El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: noviembre 2007

Kíla – Live in Dublin

Kíla – Live in Dublin
Género: Folk irlandés, fusión
Año: 2004, Kíla Records
Valoración:

Rónán Ó Snodaigh: bodhran, djembe, congas, bongos, guitarra, voz.
Rossa Ó Snodaigh: flauta irlandesa, flauta grave, clarinete, bodhran, bongos, congas, djembe, didgeridoo, bandooria, darabuka, percusión, voz.
Colm Ó Snodaigh: flauta, flauta irlandesa, guitarra, djembe, percussión, voz.
Dee Armstrong: violín, viola, piano, hammered dulcimer, acordeón, bodhrán.
Eoin Dillon: gaita, flauta irlandesa, flauta grave, pandero, voz.
Lance Hogan: guitarra, percusiones, djembe, dumbeg, bajo, voz.

Formado en 1987 por hermanos y amigos (como es muy habitual en la música folk celta), Kíla es una banda que bebe bastante menos de lo que suele ser normal del folclore de su región. Los chicos de Kíla buscan su propio estilo dejándose influir por sonidos de todo el mundo a la vez que aportan leves toques modernos, y ahí radica gran parte de su originalidad. A la riqueza en la instrumentación, propiciada por la calidad y habilidad de sus músicos, podemos sumar el que la mayoría de ellos son artistas en otros campos, como la poesía, así que no es de extrañar que sean capaces de elaborar canciones maravillosas solo con voz y bodhran (una especie de pandereta) y a la vez deleitar los sentidos con temas de gran densidad y fuerza.

Kíla tiene discos bastante buenos y como banda es de las más notables y conocidas en la música folk, no sólo en Irlanda, sino en el mundo entero, pero probablemente no gozaría del prestigio que tiene si no fuera porque en directo gana mucho, muchísimo. En las representaciones en vivo sus temas adquieren una energía e intensidad que no tienen en estudio; sean ejecutados tal y como fueron concebidos o alargados para darles más fuerza, su música adquiere un nuevo nivel de calidad, cobra vida propia tornándose en una fantástica explosión de poderosas sonoridades. Así pues, los conciertos que ofrecen son auténticos festines de música que atrapa e invita a introducirse de lleno en el espectáculo, a vibrar, bailar y emocionarse. Y lo dice alguien que disfrutó de lo lindo viéndolos en un inolvidable concierto.

Live in Dublin es para un servidor el mejor álbum de Kíla. La selección de sus piezas más logradas e interesantes y la impresionante ejecución en vivo permiten que sea una obra prácticamente imprescindible para los amantes de las músicas del mundo. Más de setenta gloriosos minutos repletos de grandes canciones de ritmos trepidantes y pegadizos, de gaitas, percusiones variadas, guitarras, flautas, sorprendente inclusión de piano (un elemento que utilizan muy poco) y voces en gaélico conforman este arrebatador e irresistible disco. El número de temas a destacar es amplio, pues no hay un solo minuto desaprovechado. El excelente inicio que supone Her Royal Waggledy Toes, la agradable cadencia de Cabhraigí Léi, el maravilloso Tine Lasta, donde Rónán Ó Snodaigh nos deleita con sus intervenciones de voz y bodhran (¡y qué final tiene!), y el sensacional Grand Hotel, de una fuerza imponente, son algunos de mis momentos favoritos, pero podría mencionar también Glanfaidh Mé, Bully’s Acre, Luna Park (escondido tras una larga introducción) y así hasta la totalidad de los once temas.

Kíla es uno de los mejores grupos que pueblan los festivales de música folk, y éste inmenso álbum es prueba de ello. No duden en asistir, si tienen la oportunidad, a alguno de sus conciertos. Estén atentos a las giras, sobre todo después del invierno, pues seguro que alguna vez vuelven a España.

 

1. Her Royal Waggledy Toes – 5:44
2. Cabhraigí Léi – 4:53
3. Dusty Wine Bottle – 7:38
4. Tine Lasta – 6:40
5. Bully’s Acre – 4:42
6. Wandering Fish – 5:48
7. Grand Hotel – 7:57
8. Glanfaidh Mé – 10:03
9. Luna Park – 12:21
10. Faoiseamh – 2:02
11. Seo Mo Leaba – 4:56
Total: 72:54
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Klaus Badelt – The Time Machine

Klaus Badelt – The Time Machine
Género: Banda sonora original
Año: 2002, Varese Sarabande
Valoración:

Formado en Media Ventures (desde hace unos años Remote Control, aunque supongo que siempre será conocida de la primera forma) bajo la tutela del conocido Hans Zimmer, Klaus Badelt se ha convertido en uno de los más destacables alumnos del alemán, construyendo una carrera en solitario bastante interesante con la que sólo pueden rivalizar los también prometedores Harry Gregson-Williams y John Powell. Su primer proyecto personal de gran envergadura, The Time Machine, se saldó con una partitura memorable que hoy día sigue siendo la mejor muestra de su enorme potencial. Es una lástima que la mayor parte del resto de sus trabajos sean irregulares, ya sea por orquestar a cintas mediocres o por estar demasiado atado al grupo Media Ventures (esos que cuantos más se juntan peores cosas elaboran, como la famosa Piratas del Caribe). Aunque ha ofrecido otros discos notables (The Promise, Ned Kelly), aún espero que Badelt se desligue por completo de la pandilla de Zimmer y encuentre libertad total para buscar su propio sendero musical desde el que brindarnos otras maravillas como la aquí comentada.

En The Time Machine están reflejadas las mejores cualidades de Klaus Badelt. La experiencia adquirida colaborando en bandas sonoras importantes (Gladiator, Pearl Harbour, Hannibal) le permite centrarse por completo en exprimir su hasta ahora reprimida creatividad. Las ideas que muestra poseen frescura y originalidad, hallándose la muchas veces temida huella Media Ventures tan sólo en el acabado de algunos temas, y la música toma forma con una orquestación bien manejada.

La banda sonora se puede dividir en dos tramos bastante diferenciados. El primero, salvo el trágico corte Emma, expone la parte más bella, la aventura recién iniciada y por tanto entusiasta del protagonista a través del tiempo. La joven promesa desarrolla una composición de gran romanticismo y emotividad con algunas concesiones a la espectacularidad muy bien logradas. Sencillos y hermosísimos pianos se entrecruzan con poderosos temas de corte aventurero de un nivel de calidad impresionante. El tema central, expuesto por primera vez en Professor Alexander Hartdegen, es brillante, una explosión de sonidos que forma uno de esos instantes que se graban en la memoria y se quedan ahí repitiéndose durante días. Grandes momentos como I Don’t Belong Here, Eloi, The Time Machine o “What If?” destacan en una partitura ya de por sí completa, inspirada y muy bien amoldada a las imágenes.

El segundo tramo se torna hacia un tono más oscuro, pues el personaje se encuentra ahora en grave peligro. El romanticismo desaparece y toman importancia ritmos tribales; posteriormente hacen acto de presencia instantes más caóticos, aunque sin olvidar la rutilante expresividad de los momentos apoteósicos, como Stone Language. En los últimos minutos del álbum los temas se centran en apoyar las escenas de acción, con lo que se pierde casi obligatoriamente algo de la belleza y capacidad descriptiva que veníamos escuchando hasta entonces. Morlocks Attack, Godspeed o The Master están bien resueltos y funcionan en los peores tramos de una cinta un tanto irregular, pero no se libran de parecer algo apresurados y previsibles, los dos primeros algo estridentes y el otro demasiado atmosférico. Este receso limita, aunque no considerablemente, las posibilidades de una partitura que podría haber sido perfecta.

Ahora queda por ver si The Time Machine ha sido un hito casual o este compositor, que apenas está empezando su carrera, puede ofrecer mucho más. Un servidor así lo cree.

 

1. Professor Alexander Hartdegen – 3:28
2. Wish Me Luck – 1:27
3. Emma – 2:35
4. The Time Machine – 3:11
5. Bleeker Street – 2:26
6. I Don’t Belong Here – 3:48
7. Time Travel – 4:36
8. Eloi – 2:10
9. Good Night – 4:03
10. Stone Language – 4:53
11. Morlocks Attack – 4:23
12. Where The Ghosts Are – 1:36
13. The Master – 7:15
14. "What If?" – 6:16
15. Godspeed – 5:20
Total: 57:35

El aviador

The Aviator, 2004, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 170 min.
Director: Martin Scorsese.
Escritor: John Logan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Cate Blanchett, Kate Beckinsale, John C. Reilly, Alec Baldwin, Alan Alda, Matt Ross.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: El buen trabajo de dirección, ambientación, interpretación…
Lo peor: A pesar de todo, carece de garra, de alma. Y Scorsese comete algunos excesos.
Mejores momentos: El accidente con el avión espía, espectacular.
La frase:
-Ava Gadner: ¿Escuchas mis llamadas?
-Howard Hughes: No, cariño, nunca haría eso. Nunca lo haría. Sólo leo las transcripciones.

* * * * * * * * *

La vida de Howard Hughes fue intensa y apasionante, llena de excesos, excentricidades, genialidades, logros, amores, aventuras… El popular millonario logró grandes avances en la aviación, tanto en la parte empresarial como en la tecnológica, hizo aportaciones notables al cine y fue un famoso del que la prensa sacó mucho jugo. Pero su vida también tuvo su lado oscuro, pues padecía un desorden obsesivo-compulsivo que le conducía a episodios de distintos tipos de locuras, como las etapas en que se aislaba para no contagiarse de enfermedades y gérmenes.

Las biografías son difíciles de plasmar en el cine, siempre limitadas por el tiempo y la necesidad de centrarse en contar algo en concreto olvidando así otros aspectos interesantes o importantes de la vida del personaje. El aviador no se libra de algunos de estos problemas, pues únicamente retrata una etapa de la vida del protagonista, dejando la sensación de que no tiene principio ni final y sólo hemos visto historias sueltas durante dos largas horas y media. En el lado bueno tenemos un personaje muy bien construido y que funciona como centro de la narración, una historia que contiene varios tramos bastante interesantes y unos caracteres secundarios con breves pero intensas apariciones… Sin embargo, los puntos destacables no son suficientes para obtener una narración redonda, con fuerza y carácter, con lo que queda como una epopeya irregular en interés, carente de trascendencia y emotividad.

Lo más llamativo de la propuesta radica en su confección, pues Martin Scorsese es un director con una cantidad de recursos que pocos realizadores igualan hoy día. Se mueva en el estilo que se mueva exprime al máximo las posibilidades del relato, ofreciendo un aspecto visual arrebatador. Sean las espectaculares hazañas en la aviación, los momentos más intimistas del personaje, sus episodios de locura o los problemas empresariales y políticos, Scorsese da la talla en casi todo momento. Sólo algunos detalles deslucen: e a veces se excede con algunos tics, como los montajes sobrecargados (por ejemplo, la escena del tribunal es agotadora por los flashes y planos a las cámaras de los periodistas) o la manía con sacar mil planos de los músicos.

El resto de apartados técnicos son de primer nivel. El vestuario, los decorados, la música, tanto la de Howard Shore, que aparece en momentos puntuales, como la selección de la época… Todo funciona de maravilla en la recreación de la época. Destacan especialmente los actores, desde un efectivo Leonardo DiCaprio (aunque no es uno de sus mejores papeles) a unos impresionantes Alan Alda y Cate Blanchett, pasando por los correctos John C. Reilly, Alec Baldwin y Matt Ross. Respecto a los personajes, me he quedado con una pregunta: el carácter de Ian Holm, que entra y sale sin venir a cuento, sin aportar nada, ¿qué pinta ahí?, ¿es un chiste mal conseguido o alguna referencia que no he pillado?

Virtuosa en forma pero bastante vacía en contenido, El aviador me parece una cinta bastante recomendable para el espectador que disfruta con el cine bien dirigido, pero a quien busque entretenimiento seguramente le resultará larga y poco emocionante.

Ases calientes

 

Smoking Aces, 2006, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 109 min.
Director: Joe Carnahan.
Escritor: Joe Carnahan.
Actores: Ryan Reynolds, Ray Liotta, Jeremy Piven, Ben Affleck, Peter Berg, Andy García, Martin Henderson.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: La presencia de Andy García. Y que la cinta se olvida rápido.
Lo peor: Todo, joder, todo, todo, todo, todo, todo.
Peores momentos: El tiroteo dentro del ascensor entre uno de los mercenarios y uno de los agentes, toda aparición del trío de asesinos zumbados, el niño karateka empalmado… Tantos.
La frase: -Yo: ¿Pero esta película no se acaba nunca?

Ases calientes es otra fallida obra que sigue la estela dejada por la divertidísima Snatch de Guy Ritchie (conocida en España como Snatch, cerdos y diamantes): muchos personajes estrafalarios persiguiendo el mismo objetivo, narración excéntrica llena de diversos juegos visuales, una historia llena de recovecos y abundante humor y violencia… Como suele ocurrir, las copias están varios escalones por debajo del original, pero en el caso de Ases calientes se podría decir que la escalera ni se vislumbra. Abultada pero vacua proliferación de caracteres que son meros trazos sin interés alguno, diálogos con delirios de pedantería pero que en realidad no aportan nada más que estulticia, tramas enrevesadas que no consiguen llegar a ninguna parte, salidas de tono innecesarias, mal ubicadas y contraproducentes… Un galimatías pretencioso, cansino, estridente y vulgar en el que no falta el giro final con intenciones de dar un vuelco a todo lo visto hasta entonces, que no hace sino colmar un vaso lleno de estupideces sin fin.

Se agradece el esfuerzo puesto en presentar a los personajes incidiendo en quién es quién (repitiendo su nombre, escribiéndolo en pantalla, volviendo a su primera aparición para recordar de quién se habla…), pero al final esta buena voluntad termina siendo otro lastre, porque se pierde una ingente cantidad de tiempo reseñando personajes que no aportarán nada al conjunto, morirán de la forma más extravagante posible en su segunda y aburrida aparición o soltarán una ingente y cansina verborrea saturando de tonterías el metraje sin llegar a aportar nada con contenido. El reparto es a primera vista interesante, pero sólo puede salvarse el papel de Andy García, el único con un personaje algo más sólido. El resto, incluidos actores secundarios muy conocidos e interesantes tanto en el cine como en la televisión (atención al disfrazadísimo Matthew Fox, el Jack de Perdidos), están completamente desaprovechados, sobre todo en castellano, donde el espantoso doblaje destroza de manera increíble la mayoría de las interpretaciones (un caso sangrante es el de Jason Bateman, conocido –al menos por mí, claro- por la serie Arrested Development, cuya voz en este doblaje no parece salir del personaje y consigue que la escena en que aparece quede un tanto surrealista).

Las tramas y subtramas están repletas de escenas delirantes donde se abusa de la imaginación obteniendo casi siempre resultados ridículos, tanto por la apariencia de improbables e increíbles como por ser completamente innecesarias. El niño karateka empalmado, con esas insufribles ralentizaciones de la imagen, el trío mercenario de locos a lo Mad Max, o la que se lleva la palma, el tiroteo entre dos personajes (el de Ray Liotta y uno de los asesinos) dentro de un ascensor, ése en el que tras media hora de haberse baleado aún siguen vivos y matando gente…

Un sin fin de disparates dan forma a esta parida, o incluso podría decir parodia, de película. No llega a ser tan aburrida como El caso Slevin, otra del estilo que sufrí hace no mucho tiempo, pero juega en el mismo nivel de negligencia artística. Lo peor, que hay espectadores que se entusiasman con estas cintas ruidosas y vacías creyendo que están ante algo original e inteligente.

Tool – 10,000 Days

Tool – 10,000 Days
Género: Rock/metal progresivo
Año: 2006, Volcano
Valoración:

Maynard James Keenan: voz.
Adam Jones: guitarra.
Danny Carey: batería.
Justin Chancellor: bajo.

Cinco años han pasado desde que Lateralus afianzara a Tool como una de las mejores bandas de música de todo el mundo, cinco años de espera hasta que por fin dieron a luz a su nueva obra de arte. La pregunta que por entonces rondaba la mente de sus oyentes más fieles por fin tuvo respuesta: ¿consigue 10,000 Days lo imposible, es decir, ser un prodigio sin parangón como Lateralus o Aenima?

No, no lo consigue… pero por muy poco.

Algunas voces han indicado que 10,000 Days sigue demasiado la estela de Lateralus, que no se ha innovado en absoluto. No lo comparto. Si bien no se ha repetido el gran salto estilístico que hubo entre Undertow y Aenima o entre éste y Lateralus, 10,000 Days tiene su propio sonido, su propia alma claramente definitoria. Las semejanzas se limitan a ser las habituales de cualquier banda: se nota que son ellos por cómo hacen sonar los instrumentos.

Como gran parte de la obra de Tool, el álbum es de escucha muy difícil, requiere una degustación pausada, sobre todo si el oyente acaba de introducirse en el universo de la banda. En una primera audición puede parecer superficial o incluso repetitivo y con música que suena sin rumbo, pero una vez sumergido de lleno se vislumbra un panorama musical extraordinario repleto de melodías asombrosamente complejas, ritmos de una precisión sublime, variaciones impredecibles… Además, la ejecución es pasmosa y la grabación al disco excelente.

Once temas en los que la mayor parte superan con creces los seis minutos conforman esta singular pieza de rock/metal progresivo donde se pueden hallar numerosas genialidades. Nada más comenzar nos deleitan con dos cortes espectaculares, Vicarious y Jambi, donde construyen un asombroso sonido y lo exprimen con sabiduría. El eminente The Pot, exquisito de principio a fin y con algunos tramos fenomenales, como ese final marca de la casa. Rosetta Stoned, extenso e intenso, una de las mejores muestras de la inusitada capacidad del grupo para hacer temas de gran longitud que no resultan cargantes y sí completamente absorbentes…

Son más frecuentes que en otros trabajos los temas de cadencia algo más tranquila, donde los chicos de Tool huyen de la densidad habitual en ellos. Los resultados siguen siendo excelsos, pues cortes como Wings for Marie, Pt. 1, 10,000 Days (Wings, Pt. 2) o Intension mantienen la expectación y calidad de los momentos más efectistas.

La única queja vendría por el abuso de introducciones, que a pesar de funcionar correctamente como tales en muchas ocasiones en otros casos se me antojan delirios innecesarios, extraños experimentos sonoros fuera de lugar, como Lipan Conjuring, ese tema con rasgos de indígenas americanos que no hay por donde coger, o el tenebroso Virginti Tres que cierra el disco. Pero son escasos minutos, breves antojos que se pueden perdonar porque el grueso del álbum es redondo, perfecto en confección y acabado. Sólo le faltó una pizca de genialidad para merecer el sobresaliente, ésa que sí tienen Aenima y Lateralus.

 

1. Vicarious – 7:06
2. Jambi – 7:28
3. Wings for Marie, Pt. 1 – 6:11
4. 10,000 Days (Wings, Pt. 2) – 11:13
5. The Pot – 6:21
6. Lipan Conjuring – 1:11
7. Lost Keys (Blame Hofmann) – 3:46
8. Rosetta Stoned 11:11
9. Intension – 7:21
10. Right in Two – 8:55
11. Viginti Tres – 5:02
Total: 75:50

Mystic River

Mystic River, 2004, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 137 min.
Director: Clint Eastwood.
Escritores: Brian Helgeland, Dennis Lehane (novela).
Actores: Sean Penn, Kevin Bacon, Tim Robbins, Marcia Gray Harden, Laurence Fishburne, Laura Linney.
Música: Clint Eastwood.

Valoración:
Lo mejor: Guión, dirección, actores, fotografía, montaje… Todo es de un nivel sublime, incluso la música, un elemento que Clint Eastwood no suele manejar nada bien.
Lo peor: La resolución del crimen es algo endeble.
La pregunta: ¿Cómo Eastwood puede pasar de una obra tan redonda como ésta a bodrios como el díptico sobre la batalla de Iwo Jima?

Cuando Clint Eastwood está inspirado nos brinda algunas de las más maravillosas producciones del séptimo arte, como este excepcional thriller donde la mano firme del afamado realizador esculpe una película colosal, una de las mejores labores tras las cámaras en muchos, muchísimos años. Su manejo del tempo narrativo, pausado pero subyugante, la milimétrica escenificación, el férreo control sobre los actores, la estimable colaboración de Tom Stern en la fotografía… Mystic River es un estupendo ejemplo de lo que se puede considerar perfección en forma. El contenido sin embargo tiene un par de deslices, no muy graves pero sí suficientes para interrumpir levemente la mágica conexión con el espectador. Uno lo describo más adelante, ese personaje, el policía, que no es del todo redondo; el otro es la resolución del caso, donde la motivación de los autores no es muy creíble y los personajes no habían sido debidamente presentados.

El reparto es antológico, de los que quitan la respiración. Los tres actores principales están inconmensurables: Sean Penn borda todos los matices de su personaje, tanto la aflicción por su pérdida como los vestigios de su oscuro pasado en el crimen (y atención ese mismo año a su otro papelón, el de 21 gramos); Tim Robbins confecciona con una facilidad pasmosa una mente torturada desde la infancia e incapaz desde entonces de regir con plenitud en el campo de los sentimientos humanos; Kevin Bacon, el menos conocido y alabado, no se queda atrás, pues el intérprete es capaz de darle vida a una escena sólo con una mirada. Los secundarios están a la altura de las circunstancias, y si alguno queda algo rezagado del resto (el caso de Laurence Fishburne, por ejemplo) no es porque su labor no sea la adecuada, sino porque no todos los personajes pueden ser trampolín para interpretaciones inolvidables. Por ejemplo, tanto Laura Linney como Marcia Gray Harden dan lo mejor de sí mismas, pero la segunda tiene un papel que le ha permitido lucirse mucho más.

El eje de la historia son esos tres caracteres tan bien construidos, aunque el policía queda algo desligado de los otros dos y se recurre a la subtrama de su matrimonio de forma intermitente para intentar dotarle de mayor entidad, algo que se logra más por la exquisita y comedida interpretación de Kevin Bacon que por ese apaño un poco apartado del resto de la cinta. Desde estos hilos conductores se elabora una trama sobre cómo la violencia afecta a la vida cotidiana de las personas. Vivimos en un mundo repleto de una crueldad sin sentido que nos ataca desde la infancia hasta la madurez y destruye o fortalece nuestra personalidad constantemente. Mystic River refleja distintos modelos de respuestas a esas agresiones: la personalidad fuerte que está dispuesta a todo por su supervivencia y la de su familia, imponiendo su propia moral al mundo donde vive, la personalidad herida que trata de seguir adelante como puede, y la que se inclina por el bando de la ley para intentar arreglar el mundo pero se ve inmersa en un pozo de inmoralidad sin final. Mystic River es pues una cinta sobre el dolor humano, sobre cómo nos condiciona la personalidad.

Como ocurre en demasiadas ocasiones, no se hizo justicia en los Oscar. Es más, fue uno de los peores años que recuerdo en lo que respecta a desaciertos, pues la flojísima El retorno del Rey se llevó los grandes premios (los técnicos los merecía) por encima de películas de gran calibre, como la que trato en este comentario y otras maravillas como Master and Commander, Buscando a Nemo o En América. ¿Cómo un director y guionista tan poco dotado como Peter Jackson puede quedar por encima de la genialidad que aquí nos ha regalado Clint Eastwood en la dirección y Brian Helgeland en el guión? Los actores Sean Penn y Tim Robbins al menos tuvieron el reconocimiento merecido, pero como la credibilidad, el sentido común y la objetividad de estos premios cada vez es menor, no es que signifique mucho.

Rescue Dawn

 

Rescue Dawn, 2006, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 126 min.
Director: Werner Herzog.
Escritores: Werber Herzog.
Actores: Christian Bale, Steve Zahn, Jeremy Davies, Zach Grenier.
Música: Klaus Badelt.

Valoración:
Lo mejor: La eficaz dirección de Werner Herzog, la interpretación de Christian Bale.
Lo peor: No aporta nada nuevo al género, no sorprende en ningún momento. Y sobre todo la lenta y limitada distribución que está teniendo. ¿Llegará alguna vez a España?
La frase: -No, yo nunca he querido ir a la guerra. Sólo quería volar.

Rescue Dawn narra la historia real de Dieter Dengler, entusiasta piloto de origen alemán que en su pasión por pilotar aviones terminó trabajando para la marina estadounidense. En el creciente conflicto con Vietnam, concretamente en 1965, sufrió un accidente en una de sus misiones y acabó perdido en la selva. Su periplo, incluyendo el cautiverio por parte del vietcong, fue retratado en un documental realizado en 1998 por Werner Herzog, llamado Little Dieter Needs to Fly. No contento con el resultado o viendo las posibilidades del mismo Herzog se lanzó a realizar un largometraje sobre la misma apasionante aventura. Por presupuesto (escasos diez millones de dólares) y la limitada distribución parece una cinta menor, pero lo cierto es que la apuesta es de calidad y me extraña que no se le haya dado una buena oportunidad, sobre todo teniendo a una estrella como Christian Bale a la cabeza del reparto y que las críticas han sido muy, muy buenas. En EE.UU. fue proyectada el año de su realización (2006) en varios festivales, pero el estreno oficial no llegó hasta julio de 2007. En España aún no tiene fecha, y a este ritmo o se estrena directamente en DVD o acabará en la pila de buenas películas que quizá no veamos nunca por culpa de la negligencia de las productoras y distribuidoras (un buen ejemplo es Equilibrium, también con Christian Bale).

A pesar de la aparente dificultad del rodaje (exteriores en plena selva de Tailandia) y el exigente trabajo físico (Bale debió perder veinticinco kilos, bastante más que el resto del reparto), parece que no hubo incidencias y todos se llevaron muy bien. Incluso Bale no tuvo repartos en comer gusanos vivos.

Sólo con leer el argumento se puede deducir que la historia no cuenta nada nuevo sobre la guerra de Vietnam y el tema bélico en general, y lo cierto es que nunca llega a sorprender y transcurre por un sendero bastante predecible, pero aún así Werner Herzog nos brinda una aventura sumamente entretenida que atrapa durante dos horas muy bien aprovechadas. Quien busque acción no la encontrará, porque es una cinta pausada y tranquila, con largas caminatas por paisajes hermosos y hostiles y con diálogos sencillos y en poca cantidad. El mayor acierto de Herzog ha sido ceñirse a la parte más humana del relato, eludiendo la espectacularidad propia de las cintas de guerra y centrándose en los problemas psicológicos de los personajes. El carisma del protagonista, otra notable interpretación de un cada vez más interesante Christian Bale, absorbe y canaliza todas las emociones del filme de forma loable. Los secundarios quedan algo eclipsados y en cierto momento surge la sensación de que se prescinde de ellos demasiado rápido, pero aún así son caracteres bien ubicados en la narración y con grandes momentos, como las tensas disputas sobre los planes de fuga, donde parece que se van a matar entre ellos en vez de colaborar.

Rescue Dawn funciona de maravilla como drama sencillo, creíble y directo, carece de pretensiones, los actores están muy bien y Herzog ha otorgado a la narración un ritmo estable y sólido. Quizá no sea una película para el recuerdo, pero sin duda merece un visionado. Si es que la encuentran.