El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2013

Alien Resurrection


Alien Resurrection, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Duración: 109 min. (1997), 116 min. (Special Edition, 2003).
Dirección: Jean-Pierre Jeunet.
Guion: Joss Whedon, Dan O’Bannon (Alien).
Actores: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, Michael Wincott, Kim Flowers, Dan Hedaya, Brad Dourif, J. E. Freeman, Raymond Cruz, Lelan Orser.
Música: John Frizzel.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, dirección artística, música. Un grupo de personajes atractivo en una aventura muy entretenida.
Lo peor: Supone una notable traición estilística a la saga Alien, y tampoco alcanza la calidad esperada.
Mejores momentos: La presentación de los piratas. La discusión alrededor del superviviente (¿Qué llevo dentro?). El clímax en la Betty.
El fallo: El planeta de Alien 3 es Fury 161, no 16 como dicen aquí.
Las preguntas: ¿Por qué el vigilante de la celda de Ripley está en el techo dos pisos más arriba y no en el pasillo al lado de la puerta? ¿Por qué el jefe médico es quien lidera el equipo de seguridad que va por los piratas cuando saltan las alarmas?
La frase:
1) ¡Doce! -Johner.
2) Debí haberlo sabido. Ningún ser humano es tan humano -Ripley.
3) -¿Qué está ardiendo?
-¡Nosotros!

* * * * * * * * *

En 20th Century Fox, poseedora de los derechos, no podían dejar una saga tan rentable quieta durante tanto tiempo, pues en Hollywood siempre piensan en exprimir un poco más todo lo que ha cosechado éxito en el pasado. Y con la experiencia de Alien 3 en mente el terror no venía de la mítica criatura, sino de lo que pudieran hacer con la nueva entrega. ¿Cómo se atreven a tocar algo que dio dos obras maestras y una secuela maldita y malograda? No niego la posibilidad de ver nuevos capítulos de un universo con tantas posibilidades, pero temía la previsible cadena de acontecimientos que acabaría con toda probabilidad dando una mala película: guion circulando durante años por los despachos, con cada nuevo productor y guionista a sueldo metiendo alguna idea con calzador y alterando la poca base que tuviera el argumento inicial planteado por algún mandamás; egos varios implicados poniendo zancadillas varias (hasta 11 millones de dólares le dieron a Sigourney Weaver para convencerla de que merecía la pena volver a meterse en el personaje… lo mismo que costó Alien); y finalmente, la arriesgada elección de un director que podría echar al traste el potencial que tuviera la historia o que, más probable aún, sería molestado continuamente con nuevos cambios y exigencias. Una vez estrenada quedó claro que Alien Resurrection cumplía bastante bien estas previsiones y no funcionaba como secuela, pues aunque no llega a resultar un insulto como Aliens Vs. Predator 1 y 2 (esperpentos comerciales que es mejor ignorar: como casi todos los fans, no los cuento en la serie), está muy lejos de la calidad de Alien y Aliens y además se aleja bastante del estilo y la atmósfera de ellas, más incluso que Alien 3, que al menos lo intentaba.

Joss Whedon, el guionista elegido (ahora en boca de todos gracias a la fama conseguida con sus series y rematada con Los Vengadores, pero en aquel entonces un don nadie), renegó del acabado final de la película, alegando que, si bien habían mantenido la línea narrativa, el tono era completamente distinto y echaba a perder lo que había escrito. Jean-Pierre Jeunet, director francés que firmó largometrajes tan extraños y fascinantes como Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos, y que después de esta Alien Resurrección pegó el pelotazo con la memorable y deliciosa Amelie, fue una extraña elección, aunque seguramente estuvo basada en la misma idea que se empleó en los anteriores capítulos: una joven promesa con cualidades distintivas. Pero, quizá pensando en que haber entorpecido tanto la labor de David Fincher en el rodaje de Alien 3 fue motivo de su fracaso, aquí le dieron carta blanca total a Jeunet. Y menuda cagada. Su labor es bastante buena en el aspecto visual, pero la esencia de la saga brilla por su ausencia porque, a pesar de la fama de la misma, de la cantidad de gente que la admiraba y esperaba una secuela que mantuviera el tipo, decidió tomársela como una película de aventuras en vez de una de misterio y terror, dándole además un tono de comedia gamberra. Y ojo, no me parece mal atreverse con un cambio de perspectiva, pues James Cameron le dio un giro notable a lo visto en Alien y le funcionó. Pero funcionó porque supo mantener un estándar de calidad y transmitir la misma sensación aunque fuera desde otro ángulo: sumió al espectador en una atmósfera de inquietud, agobio y terror constante ante los envites del temible monstruo en un escenario oscuro y claustrofóbico. Nada de esto se ve Alien Resurrection. Las escenas de acción son sencillas, simples, algunas ni siquiera emocionantes, como la pelea bajo el agua, supuesto momento cumbre que resulta poco interesante, por inverosímil y falto de intensidad. El terror a lo desconocido, a la muerte inminente en cada pasillo y agujero de ventilación, no llega a hacer acto de presencia, ni en los personajes (a veces da la sensación de que se pasean por la nave con pocas preocupaciones) ni en el espectador, que iría a verla esperando sustos y se encontró chistes. Para rematar el asunto, siguiendo la tradición, la producción no fue tranquila: el presupuesto no daba para rodar con un nivel decente la mitad de lo previsto, con lo que se descartaron o limitaron muchas escenas, como una gran lucha final en la Tierra. Ridley Scott y James Cameron lograron unos aspectos visuales únicos y arrebatadores con presupuestos ajustadísimos, pero pero está claro que Jeunet no está a su altura.

Por ello entiendo (y comparto) que Alien Resurrection descolocara y decepcionara a muchos seguidores, y que sea difícil posicionarse a favor de esta o de Alien 3, pues ambas están en el limbo de decepción y rabia que generan las entregas fallidas cuando sus capítulos precedentes son tan queridos. Sin embargo, otros muchos espectadores, entre los que también me incluyo, vimos en ella una buena película que gana con el tiempo: si se hace el esfuerzo de olvidarse de la saga y pensar que es una obra de ciencia-ficción independiente, se podrá disfrutar de un grato espectáculo, una aventura con un ritmo excelente (se hace cortísima y aguanta los visionados muy bien), con un grupo de personajes muy atractivo y una puesta en escena de buen nivel.

La premisa de clonar a Ripley y justificar sus recuerdos y otras habilidades con la herencia de los genes alienígenas es una gran idea. La descripción de la trama y el universo en que se envuelve, a base de detalles soltados aquí y allá, funciona y tiene buenos momentos, como la evolución de la historia de los robots. Y sobre todo, el grupo de protagonistas se hace querer rápidamente. Como buenos piratas que son, la tripulación está formada por individuos dispares, tanto en origen como en personalidad. Todos están bien descritos, resultan muy carismáticos, y sus relaciones, cargadas de los diálogos ingeniosos típicos de Whedon, dan mucho juego. Cada uno tiene su hueco y su momento estelar digno de recordar y alguna que otra frase espectacular. Los actores se desenvuelven bastante bien, destacando la candidez de Winona Ryder, la intensidad de Sigourney Weaver, la soltura de Dominique Pinon o la intimidante presencia de Ron Perlman, siempre perfecto para el papel de matón. Como he dicho alguna que otra vez, es difícil encontrar hoy día películas con un grupo de protagonistas amplio que resulte atractivo y de calidad. No hay más que ver como las horrendas Alien Vs. Predator 1 y 2 dan vergüenza ajena en este aspecto. El único fallo es el general al mando del proyecto. El personaje y la interpretación de Dan Hedaya resultan ridículamente caricaturescos, y lo peor, se termina de estropear con la muerte digna de cine cutre donde coge un trozo de su propio cerebro y lo mira antes de morir. Incluso en un conjunto gore-humorístico tal parida está fuera de lugar.

Puede dar la impresión de que en cada nuevo paso que dan los protagonistas se encuentran demasiado casualmente con una escena clave (ahora las víctimas de los huevos –esta es la más cantosa-, ahora los clones fallidos, ahora la trampa en el agua, ahora el nido), pero claro, sin esto no habría película, como no habría Alien sin el rápido crecimiento del bicho. En cambio, enlazar tan rápidamente cada sección da un ritmo enérgico: la narración avanza con celeridad sin perder fuelle en casi ningún instante, ni siquiera en los recesos de transición o para explicaciones. Sí, quizá la pelea con Ripley en la cancha es un poco absurda (se puede entender que sean guerrilleros y busquen bronca, pero atacar con una pesa es ir a matar, algo estúpido cuando eres invitado en un navío militar), y se puede decir en el tramo central hacía falta algo más impactante que la poco llamativa escena bajo el agua (si se salva es porque la parte de la escalera es más contundente), pero el resto se desarrolla de forma muy amena, con una buena mezcla de aventura de ciencia-ficción, comedia gamberra y gore. La mejor muestra de esta combinación está en el clímax final, en la huída desesperada con la Betty: el ente mitad alien mitad humano (Newborn lo llaman) es una de las creaciones más asquerosas vistas en pantalla, y el gore explota de forma delirante en su fantástica muerte, mientras que paralelamente tenemos acción trepidante en la cabina, con los estupendos personajes soltando frases tronchantes: ¡Qué está ardiendo!… ¡Nosotros!

De nuevo, haciendo la vista gorda a que esto no es Alien, hay que admitir que el inconfundible estilo visual de Jeunet resulta bastante llamativo, salvo cuando se le va la pinza más de la cuenta (el insecto del prólogo de la versión extendida y la muerte del general). Sus clásicas panorámicas y travellings veloces se adaptan bien a los grandes pasillos de la Auriga (la nave militar), la escenificación y el montaje son buenos (hay muchos personajes en pantalla pero la escena siempre fluye sin problemas), y sobre todo saca muy buen provecho de una buena fotografía y de un notable trabajo con las criaturas alienígenas, en especial el grotesco híbrido. Eso sí, parte de su sello es el colorido excesivo a base de filtros, que desentona un poco en una serie que se basaba en algo más natural y apagado, y cuando recurren al ordenador para los alienígenas, dista mucho de dar la talla. La guinda la pone una banda sonora que, como ocurrió en los tres casos anteriores, no se parece en nada a ninguna de las demás pero resulta estupenda: el desconocido John Frizzell aportó una partitura con persnonalidad, muy expresiva y adaptable. Lo cierto es que en algo siembre ha coincidido la saga: la dirección artística, la fotografía y la música eran de calidad y aprovechadas por directores con visión (aunque luego esta no diera sus frutos como se esperaba).

Sin embargo, también hay algunos agujeros de guion o giros dudosos dignos de citar. En el argumento hay un agujero notable: como protocolo de emergencia la Auriga vuelve automáticamente a su base, a la Tierra, algo doblemente absurdo, primero, porque es una nave que opera bajo secreto gubernamental, y no es plan de que se pasee a la vista de todos, y segundo, porque finalmente vemos que no parece haber nadie en el Sistema Solar y en la Tierra, nadie que se interese por una nave que va a toda leche hacia el planeta y no responde a llamadas. Canta mucho que, después de decir que pasar por el agua es el único camino, Call, tras hundirse, haga su reaparición por el otro lado: ¿cómo ha llegado ahí? Y no me convence que Christie se ahogue: en el agua podía soltarse el pie enganchado al alien sin problemas. También quiero comentar que no entiendo qué es la extraña masa que engulle a Ripley: ni llega a ser un montón de aliens (aunque se ven colas) ni es la estructura de resina vista en Aliens, ni por qué está eso ahí y dice ella “Estamos cerca del nido” si el alien que la atrapa se la lleva bien lejos. En el aspecto visual también hay algunas limitaciones, pues en ocasiones se notan problemas presupuestarios que no supieron suplir con ingenio: las maquetas cantan un poco en el atraque de la Betty, nunca vemos un alien de cuerpo entero si no es digital (como señalaba, con un resultado muy pobre, ¿es que no aprendieron la lección en Alien 3?) o muerto, y hay escenas donde se nota bastante que se enfoca sólo a la cabeza.

Para la tetralogía editada en dvd en 2003, Jeunet aprovechó para meter un par de escenas que se quedaron fuera por falta de dinero, más algunas pequeñas extensiones en otras secuencias. Las dos escenas largas son unos nuevos créditos iniciales, con una tontería de un tripulante aplastando un insecto con dientes, una especie de amago-broma con que es el xenomofro, que de haber estado en el montaje de cines probablemente habría hecho salirse de la sala a mucha gente, y un epílogo donde aterrizan en la Tierra y vemos que es un lugar desolado (y no se explica por qué), que me gusta menos que el final con la nave volando y dejando el destino de los personajes y la situación del planeta abierto a la imaginación pues mostrar la Tierra destruida y abandonada es un giro tan definitivo y tan ajeno a la trama (sobrevivir a los alienígenas) que no sé a qué viene. El resto son algunos planos y diálogos que, si bien enriquecen aquí y allá algunos detalles de la historia o personajes, también tienen alguna parte totalmente sobrante; por ejemplo, la conversación sobre armas antes de meterse en el agua carece de sentido.

Es una pena que pensaran que Alien Resurrection podría funcionar alejándose tanto del concepto básico de la saga, porque es evidente que en esas condiciones ni logrando un peliculón satisfaría a todos los fans. Estoy convencido de que si se hubiera ambientado en un universo distinto (habría que cambiar poca cosa en el argumento: un alienígena diferente y darle otro nombre al rol central) hubiera sido mejor considerada, porque desde luego tiene mucha personalidad y es la mar de entretenida. Pero ya se sabe que Hollywood prefiere perder tiempo y recursos en agotar franquicias que en desarrollar desde cero proyectos más valientes.

Por cierto, no puedo dejar de comentar que es evidente que Joss Whedon reutilizó ideas de este guion para crear su obra maestra televisiva, Firefly: la tripulación pirata y el diseño de su nave se quedaron en su cabeza y sirvieron como base para la serie.

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
-> Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

Lincoln


Lincoln, 2012, EE.UU.
Género: Drama, histórica.
Duración: 150 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Tony Kushner, Doris Kearns Goodwin (novela).
Actores: Daniel Day-Lewis, Sally Field, David Strathairn, Joseph Gordon Levitt, James Spader, Tomme Lee Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto, vestuario, fotografía, iluminación.
Lo peor: Lenta, más pensada para ganar premios que para resultar entretenida.

* * * * * * * * *

Steven Spielberg es un gran director, con un currículo lleno películas de estilos y géneros diversos que han causado un notable impacto tanto en el arte cinematográfico como en la sociedad. El terror agobiante (Tiburón), el drama con toques de ciencia-ficción (E.T.), la acción (Parque jurásico), la aventura (Indiana Jones), la historia (La lista de Schindler)… Su maestría con la cámara ha sacado todo el partido posible de guiones a la altura de las circunstancias. Pero no siempre ha ocurrido así. También ha habido casos donde el libreto no daba mucho margen o donde el propio Spielberg patinaba un poco. Por ejemplo La guerra de los mundos no tenía una base de calidad, con lo que a pesar de su exquisito acabado era incapaz de dejar huella. En sus dos últimos largometrajes, War Horse y Lincoln, al guión quizá le falta algo, o quizá no, pero es el propio director quien no lo remata bien: se ve claramente un tono forzado, la intención de capturar una emoción o peor, un premio, por encima del equilibrio global de la cinta y su capacidad para conectar con el espectador de forma más natural.

Lincoln apuesta demasiado por la sobriedad, la magnificencia, la clara idea de ganar premios, con los Oscar en el punto de mira. Y como cada escena debe ser la más solemne, intensa, milimétrica y oscarizable, el relato resulta un tanto manipulador y presuntuoso, y también un tanto encorsetado, teatralizado. Hay mucha verborrea con poca esencia, poco gancho (Tony Kushner no es Aaron Sorkin, por hacer la evidente comparación con El Ala Oeste) y sí mucha trascendencia impostada. Realmente la intriga política no tiene más complejidad que un capítulo de la citada serie, pero cada momento se traslada a pantalla como si fuera cada uno de ellos el instante más importante y supuestamente emocionante que has visto nunca. Todo resulta tan ampuloso, planificado y subrayado que no parece haber margen para que fluyan los sentimientos y la naturalidad del relato, es decir, para que no parezca una postal. Se pierde mucho el propósito de ofrecer una película emotiva, intensa, entretenida, y se va al extremo de lucirse con aires de grandeza, manipular el sentimiento (aunque por suerte no es tan tramposa en este aspecto como War Horse) y dar lecciones casi pedantes de cómo hacer cine.

Pero aun resultando forzosamente teatral y milimetrada, la puesta en escena es notable en la labor de dirección y brillante en la fotografía e iluminación así como en la dirección artística (decorados, atrezo, vestuario). A pesar de estar rodado casi todo en interiores y con largas conversaciones, Spielberg se inclina por planos amplios y bastante escenificación: en vez de usar un montaje que salte de rostro en rostro apuesta por llenar la pantalla con todo lo que hay y mueve personajes y cámara lo mínimo necesario. La composición de cada escena ofrece cuadros de gran riqueza y belleza (la luz entrando por la ventana ofrece instantes cautivadores), y por ello es una lástima que esta extraordinaria labor se quede en el exterior, en la impronta visual, que Spielberg no haya estado tan atinado a la hora de darle a la narración en su conjunto el tono y empaque necesarios para resultar tan conmovedora por dentro como por fuera.

Lo mejor es que la figura de Lincoln, aunque algo endiosada, llega con intensidad al espectador. Su descripción y forma de ser está bien expuesta, su presencia llena la pantalla y se hace notar en los personajes que lo rodean, y el mimetismo habitual de Daniel Day Lewis le otorga varios puntos extra, pues se sumerge muy bien en el rol, desde el aspecto físico a la forma de ser: la voz y entonación característica (imprescindible la versión original), la mirada, la forma de moverse, los gestos… Con todo, aunque sea una gran labor creo que Hugh Jackman merecía más el Oscar a mejor actor, pues su papel en los Los miserables me pareció superior.

Por la fuerza de este rol central es una pena que no tenga secundarios a la altura, pues aunque hay varios personajes con casi tanta presencia como él no se acercan a su nivel, y el entramado de caracteres queda por ello bastante cojo. El tipo que le acompaña (David Strathairn) es un maniquí (su dibujo es tan superficial que no se comprende su posición en todo el asunto: ¿qué hace ahí, quién es?), Sally Field aparece por cumplir el cupo familiar (nominada al Oscar… ¿de verdad?), Tommy Lee Jones está estupendo como siempre, pero su personaje no me dice mucho, y el trío de pillos para los chanchullos (liderados por James Spader) no funciona como receso cómico. El resto de secundarios, sean unos cuantos políticos monocromáticos y aburridos o algún flojo intento de mostrar la perspectiva de los negros (con los criados de la familia Lincoln) me transmiten la misma sensación que los secundarios de Zero Dark Thirty: son elementos de la trama, sin entidad ni vida, y están ahí como objetivos o complementos del personaje central en puntos tan concretos de la historia que en el resto del metraje se nota que sobran. El hijo mayor (Joseph Gordon-Levitt) por ejemplo, cuando cumple su objetivo desaparece sin más. Además, tanto la presencia de este hijo como el innecesario epílogo mencionando la muerte de Lincoln se nota que solo buscan poner la gota de drama oscarizable que tanto gusta en la Academia de Hollywood: la familia rota (ay, que mi niño se va a la guerra) y la epopeya personal con desenlace épico-trágico. Si se supone que la narración versa sobre la enmienda (con lo que está claro que el título de Lincoln no es acertado), un final así era difícil de ver como algo útil en la narración, y desde luego no queda bien.

Hay suficiente calidad en Lincoln como para que su tono pretencioso no la convierta en un visionado excesivamente cargante y aburrido, y desde luego su fuerza visual es impactante, pero precisamente ver que ese potencial no se ha canalizado en la mejor dirección fastidia un poco. La mejor forma de resumir todo este rollo que estoy soltando es con una pregunta: si tan importante es la consecución de la enmienda anti esclavitud y tan trágica la guerra… ¿por qué en ningún momento me siento emocionado, abrumado o afligido por la supuesta fuerza de los acontecimientos? Porque Spielberg se empeña tanto en señalar y forzar cada escena y sensación que o no me la creo o me satura por exagerada. En la técnica Lincoln es muy buena película. Conceptualmente (el cómo se ha abordado la narración y con qué intenciones) resulta un tanto manipuladora. Como entretenimiento se queda a medio camino.

Los miserables


Les Misérables, 2012, EE.UU.
Género: Musical.
Duración: 158 min.
Dirección: Tom Hooper.
Guión: William Nicholson, Alain Boublil… Victor Hugo (novela).
Actores: Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Amanda Seyfried, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter, Eddie Redmayne, Samantha Barks.
Música: Claude-Michel Schönberg.

Valoración:
Lo mejor: Hugh Jackman y Anne Hathaway. Dirección artística: vestuario, decorados.
Lo peor: La dirección echa a perder el potencial visual. El guión tiene demasiados altibajos.

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Los miserables es una montaña rusa, pero en sentido literal: un momento épico o emotivo es seguido por uno frío, anodino; un punto álgido de la trama salta a un receso fallido; un personaje atractivo da paso a otro malogrado. La rivalidad entre Valjean (Hugh Jackman) y Javert (Russel Crowe) se presenta prometedora, y la sección de Fantine (Anne Hathaway) es breve pero cautivadora. Sin embargo la narración se desarrolla a trompicones, con lo que poco a poco va dejando ver su inconsistencia, lo que le cuesta mantener el tono y ritmo: saltos temporales nada fluidos (Valjean pasa de preso fugado a alcalde querido en un tris), irregular inclusión de tramas y personajes secundarios, cambios de estilo bruscos… El paso a comedia, con la aparición de la esperpéntica pareja formada por Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, resulta cutre, por decirlo directamente, y rompe con toda la intensidad y seriedad anterior de forma fatídica: parece otra película. El romance entre Cosette (Amanda Seyfried) y Marius (Eddie Redmayne) no es capaz de despertar interés, porque se aborda de forma muy precipitada. Más atractivo resulta el amor no correspondido de Éponine (Samantha Barks, quien hizo el mismo papel en el musical un par de años antes), quizá porque al ser una historia más secundaria no deja la sensación de que le falta fuerza y tiempo. La atropellada revolución promete un punto álgido de impresión… y sabe a polvo, porque no hay acción digna de citar y aunque se supone que es el momento cumbre de algunos personajes no termina de resultar todo lo emocionante que debiera. Desde ahí la cuesta abajo es imparable, todo el tramo final se compone de escenas poco sustanciosas e incapaces de cerrar bien las tramas. Los protagonistas principales se difuminan y siguen un camino poco claro o poco atractivo. El final de Javert me resulta confuso y poco verosímil. La boda de rigor y el reencuentro supuestamente emotivo tras una separación absurda no me transmitieron nada. Los secundarios no dejan huella alguna: han pasado pocos días desde que vi la película y no recuerdo sus destinos. Y el trasfondo histórico que parecía importante en algunos momentos finalmente no lleva a ninguna parte.

La dirección termina de matar el relato. Es una pena que tras el estupendo trabajo que realizó Tom Hooper en El discurso del rey, donde se apoyaba firmemente en una sublime labor de fotografía y exprimía cada escenario y personaje con sabiduría, aquí haya pensado que la narración requería un tratamiento del mismo estilo pero incluso aumentando la importancia del personaje como foco central de la escena. Y no, pronto se ve que esta cinta requería otra forma de hacer las cosas. El impactante prólogo en el dique y un par de planos de la ciudad y la plaza son lo más espectacular que se puede ver, el resto de escenarios y decorados son echados a perder porque la escenificación se limita a poner el careto del protagonista delante, y en monónotos primerísimos planos, no en elaborados y cautivadores planos de medio cuerpo o cuerpo entero como en El discurso del rey. La enorme labor de dirección artística no se aprovecha, la épica de la historia se echa a perder, las posibilidades de cada escenario equivocadamente se dejan de lado.

Como aficionado a la música de cine esperaba mucho más de una obra de este género. El tema de Fantine está muy bien, pero el resto se mantiene en una línea muy semejante, sin alejarse mucho del tema central; de hecho a veces he tenido la sensación de que se repetían canciones. Algunas introducciones con coros son interesantes, y por el lado contrario hay mucho tarareo sin realmente cantar que acrecienta esa sensación de que realmente no hay números musicales llamativos o canciones que dejen huella. Y teniendo en cuenta de que proviene de un musical de gran renombre, achacaré su falta de garra a que cada canción pierde fuerza al estar sumergida en una narración un tanto desequilibrada.

Los actores están todos estupendos, tanto en voz como en interpretación, pero dos nombres destacan de forma impresionante: Hugh Jackman ofrece un recital extraordinario, pero es que lo de Anne Hathaway es indescriptible: cuánta energía, qué voz, qué facilidad para transmitir la tragedia que vive el personaje. Russell Crowe es el único punto débil: será un gran intérprete, pero se nota que no tiene experiencia en canto, y su gutural voz no basta para disimularlo.

Me alegro de no haber visto la versión española, un extraño cruce entre doblaje y subtitulado: doblan las cuatro frases que no son cantadas (con lo que debe de quedar muy raro) y se empeñan en que los subtítulos rimen, con lo que resulta un lenguaje tipo Yoda que además acaba siendo poco fiel al diálogo original.

La noche más oscura


Zero Dark Thirty, 2012, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 157 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guión: Mark Boal.
Actores: Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong, Stephen Dillane, James Gandolfini, Fares Fares.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena, ritmo estable y con un pico final excelente.
Lo peor: Narración fría, personajes poco definidos.
Mejores momentos: El tramo final, desde que localizan la casa hasta el fin del asalto: Maya apuntando los días, las reuniones, los helicópteros, la tensión en cada puerta y pasillo de la casa.

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Zero Dark Thirty es una película atrevida. Primero, porque Kathryn Bigelow se la jugó sacando a la luz información que la CIA consideraba secreto de Estado, lo que le podría haber acarreado notables problemas legales. Por suerte, o no eran secretos tan importantes (los helicópteros si acaso, el resto se ve tal cual en el documental de National Geographic), o han pasado de complicarse la vida persiguiendo a alguien famoso. Segundo, porque la historia tiene una carga política y moral que tanto dentro como fuera de Estados Unidos podría tocar la sensibilidad de muchísima gente. Pero Bigelow ha sido muy inteligente al hacer un relato casi documental, limpio de juicios y valoraciones, que se limita a narrar hechos tal y como ocurrieron. Esto no ha impedido que los lloricas habituales hayan atacado a la película diciendo que vende tal o cual mensaje, cuando evidentemente no lo hace, pero allá ellos, pues así quedan en evidencia. Las cuestiones y críticas que las haga cada uno como le plazca, pero sobre EE.UU., no sobre la película: el asesinato de Osama Bin Laden sin juicio, la invasión de un estado soberano como Pakistán sin pedir permiso, las cárceles secretas de la CIA por todo el mundo, las torturas inhumanas… Estoy sorprendido y agradecido de que una obra proveniente de Hollywood, y más con esta temática, no incluya los habituales mensajes más o menos descarados o maquillados que aparecen en muchas de sus producciones.

El problema es que este estilo es difícil de manejar, pues de aséptico y neutro es fácil pasar a frío y distante. Aunque la cinta tiene un ritmo excelente y el avance de la investigación resulta bastante fluido, desde el principio hasta el final le pesa bastante la sensación de frialdad, de lejanía. No se pierde el tiempo en describir personajes secundarios, en situarlos por la trama y llevarlos de un punto a otro. Salen y entran de la historia constantemente, algunos tienen una sola escena, y muchas veces ni se indica quiénes son, con lo que todos parecen usarse únicamente como canalizadores de alguna parte de la trama, sin darles entidad ni hacerlos atractivos de cara al espectador. Cuesta hacerse una idea de quién es quién en la cadena de mando de la CIA: el director, el enlace con el gobierno, el ayudante de uno u otro, algún director de destacamento, agentes varios… También tengo que decir que cuando uno de esos roles secundarios cobró un repentino protagonismo estaba claro que era para forzar que su muerte resultara impactante… pero el tiro sale por la culata: el personaje tenía que haber sido atractivo desde el principio, darle tanta importancia de golpe sólo anuncia descaradamente que va a morir.

Siguiendo con la falta de claridad, se sueltan datos sin hacer el más mínimo esfuerzo por dar pistas sobre su significado: las siglas de agencias y organizaciones con toda probabilidad te sean desconocidas, y parece que a Bigelow le da igual, apáñatelas como puedas. Y qué quieres que te diga, pero si no sabes que el ISI es el servicio de inteligencia paquistaní, o qué demonios es eso de KSM que tanto mencionan (un terrorista capturado, uno de los principales artífices del 11S y otros atentados), muchas escenas y averiguaciones no podrás entenderlas del todo.

Por todo esto decidí ver la película por segunda vez, para comprobar si con la Wikipedia y la ficha de IMDB a mano, buscando cosas, mirando los rangos o trabajos de cada rol, le sacaba más jugo a un filme que me resultó entretenido pero bastante inerte, incapaz de emocionarme como para recordarlo con agrado. ¿Puedo decir entonces que Bigelow erige un thriller que se puede disfrutar en dos niveles, primero dejándose avasallar los acontecimientos y luego analizándolos a fondo? Pues no, porque todos estos caracteres siguen siendo entes sin alma que entran y salen de la gélida narración sin aportar mucha esencia.

Sin embargo, siendo Bigelow y el guionista Mark Boal conscientes de que sin un personaje con el que el espectador congenie no hay manera de hacer interesante la historia, es evidente que pusieron esfuerzo en mostrar un rol central más fuerte. Y la jugada sale bien, pero no espectacular, pues este clásico protagonista contra el mundo también peca de ser demasiado distante y superficial. Sí, es consistente y atractivo (su evolución está bien desarrollada), y tiene algunos buenos momentos, pero no puedo quitarme de encima la impresión de que le falta definición (qué la motiva, qué piensa en los momentos clave) y de que en definitiva no es un personaje con el carisma y fuerza suficiente como para hacer que su aventura sea capaz de dejar huella en el espectador. Además hay que decir que, si ella es el foco de la narración, por qué demonios la olvidas en el momento cumbre de su carrera: en el asalto final casi no sale, cuando era crucial ver su reacción en cada paso del mismo. Y lo contrario ocurre en el epílogo: para qué me la sacas llorando cuando ha acabado todo si no me das algo que explique la situación. ¿Llora de alivio porque ha terminado su difícil odisea? Tampoco me explicaste por qué puso tanto empeño en ella, así que no esperes que ahora de repente me interesen sus tribulaciones. La película hubiera debido acabar cuando mira el cadáver de Bin Laden y sale por la cortina: ya no hay más que contar sobre Maya. También tengo claro después de haber visto a Jessica Chastain en algunos muy buenos papeles (en especial en Criadas y señoras), no entiendo por qué ha causado tanta sensación, si su interpretación es correcta sin más.

Si la película destaca como entretenimiento de calidad es por su milimétrica puesta en escena, capaz de mantener el ritmo e interés incluso en largos tramos donde no está ocurriendo realmente nada extraordinario. Los pasos de la investigación se atacan todos con intensidad, consiguiendo que los saltos de uno a otro no pierdan fuelle. Aun sin mostrar algo con mucha esencia (ninguna escena impacta: el interrogatorio es sencillo, las averiguaciones iniciales no son muy trascendentes) la proyección avanza sin achaques. Y desde que se descubre la casa sospechosa, el subidón es notable, pues por fin hay un rumbo más claro, una trama más consistente y varios personajes secundarios con presencia más concreta y definida. Cómo suben y bajan los datos por la cadena de mando, cómo luchan y dudan por la viabilidad del asalto, la insistencia de Maya marcando los días en el cristal del despacho de su superior, las averiguaciones sobre la casa basadas en una observación externa y finalmente el espectacular asalto garantizan un entretenimiento de primera.

En estos momentos de mayor trascendencia la puesta en escena realza la narración de forma impresionante: en realidad el asalto a la casa son cuatro tiros, pero Bigelow llena media hora con ello y consigue que sea trepidante e intensa como la mejor cinta de acción. La excelente planificación, la cámara siempre puesta en el mejor sitio posible, el montaje perfecto, la fotografía e iluminación de calidad, el uso del sonido (efectos sonoros de impresión), la excelente y sutil banda sonora de Alexandre Desplat… No hay duda de que Bigelow es una directora de gran calidad, y de que Zero Dark Thirty sin esta realización de tan buen nivel podría haber sido un telefilme anodino.

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórica, aventura, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

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Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

Troya (Director’s Cut)


Troy, 2004, EE.UU.
Género: Histórica, aventura, drama.
Duración: 196 min.
Dirección: Wolfgang Petersen.
Guión: David Benioff.
Actores: Brad Pitt, Diane Kruger, Eric Bana, Orlando Bloom, Saffron Burrows, Julian Glover, Brian Cox, Brendan Gleeson, Sean Bean, James Cosmo.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: La dirección, sobre todo en las escenas de luchas, es de primerísima calidad. Vestuario y decorados de gran nivel.
Lo peor: El guión es quizá demasiado sencillo. Algunos actores son mediocres. La incomprensible decisión de cambiar la banda sonora original: de obra maestra de Yared a un pobre trabajo de Horner.
Mejores momentos: Todas las peleas donde están Aquiles y Hector… o más bien todas las batallas.
La frase: A veces hay que servir para poder comandar.

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Escribí el comentario de Troya allá por el año 2006, y algunas veces que he vuelto atrás la vista no terminaba de convencerme cómo planteé mi opinión, por no decir que con el paso del tiempo he ido apreciando la película cada vez más. El visionado del Director’s Cut me abrió los ojos definitivamente: Troya es muy buena película, a pesar de las irregulares críticas que se llevó en su momento y de que incluso en aquél entonces a mí tampoco me llenó del todo. Así pues, he actualizado la crítica.

Entre la versión estrenada en cines y el Director’s Cut no hay ni un solo cambio que vaya en la línea de añadir escenas dedicadas a ahondar en personajes o a extender partes de la trama que presumiblemente tuvieran que quedarse en la nevera porque se sobrepasaba la longitud aceptada como viable comercialmente. Sin embargo, sí cambia mucho el tono, porque todo lo que se añade es relativo a su crudeza visual. Hay nada más y nada menos que media hora más dedicada a breves planos aquí y allá de sangre, espadazos violentos y escenas de luchas y saqueos. En el tramo final, con el asedio a Troya, ese cambio de tono se hace aún más palpable, porque aquí se incluye gran cantidad de pequeñas escenas que aumentan la longitud, fuerza, dureza y drama de las imágenes, consiguiendo que la breve escaramuza vista en la película (se centraba más en la victoria o caída de los protagonistas) resulte más que trágica durísima: palizas, violaciones, niños estampados contra la pared, muerte, fuego y destrucción por doquier. En resumen, Troya no cambia sustancialmente como lo hizo en El reino de los cielos, pero sí gana en espectacularidad y realismo y tiene un desenlace más intenso y dramático.

El guión de David Benioff parte de una premisa y unas bases simples desde la que aborda conflictos clásicos con bastante acierto. La ambición política y militar, los héroes, el deber, la familia, la patria, etc., forman parte de una trama bélica con tintes históricos que describe muy bien el proceso de la guerra, acertando de pleno a la hora mostrar con detalle cómo se desarrollan las batallas. Sin embargo el dibujo de los personajes no es tan detallado, pues las motivaciones de algunos resultan poco trabajadas, sin aristas, sin matices que los hagan destacar con intensidad. La representación de héroes y princesas funciona muy bien con la familia de Héctor, aun contando con esa falta de empaque que les haga resaltar como grandes roles, pero en cambio otros quedan muy deslavazados. Aquiles es el que peor parado sale, pues su forma de ser no se trabaja apenas y su evolución resulta demasiado evidente y poco atractiva. Igualmente, la política de los reyes termina siendo monocromática después de tanto prometer, hasta el punto de que Agamenón acaba algo caricaturizado. Algunos secundarios, como Briseida, Odiseo o Príamo resultan bastante interesantes (Odiseo incluso se me antoja infrautilizado), pero estos hacen destacar aún más la falta de calidad de algunos de los roles principales.

Pero si por algo destaca Troya es por su fastuosa puesta en escena, que realza las virtudes que guarda el libreto hasta conseguir una cinta épica espectacular. Wolfgang Petersen, aprovechando al máximo el amplio presupuesto, ofrece un festín de batallas realizadas con la mayor claridad que he visto en ninguna película, olvidando la moda de agitar la cámara y embarullar todo de efectos digitales, un recurso facilón y pobre del que abusan directores mediocres últimamente en las películas de corte semejante (Peter Jackson en El Señor de los Anillos a la cabeza). La minuciosidad con que se planifica el rodaje, desde las estrategias de ejércitos hasta las luchas mano a mano entre los protagonistas, es bien palpable y se capta en imágenes de forma magistral. Cada conflicto o batalla tiene un sentido y una forma perfectamente identificable, destacando especialmente el fantástico contraste entre la técnica de Héctor (limpia, de manual) y la de Aquiles (bruta y llena de recursos fruto de la experiencia en numerosos combates).

El ritmo es bastante bueno: las dos horas y cuarenta minutos de la versión de cines o las tres y cuarto de la completa no se hacen largas. Aunque algunas partes sin acción resulten algo faltas de empaque o trascendencia, otras tienen mucha fuerza, como la intensa petición de Príamo a Aquiles en pleno campamento de este último (su enemigo). También me gusta lo hábilmente que se presenta la historia: tras el prólogo pasamos rápidamente al desencadentante del conflicto (el romance entre Helena y Paris), sin perder el tiempo, sintetizando muy bien la situación política y la posición de cada rol en la aventura.

En cuanto a actores, este tipo de producciones es muy proclive a facilitar interpretaciones de gran nivel, pero lo cierto es que aunque tiene un reparto correcto no brilla especialmente. Brad Pitt y Orlando Bloom están muy flojos (este último es especialmente irritante), Eric Bana cumple pero no destaca y las chicas (Diane Kruger, Rose Byrne) se desenvuelven bien en papeles limitados a poner cara de pena mientras ven a los machos hostiarse en el sinsentido de la guerra. Los que sí destacan son el resto de secundarios, todos figuras de sobrada experiencia: Peter O’Toole (aunque sobreactúa en algunos momentos), Sean Bean, Brian Cox, James Cosmo y Brendan Gleeson resultan imponentes y hacen pensar en la errónea idea de elegir actores con más fama que habilidades para los papeles principales.

Una mención especial merece el tema de su música, una historia bastante conocida por los fans del género (vean aquí el artículo que le dediqué). La banda sonora original recayó en un compositor poco conocido pero de sobrada experiencia en el estilo buscado, Gabriel Yared (El paciente inglés). Realizó una composición completamente acorde con la temática del filme: música apoteósica, heroica, que emula la época antigua (ver artículo). Precisamente por eso fue descartada: en los pases de prueba las quejas del público fueron encaminadas principalmente a recalcar que la música sonaba antigua. Ridículo pero cierto. Así que los productores se buscaron algo más comercial, y se recurrió a un contrato de última hora con James Horner, quien tuvo la ardua tarea de crear una partitura compleja y larga en poquísimas semanas. La labor que ofrece un Horner que estaba en unos años de bajón es un auto-plagio constante de sus peores sonidos, utilizados aquí con una exasperante repetición. Una obra bastante vulgar que acompaña a las imágenes sin motivos musicales claros, sin la conexión necesaria (ver artículo). Sin duda hace perder algunos puntos a la película, y los amantes de la obra maestra compuesta por Yared soñábamos con ver un montaje con su partitura algún día, pero viendo que el Director’s Cut es la edición final esa esperanza se desvanece.

Troya no deja ningún personaje o trama para la posteridad, y desde luego no resulta en conjunto una película con la fuerza suficiente como para ganarse un hueco en los anales del cine, pero dentro del género es un título muy gratificante, sobre todo porque en lo relativo a narrar batallas de época supone una producción ejemplar difícilmente superable. Queda lejos de la complejidad y trascendencia de Gladiator, Braveheart o Espartaco, pero merece ser mejor considerada de lo que está.

¡Rompe Ralph!


Wreck-It Ralph , 2012, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 108 min.
Dirección: Rich Moore.
Guión: Rich Moore.
Actores: John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyk, Mindy Kaling, Ed O’Neill.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Muy original y entretenida.
Lo peor: Pero en el fondo muy sencilla y predecible en ocasiones.

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Rompe Ralph es en el fondo una historia sencilla, el clásico cuento de superación personal a través de un viaje que tiene bastante de cuento de príncipes y princesas (Vanellope es la princesa destronada, King Candy el brujo o rey malvado, y Ralph el héroe bonachón). La aventura se envuelve en un entorno que recuerda un poco a Monsters S.A. (la dinámica de trabajo la trae a la memoria, sobre todo cuando paseamos por la sala central) pero sigue su propio camino: resulta una sabia mezcolanza de referencias al mundo de las salas de juegos, dando vida a los personajes y argumentos clásicos en un sinfín de homenajes y parodias.

La plasmación de este imaginario en un guión coherente y atractivo no ha debido de ser fácil. Había que recrear el mundo presentado de forma que resulte verosímil de cara al espectador, introducir la aventura en él atendiendo a sus reglas, colar referencias en cantidad para no perder la idea de homenajear a los videojuegos y, finalmente, todo debía cuadrar a la perfección, formar un todo sólido donde la historia fluya con ritmo y sea capaz de entretener. El resultado es digno de elogio: la cinta es original, trepidante y divertida como cabe esperar de una buena película de animación. Aunque en este caso, no tengo claro que sea para público infantil: me pregunto es cuánto entenderán los espectadores no adultos, los que no han crecido en ese mundo.

Sin embargo, a la larga el tono de cuento simplón va tomando protagonismo, sobreponiéndose a la dinámica original con que se iniciaba la proyección. Conforme va acercándose el desenlace se ve que hay más artificio que contenido real y la narración se va tornando cada vez más lineal y previsible. Se ve venir muy de lejos cada acción y resultado, y si bien su ritmo y capacidad de entretener apenas se ven afectados, es indudable que algo de emoción sí pierde: termina siendo un relato de escasa trascendencia, incapaz de dejar huella. A ratos parece una película para rememorar nuestra infancia, y a ratos una de Disney muy clásica.

Por cierto, la floja Brave se llevó el Oscar a mejor película de animación, algo más que discutible viendo que Rompe Ralph es claramente superior. Supongo que su tono conservador atrae más a los viejales de la academia que esta historia más modernizada. Y lo curioso es que la vi pensando que era de Pixar y que el tono Disney influía demasiado (para mal), pero como me han aclarado en los comentarios, en realidad es Disney con influencia de Pixar, lo cual invierte el sentido, pero aunque en este caso salgamos ganando no elimina la sensación de que no me gusta que se fusionen ambas formas de hacer cine.