El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2013

El vuelo (Flight)


Flight, 2012, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 138 min.
Dirección: Robert Zemeckis.
Guion: John Gatins.
Actores: Denzel Washington, Kelly Reilly, Bruce Greenwood, Don Cheadle, John Goodman.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: La odisea del protagonista llega con intensidad, sobre todo gracias a la impresionante interpretación de Denzel Washington. La dirección de Robert Zemeckis es muy buena.
Lo peor: El relato peca de largo (con muchas vueltas innecesarias) y grandilocuente, dando la sensación de forzado y manipulador.
Mejores momentos: Desde el primer minuto hasta el momento en que se estrellan. La nevera acosando al protagonista y la solución a la resaca.
El título: ¿Qué absurda necesidad hay de poner “(Flight)” tras la traducción? ¿Por qué no hay un criterio unificado para traducir títulos? O se traduce o no se hace, pero no se apañan cosas a medias

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El retorno al cine de imagen real de Robert Zemeckis tras su largo paseo por la animación digital (desde Náufrago en el año 2000 rodó Polar Express, Beowulf y Cuento de navidad) vuelve a mostrar la calidad que posee como director: El vuelo es técnicamente impecable y hace gala de una cantidad de recursos impresionante. Zemeckis maneja magistralmente la acción y tensión del accidente, obteniendo un espectáculo sobrecogedor mediante escenificación tradicional y un ritmo pausado, sin efectos especiales e incluso sin salir del avión salvo en un par de planos, y de ahí salta al drama personal sin despeinarse, sin perder calidad ni mostrar el más mínimo cambio de estilo que pudiera desequilibrar la narración, pues cada escena está rodada con un pulso ejemplar. Otra cosa claro está es el guion, el sentido y objetivo de cada una de esas secuencias. Ahí la cosa falla un poco en un par de tramos. Y el tono en conjunto también cojea ligeramente, en parte por el guion y en parte por el propio Zemeckis: la narración destila grandilocuencia por los cuatro costados.

La odisea del protagonista llega con intensidad. Su vida descontrolada, su caída en desgracia, cómo se aferra a su propia realidad (no cometió ningún error aunque fuese ciego de droga, repite constantemente), los baches sentimentales, la pérdida de objetivos… Hay escenas que dejan una gran impresión de la calidad y fuerza que desprenden, aunque no sean gratas de ver: cómo los demás lo ven como un desecho, las caras de sorpresa del abogado ante la imagen que da, la nevera repleta de bebidas acosándolo en un momento clave de su existencia presente y futura… Y se remata todo con un punto de humor muy conseguido, con esas delirantes apariciones de John Goodman como el camello personal.

El reparto es fantástico al completo, con un Goodman sobrado, un Don Cheadle pletórico, una Kelly Reilly que transmite muy bien su trágica existencia… Pero el colofón final es el inmenso Denzel Washington, quien nos regala uno de esos papeles que te marcan de por vida, probablemente el mejor trabajo que ha conseguido. La forma en que refleja inquietud y miedo contenido es algo dificilísimo de conseguir. Las borracheras y resacas las expone de forma increíble. Y cuando está en los momentos más bajos de su existencia te arrastra con él a su infierno personal.

El problema de El vuelo es que a media proyección te das cuenta de que es en realidad un drama muy sencillo, muy de película indie, pero está adornado, exagerado e inflado muchísimo, convirtiéndose en una de esas historias de superación personal que suplican por Óscares en cada plano y escena. Y ello juega precisamente en su contra, pues tanta grandilocuencia pone demasiado artificio sobre una historia que requería más naturalidad. El accidente pasa porque no es sólo una concesión al espectáculo gratuito, sino que funciona de maravilla como impactante punto de partida de la caída en desgracia del protagonista. Pero muchas otras escenas están muy alargadas o sobran por completo. Donde más se nota es en el romance con la chica, que se estira como un chicle y tiene algún momento que no sirve para nada, como el protagonista pagando al casero, escena larga y completamente intrascendente. El desenlace tampoco me convence, me resulta muy cogido por los pelos. La vista que pretende cerrar la investigación del accidente vuelve a demostrar un gran dominio técnico y la extraordinaria interpretación de Washington, pero todo ello está puesto al servicio de una exageración: qué largo y pretencioso se hace todo, a lo que se suma que a la hora final le falta algo que explique mejor que el protagonista se abra precisamente en ese momento. Se remata este problema con la visita del hijo, que de repente tiene al padre como héroe, en una escena clásica de Óscar: la redención familiar.

En resumen, El vuelo anda un poco pagada de sí misma, dejando la impresión de que, aunque resulte un buen título, podría haber ganado bastante con un poco de tijera y menos aires de grandeza.

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Deadfall


Deadfall, 2012, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 95 min.
Dirección: Stefan Ruzowitzky.
Guión: Zach Dean.
Actores: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunman, Sissy Spacek, Kris Kristofferson, Kate Mara, Treat Williams.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Buenos personajes en una historia bastante correcta. El estilo clásico es muy de agradecer. Un reparto de calidad.
Lo peor: La sensación de que hay demasiadas casualidades.

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Que grata sorpresa me ha supuesto Deadfall, un título de acción con sabor a clásico y con un punto de calidad y originalidad muy ausente en el género en la actualidad. Un título donde todo lo que tiene funciona muy bien en su único objetivo: entretener. No es una gran película, no pretende serlo. Es una buena película de acción sin pretensiones. Y vaya si es de agradecer en los tiempos que corren.

Lo cierto es que tiene más de thriller o incluso de western moderno perlado de drama que de acción, pero quizá por eso destaca: porque resulta una mezcla bien equilibrada. Incluso se puede decir que posee vestigios del cine de los Cohen, con el ritmo tranquilo pero intenso, una buena exposición de caracteres y unas cuantas situaciones un tanto extrañas: la madre se lo toma todo con una calma impresionante, Addison es un personajillo inquietante, el capítulo del maltratador es algo rarito…

No encontramos escenas de acción horteras y llenas de explosiones y efectos especiales, sino tiroteos y persecuciones con los protagonistas en el ojo de los acontecimientos, sufriendo, sudando y puteando la vida de otros mientras hunden la suya propia en el abismo. La confección los estos personajes es bastante correcta. Por supuesto que tira de clichés (el padre protector, por ejemplo), pero estos no tienen nada de malo si se emplean con conocimiento. Hay muchos protagonistas y todos tienen un lugar concreto en la historia y una personalidad bien clara que les hace moverse de una forma u otra. La evolución también es palpable, pues ninguno acaba como había empezado, todos han tenido unas vivencias que los han moldeado. Así, los actores, todos de calidad, encuentran base de sobra para construir buenas interpretaciones, teniendo casi todos un momento puntual donde lucirse: Eric Bana derrocha carisma como psicópata (brutal la escena de la cabaña, todo calmado, y el contraste con las escenas finales, donde está desesperado), Charlie Hunman (protagonista de Sons of Anarchy) tiene una progresión semejante (de contenido a desesperado: sublime cuando suelta lo que lleva dentro en la cena familiar) y Olivia Wilde es creíble como chica dulce y sencilla perdida en una vida que no controla (y no me había dado cuenta de lo guapa que es hasta ahora). En segundo plano están profesionales como Kate Mara, Sissy Spacek o Kris Kristofferson, muy correctos en papeles menos complejos.

El ritmo es excelente, y es algo digno de alabar, pues se dedica bastante tiempo a presentar y mover caracteres. Ello se debe a que todas las escenas tienen sentido en la progresión de la trama y los personajes, algunas incluso funcionando a través de sutilezas (con detalles enormes, como la confusión Lisa/Liza), con lo que no hay bajones de interés. Además, sabiamente la proyección empieza en plena acción (no vemos el atraco) y ubica breves reyertas aquí y allá (como el robo de la moto al indio) que impiden que el ritmo pausado resulte lento. Destaca también por su punto de originalidad: sí, más o menos se sabe como acabará todo, pero el tener a tantos personajes separados y acercándose a través de escenas inesperadas le da a la cinta un acertado aire renovado dentro de su propio clasicismo. Lo único que me parece realmente criticable serían las casualidades: todo se va juntando a golpe de suerte. Pero es que sin ello no habría película.

La atmófera resulta crucial también. La inmersión en el lugar es muy buena, desde los impresionantes paisajes de la frontera canadiense, muy bien aprovechados en las persecuciones en moto, hasta la personalidad de los lugareños (cazadores, paletos, etc.). La dirección del austríaco Stefan Ruzowitzky en su salto a Hollywood es justo lo que necesita un guión de estas características: sobria y profesional, que no se vaya por las ramas con florituras innecesarias. Es capaz de imprimir el ritmo y tensión necesarios incluso en el clímax final, que se desarrolla con los protagonistas sentados a la mesa.

Es una pena que el público actual solo quiera ver explosiones sin sentido y sin contenido real, porque con las tibias críticas que tiene Deadfall me da la sensación de que se quedan en la superficie de este interesantísimo thriller sin ver todo lo que hay detrás. Y la distribución tampoco está siendo justa, pues en EEUU fue muy escalonada y en poquísimos cines hasta que ha salido en dvd/bluray este febrero, y en España está sin fecha de estreno a la hora de escribir esto, así que me huelo que irá a dvd directamente también. Vaya forma de desaprovechar una buena película.

Take Shelter


Take Shelter, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 120 min.
Dirección: Jeff Nichols.
Guión: Jeff Nichols.
Actores: Michael Shannon, Jessica Chastain, Shea Wigham.
Música: David Wingo.

Valoración:
Lo mejor: Los dos actores principales.
Lo peor: Además de ser horrorosa es un timo.

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Take Shelter es una película independiente que ha pasado arrasando por todo certamen de premios menores, reuniendo además un 93% de críticas positivas en rottentomatoes.com. Yo le doy un cero.

La narración es lenta, a ratos exasperante. Pasa gran cantidad de metraje sin que se atisbe argumento alguno. Vaguedades (miradas a la nada, planos eternos, secuencias intrascendentes en cantidad) y repetición de escenas sin mucho contenido postergan la aparición de cualquier conflicto interesante en los personajes. Las visiones se acumulan sin aportar nada nuevo entre ellas, sin mover de forma tangible al protagonista hacia alguna parte. El drama familiar es monótono y superficial. A la larga se llega a entender de qué va la cosa: es un drama sobre cómo nos enfrentamos a las enfermedades mentales que podrían hacer que perdamos el control sobre nuestros cuerpos y pongamos en peligro la seguridad del nucleo familiar. El protagonista se sumerge en la locura mientras a ratos es consciente de ella e intenta encontrar sentido y soluciones, y la esposa sufre ante tal situación.

Pero incluso cuando la cinta adquiere sentido y rumbo la cosa no termina de despegar. Todo se narra con tanta frialdad y apatía que no llega a mostrar tensión ni fuerza dramática, por no decir que los intentos de ser inquietante fallan notoriamente (por tramposos y forzados). El tramo final, en el refugio, se me ha hecho tan descentrado, ineficaz y cansino que he ido saltando minutos, esperando llegar de una vez a una resolución con empaque suficiente como para dejar un buen sabor de boca que me hiciese olvidar un poco los eternos y aburridos minutos previos. Pero no, aquí las escenas largas y vacías se hacen notar más, pues es evidente que sin una base sólida no puedes orquestar un desenlace digno.

Hasta este momento, la cinta podría pasar como drama psicológico fallido, de ritmo renqueante e incapaz de transmitir emoción alguna. Pero entonces el guionista se las da de guay y añade un epílogo que no hay por dónde agarrar, de esos que intentan darle la vuelta a todo lo visto hasta ese momento. Pero Jeff Nichols no es Shyamalan, y el resultado es vergonzoso. De repente ya no estamos ante un drama serio, sino ante una de fantasía-terror. Y eso durante unos segundos, pues de repente se acaba la película. Es decir, que he visto dos horas de una de las mayores bromas cinematográficas de la historia. Dos horas de mi vida perdidas.

Los actores destacan por su buen hacer, no en vano tanto Jessica Chastain como Michael Shannon ha demotrado calidad de sobra en otros títulos. Sin embargo Shannon va con el piñón fijo, como si viera que no hay mucho que hacer con un personaje tan unidimensional; en Boardwalk Empire por ejemplo está muchísimo mejor. Estos intérpretes son el único elemento de valor en este despropósito inconmensurable.

Anna Karenina


Anna Karenina, 2012, EE.UU.
Género: Drama, romance.
Duración: 129 min.
Dirección: Joe Wright.
Guión: Tom Stoppard, Tolstói (novela).
Actores: Keira Knightley, Matthew Macfadyen, Jude Law, Aaron Taylor-Johnson, Alicia Vikander, Domhnall Gleeson.
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, vestuario y música de gran nivel.
Lo peor: Es un experimento totalmente fallido, grandilocuente y aburridísimo.

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Anna Karenina es la última producción de Joe Wright, quien pegó bastante fuerte con Orgullo y prejuicio y Expiación y trata de repetir aquí el éxito después del paréntesis estilístico que supusieron El solista y la alocada Hanna. Pero debo advertiros de que os penséis su visionado seriamente, pues sería un gran error esperar otra película de época con romances y una gran recreación del entorno a través de una buena puesta en escena, porque Anna Karenina se aleja de la narración formal y se adentra en una experimentación que resulta bastante fallida.

La escenificación está a mitad de camino del teatro, pero sin ser teatro, y del musical, sin ser musical. El escenario a veces es el propio de algún teatro de época, pero otras veces puede ser cualquier cosa. En un momento dado, el tren de juguete representa el tren real. En otro, es un cutre decorado, que choca contra el detallismo en el atrezo de otras escenas. En una ocasión los andamios y cuerdas parece que pretenden ser la calle, pero luego podrían ser los aposentos de las damas o algún pasillo de sus palacios, esos que sí vemos claramente en otras escenas. De repente sí hay escenario natural, con un gran paisaje nevado y una casa real. Y finalmente los personajes desde luego no son actores de un teatro, y está claro que la película no es la grabación de una obra. Por si fuera poco en algunas secuencias sí y otras no los protagonistas y figurantes van andando y moviéndose como si fuera un baile o un número ensayado, pero nadie canta.

Por más que me esforcé no vi sentido narrativo alguno a esta grandilocuente y caótica estructura, resultando un relato indefinido, un galimatías de artificios sin objetivo claro. Todo el rato la cámara y los personajes se están moviendo, el escenario cambiando por detrás y los secundarios o figurantes poniendo posturitas raras, desviando por completo el foco de la historia real de romances entre damas y lores de la alta sociedad rusa, convirtiendo el argumento en algo secundario que apenas se entiende. Hay momentos que más que resultar cutres provocan vergüenza ajena, como el juego de ponerse y quitarse los abrigos, el ayudante que da vueltas sin sentido alrededor del señor y un largo etcétera.

A veces la cinta parece parodia de sí misma, una especie de mala comedia de situación (de las que transcurren en un escenario único), pero está claro que en realidad intenta ser un drama. Pero incluso en ese intento resulta tan aburrida y fría y los personajes tan mediocres que lo poco que se ve a través de la cortina de sin sentidos de la puesta en escena no es capaz de despertar el más mínimo interés. En cuanto a fidelidad a la novela de Tolstói, por lo que he podido leer, dada la corta longitud del filme, el tiempo que pierde en florituras y lo superficial que resulta, pues no parece ser una buena adaptación.

Anna Karenina es un infumable experimento malogrado que probablemente se ha estrenado porque su autor tiene cierto renombre. Sin embargo es obvio que miedo hay, porque el estreno en España llega como seis meses después del norteamericano, y eso quizá porque ha arañado algunas nominaciones a los Oscar (banda sonora, vestuario, fotografía y diseño de producción, todos merecidos). Mi opinión es simple: lo mejor es fingir que no existe. Ni siquiera fui capaz de acabarla, me quedé a medias.

El tirador (Shooter)


Shooter, 2007, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guión: Jonathan Lemkin, Stephen Turner (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Michael Peña, Kate Mara, Danny Glover, Elias Koteas.
Música: Mark Mancina.

Valoración:
Lo mejor: Es entretenidísima y tiene un estilo tradicional y artesanal muy de agradecer.
Lo peor: Imposible reunir más tópicos y hacer una historia más predecible.

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Es espectacular el guión de Shooter. Coge todo el género de acción de los noventa y lo mezcla hasta obtener la película más llena de tópicos y clichés que he visto en mi vida. El argumento, los personajes, cada escena y diálogo… todo se podría citar como una referencia o plagio a otro título del género. El protagonista retirado que vuelve al juego por una gran misión. La trampa donde le endosan un crimen. La huida. El agente que le cree ante la oficina que se ríe de él. La chica. La caza del villano. El asalto final. Y vivieron felices y comieron perdices.

Pero sorprendentemente, la cosa funciona bastante bien. La fórmula tradicional asegura que no hay abuso de efectos especiales y escenas de acción salidas de madre. La puesta en escena de Antoine Fuqua (Rey Arturo, Día de entrenamiento, Lágrimas del Sol) es muy correcta, con una escenificación artesanal muy eficaz y contundente; viva la cámara fija y los tiros y explosiones bien mostrados. La historia, aunque se ve venir en cada paso, no llega a aburrir, de hecho el ritmo es siempre activo y el interés no decae en ningún instante. Y no sé si será por el carisma de sus actores, pero los protagonistas no resultan cargantes a pesar de su descripción tan simple y lineal. Es más, Mark Wahlberg cae bien y quieres verle cargarse a los malos, Kate Mara lo hace muy bien además de ser muy guapa y Michael Peña resulta simpático como el novato decidido.

A pesar de no aportar absolutamente nada nuevo y de resultar extremadamente previsible Shooter resulta muy entretenida. Qué digo, es una de acción que entra muy bien, de hecho tuvo críticas bastante correctas a pesar de sus limitaciones. No puedo dejar pasar la comparación con la saga Los mercenarios (1 y 2) de Silvester Stallone, que nacía como supuesto homenaje al género: Shooter lo hace bastante mejor.

La casa al final de la calle


House at the End of the Street, 2012, EE.UU.
Género: Misterio.
Duración: 101 min.
Dirección: Mark Tonderai.
Guión: David Loucka, Jonathan Mostow.
Actores: Jennifer Lawrence, Max Thieriot, Elisabeth Shue, Gil Bellows.
Música: Theo Green.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de Jennifer Lawrence.
Lo peor: La existencia de este tipo de películas.

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Sale Jennifer Lawrence, que aparte de parecerme una gran actriz es de esos intérpretes que me caen bien, sea por las películas en que aparecen, por su carisma y buen hacer y, en el caso de féminas, también por su belleza (¡una famosa no anoréxica!). Así que me dije que no puede ser una película tan mala si tiene una actriz que ha elegido sus trabajos con tanto cuidado. Ja, grandísimo error. Menudo bodrio insufrible me he comido.

La casa del final de la calle es el enésimo clon de cine de pseudo terror para adolescentes. Mil y un cansinos tópicos metidos uno detrás de otro en una cinta simple, predecible, esquemática y llena de mensajes ñoñas para niñatos estadounidense. La familia recién mudada. La casa extraña. El vecino inquietante. La madre petarda que no ve que su hija es buena y madura. El sheriff amistoso que pone burra a la madre. Los matones de instituto. Los frikis con los que se junta. El vecino que se vuelve bueno cuando ella lo conoce. El clímax en la casa con el persecutor incansable. Y para rematar, la última moda: tratar de meter un giro final que diga “ves, no es la misma peli de siempre”, que por supuesto está apañado de forma tan burda que estropea cualquier potencial que pudiera tener.

Hasta Jennifer Lawrence va con el piloto automático puesto. Al menos lleva escotes. Es lo único que se salva de la película.

Argo


Argo, 2012, EE.UU.
Género: Thriller, drama.
Duración: 120 min.
Dirección: Ben Affleck.
Guión: Chris Terrio, Tony Mendez (novela), Joshuah Bearman (artículo periodístico).
Actores: Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Rory Cochrane, Kerry Bishé, Kyle Chandler, Titus Welliver, Zeljko Ivanek.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena notable, ritmo excelente.
Lo peor: No resulta muy impactante y se le ven mucho los trucos cinematográficos.

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Basándose en una crisis política con Irán que acabó con el secuestro de numerosos funcionaros estadounidenses en su propia embajada, Argo narra el rescate de seis escapados al caos que lograron refugiarse en casa del embajador canadiense. El plan es estrafalario y atrevido: simular una producción cinematográfica (de nombre Argo) para introducir al especialista en rescates, reunir el grupo y sacarlo en avión como parte del equipo de rodaje.

La narración se desarrolla con fluidez y las desventuras de los muchos protagonistas resultan muy interesantes en varios sentidos: unas por dramáticas (las escenas en la casa del embajador, con todos al borde de un ataque de ansiedad), otras por divertidas (John Goodman y Alan Arkin como falsos productores de Hollywood) y otras por emocionantes y tensas (los jaleos de la CIA, desde los primeros planes a los líos finales). Aprovechando una buena ambientación (localizaciones, vestuario, colorido de la fotografía) mediante una dirección muy dotada, Ben Affleck construye un relato donde todo está medido al milímetro para buscar una secuencia concreta que consiga unas sensaciones concretas. El director capta muy bien la esencia de los thrillers de los años setenta, y si bien no ofrece una historia compleja u oscura (apenas se adentra en el conflicto político o en temas de espionaje) sí sabe coger lo mejor de la acción basada en personajes envueltos en una atmósfera de tensión y peligro constante. También utiliza con habilidad algunos momentos distendidos bastante originales, recordando al humor rebuscado colado en pleno drama de Tarde de perros.

Pero a Argo le falta algo, pues no causa mucho impacto ni es especialmente trascendente, lo que se deja notar en varias escenas así como en el poso que deja la cinta (prácticamente ninguno, a pesar de que es un visionado muy disfrutable). Esto es resultado de pequeñas sensaciones que se van acumulando poco a poco durante la proyección. La primera es la facilidad con que se intuye el rumbo de cada tramo, pues cada situación y solución se puede predecir con muchos minutos de antelación. Esto lleva al segundo punto: los trucos cinematográficos se ven muy fácilmente. La tensión forzada por la puesta en escena o mediante clichés de guión se nota en bastantes ocasiones, y la sensación de que se subrayan y repiten algunas cosas más de la cuenta también pesa. La persecución al avión es absurda e inverosímil, el paseo por el mercado tiene mucho efectismo (gente, caos, gritos) pero no es capaz de poner realmente peligro sobre los protagonistas, las prisas en la CIA y otros momentos puntuales son de manual de guionista (la activación de los billetes o el retrato compuesto en el último momento, la llamada telefónica a la productora falsa…). Sin embargo, también debo decir que algunos de estos clichés se emplean sabiamente: por ejemplo resulta estupendo como se relaciona el servicio de bebidas del avión con el fin del rescate.

También se puede criticar que la confección de personajes no es muy compleja, pues todos los protagonistas son expuestos como si de secundarios se tratasen, y aunque resultan fácilmente identificables no tienen mucha esencia detrás. Además, cuando pretende buscar complejidad, con ese rol principal que parece inflado por Affleck para copar todo el protagonismo, el resultado dista de ser perfecto. El asunto familiar de éste no está bien desarrollado y confluye en un desenlace que sobra por completo y supone un malogrado intento de final emotivo, como si fuera obligatorio terminar una película así (ahí está de nuevo la sensación de que se usa una plantilla para el guión). En cuanto al reparto, Affleck no tiene presencia ni calidad como para dotar de empaque al protagonista (aunque hace un papel correcto, algo digno de citar tratándose de un actor tan mediocre), pero todos los secundarios han sido muy bien elegidos (desfilan nombres conocidos en cantidad: ver ficha) y ofrecen buenas interpretaciones.

Todo ello confluye en que Argo resulte un thriller sin notoria trascendencia ni alcance. Bien compuesto, entretenido y con muchos buenos momentos, pero lejos de ser una gran película. La desmesurada recepción que ha recibido por parte de la crítica y muchos certámenes de premios me da la impresión de que es una respuesta exagerada al injusto poco caso que le hicieron con sus dos anteriores filmes, Gone Baby Gone (claramente superior) o The Town (incluso con sus irregularidades, más impactante). Pienso que los críticos no se creían que Affleck fuera de verdad tan buen director y le pusieron en cuarentena, y ahora el aplauso es más fuerte de lo realmente merecido.