El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: junio 2018

Parque Jurásico III


Jurassic Park III, 2001, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 92 min.
Dirección: Joe Johnston
Guion: Peter Buchman, Alexander Payne, Jim Taylor.
Actores: Sam Neill, William H. Macy, Téa Leoni, Alessandro Nivola, Trevor Morgan, Michael Jeter.
Música: Don Davis.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano sin rodeos ni ambición innecesaria, ofreciendo un buen rato de diversión.
Lo peor: Se ve y se olvida. El listón dejado por la primera parte quedó muy alto y está lejos de acercarse.

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A pesar de su escaso calado en el corazón del espectador El mundo perdido fue un indiscutible éxito de taquilla, y como es de esperar en Hollywood lo aprovecharon con otro episodio. Esta vez el guion no se basa directamente en una novela de Michael Crichton, pero quien leyera Parque Jurásico verá que un par de escenas importantes se inspiran en partes que no fueron utilizadas en la adaptación de la primera entrega, como la jaula de los dinosaurios voladores o los problemas en el río. Está escrito a varias manos a toda prisa, de hecho, empezaron a rodar antes de terminarlo. Destaca la presencia de Alexander Payne, quien luego se hiciera un buen nombre en el circuito independiente como escritor y director de títulos como Entre copas (2004), Los descendientes (2011) o Nebraska (2013), entre otras. Steven Spielberg produce pero no dirige, siendo el elegido Joe Johnston, quien pegó fuerte poco antes con la divertida Jumanji (1995). Ni siquiera John Williams compone la música, pues le encargan la ingrata labor de versionar sus temas a Don Davis (quien se dio a conocer con Matrix -las hermanas Wachowski, 1999-).

Viendo que repetir la fórmula con el clásico más grande y más ruidoso no funcionó nada bien en El mundo perdido aquí se apostó por una aventura menos ambiciosa. La idea me parece buena y por momentos parece ir bien encaminada. La presentación de los personajes y la trama, dilatada hasta resultar cansina en el anterior capítulo, aquí se despacha rápido, pues no necesita más: varios protagonistas y la premisa son conocidos ya de sobra, y los nuevos personajes se describen aceptablemente bien a lo largo del relato. Por ello llegamos a la isla sin dar vueltas de más y la aventura empieza pronto. Además, la entrada en el juego de la supervivencia es contundente: el accidente de la avioneta es espectacular.

Pero en adelante faltan novedades y sorpresas, volvemos a la simple premisa de vagar por la isla mientras los dinosaurios entran y salen de pantalla según los guionistas quieran un receso o acción. Además, la falta de pegada de los escenarios no permite que estos produzcan inquietud, no digamos temor, y el espectáculo tampoco termina de llegar al nivel de Parque Jurásico. No acertar de lleno no significa un desastre, pues la selva es atractiva, Johnston dirige con solidez, y el ritmo es bueno, pudiéndosele achacar solamente que en algunos momentos los efectos especiales no dan la talla: los matte paintings (fondos pintados) en la escena de los pteranodones son horribles, y el spinosaurio parece un poco rígido a veces. Sin embargo, la falta de visión también supone que el potencial narrativo y el asombro del público se ven frenados por la falta de novedades, de riesgo.

Repetimos con los velocirraptores. Esta vez su inteligencia se exagera demasiado (prácticamente hablan), pero en general no ofrecen ningún instante original o impactante. Por cierto, los diseñan con un amago de plumas y colorines en la piel, como tratando de contentar a las críticas de que no se parecen en nada a los dinosaurios reales… Para eso no les pongas nada y los mantienes en el estilo original de la saga. También intentan lograr un monstruo más temible que el tiranosaurio con la presencia del spinosaurio, que tiene una buena introducción (la avioneta) y un final bastante espectacular (el clímax en el río), pero entre medio sigue ese patrón de aparecer y desaparecer a conveniencia, perdiendo rápidamente fuelle en el factor suspense, en la sensación de peligro latente. Si es que se escapan correteando un poco en cada envite, y a discutir entre ellos hasta el siguiente ataque. ¿Qué hay de trabajarse escenarios jugando con la intriga y la sorpresa? Eso lo intentan con los pteranodones, con la entrada en la jaula entre la niebla sin saber dónde se están metiendo. Pero aunque no está mal tampoco deslumbra, le falta algo de pegada y sobre todo temor real por los implicados.

Los protagonistas están más elaborados que en el episodio precedente y el reparto está bien elegido. La idea de traer rostros conocidos se quedó a medias, pues Johnston no creía que la pareja Alan y Ellie fuera a funcionar, a pesar de que todos esperábamos verlos de nuevo. Inicialmente el guion incluía a ambos (en un proceso de separación, el eterno cliché de la serie), pero al final decidieron dejar la aparición de aquella en un simple homenaje. Al menos Alan, con ayuda del papel de Sam Neill, mantiene y mejora su carisma, logrando un personaje magnético que gusta seguir en cualquier situación. El niño de turno es mucho más simpático y da más juego que la cargante chiquilla de El mundo perdido, y el joven Trevor Morgan está estupendo. Paul (William H. Macy) y Amanda Kirby (Téa Leoni) son una gran pareja de gente normal metida en un embrollo que los supera: son creíbles, sobre todo gracias al buen trabajo de los intérpretes, bastante simpáticos (el humor funciona, no como en la segunda parte), y se podría haber sufrido mucho con ellos si el viaje estuviera más trabajado.

Los asuntos matrimoniales, porque al final tuvieron que incluirlos con dicha pareja, esta vez están mejor hilados, pues definen las acciones de los personajes y la relación va evolucionando alrededor del problema mientras tienen los propios problemas con los monstruos. Pero esto significa también que tenemos un melodrama muy de telefilme, previsible, sensacionalista, algo fuera de lugar en una película de la que se espera algo menos de drama tontorrón y más lucha por la supervivencia. Tampoco me convence el patinazo que dan con el ayudante de Alan (Alessandro Nivola), que pasa de competente a niñato avaricioso en un visto y no visto, como para cumplir con el otro estereotipo de la saga: los que ponen el beneficio propio por encima de la naturaleza y el bien común acaban comidos por los dinosaurios. Eso sí, esta cinta es la más blanda y al final sigue vivo para aprender de sus errores.

En resumen, la falta de ambición funciona a la hora de conseguir un capítulo más entretenido y sólido que el anterior, pero ello mismo implica seguir lejos de la grandeza de la primera entrega. Después de contentar tan poco con El mundo perdido el público fue incluso más exigente, llevándose un varapalo mayor de lo que merece.

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El mundo perdido: Parque Jurásico


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, tensión, asombro, personajes con los que conectar.
El idioma: En el doblaje para España, el castellano que hablan con los costarricenses se convierte en algún lenguaje que no consigo identificar (no parece portugués, lo habitual en estos casos).
La curiosidad: En la novela Chrichton tuvo que resucitar a Malcolm porque en la primera moría. “Los médicos lo salvaron”, vino a ser la excusa.
Mejores momentos: La cacería motorizada. El tiranosaurio causando estragos en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, por lo que la secuela era bastante inevitable. Tanto los fans como los productores prácticamente le exigieron a Michael Crichton la segunda novela, estos últimos supongo que pensando en ir sobre seguro partiendo de nuevo de una novela con el renombre del autor. En ese sentido cabía esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepcionó bastante. Viendo el acabado da la impresión de que la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, pues las imágenes manifiestan una gran falta de inspiración y pasión, hasta el punto de no parece una película suya. Tanto en el guion, encargado de nuevo a David Koepp, como en la dirección se observan serias carencias, la mayor parte fruto de un fallo clásico: basar las continuaciones en la máxima “más y más grande”. En ese proceso se pierde el elemento que hizo que la primera parte calara tan hondo (y la inspiración obvia de esta segunda, El mundo perdido -1912- de Arthur Conan Doyle, también): el factor sorpresa, el asombro que despertó un relato muy original donde exprimían la intriga muy bien y mejor aún aprovechaban el espectáculo que ponía en bandeja tan buena recreación de los dinosaurios.

La trama se queda en un simple ir andando mientras llegan ataques puntuales, esto es, la típica premisa de “gente muriendo en fila” sin más calado, los diálogos son ramplones, con un humor fallido (se paran en medio del caos a soltar chascarrillos), los personajes principales son anodinos y los secundarios lamentables en su mayoría y con muertes y situaciones cada cual más vergonzosa. En lo visual no termina de desplegar el espectáculo que se espera, o sea, al nivel del episodio anterior. Aferrándose al “más y más grande” encontramos infinidad de dinosaurios nuevos, pero parecen hechos con prisas, los animatronics apenas se mueven, lo digital se nota bastante en algunos planos, y la pantallas de fondo y los matte paintings cantan un montón (la jaula colgante y el precipicio donde cae la caravana). Es decir, inesperadamente no tenemos una mejora sino una pérdida de calidad en el acabado. Y lo más grave, la desgana de Spielberg se disimula un poco en las partes más intensas, pero aun así no encontramos el despliegue de recursos que ofreció en Parque Jurásico. La inspiración que nos regaló infinidad de planos geniales, la construcción metódica de la atmósfera y la ejecución pasmosa de las escenas de acción se cambian por falta de nervio y de imaginación.

El retorno a la isla se hace esperar, con varias escenas anidadas de cháchara y reencuentros con viejos personajes que no despiertan interés alguno. De hecho, pueden provocar frustración: los simpáticos chavales del primer capítulo aparecen para luego no ser protagonistas, sino que los sustituye una niña repelente, y Hammond tiene una escena tan monótona que no deja huella. La información dada en esta introducción es muy sencilla (hay otra isla, vamos a ir a estudiar a los dinosaurios antes de que los cacen gobiernos o mercenarios) pero se reincide en ella minutos y más minutos sin crear la atmósfera adecuada de intriga y despertar en el espectador el deseo de vivir otra peligrosa aventura. Malcolm (Jeff Goldblum), protagonista principal ahora, repite varias veces no querer ir, pero sabemos que irá, así que es perder el tiempo aún más. Spielberg rueda con una pasividad asombrosa estos prólogos, con unos planos estáticos que confieren un ritmo aletargado. Las excusas para tener otra isla con más dinos parecen muy cogidas por los pelos: nunca se mencionó que nacieran y los criaran en otra parte, de hecho, vimos los huevos y un nacimiento en Nublar como si fuera habitual; y la dependencia de lisina se la quitan de encima con todo descaro. Y finalmente, cuesta creer que ningún gobierno realice acciones tan obvias como un bloqueo a la isla y exterminar o reubicar a los dinosaurios por ser una fauna muy peligrosa tanto en el factor ecológico como en el humano. Los prólogos de Parque Jurásico eran reiterativos, pero te enganchaban y animaban a seguir, mientras que aquí sucede lo contrario.

Cuando por fin llegamos no lo hacemos de la mano de unos protagonistas que despierten nuestro interés. Malcolm es bastante simpático, pero parece que recurren a él como reclamo publicitario, como nexo con la serie, porque no se lo trabajan mucho. Como motor dramático se apoyan en un concepto muy básico y trillado, de hecho, ya se vio en la primera parte y por desgracia también lo han ido repitiendo en la tercera y en Jurassic World: divorcio y niños sufriéndolo. Si la premisa es sobrevivir a los dinosaurios, ¿por qué lo adornas con cosas tan mundanas y estereotipadas? Entiendo que fuercen la presencia de infantes, es una obra comercial, pero qué obsesión tienen en Hollywood con que el único conflicto que puede tener un niño es la separación de los padres. Al menos en Parque Jurásico este tema se mencionaba con naturalidad, para darle vidilla a los personajes, y cuando se volvía sobre las relaciones humanas era como reacción a eventos del parque: Alan Grant, que no traga a los niños, va acercándose a ellos, estos, con líos en casa, encuentran una figura paterna con la que sentirse más seguros… Aquí los problemas de Malcolm con la ex y la petarda de la hija son un culebrón paralelo a los demás acontecimientos, no aportan sustancia al viaje, es decir, tienen largas escenas sueltas que se hacen muy cargantes y en la acción no hay desarrollo emocional relacionado con ello.

El resto de protagonistas tampoco terminan de tomar forma. El fotógrafo (Vince Vaughn) no tiene dimensión y anda justo de carisma; cuando se descubre su misión secreta, esta no da mucho juego después de todo, y para colmo, en la parte final en la ciudad desaparece sin más. Eddie Carr (Richard Schiff) es más simpático, pero tampoco termina de estar justificada su presencia: ¿cuál es su trabajo, su especialidad, su personalidad? Con Sarah Harding (Julianne Moore) intentan mostrar a una mujer independiente y capaz, pero termina pareciendo un poco boba o inconsciente a veces, vagando por la isla con un entusiasmo un tanto infantil, sin mirar por su seguridad; cuando empieza la odisea, se queda atascada sin hacer nada interesante aparte de ir de acá para allá, hasta el punto de olvidarte de ella cuando no está en pantalla.

Con este panorama es difícil implicarse: no te interesa el destino de ninguno de los protagonistas, con lo que no se siente el peligro. La primera secuencia de acción importante, el ataque de los tiranosaurios a la caravana, es un desastre. Es un clon del mítico momento del coche de Parque Jurásico, pero sin savia, sin alma. Todo es ruido y caos alargado y exagerado hasta resultar pasado de rosca e inverosímil (los T-Rex que van y vienen según quieran incluir un descanso o más acción). Para rematar, toma un penoso cariz cómico involuntario con Eddie intentando enganchar la cuerda y cayéndose una y otra vez; sólo le faltó la música de Benny Hill. La escena termina haciéndose bastante pesada, porque parece que no va a terminar nunca.

A mitad del camino viene un giro que promete traer novedades a una proyección repetitiva y poco emocionante. La entrada de los mercenarios, con la persecución a los dinosaurios mientras son presentados por encima, tiene bastante pegada. Encabezados por el cazador experimentado, captado muy bien por un siniestro Pete Postlethwaite, tenemos un repertorio de personajes nuevos bastante intrigante. En seguida te preguntas por qué la película no se centró en este grupo, por qué esta no fue la escena inicial y pasaron la trama (sobrevivir, básicamente) a ellos, prescindiendo de Malcolm y demás, que ahora parecen ajenos a la proyección. Sí, terminan uniéndose, pero el conflicto entre ellos tampoco es muy jugoso, el argumento sigue limitado a la huida. Y me temo que en vez de exprimir su potencial los van ahogando en estereotipos y pronto son puestos en el otro lado del simplón espectro moral de la saga: los avariciosos y poco ecologistas son los malos, y tendrán muertes crueles y graciosas en las fauces de los dinosaurios. El empresario (Arliss Howard) cada minuto que pasa se vuelve más idiota, los mercenarios secundarios son directamente retrasados, e incluso el atractivo líder tiene algún patinazo. Atención al vigilante del perímetro escuchando música con auriculares, o al avezado cazador que se planta delante de la peligrosa presa para disparar, mientras que la protagonista al final, sin tener ni idea de caza, se busca como es lógico un lugar apartado y elevado.

No sorprende que el siguiente gran clímax sea también un poco satisfactorio. Repetimos con una persecución de los velocirraptores en un complejo que sólo se diferencia en que está abandonado. De nuevo sin interés por el destino de los personajes, todo se resume en saltos, golpes y rugidos, y el abuso de estos conforma otra escena que termina haciéndose larga y poco atractiva. Los raptores han dejado de ser una amenaza, por peligrosos e inteligentes, para convertirse en unos animales tontos y pesados: parece que cazan por diversión, pues a pesar de la manada de humanos que han cogido en el herbazal persiguen a más por ahí con un ahínco desmedido, tropezándose y chocándose con todo como perros atontados. En cambio en la tercera y las nuevas entregas vuelven al camino de que son inteligentes, pero se pasan de frenada, pues casi hablan. Si la situación estaba siendo vulgar, termina desbarrando con la hija acróbata derrotando al velocirraptor; ya de por sí la idea es ridícula (una niña de 30 kilos lanzando por los aires 150 de un bicho ágil), pero es que se pone a preparar la acrobacia antes de que el velocirraptor se coloque donde ella apunta… vamos, que ha visto el futuro.

Inesperadamente, cuando parece que la cinta ha terminado, nos ofrecen un nuevo arco argumental. El viaje Estados Unidos con el tiranosaurio no es original (inspirado sin disimulo en King KongMerian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933-) pero en una película tan limitada supone un poco de aire fresco. El caos en que se sumerge la ciudad es más movidito e interesante que las otras piezas de acción, y aunque la solución no es sorprendente (la cría como cebo se veía venir) hay suficiente tensión como para garantizar un buen escenario. Pero tiene todavía demasiadas carencias que frenan sus posibilidades. Se afea un poco con el destino del último “villano”, el empresario avaricioso que no puede acabar sin su muerte estúpida, y con la incomprensible ausencia de unos de los protagonistas principales, el fotógrafo, pero son minucias al lado de la cagada monumental con que se da pie a esta situación. Resulta que el T-Rex se libera durante el viaje, mata a todos los del barco, incluyendo a los que estaban en la minúscula cabina donde evidentemente no cabe, y luego se mete en la zona de carga y un tipo moribundo lo encierra; y al llegar a puerto todos suben a bordo sin acordarse de su existencia, ¡y se sorprenden de que esté cuando abren las compuertas! No voy a entrar en que el barco no llevara escolta ni tuvieran un plan b en el puerto por si el dinosaurio despertaba, que visto lo visto es pedir demasiada lógica.

El mundo perdido acaba siendo, por muy generoso que fuera su presupuesto y el renombre de sus autores, una serie b cualquiera con ramalazos de cine cutre que se salva por los pelos porque resulta lo justo de entretenida y simpática (aunque a veces esto último sea involuntariamente). Gracias al efecto arrastre obtuvo una taquilla muy buena, pero la decepción del público dura desde entonces, y las siguientes secuelas no hacen sino extender la agonía, porque todos queremos ver una nueva Parque Jurásico pero no dejan de parir tonterías comerciales sin alma.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
-> El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Parque Jurásico


Jurassic Park, 1993, EE.UU.
Género: Aventuras, suspense.
Duración: 127 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (también autor de la novela).
Actores: Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana Richards, Samuel L. Jackson, Wayne Knight.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Atrapa de principio a fin, asombra y emociona como pocas películas consiguen hacerlo. Dirección excelente, efectos especiales y sonoros rompedores, música magistral, grandes personajes, escenas y planos míticos por doquier…
Lo peor: Nada grave. Alguna conversación parece innecesaria o alargada, y hay unos pocos gazapos notables que pueden afear los revisionados.
Mejores momentos: La llegada a la isla con la música. El ataque del tiranosaurio al coche. Los velocirraptores dentro del complejo persiguiendo a los niños.
La frase: No hemos reparado en gastos– Hammond.

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Una de las producciones más recordadas, aclamadas y exitosas de los noventa así como una de las obras más reconocidas de Steven Spielberg (y esto es como decir que está entre por lo menos diez títulos memorables) fue Parque Jurásico. El fenómeno social que supuso fue impresionante. Rompió el récord de película más taquillera mantenido por E.T. desde 1982, rozando los mil millones de dólares mundiales (de los que 250 fueron para Spielberg), y duró hasta el estreno de Titanic (James Cameron, 1997). Creó una moda de dinosaurios que hinchó las arcas del estudio a base merchandising, y seguramente llenó carreras universitarias de paleontolgía al estilo Indiana Jones (1981-1989) con la arqueología.

Michael Crichton era por aquel entonces un escritor de best-sellers bien asentado en su gremio y bastante en el cine, porque casi todas sus novelas solían ser tanteadas los estudios y algunas adaptaciones llegaron a ver la luz (la primera, La amenaza de andrómedaRobert Wise, 1971-), pero, sobre todo, él mismo hizo sus pinitos como guionista e incluso director (por ejemplo, Westworld, Almas de metal -1973-, o El primer gran asalto al tren -1978-). En 1990 estaba ultimando su nuevo libro, Parque Jurásico, cuya atractiva temática atrajo la puja de las majors por los derechos antes si quiera de editarlo, con Steven Spielberg, Tim Burton, Joe Dante, Richard Donner y James Cameron en cabeza de lista de cada uno. Cameron afirmó que planeaba una versión más adulta y oscura, tipo Aliens (1986), pero lo cierto es que los noventa eran otros tiempos y la versión de Spielberg fue inquietante y sangrienta en su justa medida.

Universal Studios se hizo con el premio gordo, y Amblin Enterntainment, la productora fundada por Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall, desarrolló el proyecto. El guion le fue encargado al mismo Crichton, pero el director decidió pulirlo, para lo que trajo a David Koepp, quien hay que decir que no tenía nada llamativo en su currículo. Como adaptación es notable, pues captura lo mejor de la novela y resume o elimina lo innecesario (algunas cosas que no cabían aquí se recuperaron en las siguientes entregas) o lo que no concuerda con el lenguaje cinematográfico, y todo ello sin perder fidelidad. Este uno de esos pocos casos donde se puede decir que se supera a la obra original, pues resulta mucho más intensa e impactante. El único cambio notable es el abuelo, representado por Chrichton como un empresario capitalista que sólo piensa en el dinero y en esta versión como un abuelito simpático que quiere traer felicidad a los niños del mundo. Pero lo cierto es que resulta entrañable aunque sea claramente una treta comercial para atraer al público joven.

La única licencia notable viene de la propia novela, que modifica a su antojo la anatomía de los velocirraptores para hacerlos más peligrosos y temibles. En realidad no eran así, sino que medían medio metro de altura y con toda probabilidad estaban cubiertos de plumas. Está claro que ver a los protagonistas luchando contra unas gallinas, por muy carnívoras que fueran, hubiera sido más bien un chiste, pero también es cierto que si pretende ser una ficción científica resulta una decisión muy cuestionable: ¿no hubiera sido mejor elegir otra especie? Así, atados a la continuidad, todas las entregas mantienen esta fantasía. Por no decir que casi todos los dinosaurios que aparecen son del cretácico…

La visión comercial y narrativa de Spielberg dio sus frutos en una aventura deslumbrante en todos los sentidos. Cabe señalar que fue uno de los trabajos más difíciles y agotadores a los que se enfrentó, principalmente porque estaba ante retos técnicos nuevos y un rodaje muy complicado, pero también porque compaginó la postproducción con la grabación de La lista de Schindler (1993). La sensación de asombro, maximizada por unos efectos especiales extraordinarios, el ritmo excelente con picos de tensión y acción sublimes, y la simpatía que despiertan los personajes conforman una película que rompió moldes y cautivó a toda una generación, y además aguanta el paso de las décadas sin problemas.

El director exprime cada pasaje al máximo. Mediante una metódica construcción de la atmósfera de intriga y tensión garantiza un visionado absorbente de principio a fin. Se trabaja las partes acción logrando unas secuencias insólitas, lo que, unido al paso previo, la creación del ambiente adecuado, garantiza que llegas ya con los nervios a flor de piel, con lo que acabas aturdido más que asombrado. Entre medio dibuja los personajes sin prisas, con presentaciones llamativas, relaciones que se modelan incluso en los momentos más aparatosos, y detalles por todas partes que van provocando un cambio gradual; además, los actores están todos estupendos. Vemos gente real, por muy exagerado que sea el escenario, con lo que conectas con la odisea con fuerza; incluso los niños caen muy bien, algo que rara vez ocurre en el cine. Sientes estar en el parque con ellos, descubriendo los fascinantes logros que han dado vida a los dinosaurios, embargándote la sensación de apremio y de peligro cuando se tuercen las cosas, y manteniéndote en vilo, incluso aguantando la respiración, en los momentos más difíciles.

Esta producción es el ejemplo perfecto de algo que repito muchas veces. Hay dos factores clave a la hora de conseguir una buena escena de acción. Primero, hay que tener unos personajes atractivos y que estos sean el centro de los acontecimientos, porque sin establecer una conexión la situación es muy probable que se reduzca a simple caos y ruido. Segundo y no menos importante, los efectos especiales deben ser un medio narrativo y no un protagonista forzado.

No se veían escenas de acción tan contundentes y asombrosas desde las obras maestras de James Cameron, Terminator II (1990) y Aliens. El ataque del T-Rex ha pasado merecidamente a los anales del cine como una de las escenas más impactantes y recordadas. La huella, el rugido, los chavales gritando mientras sujetan el cristal, el coche aplastado, la caída por el árbol… Y no se queda atrás el tramo final en las cocinas, con la persecución de los velocirraptores: el raptor levantando a la chiquilla al golpear la rejilla, la treta con el reflejo…

Spielberg dirige la mezcla de técnicas de efectos especiales con gran control y visión, sacando adelante escenas y criaturas que parecen imposibles, más cuando piensas que requerían procedimientos apenas desarrollados o muy complejos. El avance en estos campos marcó un hito, y de hecho ha envejecido bastante mejor que superproducciones que han ido llegando muchos años después. En principio todo iba a ser con animatronics (muñecos mecanizados), pero tras ver unas pruebas de cómo resultaría por ordenador decidieron repartir esfuerzos. La combinación se usa con sabiduría, manteniendo en primer plano los animatronics y gente disfrazada (los velocirraptores), y en los lejanos, donde se requería movimiento completo, se usaba el ordenador; en la página www.stanwistonschool.com se pueden ver algunos videos del proceso. Cruciales fueron también los efectos sonoros, con rugidos que te hielan los huesos. Los dinosaurios resultan tan realistas que cada vez que aparecen te olvidas de que estás ante un truco.

Aparte de que la composición de numerosos planos es crucial para forjar la sensación adecuada en cada instante (por ejemplo, la aparición del T-Rex la vemos desde dentro del coche, al lado de los protagonistas), Spielberg también nos deleita con un detallismo muy cuidado que termina de formar ese aura de película única y con gran personalidad. Algunos planos son muy cinematográficos y otros incluso juegan con la ironía, es decir, podrían resultar poco naturales, pero lo cierto es que ninguno desentona, o refuerzan la épica o son detalles curiosos. Cito mis favoritos: el logotipo del parque en la puerta del coche flamante al llegar pero lleno de barro al irse, el frasco de material genético robado perdido en el barro (fosilizándose), el velocirraptor con las secuencias genéticas de la pantalla del ordenador (ATGC) reflejándose en su piel, el T-Rex suplantando a su esqueleto…

El aderezo final lo pone la seductora y épica banda sonora del maestro John Williams, quien se marcó otro hito a través tanto de un tema inolvidable como de una serie de motivos que realzan todas las emociones de la cinta de forma magistral. Sus notas son inseparables en el imaginario popular de escenas como la llegada a la isla o la apertura de las puertas, de hecho en cuatro secuelas que llevamos nadie ha estado a esa altura… ni siquiera él mismo en la segunda parte.

Hay muy pocos momentos en que se pueda romper el hechizo que provoca esta colosal película… pero los hay. No deifiquemos, como hacen muchos con algunas que marcaron nuestra infancia o del cine clásico, hay que ser objetivos. El equilibrio narrativo, el ritmo y la fuerza de cada escena es magnífico, pero no tanto como para alcanzar el apelativo de obra maestra, hay algunos deslices (en tono y en contenido) que pueden empañar algunos tramos, sobre todo en los revisionados.

En el tono, está claro que Spielberg y demás productores querían un estilo familiar con mensajes sencillos, pero en una propuesta tan seria, trágica y terrorífica en muchos instantes, desentonan bastante algunas ideas propias de títulos intantiles llenos de estereotipos. Sólo los avariciosos sin posibilidad de redención mueren (el abuelo no, porque tenía buenas intenciones y aprende), además con una mezcla de crueldad y humor que no me convence, como el abogado en el váter o Nedry tras una serie de calamidades dignas de una comedia tontorrona. También hay algunos discursos un tanto anticientíficos que chocan con otras partes donde se muestra amor por descubrir y comprender el mundo que nos rodea, incluyendo el fascinante pasado; sí, se podría decir que muestran distintas visiones del asunto, y que además es raro ver debates intelectuales en cintas comerciales, pero mi sensación es que pretende sentarse cátedra en un único sentido: principalmente en boca Malcolm, a veces de otros, parecen querer meter miedo con que la naturaleza es como dios la hizo, o es dios, y si la cabreas te castiga, de forma que el más que respetable mensaje ecológico de cuidar nuestro entorno se pervierte con un giro religioso que no me gusta nada; esto se puede enlazar con las muertes absurdas: pórtate bien porque dios te vigila. Aparte de la moral, también se refuerzan las capacidades de los protagonistas de mala manera: el veterinario del parque lleva meses tratando a una triceratops pero tiene que venir una invitada a darse cuenta de síntomas que ha pasado por alto (por cierto, el misterio de qué la enferma no tiene solución, es una escena para fardar de dinosaurios).

En cuanto al contenido en sí, el primer aspecto es un tanto ambiguo, es decir, no me parece un fallo grave, sino una posible mejora, y entiendo que alguien no lo comparta. Si no fuera porque es una película muy querida que he visto muchas veces seguramente no haría un análisis tan profundo y detallista y habría pasado por alto este punto.

Los prólogos encadenados combinando la chispa del misterio con pequeños datos argumentales son un sello clásico del realizador, eficaces unas veces (Indiana Jones, En busca del arca perdida -1981-) y bastante mejorables otras (Encuentros en la tercera fase -1977-). Aquí diría que están en un término medio. Vistos ahora, a veinticinco años del estreno, me parecen fácilmente sacrificables, el primero (el caos con la jaula) por innecesario, y el segundo (el hallazgo de un mosquito) por redundante, pues lo que en él se dice está fuera de contexto (información de personajes que no han aparecido todavía, es difícil asimilarla toda) y se explicará mejor luego. Al menos el segundo lo quitaría, porque el inicial funciona bien en el factor suspense, siendo amenazador e intrigante a partes iguales. Incluso la siguiente escena, ya entrando en materia, se me antoja un poco cursi (el niño respondón) y tiene un fallo importante por culpa de buscar un efectismo innecesario: el aterrizaje del helicóptero sólo sirve para poner un énfasis artificial en la presentación de Hammond, pues él ya está en la caravana.

Pero como iba apuntando, estas cosas son difíciles de ver a la primera, porque Spielberg puede optar más de la cuenta en muchas de sus obras por lo emocional antes que por la concreción y la lógica, pero en la mayor de las veces parte lo hace tan bien, te embauca con tanta facilidad, que te dejas llevar. La atmósfera de misterio y descubrimiento te envuelve desde los primeros rugidos y sorpresas (la grúa apareciendo cual animal entre los árboles), y en seguida pasamos a la presentación de los personajes con una exposición que también tiene buenos aciertos. El niño repelente y la historia de Allan definen en un visto y uno visto a la pareja protagonista y su dinámica, y lo del helicóptero muestra bien la grandilocuencia alternada con cercanía de Hammond. Aun así, es evidente que todo lo que se cuenta en estas escenas se expone suficientemente bien en el viaje hacia la isla y los primeros pasos por ella: quién es quién, el parque y sus problemas, el comité evaluador, el divorcio de los padres de los niños… Puedes empezar a verla en el vuelo y no perderte nada… pero claro, quizá entonces no se hubiera creado tanta expectación por la llegada.

Otros aspectos sí son claramente un pequeño lastre. Hay unas pocas conversaciones que se alargan más de la cuenta para decir bien poco. La del caos es puro relleno, no aporta novedades a ninguno de los personajes, y la cena donde critican a Hammond (donde por cierto no llegan a comer nada) rompe el ritmo demasiado para ser una pequeña ampliación de lo que ya discutían en el helicóptero y otros momentos (amén del citado tono del discurso). También hay una situación que podría haberse resumido pero en cambio intentan realzarla más de la cuenta: el salto a la valla del perímetro (donde Tim se da el calambrazo) paralelo a la reactivación de la energía se exagera demasiado, con tensión forzada para alargar el clímax (tan forzada que incluso Ellie pasa dos veces la misma palmera, se ve que les faltaba metraje para estirarlo como querían). No puedo dejar de pensar que esa parte era para el cazador y los velocirraptores, un escenario más interesante que saltar una valla y pulsar unos botones y un personaje infrautilizado, pero se olvidan de él y lo recuperan más tarde para darle una muerte muy rápida.

Es indudable que con el paso del tiempo Parque Jurásico no ha perdido nada de su capacidad para entretener e incluso asombrar, pero sí puede ocurrir que de tanto verla encuentres algún gazapo que le quite algo de gracia a alguna escena, y lo cierto es que hay unos cuantos bastante gordos. Ya he citado la cuestión de por qué aterriza el helicóptero si el Hammond ya está en tierra. Por mucho que lo digan los personajes, se ve en todo momento que los coches no van sujetos al rail (podían haberse inventado que son magnéticos o algo así), y además en algún plano se ve a los conductores. Qué conveniente que aparezcan unos vasos de agua justo antes del ataque del T-Rex. Hay un baño público en el recorrido del T-Rex a pesar de que se supone que los visitantes no bajarán de los coches. También, si indagas un poco, encontrarás cagadas que eran fácilmente evitables, como por ejemplo que pongan San José, Costa Rica, con playa a pesar de ser una ciudad de interior.

Pero lo más notable es la gran trampa que esconde la escena del T-Rex. El coche de los niños está a la vista de la cabra cebo, por donde entra el tiranosaurio, y en toda la secuencia del ataque se ven plantas y árboles, ergo ese lado de la valla está al mismo nivel que el camino… Pero cuando tienen que huir saltando el muro bajo de la valla resulta que el suelo se ha convertido en un desnivel de diez o veinte metros, y los árboles se ven abajo a lo lejos. Una vez descubierto el engaño resulta muy descarado y difícilmente justificable, pero lo cierto es que esa parte es tan absorbente que es difícil darse cuenta. Es la magia del cine, depende de cada uno perdonar y aceptar el truco o no.

Parque Jurásico, como obra que marca una generación, es tan buena y tan querida que puso complicado que una secuela pudiera llegar a su nivel, y desde luego no lo hacen las dos entregas tan poco trabajadas que la siguieron El mundo perdido: Parque Jurásico, del propio Spielberg en 1997, y Parque Jurásico III de la mano de Joe Johnston en 2001. Pero tampoco da la talla la resurrección reciente, por ahora con otras dos partes, Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) y Jurassic World: El reíno caído (2018, J. A. Bayona), más entretenidas que las anteriores pero también muy mejorables.

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Saga Parque Jurásico:
-> Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Aniquilación


Annihilation, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Alex Garland.
Guion: Alex Garland, Jeff VanderMeer (novela).
Actores: Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh, Tessa Thompson, Oscar Isaac, Benedict Wong, Gina Rodriguez, Tuva Novotny.
Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury.

Valoración:
Lo mejor: La combinación de interpretación, dirección, fotografía, diseño artístico y música conforman un relato sugerente y a ratos fascinante.
Lo peor: La premisa está muy trillada y tiene muchas lagunas, se sostiene únicamente por el acabado visual.
Mejores momentos: El retorno del novio, el ataque del oso, la llegada a la playa, y todo lo que ocurre en el faro.

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Alerta de spoilers: Apenas presento la premisa. Mucho ojo con buscar información por internet, que hay muchas imágenes que te destripan demasiado.–

Tras algunos títulos de cierto éxito pero escasa calidad, como 28 días después (2002) y Sunshine (2007), ambas dirigidas por Danny Boyle e incomprensiblemente sobrevaloradas, el escritor Alex Garland parecía estancado en la ciencia-ficción de serie b. Pero inesperadamente dio un salto hacia un cine más serio y ambicioso con Ex Machina (2014), hasta el punto de asombrar más de la cuenta, porque distaba de ser una cinta redonda que exprimiera todas sus posibilidades. Pero sí dejó un buen regusto, porque sus ideas eran inteligentes y tenía una ejecución correcta en su primer trabajo como director, así que muchos, en especial los fanáticos de la ciencia-ficción, esperábamos con interés su próxima producción. Nos llevamos un buen susto cuando ninguna distribuidora importante quiso estrenar Aniquilación, pero enseguida pensamos también que quizá era bueno, que podría significar que era una obra aún más intelectual y arriesgada. Netflix se hizo con ella, prometiendo así romper la imagen de canal que recogía la morralla de otros… Pero final no ha sido para tanto y ha tenido una recepción dispar.

Quizá el principal problema es que no tiene un público objetivo claro. Su tono y su acabado formal apuntan a un espectador maduro y exigente, pero por temática parece querer llegar a la masa amante de los títulos de terror comerciales que saturan el mercado, los de muertes rebuscadas en fila y poco más. Y unos espectadores se quedan con las carencias de un lado y otros con las del otro, sin hacer una valoración global más objetiva. Porque a pesar de sus limitaciones argumentales es un experimento bastante llamativo, con pasajes entre asombrosos y fascinantes. El tiempo dirá si con sus virtudes consigue pasar a la memoria como película de culto o si se olvida pronto, pero yo apostaría por lo primero.

La introducción de corte poético, en plan La llegada (Denis Villeneuve, 2016), me ganó rápidamente. Su atmósfera intrigante y la belleza de las imágenes podrían considerarse un tanto impostadas, pero lo cierto es que funcionan en su propósito: antes de desplegar la trama nos van a introducir en el estado emocional de la protagonista, Lena (encarnada por Natalie Portman), haciéndonos partícipes de su vida dirigida por la melancolía, de su incapacidad para encontrar algo por lo que sentirse llena de nuevo. Cuando la historia cae sobre ella estamos muy unidos y sus problemas llegan con intensidad. El amor recuperado para estar a punto de perderlo de nuevo le confiere una determinación renovada, pero también hace aflorar remordimientos por errores recientes. Mientras, la premisa de ciencia-ficción empieza a llegar con cuentagotas y de forma muy sugerente. La combinación apunta a esa obra seria que esperábamos, profunda en el drama, original en la ficción, y quién sabe qué más conforme avance…

Sin embargo, mientras que en La llegada el clímax de suspense va creciendo con rapidez e intensidad hasta resultar absorbente en poco tiempo y está íntimamente ligado con la evolución de los personajes, en Aniquilación una vez entrados en materia las promesas se van desinflando, y a partir de cierto momento se hace evidente que el viaje y el objetivo resultan muy poco originales tras tanta fachada, y si el conjunto funciona es precisamente porque esta es embelesadora e impide que podamos apartar la mirada de las imágenes.

La fotografía está muy cuidada, pero se torna hipnótica cuando entramos en el “resplandor” y Garland despliega el repertorio artístico, con la peculiar iluminación, el diseño de las mutaciones, y unos cuantos escenarios muy llamativos, hasta el punto de resultar algunos sobrecogedores (el oso), otros preciosos (los árboles y hongos, la playa), y el final una mezcla de ambos hasta acabar siendo alucinante. En ese clímax también destaca la música de Geoff Barrow y Ben Salisbury, sutil hasta entonces (salvo por la repetitiva guitarra acústica) y aquí deslumbrante con un par de temas electrónicos notables. Además, el reparto encabezado por Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh y Oscar Isaac es muy competente.

Pero a la larga, salvo por esas escenas puntuales más elaboradas puedes acabar desconectado en varios tramos de un relato que se inclina más por el artificio que por ahondar en los personajes y abordar algún concepto filosófico o simplemente desarrollar una trama más compleja, porque desde luego el tono inicial auguraba algo distinto. Una vez se revela auténtico género, el suspense con tintes de terror de un grupo acosado por un ente desconocido, ya no hay más que rascar. Ninguna de las aventuras que vive la protagonista sirven para adentrarnos más en ella y llevarnos a alguna conclusión sobre los sentimientos y problemas presentados. Las secundarias que se unen a la odisea no tienen definición alguna, son la típica carnaza, irán sufriendo y muriendo sin que lleguen a interesarnos sus tribulaciones y destinos. Y el argumento se atasca en un básico ir hacia adelante sorteando peligros.

Que sorprendiera con el desenlace era la única esperanza que quedaba de redondear una cinta algo fallida, o al menos de la que se exigía mucho, pero se queda un poco en tierra de nadie. En lo audiovisual el anunciado encuentro es fascinante a la par que perturbador… pero en lo argumental puede considerarse incluso un engaño, porque resulta demasiado ambiguo y además termina en un giro típico de la ciencia-ficción de invasiones: exagerado y apocalíptico pero insustancial e inconcluso.

También podemos señalar las numerosas vaguedades cuando no agujeros de guion. No parece que el gobierno y los científicos sigan un proceso de investigación muy lógico. Entrar, recoger pruebas de una zona cercana (¡y grabarlo todo!), salir, y en el siguiente viaje ir un poquito más lejos usando los datos recabados. El equipo protagonista mismamente podía haber vuelto sobre sus pasos con las primeras muestras de la cabaña en el lago, que ya eran muy reveladoras. Pero parece que lo único que quieren hacer todas las expediciones es llegar al faro, y pase lo que pase siguen adelante. Además, vale que las misiones estrictamente militares han fallado, pero qué es eso de armar con fusiles de asalto a unas pocas científicas de pacotilla (solo Lena sabe disparar) y soltarlas ahí sin escolta. Es más, ¿cómo la enfermera puede haber pasado cualquier prueba de estrés? También cuesta creer que semejante fenómeno pueda mantenerse en secreto durante meses o años.

Entiendo que se le haya atragantado a muchos. Es una obra muy personal y experimental, más de emociones y sensaciones que de desarrollar una historia compleja. A mí me ha gustado bastante, pero me apena que en lo argumental Garland se hayan esforzado tan poco.

Deadpool 2


Deadpool 2, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: David Leitch.
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds.
Actores: Ryan Reynolds, Julian Dennison, Zazie Beetz, Brianna Hildebrand, Josh Brolin, Morena Baccarin, T. J. Miller, Karan Soni.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Divertidísima. Personajes muy carismáticos. Algunos pasajes estupendos.
Lo peor: Ritmo muy irregular, con situaciones y chistes alargados más de la cuenta, sobre todo los que hay tras la batalla final.
Mejores momentos: La formación del grupo X-Force y su entrada en acción. Toda la estancia en la cárcel.

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A ratos parece que Deadpool 2 ha superado algunas limitaciones de la primera parte, pero en otros tramos anda igual de perdida y en conjunto acaba teniendo el mismo desequilibrio narrativo. Sigue habiendo pasajes de relleno (qué largo e insustancial es el prólogo), escenas alargadas y chistes sobreutilizados (algunas tonterías tras el clímax final se hacen pesadas) que rompen el ritmo más de la cuenta. La mejora está en la claridad de la trama central y de la evolución de los protagonistas, más relevantes y atractivas que en el capítulo previo, donde pesaba más de la cuenta la falta de una línea conductora, pues el pobre villano que entraba y salía sin motivos concretos no aportaba mucho y Deadpool pasaba por muchos escenarios sin llevarnos hacia ninguna historia determinada.

Pero me temo que la base de la mejora puede ser considerada un espejismo, o incluso un engaño. Resulta que llegamos al final de la película y el punto de conflicto principal en Deadpool, el evento tan relevante y trágico de su vida que había dirigido toda la narración, se deshace con la excusa de los viajes en el tiempo. Los guionistas necesitaban esa premisa como hilo conductor del relato y de los personajes pero luego no se atreven a mantenerla como suceso real que deje huella en próximos capítulos, con lo que acabé con cierta sensación de estafa.

Por suerte, la aventura exprime bien a los personajes y se mantiene el estilo y gracia del relato, lo que disimula muy bien sus carencias. Hay muchos tramos entre entretenidos y espectaculares, como la estancia en la cárcel, la formación del grupo X-Force, su primera misión, el clímax en el camión y partes del desenlace, pero incluso en buena parte de los pasajes menos interesantes en lo argumental te puedes reír sin problemas y pasar el bache. Y es que su sentido del humor desenfrenado garantiza dos horas descacharrantes. Las paridas monumentales (las piernas de bebé), las vulgaridades (guarradas y sangre en cantidad), las referencias (Thanos, los actores de X-Men, Linterna Verde…) y las situaciones absurdas (¡Peteeer!) se acumulan hasta hacerte llorar de risa en algunos momentos, como la delirante entrada en acción del supergrupo.

Deadpool es una mezcla de tragicomedia y antihéroe brillante, y sus secundarios (la novia, el camarero, y sobre todo el taxista) resultan encantadores. Aunque el dibujo de Cable no es muy elaborado y el giro final es precipitado y lo degrada bastante, Josh Brolin compone un villano imponente. Los pocos X-Men que siguen apareciendo (Coloso, Negasonic) caen muy bien y se echan de menos cuando no están en pantalla. Los X-Force son dispares y geniales, sobre todo la que tiene más protagonismo, Domino (Zazie Beetz), cuyo superpoder es la suerte. Pero el plato fuerte es el conductor de la historia, Firefist, el joven torturado: pocas veces vemos la formación de un posible villano, y menos tan bien lograda. Cada escena con él es un torbellino de emociones y garantiza un desarrollo de la histoira bastante impredecible, porque se juega con escenarios que pueden salir de distintas formas. Se remata con sus diálogos brutos y la buena interpretación del desconocido Julian Dennison.

David Leitch (Atómica -2017-, John Wick -2014-) mantiene bien el pulso que requiere el relato: alocado, vibrante, sin perder fuelle en las complicadas escenas de acción, que tienen que contener muchos chistes y el ritmo podría resentirse. La idea de desarrollar la secuencia de acción principal en un camión en marcha no sé si es del guionista, de los productores o del director, pero es muy eficaz, porque otorga mucho movimiento y permite recesos para diálogos. El subidón de presupuesto se nota pero no tanto como esperaba, seguramente porque en la primera parte lo poco que tenían estuvo muy bien aprovechado.

Es una pena que los altibajos lastren una cinta que tenía todas las de superar con creces a su predecesora, pero desde luego no está nada mal y se mantiene como soplo de aire fresco en un género bastante saturado.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
-> Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix Oscuro (2018)
X-Men: Los nuevos mutantes (2019)