El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: mayo 2006

El mito de Bourne

The Bourne Supremacy, 2004, Alemania.
Género: Drama, acción.
Duración: 108 min.
Director: Paul Greengrass.
Escritor: Robert Ludlum (novela), Tony Gilroy.
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Brian Cox, Joan Allen, Julia Stiles, Karl Urban, Gabriel Mann.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo frenético sin descanso aderezado con una buena trama. La música.
Lo peor: Excesos en el montaje (muchos planos muy rápidos) y en la fotografía (mareante).
Mejores momentos: La persecución de coches a porrazo limpio. Bourne derribando policías sin esfuerzo.
El plano: Bourne sentado en la habitación de la joven rusa.
El título: No entiendo la obcecación que tienen con cambiar los títulos de la saga: es La supremacía de Bourne, no El mito de Bourne, y la primera era La identidad de Bourne, no El caso Bourne. Cambian el claro significado del título original.

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Impresionante secuela que multiplica por dos todo lo de la primera entrega: la trama es más compleja, el ritmo más trepidante, las escenas de acción más impactantes, la persecución de coches más larga y espectacular… y Bourne da más caña.

Bourne está escondido con su novia, pero tras ser incriminado en un crimen relacionado con el proyecto Treadstone y un intento de eliminarlo para no dejar pistas debe volver para arreglar cuentas. Y lo hace muy cabreado. Vemos a Bourne en la plenitud de sus facultades, luchando hasta la extenuación. Lo mejor es cuando asoma dejándose ver, sin mediar palabra: se deja capturar para recopilar algo de información y luego, sin pestañear, se da a la fuga. Pero el final a golpe limpio es brutal también, e igualmente merece una mención especial el bonito epílogo con la muchacha rusa.

La película ofrece un sinfín de escenas de acción entrelazadas por una trama de misterio, espionaje y traiciones enrevesada pero clara y bien explicada. El ritmo es imparable, admirable si tenemos en cuenta que no es una sucesión de explosiones, ruido y efectos especiales, sino que la mayor parte son peleas a puñetazos y carreras a la desesperada. La única pega que puede hacérsele es que peca de excesos: el propio montaje se vuelve caótico algunas veces, cambiando de planos con excesiva velocidad, problema que se acrecienta en los flashbacks; y la fotografía resulta mareante en ocasiones, tanto por el enfoque como por el movimiento veloz de la cámara en algunos momentos.

Pero son excesos puntuales, porque las escenas no resultan confusas, sino que por lo general tienen un ritmo endiablado y consiguen transmitir el esfuerzo y sufrimiento del protagonista bastante bien. La persecución de coches se convierte en una de las mejores que se han realizado, rodada de forma de forma artesanal con un resultado sin igual.

Aparte de Matt Damon, que cogió el punto al personaje en la primera parte, tenemos una serie de secundarios de lujo como Brian Cox, que ve aquí ampliado su papel, Joan Allen como una eficaz pero presionada alto mando, y un intenso Karl Urban como el asesino que va tras Bourne, un rol al que era difícil sacar algo de partido (malote, frío y serio sin más).

Uno de los mejores thrillers de que he visto en muchos años, aunque hay quien dice que es mejor la primera entrega, quizá por su forma más contenida. Y me encanta la banda sonora original de John Powell, también una obra cumbre en la música de acción.

Ver también:
El caso Bourne.
El ultimátum de Bourne.
El legado de Bourne.

El caso Bourne

The Bourne Identity, 2002, Alemania.
Género: Drama, acción.
Duración: 119 min.
Director: Doug Liman.
Escritor: Robert Ludlum (novela), Tony Gilroy, W. Blake Herron.
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Chris Cooper, Clive Oven, Brian Cox, Julia Stiles.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Bourne/Damon. El ritmo.
Lo peor: Nada especialmente destacable.
Mejores momentos: La secuencia en la Embajada y la persecución de coches.
La frase: Cómo podría olvidarte, eres la única persona que conozco.

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Sustentándose en una trama de espionaje y misterio la película sigue las indagaciones de un joven con amnesia que en realidad es una máquina de matar creada por un oscuro proyecto llamado Treadstone. No es nada nuevo, pero sirve como base para un filme de acción muy interesante, superior a la media (y superior las últimas películas de James Bond, cada cual más repetitiva y exagerada) y que ha sido bien recibida por el público, hasta el punto de tener secuelas.

El personaje, correctamente interpretado por Matt Damon, resulta muy atractivo, una mezcla entre hábil agente secreto, feroz soldado y, desde su amnesia, joven preocupado, perdido en un mundo hostil… aunque con recursos para enfrentarse a él. Y lo hace. Pero en los primeros pasos de su nueva vida debe contar con la ayuda de una trotamundos de la que se enamora rápidamente. De nuevo, nada es original, pero es algo que no importa siempre que el conjunto se construya medianamente bien, y en este filme las piezas encajan siempre con suficiente eficacia.

Lo mejor es su ritmo, siempre activo e intenso. No hay momento de descanso, y el que haya mucha acción no significa que se olviden de desarrollar el argumento. Especialmente destacable es la persecución de coches, escena cumbre que fue también empleada (y ampliada) en la segunda parte, y el cariño que se le coge a Bourne y la chica (el romance es bastante efectivo).

Como cinta de acción es una de las más interesantes en muchos años, destacando porque Liman rueda con técnicas clásicas (sin efectos digitales, todo artesanal) y aun así es capaz de ofrecer un aire renovado al género. Así, entre eso y el interesante rol principal, consiguió un título que además de entretenido tenía la suficiente personalidad como para que su conversión en serie fuera muy atractiva.

Ver también:
El mito de Bourne.
El ultimátum de Bourne.
El legado de Bourne.

X-Men: La decisión final


X-men: The Last Stand, 2006, EE.UU.
Género: Fantasía, Ciencia-Ficción.
Duración: 104 min.
Dirección: Brett Ratner.
Guion: Zack Pen, Simon Kinberg.
Actores: Ian McKellen, Patrick Stewart, Hugh Jackman, Halle Berry, Famke Janssen, Anna Paquin, Rebecca Romijn, Shawn Ashmore, Aaron Stanford.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Magneto, Xavier, Lobezno y las interpretaciones de McKellen, Stewart y Jackman.
Lo peor: El desplazo del resto de personajes en favor de una insípida Tormenta. Escenas de acción vistas y mal rodadas. Cantidad de escenas sobrantes pese a su corta duración.
Mejores momentos: Todos en los que salen Xavier o Magneto, especialmente si están juntos.
El plano: Magneto ante el ajedrez.
La frase: Regenera eso.

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El tercer episodio de X-Men supone un final notablemente decepcionante para una saga que estaba resultando muy correcta. Todas las virtudes que poseían las otras dos entregas aquí aparecen considerablemente mermadas, o quizá sea mejor decir casi destruidas del todo.

Veo dos problemas principales en esta última entrega: la falta de una estructura digna para la historia y el desaprovechamiento de los personajes. El guion no parece tener claro ni la trama ni su desarrollo. Curiosamente, pese a su corta duración hay gran cantidad de escenas que no aportan nada y alargan el relato además de desviarlo de un argumento que ya de por sí parece entrar y salir de la película torpemente. Así, la presencia de la cura es una excusa que sólo se ha aprovechado para justificar el enfrentamiento, y mientras, Fénix deambula por ahí sin que se sepa muy bien qué pinta en la historia.

En los otros capítulos decía que el equilibrio entre desarrollo de personajes y escenas de acción estaba bien trabajado, y que la propia acción además de tener sentido narrativo resultaba atractiva. Pero aquí los intentos de centrarse en los personajes son toscos y quedan como simples motivos para sostener una cinta de acción. Se añaden secuencias innecesarias sólo para mostrar efectos especiales: la sala de entrenamiento o la ridícula escena del puente serán visualmente impresionantes, pero no hay manera de encajarlas en la trama (¿qué costaba coger un barco?). También tenemos una batalla final un tanto hipertrofiada, donde seis mutantes se enfrentan a doscientos (¿y estos no tienen poderes?) y terminan lanzándose coches. Claro que peor es el pique infantiloide que se traen entre manos Pyros y su Némesis, el Hombre de Hielo, una especie de concesión al adolescente descerebrado deseoso de ver el simplón “quién puede más”. Tan sólo algunas cosas curiosas destacan y agilizan este clímax vulgar, como la divertida presencia de Kitty Pryde (Gatasombra) atravesando los muros o las siempre agradables chulerías de Lobezno.

Por si fuera poco la puesta en escena deja bastante que desear, sobre todo en los momentos de acción, escenas que están rodadas de forma muy simplona y abusando del ruido y la cada vez más constante manía de agitar la cámara. Cómo se echa de menos a alguien tan centrado como Bryan Signer; Brett Ratner no presenta cualidades dignas de mención, ¿por qué fue elegido?

Volviendo a los personajes, que son la base del relato, resulta increíble ver como están todos desaprovechados, ninguneados, desplazados… sobre todo si la comparamos con las anteriores entregas. Y gran parte de la culpa la tiene Halle Berry con sus exigencias de reescribir el guion para que su papel fuera mayor. Como dice un amigo, no se puede ir de estrella en un reparto coral. El resultado es una sucesión de malas sorpresas que, ojo, pueden ser datos mínimamente reveladores si no has visto la plícula:

-Cíclope tiene un papel de cinco minutos, y su final no tiene garra.
-Tormenta tiene muchos minutos en pantalla pero su personaje no da nada de sí y su historia es otro topicazo aburrido.
-Jean Grey/Fénix es un Deus Ex Machina que deambula sin rumbo en un argumento que ya de por sí no tiene un horizonte muy definido. Tiene alguna parte buena, como los intentos de Xavier y Magneto de controlarla y ayudarla., pero en gran parte del relato no se sabe por dónde anda y no parece hacer nada. Parece que el guionista tenía miedo de manejar una variable tan problemática, y la deja para algunas secuencias interesantes (las citadas con los maestros) y un final demasiado previsible.
-Lo que más me duele: Pícara está relegada a una secundaria casi sin presencia, tras haber sido más importante en las otras dos entregas, y su personaje llega a la conclusión del relato sin haberse mostrado como la verdadera Pícara: ¿por qué nos han tenido tres películas con una niñata sin los superpoderes que adquiere en los cómics y al final eliminan completamente esta posibilidad o remota esperanza?
-Gámbito, probablemente el mutante más querido y esperado tras Lobezno, finalmente no ha existido en la trilogía.
-Ángel, que se anunciaba como un personaje importante, queda como un recurso tan tópico como molesto (padre e hijo con sus diferencias que se resuelven en el final más típico del cine), que entra y sale del reparto como Fénix, sin razones aparentes (bueno, sirve para presentar la cura, pero de forma redundante).
-Los enemigos vuelven a tener nula presencia más allá de un siempre magnífico Magneto, un cansino Pyros y una Mística con demasiada presencia y poderes. El resto de los que tienen diálogo son meras anécdotas. Menos mal que le han dado algo de protagonismo a un mutante interesante, Calisto.
-Otro aspecto negativo relativo al bando de Magneto es que misteriosamente se ha decidido que toda la pandilla que lo siguen tengan claramente la apariencia de escoria de la sociedad: maleantes, macarrillas, todos vestidos de negro, con tatuajes, piercings, peinados estrambóticos (en algunos momentos parece imitar el look de vestuario de cuero oscuro de Matrix)… En cambio, los buenos viven en casitas relucientes y van al pijo colegio de Xavier. Es curioso que por un lado la película parezca una extensión del cómic a la hora de defender igualdades pese a las diferencias y luego utilicen esta distinción tan tópica para describir los bandos. Mucha falta de tacto.
-Xavier… Sin revelar nada, decir que la resolución de la trama de este personaje no se explica hasta el final de la película… pero en una secuencia escondida tras los créditos. Una escena interesante, bien encajada en la historia, pero casi parece una broma su ubicación en el montaje.

-Siguiendo por la línea de la tolerancia e igualdad, la presencia de la cura podría haber dado lugar a interesantes dilemas morales, pero mientras por un lado es mera excusa para lanzar el ataque de Magneto (al ser usada como arma contra mutantes), por el otro hay diálogos infames donde se defiende que los mutantes no están enfermos, no necesitan cura, y el ser un monstruo no debe significar ningún problema, mientras una pobre muchacha como Pícara no puede tener contacto físico con nadie (y es un caso entre cientos de mutantes con dificultades).

Como decía, es una lástima que precisamente lo que hacía buena a la saga aquí se haya dejado de lado para optar por el abuso de efectos especiales y la idea de montar una narración empalmando los tópicos más simples entre escenas que buscan impresionar aunque sea a costa de meterlas por la fuerza. X-Men: La decisión final es un producto de acción mediocre que merece ser olvidado, pero por desgracia es difícil hacerlo porque forma parte de una saga bastante llamativa y muy apreciada por los fanáticos del género.

Capercaillie

Capercaillie (el nombre de una especie de urogallo del norte y noreste de Europa) es un veterano grupo escocés de los más conocidos y renombrados del panorama celta, y ha sido probablemente el único en meter canciones cantadas en gaélico en las listas de ventas y en haberse llevado varios discos de Platino, algo muy raro teniendo en cuenta los orígenes folk de la banda. Es estilo de Capercaillie es muy peculiar, tanto que incluso en los discos puramente tradicionales es reconocible. Su sonido característico es una evolución de la música celta hacia ritmos más modernos, llegando a ser música pop-celta a partir del ecuador de su carrera, es decir, temas no muy complejos con una estructura pegadiza y estribillos, con instrumentación y arreglos modernos complementando a los elementos tradicionales. Tras un par de discos por esta línea, además de versionar temas tradicionales empezaron a crear composiciones propias, siendo esto cada vez más habitual. Sin duda, lo más reconocible de Capercaillie es la sublime voz de Karen Matheson, pero la calidad del grupo a la hora de interpretar los temas, exprimir las notas hasta sacar la mayor belleza posible y la enorme habilidad para crear canciones originales y muy buenas, cuidadas hasta el último detalle, también son motivo de una profunda admiración.

Al igual que muchos grupos celtas, Capercaillie nació de la evolución de otro grupo y creció con la unión de artistas de otras muchas bandas. El precursor de Capercaillie fue The Etives, creado por Karen Matheson y Donald Shaw, probablemente en sus años de instituto, allá por 1981. Capercaillie nació en 1983 de la mano de Karen Matheson, Donald Shaw y Marc Duff. Todos vienen de familias con una amplísima tradición musical, y desde los inicios del grupo demuestran que tienen sobrada experiencia al respecto. La mayor parte de los temas tradicionales (los primeros discos) los aportaban de sus conocimientos, y Karen domina con soltura el gaélico, idioma predominante junto al inglés en sus temas.

Capercaillie es uno de esos grupos por donde tarde o temprano pasan, temporal o indefinidamente, músicos de altísimo renombre en el mundo celta, como Charlie McKerron, Michael McGoldrick, los hermanos Lunny,… Si no todos, prácticamente todos ellos han alternado Capercaillie con otros trabajos y otros grupos, muchas veces colaborando entre sí. Y todos han sido y son vitales para la existencia y calidad de la banda.

Su primer disco, pagado de su bolsillo y grabado en un par de días, fue Cascade (bajo el sello Etive en 1984), una obra de temas tradicionales creada sin ambición alguna, por amor al arte y por practicar. No estuvieron muy contentos con el resultado, del que sólo aprecian dos o tres temas, pero la verdad es que es un trabajo de música tradicional interesante por la belleza de algunos temas.

En 1987 editan Crosswinds con un recién unido Michael McGoldrick. Le siguió Sidewaulk en 1989 (producido nada más y nada menos que por Donald Lunny), siendo como el anterior de corte tradicional y editado por Green Linnet, famosa discográfica celta. La mayoría de los demás los sacaron bajo el sello de Survival. Pero entre estos dos trabajos se unieron dos componentes nuevos, Manus Lunny y John Saich, y crearon la Banda Sonora de una serie de tres documentales sobre la historia celta: The Blood Is Strong. Éste disco fue un exitazo de ventas teniendo en cuenta la categoría folk del grupo: 60.000 copias en Gran Bretaña. Sean Connery, narrador en el último de los documentales, aportó una frase con la que muchos medios definen con frecuencia a Capercaillie: la garganta de Karen Matheson ha sido tocada por la mano de Dios.

En 1991 publican Delirium, que fue un éxito de ventas aún mayor, el primer gran éxito de la banda (100.000 copias en Gran Bretaña), y también estaba producido por Donald Lunny, hermano de Manus Lunny. El trabajo por primera vez se aleja del sonido exclusivamente tradicional: los temas son modelados con arreglos y tecnologías modernas (sintetizadores, batería, bajo eléctrico), creando un estilo propio, una versión pop de la música celta escocesa con sonidos muy ricos, bien grabados e interpretados… A partir de aquí podemos considerar que Capercaillie está en su punto álgido: el resto de discos, exceptuando algún bache, se mantienen en esta línea de calidad, y además cada trabajo tiene su propio sonido a pesar de estar dentro de la misma línea instrumental.

En 1992 asustaron a los fans con un disco que apenas aportada nada nuevo: Get Out. Una apuesta comercial compuesta de temas viejos pero algo variados y algunos directos. En 1993 volvieron a deslumbrar con Secret People, con una calidad de sonido exquisita, de ahí que les saliera muy cara la producción. Curiosamente, en 1999 una reedición de Get Out aportó cinco temas originales, más en la línea de Delirium que de Secret People.

En 1995-1996 trabajaron en dos proyectos a la vez. Mientras realizaban temas para la Banda Sonora de la película Rob Roy (el resto de la partitura recayó en Carter Burwell), en la que Karen Matheson realiza una breve aparición cantando en gaélico durante una fiesta, cada componente trabajaba en su parte correspondiente del próximo disco. To The Moon fue el primero en incluir temas exclusivamente compuestos por ellos, dejando solamente dos de origen tradicional; además, fue producido la banda.

Para su siguiente proyecto se mudaron a Ronda, en la serranía andaluza. Con la colaboración de las insoportables Hijas del Sol realizaron un trabajo con el que están muy contentos, llamado Beautiful Wasteland, pero yo considero que no es de los de alto nivel de su carrera (quizás simplemente fueran los comentarios habituales para venderlo). Conseguí grabar un concierto que dieron presentando el disco en los Conciertos de Radio 3 de La2; lástima que por un desliz, al grabar otra cosa, lo borré, pues sin duda merecía la pena y es rarísimo encontrar videos de estos grupos.

En 1998 se publicó un disco que habían realizado anteriormente, una Banda Sonora para un programa de la BBC que consistía en piezas tradicionales, Glenfinnan. Le siguió un gran bache, un disco preocupantemente mediocre (hasta ellos lo afirman) llamado Nàdurra. Quizá andaban escasos de dinero.

Pero, aunque temía que Capercaillie estaba ya envejeciendo, volvió a sorprender con otro disco de gran frescura, exquisita factura y temas de enorme calidad: Choice Languaje, en 2003. Quedó claro que tanto la
calidad del grupo como la voz de Karen prometen durar unos cuantos años más.

En cuanto a recopilatorios, a parte de que Get Out es en gran parte uno, tenemos Capercaillie, editado en 1994 y que incluye variaciones de algunos temas. Waulkroots, una edición de 2001 bastante desconocida y difícil de encontrar; de hecho, está presente en poquísimas discografías que hay por Internet del grupo. Un recopilatorio muy recomendable para conocer el grupo por ser muy completo, con temas elegidos por la propia banda, es Dusk Till Dawn: The Best of Capercaillie, que salió a la venta en 1998 con una de las portadas más bellas que he visto.

En 2002 se editó un directo, Live in Concert, y lo último que hay publicado es una completa recopilación de dos discos, Grace and Pride – The Anthology 2004-1984, siendo más completo que Dusk Till Dawn. Para un primer acercamiento al grupo resulta muy recomendable cualquier edición de este tipo.

COMPONENTES
Los miembros más importantes que han estado o están en la banda (ampliar foto para ver quién es quién):

Karen Matheson: vocalista.
Donald Shaw: acordeón y teclados
Marc Duff: flautas, bodhran, flauta irlandesa (silbato o whistle)
Charlie McKerron: violín
Manus Lunny: guitarra, bouzuki
Michael McGoldrick: gaita irlandesa, flauta, flauta irlandesa (silbato o whistle)
John Saich: bajo
Ewen Vernal: bajo
Davir Robertson: percusiones

 

DISCOGRAFÍA Cada disco tendrá su enlace a su crítica cuando esté disponible. En los trabajos de los componentes fuera de Capercaillie podría hacerse una lista larguísima teniendo en cuenta las innumerables colaboraciones que realizan estos artistas. Cabría destacar sin embargo que algunas que han realizado entre sí: miembros del propio Capercaillie se han juntado en muchas ocasiones en otros trabajos. Me limitaré a destacar estos y otros importantes o más conocidos.
-> Capercaillie:
Cascade, 1984.
– Crosswinds, 1987.
– The Blood is Strong, 1988.
– Sidewaulk, 1989.
Delirium, 1991.
Secret People, 1993.
– To The Moon, 1995.
– Beautiful Wasteland, 1997.
– Get Out, 1999 (semi-recopilatorio, en esta segunda edición con cinco temas nuevos).
– Glenfinnan (Songs of the ‘45), 1998, grabado en 1995.
– Nàdurra, 2000.
– Live in Concert, 2002.
Choice Languaje, 2003.
-> Recopilatorios Capercaillie:
– Get Out, 1992. Con variaciones de temas.
– Capercaillie, 1994.
– Dusk Till Dawn, The Best of Capercaillie, 1998. Selección realizada por el grupo, incluye tres versiones de temas y un directo.
– Waulkroots, 2002.
– Grace and Pride – The Anthology 2004-1984, 2004, dos discos con 38 temas.
-> Karen Matheson:
Aunque los discos están editados como trabajos en solitario, prácticamente todo Capercaillie colabora.
– The Dreaming Sea, 1996.
– Time to Fall, 2002.
Downriver, 2005.
-> The Etives:
El grupo anterior a Capercaillie, formado por Karen Matheson y Donald Shaw.
– A Breath of Fresh Air, 1981.
– An Gaol a Thug Mi Òg, 1983.
-> Héritage des Celtes:
Grupo creado por Dan Ar Braz, un guitarrista bretón, para el Festival de Cornouaille en Quimper en 1992. Reunió a músicos de la talla de Karen Matheson, Donald Lunny, Alan Stivell y muchísimos más. Adquirió bastante fama, vendió bastante (100.000 copias) y representó a Francia en Eurovisión en 1996.
– L’Heritages des Celtes, 1995.
– Live, 1997.
– Finisterres, 1997.
– Zenith, 2001.
-> Michael McGoldrick:
McGoldrick ha creado y colaborado en multitud de bandas, siendo las más destacables Capercaillie, a la que se unió en 1997, Lúnasa, Afro Celt Sound System y la banda de Kate Rusby. Tiene varios discos en solitario, donde colaboran músicos de la talla de John McSherry (Lúnasa):
– Morning Glory, 1996.
– Fused, 2000.
– At First Light, 2001. Con John McSherry.
– Wired, 2005.

Syriana

 

Syriana, 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 126 min.
Director: Stephen Gaghan.
Escritor: Stephen Gaghan.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Christopher Plummer, Alexander Siddig.
Música: Alexander Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Resulta una buena crítica.
Lo peor: La enorme frialdad del relato y sus personajes, que resulta muy poco atractivo para el espectador: es una película muy aburrida.
Mejores momentos: Bob Barnes conduciendo el jeep por el desierto a la vez que los espías americanos observan desde el satélite.
El título: Syriana es el nombre que las petroleras le dan al país ficticio e ideal que resultaría de unir algunos países productores de petróleo: Siria, Líbano, Palestina…
La frase: Y le daré otros cien millones por el otro niño.

Syriana es muy parecida a Traffic (Steven Soderberg, 2000) en concepción y acabado, pero resulta incluso más aburrida que aquella buena pero soporífera producción. Es una crítica a un mal de las sociedades modernas a la que el guión se acerca desde varios frentes guiado por personajes de distinta índole social y económica; la forma de rodar es con la cámara en mano, en un modo contemplativo casi documental, y con un uso cuidado del color para cada ubicación (en este caso más natural).

Si en Traffic eran las drogas, en Syriana el mal que el guión analiza y critica es la globalización y dependencia del petróleo, elemento que resulta la razón final de guerras enmascaradas entre países, políticos y familias, preciado tesoro que aspiran a codiciar gobiernos y empresas de alto nivel adquisitivo a costa de empobrecer aún más a los lugares donde se haya dicho material. Cómo no, la lista de ladrones la encabeza Estados Unidos y alguna de sus grandes empresas (ficticias en la película, supongo).

Ese aspecto está bien conseguido, mostrando un amplio mosaico de distintos personajes, lugares, organizaciones y situaciones. La aproximación al tema, inspirada en sucesos actuales, es ficticia pero muy realista. Pero la descripción de cada personaje es notablemente superficial, limitada a ubicar al carácter en una sociedad pero olvidando darle profundidad psicológica. Así pues, ninguno resulta especialmente interesante, sus peripecias no terminan de interesar y es difícil conectar con alguno. En algunos momentos las situaciones en las que se ven envueltos resultan forzadas para intentar dar un toque de emotividad al asunto, pero ni muertes ni torturas ofrecen algo con lo que captar la atención del espectador.

Nombres de peso como Matt Damon o George Clooney, galardonado misteriosamente con un Oscar (apenas tiene presencia en pantalla, más allá de sus kilos extras; está mucho mejor en Solaris), no pueden hacer sombra a Alexander Siddig, quien confecciona muy bien un personaje con buenas ambiciones pero atormentado por el mal que hay a su alrededor; es el mejor del reparto. Otras presencias, desconocidas o no, pasan casi desapercibidas por sus esporádicas y carentes de fuerza apariciones.

En cuanto a la trama, bastante compleja y difícil de seguir, intenta abarcar todas las posibles variantes dentro del argumento principal, generando un exceso de información que en pocas ocasiones parece llevar a alguna parte. Múltiples subtramas se entrecruzan sin captar la atención, en algunos instantes sin saber exactamente qué está pasando o cuál es la intención de lo que se relata, con lo que el aburrimiento hace mella constantemente durante la proyección. El final, si es que puede llamarse así, aparece difuso.

Aparte de un interesante mensaje crítico la sensación es de haber echado dos horas en un producto bien intencionado, con una buena base, pero cuyo resultado es insípido.

Hans Zimmer – The Da Vinci Code

Hans Zimmer – The Da Vinci Code
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

The Da Vinci Code tiene la huella tan electrónica habitual de Hans Zimmer, con músicas que pese a no ser composiciones muy elaboradas resultan atractivas e impactantes. Pero también tiene su parte buena, es decir, la que es capaz de crear temas de gran fuerza y belleza. Es pues, un trabajo que ha resultado una agradable sorpresa, un disco que recupera a un autor que estaba un poco ausente del panorama de las BSO importantes de calidad desde El último Samurai.

Estamos ante una banda sonora de buena calidad y bastante recomendable: original, bastante variada, impactante, de fácil escucha, y cuyos dos factores más destacables son:
-Los temas habituales de Zimmer se alternan con composiciones de abundante cuerda, creados de forma que producen gran fuerza expresiva, y coros que otorgan las consecuentes reminiscencias religiosas empleados con suma eficacia.
-Si en Batman Begins la exquisitez del sonido era sobrecogedora, en éste disco lo es aún más. Con tecnología punta que maneja cada vez mejor, el autor ha conseguido un trabajo que destaca por su perfecta grabación.

Pista a pista es un disco donde se alternan temas de longitud media, alta (un par que pasan de los ocho minutos) y corta. En general, la tónica de este trabajo es más de intriga que de acción, sin faltar al dramatismo y con algunos breves sustos que ganarían bastante si no tuvieran el volumen tan elevado. Podemos definir dos temas musicales principales, el de intriga y el religioso. Se presentan a veces muy claros y otras algo mezclados con toques más dramáticos y breves partes con algo de acción:

En el tema de intriga tenemos algunos momentos más atmosféricos que pueden sobresaltarnos en cualquier momento por la inclusión de repentinas cuerdas, caso de Dies Mercurii i Martus, un corte muy característico de Zimmer: un sonido electrónico poderoso, envolvente, que hacia el final adquiere mucha más fuerza gracias a unas intensas cuerdas que asustan por el volumen al que están comparado con la parte anterior; pero salvando ese ligero problema, es una composición dramática de gran impacto emocional. Los otros cortes más destacados de este tema son:
L’esprit des Gabriel, una especie de versión breve de la pista anterior, The Paschal Spiral, que muestra en todo su esplendor el violín electrónico (presentado en el primer corte) otorgando el toque de misterio con su atractivo sonido. Ad Arcana, una pista larguita, Daniel’s 9th Cipher, Rose of Arimathea, un tema muy largo, atmosférico a partir de su ecuador, de nuevo con violín electrónico, que hacia el final adquiere el tono religioso, Beneath Alrischa, que juega con violines, introduce eventualmente más cuerdas y viento, llevando la intriga más hacia el misterio, Rose of Arimathea

El otro tema, el religioso, está presente en forma de coros característicos de la Iglesia. Se pueden oír por primera vez en Malleus Maleficarum de forma algo sutil (o incluso antes, si afinamos mucho, en L’esprit des Gabriel), donde se diluyen a medida que el corte avanza por la creciente inclusión de cuerdas. En Salvete Virgenes es más evidente, con el coro principal acompañado de metales y coros secundarios. Poisoned Chalice es otro que los utiliza como se haría en una iglesia, tanto por la forma del canto como por el efectivo sonido que se ha buscado con la reverberación típica producida en las salas de piedra y vidrieras. Es una pista larga que va relegando el coro a segundo plano, alzándose el sonido en forma de corte levemente dramático y bastante correcto para usar en momentos del filme donde se producen revelaciones en el argumento. Rose of Arimathea entraría también dentro de este hilo, aunque es tan largo que abarca todos los registros empleados en la Banda Sonora.

Otros cortes aportan coros, aunque ya la línea religiosa es un mero trazo, un recuerdo de que el hilo principal va por ese camino, y se adentran más en la acción con toques dramáticos. Es el caso de The Citrine Cross, donde las voces se sumergen en cuerdas y sintetizadores presentándonos uno de los temas de mayor intensidad, un corte de gran fuerza que se interrumpe a mitad para volver a despertar después en breves intervalos. Es de los más destacables de esta acertada composición.

Chevaliers de Sangreal es el corte que más recuerda a otros trabajos de Zimmer. Tanto que es calcado a Batman Begins, y sólo cambia por una melodía que escribe encima del tema y que va creciendo hasta superponerse, siendo entonces cuando cobra interés.

 

1. Dies Mercurii I Martius 6:03
2. L’esprit des Gabriel 2:48
3. The Paschal Spiral 2:49
4. Fructus Gravis 2:50
5. Quodis Arcana 6:07
6. Malleus Maleficarum 2:21
7. Salvete Virgines 3:16
8. Daniel’s 9th Cipher 9:31
9. Poisoned Chalice 6:19
10. The Citrine Cross 5:21
11. Rose of Arimathea 8:11
12. Beneath Alrischa 4:23
13. Chevaliers de Sangreal 4:09
14. Kyrie for the Magdalene 3:55
Total: 68:03