El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: diciembre 2019

Érase una vez… en Hollydood


Once Upon a Time… in Hollywood, 2019, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 161 min.
Dirección: Quentin Tarantino.
Guion: Quentin Tarantino.
Actores: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Kurt Russell, Al Pacino, Emile Hirsch, Timothy Olyphant, Margaret Qualley.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista engancha con su relación. Los magníficos actores Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie. La dirección de Quentin Tarantino vuelve a mostrar su talento.
Lo peor: La falta de rumbo, el metraje desmedido y las salidas de tono ponen de manifiesto también de nuevo que Tarantino no tiene mesura ni hay productores que se atrevan a decírselo y a exigir un montaje más coherente y equilibrado.

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Quentin Tarantino siempre ha demostrado gran amor por el cine, dotando a sus cintas de numerosas referencias a títulos que le han marcado, recuperando técnicas y estilos en desuso, y sobre todo, mostrando un nivel técnico propio al alcance de muy pocos realizadores. Pero el estar tan enamorado del cine se convierte en un lastre también, porque termina demasiado embelesado con lo que está haciendo y no es capaz de centrarse, de coger un rumbo y seguirlo con determinación, de dar forma a una historia sin patinar en salidas de tono y detalles innecesarios, de ver lo que sobra. También pesa en sus películas que el poder alcanzado tras el éxito de Pulp Fiction (1994) le ha garantizado algo poco común, una libertad monetaria, creativa y de distribución total. Es decir, no hay productores que se atrevan a decirle que el montaje final necesita un buen repaso.

Érase una vez… en Hollydood también arrastra esos problemas. Las escenas alargadas sólo porque está encariñado con lo que cuenta y no es capaz de cortar cuando debe y los rellenos más o menos curiosos pero que añaden minutos prescindibles se empiezan a acumular pronto, lastrando el ritmo y la sensación de dirección, y acabando con la paciencia de muchos espectadores. Otros se habrán quedados prendados de la enorme química entre los dos protagonistas y sus intérpretes, de la fuerza de muchas escenas, y podrán pasar por alto bastantes de esos fallos… Pero dependiendo de la resistencia de cada uno habrá un punto de ruptura. En mi caso fueron los eternos viajes en coche de Brad Pitt, los paseos de Margot Robbie por tiendas (todo un plano para ver cómo cruza un paso de peatones), y finalmente el eterno rodaje del episodio piloto de Leonardo DiCaprio. Una vez rota la conexión, en adelante ya nada cuaja lo suficiente como mantener el interés constante. Demasiada exposición intrascendente, demasiada música y enredos visuales para dar vitalidad a una narrativa que hace aguas, demasiada salida por la tangente…

Desde el descarado grito wilhelm del principio queda claro que esta vez Tarantino no se va a quedar en unas cuantas referencias, sino que pretende un homenaje completo al cine, aunque su predilección por el western y la serie b es bien conocida y tendrán más presencia. El protagonista, Rick Dalton (DiCaprio), es un actor de seriales del oeste al que acompaña un fiel amigo, su doble de acción y chico para todo Cliff Booth (Pitt). Son dos figuras imaginarias, al contrario que casi todo el repertorio de secundarios, y le servirán al realizador para reunir los homenajes pretendidos. Historias sobre la fama, el fracaso, los géneros y formas de hacer cine, las fiestas y amistades, y las referencias a numerosos actores, películas y series, escenas y detalles se agolpan una tras otra, en ocasiones deslumbrando, en otras saturando innecesariamente, se mezclan con las vidas de los personajes ora con naturalidad, ora de forma muy forzada.

A veces el galimatías es enorme, confunde, abruma, desvía la atención. El rodaje del episodio piloto se alarga demasiado, sobrepasando la necesidad (la crisis de Rick Dalton) para irse por las ramas con personajes que ya han dicho lo que tenían que decir pero siguen ahí porque no es capaz desprenderse de ellos o que sólo están para añadir más curiosidades. Por ejemplo, la presencia de James Stacy (encarnado por Timothy Olyphant) no tiene relevancia real, parece obedecer sólo al morbo: aparece con la moto que lo llevaría unos años después a un accidente del que se salva de milagro, y más adelante intentó suicidarse tras descubrirse que abusó de niños, caso por el que pasó el resto de su vida en la cárcel; hasta la aparición de Bruce Lee (Mike Moh) es anecódtica: aunque divierte, no aporta sustancia al argumento ni a los personajes; y otros por suerte se quedaron en la sala de montaje, como Michael Madsen; pero ya se anuncia una versión extendida que incluirá más morralla, como hicieron con Los odiosos ocho (2015). También tenemos apariciones breves de otros grandes actores, como Al Pacino o Bruce Dern, que no que aportan nada llamativo; si Tarantino quería decir algo con ellos, se me escapa. Y cabe señalar que fue el último papel de Luke Perry antes de fallecer.

Lo peor es que está claro que los Manson y los Tate y sus amigos sobran por completo. A pesar de la eficaz escena de intriga en la visita de Cliff Booth a la comuna y de la desbordante elegancia y simpatía de Margot Robbie, nos encontramos ante dos películas en una sin conexión alguna, tan separadas que el realizador tiene que recurrir a una torpe voz en off para unirlas. Pero por si fuera poco, remata la cinta con un final absurdo, un revisionismo histórico surrealista completamente salido de tono. En Malditos bastardos (2009) la parodia era evidente y se veía venir lo de Hitler, aquí va de serio y de repente te engaña con una locura ridícula.

A veces la cosa fluye bastante bien en el detallismo, tanto en cosas evidentes para cualquier cinéfilo como en lo sutil para los más cultos, e incluso también tiene guiños muy rebuscados bien colocados (el breve enfoque a la partitura de The Mamas and The Papas en el piano de los Tate lo reconocí por casualidad porque acababa de leer sobre el tema). Pero sobre todo destaca el ambiente en general. El trabajo tras las cámaras y la vida de los actores resulta muy interesante, incluso teniendo en cuenta con que muchas cosas las hemos visto bastantes veces los personajes atrapan con intensidad y sus vivencias resultan más o menos emocionantes.

Los tres actores principales están espectaculares, Pitt y DiCaprio superan los irreglares papeles de Malditos bastardos y Django desencadenado respectivamente, deslumbrando con algunas de las mejores interpretaciones de sus carreras. Y Robbie, sin apenas diálogos, despliega un torrente de emociones contagioso. La dirección de Tarantino y los aspectos técnicos son brillantes y reconstruyen la época a la perfección. Si bien no ofrece el expresionismo de Los odiosos ocho y el sentido del espectáculo de Django desencadenado, vuelve a regalarnos una película impecable en lo visual. Pero si no se usa ese portento de acabado con sabiduría a la hora de de forma a un relato coherente y atractivo, ¿de qué sirve? Por muy bonita que sea la fachada, Érase una vez… en Hollywood da tumbos sin rumbo y su rocambolesco final te deja con mal recuerdo.

¿En qué nivel la pongo en comparación con otras cintas de Tarantino? Pues yo diría que desde Pulp Fiction no da pie con bola y todas están en la misma línea más o menos, pareciéndome la elección más bien subjetiva: ¿qué grupo de personajes te cae mejor y qué género y escenario te llega más? En mi caso sería Los odiosos ocho. Su tono de comedia más que gamberra hijaputa permitió que las carencias de siempre me resultaran mejor disimuladas. Luego pondría Jackie Brown (1997), con personajes estupendos y un estilo de historias cruzadas a lo Pulp Fiction muy interesante. Y en Malditos bastardos su peculiar banda salvaba por los pelos otra cinta caótica. Pero las demás me parecen demasiado irregulares como para que sus puntos fuertes levanten la media. La pareja de actores de la presente me ha caído muy bien, pero el desastre narrativo es enorme. La pondría justo por encima de Django desencadenado (2012) y Kill Bill (2003, 2004), cuyos protagonistas e historias no me llegan tanto.