiera se puede tildar de pretencioso, porque para eso al menos debes mostrar inteligencia, pero el realizador mezcla vaguedades con tanta torpeza que resulta incomprensible cómo tal despropósito ha podido ver la luz.

Pajarracos intrigantes posándose en sitios intrigantes, como para decir que esta es una de miedo. Alegorías absurdas, como la luz de la vida o lo que coño quiera decir con la lámpara del faro. Mitología metida con calzador: la sirena. Surrealismo y onirismo totalmente salido de madre. Historias de soledad y roces vulgares, con repetitivos sufridos trabajos, peroratas y discusiones rebuscadas o poco justificadas. Todo se sucede, acumula y sobrepone de mala manera.

Hay momentos de auténtica vergüenza ajena, de gritarle a la pantalla “¿pero cómo has podido rodar semejante gilipollez?”, como cuando intenta producir alguna impresión (¿repulsa por grotesco e incómodo, comprensión por su soledad?) con las remarcadas escenas de masturbación. Los piques y las peleas aleatorias en cenas y comidas son penosos también. Y los recesos donde nada ocurre resultan exasperantes.

Y después de todo, de repente al final se acuerda de que debería contar algo, así que intenta ponerles a los protagonistas un pasado, unas experiencias y traumas que justifiquen acciones y permitan que nos interesemos por ellos… ¿Ahora, tras hora y media de bandazos sin rumbo? Por supuesto, no funciona, son historias que llegan tarde y se pierden rápido en un desenlace que no sorprende al ofrecer más artificio inconexo.

El trabajo de dirección a veces es difícil de describir, porque abarca, gestiona y delimita todo. Un buen director controla al milímetro cada elemento, o al menos lo deja en manos de alguien con quien se entiende muy bien. Uno mediocre no tiene tanta visión y descuida cosas aquí y allá, de forma que el relato se resiente. Como indicaba, por la sabiduría y contención mostrada en La bruja esperaba mucho más, pero aquí Eggers está bien perdido. Deja que los distintos elementos den forma a la cinta por su propia cuenta (que la fotografía te atrape, el sonido te inquiete, etc.), y el conglomerado resultante no es que se desmorone, es que no llega a tomar forma.

Además, si la fotografía y el reparto son estupendos, la música y los efectos sonoros son horrendos. El método y el resultado es el habitual en el cine de terror y suspense de baratillo: mucho ruido, poca sustancia. Llega a ser molesto lo que abusa de atmósferas forzadas con música estruendosa y efectos sonoros muy realzados para que al final la escena no lleve a ninguna parte, no transmita nada.

Así no se logra suspense, no digamos terror, ni tampoco emerge un drama que conmocione y haga reflexionar. La proyección sólo genera frustración, sensación de engaño y tiempo perdido.

Al menos es divertido ver la delirante oleada de adoración que ha tenido, leer las críticas que hacen malabares para justificar una supuesta obra maestra, con entendidillos cuando no iluminados rebuscando referencias y sentidos ocultos (pasó en Mandy -2018- también): si aparece un pájaro… ¡es una cita a Hitchcock!… blanco y negro… ¡bebe de Bergman!…

Aquaman


Aquaman, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 143 min.
Dirección: James Wan.
Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall, James Wan, Geoff Johns.
Actores: Jason Momoa, Amber Heard, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman, Dolph Lundgren, Temuera Morrison, Yahya Abdul-Mateen.
Música: Rubert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Algunas mejoras respecto al resto de la serie: estilo y escritura, efectos especiales y, sobre todo, dirección. Un reparto bien elegido. Vestuario impresionante.
Lo peor: Con todo, es un poco tontorrona y demasiado previsible, y los efectos especiales tienen todavía momentos muy cantosos. La banda sonora es horrible, y la selección de canciones peor.
Mejores momentos: Las peleas en el submarino y en el pueblo italiano.

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La gestión de la saga DC o La liga de la justicia, como prefiráis, ha sido caótica, por no decir desastrosa. La idea de una serie de películas que combinara diversos personajes de DC Comics estuvo dando vueltas en el estudio Warner Bros. desde finales de los noventa, pero nunca terminaba de ponerse en marcha. Hay muchas historias que contar ahí (Superman escrito por Kevin Smith y dirigido por Tim Burton con Nicolas Cage de protagonista, Batman vs Superman dirigido por Wolfgang Petersen y escrito por Akiva Goldsman, La liga de la justicia dirigida por George Miller…), pero no lograban sacar la serie adelante, y menos con el fracaso de cintas que se lanzaron a hacer con prisas y sin tener ideas claras, ya por desesperación de estrenar algo, como Superman Returns de Bryan Singer (2006) y Linterna Verde de Martin Campbell (2011). Pero el éxito del Batman de Christopher Nolan (2006), que se gestó aparte de este concepto de héroes unidos o universo cinematográfico, dio el empujón final.

Los directivos del proyecto, Geoff Johns y Jon Berg, idearon un plan de al menos diez películas, pero han ido dando traspiés uno detrás de otro. Tras la tibia recepción de El hombre de acero de Zack Snyder en 2013 y viendo que Marvel les comía terreno, echaron un órdago de forma improvisada y apresurada, saltando a la unión de varios personajes con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia sin haber tenido las películas de presentación de Batman y otros secundarios y manteniendo al frente creativo a Snyder a pesar de que todos los problemas de la cinta inicial eran debidos a su estilo fallido y su nula visión cinematográfica. Pero seguían sin tener claro lo que hacer, pues dicha producción, iniciada a finales de 2013, se alargó con constantes cambios, retrasándose el estreno hasta marzo de 2016. Para rematar las malas decisiones, enlazaron ese proyecto con la siguiente fase, Escuadrón suicida y Wonder Woman, sin esperar a ver el resultado artístico y comercial. Pero tras el fracaso sonado de Escuadrón suicida (David Ayer, agosto de 2016), a Wonder Woman (Patty Jenkins, junio de 2017) le metieron cambios a contrarreloj (incluso tuvieron que eliminar digitalmente el embarazo de la actriz) para intentar alejarse del tono Snyder. Y este a la vez estaba ya inmerso en la siguiente unión de los héroes, La liga de la justicia. El estreno de Wonder Woman empezó a mostrar tibias mejoras en calidad y recepción del público y por fin tomaron nota de que lo que fallaba era la obstusa visión del incompetente de Snyder y la de esos productores que le habían permitido tener demasiado control creativo y continuar pese a los fiascos nada menos que durante tres películas. Pero la cosa estaba clara ya, y prescindieron de él en pleno rodaje. Demasiado tarde, porque por mucho que contrataran al gran Joss Whedon (Los Vengadores 1 y 2), poco pudo hacer para arreglar el desaguisado. Tras el estreno en noviembre de 2017, los directivos también fueron despedidos, tomando las riendas Walter Hamada. Para la siguiente entrega de un héroe en solitario, Aquaman, desde el principio han buscado a un realizador con experiencia demostrada y han tratado de cuidar más el guion. Y falta mencionar el dinero, la cantidad de billetes que tiraron en esos caóticos rodajes: Aquaman habrá costado cien o incluso doscientos millones menos que Batman vs. Superman y La liga de la justicia y luce infinitamente mejor.

La mejoría se nota, pero también está claro que todavía falta mucho que recorrer. Eso sí, no creo que podamos decir que el inicio de la remontada (esperemos que sea eso y no sólo un caso aislado) llegue tarde. El público es poco exigente, y si fue en masa a las anteriores a pesar de echar pestes sobre ellas, esta, con un boca a boca decente, ha hecho caja a lo grande, superando los mil millones de dólares de recaudación mundial. Si es que no hace falta mucho para funcionar con una temática de moda, sólo que sea entretenida.

James Wan inició su carrera en el terror serie b con Saw (2004). A pesar de su nula calidad tuvo un éxito abrumador y le permitió optar a proyectos más ambiciosos con mayor libertad, donde fue cogiendo experiencia hasta llegar a The Conjuring (2013), esta sí, una de terror tradicional pero muy sólida que se puede considerar un referente moderno del género. Por si fuera poco, demostró también su valía en el cine de acción con Fast & Furious 7 (2015), que terminó de asentar una saga que iba madurando con el tiempo. Teniendo ya una fama que le permitiría hacer lo que quisiera, es extraño que elija franquicias, pero mejor para nosotros: su llegada a DC prometía traer un soplo de aire fresco.

El visionado confirma una narrativa muy superior a la de Zack Snyder y la de David Ayer (el de Escuadrón suicida, un director y escritor regulero con más fama de la que merece: nadie se acuerda ya de Día de entrenamiento, Corazones de acero y Sin tregua a pesar de que las pusieron por las nubes, y en cambio su único trabajo original y de calidad, Sabotaje, pasó sin pena ni gloria). Y también muestra más personalidad y valentía que la labor de Patty Jenkins en Wonder Woman, bastante profesional pero sin garra alguna. La imagen tiene color y vida, no está tratada de forma artificial para… no sé cuáles eran las intenciones de Snyder, nadie lo sabe, pero todo quedaba oscuro, falso y feo. La historia posee ritmo y coherencia, no es una sucesión de postales rebuscadas sin visión global del desarrollo argumental y emocional. Cabe destacar sobre todo su habilidad para unir distintas secuencias con movimientos de cámara y fundidos, de forma que agiliza las numerosas transiciones entre escenarios y flashbacks; por el contrario, Snyder es de apelotonar todo sin ton ni son, incluso dejando huecos enormes. Wan también se atreve a mantener los intentos de darle un toque distintivo a las escenas de acción con cámaras lentas y trávellings circulares complicados, pero los resuelve con un dominio de la cámara y un montaje soberbios al lado de la tosquedad de Snyder y los fallos puntuales de Jenkins, que iba bien hasta que se atascaba en estos enredos.

Desde las peleas en el submarino, un escenario interior muy limitado, Aquaman impresiona como debería hacerlo cualquier título decente de acción o superhéroes. Y con la ayuda de un vestuario muy elaborado y unos efectos especiales de buen nivel, el acabado es digno de ver en cine (o en IMAX, pues rodaron casi toda la película en ese formato). Eso sí, hay que matizar que en cuestión de efectos especiales todavía está muy por debajo del nivelón de las sagas de referencia, Los Vengadores y Transformers, con algunos momentos donde la integración de fondos y actores canta bastante; pero ya no hablamos de un aspecto de cine cutre como en el resto de la serie. Lo único que falla realmente es la banda sonora original de Rupert Gregson-Williams, muy limitada y un tanto ruidosa, y la selección de canciones, tan malograda que parecen haber elegido temas comerciales rematadamente malos para hacer alguna clase de chiste.

El guion, escrito a varias manos, incluyendo al propio Wan, pretende dejar de lado la fallida pretenciosidad en la que Snyder había enquistado la serie, derivando hacia un tono más aventurero y relajado, y trabajar mejor la trayectoria de los protagonistas, que antes no sabías qué motivaba a Superman y Batman, no digamos ya a los secundarios. En cierta manera lo consigue, pero estábamos atascados en un nivel tan bajo que ahora aplaudimos un guion de aprobado por los pelos. No tiene nada que ofrecer a un género muy gastado, y más cuando la propia premisa bebe tanto de clásicos de la cultura: mitos griegos, trama “shakesperiana”, nacimiento del héroe y aceptación de su destino… Así, una vez presentado el argumento se ve venir toda la película, y los escritores no ofrecen ningún momento de inspiración que aporte alguna novedad. De hecho, hay partes (como ese prólogo que repite la misma frase una y otra vez, incapaz de ir al grano) que piden a gritos una última reescritura que otorgue algo más de originalidad y solidez. Donde aciertan es a la hora dotar a la aventura de simpatía además de claridad, y a los personajes de carisma además de unas motivaciones concretas, lo que basta para ofrecer un entretenimiento digno.

Aquaman es el típico individuo con capacidades superiores a la media pero que rechaza la difícil responsabilidad que los demás intentan ponerle encima; Mera es la mujer madura y decidida que trata de ponerlo en camino (aquí no se les acusa de feminismo forzado, eso solo pasa en la competencia); Orm el rey ambicioso; Nereus el político prudente que se deja llevar por la corriente; y así con todos. Pero de todos sacan bastante entre guionistas y un reparto muy bien elegido, de forma que Aquaman (Jason Momoa) tiene una personalidad magnética, Mera (Amber Heard) es más encantadora que rígida, y juntos tienen gran química (más que la pareja protagonista de Wonder Woman, Diana y Steve Trevor). Orm (Patrick Wilson) funciona aceptablemente bien como villano, y Nereus (Willem Dafoe) y otros secundarios aportan su granito de arena a unas relaciones y confrontaciones facilonas pero lo justo de emocionantes.

La odisea que induce la maduración del héroe y la intriga de la corte se desgranan con un ritmo enérgico, más teniendo en cuenta que hay mucho que explicar y que una vez las cartas están sobre la mesa todo resulta predecible. Se acumulan escenarios vistosos sin grandes baches de ritmo e interés, los protagonistas aprenden unos de otros o de sí mismos en un sinfín de aventuras muy moviditas. Hay partes espectaculares, como la citada secuencia del submarino, la pelea por los tejados y calles de la ciudad italiana, los planos de la Atlántida y sus gentes…

Pero imperfecciones todavía quedan muchas, aparte de su falta de novedades y calado. Tenemos algunos diálogos épicos forzados, algún chiste más tonto de la cuenta, un par de tramos de transición mejorables (por ejemplo, la escena de la fuente de Italia es un tanto cursi y a la revelación posterior le falta trascendencia), y algún instante de vergüenza ajena (el tipo que se va andando cuando Aquaman levanta la tonelada de piedras que aplastan sus piernas). Pero más grave son dos factores clave. Primero, el villano secundario, Manta Negra, no convence y parece ajeno al resto de la trama, añadiendo demasiado metraje extra innecesario, y el diseño de su traje parece más propio de una producción japonesa de baratillo. Segundo, en el acto final (desde la llegada a la Fosa) optan demasiado por los fuegos artificiales, de forma que parece que estás viendo una batallita de un videojuego en vez de una historia que pueda conmoverte. Deberían haber potenciado el conflicto político y personal entre las escenas de acción, y con situaciones más originales, pero la batalla global y el enfrentamiento entre los protagonistas van por separado, alargando un desenlace muy facilón con muchos más minutos de la cuenta.

Una película como esta (obviamente si es superior, mejor todavía) tenía que haber sido el comienzo de la serie, y a partir de ahí ir madurando y creciendo en complejidad hasta que estuviera lista para saltar a la unión de todos los personajes en una entrega más grande. Como reza el dicho, no se puede empezar la casa por el tejado. Quizá deberían hacer borrón y cuenta nueva, es decir, continuar la saga como si no existieran las tres grupales que llevamos (Batman vs. Superman, La liga de la justicia y Escuadrón suicida) y trabajarse mejor las venideras cintas en solitario (Cyborg, Flash y la segunda de Wonder Woman y Joker están en proceso, queda por ver qué pasa con la de Batman y la secuela de El hombre de acero, y si se atreven con otros). Y si estas dan buenos resultados podrían plantearse entonces hacer una unión de los héroes como es debido, con la experiencia adquirida, la mayor profundidad de los protagonistas y su universo. Inesperadamente, todo apunta a que van a probar esta idea con la segunda parte de Escuadrón suicida, que prácticamente será un reinicio de la mano de un autor que también ha demostrado su valía, James Gunn. Este es el realizador de la subserie Guardianes de la galaxia de Marvel, así que entre esto y que ficharon a Joss Whedon para tratar de salvar La liga de la justicia, parece que los productores de DC han admitido la derrota y tratan de levantar cabeza.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
-> Aquaman (2018)

Asesinato en el Orient Express


Murder on the Orient Express , 2017, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 114 min.
Dirección: Kenneth Branagh.
Guion: Michael Green, Agatha Christie (novela).
Actores: Kenneth Branagh, Daisy Ridley, Leslie Odom Jr., Johnny Depp, Derek Jacobi , Michelle Pfeiffer, Willem Dafoe, Judi Dench Olivia Colman, Manuel Garcia-Rulfo, Josh Gad, Penélope Cruz, Sergei Polunin.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes figuras.
Lo peor: Superficial en la descripción de personajes y la construcción del suspense, grandilocuente pero fallida en lo visual.

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Kenneth Brannagh no ha salido muy airoso de esta nueva aproximación literaria tras sus distantes éxitos con las adaptaciones de Shakespeare, quedándose bastante lejos del recibimiento de la versión más famosa de Agatha Christie, que precisamente fue sobre la misma novela, realizada por Sidney Lumet en 1974 también con un reparto de infarto.

Sí, como entretenimiento cumple con un mínimo más que aceptable. No tiene achaques de ritmo graves, salvo el largo e innecesario prólogo, despierta curiosidad suficiente con unos personajes variopintos, y el misterio no se puede tomar en serio pero mantiene en movimiento la acción. Pero no tiene garra suficiente para hacerte vibrar, se queda muy corto en una mezcla caótica de géneros (supense, drama, acción), y una vez terminado el visionado se olvida rápido.

El suspense es muy irregular. Consigue un par de secuencias intrigantes (el plano desde el techo al descubrir el cadáver), pero el resto del tiempo no logra la investigación te haga pensar y te mantenga en vilo por su resolución. No ayuda desde luego el estilo fantasioso de la autora, que gustará a sus adeptos pero tiene las de descolocar a cualquiera que vaya sin saber a qué se enfrenta. Yo creo que me leí este y Diez negritos (1939), y tuve suficiente, todo es humo que lleva a un desenlace que siempre explota en una orgía absurda que no hay por dónde agarrar.

El repertorio de personajes es atractivo de primeras pero queda muy desaprovechado conforme avanza el metraje. Ninguno llega a calar hondo con una personalidad llamativa o una historia compleja y conmovedora. El principal, Hercules Poirot, peca de tener una pose muy marcada e irreal; Branagh no está nada mal, pero le falta el punto de carisma para que resulte excitante en vez de histriónico y a veces cargante. El resto es un quiero y no puedo: no terminas interesándote por el porvenir de ninguno, no entiendes sus motivaciones durante la investigación (con lo que no puedes implicarte, o sea, sufrir con ellos o sospechar de ellos), y la resolución del caso es inverosímil y no termina de aportar sustancia a sus personalidades sino más extravagancia y por ende desconexión.

No funciona tampoco la grandilocuencia visual. Branagh busca un aspecto épico que no pega mucho en un relato tan teatral. Las grandes panorámicas de las montañas y la estancia atrapados en la nieve resultan artificiales en intenciones tanto como en acabado: los efectos especiales cantan demasiado, no da la sensación de ser un paraje real, sino un escenario parco rellenado con evidentes pantallas de fondo. También incluye con calzador un par de secuencias de acción muy ineficaces, pues el montaje es pésimo.

Vale para pasar el rato si no se le buscan las cosquillas, pero no deja huella alguna, y en un análisis más serio hace aguas por todas partes.

La gran muralla


The Great Wall, 2017, EE.UU., China.
Género: Aventuras, fantasía, cine cutre.
Duración: 103 min.
Dirección: Yimou Zhang.
Guion: Carlo Bernard, Doug Miro, Tony Gilroy, Edward Zwick, Max Brooks.
Actores: Matt Damon, Pedro Pascal, Tian Jing, Andy Lau, Hanyu Zhang, Willem Dafoe, Lu Han, Kenny Lin, Eddie Peng.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: El vestuario es alucinante. El carisma de Pedro Pascal.
Lo peor: El guion es vergonzoso, la puesta en escena horrenda, los actores se encuentran evidentemente incómodos, excepto el recién citado.
“Mejores momentos”: El tipo trabajando en la cocina con la armadura puesta. El protagonista que no quiere saltar desde las alturas… y salta desde las alturas.
La traducción: Se pasan toda la película diciendo “pólvora negra”, y me da que lo correcto sería “polvo negro”.

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Alerta de spoilers: Supongo que hay spoilers, pero es que, como indico en la crítica, en cuanto se expone cada elemento sabes cómo se va a desarrollar todo.–

Ni con las expectativas al mínimo esperaba algo tan espantoso. Iba con la idea de ver una de acción tonta pero divertida, deseando que estuviera más en la onda de Independence Day (1 y 2), Hércules o Furia de titanes, es decir, un entretenimiento consciente de sus limitaciones y que va al grano explotando el divertimento, que en la de cagadas como El destino de Júpiter, Warcraft o John Carter, desastrosas por su narrativa caótica y torpe y lastradas un poco más por su obtusas pretensiones. Hasta obras hipertrofiadas e infumables como algunas entregas de El Señor de los Anillos, El hobbit y Piratas del Caribe (aunque sigo intentando entender su éxito entre el público), como El retorno del rey, Un viaje inesperado, La batalla de los cinco ejércitos y En el fin del mundo, casi parecen buenas épicas de aventuras al lado de esta. Sólo En mareas misteriosas se le acerca, y por aburrida y plana más que por ser ridícula; tengo que remontarme hasta Eragon para encontrar un nivel de vergüenza ajena semejante en el cine comercial de alto presupuesto, y sólo aberraciones como 10.000 la superan. Lo único bueno que puedo decir es que me han entrado ganas de recuperar El guerrero nº 13 y Master and Commander, las últimas grandes películas de aventuras.

En La gran muralla no parecen haber rodado con un guion detrás… pero tampoco con un director. Da la impresión de que a los pobres currantes les han contado el argumento y los han dejado a su aire para grabar como pudieran las escenas que encajaban en él; que hay que comer, oye. Sólo así me puedo explicar la chapuza narrativa, la nula progresión dramática, la trama sencilla pero destartalada y los personajes totalmente huecos. Sólo así se entiende que el repertorio de clichés y estereotipos, incluso en una época de escasez de originalidad e intelecto, sea tan abrumador, y en el mal sentido, porque acabé hastiado de tanta necedad en sólo un par de escenas.

Y mira que si comprobamos los créditos vemos escritores conocidos: Edward Zwick (El último samurái, Resistencia), Carlo Bernard y Doug Miro (Narcos… aunque también Prince of Persia), y Tony Gilroy (serie Bourne, Rogue One). Pero el panorama ante el que nos encontramos es desolador. Es como si hubieran pasado los Tauntaun, no perdón, los Taotie, y hubiera dejado solo los restos de una película y no hubiera sido posible recomponerla entera, quedando sólo un endeble armazón, un resumen tosco. La historia del héroe que se encuentra ante un pueblo oprimido y decide ayudar es un relato primigenio en la imaginación del hombre. La lógica dice que, si vas a tomar un argumento tan trillado, aportes algo distintivo o al menos hagas un esfuerzo para que el conjunto resulte lo suficientemente sólido como para aguantar el tipo. Usar a los monstruos como azote de estas gentes no es especialmente novedoso, pero con el tema de la muralla y la compleja organización del ejército y sus métodos de lucha desde luego parecía haber una margen para más. Pero, como digo, se limitan a lo más básico y lo empalman todo de mala manera. Apenas hay coherencia en un conjunto en precario equilibrio sobre unos pocos tópicos, y desde luego no hallamos ni una pizca de identidad propia o personalidad, de inteligencia y originalidad en toda la aventura, sus habitantes y sus diálogos. La simplificación y banalización de cada elemento llega a niveles inclasificables.

Tenemos el héroe responsable y el colega simpático y alocado más predecibles que puedas imaginarte. Soportamos a generales serios y rígidos… en el sentido de que son puro aburrimiento. Nos dicen que debemos enamorarnos de la chica dulce y atractiva… y aunque por suerte la ponen luchando, no siendo objeto de la misión del hombre, es insustancial también. Y aparece Willem Dafoe como recurso de la historia de la fuga, porque ni llega para denominarlo personaje. Si su definición y posición inicial es realmente vulgar, no esperes que vayan a remontar. Con todos sabes lo que va a ocurrir, lo que van a hacer, en cuanto empieza su nueva escena o nuevo tramo de la historia. Cuando el protagonista dice “Yo llevaré el imán”, ya intuí todo lo que iba a pasar.

Cada situación llega de sopetón, todo se desarrolla a trompicones, con explicaciones metidas con calzador. Ahora toca un ataque para exponer algo sobre la muralla o la naturaleza de los bichos, ahora un receso para romanticismo, ahora otro ataque sin sentido para que la heroína ocupe su lugar, ahora otra pausa para que el héroe se integre, ahora otro ataque para que el colega intente escaparse… Pero por todos los demonios, ¿es que no sois capaces de narrar algo que no sea de forma lineal, no sois capaces de unir dos capítulos mediante una transición tangible y atractiva? Y que conste que dejo de lado asuntos como por qué no usan las cuchillas de la muralla desde el principio en vez de descolgar gente que sólo sirve para carnaza, porque bueno, es efectismo barato sin más, una nimiedad comparada con el resto.

Esta catástrofe de estructura narrativa llega a límites inauditos con el cachondeo que hay con el héroe: en cada episodio enfrenta el dilema de si unirse a la lucha o no, y en cada uno de ellos pasa de rehuir de todo a unirse a ciegas sin más, para en el siguiente habérsele olvidado por completo su determinación. Aunque lo lógico es que el protagonista decida o madure al final, tras una evolución escalonada, una transformación según los eventos calen en él, todo ello expuesto con más o menos acierto (en el cine contemporáneo prima lo segundo), aquí estamos hablando de un nivel tan bajo de calidad que el estereotipo es lo único que tienen para ofrecer, y el pobre Matt Damon enfrenta el dilema como siete veces, en algunos casos con una dejadez vergonzosa, como cuando se enfrenta a la persecución y batalla final (al montar en el globo), donde se da la vuelta porque no quiere ir, pero entrecierra los ojos por la razón que sea y… zas, ve la luz y decide participar, o cuando, tras decir claramente que no va a saltar la muralla para luchar porque no confía en nadie, lo hace en modo suicida sin plan alguno y, atención, esperando que los demás respondan a sus acciones con plena confianza.

Los diálogos son entre sonrojantes y delirantes. Para empezar… ¿Que los distintos idiomas nos molestan porque tendríamos que trabajar un poco más en el guion y el rodaje? Pues hacemos que todos hablen inglés con todo el descaro del mundo. Y a partir de ahí el repertorio de sentencias cortas tan superficiales y evidentes como anodinas es asombroso, como si estuviera hecho a propósito para dar risa.

-¡Ahí está la reina!
-¡Ella los dirige!

Ovación en la sala.

Estoy convencido de que los tres o cuatro chistes medianamente graciosos que salen de boca de Pedro Pascal son improvisados, porque están a un nivel muy superior al resto de sandeces que vomitan los demás actores sin creérselo. En esto empezamos por Matt Damon, inerte, inexpresivo, aburrido, como si no estuviera a gusto; es engullido por Pascal de principio a fin, y eso que en la campaña publicitaria no parece existir. Los chinos, ninguno con carisma, en especial la chica, que para variar no pega en el personaje: demasiado joven, bella y limpia para ser verosímil en un escuadrón de élite de un ejército.

Para rematar, me temo que en lo visual no está a la altura tampoco. Salvo por el extraordinario vestuario, con unas armaduras y armas deslumbrantes, nada luce como se espera en una superproducción de 150 millones de dólares. Los decorados son muy parcos, un escueto cacho de muralla, un par de habitaciones y un salón; el único escenario destacable llega al final con la sala del emperador en el palacio, pero aparece brevemente, así que no sé para qué gastan el dinero donde no deben. Los efectos digitales son de serie b: la muralla y los ejércitos de monstruos cantan un montón; las criaturas vistas desde cerca son bastante mejores, pero tampoco impresionan. Y no lo entiendo, había recursos de sobra, estaba implicada la veterana ILM (Industrial Light & Magic), y la industria del cine china no es novata en grandes despliegues de decorados. Por ello, el contraste con el sobresaliente vestuario es muy llamativo (y por cierto, no podía dejar de pensar en una adaptación a imagen real de Los caballeros del zodíaco). En cuanto a la música, Ramin Djawadi ofrece una partitura en su línea: ritmos simples y repetitivos que parecen sacados de una lista de temas pregrabados; quizá no da más de sí… aunque viendo el estado musical del cine comercial, me da que es lo que le piden, y es otro que se gana su jornal y ya está.

Resulta que al final sí había un director tras las cámaras: Yimou Zhang. Por todos lados vendían que era un gran realizador, un destacado artesano a la hora de lograr películas épicas y hermosas. Desde luego, Hero, La casa de las dagas voladoras, La linterna roja y otras tantas de su currículo tienen mucha fama. Pero se largaría antes de empezar a rodar, digo yo. Lo que se ve aquí es torpeza, nula visión de conjunto, mala escenificación, fallida relación entre lo manual y lo digital, y pésimo trabajo en postproducción. De hecho el montaje es de lo peor que he visto en el gremio, así que las batallas, hipertrofiadas y absurdas fantasías (atención a las cuerdas elásticas), resultan un galimatías de planos mal cortados y unidos. El director no sabe dónde poner la cámara, las escenas son todas iguales, y cuando hay jaleo se pierde por completo. Si el grueso de la aventura se va a desarrollar en una parte de la muralla, qué menos que recrearla bien… Pero el decorado es pequeñísimo y se combina fatal con lo digital; cuando salimos de un limitadísimo plano fijo de frente parece que estamos ante un videojuego. En serio, ¿a dónde fue el presupuesto? ¿A pagar el centenar de traductores que tuvieron que mantener para llevar el día a día del equipo mixto de chinos y estadounidenses (no me invento la cifra)?

Hablando de dinero, las primeras estimaciones del estreno daban 75 millones de dólares en pérdidas, aunque por suerte repartidos entre varias productoras. Esto supone un gran varapalo para las intenciones de unir los mercados estadounidense y chino, aunque claro, si esas intenciones implicaban únicamente películas de este tipo, pues más bien hay que alegrarse.

John Wick


John Wick, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 101 min.
Dirección: Chad Stahelski, David Leitch.
Guion: Derek Kolstad.
Actores: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Alfie Allen, Dean Winters, Willem Dafoe, Adrianne Palicki, Lance Reddick, Ian McShane.
Música: Tyler Bates, Joel J. Richard.

Valoración:
Lo mejor: Buen ritmo, con mucha acción que casi impide pensar en sus carencias.
Lo peor: Totalmente hueca. Sin progresión emocional o dramática alguna, con lo que resulta insustancial y muy fría.

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Sus realizadores vienen del mundo de los dobles de acción (actores y coordinadores), aunque algo de experiencia tienen como directores de segunda unidad (de partes de acción, es de suponer), y echan toda su experiencia para buscar un espectáculo de luchas y tiroteos de primer nivel. Pero no lo consiguen porque dejan atrás lo más esencial: un guion que ofrezca una historia que seguir y unos personajes con los que conectar. Y la pena es que el protagonista posee un aura intrigante en su presentación… pero no va a ninguna parte, se convierte en una máquina de matar que no muestra emoción ni progresión alguna.

El argumento casi parece una broma: habéis matado a mi perrito, voy a empezar una cruzada suicida contra toda la mafia. Y no pierden el tiempo justificando la aventura: el malo en vez de hablar, negociar o incluso entregar a su nefasto hijo para salvar el cuello, pasa directamente a intentar matar antes al protagonista, aun sabiendo que es un enemigo mortal. Una vez empezada la guerra… los malos se van a una discoteca a pasar el rato. Ése es el nivel. Sólo algún detalle inteligente asoma en un relato aséptico y olvidable, como ese grupo de enterradores tan curioso. Unos cuandos actores secundarios llamativos (Dafoe, Palicki, McShane, Reddick) pasan sin pena ni gloria en roles anecdóticos.

Además tampoco impresiona como espectáculo de acción. Por muchas peleas que haya, por mucho que se esfuercen en rodarlas bien y en buscar escenas ingeniosas y originales, entretiene lo justo, sin despertar entusiasmo. Primero está esa frialdad que implica la falta de argumento y personajes de peso, donde terminas sin saber por qué se pelea y dónde, y por lo tanto desentendiéndote de lo que ocurre. Segundo, porque con tanta lucha rebuscada y teatrera termina pareciendo un videojuego. Vamos, que peca de irreal y de forzada. Hay secuencias donde la coreografía está tan milimétricamente estudiada que canta a danza ensayada, otras se llenan de enredos que minan su credibilidad.

Para mi sorpresa la crítica ha sido muy generosa. Y luego tumban títulos tan originales y completos como Sabotage

El hombre más buscado


A Most Wanted Man, 2014, EE.UU., Reino Unido, Alemania.
Género: Suspense.
Duración: 122 min.
Dirección: Anton Corbijn.
Guion: Andrew Bovell, John le Carré (novela).
Actores: Philip Seymour Hoffman, Nina Hoss, Grigoriy Dobrygin, Robin Wright, Rachel McAdams, Willem Dafoe.
Música: Herbert Grönemeyer.

Valoración:
Lo mejor: El papel de Philip Seymour Hoffman. La lectura moral.
Lo peor: Falta de ritmo y energía, resulta bastante aburrida.

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El realizador Antjon Corbin dirigió El americano (con George Clooney), que fue una de las pocas películas que no he conseguido terminar de ver enteras, pues de aburrida y superficial me resultó insoportable. Si le di una oportunidad a El hombre más buscado es por ver el último trabajo del fallecido Philip Seymour Hoffman y porque las críticas la ponían bastante bien. No me ha llenado del todo, pero al menos no ha sido tiempo perdido.

Su fuerte es su tono europeo, es decir, es una obra muy alejada de la inmadurez intelectual y moral y de la corrección política que sufre Hollywood. La trama es realista, los personajes también, los dilemas éticos, políticos, profesionales y personales de cada situación son complejos y no tienen una única solución, y además dejan consecuencias. El lío entre gobiernos, agencias y agentes, y la lucha del protagonista por salir adelante conforman tramas con potencial pero sobre todo con un jugoso trasfondo. El relato termina proponiendo una forma alternativa y bastante atrevida de enfrentar el terrorismo islámico, y por el camino ha dejado otras tantas ideas y pensamientos con los que reflexionar sobre prejuicios, conflictos culturales, ambiciones políticas que generan más problemas de los que resuelven, etc.

Pero no hay más. A cambio hay que soportar una trama que cuando se sale de los conflictos morales carece de ritmo, intensidad y tan siquiera interés. La odisea por atrapar y usar al terrorista a la fuga no ofrece nada impactante, la intriga es escasa, el calado emocional casi nulo. Y le cuesta bastante dotar de profundidad a unos personajes en principio muy atractivos. La chica que defiende al objetivo (Rachel McAdams) debería haber dado más juego. El banquero (Willem Dafoe) es un objeto de la trama, y el intento de darle vida con una escena familiar no funciona. Los compañeros del protagonista son insustanciales. Es Hoffman el único que interesa, gracias a la intensidad de su interpretación, que muestra mejor que el guion el esfuerzo que realiza y los problemas que sortea.

Para una vez que encuentro una película con calado y contenido resulta que carece de un envoltorio que lo sostenga y muestre con solidez y atractivo suficiente.

Nymphomaniac


Nymphomaniac, 2013, Europa.
Género: Drama.
Duración: 118 y 123 min.
Dirección: Lars von Trier.
Guion: Lars von Trier.
Actores: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Shia LabBeouf, Christian Slater, Uma Thurman, Sophie Kennedy Clark, Connie Nielsen, Willem Dafoe, Jamie Bell, Mia Goth.

Valoración: Vol. 1 | Vol. 2
Lo mejor: Las historias son variadas, originales, bien narradas y con bastante pegada…
Lo peor: …pero todas en conjunto no ofrecen una obra lo suficientemente equilibrada y coherente como para dejar buenas sensaciones, problema que explota del todo con su delirante final.

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Como sus cinco horas y media de metraje eran insoportables en una sola tanda, tanto para el espectador (por esfuerzo y paciencia para estar sentado y atendiendo) como para el cine (por sesiones perdidas), la distribuidora obligó a partirla en dos partes y redujo su metraje a cuatro horas. Hay que decir que de partida no es una obra destinada al gran público y su exposición fue escasa, pero sí que se agradece que frenaran un poco los delirios de Lars von Trier y la hicieran un poco más asequible y cómoda de ver, por mucho que él reniegue de este montaje.

Un hombre mayor (Seligman) encuentra a una mujer tirada y herida (Joe). Esta no quiere ni ambulancia ni policía, así que se la lleva a casa. Como parte de los cuidados escucha la historia de su vida: es una ninfómana con una existencia miserable. La narración se desarrolla en forma de capítulos dedicados a distintas etapas, edades y vivencias de una personalidad que gira siempre alrededor del sexo. Hay lugar para el humor, la aventura y el drama, pero prima la perspectiva sombría con dosis de terror psicológico y tragedias brutales. Vicios, depresión, problemas de funcionamiento en sociedad, en el trabajo y la familia… Joe achaca todo eso a su maldad e inmoralidad, pero Seligman trata de hacerle ver un lado más positivo y de dar sentido a sus acciones.

Stellan Skarsgård está fantástico como Seligman, con una de esas interpretaciones contenidas que lo dicen todo con la mirada. Stacy Martin como la Joe joven-adulta y Charlotte Gainsbourg como la versión mayor transmiten bien el tono apesadumbrado y apático de esta mujer que pasa por el mundo como una sombra buscando sentir algo a través de su adicción. El resto de actores tienen papeles muy breves, debido a que aparecen en determinados episodios. El que más tiempo ocupa es Shia LaBeouf, quien no está mal pero no tiene la experiencia necesaria para dejar huella. En cambio Uma Thurman con su enorme presencia realza su capítulo hasta hacerlo de los más recordables.

Prácticamente todas las historias por separado tienen buen ritmo y un estilo propio (tanto en el continente como en el contenido) muy definido que las hace distintivas, entretenidas y emocionantes. Lars von Trier, alternativo y rebuscado como siempre, en lo visual se contiene bastante y en el guion no está tan críptico como otras veces, pero sí bordea el vacile intelectual de vez en cuando. La forma de enlazar secciones mediante las anécdotas de Seligman a veces resulta curiosa, dando un toque distendido y cambiando hábilmente el ritmo para no aburrir, pero en otras ocasiones roza la pedantería barata. Y en cuanto al sexo es una película muy explícita, con penes erectos y todo, algo que para algunos (sobre todo en EE.UU.) es como decir porno, pero que yo sepa sin penetración en primer plano no hay porno que valga. Pero desde luego no es para mojigatos, porque es directa y cruda tanto en el argumento como en lo visual, en ocasiones más de lo que parece necesario (el montaje fotográfico de penes es una broma o qué).

Aun contando con esos excesos puntuales Von Trier es capaz de hacernos vibrar, sufrir y sentir empatía incluso en los peores batacazos de la protagonista, conectar con Seligman y su aportación serena, amable y madura que trata de sacar lo mejor de cada bajón y fallo que tiene aquélla. Uno espera pues que el relato crezca hacia alguna parte, converja en una catarsis final que dé sentido a tanto metraje y relatos. Pero no ocurre así. La división en dos volúmenes realza el problema de la película: tras el ecuador en vez de ir a más y dirigirse hacia una conclusión patina con algunos altibajos y desvaría en un desenlace desastroso.

Justo cuando parecía que tomaba un camino más centrado en hacer que Joe encontrara un lugar en el mundo, que hallara sentido a su vida, las historias pierden fuerza y se apartan del hilo conductor para irse a detalles triviales tanto breves (la pareja de negros) como excesivamente largos (el capítulo del sado se hace eterno), con lo que partes en apariencia esenciales, como el intento de formar una familia, quedan muy difuminadas y estiradas. Más adelante se centra de nuevo: el acercamiento a la chica saca lo mejor de Joe, aunque se iniciara como de costumbre desde el lado oscuro, y pone otra vez el foco en su maduración como persona. El que parecía el final tira por esa vena oscura, algo que no sorprende dada la naturaleza del relato pero supone un golpe duro, ya que se conecta bastante bien con los personajes y después de tanta miseria cabría esperar algo de luz y esperanza. La situación que la lleva a acabar tirada en la calle como la vimos al principio y sus reflexiones y nuevas esperanzas suponen un final para mí perfecto. En estas condiciones la película habría acabado bien, y en conjunto a pesar de tener altibajos y exceso de metraje habría sido un viaje bastante interesante, distinto, valiente y de los que hacen pensar. Pero me temo que no acaba no acaba ahí…

De repente Von Trier fuerza una conclusión ridícula y da un giro final vergonzoso. Después de remover conciencias y empujar a reflexionar remata cuatro horas de filosofía con una cutre, infantil y lastimera conclusión de que las acciones de Joe se deben…. redoble de tambores… ¡al machismo!, y que lo que hacía era una venganza contra los hombres. Acabar con tal simplificación decepciona enormemente, pero todavía queda la sorpresita…

Alerta de spoilers: Selecciona el texto si quieres leer sobre el giro final.–

Seligman el asexual amable, que escucha pacientemente siempre tratando de sacar lo mejor de Joe y hacerla sentir bien, se pone a violarla, ella reacciona pegándole un tiro, fundido en negro y fin. Ni pies ni cabeza. Resulta una broma de muy mal gusto.

Fin de spoilers

Supongo que Von Trier quería un relato pesimista, cruel y desagradable, pero para ello fuerza un final que traiciona a la verosimilitud de lo narrado previamente y por tanto al espectador. Así pues, no puedo recomendar la película. En principio parece atractiva para espectadores atrevidos y ávidos de nuevas experiencias, pero cuatro horas de visionado para un cierre tan malogrado no resulta nada satisfactorio. Quizá si hubiera resultado una obra maestra la decisión de Von Trier se perdonara como un giro fallido, pero como no lo es uno espera que al menos el cierre deje buenas sensaciones y disimule las carencias previas. Y en estas condiciones dudo seriamente que el montaje del director (si es que llega a ver la luz, como miniserie por ejemplo) aporte sustancia y mejoras, porque en esta versión ya se ve que sobran minutos en cantidad. Cabía en una película de dos horas y media con una narración más ágil, pero ya se sabe que Von Trier va de gafapasta y alternativo y, viendo el final, un tarado o un bromista de cuidado.

Por cierto, la campaña publicitaria con posters de todos los protagonistas en posturas sexuales y rostros en pleno orgasmo sí que es una fantasmada, prácticamente sólo la protagonista (en distintas edades) y Shia LaBeouf tienen escenas de sexo.