El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: junio 2012

Indomable


Haywire, 2011, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 93 min.
Dirección: Steve Soderbergh.
Guión: Lem Dobbs.
Actores: Gina Carano, Channing Tatum, Michael Douglas, Antonio Banderas, Michael Fassbender, Ewan McGregor, Michael Angarano.
Música: David Holmes.

Valoración:
Lo mejor: Visualmente sobrecogedora, con escenas de acción insuperables. Gran personaje central muy buen interpretado.
Lo peor: Trama simple y a la vez confusa.
Mejores momentos: Toda pelea y huida.

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La trama de Indomable es simple, lo cual no sería excesivamente grave si no fuera porque el guionista se empeña en enmarañarla con una narración no lineal que no aporta nada salvo confusión. El resultado es que cuesta seguir la historia y los personajes secundarios no terminan de perfilarse ni dejan claro sus roles en la trama, pues aparecen en escenas sueltas mal ubicadas. Sin embargo el personaje central es muy potente y las situaciones en que se ve envuelto resultan espectaculares y atractivas, con lo que la aventura interesa, eso sí, menos de lo que podría haber conseguido con un guión más definido y potente.

Mientras el argumento es algo pobre, o está mal desarrollado, el aspecto visual por el contrario es de una calidad alcanzable por muy pocos autores. Cuando Steve Sodebergerh se pone serio, le salen maravillas. Cada plano es perfecto, cada escena una orgía de genialidades, y el conjunto resulta un espectáculo hipnotizante. La planificación de cada secuencia y las coreografías de las luchas nos regalan las mejores peleas cuerpo a cuerpo que he visto en una película. No exagero: las mejores. Todo golpe resulta creíble y se ve nítido (que aprendan las de Jason Bourne), se sufre viendo a la protagonista recibir palizas una detrás de otra, flipas en colores con algunos trucos y planos… Las huidas por tejados o la sencilla persecución en coche ofrecen lo mismo: virtuosismo digno de alabar, siendo capaz de dejarte sin aliento con un realismo y credibilidad insólitos.

Hay muchos actores conocidos, pero con papeles muy breves (Michael Douglas, Antonio Banderas, Michael Fassbender, Ewan McGregor). Quien destaca es la protagonista absoluta, una fantástica Gina Carano: es fuerte pero ágil y a la vez guapa (qué curvas), siendo físicamente perfecta para el papel de agente capaz de enfrentarse a tantos problemas. La música funciona de maravilla, con un tono muy original muy acertado.

Dada sus características, estoy seguro de que Indomable será de las que o gustan o repelen. En lo que a mí respecta, me ha dejado un ligero regusto a decepción, a posibilidades desaprovechadas, pues la diferencia cualitativa entre el contenido y el continente es importante. Pero aunque a veces se haga algo lenta, dé la sensación de que está bastante hueca o incluso resulte un poco confusa, las partes de acción están tan bien rodadas que me la película dejó pasmado las dos veces que la he visto. Pide a gritos una secuela con mejor trama, pues el personaje es fantástico. Y si la cruzamos con Jason Bourne sería la hostia.

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The Descent


The Descent, 2005, EE.UU.
Género: Terror.
Duración: 99 min.
Dirección: Neil Marshall.
Guión: Neil Marshall.
Actores: Shauna Macdonald, Natalie Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder, MyAnnna Buring, Nora-Jane Noone, Molly Kayll.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Miedo y asco en cantidad. La puesta en escena (dirección, música, fotografía).
Lo peor: Falta de fuerza en el tramo inicial. Un guión mejorable, sobre todo en el dibujo de personajes.

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En el ámbito de suspense y terror, como he comentado más de una vez (en Insidious por ejemplo), por desgracia hay demasiada morralla simple y facilona dedicada exclusivamente al público juvenil y pocas obras esmeradas en ofrecer un producto sólido y lo que se espera del género: transmitir miedo. En los últimos años, salvo unas pocas propuestas de nivel, como la filmografía de M. Night Shyamalan antes de perder el rumbo (Señales, El sexto sentido, El bosque) o algún título suelto (El último escalón, Los otros), hay poco que salvar y mucho que enterrar (sagas tipo Saw o memeces como la citada Insidious). Por ello, propuestas no espectaculares pero sí muy dignas como Pandorum o The Descent son recibidas con agrado aunque no tengan la calidad suficiente como para considerarlas un hito del género o simplemente una gran película.

The Descent narra como un grupo de amigas aficionadas a los deportes de riesgo se monta una reunión de reconciliación (una de ellas perdió a una hija y ha estado distante) en la que explorarán una cueva sencilla. O eso pensaban, porque una de ellas cambia la ruta para adentrarse en un sistema de cuevas recién descubierto con la idea de sorprender y dar más emoción al asunto. Y para su desgracia, a los problemas que surgen en el intento de salir de ahí con vida se le suma la presencia de un misterioso y mortífero depredador.

Su tramo inicial es su punto débil. Parece que a Neil Marshall le cuesta introducir un grupo bastante amplio de personajes (todos mujeres, por cierto) y alcanzar el punto álgido de la trama. La presentación de cada una de ellas, la definición de cada personalidad y la exposición de las relaciones resulta tan superficial que a la larga lastra incluso las mejores partes del relato: cuando empiezan a morir es difícil acordarse de quién era ésa, o cuántas quedan. De la misma forma, hasta que no se entra en la cueva no ocurre nada interesante (porque lo importante era definir los roles y ahí falla), por lo que se intenta recordar el género con algún susto forzado donde, a falta de recursos, se tira de clichés: los pájaros que salen volando a golpe de música o la amiga que aparece de golpe para acojone de la que andaba despistada, dejan bastante que desear y no prometen nada bueno.

Pero en cuanto nos adentramos en las entrañas de la tierra la cinta adquiere una nueva dimensión. La aventura de supervivencia funciona francamente bien, manejando la intriga, las sorpresas y sobre todo la atmósfera inquietante y claustrofóbica de maravilla. Aunque los personajes no ofrecen un dibujo complejo, se sufre siguiendo sus penurias, y por fin surgen conflictos interesantes. Poco a poco además se convierte en una historia de terror que rápidamente se inclina hacia el gore. La mezcla es explosiva: se mantiene un nivel de expectación e inquietud constante, los sustos son de primerísimo nivel, las situaciones difíciles ponen los nervios a flor de piel (escalofriante cuando algunas de las chicas esquivan en silencio a las criaturas) y el gore se usa magistralmente no sólo para dar asco, sino para forjar una equilibrada unión con el miedo que acrecienta la sensación de ambiente insano, grotesco, terrorífico. El diseño de las criaturas es espeluznante, las muertes son sangrientas e impresionantes.

El mérito de The Descent radica sin duda en la puesta en escena de Neil Marshall, quien apoyándose en una hábil fotografía (labores de iluminación muy adecuadas: se ve lo justo y necesario) y una música (David Julian) que subraya de forma excelente la atmósfera, se marca un festín de sustos y sangre digno de ver. Como decía, dista de ser una película perfecta, pero en su función de entretener, hacer pasar miedo y asco, cumple de sobra.