El Criticón

Opinión de cine y música

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Magia a la luz de la Luna


Magic in the Moonlight , 2014, EE.UU.
Género: Comedia, romance.
Duración: 97 min.
Dirección: Woody Allen.
Guion: Woody Allen.
Actores: Colin Firth, Emma Stone, Marcia Gay Harden, Eileen Atkins, Hamish Linklater, Simon McBurney,

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son interesantes, la trama sencilla pero amena.
Lo peor: Le falta garra, ritmo y resulta muy predecible además de algo forzada.

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Un mago, escéptico hasta la médula, es llamado por un amigo para comprobar juntos si una chica que dice ser vidente podría ser la prueba que derrumbe su concepción del universo.

El punto de partida promete una comedia de enredo donde además poco a poco aparece el romance, y el dibujo inicial de los personajes es también atractivo, sobre todo el del protagonista (Colin Firth). Pero esa gran comedia que parece guardar el planteamiento no llega a madurar nunca. Hay varios factores que se unen para frenar sus posibilidades. La historia carece de originalidad, sigue un camino muy predecible y además se la ve como encorsetada, anclada en una dinámica muy limitada. Es decir, se repiten el mismo tipo de escenas una y otra vez (cansinos paseos en coche), se fuerzan tópicos (la lluvia los aísla y acerca), e incluso se incluyen giros que parecen metidos con calzador para forzar tal o cual cambio en el personaje en el momento exacto (el accidente y la visita al hospital es muy artificial).

La relación amorosa, como extensión de esas limitaciones, no termina de funcionar. Los diálogos tienen la huella de ingenio de Woody Allen y ofrecen divertidos juegos de ataque y defensa entre la pareja, pero no basta, porque no hay química (los actores tienen parte de culpa: ni Firth ni Emma Stone terminan de congeniar) y la evolución es muy facilona, incapaz de sorprender y emocionar. La intriga por ver cómo desvelarán la farsa o descubrirán la auténtica magia lleva mejor ritmo… pero tampoco tiene giros genuinos, y por extensión el final se huele a distancia.

Lo mejor es que el trasfondo buscado por Allen no se diluye en la simpleza del guion. Los mensajes sobre las esperanzas, el amor, lo que necesitan creer los humanos para seguir viviendo, etc., se intuyen sin problemas. El protagonista más que escéptico es cabezón irracional hasta el punto de que ni cree en el amor, pero la situación le hará comprender tanto las debilidades de las personas, esas que las llevan a creer en fantasías, como las suyas propias: reconocer que los sentimientos no se pueden medir con el rigor científico que pretende. Y por ello es una pena que la maduración del personaje no consiga engrandecer la pobretona historia de amor.

Nunca llega a decaer hasta el aburrimiento, tiene cierto encanto (personajes simpáticos, escenario vistoso y puesta en escena colorida) y entretiene sin problemas, pero resulta intrascendente y se olvida en cuanto termina la proyección.

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Blue Jasmine


Blue Jasmine, 2013, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 98 min.
Dirección: Woody Allen.
Guion: Woody Allen.
Actores: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Michael Stuhlbarg.

Valoración:
Lo mejor: El guion (descripción de personajes, diálogos, situaciones). La interpretación de Cate Blanchett, inconmensurable.
Lo peor: Nada.

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Menudo viaje el de Jasmine. De pija millonaria viviendo a lo grande, con responsabilidades tan estresantes como gestionar galas benéficas, a mendiga de su hermana, una mujer de clase media. En esa situación debería buscarse su propio camino, estudiando y trabajando como cualquiera, pero pronto verá que eso no está hecho para ella, y sufre día a día lo que ella llama injusticias.

El retrato de clases que compone Woody Allen es acertadamente exagerado y oscila muy bien entre la parodia casi cruel y cierto encanto melancólico, pues aunque te descojones de sus calamidades también se siente pena por las miserias de las protagonistas, por su incapacidad para salir adelante. Así, la comedia se mezcla con el drama, y debido a la ironía es difícil saber dónde acaba un género y empieza otro. A veces parece que Allen se ríe de Jasmine, de su forma de ser y sus desgracias, otras que busca la comprensión del espectador hacia sus problemas. Esa ambigüedad podría ser un punto en contra, por indefinición e irregularidad narrativa, pero Allen es tan hábil que lo convierte en uno a favor, pues le da un tono de realismo que, aun rondando el sarcasmo, muestra muy bien las limitaciones absurdas que es capaz de auto imponerse el ser humano. Por ello Blue Jasmine termina siendo una cinta con moralejas y enseñanzas varias no por evidentes menos eficaces. Aceptarnos como somos, no dejarse vencer por los baches de la vida, luchar por salir adelante, no criticar a los demás por no pensar como nosotros y un largo etcétera.

Jasmine representa al pijerío más repelente, las derrochadoras y creídas que no han dado un palo al agua, que se han acoplado a un marido con pasta o han nacido en una familia forrada. Ajena al mundo real, sus mayores ambiciones del día son ir a yoga y comprarse alguna joya o ropa inútil cuya marca sea lo suficientemente cara como para afianzar su posición superior entre los seres humanos; porque queda claro que para ella (y para mucha gente de esta ralea en general) el dinero y la posición social son sinónimos de grandeza, de mayor cultura e inteligencia. Así, cuando cae de golpe a la miseria porque se descubren los chanchullos de su marido, sigue siendo una esnob, sibarita y creída repelente. Es divertidísimo ver como, estando a punto de pasar hambre y pese a ser salvada por su hermana, resulta incapaz de enfrentar la realidad, de cambiar de mentalidad: rebajarse a la forma de vida de la clase media-baja es intolerable para ella, y la lluvia de mierda (quejas, puñaladas, rechazo y prejuicios) que suelta sobre todos los “seres inferiores” que la rodean es demencial. Momentos sublimes como cuando conoce al novio de la hermana y este se trae un amigo son el máximo exponente de su cabezonería. Los intentos por realizarse, por encontrarse a sí misma, sea estudiando o aceptando un trabajo miserable (es decir, normal), no parecen hacer mella en su obstinación: ha nacido para ser millonaria y punto.

Como Jasmine es una bomba de personaje, resultaba jugosísimo para cualquier actriz con talento. La elegida es Cate Blanchett, y no es que clave el papel, es que lo hace suyo completamente, regalando una de esas interpretaciones que se recordarán (o deberían recordarse) eternamente. Los cambios de humor, las crisis, la constante frustración, las fugaces esperanzas… en todo momento la australiana está más allá de la perfección.

Aunque la película prácticamente sea la odisea de Jasmine, su hermana Ginger juega un papel crucial, no solo como sustento para el personaje, sino para la construcción de la ingeniosa crítica y parodia social. Las conversaciones, las peleas, la señalización constante de los puntos que no tienen en común y de sus debilidades… Resulta una réplica y contraste excelente en todo momento, una mujer de la clase obrera que acepta todo como viene y no se plantea mejoras, casi ni esperanzas, pero que trabaja duro por sobrevivir en el presente, sin mirar atrás ni amilanarse por los errores que pudiera haber cometido. Y aunque Cate Blanchett es un monstruo de actriz, Sally Hawkins mantiene el envite con una interpretación muy intensa.

Prácticamente no hay más personajes complejos o de peso, porque las parejas de las hermanas quedan en un plano inferior, casi como simples elementos usados para introducirnos en sus psiques y vidas. Pero a pesar de la descripción somera de esos hombres, aguantan aceptablemente bien el tipo. El esposo de Jasmine, Hal (un resuelto Alec Baldwin), es un charlatán y embaucador típico pero efectivo en su propósito, y el novio de Ginger, Chili, es un bruto simplón quizá muy predecible pero gracias a la buena labor de Bobby Cannavale resulta convincente.

La aventura de Jasmine deja un reguero de chistes que provocan mitad vergüenza ajena, mitad carcajadas sonoras. La infinidad de encontronazos y penurias que enfrenta, la mayoría fruto de su distanciamiento de la realidad, derrochan ingenio y humor mordaz. La narración no lineal juega con la comparación entre las dos etapas de su vida bastante bien, y los enlaces a través de sus crisis psicológicas, pues mezcla situaciones como si no supiera dónde está, ensalzan muy bien su incapacidad para aceptar la nueva etapa de su vida. Los diálogos son clásicos de Allen, largos y veloces, divertidos a la vez que profundos, pues están perfectamente adaptados a la forma de ser de cada personaje.

Blue Jasmine es una de las mejores comedias inteligentes de los últimos años, aunque también equivale a decir una de las pocas que hemos visto. Igualmente se cita como la recuperación de Woody Allen tras un tiempo un poco perdido en títulos que no lograban ser del todo redondos.