El Criticón

Opinión de cine y música

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Los Vengadores: La guerra del infinito


Avengers: Infinity War, 2018, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 149 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Chris Evans Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Chris Pratt, Josh Brolin, Tom Holland, Don Cheadle, Chadwick Boseman, Zoe Saldana, Karen Gillan, Tom Hiddleston, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Idris Elba, Danai Gurira, Benedict Wong, Dave Bautista, Pom Klementieff, Gwyneth Paltrow, Bradley Cooper.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Equilibrio impecable entre acción y personajes, con dosis de humor geniales y momentos dramáticos memorables.
Lo peor: Cierta cobardía con los héroes más poderosos, un final de serial sensacionalista barato.
Mejores momentos: El encuentro con los Guardianes de la galaxia. La lucha en Titán.
El título: Otro título a medio traducir.
La pregunta: ¿Titán es la luna de Saturno o un planeta imaginario? No queda nada claro.
La frase: La Tierra está cerrada hoy– Tony Stark.

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Alerta de spoilers: Hasta próximo aviso sólo describo el argumento.–

Qué película más difícil y qué bien han salido parados sus muchos implicados. Tantos guionistas, directores y por extensión visiones e ideas como ha tenido la serie, y salvo aquella innombrable El increíble Hulk (2008), que ya nadie cuenta como parte de ella, no ha habido grandes meteduras de pata, ha mantenido un nivel de calidad y coherencia bastante estable, algo nunca visto hasta ahora en sagas cinematográficas. Sin duda, el principal factor que explica el éxito es el férreo liderazgo del proyecto que ha mantenido Kevin Feige, bajo cuya batuta no se han dado los habituales giros que han hundido muchas otras sagas: egos varios (productores y realizadores) metiendo mano cada cual por su lado, falta de planificación y compromiso, y las consecuentes improvisaciones de última hora. Ahí tenemos como triste modelo la otra gran línea de superhéroes, La liga de la justicia, que se ha estrellado a lo grande una y otra vez en cada capítulo, o muchas otras que se empeñan en extender de mala manera, como Alien o Terminator.

Desde el prólogo, los guionisas Christopher Markus y Stephen McFeely y los directores Anthony Russo y Joe Russo dejan claro que no van a escatimar en la cantidad de acción y épica que esperábamos en esta unión de todos los personajes, pero también sus intenciones de no ablandarse y darnos la película dura y trágica que hay latente. La proyección resulta más que espectacular y entretenida abrumadora, e incluso se atreven a jugar con la frustración del espectador: tanta humillación, sufrimiento y derrota deja bastante mal cuerpo.

Cada personaje está en su línea, terminando de desarrollar su trayectoria sin giros forzados para justificar una exposición más fácil de los acontecimientos. Vemos a cada uno de ellos en todas sus decisiones y acciones, en cada frase y diálogo, en sus conflictos internos y en cómo van asimilando esta complicadísima odisea. Todos son vapuleados de lo lindo, poniendo a prueba como nunca antes sus capacidades, no sólo las físicas, sino también mentales. Sin duda hay “fan service” (escenas que dan a los seguidores lo que esperaban), pero ninguno parece postizo, los exprimen muy bien. Por ejemplo, el ansiado encuentro entre Stark y Strange es fantástico, y el de los Guardianes de la galaxia con cualquiera (Thor, Stark) también.

Thanos es un villano bastante bien trabajado dentro de la dificultad inherente al género, por eso de ser una descripción genérica del Mal. Describen a un clásico pero efectivo tirano iluminado que pretende un universo mejor a base de provocar un cambio a gran escala mediante caos (evolución forzosa) y exterminio (purificación). Con una breve pero correcta aproximación a su interior (pasado, sentimientos) conocemos algo de su personalidad y motivaciones, sus obsesiones y contradicciones, con lo que su determinación tiene lógica humana suficiente para resultar un personaje verosímil… mucho más verosímil que en el cómic, donde está enamorado de la muerte y quiere destruir medio universo para llamar su atención (¡!). Se redondea con el carisma que desprende a pesar de ser una creación digital y el gran reto que supone para los héroes. Además, va acompañado de algunos secundarios tan llamativos que dan ganas de haber visto alguna entrega dedicada a ellos, tanto para explorar otras opciones (al ser bichos raros y malvados podían haberse atrevido con películas más arriesgadas) como para conocer mejor sus personalidades y poderes, con lo que aquí darían incluso más juego.

La acción, eje principal de la narrativa, es capaz de mantener un gran nivel no sólo por el excelente trabajo de los hermanos Russo y el equipo técnico (banda sonora vibrante, efectos especiales magníficos), sino sobre todo gracias a la conexión con los excelentes protagonistas. Es muy difícil sorprender a estas alturas, tras tantas obras del género los escenarios posibles ya están prácticamente agotados. Así, tenemos más naves sobre capitales (Nueva York, Wakanda) soltando bichos y destrucción, pero no importa mucho, porque las circunstancias son diferentes y los personajes también, pero, sobre todo, estos son solo momentos puntuales, el resto del relato es bastante impredecible, no sabes dónde va a acabar cada héroe y cómo se va desarrollar la lucha contra Thanos, y eso, hoy en día, es muy valioso. Cuando llegamos a los momentos cumbre acabamos desbordados de emociones, agarrados a la butaca sin poder ni pestañear. Destaca la sobrecogedora lucha en Titán, que te mantiene en vilo por el destino de los implicados, su lucha en apariencia fútil.

A las mil maravillas funcionan también los recesos humorísticos que, como en Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Thor: Ragnarok, juegan con gran habilidad con los reveses de los protagonistas y las situaciones incómodas. El citado encuentro de los Guardianes con Thor es tronchante, y detrás de cada chiste hay desarrollo de personajes. También hay numerosas salidas absurdas pero geniales que realzan pasajes más solemnes con un subidón, como la petición de Gamora a Quill terminada con la parida del simple de Drax.

Pero aunque sea una cinta memorable y deslumbrante no se libra de tener algunas carencias en apariencia fácilmente evitables que pueden empañar el visionado en ocasiones. Alguna se puede perdonar, como que con tanto personaje algunos queden un poco descolgados. Pero aun así no puedes dejar de preguntarte si el Capitán América no debería haber tenido más presencia, dado que es uno de los protagonistas principales, o si Ojo de Halcón no aparece porque no se han esforzado o si ha habido alguna pelea con el actor, pues aunque sea un secundario no tiene mucho sentido dejar fuera a uno de los fundadores de Los Vengadores. Tampoco se entiende que no muestren el destino los compañeros de Thor: Ragnarok, ya que la presente comienza justo donde acaba aquella: no hay rastro de la amazona, ni del trol raro (Korg), ¿están vivos o muertos? Y por extensión, ¿sobrevive alguien en la nave? Porque de no ser así el pueblo de Asgard está prácticamente extinto.

El problema se agrava con la arbitraria forma de dejar de lado o guardar para luego a algunos de los superhéroes con más poderes, lo que denota cobardía o un intento de tener un giro posterior un tanto burdo. Me creo que haya una riña entre Banner y Hulk, pero es normal que muchos espectadores se quejen de que lo están reservando para la segunda parte. Donde no hay mucho margen para perdonarlo es con Visión, con quien tras tanto esperar verlo en acción desatado va y lo apartan de mala manera, como si no se atrevieran a meterlo en batalla; con Bruja Escarlata es aún peor, porque llevamos varios capítulos sin terminar de conocer a fondo su personalidad y poderes, y aquí tampoco los exploran, sino que la guardan como recurso de última hora. Y vista su fuerza, pues cabe plantearse por qué no está en primera línea marcando una diferencia en vez de esperar a estar ante una derrota inminente.

También tengo quejas con un pasaje que tiene más relevancia de la que parece por la simpleza de su ejecución: el reto de Thor con la creación del arma es un poco tonto. Acepto que quisieran reincidir en su sacrificio y renacimiento (a pesar de que había quedado claro en Ragnarok), pero el escenario es muy mejorable. Por suerte, como indicaba, los personajes son tan buenos que pueden sostener cualquier historia sin muchos problemas. Lo que menos me ha convencido es el final de serial sensacionalista barato, el típico giro exagerado acompañado de música melodramática que deja todo patas arriba de forma que parece imposible arreglarlo, pero que huele a la legua que será revertido a los pocos minutos de entrar en el siguiente capítulo.

Queda un año por ver si los Russo son capaces de mantener un listón que han puesto muy alto y resolver incógnitas. Esta primera parte es todo un hito cinematográfico, tanto por suponer el colofón a una serie tan popular como por su extraordinaria calidad, pero si lo rematan bien puede dejar huella durante décadas.

Alerta de spoilers: A partir de aquí comento el final a fondo y especulo sobre el siguiente episodio.–

Está claro que el golpe maestro de Thanos es temporal, que resucitarán a todos los que han desaparecido con esa mitad del universo exterminada. Algunos tienen nuevas entregas anunciadas, y aunque no las tuvieran no hay quien se lo crea, ni que vamos a dejar el universo y la Tierra diezmados. Es más, me atrevo a decir que irán más lejos y resucitarán incluso a los que no han muerto antes del final, como Gamora o Heimdall (y de paso, si siembran la duda de si Loki está muerto, es que no). Aquí se echa mucho de menos a Joss Whedon. Este no se andaba con giros trampa, las muertes de personajes en sus manos eran creíbles y crueles como en la vida misma. Así pues, ya pueden hacer medianamente creíble la reversión de los acontecimientos, porque de no hacerlo puede lastrar a este capítulo también. Por cierto, volviendo a Heimdall, ¿por qué en el prólogo salva solo a Hulk?, ¿no podía lanzar por el bifrost también a Loki, Thor y todo el que andara cerca, o lanzar al espacio a los malos?

En cuanto a la conclusión de la guerra del infinito, no he leído los cómics y apenas tengo alguna idea general de los personajes que faltan por presentar, así que mi intuición se basa sólo en las películas. La clave obviamente está en Doctor Strange y el único futuro victorioso que ha visto. En este parece que la derrota es tan inevitable como en los demás, a tenor de cómo ha actuado, así que de haber una salida podría encaminarse por convencer a Thanos de que su idea del sacrificio por un bien mayor es absurda y él rehaga el universo por voluntad propia. Sin ir más lejos, toda la película habla del sacrificio: ¿cuánto está cada uno dispuesto a sacrificar por la supervivencia de la mayoría? Y todos se equivocan en su elección, porque como se demuestra con Thanos, esta trampa ética es más absurda cuanto más grande es la escala. Otra cosa es que los productores se acobarden y tiren por la acción pura y dura: ganar a Thanos, quitarle las gemas, y deshacer los cambios sin más implicación, sin el subtexto hasta ahora desarrollado.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
-> Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

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The Disaster Artist


The Disaster Artist, 2017, EE.UU.
Género: Drama, comedia, biografía.
Duración: 104 min.
Dirección: James Franco.
Guion: Scott Neustadter, Michael H. Weber. Greg Sestero, Tom Bissell (novela).
Actores: James Franco, Dave Franco, Ari Graynor, Seth Rogen, Alison Brie, Jacki Weaver, Zac Efron, Josh Hutcherson.
Música: Dave Porter.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, simpatía que despiertan los protagonistas en sus tristes vidas.
Lo peor: No tiene la suficiente pegada en el drama, no funciona como descripción del mundo de Hollywood, y como comedia se queda cortísima.
El título: ¿Pero por qué no lo traducen?

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The Disaster Artist se ha llevado por lo general buenas críticas, pero a mí me ha parecido un título que se queda en tierra de nadie, en el olvido nada más acabar el visionado. Despierta cierta simpatía con unos protagonistas peculiares y que suponen un buen ejemplo de problemas básicos del ser humano, como la torpeza con las relaciones y los sentimientos y por extensión inadaptación para una vida considerada normal, pero es incapaz de desarrollar a fondo los muchos frentes que pone en bandeja el retrato biográfico del extravagante Tommy Wiseau.

El drama es correcto pero un tanto superficial. Había margen para profundizar bastante más en los conflictos internos y sociales de los protagonistas. No hay sensación de dirección, de que están contando algo concreto, y ninguno de los escenarios y aventuras tiene enjundia como para calar hondo y dejar huella. Por ello algunas partes en apariencia más relevantes y con potencial (como el juego con la pelota hacia el final, intentando recuperar la dinámica rota) parecen llegar tarde y estar desaprovechadas.

El humor emerge casi sin querer de lo absurdo de la situación, pero el guion es incapaz de explotarlo como es debido. Hay latente una gran comedia de que explore tanto el demencial rodaje como la vergüenza ajena que provocan sus personajes, en la onda de The Office de Ricky Gervais (2001) y todas las que vinieron después, destacando sobre todo su gloriosa versión estadounidense (Greg Daniels, 2005). También da la sensación de que se desperdicia una buena oportunidad para parodiar el mundo Hollywood, como El séquito (2004) pero en una línea más descabellada.

Da la impresión de que el director James Franco y los guionistas pecan de blandos y cobardes, que han ido con miedo a no respetar y agradar a las personas reales implicadas en esta surrealista odisea. Por ejemplo, me niego a creer que no se pueda saber de dónde sacó Wiseau todo el dinero que tenía, con una pequeña investigación se podría averiguar. Pero pretenden formar un halo de misterio un tanto burdo antes que ahondar en los hechos. De todas formas, ese es un detalle menor, el problema es que en general había espacio para desarrollar un drama más elaborado, una crítica más ácida y una comedia más ingeniosa, pero se queda a medio camino de todo.

El reparto es lo único que puede hacer que te acuerdes de la película días después. James Franco está inmerso completamente en la enigmática figura de Tommy Wiseau, mimetizado hasta resultan indistinguible si pones al lado las escenas reales. Y su hermano Dave Franco no está nada mal como un joven un poco torpe pero no hasta el punto de ser antisocial.

Todo el dinero del mundo


All the Money in the World, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: David Scarpa, John Pearson (novela).
Actores: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Andrew Buchan.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante entretenida.
Lo peor: Irregular, no se decanta por un género concreto. Un tanto pagada de sí misma para lo poco que ofrece: nada destaca, nada deja huella. Abandona a veces la fidelidad a los hechos pero sin terminar de aportar algo llamativo con los cambios.
El dato: Empieza la narración afirmando que fue el más rico de la historia, lo cual es falso. Ni entre los diez primeros entraría.

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La historia real es bastante peculiar e impactante, teniendo material de sobras para lograr una película muy jugosa ya se inclinara por la crítica social (ricos y pobres, ambición y fracaso), por la comedia (todo fue bastante salido de madre), por el suspense (la investigación del secuestro) o por el drama (la tragedia familiar), o incluso por una combinación de un par de ellos, porque una mezcla más amplia garantiza casi seguro un resultado caótico o todo lo contrario, no llegar a nada de lo que se pretende. Esto último es lo que le ha pasado a esta adaptación de David Scarpa y Ridley Scott. No se deciden a elegir un género y explotarlo al máximo, quedándose en tierra de nadie, en un entretenimiento pasajero sin mucha pegada ni una personalidad concreta.

En su primer acto apunta maneras, pero las buenas sensaciones no duran mucho. Tiene un punto de humor negro bastante correcto, ironizando con la situación sin parodiarla ni criticarla en un sentido concreto, sino simplemente jugando con su extrañeza. De hecho, se agradece la perspectiva neutral, que no toma partido por un personaje u otro. Lo fácil hubiera sido mostrar a la mujer de víctima y al viejo de villano. Pero desde el primer momento quedan claras las motivaciones, el estilo de vida de cada uno, con una naturalidad muy certera. El anciano se ha cerrado sobre sí mismo sin confiar en nadie, encontrando consuelo en lo material, el arte, porque las relaciones humanas directas requieren mucho esfuerzo y solo traen vaivenes emocionales. Con ello logran que empaticemos con su soledad y comprendamos sus decisiones. La protagonista, nuera de aquel, no quiere vivir a la sombra de otros, pero en este mundo, sea por machismo o por otras dificultades de la vida, acaba siempre necesitando ayuda, y su odisea siempre tiene algo nuevo que echarle encima. El principal secuestrador es un maleante de tres al cuarto, pero honorable, no un psicópata, y pronto resulta simpático aunque la relación con el secuestrado no ofrezca ninguna novedad.

Pero el repertorio de protagonistas con enjundia acaba aquí, desaprovechando el potencial que había para explorar otras personalidades muy dispares y su implicación en la maraña de acontecimientos. El hijo secuestrado es un pelele sin profundidad, no nos interesamos nunca por su porvenir. El padre queda más infrautilizado aún, cuando se implicó en realidad bastante más. Y el jefe de seguridad, a pesar de su amplia presencia, no transmite nada, ni si quiera termina de quedar claro qué aporta al desarrollo de la historia.

La desgana que se pone en estos personajes se termina contagiando al relato, que no logra adentrarse en ninguno de los muchos ámbitos que toca. No causa intriga en el thriller (la trama detectivesca es insulsa), el drama no cala hondo ni tiene sorpresas, la comedia negra parece emerger por su cuenta a pesar de las trabas que le ponen. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento porque siempre va hacia adelante saltando con velocidad de una situación a otra y los personajes principales despiertan cierta simpatía, pero al no perseguir un estilo concreto y con fuerza se va viendo cada vez más su armazón, de forma que el tercer acto resulta muy predecible, tanto en los hechos como en la narrativa que imprime Scott, un tanto encorsetada y blanda: se ve a la legua cuándo va a intentar un momento dramático, cuándo uno de tensión, cuándo un personaje hará tal cosa o sufrirá algo. La música en concreto es especialmente cargante, tan empeñada en remarcar las emociones de cada escena.

Da la sensación de que el guionista, el director o ambos pensaban que el desenlace no era muy cinematográfico y deciden apartarse de los hechos reales para buscar algo más potente, pero acaban incluyendo una persecución artificial y un final feliz muy falso que no consiguen levantar el interés. En realidad el joven secuestrado acabó hecho polvo y volcado en las drogas con graves secuelas, el viejo murió años después, no a la vez que acaba esta tragedia abrumado por sus decisiones, y no hubo una caótica persecución.

El reparto es irregular. Christopher Plummer está bien pero no destaca como para merecer tantas alabanzas. Michelle Williams sobreactúa un tanto, no me creo su tragedia; es una actriz que puede conseguir mucho más. Mark Wahlberg está perdidísimo, a años luz de resultar verosímil como un mercenario curtido y sin alma que poco a poco va despertando; que se siga centrando en la acción y la comedia, que le van mejor. Al final, el más destacado es el más ninguneado, el francés Romain Duris que encarna al secuestrador italiano (¿no encontraron intérpretes italianos?): su papel es el más complejo y certero.

Cabe mencionar también el cambio de actores en el último momento: Kevin Spacey por Plummer. No lo entiendo de ninguna manera. Que cogieran a Spacey y lo maquillaran de viejo, habiendo actores con la edad adecuada de sobras. Que lo despidan por acusaciones verbales, sin juicio ni nada, y como si hubiera que censurar el trabajo de alguien por un presunto crimen que no tiene que ver con el mismo. También es lamentable lo de, en el rodaje de escenas adicionales, pagarle mucho menos a Williams que a Wahlberg, lo cual remarca el machismo y la hipocresía imperantes en Hollywood: apartan a Spacey para esquivar polémicas y se meten ellos solitos en otra igual. En cuanto al resultado, han tenido suerte de que es una película fácil, de gente sentada hablando en escenarios cerrados, y pudieron volver a rodar sin mucho jaleo. Sólo un plano de exteriores en el desierto (nada más empezar la proyección) da el cante, porque ahí metieron a Plummer en postproducción.

En estas mismas fechas se ha estrenado una serie de la HBO de diez capítulos. Sin haberla visto, parece inclinarse directamente por un tono más alocado y cómico.

Muere Miloš Forman

Miloš Forman, nacido en la vieja Checoslovaquia (hoy denominada República Checa), no es un director especialmente prolífico y popular, pero dejó unas cuantas películas bastante aclamadas, como Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), Amadeus (1984), aunque esta fuera muy sobrevalorada, y Ragtime (1981), y otras notables como Man on the Moon (1999), El escándalo de Larry Flynt (1997) o Hair (1979).

Falleció el 13 de abril en Conecticutt, Estados Unidos, con 86 años.

Filmografía, biografía.

Fallece Isao Takahata, cofundador del estudio Ghibli

Isao Takahata fue una figura fundamental en la animación, no solo la japonesa, pues su influencia abarcó el globo entero. Lupin III (1971), Heidi (1974), Marco (1976) y Ana de las Tejas Verdes (1979) dejaron una huella imborrable en televisión. En cine empezó con una menos conocida, Las aventuras de Hols: Príncipe del Sol (1968), pero cuando fundó el estudio Ghibli en 1985 con su amigo y colaborador Hayao Miyazaki empezó una carrera asombrosa con una obra maestra como La tumba de las luciérnagas (1988). Eso sí, no la recomiendo salvo que vayáis avisados de que es muy dura y deprimente.

Nació en 1935 en Ise (Japón). Falleció en Tokio el 5 de abril con 82 años.

Breve biografía y filmografía.

El ritual


The Ritual, 2017, Reino Unido.
Género: Suspense, terror.
Duración: 94 min.
Dirección: David Bruckner.
Guion: Joe Barton, Adam Nevill (novela).
Actores: Rafe Spall, Arsher Ali, Robert James-Collier, Sam Troughton, Paul Reid.
Música: Ben Lovett.

Valoración:
Lo mejor: Ambiente tenso, malsano y agobiante durante casi todo el metraje.
Lo peor: En los minutos finales no consigue mantener el nivel (aunque dista de fallar). Infravalorada mientras otras del género muy inferiores son aclamadas.

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En el cine, odio cuando como prólogo meten con calzador una historia que no pinta nada en el resto de la película, sólo porque no saben describir al protagonista principal sin tirar de un episodio dramático que deje un conflicto no cerrado con el que intentar conectar con el espectador y apoyar una evolución interna que suele ser innecesaria. Hay cantidad de títulos, principalmente de acción y terror, que usan este pobre recurso en vez de centrarse en la aventura y que el personaje sufra por lo que está ocurriendo y no por traumas anexos y sensacionalistas. Rara vez consiguen una relación orgánica con los eventos de la trama y las vivencias personales de forma que se realcen sus problemas y sus muertes o victorias impacten algo más.

Precisamente El ritual empieza con una introducción que parece de esta clase, y entre eso y que los géneros de suspense y terror dan pocas cintas originales, empecé el visionado con bastantes dudas. Pero al poco de entrar en materia se va perfilando una buena conexión entre los personajes y el trágico suceso, tanto por sus dilemas internos y los roces entre ellos como por la paranoia en que el mal que acecha en el bosque va sumiéndolos, jugando con los remordimientos y los miedos.

El realizador David Bruckner y el guionista Joe Barton le cogen el pulso al relato a la primera y lo van moldeando ante tus narices sin que se vean los trucos, pues, aunque no sea el no va más, no encontramos clichés rancios del género ni en lo argumental ni en lo visual. La historia, quizá por estar basada en una novela (de Adam Nevill publicada 2011), es más original y algo más sustanciosa de lo habitual. Aunque evidente que estamos ante lo de siempre, gente aislada muriendo en fila. No sabes por dónde va a salir, ni cómo podría acabar, alejándose así de la infinidad de cintas clónicas que saturan el mercado. Aunque inicialmente pueda recordar a ese fenómeno absurdo que fue El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), el recorrido y su calidad son muy distintos. Algunos han querido hilar un parecido con La bruja (The Witch, Robert Eggers, 2015), pero más allá de la temática de brujería no hay nada en común. Lo más cercano que se me ocurre sería el videojuego Outlast 2 (2017), y no sé si este bebió del libro o son parecidos casuales.

Juegan con lo desconocido con inteligencia, dejando con cuentagotas pistas que activan tu imaginación. El bosque pasa en un visto y no visto de ser un paisaje natural hermoso a un entorno amenazador, y conforme avanza la proyección cada vez resulta más agobiante, con picos perturbadores. La sensación de indefensión, el miedo a la oscuridad y la claustrofobia te mantienen nervioso en casi toda la proyección, sobre todo desde la noche en la cabaña, que ofrece unas cuantas escenas espeluznantes. Los personajes aguantan el tipo bastante bien, desgranando sus problemas personales con habilidad a lo largo del reto ante el que se encuentran. Y conforme se acerca la misteriosa entidad aumenta el nivel de desasosiego, con unos cuantos sustos bastante efectivos y en general un ambiente perfecto para pasar un mal rato.

El uso del sonido es inteligente, exprimiendo adecuadamente los ruidos naturales del bosque y sin abusar de los sustos sonoros. La fotografía capta muy bien la oscuridad y las sombras de forma que inquieten pero se vea algo, lo que no es nada fácil de conseguir. La música es sencilla pero efectiva, realzando sin sobreponerse y también sin subidones innecesarios. Los actores son muy competentes, en especial el protagonista principal, Rafe Spall (Prometheus -2012-, La gran apuesta -2015-).

El tercer acto parecía que no iba a perder fuelle al mostrar algunas respuestas, tanto el anunciado ritual como la criatura, sobre todo porque el diseño de esta es espectacular, algo también difícil de lograr hoy en día, pero lo cierto es que una vez puestas todas las cartas sobre la mesa la imaginación del espectador ya no puede desbocarse potenciando los temores, y el enfrentamiento final no logra ser muy impactante en sus últimos minutos. Quizá si hubieran logando un giro más ingenioso podríamos estar hablando de una cinta de culto. También, por suerte, no se extiende más de la cuenta (sólo dura una hora y media) ni intenta forzar un giro rebuscado, uno de los males del género.

Lo que me sorprende es que no esté teniendo el éxito que merece mientras otras del género muy inferiores se sobrevaloran con una locura incomprensible, como It Follows (David Robert Mitchell, 2014), Sinister (Scott Derrickson, 2012), Insidious (James Wan, 2010) o sobre todo la reciente e infame Déjame salir (Jordan Peele, 2017).

Coco

 


Coco, 2017, EE.UU.
Género: Animación, drama, comedia.
Duración: 115 min.
Dirección: Lee Unkrich, Adrian Molina
Guion: Lee Unkrich, Adrian Molina, Jason Katz, Matthew Aldrich.
Actores: Anthony González, Gael García Bernal, Bejamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Sofía Espinosa.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El tramo final, con buen ritmo, algunos giros bien logrados y cierta emoción
Lo peor: Premisa muy vista, moraleja también. Sin garra, sin profundidad ni originalidad en gran parte del metraje, incluyendo en lo visual, que no impresiona nada.

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Quizá es porque con el tiempo aparece el inevitable desgaste, o quizá porque la compra por parte de Disney (en 2006) ha dejado huella en Pixar por mucho que digan que ambas empresas están separadas en cuanto a funcionamiento interno y creatividad. El caso es que antes un bajón como Cars (2006) era una excepción, pero ahora se van multiplicando las películas menores, las que claramente se crean como productos de merchandising, y las secuelas, y aunque en estas últimas hayan salido más buenas que malas (Monsters University -2013-, Toy Story 2 -1999- y 3 -2010- y Buscando a Dory -2016- contra las de Cars), en general la sensación es que empiezan a faltar ideas y a primar la obligación de tener un estreno cada año para hacer caja. Sí, cuando se ponen serios paren genialidades únicas, pero desde la adquisición voy a cada nueva película con dudas: ¿será una Pixar genuina (Wall-E -2008-, Up -2009-, Del revés -2015-), una poco inspirada (Los increíbles -2004-, Ratatouille -2007-), o directamente una cursilada Disney (Brave -2012-, El viaje de Arlo -2015-)?

Coco entra de lleno en la última categoría. El hecho de abordar una cultura latinoamericana señalaba una apertura de miras impropia del etnocentrista Estados Unidos. El tema central más aún, pues abordar la pérdida y muerte de familiares anunciaba un título que se mojaría en un tema tabú con la delicadeza e imaginación habitual de la compañía. Y el envoltorio sobre muertos y más allá permitiría dejar volar la imaginación en la recreación visual. Pero no exploran nada de este potencial…

Está claro que la odisea del héroe fuera de su entorno, donde madurará a través de aventuras varias, es un relato primigenio en la cultura humana, pero una cosa es tomar el concepto como punto de partida más o menos inevitable y desde ahí construir una historia con personalidad propia, como las magníficas Buscando a Nemo (2003), Monsters S.A. (2001), o El rey León (1994), por seguir centrándome en la animación, y otra usar este argumento porque se sabe que funciona y no esforzarse nada.

En Coco estamos ante la misma película de siempre. Limitándome a las aproximaciones más recientes, es otra vez ¡Rompe Ralph! (2012), El viaje de Arlo, Brave, Frozen (2013) y Moana (2016). Distintos nombres y lugares, pero la misma premisa, protagonistas muy semejantes y secundarios más aún, un recorrido muy parecido y un subtexto clónico. El chico tiene aptitudes, lo que en su entorno ultraconservador se traduce en que es un inmaduro y un rebelde que traiciona a la familia y a la tradición. Romperá con todo más por mala suerte que por determinación propia, se encontrará en un viaje fantástico, aprenderá (a perseguir sus sueños, a respetar a otros, etc.), y volverá al redil más maduro y provocará algún cambio. Los diálogos son bastante flojos, sin savia ni gracia en la parte más ligera, sin profundidad en la más dramática. Los personajes son poco llamativos, un cliché detrás de otro, incluyendo el protagonista, que es intercambiable con los de los títulos citados y muchos más. Las situaciones resultan poco imaginativas, no hay escenarios que sorprendan. Cada rabieta, cada rebeldía, cada palo que se lleva y los giros en que va creciendo se intuyen de antemano y no logran ofrecer ni una pizca de ingenio que disimule sus poca imaginación.

Además, en lo visual tampoco cumple la más mínima expectativa. Abordar el mundo de los muertos, y más en una cultura tan rica en tradiciones y leyendas, abría un abanico de posibilidades infinitas donde dejar llevar la imaginación a límites nunca vistos… Pero lo que nos ofrecen es una simplona evolución de los pueblos mejicanos engalanados para las fiestas, poniendo casas en vertical y adornos por todas partes. El puente de paso es de lo poco vistoso que hay, pero no asombra nada; y la inclusión de una especie de dragones no se sabe muy bien a qué viene y no aporta nada sustancioso a la trama. Ojo, no exijo que todas las películas ofrezcan mundos únicos e inclasificables como Monsters S.A. o Del revés, pero si tienes un argumento tan sobado y limitado qué menos que cuidar la impronta visual. A pesar del potencial del más allá, toda la acción transcurre en una estación, unos despachos y un escenario de conciertos, nada con imaginación suficiente (hay momentos muy BitelchúsTim Burton, 1988-) como para realzar una historia tan predecible. Tratan de abrumar los sentidos a base de colorido, pero sin un diseño artístico destacable detrás resulta un tanto artificial. Por otro lado, también sorprende para mal que tras tanto anunciarse una película sobre la música, esta despierte tan poca pasión, pues no encontramos una banda sonora, ni canciones, ni numeritos que dejen huella.

Me parecía muy justita incluso como pasatiempo intrascendente, salvándose únicamente porque no cae en la vergüenza ajena de otros muchos engendros comerciales. Desde que el entramos en el más allá y quedan claras sus pocas bazas estaba deseando que acabara… Pero inesperadamente el tramo final recuperó bastante mi interés. Los guionistas consiguen un clímax movidito y un par de giros bien trabajados y bastante inteligentes, rompiendo con la monotonía y llevándonos hacia sorpresas muy efectivas (la relación entre los músicos), y además hilando muy bien con la idiosincrasia latina (no solo mejicana) de la estructura familiar y el amor por los culebrones.

Más sorprendente aún es que logran un desenlace bastante emotivo, donde las escenas de reunión familiar aportan una perspectiva algo más progresista, aunque sea tristísimo decir a estas alturas que esto es progresista y no una obviedad: dejar (y apoyar) al niño con sus “extrañas” aficiones en vez de coartar sus libertades en pro de las inmovilistas tradiciones. Tras los conservadores finales de Brave (la aventura no sirve para nada, todo vuelve al statu quo) y Los increíbles (qué penoso ver a los chavales rebajar sus cualidades y expectativas para encajar) y el nulo calado emocional de El viaje de Arlo (una versión lastimera de El rey león), es muy de agradecer esta visión más madura.

Pero esas mejoras llegan tarde y no son suficientes para salvar a Coco del limbo de la intrascendencia. Eso sí, no ha impedido que tenga un recibimiento muy entusiasta por parte de la crítica y el público (¡en Filmaffinity y en IMDb es la más votada de la compañía!), pero creo que el tiempo la pondrá en su lugar, esto es, en el olvido.