El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: mayo 2009

Eurovisión es cualquier cosa menos música

Todos los años se monta un tinglado demencial y se levanta una expectación que me resulta totalmente incomprensible alrededor del denominado Festival de Eurovisión. Este es por definición es un festival internacional de música donde cada país aporta su representante y por votaciones se valora la calidad de la canción y su puesta en escena, y se así determina quién ha gustado a la mayoría, es decir, el ganador. Pero la realidad es bien distinta.

Eurovisión no es un concurso musical. Los artistas que se envían, salvo no muy destacables excepciones, siguen los cánones de los productos musicales más comerciales. Son personajillos prefabricados, cantantes en la línea pop de moda en la época en que se disputa el concurso. Son figuras mediáticas, guaperas, famosetes, parias que lo único de músicos que tienen es una buena voz. Y las canciones son arquetípicas, previsibles, nada atrevidas; no hay innovación, ningún tipo de riesgo artístico. Vamos, que todo lo que se ve en el dichoso concurso carece totalmente de cualidades musicales dignas de mención.

Y por si fuera poco es un circo mediático donde la importancia del representante es nimia, pues las votaciones se hacen a dedo bajo condiciones y parámetros que no incluyen la objetividad y sí amiguismos y politiqueos varios. Cualquiera que lo haya seguido un par de años puede preveer sin problemas numerosos votos y acertar sin mucha dificultad la mayoría de las posiciones. Bueno, cualquiera mínimamente inteligente, y eso parece que excluye al espectador habitual del programa, que año tras año se empecina en verlo con una emoción infantil.

Todos los años se repiten las mismas tonterías, pero últimamente, al menos en España, estas rozan límites surrealistas. Se ven ridículos absurdos e incomprensibles como que se trate de analizar qué ha fallado en la patética canción de Soyara para que el país quedase tan mal, que obviamente no tuvo nada que ver con la misma, pues era tan mala como el resto de la basura presentada, sino que fue una respuesta a las malas prácticas de TVE con las emisiones relacionadas con el risorio este. Y el año pasado quedó claro que los procesos de selección son pura fachada y a la hora de la verdad se elige a dedo: lo del Chiqui Chiqui fue un desliz que nunca más permitirán; una pena, fue un buen intento de sabotaje, una atrevida crítica a lo penoso que resulta el festival. Otras clásicas muestras de patetismo giran alrededor de importantísimos aspectos como si tal cantante es transexual, homosexual o domador de lombrices, sobre cuántas lentejuelas cegadoras llevará la rubia neumática sobre el tanga de leopardo, etc.

¿Cómo puede ser tomado tanto en cuenta un producto tan poco serio, tan irrelevante, tan arcaico y además tan podrido? ¿Qué demonios tiene que resulta tan atractivo? No soy capaz de ofrecer ninguna razón que me resulte lógica. Por favor, dense cuenta ya de que no es más que un Operación Triunfo internacional, un cajón de sastre para tonterías comerciales de escasa o nula relevancia musical.

Un Eurovisión de verdad (o mi visión utópica del mismo) sería un festival donde se enviaran artistas de calidad que representaran la música de cada país, la música tradicional de cualquier zona del mismo aderezada con las fusiones que les vinieran en gana (modernas incluso). ¿Se imaginan que España seleccionara a Kepa Junkera, Acetre o Berrogüetto en vez de pseudo clones lobotomizados sacados de vergonzosos concursos de popularidad? ¿Se imaginan que compitieran con Eleftheria Arbanitaki (Grecia), Kroke (Polonia), Hedningarna (Suecia), Värttinä (Finlandia), Lúnasa (Irlanda), Capercaillie (Reino Unido)…? ¿Se imaginan tal cantidad de grandes genios? ¿Se imaginan que funcionara como promoción de nuevos grupos además de para dar a conocer las joyas musicales de cada región? Pero esto implicaría un cambio radical en cuanto al tipo de espectadores que se pretende agolpar frente al televisor. Ya no sería una masa ignorante, inculta y moldeable, sino una minoría que verdaderamente ama la música. Y no sería rentable. Así pues Eurovisión seguirá siendo un reclamo para mundanos de escasas neuronas, seguirá siendo un esperpento generador de prensa rosa, pero su base no será la música de verdad.

Resistencia (Defiance)

Defiance, 2008, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 137 min.
Director: Edward Zwick.
Escritores: Edward Zwick, Clayton Frohman, Nechama Tec (novela).
Actores: Daniel Craig, Liev Scheiber, Jamie Bell, Alexa Davalos, George MacKay, Allan Corduner, Mark Feuerstein, Tomas Arana.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, dirección, fotografía, vestuario, música, localizaciones… Todo.
Lo peor: Nada, excepto que pasara totalmente desapercibida.

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¿Cómo ha pasado este peliculón desapercibido? ¿Cómo con una estrella en el reparto y un director aclamado ha tenido tan poca repercusión? ¿Cómo una historia tan hermosa y épica, además centrada en la 2ª Guerra Mundial, de esas que tanto gustan a las grandes entregas de premios y al público, tuvo tan poca repercusión? ¿No le dieron suficiente publicidad? ¿La gente se pensaba que era una cinta de acción sin más? Hay cosas que no alcanzo a comprender.

Resistencia narra la odisea de un grupo de refugiados judíos de Bielorrusia que se ocultan en los grandes bosques tanto para sobrevivir como para formar una resistencia armada. Está basada en hechos reales, pero como suele ser habitual no se ha librado de generar alguna controversia, esta vez menor dada su poca repercusión mediática. Se la ha acusado de ensalzar mucho al grupo protagonista olvidando que se les atribuyen importantes matanzas de civiles. Lo cierto es que la cinta trata ese aspecto en un capítulo muy bueno, y se centra además en las ansias de venganza de algunos personajes, pero sin conocer esta historia a fondo no podría decir mucho más.

La base del relato es un amplio grupo de personajes muy bien dibujados. La relación entre los dos hermanos mayores es magnífica, llena de situaciones y escenas de gran intensidad y con grandes conflictos y dilemas. Las sublimes labores interpretativas de Daniel Craig y Liev Schreiber son imprescindibles para dotarles de esa credibilidad y profundidad. Tiene además una gran cantidad de caracteres secundarios de notable importancia que aportan en todo momento algo a la historia, como los numerosos dilemas éticos que van surgiendo (la fina línea que separa la justicia de la venganza, los problemas de una nueva sociedad…) o las relaciones humanas (supervivencia, amor, conflictos de liderazgo…).

El guión es muy bueno, hábil tanto a la hora de describir unos personajes muy realistas y complejos pero con los que es fácil conectar cometan los errores que cometan, como a la hora de desarrollar una historia de supervivencia clásica pero muy eficaz, completa en historias personales y llena de magníficos detalles sobre la difícil odisea que viven. La puesta en escena de Edward Zwick es notable, aunque gana muchos enteros gracias a la brillante fotografía de Eduardo Serra, que exprime los paisajes naturales y la fría y dura belleza del invierno de forma magistral, y a la banda sonora de James Newton Howard, quien sabe empaparse muy bien de la música tradicional judía y aporta unas melodías de violines bellas y a la vez lacrimógenas.

Es una obra de gran densidad, repleta de dilemas y valores, es una obra hermosa y a la vez muy dura que emociona y entristece a partes iguales. Lo tenía todo para triunfar, fue una de las mejores películas del año, pero nadie la vio.

Valkiria

Valkyrie , 2008, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 121 min.
Director: Bryan Singer.
Escritores: Nathan Alexander, Christopher McQuarrie.
Actores: Tom Cruise, Bill Nighy, Tom Wilkinson, Kenneth Branagh, Carice Van Houten, Thomas Kretschmann, Terence Stamp, Eddie Izzard, Kevin McNally, Christian Berkel.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: Cuando se lanza se palpa la tensión en cada escena.
Lo peor: Tarda en arrancar, sabe a poco y Tom Cruise no da la talla.
Mejores momentos: Desde el atentado en adelante, casi todo.

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No es fácil contar una historia cuyo final se conoce y que ésta resulte no sólo atractiva, sino también intrigante e intensa. Valkiria de Bran Singer solventa bastante bien ese problema, pero desde mi punto de vista le surgen otros.

La narración tarda bastante en arrancar, en centrarse y adquirir fuerza, con lo que su tramo inicial se hace largo y pesado. Sin embargo cuando se lanza (desde que se pone en marcha el atentado) se convierte en un relato que atrapa por completo y mantiene la tensión de forma exquisita. Casi podemos introducirnos en la piel de los personajes y vivir sus dificultades, su euforia mezclada con el terror que transmite la situación, casi llegamos a creernos que Hitler está realmente muerto y nos embarcamos en la no menos difícil tarea de levantar una insurrección en pleno gobierno militar nazi. Y cuando las cosas se tuercen, nos hundimos con ellos hacia un final trágico inevitable.

Pero aunque en su conjunto me haya dejado buenas sensaciones, no puedo quitarme el pensamiento de que la cinta da mucho menos de lo que podría ofrecer, de que desaprovecha un potencial enorme para decantarse por un entretenimiento algo superficial. Únicamente se nos cuenta cómo unos personajes urden un plan y cómo se relacionan entre ellos, pero las tramas políticas son insustanciales y muchos caracteres no pasan de ser un nombre (a ese respecto, algunos no aportan nada: ¿qué sentido tiene la presencia del de Kenneth Branagh, por ejemplo?). Sobre todo en su apática primera hora cabía esperar que la trama de espionaje fuera más densa y compleja, y que la situación social y política tuviera más peso.

La realización es correcta pero no especialmente brillante. Me ocurre lo mismo que con la trama: me da la sensación de que todo está como limitado, simplificado, que podría haberse obtenido una gran epopeya pero se inclinaron por un producto más fácil y sencillo. Sí, el resultado es lo que se espera de buenos profesionales, pero le falta algo, parece una producción muy de manual.

El reparto está lleno de buenos actores que cumplen correctamente (destacan Bill Nighy y Tom Wilkinson), pero falla en el personaje principal: un intérprete tan limitado y aburrido como Tom Cruise no da la talla para un papel tan importante. Una figura con un registro más amplio y con una presencia más carismática le habría hecho ganar enteros a la película, pero es obvio que un reclamo para la taquilla les resultaba más importante a los productores (el póster con su enorme careto es horrible, he preferido usar el otro).

En resumen, Valkiria es un entretenimiento bien confeccionado que atrapa y emociona considerablemente, pero resulta algo irregular en ritmo y poco ambicioso en contenido.

Star Trek 2009


Star Trek / Star Trek 2009 , 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Anton Yelchin.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y buenos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Personajes mediocres, actores mediocres, guion inmaduro e insustancial, puesta en escena artificiosa y ruidosa… Y que utilicen a los personajes clásicos para este despropósito en vez de empezar en otra época y con otros protagonistas.
Mejores momentos: El prólogo, con algunos momentos alucinantes como…
El plano: … la tripulante que sale despedida de la nave durante el ataque.
El título: Ya le podían haber puesto un nombre concreto para diferenciarla del resto de la saga, que tenemos que citarla por el nombre del director o el año. Para una vez que hace falta no ponen un subtítulo.
La pregunta: No sé si es un cambio en la traducción o está así en el guion original: ¿por qué las clásicas naves Aves de presa pasan a llamarse Halcones?

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En un principio no esperaba nada de ella, pero como me ocurre en más ocasiones de las debidas mi vena friki me pudo. Los espectaculares avances, las ganas de no quedarme sin temas de conversación en los foros y finalmente las entusiastas críticas me llevaron a rastras al cine. Asistí a la proyección con bastante curiosidad, intentando ir sin prejuicios a pesar de estar convencido de que sería una actualización irrespetuosa con el original, esperando al menos encontrar un entretenimiento digno. Pero la realidad se impuso rápido. La ridícula presentación de Kirk echa por tierra las buenas sensaciones que deja el espectacular prólogo, diciendo a las claras que va a ser un producto de acción descerebrada acorde a nuestros tiempos: artificioso, ruidoso, trivial, vacuo, destinado a la masa, al consumo rápido, a engañar con fuegos artificiales a espectadores que ya han olvidado lo que es una trama coherente y atractiva, unos personajes verosímiles y una puesta en escena sólida que busque el espectáculo mediante una combinación de contenido y continente, y no sólo con un continente supuestamente muy vistoso. Star Trek 2009 es mucha parafernalia obtenida a golpe de billete, pero no tiene ni pizca de cine.

El guion es primitivo, insulso, simplista al máximo. La narración carece de rumbo, la forman escenas apresuradas, empalmadas de mala manera, que parecen sacadas de los peores videojuegos de plataformas. La falta de coherencia y credibilidad (no hay forma de hacer verosímiles a personajes tan críos y estúpidos, ni sus paseos por las naves turnándose en el mando) se agrava por los numerosos agujeros y fallas de verosimilitud (una nave minera capaz de acabar con las flotas de la Federación y los Klingon, el ilógico destierro de Kirk por parte de Spock –contraviene cualquier norma moral y legal, no hay quien se lo crea viniendo de tal personaje-), las escenas gratuitas (el salto en paracaídas, las criaturas del planeta de hielo, las cutres peleas cuerpo a cuerpo, la ya citada vergonzosa presentación de Kirk…) y las paridas insufribles (todo lo que rodea a Scotty, en especial la escena de las tuberías, y chistes tan infantiles como las manos de Kirk hinchadas) se amontonan unas detrás de otras sin un objetivo claro más allá de tratar de epatar con mucho ruido y pocas nueces.

La trama de fondo (la nave romulana) parecía salvable y además se presenta como lo único que guarda algún parecido con la saga clásica, pero no se potencia, porque la idea es centrarse en presentar a los personajes, y como estos son infames e insoportables el conjunto no resulta nada atractivo. Todos los caracteres son repelentes tópicos andantes con motivaciones forzadas o poco claras (¿qué mueve a Kirk?, ¿cómo entra en la academia y cómo aguanta ahí –atención a como se cargan el mítico Kobayashi Maru-?) o muy poco trabajadas (el resto); el único que medio se salva es Spock, y porque le dedican mucho metraje. En cuanto a las interpretaciones, Eric Bana rescata a un malo caricaturesco con su carisma y buen hacer (alguien así de impresionante tenían que haber contratado en Némesis para hacer de villano) y el cada vez más interesante Karl Urban es el único que consigue hacer algo reconocible a su personaje, pero toda la chavalería muestra notables limitaciones y, lo que es peor, un carisma nulo: Chris Pine (Kirk) me da hasta pena, Zachary Quinto (Spock) está en el registro interte con el que se dio a conocer en Héroes, y casi todos los demás no pueden ocultar que provienen de comedias tontas, o el guios se lo impide (especialmente molestas son las presencias Simon Pegg –Scotty- y Anton Yelchin –Chekov-). Indicar también que la aparición de Leonard Nimoy, aunque medio se justifique por la trama, no es más que un tramposo enlace y cebo para los viejos trekkies.

Pero para colmo, tampoco resulta nada destacable como superproducción de acción y entretenimiento, sino que también se ancla en los cánones comerciales contemporáneos. J. J. Abrams no sólo repite un tic que frenó el potencial visual de Misión imposible III, la puesta en escena histérica, sino que lo amplifica de forma descontrolada obteniendo un aspecto visual hipertrofiado: la fotografía está saturada de movimientos, colores y brillos y el montaje es caótico hasta resultar mareantes. En cuanto al estilo, como ha quedado claro se ha optado por acción trepidante sin escenificación, es decir, mucho rayito y explosiones pero nada de planificación ni de exprimir a los personajes. Cualquier otra película de la saga tiene escenas de acción y batallas espaciales mucho más interesantes (en especial La ira de Khan, Primer contacto, Aquel país desconocido e incluso la denostada Némesis), pues tienen un guion que relata algo consistente.

Y dos aspectos que no esperaba que me defraudaran lo han hecho de forma notable. Uno es la música de Michael Giacchino (una joven promesa que llevo tiempo siguiendo), que inesperadamente suena rutinaria, fría, impersonal y algo machacona; por si fuera poco el tema principal que se inventa para sustituir al viejo es un tanto simplón. Curiosamente, para mi sorpresa ha sido una música bien recibida por los espectadores poco dados a atender a este elemento. El otro es el diseño interior del Enterprise, que se limita a ser un puente de mando blanco y brillante (que no me gusta nada de nada), un pasillo y medio y unas salas de máquinas infinitas y horrendas. Por cierto, ¿por qué ese empeño en rodar muchas escenas en naves industriales? Le quita realismo, parece que se les acabó el dinero (que por lo general luce bastante bien) y se fueron a un polígono a rodar.

Los guionistas se las apañan para crear una realidad alternativa desde la que podrán dirigir la nueva etapa de la saga hacia donde se les antoje. La verdad es que no lo entiendo, no entiendo por qué cogen los personajes originales y los reinventan. Para eso lo lógico es empezar desde cero, en cualquier época que les venga en gana (mejor tras las demás películas y series, pues así tendrían un universo muy completo como base y además no se arriesgarían a pifiarla con las líneas narrativas). Además, el parecido con la saga en estilo, forma y contenido es totalmente nulo, con lo que me pregunto por qué demonios no hicieron una película que no se llamara Star Trek. Pero ya se sabe que el dinero es quien manda, y una franquicia nueva es arriesgada, les resulta más fácil tomar un nombre que ya tiene prestigio. Y no les importa deformarlo por completo, me temo, con tal de engrosar los bolsillos. No soy lo que se dice un trekkie y aún así me siento estafado. Star Trek 2009 me resulta, lo mire por donde lo mire, innecesaria y fallida. Ha tenido una recepción comercial que en cierta manera era esperable, pero no hasta el punto de tener incluso muy buenas críticas, críticas que no alcanzo a comprender. Como ha gustado mucho, las secuelas ya están en marcha.

Star Trek: Némesis

Star Trek: Nemesis, 2002, EE.UU.
Género: Acción, Ciencia-ficción.
Duración: 116 min.
Director: Stuart Baird.
Escritores: John Logan, Rick Berman, Brent Spiner.
Actores: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, Brent Spiner, LeVar Burton, Michael Dorm, Marina Sirtis, Gates McFadden, Tom Haden, Ron Perlman, Nina Meyer.
Música: Jerry Goldsmith.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, decorados, efectos especiales. Ritmo correcto y buenas escenas de acción.
Lo peor: La historia, su desarrollo y su resolución son una lista interminable de tópicos. El villano y su intérprete no dan la talla.
Mejores momentos: La batalla espacial, impresionante.

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Star Trek: Némesis, la película número diez (la cuarta de la nueva generación), llegó cuando la franquicia estaba renqueando por su desgaste. La serie Enterprise no estaba funcionando, principalmente porque son muchos años ya repitiendo la misma fórmula y también porque, según dicen, no estaba a la altura (opinión personal: cómo de mala tenía que ser para estar por debajo del nivel de Voyager y La nueva generación…). Star Trek nunca ha sido una saga para el gran público (eso quieren cambiarlo con la versión de J. J. Abrams, que por contra seguramente será poco respetuosa con la saga), pero sus películas funcionaban relativamente bien, más que nada porque tenían un público fiel y un mercado secundario muy rentable (DVDs y productos de merchandising). Salvo el fiasco de Star Trek: La última frontera (la quinta parte) tanto en el aspecto artístico como en el de taquilla, todas las entregas recaudaban el doble de su presupuesto sólo con la proyección en los cines. Pero Nemesis llegó en estos tiempos difíciles, y como apenas recuperó los costes realización y no dejó muy buena huella en los trekkies, por suerte o por desgracia sirvió, junto al final antes de lo esperado de Enterprise, para forzar por fin un punto y aparte en la franquicia. La renovación de la fórmula se ha hecho realidad este año, y su resultado está por ver prácticamente cuando escribo este artículo: ¿servirá el Star Trek de J. J. Abrams no sólo para relanzar los resultados económicos sino también para revivir una saga ya bastante envejecida y muy exprimida?

Volviendo a Némesis, cuando la vi el año de su estreno no me satisfizo en absoluto, y eso que las demás películas, salvo la aburridísima La nueva generación y la infame La última frontera, me resultan sumamente entretenidas. Pero en un segundo visionado tengo que admitir que no llega a ser lo que se dice mala, pero también es cierto que no tiene nada que permita recordarla tras la proyección y posee numerosos elementos que dejan malas sensaciones.

Dos son sus problemas principales. El primero es que su historia no convence. Las tramas de conspiraciones políticas resultan poco creíbles y muy forzadas, algunos apuntes de guión dan risa (penoso el truco barato de localizar al enemigo con los poderes telepáticos) y el villano se presenta fatalmente descrito y mal interpretado (un casting no puede permitirse fallar tan estrepitosamente en un personaje clave). El segundo es el abuso de los tópicos, de clichés tan viejos y previsibles que provocan vergüenza ajena. En ese sentido el clímax final, que sucede junto y tras una batalla espectacular (de las mejores vistas en la saga), es infantil, primario. Las peleas absurdas (ridículo el enfrentamiento entre Riker y el segundo del villano, esa especie de orco bajo cuya máscara se encuentra Ron Perlman), las tontadas como la cuenta atrás, la cutre falsa muerte de un personaje, etc., resultan sorprendentes por su torpeza y su visión tan limitada y arquetípica.

Si la salvo de la quema es porque resulta un visionado bastante entretenido. Su aspecto visual es arrebatador, destacando especialmente por ser mucho más oscuro de lo que suele ofrecer la franquicia. El vestuario y los decorados son magníficos, el maquillaje muy bueno y los efectos especiales son espectaculares y ofrecen una batalla espacial digna de elogio. En cambio un aspecto defrauda donde antes nunca lo había hecho: la música de Jerry Goldsmith es rutinaria y cargante, al contrario que en sus demás aportaciones para estos filmes.

En global Némesis es un producto bastante inofensivo: molestan ligeramente algunos de sus elementos pero en conjunto funciona correctamente como entretenimiento, como cinca de CF-acción para pasar el rato. La pega principal es que su público seguro es bastante exigente y el ocasional no se va a enganchar a una serie con un capítulo tan poco carismático y previsible, así que se puede considerar que es una entrega fallida y un final mediocre e insustancial para la tripulación de la nueva generación.

The International: Dinero en la sombra

 

The International, 2009, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 118 min.
Director: Tom Tywker.
Escritor: Eric Singer.
Actores: Clive Owen, Naomi Watts, Armin Mueller-Stalh, Ulrich Thomsen, Brian F. O’Byrne, Michel Voletti, Patrick Baladi.
Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek, Tom Tykwer.

Valoración:
Lo mejor: Es entretenida, tiene buenos momentos (en especial el tiroteo y el final abierto) y cuenta con actores muy carismáticos.
Lo peor: Le falta ritmo e intensidad: se hace lenta y sabe a poco.
Mejores momentos: El tiroteo en el museo, que resulta antológico.
La frase: A veces encuentras tu destino en el camino que has tomado para evitarlo .

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Esperaba una cinta de acción intensa y me encontré un thriller bastante pausado, algo lento en ocasiones. Podría decir que es como una versión de James Bond y Jason Bourne potenciando la trama de investigación sobre la acción, pero, aunque mejor que la mayor parte de la hipertrofiada saga Bond, carece del carisma y sentido del espectáculo de la misma.

En general resulta bastante entretenida y tiene buenos tramos, pero tarda en arrancar, le falta algo de ritmo y fuerza y en ocasiones resulta algo fría. No le hubiera venido mal un par de escenas de acción más y darle más vidilla al desarrollo de la trama, así como dotar a sus personajes de mayor dimensión, pues si no fuera porque sus actores les dotan de carisma no resultarían nada atractivos. Al hilo de esto, tengo que decir que Naomi Watts me parece una actriz con mucho talento, más del que una película de estas características merece, y de hecho me parece que hace un gran papel sin esforzarse lo más mínimo.

Tom Twyker obtiene un logrado aspecto visual que ensalza notablemente una narración adormecida. Obtiene numerosas imágenes de gran calidad en las que destacan el magnífico aprovechamiento que hace de los excelentemente elegidos exteriores (cuántos edificios fascinantes se pueden observar) y por supuesto la muy comentada escena de acción en el museo Guggenheim de Nueva York, toda una lección de cine en un género en el que muchas más veces de las deseadas se abusa de los efectos especiales y en pocas ocasiones se construyen las escenas con planificación, jugando con la tensión y poniendo la vida de los personajes en peligro de forma verdaderamente creíble. Dicho tiroteo deja unas sensaciones buenísimas y me llevan a preguntarme de nuevo por qué no incluyeron un poco más de acción en otras partes de la película, pues si hubieran tenido esa misma dedicación podrían haber convertido The International en un producto memorable y no en un thriller algo apático.

Destacaría también la sorprendente carga crítica contra el sistema bancario del capitalismo, al que presenta como sumamente agresivo, corrupto y fuente de mil males. Además, el final abierto resulta ciertamente acongojante, perturbador. Lástima que el clímax que le precede, enésima imitación del estilo de la saga de Jason Bourne, mantenga ese tono de frialdad del relato. Vale para pasar el rato, pero deja la sensación de que podría haber dado mucho más de sí.

La sombra del poder

 

State of Play, 2009, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 127 min.
Director: Kevin MacDonald.
Escritores: Tony Girloy, Matthew Michael Carnahan, Billy Ray, Paul Abbott (miniserie).
Actores: Russel Crowe, Rachel McAdams, Ben Affleck, Helen Mirren, Robin Wright Penn, Jason Bateman, Jeff Daniels, Harry Lenix.
Música: Alex Heffes.

Valoración:
Lo mejor: Un buen guión que desarrolla una buena historia a través de unos sólidos personajes.
Lo peor: El débil y en algún momento ridículo y demagógico alegato a favor de la prensa en papel y en contra de las nuevas tecnologías. Y sobre todo, el infame Ben Affleck, quien debería darse cuenta de que no vale nada como actor.

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Basada en una miniserie (que no he visto, aunque me pregunto: ¿de verdad era necesario un remake-resumen?) de mismo nombre La sombra del poder es un thriller que ahonda en las manipulaciones de políticos, gobiernos y grandes empresas y la difícil labor de los medios de comunicación para ofrecer al ciudadano información veraz sobre los hechos.

El relato tiene un guión equilibrado y eficaz que atrapa en todo momento ofreciendo un ritmo trepidante donde se desarrolla una trama densa pero fácil de seguir. La única pega que podría ponerle es que el final es un poco forzado y previsible, pero no es nada grave en comparación con los discursos que destila la historia, de los que hablaré luego. Pero el mejor logro del libreto quizá sea la excelente descripción de los personajes, todos arropados además por actores de gran calidad. La ejecutiva agobiada por mil presiones distintas (una siempre profesional Helen Mirren), el periodista metódico e íntegro (Russell Crowe como es habitual metido de lleno en el personaje), la joven prometedora (una bellísima y muy eficaz Rachel McAdams –a la que siempre confundo con Amy Adams-), y el político que lucha por causas perdidas (un patético e inerte Ben Affleck, que además es un error de casting, pues su rostro joven no encaja en el personaje) encabezan el reparto, aunque destacaría también las apariciones de Jeff Daniels, quien sorprende por su demacrado aspecto físico, y Jason Bateman, que se ha convertido en uno de esos secundarios que siempre aporta un toque extra de calidad.

La dirección de Kevin McDonald (autor de la sobrevaloradísima El último rey de Escocia) es más que correcta, aunque le hubiera venido bien depurar algunos excesos: esos planos aéreos de relleno y con confusas apariciones de helicópteros no sé a qué vienen, sobre todo cuando aparecen intercalados entre conversaciones, como dando a entender que pasa algo por ahí arriba cuando no es así. Me sacaron de contexto varias veces, y me pregunto cómo semejantes fallos de montaje han podido ver la luz. Pero como indicaba, el director se mueve con soltura tanto a la hora de manejar los actores como a la de poner en escena un guión bastante complejo.

Su único pero importante es que peca de ser un tanto manipuladora, partidista y demagoga. Qué bien pintan a la prensa, de fiel, veraz y llena de profesionales. En la realidad a nadie se le escapa que es un medio demasiado vendido a intereses comerciales y políticos y que sus líneas editoriales no dudan en faltar a la verdad o en montarse sus propias campañas de información, ni tampoco se nos escapa que profesionales de verdad cada vez hay menos. Otro discurso manipulador es el que hacen sobre los nuevos formatos de información, los relativos a las nuevas tecnologías (prensa en Internet, blogs, etc.). Qué poco tacto muestran y que ridículo hacen a veces tratando de defender el obsoleto modelo de prensa en papel sobre las ventajas de Internet, tildando a lo ofrecido en la red de redes de morralla, basura y mentiras. El autor del guión que haya metido este fallido alegato no parece darse cuenta, o no quiere, de que la calidad del material ofrecido no depende del medio, sino del empeño de sus autores y de lo sesgado que esté el modelo informativo que mantenga el periódico. Como pasa con el mundo de la música y el cine, aferrarse a modelos obsoletos desprestigiando las nuevas posibilidades sólo lleva a la autodestrucción.

Pero bueno, quitando esos ligeros tonos adoctrinantes la cinta es más que recomendable como entretenimiento de calidad. Trataré de ver la miniserie, que dado el nivel de la televisión actual con respecto al cine no me sorprendería que fuera mejor.