El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: diciembre 2013

Thor: El mundo oscuro


Thor: The Dark World, 2013, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 112 min.
Dirección: Alan Taylor.
Guion: Chistopher Yost, Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Chris Hemsworth, Natalie Portman, Tom Hiddleston, Anthony Hopkins, Kat Dennings, Stellan Skarsgård, Idris Elba.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Trama sencilla pero eficaz. Personajes que enganchan. Gran sentido de la aventura y el humor. Dirección, efectos especiales, vestuario y decorados de buen nivel.
Lo peor: Los becarios son muy cansinos.
Mejores momentos: Thor tomando el metro. Loki impersonando al Capitán América.

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La historia es de nuevo muy clásica, que podría ser una forma elegante de decir simple, pero es una descripción que se justifica bien pronto: aunque la aventura se sustenta en una trama bastante básica de reyes, príncipes heroicos, herederos airados y un enemigo que representa prácticamente el mal puro, lo que importa son los personajes y sus relaciones, trabajados con esmero y con un resultado bastante bueno.

La carga que arrastra Thor como líder se deja entrever muy bien, dando al personaje dimensión más allá del héroe guapetón. Sus dudas y problemas y las vueltas que da a cada decisión dan forma a un líder responsable y agobiado que contrasta muy bien con el príncipe malcriado e impulsivo del primer episodio. Pero a pesar de la solidez del personaje y de la eficaz interpretación de Chris Hemsworth, Loki sigue siendo incluso más atractivo. Su caída en desgracia, su vuelta al juego por necesidades inesperadas, sus planes ocultos y de nuevo el papelón de Tom Hiddleston hacen de él el clásico secundario roba planos. La relación con Thor es estupenda, llena de diálogos punzantes e ingeniosos, mientras que giros como el plan entre ambos o la jugada final se pueden ver venir, pero dan mucho juego.

En el lado malo, la trama intenta ser más grande y trascendente que la de la primera parte, pero se pasan de largo. Básicamente es repetir el esquema de Los Vengadores, el plan megalómano de un villano sin más profundidad que ser malo porque sí, la batalla final llena de efectos especiales. Por suerte, en la serie Marvel cuidan bien a los personajes, con lo que no se dejan de lado sus problemas personales para buscar únicamente efectos especiales. Y además estos han mejorado respecto a la primera parte, consiguiendo que Asgard parezca más verosímil, porque esquiva el aspecto de dibujo animado. Se notan unos cuantos millones más en el presupuesto y se aprovechan muy bien en breves pero espectaculares batallas. Alan Taylor (que viene de la televisión de alta calidad: Los Soprano, Juego de tronos…) nos ofrece una superproducción muy vistosa y bien narrada.

El grupo de la Tierra resulta algo irregular esta vez. Jane Foster (Natalie Portman) ve frenado su protagonismo al ser usada como macguffin secundario, con esa posesión poco emocionante, pero bueno, se acepta porque tampoco había muchas formas de ponerla en medio de los acontecimientos sin que resultara (aún más) forzado, y la relación con Thor sigue siendo efectiva. Y por otro lado el doctor Erik Selvig (Stellan Skarsgård) es un buen ejemplo de que se puede tener como secundario cómico a un científico loco y que no resulte gilipollas o incluso molesto. Pero la pareja de becarios es un patinazo importante: el humor, muy acertado por lo general, se fuerza demasiado hacia lo estúpido con estos dos niñatos insoportables, y para colmo tienen bastante presencia. Otro problemilla es que la presentación de la anomalía en la Tierra se alarga quizá demasiado, o quizá es que mostrarla con estos tontainas le resta interés.

La película sabe entretener y divertir de maravilla, que es de lo que se trata. El ritmo es excelente, la trama mantiene el interés a pesar de su sencillez, los personajes son encantadores, las escenas de acción son de calidad y sobre todo el sentido del humor resulta estupendo, con diálogos tronchantes (hay no pocos chistes magníficos, como el del metro o el de Capitán América). Sólo podría criticarle deslices menores, como que en la batalla final falta algo de seriedad, pues todo el mundo corre y se lo pasa bien a pesar del enorme peligro en que están sumergidos, o la citada pareja de becarios atontados.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008).
Iron Man 2 (2010).
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011).
Los Vengadores (2012).
Iron Man 3 (2013).
-> Thor: El mundo oscuro (2013).
Capitán América: El soldado de invierno (2014).
Guardianes de la Galaxia (2014).
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015).
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016).
Doctor Strange (2016).
Guardianes de la Galaxia Vol2. (2017).
Spider-Man: Homecoming (2017).
Thor: Ragnarok (2017).
Pantera Negra (2018).
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018).
Ant-Man and the Wasp (2018).
Capitana Marvel (2019).
Los Vengadores 4 (2019).
Spider-Man 2 (2019).
Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (2020).

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Parque Jurásico III


Jurassic Park III, 2001, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 92 min.
Dirección: Joe Johnston
Guion: Peter Buchman, Alexander Payne, Jim Taylor.
Actores: Sam Neill, William H. Macy, Téa Leoni, Alessandro Nivola, Trevor Morgan, Michael Jeter.
Música: Don Davis.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano sin rodeos ni ambición innecesaria.
Lo peor: Se ve y se olvida.

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A pesar de su escaso calado emocional El mundo perdido fue un indiscutible éxito de taquilla, y como es de esperar en Hollywood lo aprovecharon con otro episodio. Esta vez el guion no se basa directamente en una novela de Michael Crichton, pero quien leyera Parque Jurásico verá que un par de escenas importantes de esta película se inspiran en partes que no fueron utilizadas en la adaptación de la primera entrega, como la jaula de los dinosaurios voladores o los problemas en el río. Steven Spielberg gestiona el proyecto pero no lo dirige, recayendo esa labor en manos de Joe Johnston, quien pegó fuerte poco antes con la divertida Jumanji. Ni siquiera John Williams compone la música, pues le encargan la ingrata labor de versionar sus temas a Don Davis (luego conocido por Matrix).

Viendo que repetir la fórmula con el clásico más grande y más ruidoso no funcionó del todo en El mundo perdido, aquí se apostó por una aventura menos ambiciosa, más sencilla. La idea me parece buena, y por momentos parece ir bien encaminada. La presentación de los personajes y la trama, dilatada hasta resultar cansina en el anterior capítulo, aquí se despacha rápido, pues no necesita más: varios protagonistas y la premisa son conocidos ya de sobra, y los nuevos personajes se describen aceptablemente bien a lo largo de todo el relato. Por ello llegamos a la isla sin dar vueltas de más y la aventura empieza pronto.

Sin embargo, el buen ritmo de la proyección se ve frenado por su falta de visión, de fuerza, de trascendencia. Lo que ocurre es tan simple y se narra con tanta desgana que apenas despierta el interés y mucho menos resulta espectacular, ni siquiera en las escenas de acción, que carecen de originalidad y emoción. Los velocirraptores vuelven a ser el enemigo principal, y no se aprovechan. Su inteligencia se exagera demasiado (casi hablan, joder) y la persecución de los huevos es muy rebuscada. Por cierto, los diseñan con un amago de plumas… Para eso no les pongas nada y los mantienes en el estilo original de la saga.

Los pteranodones tampoco terminan de causar mucho impacto: su sección pretende ser intrigante, jugando con la niebla, pero más bien aburre. La no muerte de un personaje empeora ese tramo: ¡qué película más blanda! También intentan lograr un monstruo más temible que el tiranosaurio con la presencia del spinosaurios, pero tampoco se logra nada realmente eficaz, porque no es tan conocido como el T-Rex y porque sin escenas del nivel de Parque Jurásico poca huella puede dejar.

Decía que los protagonistas están más logrados que los del episodio precedente, de hecho resultan más simpáticos y el niño funciona mucho mejor que la insustancial chiquilla. Pero distan de resultar perfectos: tanto lío sobre el matrimonio y el cliché cansino del joven que se niega a aprender (el compañero de Alan) no llevan a ninguna parte, no dan un drama capaz de conseguir que conectemos con ellos con intensidad, como sí ocurría en el primer episodio, donde la narración ponía muy bien a los personajes en el centro de todo y sus conflictos resultaban atractivos.

Unos efectos especiales correctos y una puesta en escena profesional pero no llamativa son incapaces de dar interés y empaque a una producción bien intencionada pero en la que no supieron hallar las dosis de aventura, emoción y acción necesarias para causar la más mínima impresión en el espectador. Está a un paso de resultar un telefilme vulgar a pesar de que estoy convencido de que tenía los ingredientes para ser bastante mejor que El mundo perdido.

El mundo perdido


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, fuerza, emoción, carisma, personajes con los que conectar…
Mejores momentos: El tramo final en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, y por lo tanto la secuela era bastante inevitable, y más cuando Michael Crichton lo había puesto fácil escribiendo la segunda novela. Cabría esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepciona bastante.

Me da la impresión de que Spielberg la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, y pienso que por ello no estaba en el mejor estado de ánimo: no parece una película suya. Indudablemente el guion de David Koepp, quien estuviera también tan acertado en la primera parte, es parte del problema, pues la historia tarda en tomar forma (el tramo inicial es lento y disperso), los personajes no son tan atractivos ni carismáticos (la niña es repelente, la mujer un poco también, la tropa de mercenarios aburre) y la imaginación anda algo escasa, pues ningún tramo sorprende (factor clave para el éxito de la primera parte) hasta la parte final en la ciudad, que es bastante interesante. Pero la traslación a imágenes se queda corta también. No encontramos aquí secuencias magistrales como Spielberg sabe rodar, y por el contrario el tempo narrativo que imprime a veces parece moroso, otras poco inspirado, otras rutinario… Incluso la técnica a la hora de las escenas con efectos especiales tampoco brilla especialmente, pues al contrario que a la primera entrega se le ven los trucos bastante: algunas pantallas de fondo quedan horribles (las de la jaula en el aire) y el abuso de muñecos para los dinosauros no funciona, porque algunos se mueven tan poco y tan mal que no dan el pego.

Esa falta de inspiración se nota especialmente en los momentos clave. Repetir con velocirraptores y tiranosaurios se entiende, pues todos esperábamos ver de nuevo a estas criaturas tan fascinantes, pero lo cierto es que la jugada no funciona del todo bien. Con un ejército de mercenarios había potencial para mucho más, pero al final lo que vemos es una repetición de lo que tan buenos resultados dio en Parque Jurásico. La escena del camión colgando del acantilado es efectiva, pero es obviamente una reinvención de la escena del coche, intentando hacerla más grande y exagerada, tanto que termina siendo excesiva: se hace eterna, y no porque resulte subyugante, sino porque no parece llevar a nada. La parte dedicada a los velocirraptores sale peor parada, pues arrastra una notable falta de imaginación y contenido real: el juego del escondite, con cabriolas de la niña incluidas, no resulta inquietante, ni a veces verosímil, y la conexión con los personajes, crucial en su predecesora, aquí es escasa.

Al menos el tramo final esconde un poco la falta de fuerza de la parte de los velocirraptores, que parecía el momento cumbre de la cinta. El inesperado cambio de escenario es efectivo, porque sorprende y resulta muy espectacular: el T-Rex sembrando el caos por la ciudad impresiona con buenas escenas de acción y un logrado clímax. Sin embargo, se afea con el pseudovillano obsesionado con los dinosaurios, bastante simplón en toda la película y que en el desenlace cae en unos clichés vergonzosos, de película infantil.

Después de haber marcado a toda una generación con Parque Jurásico, Steven Spielberg dio al público uno de sus pocos títulos fallidos al orquestar esta segunda parte que no termina de deslumbrar en ningún momento a pesar del potencial latente. Sus altibajos en el ritmo, sus pobres personajes y la falta de tramos dignos de recordar (sólo el T-Rex en la ciudad tiene un buen nivel, pero no tanto como para dejar huella) hacen de El mundo perdido una secuela nada satisfactoria, aunque gracias al efecto arrastre consiguió que su taquilla fuera inmensa.

Byzantium


Byzantium, 2013, EE.UU.
Género: Drama, fantasía.
Duración: 118 min.
Dirección: Neil Jordan.
Guión: Moira Buffini.
Actores: Saoirse Ronan, Gemma Arterton, Sam Riley.
Música: Javier Navarrete

Valoración:
Lo mejor: Tono vampírico (romántico, melancólico) muy conseguido. Las dos actrices: competentes y muy hermosas.
Lo peor: No ofrece nada nuevo ni nada llamativo.

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Byzantium capta bien el tono vampírico. Es un relato crepuscular (en el sentido del ocaso del estilo de vida de las protagonistas y de la raza vampira, no de la famosa saga adolescente), romántico y trágico a partes iguales, hermoso y melancólico, y con algo de sordidez y erotismo. La tristeza y frustración constante de Eleanor (Saoirse Ronan) por tener que vivir a escondidas, el logrado romance con el chico, que le trae nueva luz a su existencia, su cuidadora, Clara (Gemma Arterton), sobreviviendo como puede, los sueños que nunca se alcanzan, la puesta en escena que mezcla colores fríos y cálidos según la situación, la buena fotografía… Sí, basta ver unos pocos minutos para interesarse por un relato con buena atmósfera y con un estilo clásico muy logrado.

Sin embargo, un rato más de visionado deja claro también que no es capaz de ir más allá, que no va a conseguir una historia que deje una mínima huella en el espectador. No logra adquirir intensidad y originalidad suficiente como para resultar una narración genuina, ni llega a ser lo suficientemente conmovedora o inquietante como para causar impresión. Por ejemplo, todo esto lo lograba Déjame entrar sin problemas (aunque estuviera más inclinada hacia el misterio que al drama). Se ve sin llegar a aburrir, pero no deja un grato recuerdo.

Lo mejor, aparte de la correcta atmósfera, son las actrices, que realzan personajes interesantes pero apenas desarrollados. Saoirse Ronan hace muy creíble el despertar de la adolescente, y Gemma Arterton resulta verosímil como chica frustrada, acobardada y casi sin esperanzas. Y la belleza de ambas es innegable.

El retorno de Neil Jordan al género muchos años después de la afamada Entrevista con el vampiro no ha llegado a satisfacer como se esperaba, y la cinta ha pasado bastante desapercibida, aunque también es cierto que su distribución ha sido escasa.

Parque Jurásico


Jurassic Park, 1993, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 127 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (también autor de la novela).
Actores: Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana Richards, Samuel L. Jackson, Wayne Knight.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Atrapa de principio a fin, asombra y emociona como pocas películas consiguen hacerlo. Dirección excelente, efectos especiales rompedores, música magistral, grandes personajes, escenas míticas por doquier…
Lo peor: Nada.
Mejores momentos: El ataque del tiranosaurio al coche. Los velocirraptores dentro del complejo persiguiendo a los niños.
La taquilla: Rompió el récord de película más taquillera mantenido por E.T. desde 1982, y duró hasta la llegada de Titanic (1997).

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Una de las superproducciones más recordadas, aclamadas y exitosas de los noventa así como una de las obras más reconocidas de Steven Spielberg (y esto es como decir que está entre por lo menos diez títulos inolvidables) fue la extraordinaria Parque Jurásico.

En cuanto Michael Crichton publicó su nueva novela, en Hollywood se pelearon de lo lindo por los derechos de adaptación, pues aparte de la fama del autor Parque Jurásico tenía un enorme potencial como versión cinematográfica. Spielberg se hizo con ellos y no falló con su visión comercial: bajo su batuta David Koepp logró un guion redondo que llevó a imágenes poniendo gran énfasis en la reconstrucción de los dinosaurios, deslumbrando con una historia muy bien narrada y visualmente sobrecogedora que rápidamente se ganó un hueco entre las grandes películas de acción y aventuras de la historia. Aunque tampoco hay que olvidarse de que la música de John Williams también fue clave a la hora de dejar huella: las notas que presentan la isla forman uno de sus temas más famosos y memorables.

El relato nos introduce con mucho tacto en la aventura, dosificando la intriga, describiendo personajes sin prisas, reservando la acción a su momento justo y con previos bien trabajados. El ritmo está perfectamente equilibrado, y el interés no decae en ningún instante, ni siquiera en los recesos sensibleros con los niños. Los prólogos, la llegada a la isla, la descripción del parque y el descubrimiento de los grandes dinosaurios juegan con maestría con las emociones del espectador: misterio y fantasía envolviéndonos poco a poco, captando toda nuestra atención. Y todavía se dedica más tiempo para dotar de vida a los protagonistas y sus relaciones (¡niños que no resultan repelentes, sino de hecho simpáticos!), sentar las bases del complot (no muy sorprendente pero efectivo) y lanzar la catástrofe que abre la veda a la cacería de humanos por dinosaurios, todo ello de nuevo manejando la tensión de forma sublime, sugiriendo más que enseñando, llegando al espectador a través de protagonistas muy humanos.

Cuando nos acercamos a los momentos cumbre el espectáculo explota a lo grande. Esta obra es el ejemplo perfecto de algo que repito muchas veces: hay dos factores clave a la hora de conseguir una buena escena de acción. Primero, hay que tener unos personajes atractivos y que estos sean el centro de los acontecimientos, porque sin establecer una conexión emocional la secuencia puede perder mucho. Segundo y no menos importante, los efectos especiales deben ser un medio narrativo y no un protagonista forzado.

El ataque del T-Rex es inolvidable. Ha pasado merecidamente a los anales del cine como una de las escenas más impactantes y recordadas. La huella, el rugido, los chavales gritando mientras sujetan el cristal, el coche aplastado… La fuerza de las imágenes te mantiene incrustado en el asiento, aguantando la respiración. Y no se queda atrás el tramo final en las cocinas, con la persecución de los velocirraptores: el raptor levantando a la chiquilla al golpear la rejilla, la treta del chaval con el reflejo…

En cuestión de efectos especiales es sin duda una de las mejores películas de la historia. La combinación de varios tipos de trucajes es magnífica, y Spielberg dirige tal mezcla de técnicas con gran control y visión, sabiendo perfectamente qué quería conseguir y lográndolo de la mejor forma posible a pesar de que lo que buscaba requería técnicas apenas desarrolladas o muy complejas. El avance en efectos digitales marcó un hito, y de hecho ha envejecido bastante mejor que superproducciones que han ido llegando muchos años después. Pero es evidente que si los dinosaurios funcionan tan bien es porque rara vez son de origen digital (sólo los gallimimus y el diplodocus). El grueso de escenas mezcla muñecos, gente disfrazada (los velocirraptores) y robots enormes. Y el resultado es impresionante: los monstruos son tan realistas que cuando respiran o rugen en primer plano te olvidas de que estás ante un truco. En la página www.stanwistonschool.com se pueden ver algunos videos sobre cómo los hicieron.

Como adaptación es notable, pues capta muy bien lo mejor de la novela y resume o elimina lo innecesario o lo que no concuerda con el lenguaje cinematográfico, y todo ello sin perder fidelidad. De hecho es uno de esos pocos casos donde se puede decir que supera al original, pues resulta mucho más intensa e impactante. El único cambio notable es el abuelo, representado en el libro como un empresario capitalista que sólo piensa en el dinero y en la película como un abuelito simpático. Está claro que Spielberg quería una obra familiar sin mensajes en contra del modelo de vida estadounidense: aquí las cosas salen mal únicamente por la avaricia de agentes externos, los protagonistas son buenos y no cometen errores graves. No se lo voy a criticar, es su decisión y la película funciona sin caer en sensiblería forzada o maniquea. Otra alteración notable viene de la propia novela, que modifica a su antojo la anatomía de los velocirraptores para hacerlos más peligrosos y temibles. En realidad no eran así, sino que medían medio metro de altura y con toda probabilidad estaban cubiertos de plumas. Está claro que ver a los protagonistas luchando contra gallinas con dientes hubiera sido más bien un chiste, pero también es cierto que si pretende ser una ficción científica resulta una licencia muy llamativa: ¿no hubiera sido mejor elegir otra especie? Por no decir que casi todos los dinosaurios que aparecen son del cretácico…

Con el paso del tiempo Parque Jurásico no ha perdido nada de su capacidad para entretener e incluso asombrar. Desde los primeros efectos sonoros te atrapa por muchas veces que la hayas visto. Lo único que puede ocurrir es que de tanto verla encuentres algún gazapo que le quite algo de gracia. Por ejemplo, por mucho que lo digan los personajes se ve claramente que los coches no van sujetos al rail, y además en un plano se ve un conductor. Pero lo que descubrí en su último visionado y me fastidió bastante es la gran trampa que esconde la escena del T-Rex. El coche de los niños está al lado de la cabra, por donde entra el Tiranosaurio, y en toda la secuencia del ataque se ven plantas y árboles, ergo ese lado de la valla está al mismo nivel que el camino… Pero cuando tienen que huir saltando el muro bajo de la valla resulta que el suelo se ha convertido en un desnivel de diez o veinte metros, y los árboles se ven abajo a lo lejos. Una vez descubierto el engaño resulta muy descarado y difícilmente justificable, pero lo cierto es que la secuencia es tan absorbente que es difícil verlo. Es la magia del cine, depende de cada uno perdonar y aceptar el engaño o no.

Parque Jurásico es una de esas películas que marca una generación. Es tan buena y tan querida que difícilmente una secuela podría llegar a su nivel, y desde luego no lo hacen las dos entregas tan poco trabajadas que la siguieron. La cuarta parte lleva en proceso durante una década, y a la hora de escribir esto está confirmada, pero lo tiene aún más difícil, porque a estas alturas hay que luchar además contra el recuerdo idealizado.

Red 2


Red 2, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Dean Parisot.
Guión: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Bruce Willis, Helen Mirren, John Malkovich, Mary-Louise Parker, Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones, Neal McDonough, David Thewlis, Brian Cox.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Lo que queda de los personajes.
Lo peor: Insípida y aburrida.
Mejores momentos: Los celos entre Sarah y Katja.

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El éxito de Red fue bastante merecido. Como comedia de acción destacaba bastante en un panorama lleno de títulos repetitivos, de ideas agotadas. Los excelentes personajes, un ritmo bastante acertado y sobre todo el gran sentido del humor nos dieron una película bastante recomendable. La secuela es por el contrario una gran decepción. La chispa y energía de su predecesora no se ven por ninguna parte. Los personajes son una sombra de lo que eran, estirados sin sacarles mucho partido. El humor carece de originalidad, pero también de gracia: apenas consigue llevarte a la carcajada.

Por suerte los protagonistas eran tan buenos que lo poco que queda de ellos basta para salvar la función. Cada tramo dedicado a cada uno de ellos resulta divertido debido a sus peculiares personalidades, y la dinámica entre todos mantiene al relato en una constante sensación de que hay un buen poso y en seguida va a coger carrerilla… Pero el embrujo dura poco, porque una vez se va formando una perspectiva global de la narración queda claro que los guionistas no saben muy bien cómo enlazar un capítulo con otro y mover a los protagonistas hacia algo interesante. Es decir, el argumento es endeble y difuso, se salta de acá para allá sin motivos claros (damos la vuelta al mundo varias veces sin razón alguna), vemos metraje y más metraje sin tener a la vista un objetivo concreto.

En la primera entrega alabé a los actores bastante merecidamente, pero aquí se nota que no tienen material con el que trabajar, todos van con el piloto automático puesto. La puesta en escena es correcta, destacando de nuevo por ser sobria y efectiva en comparación con los cansinos artificios del cine de acción actual.

Nada original, poco graciosa, con un ritmo bastante caótico, Red 2 resulta un aburrimiento bastante grande. No llega a ser mala, pero tampoco logra resulta un visionado que deje buenas sensaciones: se ve con pasividad, sin despertar emociones en ningún sentido, y se olvida al instante. Otra saga echada a perder.

Objetivo: la Casa Blanca


Olympus Has Fallen, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 119 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guión: Creighton Rothenberger, Katrin Benedikt.
Actores: Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Dylan McDermott, Rick Yune, Angela Bassett, Melissa Leo, Radha Mitchell.
Música: Trevor Morris.

Valoración:
Lo mejor: Espectacular y entretenida como pocas del género en los últimos años.
Lo peor: No ofrece nada nuevo o llamativo, se ve y se olvida.
Mejores momentos: El asalto al completo.

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Como ocurre muchas veces en Hollywood, dos películas de estilo y argumento muy semejantes llegan más o menos a la vez, tal es la escasez de ideas. Deep Impact y Armaggedon son el ejemplo de que se puede hacer bien, aportando dos puntos de vista distintos (una es seria y realista y la otra de acción y cachondeo gamberro), pero otros títulos lo único que hacen es remarcar esa falta de originalidad. Objetivo: la Casa Blanca (Olympus Has Fallen) y Asalto al poder (White House Down) representan ese lado malo, destacando aún más por lo poco novedosas que resultan en el género. En cuanto a la comparación entre ambas, la victoria es clara. La cinta de Antoine Fuqua, la aquí analizada, es un divertimento agradable, mientras que la de Roland Emmerich resulta un despropósito, un insulto al cine y la inteligencia del espectador.

La trama y los personajes se describen con topicazos bastante descarados, pero los diálogos son correctos y las escenas, aunque sin duda previsibles (ese prólogo que señala una tragedia reciente para dar bagaje al rol central), tienen un sentido claro y efectivo. Hay algún personaje mejorable o que requiere un salto de fe grande, como el traidor imposible (ese que traiciona a su país y amigos porque sí), pero aquí no se cae en el nivel ridículo de Asalto al poder. Los secundarios se definen brevemente y sin exagerar innecesariamente peculiaridades reconocibles, sino dándoles escenas jugosas. Además no son rematadamente estúpidos, y las disputas entre altos mandos no dan vergüenza ajena: el héroe resuelve situaciones porque es el que está en mejor lugar para ello, no porque los de su bando sean gilipollas perdidos y los enemigos patosos increíbles.

El reparto es crucial a la hora de dar algo más de densidad a los protagonistas: Aaron Ekhart, Morgan Freeman, Melissa Leo, Angela Bassett, y Robert Foster se esfuerzan como si esto fuera un drama oscarizable; Aaron Eckhart hace tiempo que merece un papel que lo lance definitivamente al estrellato. La figura central es un héroe clásico, pero de sobras simpático, y aunque sabemos que saldrá siempre airoso las escenas tienen el punto justo de intriga e intensidad para emocionarse con ellas. Con bastante carisma Gerard Butler sostiene medio relato él solo.

En cuanto a la acción, esta resulta de buen nivel. El asalto a la Casa Blanca es espectacular. El plan de los malos, con varias fases, resulta complejo y verosímil. Las escenas del avión disparando, los tiroteos y explosiones y la derrota de los buenos forman una secuencia digna de aplauso, de lo mejorcito del género en muchos años (tampoco es que haya mucho con lo que comparar). Los conflictos a tiros en el interior el edificio del gobierno son escasos pero bien aprovechados, los intentos de recuperar el control dan el tipo, el desenlace es algo facilón pero eficaz… En conjunto, el ritmo es trepidante y carece de bajones llamativos. La dirección de Antoine Fuqua es efectiva en todo momento, de hecho logra aparentar más presupuesto del que tiene. Los efectos digitales se notan, pero no molestan porque no se abusa de ellos de forma innecesaria como en la de Emmerich. También se agradece que haya algo de violencia y sangre explícita.

Objetivo: la Casa Blanca funciona sin problemas como lo que es: un entretenimiento sin pretensiones. Conoce a la perfección sus limitaciones y sus bazas, no cae en manías cansinas ni excesos cargantes y divierte sin problema alguno. Es un producto destinado al consumo rápido, pero también una obra de sobra profesional, de hecho al lado de la mierda ponzoñosa de Emmerich es toda una lección de cine.