El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: enero 2012

Los descendientes


The Descendants, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Director: Alexander Payne.
Escritores: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, Kaui Hart Hemmings (novela).
Actores: George Clooney, Shailene Woodley, Amara Miller, Nick Krause, Patricia Hastie.

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Sin rumbo claro, de ritmo apático.

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Una familia se enfrena a una crisis, el coma de la mujer, que sumada a los problemas previos de separación entre progenitores y distanciamiento con los hijos acentúa la situación y pone más dolor sobre las heridas. Pero los reveses de la vida también unen, y esta aventura les hará madurar mucho.

Se vende como la película sencilla de personajes cercanos y realismo dramático del año, pero no vale un pimiento como tal. Es la independiente sobrevalorada de la temporada, tipo las tontorronas Juno o Little Miss Sunshine. Entre copas, del mismo autor (Alexander Payne), sí era una obra de estas características digna de recordar, así como The Squid and the Whale (Una historia de Brooklyn) o ya tirando más al thriller Winter’s Bone. En ellas sí se mostraban historias sentimentales muy bien trabajadas que mezclaban una pizca de originalidad, un ritmo excelente, personajes deliciosos e historias más o menos cotidianas mostradas con un toque de cercanía muy logrado. Pero Los descendientes no tiene rumbo, avanza hacia ninguna parte con capítulos demasiado largos para lo poco que dicen, con demasiado enredo sobre el pasado de la familia que no viene a cuento, con unos personajes simpáticos pero muy simplones cuya progresión es excesivamente lineal y previsible. Y el final no parece llegar nunca, empalmando desenlaces insípidos uno detrás de otro. No me olvido de citar las interminables canciones hawaianas, que me resultaron insoportables. Y lo mejor de todo para el final: se anuncia como comedia, y no tiene ni un solo chiste, aunque se ve que los intentan conseguir a través del amigo de la hija mayor.

Los descendientes resulta pues un drama demasiado televisivo, tan sencillo, simpático, blando y predecible como fácil de ver, y por extensión es incapaz de levantar emociones intensas o dejar huella de cualquier tipo. Destaca por la presencia de un actor famoso, George Clooney, en un papel bastante bueno pero desde luego lejos de lo mejor de su carrera, y digna de mención es también la interpretación de la hija mayor (Shailene Woodley), una joven guapa y desconocida que muestra muy bien las penurias de la situación. Pero no hay nada más para recordar. Que sea tan aclamada y adorada por la crítica y los premios principales del año (opta a mejor película en los Oscar, algo ridículo) se me escapa completamente.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2


Harry Potter and the Deathly Hallows Part 2, 2011, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 130 min.
Director: David Yates.
Escritores: Steve Kloves, J. K. Rowling (novela).
Actores: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Ralph Fiennes, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Bonnie Wright, Tom Felton, Jason Isaacs, Evanna Lynch, David Thewlis, John Hurt.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Nada digno que recordar.
Lo peor: Que la saga termine sin volver a ofrecer el buen nivel de su tramo central.

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Tras el fatídico bache cualitativo que sufrió la saga con la errónea idea de mantener a David Yates como director y Steve Kloves como guionista, quienes nos han dado unos títulos finales insípidos y aburridos, no cabía esperar un desenlace de mucho mayor nivel, pero sí tenía esperanzas en que al menos en el aspecto de ritmo y entretenimiento ofreciera algo más digno, pues se trata nada más y nada menos que de la batalla final. Pero no, la cinta se mantiene en la misma línea narrativa apática, torpe, indefinida y aburridísima.

El guión es superficial, incapaz de exprimir el potencial cinematográfico que ofrece la novela (personajes interesantes, aventuras dignas de ver en la gran pantalla, y, en este episodio más que nunca, tensión y sorpresas finales bastante decentes –que bueno, la saga literaria tampoco es una obra maestra-) y sobre todo incapaz de edificar con coherencia y dinamismo lo poco que narra. Como viene ocurriendo desde bastante atrás, la historia que se nos cuenta… casi no se nos cuenta. Se reconocen a los personajes muy bien, pero la trama no hay manera de seguirla si no has leído los libros recientemente. Los objetivos de los protagonistas, los diversos eventos y sus efectos colaterales, las resoluciones de conflictos varios, las sorpresas cruciales para asimilar el desenlace… nada se explica con la claridad suficiente como para comprender qué se está viendo. No se expone claramente qué son los horrocruxes y qué las reliquias, ni por qué quieren destruir unos y de qué demonios va lo otro, ni se atisba sentido alguno en el asunto de las varitas… y claro, todo ello confluye en que la derrota de Voldemort no se sabe por qué ocurre. ¿Cómo puedes terminar una trama de dos horas en un clímax que no resulta inteligible? Sumémosle a todo esto los momentos desaprovechados, los personajes secundarios infrautilizados (¿cómo puede ser que no se nos muestre la muerte de algunos caracteres importantes?) y algún tramo verdaderamente incomprensible (¿pero qué demonios es ese cielo-limbo al que va Potter y qué aporta a la historia?) y el resultado es una amalgama sin pies ni cabeza. Ni siquiera el momento Snape, la mejor parte de la novela, ofrece algo digno de recordar.

Pero de nuevo lo peor de todo es lo que iba diciendo de que como entretenimiento, como película de aventuras de gran presupuesto, no luce lo más mínimo, pues visualmente es bastante monótona. Como dije en anteriores entregas, es triste ver como una saga visualmente arrebatadora en los primeros cuatro episodios ha terminado resultando tan fría y simplona. La puesta en escena de Yates es pobre y plana, y el tono tan oscuro no ayuda lo más mínimo. Todos los planos se componen de la misma forma, la proyección carece de ritmo, dinamismo y vitalidad, y no sé si es también por el director, pero el presupuesto no parece haberse aprovechado como debería, con lo que tampoco tenemos la belleza y capacidad de asombrar esperadas. En el clímax en Hogwarts se esperaba algo grande… y lo poco que nos ofrecen se ve de fondo, de refilón, sin sacar partido alguno de la espectacularidad. Ni siquiera los extraños añadidos funcionan, como esa escena absurda en que Voldemort abraza a Harry y salen por ahí volando, otro momento tan incomprensible como cutre.

Larga y descentrada, fría y aburrida, confusa cuando no completamente ininteligible… Resulta un penoso cierre para una saga que llevaba varias entregas agonizando. Sólo queda lamentarse de nuevo de que tras ese pico de calidad alcanzado con Alfonso Cuarón (El prisionero de Azkaban) y Mike Newell (El cáliz de fuego) los productores no supieran buscarse autores que mantuvieran esa energía y entereza, y peor aún, qué triste que no se dieran cuenta con la primera aportación de Yates que este tipo no valía para una saga tan importante.

Ver también:
Las reliquias de la muerte – Parte 1.
El príncipe mestizo.
La Orden del Fénix.

Línea mortal


Flatliners, 1990, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 115 min.
Director: Joel Schumacher.
Escritores: Peter Filardi.
Actores: Kiefer Sutherland, Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin, Oliver Platt.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Su tramo inicial, original, intrigante. El reparto.
Lo peor: Su tramo final, que toma un camino muy predecible.

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Un grupo de estudiantes de medicina, algunos obsesionados con la muerte y el más allá y otros empeñados en romper las fronteras del conocimiento y hacerse famosos con ello, montan un experimento para tratar de averiguar si realmente hay algo tras la muerte. Es muy arriesgado, porque para ello deberán medicarse para provocar su fallecimiento durante unos minutos y luego sufrir una reanimación a contrarreloj para evitar daños cerebrales. Uno a uno, los amigos van turnándose, atraídos por lo desconocido y las sensaciones y visiones extrañas que van relatando.

La primera parte de la cinta es muy llamativa, presentando una trama perlada de misterio e intriga que llama toda la atención del espectador. Contribuyen de maravilla la atmósfera sombría (propia de los ochenta) y la calidad de los personajes, descritos con rapidez y puestos rápidamente en el juego de las secuelas que la situación va causando en ellos, tanto en su equilibrio como grupo (los roces son constantes) como en las complicaciones psicológicas que surgen con la experiencia.

Así pues, se prometía una historia original y atrevida, una aproximación seria a un tema que casi nunca se trata fuera de la fantasía y el terror más al uso. Pero las promesas se difuminan rápidamente, porque el relato termina tirando por caminos muy trillados, olvidando todas las posibilidades que tenía e inclinándose hacia una trama típica del género. Al final se perfila como otra más de misterio con pseudo-fantasmas que requieren el perdón para liberar la carga sobre los protagonistas. Si no termina siendo un despropósito (decepciona bastante, eso sí) es porque la calidad de los personajes y actores (en especial Kiefer Sutherland y Kevin Bacon) consigue mantener el interés; de hecho la visita de Sutherland para reparar errores del pasado es bastante emotiva. Del resto de caraceteres, el que cada uno viva las secuelas a su modo no aporta nada, porque ninguna historia es original o mínimamente llamativa más allá de estar bien realizada.

Curiosa cuanto menos, más por prometedora que por bien rematada, algunos dicen que es otra producción malograda de Joel Schumacher, un director denostado por varios fracasos sonoros (Batman y Robin) y recordados por pocos por sus buenas obras (Un día de furía, Tigerland, El cliente). Pero yo no estoy de acuerdo, de hecho su trabajo con la atmósfera (los paseos por los subterráneos del metro son inquietantes) y la dirección de actores es francamente bueno. El problema es el guión, que no sabe desarrollar una buena idea.

Sherlock Holmes: Juego de sombras


Sherlos Holmes: A Game of Shadows, 2011, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Director: Guy Ritchie.
Guion: Michele Mulroney, Kieran Mulroney.
Actores: Robert Downey, Jude Law, Noomi Rapace, Rachel McAdams, Jared Harris, Stephen Fry, Paul Anderson.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista.
Lo peor: Falta de emoción.
Mejores momentos:El homenaje a Ennio Morricone con la escena de la mula con la música de Dos mulas y una mujer.
La frase: Lento pero seguro. Que Alemania no se va a mover -Sherlock.

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Después de lo llamativa que resultó la primera entrega, una cinta comercial notable para los tiempos que corren, cabría pensar que la segunda parte fuera a más, tanto en el argumento como en la espectacularidad. Sin embargo ha ocurrido lo contrario.

La trama es menos llamativa, tanto porque aparece muy dispersa en una narración que no parece centrarse nunca, que deambula demasiado, como porque el villano carece de la fuerza que semejante personaje requería. El actor Jared Harris cumple, pero el plan que orquesta no resulta muy llamativo en gran parte de la cinta, y su mente criminal no impresiona como debería. Igualmente, cabe destacar una cantidad de momentos intrascendentes que no aportan nada, así como personajes secundarios cuya presencia no está muy justificada (la gitana pinta bien poco). También molestan algunos apuntes del guion muy cogidos por los pelos, como ese absurdo de disparar a alguien que va a morir en una explosión “porque así se ocultará el asesinato”, o que un francotirador experto, uno de los mejores de Europa, se ponga a fumar mientras trabaja para que los protagonistas encuentren una pista vital; aunque el peor de todos es la incomprensible forma en que acaba la trama de la siempre intrigante Irene Adler (Rachel McAdams), que tras ser apenas presentada en la primera entrega, aquí, cuando parece que va a tener un papel más digno, es eliminada de la ecuación de mala manera para meter a la sosa gitana.

En el aspecto de entretenimiento y espectacularidad también ha bajado un peldaño. ¿Dónde estaba ese abrumador y casi hipertrofiado sentido del espectáculo del que hacía gala la primera parte? ¿Dónde están esas grandiosas y excesivas escenas de acción? La aventura peca de monótona, de falta de vitalidad. Incluso los delirios propios de Guy Ritchie aparecen más comedidos, y si bien me quejé de que abusaba de enredos en el primer capítulo, aquí he echado de menos algo de valentía visual. Como cinta de acción apenas destaca, no ofrece ninguna escena de altos vuelos, de impresión.

Si se salva, si resulta un visionado aceptable, es de nuevo por la composición de los dos personajes principales y la química entre los actores Robert Downey y Jude Law. Son capaces de sobreponerse incluso a los ríos de diálogos vacíos, y los instantes de calidad (esos donde la camaradería o los chistes dan algo de sí) los aprovechan al máximo.

En cierta manera tengo la sensación de que esta saga se va a terminar convirtiendo en otra Piratas del Caribe. Inspirada y muy prometedora en su inicio pero cuyas secuelas, forzadas por el éxito, carecen de alma.

El Señor de los Anillos

A mediados del siglo pasado el genio filólogo y escritor J. R. R. Tolkien, tras publicar una novela infantil (El hobbit, 1937) y obtener cierto éxito se vio casi obligado a seguir explorando el mundo imaginario en ella presentado. Lo que se inició como una secuela fue creciendo y se convirtió en El Señor de los Anillos, una novela de casi mil páginas (editada en tres partes a partir de 1954), de gran densidad y profundidad (nada de animalitos parlantes, esto ya no era para críos), de carácter mitológico (inspirado en las leyendas del norte de Europa) y llena de mensajes sobre la amistad, la naturaleza, el respeto entre razas, etc. Su extraordinaria belleza y calidad rompió los moldes de la fantasía literaria y abrió las puertas a la popularización de un género que hasta entonces contaba con pocas obras notorias. Su influencia dio origen a numerosas sagas de distinto calibre (tonterías comerciales muchas, pero literatura de calidad también), supuso las bases de una nueva subcultura humana (los frikis, los roleros… en definitiva, gente que comparte aficiones culturales concretas) e incluso dejó huella en el cine (Willow y La guerra de las galaxias beben de ella descaradamente). El éxito fue tal que tras la muerte de su autor (1973) se publicaron numerosos libros relacionados, desde imprescindibles recopilaciones de sus escritos y apuntes (El Silmarillion y otros, arduo trabajo de su hijo Christopher) hasta prescindible morralla editada con afán de sacar dinero y más dinero.

La adaptación cinematográfica siempre fue una idea muy atractiva dada la calidad y magia que impregna la obra, pero debido a la reticencia de Tolkien mientras vivía (rechazó una premisa de Disney que daba risa) y a las propias dificultades derivadas de la novela (tamaño y complejidad), fue algo que pocos intentaron y menos aún lograron llevar medio adelante. El caso más notable fue el de Ralph Bakshi en 1978, quien realizó un curioso experimento de animación sobre imágenes reales que por falta de recursos y problemas de producción se quedó en una sola entrega que desde luego no resulta llamativa, ni como adaptación ni como película. No fue hasta el año 2000 cuando la cosa se puso seria, con un proyecto iniciado por Peter Jackson, un realizador neozelandés nada destacable (películas como Braindead o Agárrame esos fantasmas apenas valen para pasar el rato), que fue aceptado a modo de órdago casi suicida por una productora no muy poderosa, New Line (que por cierto no duró muchos años a pesar de este éxito).

Creo que el impacto de la trilogía fue mayor del esperado. Sin duda era una producción ansiada por muchos fanáticos, pero entre la emoción de estos y las excelentes campañas de promoción se llegó a un nivel de expectación que rivalizó con el mayor fenómeno de masas la historia del cine, la llegada de la segunda trilogía de la saga La guerra de las galaxias. Generó las mismas colas, las mismas infinitas páginas y discusiones en internet, y la misma casi absurda cantidad de mercado colateral. La taquilla fue inmejorable, la venta de dvds arrasó (las ediciones eran fantásticas), y se llevó mil premios y críticas bastante buenas. Demasiado buenas para lo poco que en realidad ofreció. Porque aunque se inició muy bien, en conjunto esta trilogía no difiere mucho de por ejemplo Piratas del Caribe o Harry Potter, no es más que otra superproducción comercial digna de nuestros tiempos, más o menos entretenida según capítulos pero bastante desequilibrada cinematográficamente hablando. Cómo pudo llegar a ser tan aclamada nunca he logrado entenderlo. Y por ello estoy escribiendo esto, para compartir un análisis bien meditado y completo de todo lo que opino de la saga, pues como fan de la novela yo también seguí con interés la adaptación.

Indudablemente Peter Jackson tuvo una gran vista comercial y demostró que como productor tenía cualidades de sobra. Aunque fue algo inesperado, pues no había realizado antes una gran película, demostró que sabe manejar al dedillo la creación de superproducciones enormes, cuidando los detalles técnicos con mucha dedicación y manteniendo cohesionado un enorme equipo de profesionales. Pocos son capaces de manejar rodajes tan colosales. Pero ser un buen productor no garantiza que también sea un guionista y director de calidad. A Jackson le ocurre lo mismo que a George Lucas: es un gran director de equipo y posee gran visión de conjunto, pero resulta un artista de poca calidad a la hora de dar vida a sus ideas. Le aplico lo mismo que dije sobre Lucas al comentar la nueva trilogía de La guerra de las galaxias: si Jackson hubiera relegado las labores de escritura y dirección en gente verdaderamente cualificada, sirviendo únicamente como productor y autor de la historia (el guion preliminar), podríamos haber estado ante algo muy grande. Pero viendo los resultados quedó muy claro que, primero, no entendió nada de la novela, y segundo, ni por asomo era un guionista y director con la calidad y experiencia necesarias para semejante proyecto.

Llegados a este punto tengo que criticar una actitud que he visto mucho cada vez que me atrevo a decir que las películas no son ni la mitad de buenas de lo que el populacho clama: es que Peter Jackson es un visionario, nadie se atrevía a hacerlo, y sobre todo, es que puso mucho esfuerzo. Visionario es el que obtiene una obra maestra y más aún quien revoluciona un género artístico. No basta con atreverse a hacer algo difícil, lo que cuenta es el resultado. También es bastante molesto el empeño de alabarlo únicamente por su esfuerzo. No señores, lo que se valora es, de nuevo, la calidad del producto acabado, no lo que sudaran haciéndolo. Uwe Boll también suda.

Jackson (siempre acompañado por sus fieles Fran Walsh y Philippa Boyens) edificó una obra llena de excesos y altibajos, endeble y poco coherente tanto en el guion como en la puesta en escena. Las tramas se desarrollan sobre la marcha, los personajes están vacíos y sus motivaciones son pobres cuando no directamente ridículas. Si visualmente destaca es por las excelentes labores del equipo técnico, pues la dirección es normalita y desaprovecha el potencial de los recursos disponibles.

Y luego están los cambios con respecto a la novela. Tan desacertados e incomprensibles que quedó bien claro que no entendió lo que leyó, con lo que erró numerosas veces en el paso a imágenes. Y como es un guionista mediocre la cagó doblemente: ni es fiel al libro ni sabe crear sus propias historias y personajes. Sirva de ejemplo el caso más sangrante, el más notable de entre los muchos errores abismales de la adaptación: Aragorn. El Aragorn de Tolkien es un hombre inteligente, maduro, decidido, inquebrantable y carismático que pone su vida al servicio de la Tierra Media, que ha dedicado innumerables años a prepararse para un futuro oscuro, que vive con numerosas sombras sobre los hombros (la caída de su pueblo, el exilio, el pasado y futuro relacionados con el Anillo y Sauron…) y que tiene sueños imposibles por los que lucha por ahínco (Arwen, el destino que le aguarda…). Es un héroe de otro tiempo, de la mitología y las leyendas. Es exactamente lo que la novela requiere, es de lo que trata. El Aragorn de la película lo han convertido en un cualquiera que parece sacado de nuestro presente, no de un mundo antiguo. Es un ciudadano medio que se topa con una misión que le viene grande y por la que va avanzando sin mostrar motivaciones claras, tropezando de aventura en aventura hasta que al final Gandalf le encasqueta la corona de Gondor, esa que en ningún momento dice querer y mucho menos parece merecer. Pierde todas las dotes de liderazgo y características de héroe, resulta un carácter muy pobre y nada creíble en el contexto. Es un personaje mediocre y una adaptación tan infame como imperdonable. Por desgracia, aunque Aragorn sea el ejemplo más notable hay muchos más aspectos, tramas y protagonistas pésimamente adaptados que para colmo tampoco funcionan si tratamos la trilogía como algo independiente a la novela: Faramir, Denethor, Arwen, Theoden, Sauron… Pero vayamos película por película…

-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Cowboys and Aliens


Cowboys and Aliens, 2011, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Director: John Favreau.
Escritores: Roberto Orci, Alex Kurtman, Damon Lindelof, Mark Fergus, Hawk Ostby.
Actores: Daniel Craig, Olivia Wilde, Harrison Ford, Sam Rockwell, Adam Beach, Paul Dano, Keith Carradine, Walton Goggins, Clancy Brown.
Música: Harry Gregson-Williams

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena es correctita.
Lo peor: El guión es un galimatías sin definición, desarrollo ni objetivo.

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De Jon Favreau, autor de las divertidas y emocionantes Iron Man, esperaba una cinta de acción algo superior a la media, no tanto como para hablar de gran cine pero sí como para citarla como una película taquillera de las recomendables. Pero la decepción que me he llevado ha sido notable.

A Cowboys and Aliens le falta rumbo, definición y consistencia, porque el guión de la pandilla Lindelof/Orci/Kurtman (Perdidos, Alias, Star Trek 2009) se compone de varios capítulos de dudoso objetivo, con cada uno de ellos aportando cada vez más personajes e ideas que no combinan entre sí. No termina de decantarse por un estilo o género: no sabe si es ciencia-ficción con persecución de héroe-alienígenas, si es una historia de supervivencia en el Oeste, si es una de bandidos, una de acción o una de terror (el capítulo del barco es de los más inexplicables). La narración es pues muy torpe, dejando la sensación de que la película empieza un montón de veces pero sin conseguir avanzar nunca.

Cuesta conectar con los personajes, todos mostrados con un dibujo demasiado superficial o previsible. Cuesta conectar con la cinta, porque no sabemos qué pretende contarnos y porque no termina de coger ritmo. Ni siquiera el tramo final, con la batalla cumbre, es capaz de eliminar esos errores. Resulta un desenlace notablemente aburrido e insípido, porque a estas alturas ninguna historia personal interesa y la confluencia de las mismas, que son demasiadas, resulta notablemente fallida: a base de pequeños capítulos destinados a cada personaje (ninguno digno de mención) el final no parece llegar nunca. De fondo se ve mucho alien y extra morir entre explosiones, pero los protagonistas deambulan de acá para allá haciendo tonterías varias sin llegar a ninguna parte concreta. Al final ganan, como cabe esperar, pero el proceso no ha dado nada capaz de despertar la más mínima emoción. Y también deja malas sensaciones por la falta de rigor: esos alienígenas que en un momento son indestructibles y en otro caen como moscas, según tengan que ganar los buenos o pasar apuros.

No he sacado nada digno de recordar de ella. Las críticas fueron muy tibias y en taquilla se puede considerar un fracaso, pues apenas superó su abultadísimo presupuesto (160 millones que no lucen nada).

Conan el Bárbaro (2011)


Conan The Barbarian, 2011, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 117 min.
Director: Marcus Nispel.
Escritores: Thomas Dean Donnelly, Sean Hood, Joshua Oppenheimer.
Actores: Jason Momoa, Ron Perlman, Stephen Lang, Rachel Nichols, Rose McGowan, Saïd Taghmaoui
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene.
Lo peor: Todo es bastante flojo en ella, aunque sin llegar a límites vergonzosos.

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El remake de Conan, un título de culto bastante interesante, no me llamó nada la atención. Cabría pensar que con los medios actuales se podría obtener una actualización que potenciase el aspecto visual, sobre todo lo relativo a la espectacularidad, pero ya conozco bien al Hollywood comercial contemporáneo, y tenía claro que no saldría nada digno salvo encontrarnos con un inesperado milagro del tipo Nolan-Batman. Pero como siempre la curiosidad me ha vencido y he terminado viéndola, encontrándome más o menos lo que esperaba: una tontería innecesaria.

El guión no necesitaba nada complejo, pero de la sencillez casi pasan a la nada. Sigue un esquema demasiado evidente y repetitivo: llegamos a un lugar, nos ofrecen una escena de acción, luego una de pausa, y pasamos al siguiente emplazamiento. Entre medio se muestra con poca habilidad una trama que no se entiende muy bien. La historia del lugar se da sin atender a razones (se sueltan nombres de países, personajes y eventos porque sí) y el objetivo de la aventura termina siendo bastante irrelevante: ¿para qué tanto jaleo con la máscara si al final no aporta nada importante a los objetivos de la aventura y los protagonistas? Los personajes son igualmente sencillos, tanto que cuesta interesarse por ellos y son rápidamente olvidados tras terminar el visionado. ¿No había una chica con Conan? Sí. ¿Y qué hacía ahí? No me acuerdo. ¿No había una bruja con el malo? Pues juraría que sí… Y hablando del villano, podrían haberse trabajado uno con más fuerza y relevancia, por no decir que su final, y por extensión el desenlace del filme, resulta muy insatisfactorio por torpe y absurdo (¿por qué se derrumba todo?).

La puesta en escena dista de ser mala, pero como es más habitual de lo deseable las escenas de acción se resuelven de la forma rutinaria: montaje rápido y planos cerrados para que no se noten la falta de calidad en la dirección o las pocas ganas de esforzarse. Así pues, como es estándar hoy en día, en vez de planificar buenas secuencias y poner a los personajes en situaciones que transmitan algo de emoción y credibilidad, se intenta obtener espectacularidad del efectismo rápido y facilón, con escenas de acción exageradas, muñecos digitales aburridos (qué cansinos llegan a ser los tipos de arena), chorradas varias (la espada doble del malo)… Lo único donde se nota énfasis es en remarcar el efecto 3D en el prólogo, donde resulta descarado aunque la veas en 2D (y como yo la he visto de la forma tradicional, no sabría decir si funciona o no).

La ambientación es bastante llamativa, sobre todo en el vestuario, pero cabe preguntarse cómo es posible que en la actualidad una cinta de alto presupuesto posea unas localizaciones realizadas a base de fondos digitales o pintados que dejan notar tantísimo su origen artificial. La banda sonora también merece una mención, porque la partitura de la cinta original (Basil Poledouris) es una de las más recordadas de la historia de la música de cine. Pero como en el resto, da la sensación de que no tomaron la anterior como punto de partida, pues eligieron a uno de los autores menos dotados de la actualidad, Tyler Bates, quien ofrece un repertorio muy limitado en técnica y falto de inspiración.

Así pues, la mayor parte de sus elementos cruciales (trama y ejecución de la misma, escenas de acción, música) son algo pobres, pero es cierto no llegan a niveles catastróficos. La única pena notable es que los protagonistas no tuvieran más empaque. En conjunto, como cinta de aventuras sin pretensiones resulta digna, sobre todo si no se tienen grandes esperanzas depositadas en ella. Títulos más ambiciosos me han resultado mucho más decepcionantes, como las dos últimas entregas de Piratas del Caribe.