El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: agosto 2015

Misión Imposible: Nación secreta


Mission: Impossible – Rogue Nation, 2015, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 131 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guión: Christopher McQuarrie, Drew Pearce.
Actores: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Jeremy Renner, Simon Pegg, Sean Harris, Ving Rhames, Simon McBurney, Alec Baldwin.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y espectacular, sobre todo gracias a la puesta en escena. Personajes con cierto carisma.
Lo peor: Los topicazos, la falta de inteligencia y profunidad, los sensacionalismos… En resumen, la falta de ambición y pretensiones.
Mejores momentos: La persecución con motos.

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Nación secreta no parecía que fuera a sorprender, y finalmente no lo hace. Con sus propias y ligeras ventajas y desventajas mantiene la estructura de la cuarta entrega, que tanto éxito consiguió a pesar de simplificar bastante el estilo de la saga. De la misma forma, resulta un título de acción bastante entretenido pero algo insatisfactorio, pues como siempre, cabe preguntarse por qué no se esfuerzan tan sólo un poquito más en obtener un producto más serio, sólido e inteligente, por qué seguimos con la tónica de que el género debe ser tan básico. Además en este capítulo surge otra cuestión y decepción: por qué no se han tomado en serio la idea de hacer una serie, que cada episodio no tiene nada que ver con el resto (yo sigo echando de menos a los compañeros de la tercera parte).

Esa última queja se hace muy evidente porque la proyección empieza de forma brusca con una trama que requería más desarrollo previo, pues queda precipitada y confusa inicialmente. Y todo para que a la hora de la verdad sea de nuevo una excusa para saltar de una aventura a otra sin que quede muy claro el nexo de unión entre lugares y submisiones. Al menos la misión principal sí es más relevante y permite que la historia personal sea más intensa: tienen que luchar por salir adelante y desentrañar y detener a una oscura corporación y a su inquietante líder. Sí, muy típico (puro James Bond), pero al menos se recuerda, que en Protocolo fantasma nada más terminar te quedabas diciendo: ¿quién era el malo y cuál su objetivo? Además también hay más sensación de trabajo en equipo, de que los secundarios están mejor desarrollados. Ahí destaca la chica de turno, que toma más protagonismo que las féminas anteriores. Eso sí, a veces es descarado como enfocan su cuerpo sin razón alguna, con lo que no consigue librarse del todo del cliché de mujer florero.

Hay numerosas secuencias de acción de distinto tipo, todas más o menos intensas y espectaculares. Destacan la fuga de Ethan con ayuda de la espía (menuda forma física tiene el tío), la ópera (aquí el tono de thriller está bastante bien manejado), algunas buenas persecuciones y tiroteos varios. Pero a pesar de esa historia central más concreta y del grupo protagonista mejor explotado, la aventura resulta algo más arrítmica que en la anterior entrega, en parte porque como indicaba siguen los saltos poco justificados entre distintos escenarios y partes de acción, que parecen puestos ahí para cumplir con el género y la escena correspondiente, pero también por los grandes contrastes: algunas secuencias no especialmente relevantes son muy aparatosas, y las partes más cruciales no atrapan como debieran. Por ejemplo, la persecución de motos es impresionante, pero te preguntaría si recuerdas a qué se debe. También se nota que los artífices del filme sabían que a base de repetir patrones se puede perder interés, y como respuesta se empeñan en exagerar las cosas. No me convence del todo la gran secuencia de infiltración, porque de nuevo tira por los enredos tecnológicos imposibles y la acción sensacionalista (pero qué exagerado lo del agua) en vez de construir una buena atmósfera de intriga y tensión donde los personajes estén al límite de un esfuerzo más humano que de superhéroe. Ahí la tercera sigue sacando bastante ventaja.

Pero sobre todo le pesan las partes más calmadas. Las discusiones sobre cómo actuar no llaman mucho la atención, por ejemplo. Mi impresión es que podrían haber sacado mucho más partido a la idea de los espías renegados. Y el final pierde bastante fuelle, acabando la película de forma algo repentina. Da la sensación de que pretendían un desenlace que tirase más por la victoria personal y cerrar las tramas de forma calmada, dejando que la historia y los personajes se asentaran bien después de la tormenta. Pero no les ha quedado bien, porque si de verdad buscaban ahora tirar por el drama de personajes, la lucha intelectual y la intriga de espionaje de nivel, pues llegan tarde y mal. El descubrimiento del complot (con el primer ministro y el director de la CIA) es muy forzado y predecible, los clichés de protagonistas en peligro no causan desazón alguna, la simplona y anticlimática captura del villano parece poca cosa, y la victoria en la disputa de despachos es muy básica también.

Como la anterior, la película resulta un buen entretenimiento por su simpatía (protagonistas carismáticos, buena mezcla de humor y acción), por ir al grano aunque sea a costa de tirar de clichés del género (la trama nunca sorprende, pero narrando a toda leche te engañan durante un rato), y sobre todo por la firme y contundente puesta en escena, que ofrece un espectáculo vistoso y trepidante. Sustituyendo a Brad Bird llega Christopher McQuarrie, guionista de títulos tan atractivos como Valkiria y Sospechosos habituales, y quien llamó la atención en el género dirigiendo la más que recomendable Jack Reacher. De las virtudes de aquella en el guión hay bien pocas, porque está atado a la serie y las directrices del estudio y los productores (Cruise incluido), pero en la dirección está de nuevo muy efectivo, ofreciendo una puesta en escena vibrante, dinámica y clara en la acción. Cabe destacar el magnífico trabajo de planificación, rodaje y edición de la asombrosa persecución, una secuencia larga que resulta sobrecogedora y uno de los grandes momentos de acción del año. Aunque por desgracia aquí también aparece el único aspecto negativo de lo visual: cuando el escenario cambia a la autovía se empeñan en tirar de efectos digitales, y no queda ni por asomo tan bien. En la música lo acompaña su fiel Joe Kraemer, quien cumple también de sobras con una partitura muy en la línea del estilo marcado por Michael Giacchino: orquesta excelente, temas vigorosos y bien acoplados a las imágenes.

Para pasar el rato bien vale la entrada, pero si eres más exigente hay thrillers de acción muy superiores, como la magnífica Ronin o la citada Jack Reacher. La pena es que el público en general cada vez es menos exigente, no hay más que ver la estupenda recepción que tiene la citada simplificación de la serie. Otra cosa que parece ir a peor en estos tiempos es el doblaje. ¿Nadie más ha notado la plaga de leísmo que sufre la versión española? Los personajes parecen paletos de la España profunda en varias conversaciones.

Ver también:
Misión Imposible III.
Misión Imposible: Protocolo fantasma.

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The Salvation


The Salvation, 2014, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, Bélgica, Sudáfrica.
Género: Western.
Duración: 92 min.
Dirección: Kristian Levring.
Guión: Anders Thomas Jensen, Kristian Levring.
Actores: Mads Mikkelsen, effrey Dean Morgan, Mikael Persbrandt, Eva Green, Eric Cantona, Jonathan Pryce.
Música: Kasper Winding.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano con determinación y firmeza, resultando un título clásico pero efectivo.
Lo peor: No va a sorprender. La iluminación nocturna es irreal, casi desastrosa, resultando un inesperado y confuso contraste con la buena fotografía diurna.

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Un emigrante danés huye de la guerra en su país para perseguir el sueño de forjar una nueva vida en el Oeste americano. Pero cuando consigue traer a su familia se tropieza con la banda de pistoleros que aterra la zona, y la cosa acaba en tragedia y en un conflicto del que no ve salida.

Como indicaba en el cuadro resumen, no es una película que pueda sorprender, pues parte de un argumento muy sobado en el western, llega con décadas de retraso y no intenta en ningún momento aportar algo nuevo. Además es curioso que en una coproducción europea se embarquen en una historia tan estadounidense, sobre todo porque no aportan un toque distintivo o una historia más enfocada en los colonos y sus vicisitudes, porque al final el origen de los protagonistas resulta irrelevante y la historia es como digo la de siempre. Pero como también repito muchas veces, un relato, del género y formato que sea, puede valer la pena sólo con estar bien narrado. Y ahí The Revelation funciona francamente bien. Los clichés del género están presentes, muchas escenas se ven venir de lejos y el destino de los personajes es evidente desde que son presentados, pero el realizador Kristian Levring se esmera en construir una aventura sólida y con garra suficiente para que esas bases no se conviertan en un lastre.

Todos los personajes logran resultar entre aceptables y atractivos. Los más estereotipados, como el adolescente que quiere ayudar, no entorpecen ni resultan cargantes. Los villanos tienen una pizca de sentido más allá de ser malos porque sí: las clásicas ambiciones de terratenientes combinadas con el disfrutar de ser el matón más fuerte. No esperaba que Jeffrey Dean Morgan, un secundario de series ñoñas (Anatomía de Grey por ejemplo) pudiera llegar a imponer tanto, pero logra un enemigo que causa miedo aunque se pueda deducir su destino. Los aldeanos muestran varias caras de la cobardía, siendo el más interesante el alcalde, sobre todo por el estupendo papel de un valor seguro como es Jonathan Pryce. El protagonista, Mads Mikkelsen, tiene carisma de sobra para sobrellevar un rol tan clásico, el del padre de familia que se enfrenta solo al peligro. Este actor fue de hecho quien me empujó a ver la película, pues su papel en Hannibal como el asesino caníbal me tiene fascinado. En cambio la siempre atractiva Eva Green no tiene mucho que hacer: si partes de un cliché y encima haces que sea un personaje mudo, poco que aportar tiene si no le das una historia llamativa, cosa que no hacen.

El tono y el ritmo son muy buenos, la cinta fluye bien sin atascarse en ningún pasaje, y mira que muchos son muy básicos, y las escenas de acción y tiroteos son emocionantes y no escatiman en violencia. En el gran conflicto final maneja muy bien la situación de cada personaje y la intriga sobre por dónde sobrevendrá la muerte de cada uno (las esquinas, los suelos, los planos amplios para ubicarte), de forma que tenemos un tiroteo espectacular y tenso a partes iguales.

Pero hay un detalle extraño y malogrado en la por lo general buena puesta en escena. A pesar de su acertada fotografía diurna, con una excelente iluminación, grandes planos y algún tráveling muy eficaz, en la fotografía nocturna hacen una cosa extrañísima. No sé si han rodado de día con filtros o aplicando un tratamiento digital posterior, o si lo han hecho de noche fallando estrepitosamente en la iluminación, porque el resultado es bastante fallido, parece que la imagen está mal. Tampoco funcionan un par de efectos digitales cutres: el fuego y los pozos petrolíferos no llegan a un mínimo aceptable de calidad.

El entusiasmo con que se narra una propuesta tan poco novedosa se contagia: a mí me ha resultado una película muy emocionante e intensa, lo suficiente como para que su estructura a base de topicazos consiga saber más a nostalgia y homenaje que a imitación. Ahora bien, es inevitable que al acabar la proyección te pongas a pensar que es una lástima que no aportaran ni una idea o giro que le diese un poco más de originalidad y “recordabilidad”.

Slow West


Slow West, 2015, Reino Unido, Nueva Zelanda.
Género: Western, aventuras, drama.
Duración: 84 min.
Dirección: John Maclean.
Guión: John Maclean.
Actores: Kodi Smit-McPhee, Michael Fassbender, Ben Mendelsohn, Caren Pistorius, Rory McCann.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Fantástica puesta en escena, buena historia con un tono muy acertado, buenos personajes, y el siempre excelente Michael Fassbender.
Lo peor: Que por su limitada distribución pueda no llegar a mucha gente, a pesar de ser una película estupenda.
Mejores momentos: La casa de trueque, la borrachera, el bosque encantado, el tiroteo final y su desenlace.

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Slow West parte de las bases clásicas del western (el sueño del Oeste, la emigración, la lucha contra hombre y naturaleza hostil, el pistolero solitario, los forajidos…) y arma un relato que quizá no sorprenda en alguna de sus ideas (la evolución de Silas), pero cuya inteligencia y solidez bastaban para lograr una buena película. Pero además su artífice John Maclean (escocés con sólo dos cortos en su haber) se inclina hacia el western revisionista con buenas dosis de ingenio y toques de humor negro, con lo que le otorga frescura y bastante fuerza.

Lo primero a destacar es ese acertado humor negro, cínico, seco y contundente que regala numerosos golpes de efectos inesperados que le dan una vuelta de tuerca a muchos momentos que podrían haber resultado predecibles, llegando a descolocarte e incluso hacerte sentir incómodo (algunos de estos giros son grandes tragedias) sin parecer forzado. Hay que decir que la influencia de Quentin Tarantino es bastante evidente, aunque con un estilo propio. Los mejores ejemplos los tenemos en la escena de la tienda de trueque o en el tiroteo final, donde incluso cuando creías haberte hecho al tono del relato te deja a cuadros con sus sorpresas y su brutalidad. Lo único que no entiendo es qué aporta la escena final en plan resumen de muertos, que parece un adorno innecesario y redundante. Y como indicaba, también se agradece la tendencia revisionista que tantos buenos títulos ha dado alejados de los clichés más ignominiosos del género: los indios no son villanos, los protagonistas no son héroes impolutos (Silas es un mercenario, Jay un inútil), los emigrantes europeos distan de ser los valientes conquistadores habituales… Maclean se vuelca de lleno en la perspectiva más realista de la época: eran tiempos duros donde todos velaban por sí mismos y muchos eran unos hijos de puta desalmados.

Pero en lo menos innovador también está a un gran nivel. Silas (Michael Fassbender) es un personaje que engancha nada más aparecer, y termina resultando fascinante gracias a que su evolución no por verse venir es menos interesante, pues su proceso de cambio tan bien expuesto a lo largo de la aventura nos invita a querer conocerlo más a fondo, para ver hasta dónde llega. Jay (Kody Smit-McPhee) casi queda como secundario al lado de una figura con tal magnetismo, pero tiene dimensión suficiente como para que resulte bastante entrañable. Además funciona como elemento de conexión con el espectador: como él, somos ajenos a la violencia y peligros en los que se sumerge, con lo que nos ayuda a entrar de lleno en este ambiente hostil de forma que lo sentimos muy de cerca. Los pocos secundarios que hay transmiten muy bien la emoción buscada con cada uno de ellos (los enemigos parecen peligrosos en todo momento) a pesar de su escaso tiempo en pantalla. Incluso se humaniza a los cazadores de recompensas lo justo para que no queden como simples objetos de la trama: atención a la delirante escena que nos lleva a su campamento.

En lo visual Maclean también muestra gran dominio narrativo. Te quedas embelesado nada más empezar la proyección gracias a la magnífica fotografía que captura los paisajes (neozelandeses, por cierto) con una belleza hipnótica, y no defrauda en el resto porque la certera labor de dirección mantiene un ritmo firme y decidido. Cabe destacar cómo el realizador ensalza muy bien esa aventura que saca a Jay de su vida normal y rompe su concepción del mundo: el tono pausado y contemplativo remarca el halo de distanciamiento que tiene el muchacho con la realidad, así como el peligro latente a su alrededor. Es decir, es una película pausada pero que mantiene muy bien la expectación y la sensación de inseguridad.

Con el mimo y detallismo que mantiene Maclean logra sacar mucho de la sencillez. Un detalle inteligente aquí, un diálogo emotivo allá, una salida de humor negro inesperada, un gesto de un personaje que define toda una escena (Silas apretando el puño para contener sus sentimientos tras el lío de la casa de trueques), un plano cautivador de vez en cuando, un tema musical muy acertado… y Slow West resulta ser mucho más de lo que aparenta. Sin artificios innecesarios, sin grandilocuencia, sin partir si quiera de algo original, se puede conseguir cine de gran calidad. Solamente hay que tener ideas claras y saber narrar. Resulta un título muy recomendable y a reivindicar desde ya, porque si su distribución sigue siendo igual de limitada puede acabar injustamente en el olvido.

El niño 44


Child 44, 2015, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 137 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guión: Richard Price, Tom Rob Smith (novela).
Actores: Tom Hardy, Gary Oldman, Noomi Rapace, Joel Kinnaman, Fares Fares, Jason Clarke, Paddy Considine, Vincent Cassel.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Los personajes y el drama que viven.
Lo peor: El thriller es convencional y algo soso. La puesta en escena mediocre.
La pregunta: ¿Por qué demonios si la película está rodada en inglés, es decir, la vemos como si fuera una traducción del ruso, obligan a los actores a fingir acento ruso? Que hablen en ruso o en inglés, pero este apaño intermedio queda horrible.

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En la temible dictadura de Stalin un soldado valiente y cumplidor se encuentra con el giro en la vida que todos temen: ser considerado sospechoso de traición. Toda su familia y todo lo que conoce pueden irse al traste en un instante, y la sombra de la ejecución pende sobre sus cabezas. La atmósfera que consigue el guión es francamente buena. No vamos a ver nada nuevo, pero se logra una buena descripción de la vida de la época y unos personajes verosímiles y atractivos con los que conectar, de forma que promete un buen drama de supervivencia en tiempos difíciles. Además los actores terminan de ganarse al espectador. Tom Hardy con su energía inicial que se transforma en sufrimiento conforme avanza su tormento, Noomi Rapace eficaz como es habitual en su encasillamiento en papeles de mujer afligida, y una serie de buenos secundarios (Gary Oldman, Fares Fares, Vincent Cassel). Sólo Joel Kinnaman no está a la altura, probablemente porque tiene entre manos el único rol fallido.

Pero a pesar de este tono desasosegante y trágico tan conseguido, el guión no es capaz de desgranar adecuadamente la historia. El prólogo es poco llamativo y cuanto más avanza la trama menos necesario parece. ¿De verdad hacía falta dedicar una escena completa para decir que el protagonista es huérfano y hay otros como él, con esa mención metida con calzador al Holodomor? De ahí pasamos a un largo tramo de presentación que pretende sentar unas bases que cobrarán importancia más adelante, con lo que se posterga aún más la exposición definitiva de cuál va a ser el argumento. Los detalles relevantes, como la rivalidad con un compañero o la amistad férrea con otro, deberían haberse introducido en pleno desarrollo de la trama, no en una larga y poco llamativa exposición inicial. Así, parece que la película no arranca hasta los cuarenta minutos… y encima lo hace con dos problemas. Cuando aparece el caso de los niños muertos el relato se ramifica en dos historias, el drama de supervivencia y el thriller de investigación, y para colmo todo se torna resulta muy predecible, de forma que intuí todo lo que estaba por venir: quién sería el traidor que pondrá en apuros al protagonista, cómo el caso lo seguirá en su destierro, y cómo luchará y renacerá.

Por suerte, a partir de ese punto de inflexión también gana ritmo, y si bien decepciona porque prometía un thriller de más nivel, lo que hay funciona aceptablemente bien. La adaptación al nuevo entorno tiene más interés que el flojo arranque, la odisea de la pareja protagonista llega con cierta intensidad, se agradecen detalles como un tono serio tirando a sórdido (el protagonista no es el típico héroe luminoso de Hollywood, es bastante cabronazo), llegan nuevos personajes que a pesar de llevar ya media película consiguen ser interesantes también (el de Gary Oldman)… y sobre todo, como decía, por fin las cosas avanzan. No van a sorprender las traiciones, la incursión en zona enemiga, los vigilantes peligrosos, las huidas por los pelos, los hallazgos de pistas, el desenlace a hostias… pero tampoco provocan la sensación de ser una película construida a retazos de otras. Obviamente sí se frena su potencial: en todo momento da la sensación de que podría haber sido una obra bastante superior, de que seguramente la novela de Tom Rob Smith daba para más. Los epílogos ponen de manifiesto ese origen literario y maximizan la sensación de no haber estado a la altura en el resto: mostrar dos largas secuencias para reposicionar a los protagonistas resulta inteligente y atrevido hoy día en el cine, donde no se suele dedicar tiempo a los personajes ni se arriesgan a ofrecer un cierre pausado.

Pero la limitación más grande que le veo es la puesta en escena, algo pobretona y falta de garra. La dirección de Daniel Espinosa (que a pesar del nombre nació en Suecia y empezó su carrera allí) se presenta sin recursos ni energía, con lo que maximiza la impresión de que se desaprovecha una historia y entorno con muchas más posibilidades. Lo peor es la horrible fotografía con una fallida cámara en mano: en las pocas escenas de acción no se ve ni entiende nada… y qué mala idea hacer la pelea final en barro, para ponerlo peor. Tampoco tiene una buena banda sonora que enfatice la intriga y peligros. Así, el thriller, que no termina de explotar su potencial en el guión, se diluye otro poco. Lo que queda es una cinta correcta y entretenida si te va el género; si no, puede resultar lenta y larga.

Moonrise Kingdom


Moonrise Kingdom, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 94 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guión: Wes Anderson, Roman Coppola.
Actores: Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Frances McDormand, Bill Murray.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual elaborado y colorista hasta resultar deslumbrante.
Lo peor: El guión hace aguas, es un cúmulo de anécdotas que no consigue narrar nada tangible y recordable.

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Un cuento o fábula utiliza las fantasías, las anécdotas, los personajes secundarios estrafalarios y otros elementos como fórmulas narrativas, como recursos para un fin. Es decir, tras la magia, los detalles curiosos y los enredos visuales ha de haber un relato concreto, y quizá también un mensaje. Wes Anderson no se preocupa mucho del objetivo final, construye sus aventuras sólo con anécdotas, subtramas breves que explotan una idea paralela, personajes de relleno que sólo ofrecen una característica llamativa pero no tiene una posición clara y útil en la trama. Además se centra sobre todo en lo visual, dando una forma vistosa e hipnótica por fuera pero relegando aún más el contenido. Es decir, no perfila un guión sólido, sino que se apoya en una amalgama de videoclips más o menos impresionantes y hermosos pero que a duras logran exponer una historia y unas ideas y mensajes determinados.

La aventura romántica de los chavales es interesante en los momentos en que se llega a narrar algo, pero entre esos instantes hay transiciones llenas de curiosidades rebuscadas muy elaboradas en lo visual pero huecas en contenido. Y añádele que tratar los pasos claves de la adolescencia no es algo novedoso, con lo que Moonrise Kingdom apenas causa impresión por muchos enredos, o más bien alardes, que pretenda. De esta forma, aunque por lo general la odisea de los jóvenes consigue entretener, la sensación de que no vamos hacia ninguna parte, de que no se narra ninguna historia ni mensaje consistentes, va pesando y pesando cada vez más, sobre todo porque en el tramo final, en vez de tomar un rumbo de una vez, se termina de desviar por completo. ¿Cómo puedes meter una larga trama secundaria (el otro campamento -el de Harvey Keitel-) llena de chistes tontos (el rayo, la riada, el rescate) justo cuando estás lanzando el arco final? Y el desenlacen en la iglesia, con la clásica escalada a la torre, también carece de garra.

Así que la cinta, dispersa de por sí, termina sin ofrecerte algo con lo que emocionarte y que recordar. A la postre es el tono visual y el ritmo veloz lo que salva la función, dos aspectos que engañan los sentidos si te dejas llevar. La fotografía obsesionada con centrar milimétricamente la acción es la reconocible marca de Anderson, y le saca buen partido, porque cuida con gran mimo la composición de la escena: la fantástica iluminación y el uso del color, exteriores bien seleccionados e interiores bien adornados. Pero claro, ya podía poner tanto esmero en el guión, porque la fuerza emocional del exterior no alcanza el interior. Como se puede ver también en la posterior El gran hotel Budapest, como narrador todavía le falta todavía mucha maduración.

X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman,
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

Ver también:
X-Men: Primera generación.
Lobezno inmortal.
X-Men orígenes: Lobezno.
X-Men: La última decisión.
X-Men 2.
X-Men.