El Criticón

Opinión de cine y música

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La delgada línea roja


The Thin Red Line, 1998, EE.UU.
Género: Bélico, drama.
Duración: 170 min.
Dirección: Terrence Malick.
Guion: Terrence Malick, James Jones (novela).
Actores: Jim Caviezel, Sean Penn, Nick Nolte, Ben Chaplin, Elias Koteas, John Cusack, Woody Harrelson, Dash Mihok, John C. Reilly, Adrian Brody, John Travolta, Jared Leto, John Savage, Larry Romano, Arie Verveen, George Clooney.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La combinación de drama humano intimista, reflexiones filosóficas y cine bélico de grandes proporciones es hipnótica, tan bella como dura. La puesta en escena de Terrence Malick, la fotografía de John Toll y la música de Hans Zimmer son sublimes. El reparto está muy implicado.
Lo peor: En el último acto pierde un poco el norte, Malick no supo condensar bien las muchas horas de metraje que tenía grabadas.
La adaptación: Es la segunda película que parte de la novela de James Jones, la primera fue El ataque duró siete días (Andrew Marton, 1964).
El gazapo: En una toma se ve claramente una cámara y varios técnicos.
La frase: Esta gran maldad. ¿De dónde viene? ¿Cómo se infiltró en el mundo? ¿De qué semilla, de qué raíz creció? ¿Quién es el autor? ¿Quién nos está matando? Robándonos vida y luz. Burlándose de nosotros con visiones de lo que podríamos haber conocido.

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UN AUTOR DESCONCERTANTE

Tras colaborar en unos pocos guiones, Terrence Malick inició su carrera en solitario como escritor y director con Malas tierras (1973) y Días del cielo (1978). No tuvieron gran repercusión en taquilla, pero el gremio del cine sintió un escalofrío ante un talento insólito. El lirismo desbordante en la puesta en escena y el calado emocional de ambas historias mostraban una sensibilidad única en el drama y una determinación y pasión sin igual en la técnica. Pero entonces desapareció completamente del panorama durante diecisiete años, tiempo durante el cual fue creciendo un aura de reverencia alrededor de su nombre.

Cuando anunció que volvía en 1995, Hollywood entró en modo euforia, numerosos actores famosos colapsaron el proceso de casting, suplicaban trabajar con él, reduciéndose el sueldo si hacía falta, incluso gratis. La situación unos años después, cuando consiguió acabar su nueva película, fue muy distinta, con medio reparto hastiado por el rodaje tan complicado y decepcionado por los cambios en sus papeles, que en algunos casos implicó incluso quedarse fuera del metraje final. Aunque al parecer, también unos pocos siguieron en el set cuando acabaron su parte, sólo por el placer de verlo trabajar.

Malick abordó una episodio bélico, la batalla de Guadalcanal (en las islas Solomon en el Pacífico), de grandes proporciones en cuanto necesidades técnicas y humanas. El rodaje en exteriores (en las islas y sobre todo en Australia) superó los cien días, que no es tan raro en superproducciones, pero se les haría cuesta arriba tanto por las dificultades esperables (enfermedades tropicales, traslados) como por las exigencias artísticas del realizador en cuanto a composición e iluminación de cada plano, lo que implicaba repetir muchas tomas. Y sobre todo, porque en algún momento empezó a improvisar y a dejar de lado el guion original.

Cuando entró en post-producción seguía dándole vueltas a una obra para la que tenía una cantidad ingente de material grabado. El montaje en bruto (la versión preliminar de una película) llevó siete meses y según los rumores era un mastodonte de cuatro o cinco horas, pero no le convenció, cambió de editor, y trabajaron de nuevo en ello durante más de un año. La narración que grabó Billy Bob Thornton abarcando todo el metraje fue desechada y los actores principales aportaron cada uno su parte. El protagonismo pasó de Adrien Brody, que interpretaba al protagonista de la novela pero quedó casi como un extra, a Jim Caviezel; por lo visto se enteró cuando asistió al estreno esperando ser la estrella. George Clooney también tenía bastante presencia y se vio limitado a una aparición breve, aunque su nombre figuró destacado en el póster. Otros muchos se quedaron sin un solo minuto en pantalla: Bill Pullman, Lukas Haas, Mickey Rourke

La cercanía del estreno generó mucha expectación, pero después de todo no causó una repercusión tan grande como se preveía. Inesperadamente tuvo una dura competencia en el género, pues Salvar al soldado Ryan partió con todas las ventajas (el tirón popular de Steven Spielberg, el apoyo de la industria) y público y medios entraron en una de esas olas de sobrevaloración ciega que ocurren a veces, hasta el punto de que se trató de denostar el logro creativo a todas luces superior de cintas como esta o Shakespeare enamorado (John Madden). Pero también su estilo fuera de registros convencionales y de corte introspectivo desconcertó a mucha gente, que no logró asimilar lo que estaba viendo. El tiempo debería haberla puesto en su sitio, si no como obra maestra sí como una de las películas más hermosas y a la vez perturbadoras de la historia del cine, pero parece que se ha quedado en obra de culto, de esas sólo comprendidas y alabadas por una minoría.

EL SINSENTIDO DE LA GUERRA

Un soldado raso, Witt (Jim Caviezel), ha desertado y disfruta de la sencilla vida entre nativos en una paradisíaca isla perdida. Cuando el ejército da con él, el diálogo con el sargento Welsh (Sean Penn), que entiende su rebeldía, independencia y resentimiento con los mandos e intenta que cambie, es sencillo pero con tanto sentido que duele:

-En este mundo, un hombre por sí solo no es nada. Y no hay más mundo que este.
-Ahí te equivocas. Yo he visto otro mundo.

¿Qué sentido tiene la guerra? ¿Por qué perturbar la vida normal? ¿Qué ambiciones absurdas llevan a ella, quiénes las orquestan? En las siguientes escenas vemos precisamente a quienes viven del conflicto bélico, quienes no conocen otro mundo. Dos altos mandos veteranos, un general engreído (John Travolta) y el anciano teniente coronel Tall (Nick Nolte). Este último anhela una gran victoria para poder ascender por fin, pero en la batalla se topa con el capitán Staros (Elias Koteas), que de primeras parece un blandengue, pero quien en realidad pretende defender a sus hombres ante sus despiadadas órdenes.

Las tropas son dispares. Capitanes y sargentos competentes, como Gaff (John Cusack) o Storm (John C. Reilly), otros que se rompen pronto, McCron (John Savage), o se que topan con el injusto caos de la guerra, Keck (Woody Harreslon). Soldados que echan de menos a sus mujeres pero aguantan el tipo como bien pueden, como Bell (Ben Chaplin), o que parecían cobardes pero van superando sus miedos, como Doll (Dash Mihok). Y muchos jóvenes a los que el conflicto endurecerá, quebrará, o llevará a la tumba (Adrien Brody, Jared Leto, Arie Verveen, Nick Stahl, Kirk Acebedo…).

Todos ellos alternan el protagonismo, pasando a primer o segundo plano según el curso de acción. En los roles principales no sólo compartimos sus vivencias, sino que Malick nos introduce de lleno en su mente a través de sus pensamientos, narrados con largas reflexiones o simplemente con recuerdos de una vida mejor. Esta es la característica más llamativa y la que sin duda echa para atrás a espectadores poco abiertos de miras. No es una cinta de acción, sino de introspección con toques filosóficos y poéticos.

Y eso no impide que tenga una atmósfera de tensión y unas escenas bélicas de contar entre las mejores de la historia. Con esas vidas combinadas se va dando forma al impacto psicológico de la guerra, y con la batalla queda patente su capacidad destructora. Ser humano y naturaleza son arrasados sin importar sus orígenes: el inocente pajarillo, el paisaje verde, el nativo ajeno a esas ambiciones políticas, los soldados empujados por banderas y patrias tiñen de marrón y rojo las colinas de Guadalcanal… Aunque como es obvio, las reflexiones valen para cualquier época y lugar.

Malick plasma esta transición de la paz inicial al infierno con una puesta en escena magistral en los diversos campos por donde se mueve. Con apoyo John Toll (Braveheart -1995-, Leyendas de pasión -1996-) en la deslumbrante fotografía y con las impecables labores de montaje y sonido, la cámara sigue las carreras y batallas de los soldados por las lomas en un ballet preciso y fascinante. Nunca escenas de guerra han sido tan nítidas, tan bellas y perturbadoras a la vez. Pero todo se vio realzado a un nivel superior por la inspiradísima composición de Hans Zimmer (La fuerza de uno -1992-, Marea roja -1995-, La roca -1996-, El pacificador -1997-), una obra maestra inclasificable en forma y resultado. El sonido que consigue es único, la progresión dramática escalofriante, la fusión con las imágenes es sublime. No soprende que este estilo haya sido imitado en incontables ocasiones, aunque Zimmer y su escuela también han reutilizado estos motivos más de la cuenta.

El reparto es enorme en número y calidad. Es una de esas ocasiones donde acertadamente prescindieron de estrellas (y eso que, como decía, había decenas deseando participar) y se centraron en buscar talentos no tan conocidos (actores secundarios de probada eficacia) y nuevos nombres que pasen el casting por demostrar valía en vez de por enchufe o fama. Todos están impecables, no hay ninguno que no convenza en su viaje al abismo, enfoque donde enfoque la cámara ves miedo y desconcierto, con algunos momentos puntuales de valentía y furia. Pero sí destacaría la inconmensurable interpretación de Nick Nolte, la facilidad con que Jim Caviezel te gana sin esfuerzo, y la capacidad de Dash Mihok para transmitirlo todo con la mirada.

OBRA MAESTRA IMPERFECTA

Pero Malick no fue capaz de rematar el tramo final al mismo nivel que el resto. La difícil tarea de condensar una película partiendo de tantísimo metraje, parte adaptado de la novela homónima de James Jones, parte (muchos de los pensamientos de los personajes) tomada de otra suya famosa, De aquí a la eternidad (que también tuvo dos adaptaciones al cine), parte improvisado libremente según le venían ideas, fue demasiado como para mantener no ya semejante nivel de brillantez, sino la propia coherencia.

En los últimos cuarenta minutos aproximadamente, tras la exposición de las secuelas de la batalla que sufren las tropas (cambios en el mando, estrés postraumático, remordimientos, malas noticias de casa…), empieza a pesar la sensación de que no hay un rumbo determinado. La toma de la colina mantenía todo bien unido, historia global, dramas personales, ideas filosóficas… pero ahora pasamos de etapas de descanso a escaramuzas varias sin conexión clara, con algún momento confuso, como un repentino bombardeo donde no se sabe qué ha pasado, de manera que la combinación entre las distintas intervenciones de cada protagonista no parecen seguir un orden y no hay una progresión concreta de los hechos.

También tenemos unas pocas escenas sobrantes aquí y allá: alguna de las visiones de la mujer de Bell podría eliminarse, por reiterativas; no sé qué aporta el encuentro de Witt con un soldado herido que espera rescate pacientemente (Thomas Jane); y aunque muy poéticos y en consonancia con la destrucción de la naturaleza, algunos planos a animalitos se estiran demasiado, como la absurda captura de un cocodrilo.

Pero en la cinta en conjunto da la impresión de que, aunque sea un relato coral de protagonismo cambiante, hay roles secundarios que quedan con sus historias a medias por los recortes. Juraría que el soldado que deserta con Witt en el prólogo (Will Wallace) no vuelve a aparecer o al menos no aporta nada más (aparte de que es fácil confundirlo con quien lo acompaña mucho luego, Doll –Dash Mihok-). Cabe pensar que falta falta alguna escena para desarrollar mejor la trayectoria del soldado Dale (Arie Verveen), el que maltrata a los japoneses y luego se arrepiente, pues queda algo descolgado del resto. Y Gaff (Cusack) desaparece tras la batalla a pesar de su relevancia. En otros casos sólo podemos echar en falta más presencia si sabemos que fueron drásticamente reducidos en el montaje estrenado, como Fife (Adrien Brody) y el capitán Bosche (George Clooney).

Con todo, a pesar de la notable dispersión, en el arco final se mantiene muy bien su capacidad para dejarte absorto con las imágenes y enganchado a la descripción tan intimista de la guerra. El problema es que parece inacabada, que con poco podría haber sido más completa y equilibrada. Pero ello hace anhelar una versión extendida que tape los huecos y explore el potencial latente en los roles secundarios que no terminan de ser redondos. Que dure cuatro horas si hace falta, pues como en Lawrence de Arabia (David Lean, 1968), no importa la longitud porque es una experiencia inolvidable. Si el siguiente trabajo de Malick, El nuevo mundo (2005), tuvo ampliación de 37 minutos, todavía podemos soñar con que lleguemos a verla.

Desde mi punto de vista, La delgada línea roja se debe catalogar como obra maestra, aunque sea imperfecta. La inmersión dramática es abrumadora: las aventuras de cada personaje llegan hondo, el clímax creciente de tensión es sobrecogedor, los picos álgidos de la batalla ponen los pelos de punta. Las reflexiones son conmovedoras y te dejan pensando horas después de la proyección. La fuerza y belleza de las imágenes se te clavan en la retina y en el corazón. Y más concretamente, las dos horas que dura la batalla son tan sublimes e incomparables a ninguna otra obra de arte que se podría decir, si me perdonáis el atrevimiento, que es lo mejor que ha dado el cine en toda su historia.

COMPARACIONES Y POLÉMICAS

La única película cercana, por el tono introspectivo y melancólico, podría ser Apocalyspe Now (Francis Ford Coppola, 1979), y quizá se podría mencionar El cazador (Michael Cimino, 1978), por la perspectiva psicológica.

En cuanto a la inevitable mención a Salvar al soldado Ryan y otras importantes del año, está claro que es imposible evitar la polémica, pues el fervor de la masa ha encumbrado a aquella mucho más lejos de lo que merece. Pero con la objetividad por delante, Salvar al soldado Ryan es un notable espectáculo de acción… y ya está. Las labores de dirección de Spielberg y de su equipo técnico (fotografía, montaje, efectos sonoros) son ejemplares, pero sin duda, pese a que les moleste a sus fanáticos seguidores, en esa temporada Shakespeare enamorado y El show de Truman (Peter Weir) fueron superiores en conjunto por la inventiva sin igual de sus brillantes guiones, el acabado tan equilibrado (visualmente también son una gozada, sobre todo la primera) y el sentimiento puesto por sus actores y directores.

Pero si los Óscar y Globos de Oro y otros que bailan a su son se guiaran realmente por la calidad y tuvieran coraje en vez de ser un complaciente escaparate promocional de amiguetes, La delgada línea roja se habría llevado los premios a mejor película y banda sonora del año, y podríamos discutir también sobre mejor dirección, fotografía y actor secundario (Nick Nolte).

Emboscada final (The Highwaymen)


The Highwaymen, 2019, EE.UU.
Género: Suspense, policíaco, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: John Lee Hancock.
Guion: John Fusco.
Actores: Kevin Costner, Woody Harrelson, Kathy Bates, John Carroll Lynch, Thomas Mann, William Sadler, David Furr.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto y personajes. Un policíaco con sabor a clásico…
Lo peor: …aunque se queda algo corto en ritmo y novedades. El revisionismo feminista.
El título: Una traducción más fiel sería Bandoleros, que no suena a telefilme de fin de semana como el elegido.

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La historia Bonnie y Clyde y asociados la conocemos bien en España por la infinidad de títulos que ha habido al respecto, pero en Estados Unidos cabría pensar que ya estarán hartos de estos famosos bandoleros. Pero Netflix otro acercamiento, produciendo un guion que John Fusco llevaba quince años queriendo poner en marcha, de hecho, en su momento pensó en Paul Newman y Robert Redford como protagonistas. Fusco tiene en su haber alguna de aventuras (Hidalgo -2004-, El reino prohibido -2008-) y la serie Marco Polo (2014), nada digno de alabar. El director John Lee Hancock tuvo cierto éxito y algunos premios con cintas como Un sueño imposible (2009) y Al encuentro de Mr. Banks (2013) y guiones como Un mundo perfecto (1993) y Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997). Los actores finalmente elegidos no tiene menos potencial que la propuesta inicial. Woody Harrelson no posee una carrera con tanto prestigio como la de Kevin Costner, pero sí es bien larga y en sus últimos años ha dejado muy buenos papeles, como en la primera temporada de True Detective (2014) y Tres anuncios en las afueras (2017).

Fusco pretende un acercamiento más realista, lejos de la mitificación que la banda se llevó en su época y en los primeros libros y películas sobre su vida (las más famosa, la de Arthur Penn en 1967, con Warren Beatty y Faye Dunaway). La descripción de aquellos tiempos y los hechos no se anda con romanticismo: la crisis económica y social de los años veinte queda bien patente, los Clyde son retratados como criminales peligrosos, no como unos Robin Hood, la política y la ley tienen sus fallas, los protagonistas distan de ser héroes impolutos, y la emboscada donde cazaron a los perseguidos fue una ejecución sin juicio y bien sanguinaria. También toma una perspectiva distinta, pues se centra solamente en el lado policíaco y muestra a los Clyde fugazmente.

Sin embargo, a la hora de la verdad no logra novedades suficientes. El cambio de enfoque no sorprende, pues el policíaco estilo road movie (pareja en la carretera) está muy visto y la cinta no ofrece nada distintivo. En el apartado histórico cumple bastante bien, incluso cuando eso significa perder sentido del espectáculo, como en el final. Pero hay que señalar que cae en uno de los peores vicios actuales: el revisionismo moderno de tintes feministas es para poner el grito en el cielo. Se tiene por casi seguro que Bonnie no tocó un arma en ninguna de las fechorías de la banda, que era simplemente la chica enamorada del tipo duro, y como mucho hacía algún trabajo logístico… que es la forma elegante de decir que hacía la compra. Pero en lo poco que aparece nos la describen casi como el cerebro de la banda, una tiradora experta y una asesina despiadada, porque relegarla a mujer florero no está bien visto aunque sea una cinta histórica.

El relato sigue a dos Rangers de Texas jubilados pero con gran reconocimiento a los que el gobierno de Texas, el más afectado por las andanzas de los criminales, recurren por desesperación. La fama de Frank Hamer (Costner) y Maney Gault (Harrelson) de violentos propios del salvaje oeste parece la adecuada para dar caza a quienes se escapan de los cuerpos de la ley limitados por muchas normas legales y morales.

La investigación y persecución combina la historia personal de los Rangers y la intriga policíaca. Dos veteranos que se sienten apartados sin reconocimiento (más allá de alguna medalla política), que ven apagarse su vida, tienen la oportunidad de volver a hacerse notar en un caso muy vistoso. Las dudas sobre si arriesgar lo poco que tienen, si estarán preparados para el reto y demás interrogantes se despachan con celeridad, sin rodeos ni dramas forzados como suele ser habitual. Sabemos que van a decir que sí, para qué alargarlo. Una vez en marcha resultan ser dos viejos fuera de tiempo, chocan con las nuevas tecnologías y sufren los envites de la edad en un trabajo muy exigente, pero la experiencia termina sobreponiéndose a los jóvenes agentes que pierden el tiempo con menudencias técnicas.

Los dos protagonistas están muy bien descritos, pero la puntilla la ponen Costner y Harreslson con dos papeles magníficos, de forma que resultan roles muy atractivos y el sin fin de anécdotas que viven garantiza un relato muy entretenido. En cada paso de su aventura desarrollan sus personalidad, encontramos chistes recurrentes y problemas de todo tipo que enfrentan con su singular estilo. Por el otro lado, el acabado visual de Lee Hancock es sobrio y elegante, buscando formas clásicas. Junto con la excelente ambientación, recuerda muy bien al noir de los años cincuenta.

Pero a la larga se echa de menos una progresión más clara en la investigación que dé sensación de dirección. Un par de llamadas telefónicas, muchas esperas, una buena pero breve persecución y el vago plan final no causan gran impresión, de forma que la intriga inicial se va diluyendo, tanto que el desenlace me dejó totalmente indiferente y sin alicientes para pensar en volver a verla. La visita al padre de Clyde ni la entiendo, es anticlimática en ritmo y en lo dramático, pues no aporta nada a los personajes y al caso; aunque probablemente la intención de Fusco era maximizar la tragedia final, la decisión de cargárselos a tiros, está lejos de funcionar. Y la emboscada no tiene tensión ni sorpresas, es un trámite a cumplir. Desde luego no voy a pedir que cambiaran los hechos para forzar el espectáculo, pero sí se podía esperar que trabajaran mejor el factor intriga.

Si no la tomamos como un documento histórico, Emboscada final es cine con sabor a clásico hecho con cariño y bastante entretenido, aunque le falta algo para calar en la memoria.

Han Solo

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Solo: A Star Wars Story, 2018, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 135 min.
Dirección: Ron Howard.
Guion: Jonathan Kasdan, Lawrence Kasdan.
Actores: Alden Ehrenreich, Woody Harrelson, Emilia Clarke, Donald Glover, Thandie Newton, Paul Bettany, Jon Favreau, Joonas Suotamo, Erin Kellyman.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Correcto sentido de la aventura y el espectáculo, con algunas secuencias impresionantes. Un repertorio de personajes secundarios bastante llamativo.
Lo peor: Un factor crucial: Han Solo, Qi’ra y sus actores Alden Ehrenreich y Emilia Clarke están muy lejos de dar la talla, y el doblaje lo empeora. La historia y sus giros principales son muy predecibles. La sorpresa final es ridícula.
Mejores momentos: La formación del grupo, el asalto al tren, las partidas de cartas y en general cualquier escena con Lando y L3, el asalto a la mina.
Las frases:
1) La minería es lo peor -Lando.
2) En esa nave tenemos cuarenta mercenarios que estarán aquí a mi señal… -Han.

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UNA PELÍCULA MUY ARRIESGADA

No afirmaría que es una cinta innecesaria como andan diciendo algunos, porque se puede sacar buen material de cualquier parte si hay ganas e inspiración. Pero sí es una muy arriesgada que hubiera preferido que no tocaran. Han Solo y otras figuras de la saga que quieren recuperar son ya míticas, no puedes volver a ellas y ponerte a jugar con su historia, sobre todo con su pasado, porque hagas lo que hagas, aunque el resultado sea de gran calidad, el dibujo del personaje defraudará a grandes sectores del público porque todos tienen en su mente y en su corazón una imagen concreta. Lo inteligente fue lo que hicieron en Rogue One, contar algo tangencial, explorar el rico universo latente en vez de desgastar lo conocido. Pero una vez asumido que van a hacerse no queda otra que abrirse, ir sin prejuicios, porque para ir a ponerla a caldo porque no se parece a lo que imaginabas mejor te quedas en casa y haces como que no existe.

En esta primera intentona da la impresión de que han ido con miedo, yendo sobre seguro en el argumento y el viaje del protagonista, seguramente pensando que moviéndose lo menos posible de la historia más fácil reducirían la posibilidad de desencanto entre los millones de seguidores. La pregunta es: ¿se han quedado cortos o han acertado al no correr riesgos? A tenor de las críticas hay una importante división, lo cual no sé cómo interpretar de cara a las entregas venideras. Porque salvo un batacazo monumental, que visto lo visto tiene algunas posibilidades de ocurrir (el estreno no ha ido nada bien a pesar de ser una película tan famosa), seguirán con otras, como la de Boba Fett y la de Obi Wan. Así que queda por ver si asumen que lo conservador no funciona y quizá se arriesguen a probar historias más valientes y menos miradas al pasado, o si se cerrarán aún más sobre lo fácil. El tiempo lo dirá.

EL CLASICISMO FUNCIONA… POR LOS PELOS

Los autores, tanto Lawrence Kasdan y su hijo Jonathan al guion como Ron Howard en la dirección, no apuntan muy alto en originalidad y ambición, pero al menos parecen buscar la máxima de “algo simple tiene su valor si está bien contado” y tratan de exprimir las bazas presentes. En algunos aspectos y detalles salen bien parados, como el atractivo repertorio de personajes secundarios, el esfuerzo por mantener el tono trágico inherente (podían haberlo aligerado y añadido humor para atraer al público más joven), y el provecho que sacan de algún escenario muy clásico (la unión del grupo es emocionante, el asaltro al tren espectacular), así como la ejecución de alguna referencia obligada, como la forma en que Han se hace con el Halcón, que le quita el halo facilón con el que parecía que se resolvería.

Tenemos una aproximación muy tradicional al cine del oeste con temática de bandidos, transitando por todos los pasos típicos en la evolución de los personajes y la intriga criminal. Es cierto que el género era difícilmente evitable, pues Una nueva esperanza y el propio Han Solo tenían mucho de western. Pero también es indudable nada obligaba a seguir tan a rajatabla los preceptos del género. Tenemos la introducción que nos muestra la formación del protagonista como superviviente en los márgenes de la sociedad, seguimos por el camino inexorable hacia el mundo del crimen, con el aprendizaje a través los amores, amistades y traiciones esperables, encontramos la formación de la pandilla de malhechores de siempre y por supuesto pasamos por los asaltos y robos de toda la vida. Habiendo leído y visto lo mínimo antes del estreno (aunque es difícil no tragarse algún tráiler, dado lo machacones que son), me suponía que tirarían por este camino, de forma que me imaginaba toda la historia y algunos de sus momentos clave ya antes de entrar en la sala.

El tramo más flojo me ha parecido el inicial. Resulta bastante precipitado, como si tuvieran que cumplir con él sin ganas, de hecho, tiene algunas frases sobreexplicativas sonrojantes. No da tiempo a que la vida de Solo y Qi’ra parezca natural y cale, no me creo que un tipo tan resuelto y que parece actuar con independencia esté tan sometido, no me creo una salida tan improvisada, ni me llega el romance. Por suerte, una vez metidos en faena el subidón es importante. La formación del grupo de ladrones se desarrolla con más verosimilitud y pegada. Las relaciones incipientes combinan bien el choque de personalidades con las sorpresas (la entrada de Chewbacca) y la acción, con dos piezas principales (el asalto al tren y a la mina) bastante logradas. Otras secuencias menores no fallan tampoco: la huida por la nebulosa, aun siendo un tanto artificial, resulta trepidante. El final en cambio pierde fuelle a marchas forzadas, tornándose el tramo más previsible y encorsetado. Un desenlace más trabajado, sobre todo en las sorpresas y soluciones (todas forzadas y alguna muy fallida), probablemente habría dejado mejor valoración de la película en general, hubiera minimizado algunos de sus defectos y su falta de ambición.

Por otro lado, cumple de sobras con los enlaces a la saga que todos ansiábamos conocer, siendo un festín para el fan.. Estos no parecen postizos ni entorpecen el desarrollo de la trama: el corredor de Kessel, cómo conoce a Lando y gana el Halcón, cómo surge la amistad con Chewbacca… Y nos regalan un buen número de detalles más rebuscados: el chiste de Lando detestando la minería, Chewbacca cabreándose con la partida holográfica, las menciones a Tatooine…

En conjunto, Han Solo es previsible y apática pero lo suficientemente sólida como para aprobar, pero como parte de La guerra de las galaxias se espera que nos ofrezcan escenarios fantasiosos únicos y situaciones que den una vuelta de tuerca a conceptos primarios. Incluso en la denostada trilogía de precuelas Lucas buscaba con ahínco aportar cosas nuevas, aunque no resultara del todo bien. No tiene el flojísimo nivel La amenaza fanasma ni la patente irregularidad de El ataque de los clones, La venganza de los Sith y Los últimos Jedi… pero tampoco su fuerza, su combinación de originalidad y magia con la que se pueden perdonar problemas que en la presente es más difícil pasar por alto. Y en el género de criminales y atracos no tiene ideas y soluciones que aporten novedades, todo se ve venir de lejos y concretamente los giros finales resultan bastante insatisfactorios. Como película bien vale para pasar el rato, pero como parte de de una saga muy querida tiene todas las de decepcionar a muchos de sus seguidres.

LO MEJOR, LOS PERSONAJES SECUNDARIOS

Tenemos un grupo de forajidos bastante satisfactorio. Hay un importante desequilibrio entre los secundarios y los principales, pero aun así entre todos hacen avanzar la proyección con más empaque de lo que una premisa tan vista parecía prometer. Lo mejor es que el tono funesto es tangible, todos llevan unas vidas míseras, cada día es un reto más en un mundo hostil, y aunque se vean venir muchas situaciones se mantiene una buena sensación de peligro sobre sus hombros. La mayor parte del tiempo desearían estar en otra parte, parecen saber que no controlan sus vidas pero no pueden hacer otra cosa que seguir adelante. Y no se escatiman en muertes ni se ablandan las traiciones.

Beckett es el criminal veterano asqueado de su trabajo y que anhela una salida, pero sigue ahí por inercia y malas decisiones. Woody Harrelson hace básicamente de Woody Harrelson, pero con su carisma se basta. Thandie Newton le otorga a Val, su compañera y novia, una personalidad llamativa a pesar de su reducido protagonismo. Otro muy secundario pero encantador es Rio Durant, el alien de turno (voz de Jon Favreau en el original). Con Chewbacca vuelven a conseguir un personaje creíble, con su propia historia y muy simpático a pesar del disfraz (tras el que está Joonas Suotamo) y de la barrera lingüística, destacando que su entrada en acción es inesperada y fantástica. Lando Calrissian se presenta aún más atractivo, alzándose como el personaje más memorable de un conjunto ya de por sí bastante llamativo. El guion lo trata muy bien, pero la personalidad arrolladora de Donald Glover termina de redondearlo. También se ve potenciado por su camarada, L3, un androide femenino de rasgos muy marcados con el que guarda una relación divertidísima. En inglés le pone voz la desconocida Phoebe Waller-Bridge, pero hay que decir que en castellano está muy bien doblada.

Por desgracia, el villano principal se queda muy atrás. Dryden Vos no tiene diálogos que le den algo más de vida o unos rasgos característicos más allá del estereotipo de gángster psicópata; ¡si hasta cumplen con el cliché de que entre en escena matando a alguien para que sepamos que es el malo! Paul Bettany hace lo que puede, pero no impresiona ni con el maquillaje para que parezca más chungo. Es una pena, tiene tiempo en pantalla de sobra para desarrollar un personaje digno de La guerra de las galaxias, es decir, que deje huella. Por cierto, es difícil seguir los nombres de los sindicatos del crimen y algunos de sus miembros.

LO PEOR, LOS PERSONAJES Y ACTORES PRINCIPALES

Pero los que más importan son los que resultan más débiles, hasta el punto de suponer lo peor de la película y una decepción más o menos grande según el listón de cada uno, porque ciertamente tampoco hablamos de un nivel desastroso, el problema es que se espera mucho y se quedan bastante cortos. Con Qi’ra tenemos una figura de escaso recorrido a pesar de su relevancia. Se supone que pasa por muchas fases pero no transmite ninguna emoción, porque no se profundiza lo suficiente para que entendamos sus motivaciones y porque Emilia Clarke ofrece un papel flojísimo. ¿Es que no han quedado claras con Juego de tronos (, 2011), donde resulta la actriz más endeble de toda la serie, y Terminator Génesis (2015) sus pocas capacidades interpretativas?

El dibujo de Han Solo no impresiona, no es capaz de alegrarte cada vez que aparece en pantalla, de hacerte vibrar con una personalidad impetuosa y socarrona irresistible. Se echan mucho de menos los diálogos ingeniosos y cínicos que se asocian a él, y una representación más emocionante de sus primeros pasos en los bajos fondos. Y me temo también que Alden Ehrenreich no da la talla, a pesar de que se supone que apuntaba tantas maneras que fue patrocinado por Steven Spielberg. Es cierto que tenía entre manos un trabajo complicado, tanto por la mitificación del personaje como por el enorme carisma nato de Harrison Ford, pero lo que cuenta es el resultado, y este deja bastante que desear. Se asemeja bastante en el físico, especialmente gracias al peinado y el vestuario, pero su falta de nervio se agrava por su nulo registro interpretativo: en el drama está pésimo, es incapaz de mostrar las penurias y traiciones que sufre. Es imposible no pensar en que hay muchos momentos en que la cámara trata de esquivarlo con planos rápidos para que no se vean sus carencias.

Por cierto, la lista de candidatos finales fue bastante inquietante, casi ninguno cumplía los dos requisitos, parecerse mínimamente para dar el pego y ser un buen actor. Taron Egerton (Kingsman: Servicio secreto, 2014), Miles Teller (Whiplash -2014-), Ansel Elgort (Divergente -2014-, Baby Driver -2017-), Dave Franco (Malditos vecinos -2014-, The Disaster Artist -2017-), Jack Reynor (Transformers: La era de la extinción -2014-), Scott Eastwood (papeles secundarios, como Escuadrón suicida -2016-), Logan Lerman (Las ventajas de ser un marginado -2012-, Corazones de acero -2014-), Emory Cohen (Brooklyn -2015-) y Blake Jenner (la serie Glee -2009-) encabezaron la disputa final tras, según afirman los productores, tres mil audiciones por si por casualidad encontraban a un desconocido que valiera. Aparte de Ehrenreich, en el primer campo sólo entarían por los pelos Scott Eastwood y Jack Reynor (con lentillas, es de suponer), y en el segundo, el único con verdadero talento me parece Taron Egerton, aunque es de los que menos daba en el físico. Alden Ehrenreich, Jack Reynor y Taron Egerton fueron los tres últimos en la contienda, aunque Egerton puede que se fuera por voluntad propia, porque expresó en varias ocasiones que no estaba convencido de meterse en este berenjenal.

Una obra de este calibre no puede fallar así con el casting principal. Con la de intérpretes de calidad que hay y el largo proceso que realizaron es difícil de entender que pueda salir tan mal. ¿Pesó más la incipiente fama de Clarke y el enchufe de Ehrenreich que la valía de ambos? Otro problema es que el doblaje no ayuda. Está claro que la voz habitual de Harrison Ford, la que tuvo en la trilogía original, no vale ya para una versión joven del personaje, pero es que la que le han puesto rechina mucho, no parece salir del actor. Con Clarke estamos igual de mal, tiene una voz chirriante pero plana, como si leyera el guion sin ganas, sin poner énfasis en ningún cambio emocional. Como siempre, hay que recomendar la versión original.

ESTILO Y ACABADO IRREGULARES

Ron Howard es un director muy profesional pero también conocido por su falta de personalidad, está especializado en trabajos de encargo, sea de producciones que otros controlan al milímetro (Willow -1988- era de George Lucas) o cintas de estudio que requieren una impronta de calidad pero sin alardes, es decir, que sigan los patrones de los Oscar o de la taquilla: Una mente maravillosa (2001), Cinderella Man (2005), El código Da Vinci (2006). Pocos son los títulos donde parece buscar su propio estilo, como Apollo 13 (1995) y Rescate (1996), dos de suspense y acción bastante sólidos. Pero este tipo de realizador es precisamente lo que hacía falta en esos momentos en que el rodaje quedó patas arriba. Nunca sabremos si lo que estaban rodando Phil Lord y Christopher Miller, quienes llamaron la atención La LEGO película (2014), era una mierda tremenda o si estaban confeccionando algo original con potencial, pero tampoco hay que darle más vueltas, esto es una serie, si no sigues las pautas establecidas te vas a la calle. Si estaban, como afirman los productores y ellos dos no han negado, convirtiendo esto en una comedia cuando ni Kassdan ni Kathlyn Kennedy (la jefa suprema del proyecto) lo querían así, pues bien despedidos están. Eso sí, me gustaría conocer el presupuesto final, que no ha trascendido todavía, pero dado que rodaron casi todo de nuevo ha de haber sido estratosférico.

Una puesta en escena enérgica sería un factor esencial para disimular las limitaciones argumentales y conseguir una aventura muy emocionante. Pero lo cierto es que el conjunto queda un poco irregular. La labor del director me parece bastante sólida e inteligente, y más teniendo en cuenta que cogió una obra inacabada e iban con prisas. Su narrativa destaca por un ritmo preciso (los cambios de escenario tran abruptos no pierden fluidez) y un buen aprovechamiento de los ricos decorados y vestuario (las escenas con muchos extras están llenas de vida). Pero precisamente esa vitalidad contrasta con una fotografía muy apagada, extrañamente empeñada en que el foco de luz esté tras los personajes, con lo que la película resultante es oscura, poco vistosa a pesar de los enrevesados juegos de contrastes. También empeora las sensaciones el montaje, correcto en algunos tramos pero chapucero en otros. Por poner un par de ejemplos claros, la conversación de Beckett y Han en la nieve es caótica, la pelea de Chewbacca en la mina con los guardias es un desastre (le aparecen guardias en las manos de golpe), mientras que por el otro lado, la escena del tren está muy bien compuesta y la partida de cartas tiene un ritmo excelente dentro de la obligada contención.

A estas alturas no sorprende que los efectos especiales y sonoros y el vestuario sean magníficos, pero también podrían haber salido mal parados con las prisas y no encontramos una sola falla, ninguna pantalla de fondo o efecto digital que cante. En cambio sí sorprende un poco para mal la banda sonora. Con los achaques de la edad John Williams dijo que se centraría en el episodio de la saga principal de cada año, relegando los otros en distintos autores. No sé por qué no repitieron con Michael Giacchino, su heredero espiritual y un compositor de primera que logró un trabajo sobresaliente en Rogue One, y se decantaron por uno de segunda fila, John Powell, que aparte de la correcta Cómo entrenar a tu dragón (2010) no tiene nada llamativo salvo el experimento irregular de Jason Bourne, que sólo salió realmente bien en la segunda parte (2004). Así pues, este no pega nada en una saga donde encajan mejor autores del calibre de James Newton Howard o Alexandre Desplat, o si acaso, puestos a bajar unos peldaños, Marco Beltrami.

Es cierto que la composición y la orquestación de Powell suenan a La guerra de las galaxias, pero a imitación y a homenaje más que a una evolución valiente e inspirada. Tiene algunas limitaciones severas, como el tema de amor, primordial y anodino, o la falta de variación temática, pues es un trabajo de acción orquestal efectivo pero superficial, quedando lejísimo de la versatilidad y personalidad de Williams. Sobre todo se echa en falta un motivo llamativo para Han Solo. Aquí hay que decir que el propio Williams compuso uno que lleva su nombre, pero hace las veces de introducción genérica a la película, no tiene una conexión concreta con el personaje, y Powell no aporta variaciones que lo relacionen mejor con él. Por si fuera poco, el uso que hacen de la música juega ligeramente en contra del compositor: el montaje con las imágenes carece de la fluidez necesaria. La primera aparición de los coros es precipitada y chocante, muchos temas se solapan, especialmente las referencias, y otros muchos quedan como un efecto sonoro más. Dado que la música suele ser lo último en producirse e integrarse en el conjunto prefiero pensar que aquí sí ha habido algo de premura.

Como anexo, cabe señalar también que esta vez tenemos los mensajes mejor incluidos. En Los últimos Jedi se notaban demasiado las moralejas animalistas y feministas, hasta resultar contraproducentes, por forzadas y por empacho. Pero esta es una obra más ambigua y sin ideología metida con calzador. Se podría decir que el tema de la rebelión contra la esclavitud encabazado por el robot L3 sí se incluye de sopetón, pero funciona por su gracia y sobre todo porque forma parte intrínseca de la historia: todos los protagonistas luchan contra la opresión a su manera, incluso desde el mundo del crimen, y las acciones de L3 tienen peso en lo que está ocurriendo, no es como el infame capítulo de los caballos-alien de Los últimos Jedi.

DETALLES FINALES POLÉMICOS

Alerta de spoilers: En adelante revelo todo el tramo final.–

El coaxium termina siendo un macguffin de baratillo para mover la trama y añadir peligros puntuales, los autores lo adaptan sin disimulo alguno a las necesidades de la trama, no se trabaja lo suficiente su naturaleza y usos como para resultar creíble. Dicen que la mina es la única fuente del combustible principal del Imperio… ¿Y tiene tan poca vigilancia? Se habría arreglado señalando que es la única fuente cercana a los protagonistas. También queda un poco cutre que suban el coaxium robado al Halcón por la pequeña entrada de pasajeros, como si no hubiera una rampa de carga. ¿No se supone que es un carguero?

La sorpresa con que Enfys Nest sea una chiquilla (Erin Kellyman) ha mosqueado a algunos por ser considerada otro caso de feminismo impuesto (chica joven y fuerte como manda el patrón actual). Pero no me parece el caso. Las guerras dejan muchas bandas de niños que se dedican al pillaje o incluso acaban convertidos en guerrilleros, y el personaje encaja en ello y la actriz impresiona a pesar de su breve aparición.

Otros se han quejado de que Han ceda ante la miseria de las víctimas del Imperio y les entregue el botín, alegando que debería ser malvado y frío sin más matices hasta el final de Una nueva esperanza. Pero no lo comparto. Ya en ese episodio, al aceptar las condiciones tan débiles de Obi-Wan y Luke, deja entrever que no es un cabrón despiadado y está abierto a trabajos más humildes. Y aunque no fuera así no veo que se contradijera al personaje, este puede ser un criminal al que le importa más bien poco casi todo y aun así ser menos egoísta en casos concretos. Aquí por ejemplo su objetivo principal no es el dinero, sino recuperar a su amada, y además las circunstancias no le dejan más margen de movimientos.

La confrontación contra el villano resulta un poco forzada, lo que sumado a que resulta predecible y tiene un giro demencial, le hace perder la fuerza que tenía el ver a los protagonistas enfrentar algunos de los dilemas, decisiones y traiciones más importantes de sus vidas. No resulta nada verosímil que Beckett no mate a Dryden Vos cuando tiene la situación a su favor, dejando así un gran problema para su futuro. Pero claro, los autores querían incluir por narices la pelea del villano con Han y Qi’ra… y aun así tampoco la ejecutan bien. Eso de que Qi’Ra amague con matar a Han es una forma ridícula de intentar extender la intriga por su lealtad, pero que no aproveche el factor sorpresa cuando va a por Dryden, todo por alargar un poco más la lucha cuerpo a cuerpo, termina tirando por tierra la poca tensión que le quedaba a la escena. Se recupera bastante con Han asimilando las traiciones y disparando a Beckett primero (toma esa, Lucas)… pero entonces llega la parida de Darth Maul…

Señores, ¡que lleva muerto treinta años! Y bien muerto, porque acabó partido en dos. Y bien olvidado, dado que fue un personaje más bien lamentable, una excusa chapucera para las escenas de acción. La resurrección por arte de magia está claro que sólo tiene cabida por buscar el giro impactante, porque desde luego coherencia narrativa poca. Implica que sospechemos que ningún personaje muerto está realmente muerto, y deja muchas preguntas en el aire: cómo ha resucitado o quién lo ha logrado, qué ha hecho desde entonces, si va por libre, es fiel al Imperio o es el líder de algún sindicato, qué pretende con Qi’ra, etc., etc. La sola idea de recuprar a este personajillo es una salida de tono estúpida, pero el vacile de coger la espada es para terminar la proyección abucheando.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
-> Han Solo (2018)
Episodio IX – El ascenso de Skywalker (2019)

La guerra del planeta de los simios


War for the Planet of the Apes, 2017, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 140 min.
Dirección: Matt Reeves.
Guion: Mark Bomback, Matt Reeves.
Actores: Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Karin Konoval, Amiah Miller, Terry Notary, Ty Olsson, Michael Adamthwaite.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Con la buena labor del director, los actores tras los simios y los efectos especiales, resulta entretenida y consigue incluso emocionar en algunos momentos.
Lo peor: El guion es muy simple, sin ambición, sin profundidad, con muchos estereotipos y situaciones predecibles, sobre todo en el pobre tramo final.
La suma: Apocalypse Now + La gran evasión + Los diez mandamientos.

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Cuánto prometía esta saga y qué poco ha dado. Bueno, en realidad ha encandilado a millones de espectadores y la crítica la ha tratado muy bien, como si fuese cine de alta calidad y no una más de acción taquillera. Pero por más vueltas que le he dado, ni a la más que correcta primera parte le he visto grandes valores como para ensalzarla tanto. Esta tercera entrega sigue atascada en la misma simpleza narrativa, los personajes estereotipados, las situaciones previsibles, el drama de telefilme y la acción aparatosa a golpe de talonario pero con poca imaginación. Si funciona es por la profesionalidad de quienes han dado vida al libreto. El buen trabajo de Andy Serkis como Caesar (y eso que está irreconocible), la verosimilitud total de los simios recreados por ordenador y la contundente y vistosa dirección de Matt Reeves le confieren a la cinta un tono de seriedad y un empaque visual que garantizan un entretenimiento digno para pasar el rato. Pero por mucho que algunos se nieguen a verlo, ante cualquier análisis objetivo, por somero que sea, hace aguas: esa seriedad se nota artificial bien pronto, los clichés ahogan un argumento y unos personajes trilladísimos, y el relato termina resultando ruidoso pero superficial.

Caesar es un buen protagonista, llena la pantalla con su presencia, sus dilemas y problemas interesan. Con él enfrentamos momentos descarnados, un poco de lucha interna, pocas alegrías tras mucho sacrificio… pero en el fondo es lo mismo de siempre, y la falta de novedades y sobre todo de inteligencia frenan mucho su alcance: su odisea se ve venir muy de lejos, a veces ni resulta natural, con lo que aunque no dé vergüenza ajena como muchos héroes de acción, tampoco logra dejar huella. ¿Que un protagonista tenga cierta solidez implica alabarlo como un gran logro? El cine contemporáneo, sobre todo el de acción, está mal, pero tanto…

Los tópicos se extienden al grupo que lo acompaña, que no podía ser más facilón: los secundarios duros y fieles, el sabio, el graciosete… Este último, como viene siendo habitual, muestra el poco ingenio de los guiones actuales: el humor es tonto e infantil a más no poder y se mete con calzador para contentar a todo el rango posible de espectadores. En los malos el panorama no mejora: el villano principal no da miedo, es un “soy malo porque sí” al que no consiguen dotar de vida a pesar de que le dedican un par de escenas intentando darle un poso (al menos lo intentan, que por lo general se pasa demasiado de ello), y sus secundarios son más básicos aún: el que duda, el matón, el traidor… todos con sus escenas de rigor.

Pero sobre todo le pesa la carencia de profundidad, la inexistencia de dobles lecturas, de dilemas éticos de alcance, de análisis sociales, religiosos, morales, políticos… En resumen, todo lo que hizo grandiosa a la original El planeta de los simios (1968) aquí está ausente en su mayor parte, y lo que se quiere tratar se queda en su mínima expresión, en retazos poco excitantes. El argumento y los dramas personales se limitan a recalcar la pérdida de la ética en situaciones límite (venganza, violencia) y lo malvada que puede ser la humanidad. La adoración al líder (el coronel) valía para hablar sobre cómo surge un estado tiránico de las cenizas de otro, e incluso de cómo puede darse paso a la religión, pero su recorrido se limita al villano supuestamente chungo, al reto que debe solventar Caesar en el nuevo capítulo.

Los conflictos personales daban para historias más complejas de supervivencia tras un apocalipsis, pero nos quedamos con el dramón barato de separación familiar, reencuentros y tal, todo súper predecible. La chiquilla… desde su aparición pensaba que serviría para ahondar en las semejanzas entre simios y humanos, en lanzar a los protagonistas, sobre todo los malvados, hacia alguna reflexión… pero poco a poco va quedando claro que sólo está ahí para un par de momentos de lágrima fácil y para el giro final, y por supuesto, todo resulta previsible cuando no forzado: ni se dignan en trabajarse el apego con los simios, no hay quien se crea que llore por quienes mataron a su padre.

El lado bélico también permitía jugar con otras muchas situaciones, pero los autores se atascan en un par de estereotipos y se ahogan ahí siendo demasiado explícitos: la alineación moral, esos de tu bando, raza o pueblo que se van con los malos por cobardía y supervivencia, no podía tener un recorrido más manido; los remordimientos de los soldados se insinúan pero no lleva a ninguna parte; el tirano con justificación (como digo, se intenta explicar sus actos) no consigue que deje de parecer un maniquí mal interpretado (Woody Harrelson no da la talla ni por asomo); etc.

La sensación de poca imaginación, de cinta nada novedosa y predecible, explota a lo grande en el tramo final: es descarado cómo beben de Apocalypse Now y La gran evasión, con escenas calcadas sin rubor alguno. Y a todo hemos de sumar los giros extraños, los pequeños agujeros de guion o situaciones forzadas. No sé muy bien qué pretenden con lo del agua inundando los túneles, si no llega a pasar nada: inicialmente parece una excusa para dar más intriga a la fuga (que no llega a aparecer: con qué facilidad se hacen con una llave), y luego resulta que los siguen usando como si no hubiera pasado nada. Y vaya tela la vigilancia del campamento militar. Entran simios y humanos por la puerta y se plantan en medio del patio antes de que los vean, y tampoco se enteran de la fuga en grandes grupos. Para colmo, el desenlace aborda por fin la religión… convirtiendo la odisea en un remedo bíblico sonrojante: derrotan a sus enemigos por intervención divina y, a pesar de que se deduce entonces que ya no tienen que huir, aun así se empeñan en cruzar el desierto en plan Moisés. Pero lo hacen sin provisiones, sin agua, y sin pararse si quiera a curar a los heridos… todo para forzar que Caesar llegue moribundo a la tierra prometida, en el típico y cansino héroe o profeta que se sacrifica por su pueblo.

Así pues, la película iba siendo simple pero al menos entretenida (algo mejor que la segunda, que es demasiado tonta), pero el arco final (desde el inicio de la fuga en adelante) me provocó muchísima vergüenza ajena, lo que vuelve a poner en primer plano la sensación de decepción por el potencial desaprovechado y de incomprensión ante el reconocimiento tan entusiasta en una trilogía tan limitada.

PD: Al menos han encontrado una aceptable justificación para que los hombres no supieran hablar ni parecieran inteligentes en la saga madre: un virus, aparte de erradicar a gran parte de la población, los deja medio lelos, convirtiéndolos en poco más que animales.

Ver también:
El origen del planeta de los simios (2011)
El amanecer del planeta de los simios (2014)
-> La guerra del planeta de los simios (2017)

Triple 9


Triple 9, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 115 min.
Dirección: John Hillcoat.
Guion: Matt Cook.
Actores: Casey Affleck, Chiwetel Ejiofor, Anthony Mackie, Woody Harrelson, Norman Reedus, Aaron Paul, Kate Winslet, Clifton Collins Jr., Michelle Ang.
Música: Atticus Ross, varios.

Valoración:
Lo mejor: Buenos actores y personajes con cierto atractivo.
Lo peor: El guion, predecible y caótico. La puesta en escena, poco inspirada en un director con mayor potencial.
Mejores momentos: El asalto a la casa de un sospechoso y su posterior persecución por las calles.

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Otro thriller de acción con policías corruptos, atracos, engaños y juegos a varias bandas. La falta de novedades deja patentes las inspiraciones en Heat y su versión más reciente, The Town (Ciudad de ladrones), y, si hilamos fino, también en L.A. Confidential. Pero lejos de la consistencia y sobriedad de las citadas, el panorama que nos ofrece Triple 9 es bastante irrealista, siendo uno de esos casos donde no vale lo de “es ficción” porque su pretendido tono serio choca con las escenas salidas de madre, los topos imposibles, los agentes con doble cara más improbables y los giros finales tan rebuscados que de hecho no parecen tener justificación alguna. Así, es comprensible que haya bastantes cosas cogidas por los pelos (deducciones inverosímiles, cosas mal explicadas) e incluso algunos agujeros de guion. Por ejemplo, el personaje de Woody Harrelson averiguando por arte de magia el nombre del sospechoso antes de hablar con su novia o prostituta habitual, que es a quien está buscando para obtenerlo.

Su puesta en escena también resulta poco sólida: es rutinaria y tiene algunos achaques. El montaje de hecho es muy flojo, dando una forma tosca y un ritmo precipitado a la narrativa. Sumado a ese guion (el primer largometraje de Matt Cook) falto de consistencia y profundidad, parece que la película va a trompicones, dejando los citados huecos. Por suerte no basta para tumbar unas escenas de acción donde el director se esmera en conseguir espectáculo con un tono realista: el asalto a la casa y la persecución de un sospechoso es bastante completo y absorbente. Pero por lo demás, John Hillcoat, bastante llamativo por su trayectoria en el cine independiente (memorable La carretera, muy interesante La proposición, correcta sin más pero entretenida Sin ley), no ha conseguido entrar con buen pie en el cine comercial de acción.

Con algo de esfuerzo se puede hacer la vista gorda a su impostada seriedad y trascendencia y pensar que estamos ante una de acción exagerada al estilo Tony Scott (aspecto visual frenético y con mucho colorido en un ambiente en realidad muy turbio) o excéntrica tipo Snatch, Rockanrolla, Siete psicópatas, etc., y podemos tratar de pasarlo bien con una trama bastante loca, un ritmo siempre activo que impide que aparezca el aburrimiento y que cuenta con algunos picos llamativos, como la citada escena de acción central, y sobre todo unos protagonistas con personalidades muy marcadas inmersos en situaciones extremas, en caos y desconcierto que cada vez los llevan más hacia el abismo. Este grupo, aunque bastante estereotipado, resulta lo suficientemente atractivo, en especial por la buena labor del estupendo reparto, como para implicarte en su viaje con cierta intensidad. Así, los giros más tramposos entran mejor al mirar más qué sufre el personaje y la intriga por cuál será su destino a partir de ahí, que por la consistencia global de los acontecimientos. Incluso destaca alguna buena evolución, como el cambio de perspectiva de uno ante el nuevo agente o las dudas del más débil.

Por esos apuntes con potencial da la sensación de que el guion original daba para más pero no termina de llegar, sea porque le falta las últimas puntadas o porque el director no lo narra bien. Yo la vi esperando algo como Sabotaje, pero apenas vale como entretenimiento de ver y olvidar.

La ley del más fuerte


Out of the Furnace, 2013, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 116 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Scott Cooper, Brad Ingelsby.
Actores: Christian Bale, Casey Affleck, Zoe Saldana, Woody Harrelson, Sam Shepard, Willem Dafoe, Forest Whitaker.
Música: Dickon Hinchliffe.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, desde el guion a los actores.
Lo peor: Nada original. No deja huella alguna.

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Out of the Furnace (reinventada en castellano a La ley del más fuerte) es una película independiente (22 millones de presupuesto) que ha logrado reunir a un buen reparto aprovechando esas ocasiones en que actores conocidos rebajan su sueldo comprometiéndose con una obra menor. Aun así, ninguna distribuidora los ha aprovechado con una campaña publicitaria y estreno decentes (de hecho a la hora de escribir esto sigue sin fecha en España), con lo que no ha tenido éxito alguno.

Como suele ocurrir con el cine independiente, destaca sobre las obras de grandes productoras en algo que cada vez se ve menos en las películas más comerciales: desde el guion se esmeran en construir unos personajes consistentes y un entorno verosímil que puede servir para analizar algún aspecto de la sociedad. La presentación de los protagonistas es efectiva, su descripción detallada y su evolución bastante correcta. La precaria situación de la región tiene a los Baze siempre en la cuerda floja. El padre está enfermo después de años trabajando en la fábrica. El hijo mayor, Russell (Christian Bale), se esfuerza por salir adelante con lo que tienen, enfrentándose con coraje y determinación a lo que la vida le echa encima (incluido el paso por la cárcel). El hermano menor, Rodney (Cassey Affleck), en cambio está más perdido, metiéndose en jaleos varios en la búsqueda de dinero rápido. La situación se desmadra cuando se implica demasiado con algunos criminales locales (Willem Dafoe, Woody Harrelson), y Russell, siendo como es, no se va a estar quietecito. Los actores están todos como siempre estupendos.

Se trabaja bien la intriga, de forma que hay peligro tangible sobre los protagonistas en todo momento, y en algunas escenas, sin acción aparatosa o sensacionalista, hay momentos donde la tensión produce una correcta sensación de agobio y miedo por el porvenir de estos. Pero aunque no se tira de clichés y el ambiente está bien conseguido, en líneas generales la trama no sorprende, con lo que algún episodio pierde algo de fuelle. Y a la larga esa falta de novedades limita bastante una propuesta con una base tan bien trabajada. No hay giros ni resoluciones que impacten, no se desvía de un camino que se ve venir de lejos. El guion es sólido, y la puesta en escena y los actores muy profesionales, pero sin novedades ni ambición alguna no es un relato que deje la más mínima huella. Además el final es facilón y sin garra, y se remata con el único momento en que intenta ofrecerse algo distinto… y no queda nada bien: el plano último es realmente confuso, tanto que el realizador Scott Cooper tuvo que explicar que es en plan metáfora y tú decides cómo acaba realmente la película. Pues después de contarnos algo tan básico, esa salida de tono no funciona.

Los Juegos del Hambre: En llamas


The Hunger Games: Catching Fire, 2013, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 146 min.
Dirección: Francis Lawrence.
Guion: Simon Beaufoy, Michael Arndt, Suzanne Collins (novela).
Actores: Jennifer Lawrence, Liam Hemsworth, Josh Hutcherson, Elizabeth Banks, Woody Harrelson, Lenny Kravitz, Stanley Tucci, Toby Jones, Philip Seymour Hoffman, Jena Malone, Donald Sutherland.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes tienen algo de calidad, el mundo imaginario posee bastante potencial.
Lo peor: Superficial, irregular, aburrida.

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Como la primera parte, esta es una película de quieros y no puedo. Por suerte no espero nada de la saga (no soy lector de las novelas ni fan de la adaptación) y simplemente las veo y las olvido, porque si no me estaría tirando de los pelos por ver tantas posibilidades desaprovechadas. Hay un potencial enorme en todos los elementos de la trama y en todos los personajes, pero nunca termina de emerger del todo. La dictadura, el pueblo a un paso de la hambruna y de la rebelión, el control de la población que se hace a través de los medios de comunicación y los juegos, los personajes planteándose formas de lucha, el complot del que Katniss es una herramienta más… Todo se queda en la superficie, porque se difumina unas veces o se pasa descaradamente de ello otras.

Metraje hay de sobra, pero el guion nunca parece ser capaz de concretar y ahondar e ir al grano. Se pierde en cosas triviales y dedica demasiado tiempo a exponer cosas evidentes. Una escena magistral de un viejo ejecutado es un gran ejemplo de lo alto que podría llegar el relato, un listón que olvida en un trajín de intrascendentes viajes, cansinos lloriqueos de los protagonistas, romances simplones y apariciones en la tv demasiado largas, por no mencionar que se fuerza demasiado el tono juvenil, con el cansino triángulo amoroso.

Y de nuevo el paso al juego rompe el poco ritmo que había, pues deja de lado una trama política con algo de contenido para ir a una aventura de supervivencia anodina. Igual que en el primer capítulo la estancia en el juego (supongo que heredándolo de la novela) es incapaz de mostrar algo emocionante y complejo, ofreciendo un viaje desganado donde los pocos recursos que ofrece son bastante tramposos y rebuscados: en vez de reforzar el prometedor conflicto entre personajes y la lucha contra la hostil naturaleza, tenemos triquiñuelas tecnofantasiosas que parecen improvisadas.

Para colmo, la evolución respecto al episodio precedente es mínima. Se ve que Katniss ha cambiado bastante, de hecho, es un buen rol central, pero la trama es exactamente la misma, paso por paso, capítulo por capítulo. Sabiendo que iba ser una historia apenas cambiada por los nuevos puntos de vista de la protagonista podrían, qué digo, deberían haber aprovechado para dar más entidad a los correctos pero mejorables personajes secundarios y sobre todo al entorno, a la exposición y desarrollo del universo. ¿Sabemos algo nuevo del mundo tras otras dos horas y media de película, o ha cambiado este lo suficiente como para ofrecer nuevos horizontes narrativos? Nada de nada. Tan solo el epílogo va un paso más allá. Así pues, parece un remake realizado con más presupuesto. Y se nota en la ambientación (la ciudad y la selva son bastante espectaculares), pero no en la puesta en escena, que es bastante normalita.

Como la primera parte, resulta demasiado irregular, larga, pesada y poco emocionante a pesar de prometer mucho. Como suele ocurrir, esto no es problema para que la taquilla reviente, pues el público ya está acostumbrado a tener el listón muy bajo.

Saga Los Juegos del Hambre:
Los Juegos del Hambre (2012)
-> Los Juegos del Hambre: En llamas (2013)