El Criticón

Opinión de cine y música

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Un lugar tranquilo


A Quiet Place, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 90 min.
Dirección: John Krasinski.
Guion: Bryan Woods, Scott Beck, John Krasinski.
Actores: Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, Noah Jupe.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano sin rodeos. Premisa clásica pero con buenos momentos. Estupendo reparto.
Lo peor: Demasiado susto sonoro, traicionando a la premisa del silencio. Demasiados lugares comunes con el género y por tanto demasiado previsible. Demasiados pequeños agujeros de guion que rompen la conexión más de la cuenta. Demasiado sobrevalorada, mientras otras del género más redondas pasan injustamente desapercibidas.
El título: Muchísima mejor traducción sería Un hogar en silencio. Se lo han tomado demasiado literal.

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Alerta de spoilers: Comento algunos detalles del argumento. No creo que destripe nada, pero es mejor verla en blanco.–

Como suele pasar, la idea y el guion de Un lugar tranquilo dio bastantes vueltas por los estudios hasta que tomó la forma final. Propuestas iniciales eran más extremas (una versión era completamente muda, aquí hay bastantes diálogos), y otras absurdas, como la idea del típico productor imbécil, que quería formara parte de la pseudo serie Cloverfield. John Krasinski, quien se dio a conocer en The Office (2005) como un gran actor y empezó a hacer sus pinitos como director, tampoco era el primer candidato, ni quería hacer una de terror, pero entre que tenía tiempo libre antes de meterse en la serie Jack Ryan (que es una pérdida de su talento), vio que el guion trataba más sobre la familia, y su mujer Emily Blunt, que la protagoniza, lo presionó, la acabó dirigiendo e interpretando y teniendo tanto éxito que podrá hacer las secuelas como quiera, aunque inicialmente también andaba diciendo que no participaría.

La premisa es muy clásica pero muestra potencial. Entramos en el relato ganando rápidamente interés por la familia e inquietándonos por el ambiente de peligros constantes en que viven. Los problemas del día a día en un mundo postapocalíptico tocan cosas sencillas, pero lo hacen con un cariño que se contagia. El amor entre los miembros de la familia, los baches y remordimiento debidos a tragedias, la pena por la pérdida, el esfuerzo por superar la adversidad… Con poco consiguen atrapar lo suficiente para seguir sus aventuras.

Los actores jóvenes cumplen y los adultos están estupendos: Krasinski y Blunt componen un retrato hermoso y a la vez doloroso de lo que supone formar una familia en momentos adversos. Está bien dirigida, con buen uso de los puntos de vista de cada personaje, de forma que en todo momento sabemos qué sienten y sufren sin que tengan que hablar, y un sabio manejo de los silencios, las pausas tensas, las carreras desesperadas…

El problema es que guionistas y director se atascan en imitar al género aportando sólo una idea que creen más novedosa de lo que es, y mientras tanto descuidan el resto. El concepto de unas criaturas que oyen todo y tienes que vivir en silencio va como anillo al dedo para crear una historia de terror distintiva en contenido y aspecto, y aunque parece apuntar a ello en su primer acto, en adelante en vez de explorar a fondo las opciones los autores acumulan escenas muy vistas y por tanto predecibles y pequeños agujeros de guion que terminan de echar por tierra sus posibilidades. La cinta se va diluyendo tanto en el drama como en el suspense hasta desembocar en un tramo final muy convencional, y sólo en algunas situaciones la dirección y los actores levantan el nivel.

La historia familiar no crece, se queda en lo básico sin avanzar hacia algo más trascendental y emocionante. En el subidón final de acción la falta de calado pesa demasiado, las anécdotas que iban perfilando sus vidas parecen nimiedades ante la gravedad de la realidad, y el desequilibrio hace que te cuestiones cosas hasta el punto de que termina chirriando el desenlace de los dos arcos principales de los personajes.

Primero, es un suicidio de tener un bebé en esas condiciones, no resulta verosímil que estén tan felices por ello en vez de asustados. Esta parte se salva por las buenas escenas angustiosas, como el clavo, el parto, el sótano… pero también por los pelos, porque tienen demasiados agujeros de guion y no son nada originales. Segundo, comentaba en A ciegas (Susanne Bier, 2018) que este género sufre mucho el abuso de traumas artificiales para intentar que los personajes enganchen, en vez de contar con ellos algo que enganche, y este caso roza esa categoría. Como se centran en la supervivencia de la familia, los detalles del día a día eran enriquecedores, pero al no aportar en la parte final algo más pierde mucha fuerza. Sabemos de sobras que el padre se desvive en todo momento por su hija, que la quiere muchísimo aunque haya cierto distanciamiento desde la tragedia. En otras condiciones (antes del clímax, en un epílogo donde hayan superado la crisis externa) no hubiera molestado que cerraran ese conflicto personal, pero basar toda la pelea final con las criaturas en ello no funciona, el contraste entre la relevancia de una situación y la de la otra es demasiado grande y resulta forzadísimo. La cutre y tonta reconciliación, con giros absurdos (para qué sueltas el hacha, idiota), hunde el interés por los suelos, y ya había perdido bastante.

También pesa que se va descuidando cada vez más la coherencia, y eso que de primeras ya había cosas forzadas. Por qué la niña va siempre con el aparato si este no funciona… es decir, lo presentas de forma evidente como “el arma de Chéjov”, así que en las primeras escenas ya me has contado el final. Y sorprendido leo que hay espectadores no sólo sorprendidos, sino que no lo han entendido bien. Tienen electricidad, aunque no he visto placas solares, y se montan un buen sistema de vigilancia por cámaras, pero no se les ocurre poner altavoces para espantar los bichos con interruptores colocados en lugares estratégicos. Es más, porqué no ponen lejos trampas con sonido, algo tan simple como una jaula que se cierre al entrar la criatura. De hecho, se ven otras hogueras de otros supervivientes: ¿por qué no se ayudan? Qué hace un clavo enorme clavado de abajo arriba en la parte del escalón donde tienen pintada para pisar porque es supuestamente seguro y no hace ruido. En el silo de maíz te hundes unas veces sí y otras no. Y en ocasiones no son ni agujeros de guion, sino burdas trampas para dar forma a la escena como quieren. El bebé está encerrado en un baúl insonorizado y con una máscara con oxígeno para que no llore… pero aparece abierto y sin máscara, para ponerlo en peligro ante una criatura que ha entrado no se sabe cómo en el sótano cerrado y aislado.

En la dirección también flojea la cosa después de sentar unas bases tan llamativas. Sea porque Krasinski patina o porque el estudio lo obliga, se empeñan en convertir el suspense con sobresaltos en terror de acojonarse, pero lo hacen mal, abusando de sustos sonoros por todas partes, y vaya cagada hacer esto en una película que se basa en el silencio. Que aparece un anciano sospechoso de fondo, buuum golpe sonoro a todo volumen; que el papá agarra al niño en el último momento, buum; que pasa una criatura lejos y los personajes aguantan la respiración para no hacer ruido, buuum, atronador golpe sonoro… Y así todo el rato. Acaba siendo molesto, porque los respingos que puedas dar por sorpresas y temores crecientes se rompen, cambiados por la molestia del subidón incómodo. La pena es que la banda sonora de Marco Beltrami es bastante buena, pero la sobreutilizan demasiado. En ocasiones también la construcción de la escena es demasiado evidente; por ejemplo, enfocar al cristal del coche ya me revela que la criatura golpeará por ahí. Al final, tanta publicidad y entusiasmo por su estilo, y hay otra reciente que maneja bastante mejor los silencios y las pausas tensas: No respires (Fede Álvarez, 2016). Es más, ¿tengo que recordarle al mundo la existencia del episodio Hush de la cuarta temporada de Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997), con casi veinte años a cuestas ya?

Y siguiendo con las comparativas, el guion es tan poco original que ni con Krasinski dando lo mejor de sí se salvan escenas cogidas directamente de clásicos del género, es decir, es una cinta que se ve venir en cuanto presenta la trama, que te intuyes cada escena en cuanto se pone en marcha.

Lo alucinante y triste es que la gente se ha vuelto loca, como si estuviera ante algo único y novedoso, cuando no es así. No voy a recriminarle que se pueda pensar en Alien (Ridley Scott, 1979) y La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), porque es inevitable, ya que son el nacimiento de muchos subgéneros que impliquen enfrentarse a monstruos en lugares aislados, sino que tome tanto del cine y la literatura de los años cincuenta y alrededores. Vienen pronto a la mente demasiadas semejanzas con Soy leyenda (Richard Matheson, 1954) y sus adaptaciones (El último hombre… vivoBoris Sagal, 1971-, Soy leyendaFrancis Lawrence, 2007-), hay mucho también de La guerra de los mundos (Herbert George Wells, 1898), al menos de sus versiones en pantalla grande (Byron Haskin, 1953, Steven Spielberg, 2005). Pero no hay que irse tan lejos. La memoria de la masa de espectadores es muy, muy corta, porque también toma con descaro de clásicos modernos. La escena del coche está sacada de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1953), y la del maizal y el sótano de Señales (M. Night Shyamalan, 2002).

Esta última me lleva decir que se puede realizar una escena, o incluso una película entera, como homenaje a otras, y ser respetuoso a la vez que aportas tu propia historia y estilo. En Señales, Shymalan lo hizo de maravilla, pero aunque tuvo muy buena taquilla por el efecto arrastre de El sexto sentido (1999) la gente no la entendió e incluso se metió con su final, considerado estúpido (luego se aceptan sin problemas tonterías de fantasmas con cosas pendientes y asesinos en serie que parecen inmortales). En cambio, Un lugar tranquilo copia aportando poco y con torpeza de su cosecha, destacando el final, y arrasa y se aprecia como si hubiera inventado algo nuevo.

Y por seguir con las injusticias, hay películas mejores a las que les cuesta no ya alcanzar su abrumador éxito de taquilla (400 millones de dólares mundiales contra 17 de presupuesto), sino una recepción tan entusiasta. Otras de Shymalan como El bosque (2004) y La visita (2015) (El incidente -2008- también se parece, pero fue muy floja), Hereditary (Ari Aster, 2018), The Descent (Neil Marshall, 2005), La carretera (John Hillcoat, 2009)… Y la comparación más obvia, por fecha y semejanzas, A ciegas, que ofrece una historia más sólida e impredecible pero no ha tenido tan buenas críticas.

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A ciegas (Bird Box)


Bird Box, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Susanne Bier.
Guion: Eric Heisserer, Josh Malerman (novela).
Actores: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sarah Paulson, Jacki Weaver, Rosa Salazar, Danielle MacDonald, Tom Hollander, Lil Rel Howey, BD Wong.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de cumplir de sobras en un género y estilo muy gastados. La solidez de sus personajes. Clásica pero efectiva puesta en escena.
Lo peor: La narración fragmentada me parece contraproducente. Quizá falta algo en la parte de supervivencia en el exterior.
El título: La traducción fiel es Pajarera. A ciegas pega, pero si los autores querían el otro, más original y sutil, por qué lo cambias.

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Cuántas películas de suspense o terror hemos visto con personajes planos y aburridos a los que les colocan de mala manera un drama impostado para intentar que conectemos con ellos. Que si un divorcio en ciernes, una pelea entre familiares o amigos, y al final vuelven a unirse; que si un trauma reciente (el abuso de hijos muertos es penoso) a superar con un par de escenas llenas de clichés al final; etc. Cuántas hemos soportado con tramas encasilladas en los mismos escenarios, desarrollo y soluciones. Espacios aislados, locos asesinos o monstruos acosando, los secundarios estereotipados muriendo de forma previsibles, y giros finales rebuscados para intentar sorprender. A ciegas tiene un poco de todo eso… pero todo con la vuelca de tuerca y la inteligencia justas para que te olvides en seguida de los lugares comunes y acabes embaucado por el misterio y sintiendo empatía por los personajes.

La presentación nos pone ante dos hermanas con una vida normal y unos conflictos verosímiles. Puede que la obsesión de la protagonista principal con el embarazo no parezca especialmente trascendental, pero en nada que empieza la acción pasa a formar parte de su adaptación y evolución, para en el tramo final ir cobrando importancia con escenas muy efectivas, algunas sutiles, otras muy bien conectadas con los nuevos eventos que enfrenta. Así, el arco dramático resulta muy interesante, crucial para el personaje y emocionante para el espectador. Los niños llamado Niño y Niña por temor a coger demasiado apego, las dudas sobre cuál debe correr un riesgo enorme para que puedan salvarse otros y otros instantes resultan bastante duros e inquietantes.

La llegada del fin del mundo pone todo patas arriba con buenas dosis de intriga y una pizca de acción agobiante. No se ve mucho, sólo que todo se ha ido al infierno por la presencia de criaturas misteriosas, lo que fuerza a unos pocos desconocidos a sobrevivir improvisadamente encerrados en una casa. Como en las buenas obras de géneros afines, lo importante es el cómo se enfrenta la humanidad a situaciones extremas, no el dinero que se hayan gastado en la recreación del bicho de turno ni los sustos forzados. Hay momentos que beben de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) y El amanecer de los muertos (ídem, 1978), otros de La niebla (Frank Darabont, 2007) y otras tantas parecidas, pero sus autores se centran en lo mismo que hizo destacar a esas obras: construir personajes con suficiente profundidad como para que cuando se tuercen las cosas, y lo hacen a menudo, no parezcan carnaza que irá muriendo en fila sin que te importen un bledo sus destinos.

Para el tercer acto tenemos un cambio de lugar inesperado, es decir, salimos de la casa y enfrentamos lo desconocido. Mantiene la incertidumbre por cómo sobrevivirán los pocos que quedan, y el giro final es también ingenioso y efectivo, al contrario de las chapuzas que suelen verse. Pero aquí termina de hacerse notar el único fallo notable de la película, una narración no lineal que juega en contra de las posibilidades latentes. A lo largo del relato nos han ido soltando pequeñas escenas a modo de adelanto, sin duda con la intención de hilar paralelismos que enfaticen la evolución de la protagonista, pero no parece necesario, ya estaba yendo bien la cosa en ese sentido, y a cambio se resiente el factor intriga. Estoy convencido de que enfrentar cada nueva dificultad y huida por los pelos sin saber qué viene hubiera resultado más emocionante. E incluso ya puestos, podrían haber ofrecido un par de aventuras más antes de entrar en el río, para enriquecer la parte de supervivencia.

En lo visual en cambio evitan por completo artificios demasiado habituales en el género y que también suelen fallar: las puestas en escena rebuscadas para intentar sorprender y disimular las carencias del guion, como en Cloverfield, (Matt Reeves, 2008), 28 días después (Danny Boyle, 2002) y muchas más. La directora Susanne Bier (dada a conocer con la aclamada El infiltrado, 2016) apuesta por un acabado formal muy clásico y sobrio, y funciona muy bien, salvo por un par de planos en el río donde cantan las pantallas de fondo y por la ausencia de una banda sonora de calidad que realzara mejor cada situación. El reparto también está bastante bien, destacando a Sandra Bullock, que muestra con intensidad la constante desesperación y el agobio que viven, y los siempre competentes John Malkovich y Tom Hollander; sólo Trevante Rhodes queda un poco por debajo del resto.

A ciegas no llega a resultar tan impactante y original como para marcar un hito en el género, pero no hace falta más para tener un buen entretenimiento, como ha demostrado también otro estreno del mismo año bastante parecido en concepto, Un lugar tranquilo (John Krasinski). Según los pocos datos que da Netflix, ha sido su película más exitosa hasta la fecha.

Alerta de spoilers: Destripo el final a fondo, no leas más si piensas verla.–

La ubicación de la salvación final da la impresión de estar en medio bosque inaccesible. Para que no parezca exagerado bastaba con señalar que hay una ciudad cerca y debido al caos era mejor ir por el río. Lo que no trago es que aparezca la doctora de maternidad ahí tan campante; no hacía falta para remarcar el desenlace feliz. Me alegro de que no enseñen al monstruo. No era necesario, el temor a que hay algo es suficiente. Además, si la idea es que te salvas no mirando, no tiene sentido que lo veamos a no sea que la protagonista lo hiciera.

I Am Mother


I Am Mother, 2019, Australia.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Grant Sputore.
Guion: Michael Lloyd Green, Grant Sputore.
Actores: Clara Rugaard, Hilary Swank, Rose Byrne.
Música: Dan Luscombe, Antony Partos.

Valoración:
Lo mejor: Bien dirigida e interpretada, y con un guion que conoce sus limitaciones y se sobrepone a ellas sin pretensiones ni enredos innecesarios habituales en el género. Es decir, es seria y sólida.
Lo peor: En nada que has leído y visto bastante ciencia-ficción intuirás rápido cómo se desarrollarán las cosas tras cada giro. El tráiler te revienta toda la película.

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Netflix nos ofrece en I Am Mother (Soy madre) una serie b con sabor a clásico la mar de entretenida. Es decir, no ambiciona demasiado (de hecho, el presupuesto habrá sido minúsculo) pero sus autores le han puesto cariño y talento y ha resultado una cinta muy sólida.

Tras un evento de extinción masiva, en un búnker creado para la supervivencia de la humanidad un robot (voz de Rose Byrne) cría a una niña humana con el fin de repoblar el mundo. Pero cuando la chica llega a la adolescencia empieza a hacerse preguntas, y algunos giros inesperados sacan a la luz grandes mentiras, con lo que su pequeño mundo se vendrá abajo.

La mayor parte de títulos de esta índole (se inclinen por más la ciencia-ficción o el suspense y terror) se basan demasiado en golpes de efecto y florituras innecesarias, de forma que muchas veces parecen incluso tomar por tonto al espectador, pero aquí se toman las cosas en serio, sin tratar de abarcar más de lo necesario, sin engañar con trucos baratos. Tenemos una combinación de numerosos conceptos ya vistos en esos géneros, pero unidos con sabiduría.

El guionista y director Grant Sputore, cuyo currículo cuenta únicamente con varios episodios de una serie australiana (país donde también se ha producido la presente), consigue recrear un mundo ficticio muy interesante y con muchas aristas y posibilidades desde un escenario minúsculo y apenas dos personajes. La trama encapsulada en un espacio cerrado maneja con habilidad los cambios de tono de cada tramo. En la presentación se establece una buena conexión con la atípica pero entrañable pareja, de forma que las primeras dificultades que le caen encima a la joven llegan con intensidad. Cuando enfrenta el cambio en su vida la narración adquiere mayor profundidad, tocando temas sobre distopías y postapocalipsis, con cuestiones éticas interesantes, y moralejas sobre familia y maduración básicas pero que con el giro hacia el suspense adquieren una perspectiva inquietante. Todas las ideas planteadas bullen en tu cabeza, compartiendo el desasosiego que vive la protagonista: demasiado que asimilar, ¿qué vendrá ahora? Con esos cambios de tono y los apuntes más complejos el relato mantiene adecuadamente la expectación, teniendo buenos tramos de tensión y partes donde durante un rato no sabes hacia qué camino se inclinará.

Pero lo cierto es que si has leído y visto bastante ciencia-ficción, una vez toma una dirección concreta podrás intuir escenas enteras y también algunas conclusiones. Sin embargo, en el tramo final se juntan tantas cosas que no da tiempo a que la sensación de “esto y aquello ya lo he visto” te saque de la narración, y los problemas de la chiquilla ante una situación que le viene muy grande te mantienen siempre alerta. Con todo, le habría venido de perlas un giro final más original e impactante para recordarla días después del visionado. También se puede decir que, al ser una historia con muchas posibles ramificaciones, si deseas que tome una concreta y no lo hace, malinterpretando lo que quiere contar el autor, puede provocar una injusta sensación de decepción.

La desconocida protagonista, Clara Rugaard, está estupenda, aparte de que aunque tuviera casi veinte años durante el rodaje da el pego como adolescente sin problemas. Han tenido suerte de encontrar una actriz tan competente, porque estas películas baratas tienen todas las de acabar con actores con poca o ninguna experiencia. Nacida en Dinamarca, no le ha hecho ascos a probar suerte por Europa (Irlanda, Reino Unido), hasta que empezó a hacerse notar con una coproducción entre Reino Unido y Estados Unidos, Alcanzando tu sueño (2018), donde compartía cartel con la más famosa Elle Fanning. Ahora ha acabado en Australia con esta cinta menor pero con la que, dada la proyección internacional de Netflix y su papelón, seguramente vea lanzada su carrera. No se amilana ante una cámara que está siempre encima de ella, y ofrece un torrente de emociones contagioso. La joven dócil y dulce del tramo inicial contrasta de forma espectacular con la agobiada y asustada que vemos cuando las cosas se tuercen.

Otro buen aliciente es que el acabado visual es también muy sólido. Salvo algún matte painting cantoso en la parte final, la más exigente, tiene un aspecto de película de primera división. El decorado del búnker es muy detallado y el robot está muy bien hecho (no parece un extra disfrazado), y el realizador saca gran partido del entorno a través de las estupendas labores de fotografía e iluminación y una banda sonora simplona pero lo justo de efectiva. Los tempos de cada situación, y las hay muy variadas, los mide con gran cuidado. No hay sensación de precipitar cosas ni de pérdida de interés cuando hay un cambio de estilo, ni encontramos cansinos clichés como sustos sonoros y escenas de huidas y acción predecibles y artificiales. Es más de dejarte intuir que las cosas se van a torcer.

I Am Mother resulta muy recomendable tanto para los amantes de la ciencia-ficción como del suspense. Quizá no deje huella, pero da para un rato emocionante y para volver a demostrar que se consiguen mejores resultados con talento y ganas que soltando billetes a lo loco.

Alerta de spoilers: En adelante destripo a fondo. —

Las referencias a obras conocidas son obvias, resultando una suma de Yo, robot + Terminator + Calle Cloverfield, 10 + Moon, y con toques de Oblivion y Alien. Es inevitable pensar en Skynet con el robot y en Sarah Connor con la intrusa; toma la idea de Yo, robot (relatos de Asimov, 1950, adaptación de Alex Proyas, 2004) de una IA que ve en los seres humanos la perdición del planeta, etc. En concreto, la parte relacionada con Moon (Duncan Jones, 2009), los clones descartados a gusto por la IA, me resultó facilona, pero lo cierto es que la escena de la chica buscando restos en la incineradora es potente. En cuanto a Alien, son más momentos puntuales y estética: la protagonista que vuelve a rescatar al bebé a pesar del peligro, girando pasillos con temor mientras suenan alarmas, recuerda a los clímax finales con Ripley en las dos primeras entregas.

En cuanto al final, durante unos segundos me pareció anticlimático y cogido por los pelos, pero pronto deduje que en realidad la Inteligencia Artificial ha encontrado a la madre para la humanidad que buscaba, así que se hace a un lado. El problema es que en vez de una aceptación por parte de la IA parece una victoria de su hija por la fuerza: la escena debería haber tenido mejores diálogos y una situación más trabajada que esa tontería de engancharse la pierna en la puerta para dar tiempo a la niña a reaccionar. Por otro lado, es obvio que Hilary Swank en realidad es uno de los primeros clones, que llegó a salir fuera pero no adquirió la determinación necesaria, así que me sorprende que haya análisis y críticas que lo comenten como si hubieran descubierto algo oculto con pistas muy sutiles.

Los Vengadores: Fin del juego (con spoilers)

Avengers: Endgame, 2019, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 181 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Marku, Stephen McFeely.
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Don Cheadle, Paul Rudd, Karen Gillan, Zoe Saldana, Josh Brolin, Gwyneth Paltrow, Chris Pratt, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Brie Larson, Tom Holland, Evangeline Lilly, Tessa Thompson, Rene Russo, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Danai Gurira, John Slatery, Tilda Swinton, Bradley Cooper.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de ofrecer un giro inesperado y dejarte pasmado cada pocas escenas, y aun así hilar un relato muy coherente en sí mismo, en relación con toda la serie, y como homenaje a la misma y a los seguidores. En otras palabras, el guion es sublime. La puesta en escena no se queda atrás, con un trabajo de dirección magnífico y unos efectos especiales perfectos. El reparto lo da todo.
Lo peor: Capitana Marvel no encaja. Ojo de Halcón tiene mucha presencia pero menos recorrido dramático que los demás. Quizá podían haber sacado más de un par de secundarios.
Mejores momentos: (Ojo, spoilers) Tantos… La decapitación, Natasha desolada por el destino de Barton, Thor el fanegas, Nebula y Máquina de Guerra tras su gema, la interferencia que revela a Thanos todo el plan, la gema del alma, el encuentro de Hulk y la Anciana, la gema de Nueva York, la pelea entre los dos Capitanes América, el encuentro de Tony con su padre, el de Thor y su madre, y la batalla final al completo.
El plano: Las tropas de ambos ejércitos cara a cara, con el devastación al fondo.
La frase:
1) ¡Vengadores… reuníos!
2) Yo soy Iron Man.

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Alerta de spoilers: Destripo a fondo: trama, finales, muertes… Puedes leer la versión sin spoilers.–

No sabía qué esperar de Fin del juego. Por mucho que los guionistas lo escribieran bien, basarse únicamente en una batalla colosal contra Thanos, recuperar las gemas y devolver el orden al universo tenía todas las de resultar muy predecible, y cumplir con las expectativas de tantos millones de espectadores en el sentido del espectáculo era muy difícil habiendo puesto el listón tan alto en varias entregas previas. Así que deseaba que discurriera por caminos más originales. ¿Cuáles? Ni idea. No me puse a buscar pistas en los cómics y las películas para analizar distintas posibilidades, quería ir con la mente en blanco para que me sorprendieran. Finalmente los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely han optado por algo que en el fondo incluye una clásica confrontación a lo grande entre buenos y malos… pero tomar eso como definición no le hace justicia a la película de ninguna manera, porque ni con las expectativas tan altas me esperaba una obra tan valiente, desconcertante y compleja.

El relato tiene varias partes muy diferenciadas, hay muchos frentes abiertos de distinto estilo y cada personaje tiene su propia historia, y aun así todo fluye de maravilla. Lo mejor es que cada quince o veinte minutos te clavan un giro que descoloca todo o como poco añade nuevas y asombrosas dificultades, de forma que toda línea narrativa presentada es puesta a prueba, por no decir destrozada, justo cuando pensabas que iba a encaminarse hacia algo más lineal. El talento, la inteligencia y el arrojo de los guionistas y directores no decae ni un instante, ofreciendo tres horas de colosal espectáculo y un torrente de emociones difícil de catalogar y describir. Llega a ser abrumadora y deprimente por momentos, de hecho, no considero que sea apta para menores de 13 años.

Cuando crees que el enfrentamiento contra Thanos llega demasiado pronto, que la proyección va a empezar soltando tortas sin ofrecer nada más, toma ejecución repentina y vuelta a casa sin solución a la vista. El cartel de “cinco años después” es demoledor. ¿Que esperas que tras el fracaso los héroes le echen huevos y se levanten rápido? Pues los autores se paran sin miedo en un largo segmento de lamentos y personajes rotos. Cuando llega una débil esperanza de hallar una solución o una forma de luchar, no meten prisas y van al lío sin más, sino que hay un nuevo proceso de adaptación personal y técnico: ¿nos arriesgamos a sacrificar lo poco que nos queda?, ¿qué dificultades entraña esta idea?

Lo cierto es que una vez expuesto el plan vino mi único momento de flaqueza, de dudas ante lo que podía ofrecerme la cinta. Estaba completamente hechizado desde la decapitación de Thanos, pero ponerme de repente una historia de viajes en el tiempo me provocó un buen bajón, me sabía a trampa, a recurso barato para deshacer todo sin más. Sin embargo, los autores se lo trabajan de forma que convence en pocos minutos, y cuando los Vengadores se lanzan al pasado para buscar las gemas me volvieron a ganar por completo sin dejar ni rastro de dudas, pues el panorama que se presenta es fascinante.

Los giros imprevisibles no dejan de aumentar la complejidad, abriendo más y más frentes y posibilidades ante los ojos. Incluso en estas condiciones hay momentos que superan cualquier expectativa aunque ya las habían puesto patas arriba varias veces. El desastre con Hulk, la escalera, el teseracto y Loki es alucinante, te ríes mientras se viene todo debajo de la forma más inesperada. Y cuando Thanos se entera de todo por la interferencia entre las dos Nebula se me cayó el alma al suelo: ¡ahora sí que se ha liado! Y aun así tienen tiempo de jugar con el homenaje a la saga con maestría, enlazando con sus inicios con ingenio (la escena del ascensor: “Hail, Hydra”) y buen sentido del humor (“El culo de América”). De esta forma, nunca parece que el viaje en el tiempo es una excusa para deshacer una trama que han complicado mucho, sino precisamente una forma de darle nuevas vueltas de tuerca y sacar el máximo partido a la serie y los personajes.

Cada gema tiene su estilo (la de Loki es comedia, la de los años setenta drama familiar, la de Thor superación personal, la del alma tragedia…), sus propios obstáculos iniciales y sus complicaciones posteriores, y cada una supone seguir avanzando con los personajes, sus relaciones, sus dilemas internos y sus sentimientos, sus sacrificios… Así hasta una batalla final apoteósica, donde aun con esta historia desbocada llena de imprevistos y épica sobrecogedora los protagonistas son lo más importante y lo que mejor funciona. Porque el arco dramático de estos es mucho más complejo a lo largo de la serie de lo que mucha gente piensa, y en este título más aún. Sólo encontramos unos pocos deslices, nada graves además, y tenemos al menos una elección muy arriesgada (la situación de Thor), que entendería que molestase a los fans, pero parece que no lo ha hecho mucho, quizá por lo bien expuesto que está el cambio gradual en cada uno de ellos.

En La guerra del infinito se hablaba de no ceder ni sacrificar nada por los delirios de un tirano. Steve Rogers, el Capitán América, era la brújula moral en esa decisión, acorde a su trayectoria de poner siempre la ética y al ser humano por encima de decisiones políticas. Pero ahora está derrotado por completo. Da charlas sobre que hay que sobreponerse y seguir adelante en el mundo que nos ha tocado, pero como admite ante Natasha, no se lo cree ni él. Sin embargo, en cuanto ve una chispa de esperanza se tira de cabeza, decidiendo ahora que hay que darlo todo por el todo. Ya no hay margen para el buenismo, el futuro pende de una cuerda muy floja. Cuando Nat no vuelve de su misión, obviamente sufre, pero sabía que iba a pasar y su expresión es más de resignación. El final, cuando se queda en el pasado, yo no lo veo sólo como una historia romántica y un retiro merecido, sino como la aceptación de que ya no es el Capitán América. Ha sacrificado demasiados principios como para seguir siéndolo. Por otro lado, yo no conozco los cómics a fondo y me pilló desprevenido el que coja el martillo de Thor, pero es un tema que se presentó muy bien en La era de Últrón. La interpretación de Chris Evans es magnífica; no dábamos un duro en los inicios de su carrera y ha crecido muy bien como actor.

Tony Stark es otro derrotado hasta la médula, pero en esa derrota culpa también a sus compañeros héroes, en especial a Steve, pues se negaron a sus planes de proteger la tierra con Ultrón. Para ellos, había que sacrificar demasiadas libertades por amenazas demasiado lejanas. Inesperadamente, del fracaso ha renacido con otra perspectiva: la desaparición de Peter Parker y la formación de una familia le hacen ver lo que puede perder, y cuando vienen a por su ayuda no está dispuesto a hacer ningún sacrificio por ningún bien mayor. Pero eso es un bache temporal. Tony Stark es Iron Man. Todas sus películas han tratado principalmente la dualidad héroe-persona. Incluso la denostada tercera entrega lo tenía en todo momento en el foco: perdía la fe, y tenía que luchar contra sus demonios internos para levantar cabeza; de ahí que el Mandarín fuera alterado y convertido en un villano secundario. Así que Iron Man no tarda en renacer, con dudas al principio pero ganando fuerza, tanta que acaba haciendo el sacrificio supremo mientras afirma, ya sin ningún atisbo da dudas “Yo soy Iron Man”. Y Pepper no queda como un pegote (en Iron Man 3 sí lo fue). Quien otrora lamentaba que su amado antepusiera el trabajo y el deber al amor y la familia, ahora lo acepta rápido y alienta su decisión: hay demasiado en juego.

Robert Downey siempre había mostrado un gran carisma, pero en Guerra civil, La guerra del infinito y la presente ha dejado claro que también se deja la piel, que no está en esto sólo por el dinero (75 millones dólares sacó de la anterior, en la presente seguro que más de 100…). Transmite con gran verosimilitud las diversas fases por las que pasa su rol: la derrota se nota en cada gesto, el renacimiento inicialmente refleja más temores que confianza, el encuentro con su padre muestra al hombre tras la máscara, y en la batalla final se ve la determinación inquebrantable del superhéroe.

Natasha Romanoff, la agente rusa a la que le habían quitado todo en su formación, encontró en los Vengadores una familia, razones por las que vivir, y no está dispuesta a rendirse. Pero tiene tanto que agradecerles y teme tanto al vacío de vivir sin esa familia que está dispuesta a darlo todo porque vuelva la normalidad, incluso su vida. Por ello habría venido muy bien tener su película en solitario antes de esta entrega, habría ensalzado aún más su arco final. El papelón de Scarlett Johansson es de impresión, sobre todo cuando escucha los informes de las andanzas de Barton, una escena que, si esto no fuera cine de superhéroes, cine de “segunda”, le habría valido mil premios.

Thor es el que podría haber generado polémica, con su barriga de fracasado y holgazán, pero salvo alguna queja suelta no he visto mucho revuelo. Y lo entendería, dado que le dan un giro en apariencia cómico importante. Pero el dios del trueno tuvo su historia de aceptación del deber durante sus películas, ya había tocado techo. Si querían mantenerlo en el juego había que abordar una nueva etapa en su vida, y han optado por ahondar en su lado humano. También derrotado, decide tomar una especie de exilio, representado muy bien por la inmadurez y la falta de coraje por hacer algo con su vida. Y cuando reencuentra el valor y la determinación, es otra persona, no vuelve a ser el infalible Thor. Así que opta por un retiro. Ya no tiene nada que demostrar. Como siempre, Chris Hemsworth logra una vena tragicómica encantadora, y es evidente que seguiremos disfrutando de sus andanzas en Guardianes de la Galaxia, Vol. 3.

Los únicos puntos débiles destacables son Capitana Marvel y Ojo de Halcón, y en menor medida también se pueden poner un par de pegas con algunos secundarios.

Clint Barton, alias Ojo de Halcón, ha perdido todo y entra en una espiral de autodestrucción y violencia. Siendo tan prominente su presencia en este título deberían haber trabajado mejor su vuelta al ruedo. Es probable que no te des cuenta de primeras porque el alucinante vacile del plano secuencia copa mucho la atención, pero básicamente Nat lo encuentra matando yakuzas, le dice que vuelva con ellos, y pum, allá va. Requería algo más gradual, alguien roto del todo no cambia sin más. Tampoco cuadra del todo su decisión de sacrificarse por Nat para obtener la gema del alma: ¿y su familia, no estaba haciendo esto para volver con ellos? El personaje funciona porque tiene buenas escenas en general y el actor Jeremy Renner está estupendo, pero queda un poco por debajo del resto.

Parece que, como en La guerra del infinito, los autores se asustan con los personajes más poderosos y los reservan para momentos puntuales con justificaciones nada trabajadas. Esperaba ver a Capitana Marvel interactuando con los demás protagonistas, pero la tratan como personaje terciario, desaprovechándola por completo. Excusas para apartarla al llegar la batalla había muchas: podían dejarla varada en el tiempo o con otra misión. El problema parte de su película: no deberían haber exagerado tanto con sus poderes. ¿Qué reto a su altura puede haber si de dos golpes se carga la nave de Thanos, la más poderosa de la galaxia? Da la sensación de que con un poco de esfuerzo se cargaría al titán, pero no llegamos a verlo porque su enfrentamiento contra él dura muy poco.

Que Scott Lang (Ant-Man), el otro que no apareció en La guerra del infinito, quede algo relegado no me molesta, porque es obvio que se han centrado en el grupo inicial de los Vengadores, y como secundario funciona de maravilla. Bruce Banner y Hulk arreglan sus diferencias fuera de pantalla, lo cual, sin ser un gran problema, corta un poco el rollo tras varios capítulos tratando el problema. Deberían haberlo resuelto en el principio, a la vez que el resto de personajes intenta levantar cabeza, pues no creo que fueran necesario muchos minutos, de hecho, los gastan con el tonto chiste de los niños pidiendo una foto. También se podría decir que Bucky Barnes, el Soldado de Invierno, podría hacer algo más en estas dos entregas que disparar metralletas de balas infinitas. Por otro lado, sacan gran partido de Nebula (por partida doble) y su simpática relación con Máquina de Guerra, de Gamora en su despertar, e incluso de Quill en sus breves apariciones. Sólo quizá Rocket, que tiene más minutos, podría haber dado más de sí, pero como siempre, su peculiar cinismo está presente.

Lo de los viajes en el tiempo da para discutir sobre posibles agujeros de guion y fallos en las reglas que han puesto. Si se supone que al viajar al pasado y alterar algo creas una nueva realidad en vez de que el presente cambie por arte de magia como suele verse en la mayor parte de las películas, que el Capitán América aparezca sentado en un banco al final no sería posible, porque esa vida alternativa que ha tenido es una nueva realidad. ¿Lo perdonamos por lo bonito que es? Por otro lado, temía que resucitaran a Gamora al deshacer el genocidio de Thanos aunque ella muriera antes, pero se lo han trabajado bastante mejor. Eso sí, supone un retroceso en la historia con Quill: hacen un reset en la relación en tensión. La vuelta al juego de Loki en cambio es absolutamente genial.

No tengo nada en contra de la rata que casualmente pulsa botones y trae a Scott Lang de vuelta. No costaba nada poner a los Vengadores descubriendo que desapareció haciendo un experimento y encontrándolo y trayéndolo de vuelta, pero los autores prefirieron jugar con las ironías del destino, con un deus ex machina loco. Sí me mosquea bastante el plano feminazi metido con calzador en media batalla final. Si es evidente que tenemos a mujeres luchando en igualdad de condiciones, ¿qué necesidad había de recalcar la idea tan burdamente? El mensaje que en vez de sutil y bien hilado con la historia y los personajes se convierte en un anuncio, en un panfleto, tiene todas las de molestar, como evidentemente ha ocurrido.

La puesta en escena es impecable de arriba abajo en todos sus elementos. Los hermanos Russo y el equipo técnico han estado a la altura en un trabajo de enorme dificultad, desde la complicadísima logística y retos técnicos de una superproducción de este tamaño, al equilibrio narrativo y el tratamiento de los personajes en un relato tan complejo, profundo y detallista. Mención especial para Alan Silvestri, que ha conseguido mantener un estilo musical de calidad entre títulos y los únicos motivos reconocibles de toda la serie a pesar del poco interés que han puesto los productores en la música.

Los Vengadores: Fin del juego, supone un hito cinematográfico difícilmente repetible. Es indudable que nace con la ventaja de ser parte de una serie, por lo que empieza con personajes y universo ya descritos y puede centrarse en ir al grano, pero eso también tiene sus dificultades: el listón, tras más veinte capítulos, estaba altísimo. Pero han sido capaces de superar toda expectativa con una película extraordinaria, una obra maestra que casi hace pensar que no es sólo el fin de una serie, sino el fin de una era. ¿Cómo vamos a mirar a todo lo que venga en adelante en los géneros de superhéroes y acción sin que sepa a un postre prescindible?

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
-> Los Vengadores: Fin del juego (2019) (versión sin spoilers)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Los Vengadores: Fin del juego (sin spoilers)

Avengers: Endgame, 2019, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 181 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Marku, Stephen McFeely.
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Don Cheadle, Paul Rudd, Karen Gillan, Zoe Saldana, Josh Brolin, Gwyneth Paltrow, Chris Pratt, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Brie Larson, Tom Holland, Evangeline Lilly, Tessa Thompson, Rene Russo, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Danai Gurira, John Slatery, Tilda Swinton, Bradley Cooper.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de ofrecer un giro inesperado y dejarte pasmado cada pocas escenas, y aun así hilar un relato muy coherente en sí mismo, en relación con toda la serie, y como homenaje a la misma y a los seguidores. En otras palabras, el guion es sublime. La puesta en escena no se queda atrás, con un trabajo de dirección magnífico y unos efectos especiales perfectos. El reparto lo da todo.
Lo peor: Capitana Marvel no encaja. Ojo de Halcón tiene mucha presencia pero menos recorrido dramático que los demás. Quizá podían haber sacado más de un par de secundarios.
La frase:
1) ¡Vengadores… reuníos!
2) Yo soy Iron Man.

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Alerta de spoilers: Esta versión de la crítica no contiene datos reveladores. Puedes leer la versión con spoilers.–

Creo que todo el mundo esperaba que abordaran este esperadísimo capítulo con la premisa en apariencia más fácil: ofrecer algo más grande y espectacular. ¿Es posible satisfacer unas expectativas tan infladas? Pues a estas alturas difícilmente, visto el nivel de las entregas previas. Pero los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, que se han estado llevando menos alabanzas de las merecidas durante la serie, con gran inteligencia y valentía han optado por una historia mucho más original y compleja que cualquier cosa que, al menos yo, pudiera imaginar. Tenemos varias películas en una, en plan temporada final en vez de episodio final. Se mezclan muchas ideas, hay tramos de distinto estilo e incluso que saltan entre géneros. La trama se desarrolla por caminos diversos, muy originales y exprimidos al máximo. Los personajes tienen un recorrido muy elaborado. Y en lo emocional es una montaña rusa para el espectador, tan conmovedora en el drama como asombrosa en el espectáculo. Las casi tres horas que dura se hacen muy cortas.

De entre todos sus logros, lo más destacable es que el número de giros y sorpresas inesperadas es abrumador, de forma que cada parte, una vez presentada, evita lo más fácil, desconcierta tirando por desvíos imprevistos una y otra vez, con lo que estás siempre absorto y alerta. Hay que señalar que conseguir esto en géneros tan gastados (superhéroes, acción), en la parte final de una saga con más de veinte títulos a cuestas, es insólito y digno de aplausos en cantidad.

Hay tiempo para que los personajes y el mundo se lamenten tras el genocidio de Thanos y algunos traten de recomponerse, y todo sin que el proceso parezca un trámite con el que cumplir mientras se da paso a la búsqueda de la clave para enfrentar al villano, sino transmitiendo toda la desesperación de la situación. El análisis de las opciones para levantar cabeza tampoco transcurre de forma lineal, porque hay varios baches y cambios de rumbo enriquecedores. Cuando se pone en acción el plan fue el único momento en que dudé, y además seriamente, porque la línea abierta no me convencía nada. Pero hacen falta pocos minutos para recordar que hay talento y valentía de sobras. Las emotivas historias personales, los giros ingeniosos y el humor y el drama tan bien mezclados llevan el listón más allá de lo esperado una y otra vez, dejándote sin aliento en gran parte del metraje.

Todos los personajes, y son muchos, tienen su arco muy bien desarrollado, sus momentos de bajeza, de redención y sacrificio, sus reencuentros, sus homenajes y despedidas, todo encajando a la perfección en la trama global y el ritmo del relato, sin que parezca precipitado, forzado, o ajeno a su trayectoria previa. Tenemos a Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2011) como ejemplo contrario, otra gran y admirada serie que ha encarado su etapa final, pero esta lo ha hecho sacrificando la coherencia para intentar contentar con lo fácil, sea porque sus autores pensaron que era más vendible o porque se agotaron intelectualmente.

El colofón de la batalla final da la talla incluso después del memorable espectáculo que supuso La guerra del infinito, porque, como en aquella, no son sólo tortas y efectos especiales grandilocuentes, hay una férrea conexión con los protagonistas de la que los autores sacan el máximo partido: entre golpe y golpe hay tiempo para terminar de apuntalar cada evolución personal y relación. Pero también se mantiene el fatalismo hasta el último instante. ¿Cómo podrán salir de esta, cuán amarga será la victoria?

Fallos hay muy pocos. Solo destacaría que vuelven a tener miedo de los héroes más poderosos (Capitana Marvel está ausente gran parte del tiempo con excusas peregrinas, o incluso sin ellas), y que para haber recuperado el protagonismo que no tuvo en la primera parte, Clint Barton (Ojo de Halcón) podría estar mejor aprovechado. También hay que señalar que las reclamaciones políticas de Disney empiezan a tocar las pelotas a muchos espectadores: con todos los temas morales que tan bien trata la cinta, ¿de verdad era necesario hacer una pausa para colar un anuncio feminista?

Huelga decir a estas alturas que en lo visual cumplen de sobras. Efectos especiales y sonoros magníficos y perfectamente integrados, música notable (Alan Silvestri también se ha llevado menos halagos de los merecidos), montaje y fotografía estupendos y, sobre todo, un reparto entusiasta y comprometido hasta la médula parecen poner las cosas fáciles a los directores, los hermanos Russo… Pero no nos engañemos, levantar una producción tan grande, y más con un guion tan complicado y detallista, de forma que resulte tan equilibrada en sus muchas facetas, es digno de hacerles una estatua.

Eso sí, es tan grande y densa que resulta agotadora, pero en el buen sentido de la palabra: es una obra maestra que te deja tocado durante días. Por ello puede resultar menos apetecible para revisionados en plan “vamos a echar el rato con algo épico” como sí lo son otras de la serie. Es más de degustar tranquilamente, de dejarte embargar por sus muchas propuestas narrativas y emocionales ejecutadas con maestría. Por extensión, no me parece apta para menores de 13 años, es demasiado compleja y oscura.

Fin del juego es el fin de una era, la cima del cine de superhéroes. Han dejado el listón tan alto (y recaudado tanto) que casi hace pensar que este género ha terminado aquí y todo lo que venga después es superfluo, intrascendente.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
-> Los Vengadores: Fin del juego (2019) (versión con spoilers)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Ártico


Arctic, 2018, EE.UU., Islandia.
Género: Aventuras.
Duración: 98 min.
Dirección: Joe Penna.
Guion: Joe Penna, Ryan Morrison.
Actores: Mads Mikkelsen, Maria Thelma Smáradóttir.
Música: Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: Una de aventuras clásica, sencilla pero efectiva. El carisma de Mad Mikkelsen.
Lo peor: De clásica resulta demasiado predecible, y el final un tanto manipulador.

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El danés Mad Mikkelsen es uno de esos actores por los que me lanzo a ver casi cualquier cosa que haga. Ya lo conocía de antes, pero en la serie Hannibal (Bryan Fuller, 2013) se convirtió en uno de mis favoritos. Y sin encima me ofrecen una de aventuras con sabor a clásico, más tienen mi atención.

El director y guionista brasileño Joe Penna empezó en Youtube con un canal de humor y música, pasó a hacer algunos anuncios, luego cortos y series, y finalmente ha saltado al cine con esta Ártico. Es una coproducción entre EE.UU. e Islandia, y se estrenó en Cannes en 2018, avanzando lentamente por el resto del mundo. En España tiene previsto estrenarse el 31 de mayo, pero dudo que lo haga en muchas salas.

Un piloto estrellado con su avioneta en el ártico intenta sobrevivir en la hostil naturaleza mientras espera el rescate. El rodaje duró 19 días, pero son suficientes para que Mikkelsen se refiera a él como el más duro de su carrera. Desde luego, lo da todo en la representación de un aventurero (pronto descubrimos que no es la primera vez que vive una odisea semejante) que no pierde el valor ni las ganas de vivir le caiga lo que le caiga encima. Poco diálogo, hermosos e inhóspitos paisajes, lucha constante en distintos escenarios, un par de giros inesperados que ponen las cosas más difíciles… La cinta mantiene buen ritmo y la expectación bastante alta en su primera mitad.

La pena es que no es capaz de ir creciendo, e incluso se diluye en el tramo final. Para empezar, me hubiera gustado que la chica con la que carga interactuara con él al menos un tiempo, en vez de estar inconsciente todo el tiempo. Habría dado más juego a la parte central y reforzado la conexión con el espectador en las penurias de la pareja, porque una vez inmerso en el viaje en busca de salvación ya no hay novedades. Conocidos el personaje y sus habilidades y pasados los primeros retos, Penna no es capaz de mantener la tensión, cada nuevo problema llega sin aportar algo más que subir el listón de las dificultades gradual y previsiblemente.

El desenlace no podía sorprender, pero lo hace para mal. Sabiendo que no había mucho margen debería haber ido al grano, pero en vez de eso el realizador intenta forzar el drama con sensacionalismo barato, amagando con si hay rescate o no de forma burda.

Con todo, resulta bastante entretenida si te gusta el género.

Infiltrado en el KKKlan


BlacKkKlansman, 2018, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 135 min.
Dirección: Spike Lee.
Guion: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott, Spike Lee. Ron Stallworth (libro).
Actores: John David Washington, Adam Driver, Laura Harrier, Topher Grace, Robert John Burke, Frederick Weller, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson.
Música: Terence Blanchard.

Valoración:
Lo mejor: Notable reparto y unos personajes simpáticos.
Lo peor: No hace gracia, es lenta y aburrida. Desprovecha un gran potencial.

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Infiltrado en el KKKlan es un quiero y no puedo que termina casi desesperando de aburrimiento. Sólo con la premisa me llamaba la atención, y por los avances y las buenas críticas esperaba una comedia ingeniosa, irreverente, alocada… Pero en el visionado las expectativas se hunden rápido y no remontan a pesar del potencial latente.

Aunque sin ofrecer una perspectiva original y ácida como prometía, consigue una correcta representación del tema: las asociaciones de blancos racistas, lideradas por empresarios y politicos con poder y contactos que les permiten obrar con manga ancha, los seguidores paletos que engañan con cuatro lemas tontos, la lucha negra, con los Panteras Negras, los líderes intelectuales, la gente de a pie sufriendo el racismo…

Entre medio, los guionistas enquistan de mala manera una propuesta llamativa pero que nunca llega a nada: un detective negro dirige una fuerza especial para investigar la organización criminal Ku Klux Klan. La ironía y el absurdo de la situación no da mucho de sí. El ingenio brilla por su ausencia en un sentido del humor pobre, adormecido, de forma que las escenas y diálogos se alargan y pierden en obviedades en vez de ser tronchantes. El lío que se va gestando no llega a dar la comedia de enredo esperable, sino que es previsible y se desarrolla con demasiada parsimonia. Y el director Spike Lee no es capaz de otorgar el ritmo enérgio y la mala baba que exige el relato, yéndose de madre con la longitud. Se basan en un libro que narra los hechos reales, pero o no es gran cosa o se han quedado muy cortos en la adaptación.

La cinta se puede salvar por los pelos porque un estupendo reparto da vida a los personajes con mucha verosimilitud y la evolución de sus relaciones tiene algo de garra. El negro que quiere ser policía en un pueblo pequeño y enfrenta mil trabas pero no se rinde cae bien desde sus primeros choques con los superiores. Con los pocos blancos decentes que hay a su alrededor forma una pandilla encantadora. El romance con la activista no está mal. Y los miembros del KKK representan bien los dos niveles, los “rednecks” y los ricos con aires de grandeza.

Pero no es suficiente para lograr un conjunto que entretenga y deje algún poso que te haga reflexionar, algo que sin duda es lo que el director pretendía. Al final, incluso parece como si creyera que no ha sido capaz de exponer bien la inmundicia del racismo y lo enquistado que está todavía en la sociedad estadounidense, porque mete con calzador un torpe y demagógico epílogo en plan documental sobre crímenes actuales. Ni la forma ni el tono son adecuados. Si pretendías hacer reflexionar a través de la risa, no termines convirtiendo la película en un burdo panfleto político, y menos con escenas tan violentas.

Lo único que me hizo reír y me descolocó fue algo ajeno a la película, el chiste sobre The Wire (David Simon, 2002) que cuelan sin venir a cuento: Isiah Whitlock, que interpretó en la serie al corrupto senador que estaba siempre con la coletilla “Shiiiiiiit” (“Mieeeerda”), la suelta, y otro personaje lo interrumpe como diciendo que eso no es de aquí.

PD: Esta tontería se llevó el Óscar a mejor guion adaptado, y nominaciones en estos y los Globo de Oro a mejor película y director… Pero mejor no intento analizarlo, porque cada vez tienen menos sentido y su decadencia es mayor.