El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: julio 2009

La cosa

The Thing, 1982, EE.UU.
Género: Ciencia ficción, terror.
Duración: 109 min.
Director: John Carpenter.
Escritores: Bill Lancaster, John W. Campbell (relato).
Actores: Kurt Russell, Wilford Brimley, T. K. Carter, David Clennon, Keith David, Richard Disant, Charles Hallahan, Peter Maloney.
Música: Ennio Morricone.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, atmósfera opresora e inquietante. Los efectos especiales que dan vida a las criaturas. La música de Ennio Morricone.
Lo peor: Nada destacable.
Mejores momentos: La criatura atacando a los perros, la larga secuencia donde mediante la sangre comprueban quién es humano y quién no.

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Hay quien piensa que La cosa de John Carpenter (The Thing, 1982) es un remake de El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, Christian Nyby, 1951), un error bastante comprensible dado que ambas se basan en el relato John W. Campbell. Pero compararlas sigue siendo lógico, pues son dos visiones de una misma idea. Ambas son bastante semejantes en su desarrollo, y su diferencia más notable radica en que la de Carpenter es más visual (la criatura tiene mucha presencia) y tiene el punto a favor de que al jugar con la intriga de los humanos duplicados gana en complejidad. En cuanto a la calidad, la más moderna obtiene una narración más impactante y sobrecogedora, sin menospreciar por ello las virtudes de la anterior.

John Carpenter nos introduce en una atmósfera perturbadora donde la intriga, el terror y la tensión se mantienen con una constancia magistral. La exquisita unión de tres elementos clave es crucial para ello: los personajes y por ende las dudas sobre quién está duplicado y quién no, el aspecto de la criatura, espeluznante, y la música de Morricone, terrorífica y subyugante.

La presentación de los caracteres es somera y muchos de ellos ni siquiera llegan a tener una presencia remarcable, pero se mantienen muy bien ubicados en el relato y cuando la criatura empieza a realizar los dobles se maneja de forma sublime el misterio, el caos y la psicosis en la que se sumergen al no saber quién es quién. En todo momento la duda está presente incluso con el protagonista (el rostro más conocido, Kurt Russell), y se alcanzan algunos impresionantes climax donde no queda otra opción que agarrarse a la butaca y esperar a que se maten entre ellos o emerga la asquerosa criatura mientras el corazón aprieta el pecho y se lucha por apartar la mirada de los acontecimientos.

El monstruo es un prodigio de diseño artístico y efectos especiales. Su apariencia informe es inquietante, sus transformaciones y sus movimientos son acojonantes y su metabolismo escalofriante (atención a las advertencias del médico sobre la facilidad que tendría para invadir la Tierra si saliera de la Antártida). El dinamismo de sus movimientos y fluidos resulta tan realista que produce verdadero asco, con lo que la cinta no es apta para todos los espectadores. Huelga indicar que la calidad de la criatura, sobre todo teniendo en cuenta su antigüedad, es toda una lección para muchos realizadores actuales que se empeñan en dejárselo todo al ordenador, aunque sea evidente que es mejor realizarlo de otra forma (ejemplo: los zombis de Soy Leyenda). No me cabe duda de que es una de las creaciones más aterradoras y geniales que ha dado el cine de terror, al nivel del alien o el depredador.

Aunque hay otros aspectos importantes a la hora de lograr este acongojante ejercicio cinematográfico, como la ubicación de los acontecimientos (un lugar tan aislado y relativamente desconocido, una base tan claustrofóbica) y por supuesto la eficaz dirección de John Carpenter (el ritmo es excelente: la proyección se hace cortísima), tal y como indicaba al principio destacaría un tercer aspecto concreto: la banda sonora de Ennio Morricone. Entre sus obras maestras o genialidades que nos apetezca citar (numerosas), La cosa ocupa para muchos de sus seguidores un puesto especial debido a su peculiar sonido y es sin duda esencial en la creación del ambiente desquiciante gracias a sus melodías chirriantes, rítmicas y estremecedoras.

Sólo una queja le puedo poner, y es un apunte del guión muy forzado y nada creíble: que uno de los dobles se construya una nave en tan poco tiempo y con el poco material que hay a su alrededor. Por lo demás, en general no es lo que se dice peliculón como por ejemplo Alien (por citar una obra semejante), pero tiene cualidades más que de sobra para ser recordada, para considerarla una cinta de culto y un pequeño clásico de los generos de la ciencia ficción y el terror.

Ha llegado el águila

 

Eagle Has Landed, 1976, Reino Unido.
Género: Acción, bélica.
Duración: 135 min.
Director: John Sturges.
Escritores: Tom Mankiewicz, Jack Higgins (novela).
Actores: Michael Caine, Robert Duvall, Donald Sutherland, Treat Williams, Jenny Agutter, Donald Pleasence, Jean Marsh, Larry Hagman.
Música: Lalo Schifrin.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes, muy sólidos y bien arropados por grandes actores.
Lo peor: La historia de amor, imposible y mal llevada, y las escenas de acción, mediocres.
Mejores momentos: La aparición del personaje de Michael Caine, el personade de Robert Duvall viendo posibilidades en el descabellado plan, la revelación final.

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Ha llegado el águila narra el ficticio desarrollo de un plan que Hitler y otros altos mandos orquestan en secreto y con el que pretenden secuestrar a Churchill para usarlo como baza en una guerra que ya dan por perdida. La idea, basada en la novela de Jack Higgins, es curiosa y está bien desarrollada, ofreciendo una historia creíble y bastante entretenida. Su principal acierto es la densidad de sus personajes principales, todos muy bien dibujados e interpretados con gran soltura por actores de calidad: Robert Duvall encarna a un alto mando experimentado y fiel, Donald Sutherland representa a un profesor y espía resuelto y enérgico, y Michael Caine da vida al clásico héroe rebelde y carismático por el que sus hombres darían la vida (su presentación es espectacular). Entre los secundarios destacan algunas figuras como Jean Marsh, alemana residente en Inglaterra que muestra muy bien el dilema de si apoyar a los suyos o defender su nuevo hogar, y un jovencísimo Treat Williams, un tenaz soldado estadounidense que enfrenta con gran madurez la complicada situación. Pero no todo son alabanzas, pues en este excelente cuadro desentonan en demasía dos figuras: la presencia de Jenny Agutter, la jovenzuela atractiva del pueblo que se enfrasca en una imposible y fatalmente llevada relación romántica con el carácter de Sutherland, y el líder de la base estadounidense (Larry Hagman), una caricatura extrema que no encaja en un relato tan serio.

A parte de la fallida historia de amor, un lastre bastante notable, tengo que citar un detalle un tanto absurdo: que los protagonistas lleven debajo de sus disfraces el atuendo de soldados alemanes; aducen que así los juzgarían como soldados y no como espías y que el honor es muy importante, pero no es excusa suficiente para justificar semejante riesgo. Por cierto, se supone que el protagonista tiene una mano protésica, pero podrían habérselo currado un poco más, que se le ve mover el pulgar en múltiples ocasiones.

La narración se desarrolla con un ritmo correcto más por las virtudes del guión que por la sencilla puesta en escena de John Sturges (conocido sobre todo por la mítica La gran evasión), que cumple por los pelos salvo en la realización de las escenas de acción, en las que, aunque sean un elemento de poca importancia, se desenvuelve bastante mal. El planteamiento de la misión (con esas atractivas escenas donde el carácter de Duvall va sopesando la viabilidad del descabellado plan), los preparativos, su desarrollo (con correctos problemas inesperados) y su desenlace (quizá algo previsible hasta que llegamos a la sorpresa final) mantienen en todo momento el mismo nivel de expectación (obviamente salvo en la citada inclusión del fallido romance).

Ha llegado el águila es una cinta bélica atípica y no muy recordada pero bastante interesante, un entretenimiento de calidad a pesar de unos pocos puntos oscuros ciertamente notables.

The Hidden (Oculto)

 

The Hidden, 1987, EE.UU.
Género: Acción, terror, ciencia ficción.
Duración: 97 min.
Director: Jack Sholder.
Escritor: Jim Kouf.
Actores: Kyle MacLachlan, Michael Nouri, Claudia Christian, Clarence Felder.
Música: Michael Convertino.

Valoración:
Lo mejor: Buen ritmo y correctas escenas de acción, personajes muy interesantes… Entretenimiento asegurado.
Lo peor: El epílogo, un forzadísimo final feliz.

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En la línea del cine de acción de la época (los ochenta) se nos muestra un cuerpo de policía agobiado por el trabajo, una comisaría donde reina la amistad y el lenguaje soez y unas escenas de acción violentas y sangrientas. En este ambiente la labor del policía protagonista (Michael Nouri) se ve interrumpida por la aparición de un agente del FBI misterioso y de metodología y lenguaje críptico (Kyle MacLachlan) que persigue a un individuo que ha pasado de ciudadano modelo a peligroso criminal en un día (vamos, que ha sido poseído por el alienígena).

Estamos antes una sencilla y clásica historia de policías, persecuciones y tiroteos con la única diferencia y aliciente de la presencia del alienígena, pero el guionista (Jim Kouf) se cuida de construir unos personajes sólidos y una narración equilibrada que posee buen ritmo y un ambiente tenso y misterioso. Respecto a los caracteres uno de los elementos más logrados es la incredulidad del agente de policía ante lo que sucede y su fantástica evolución hasta aceptar lo que está viendo, pero destaca también la buena química entre ambos protagonistas y la presencia de secundarios con aportaciones breves pero muy bien puestas donde hacen falta. Otro aspecto bien conseguido es el curioso sentido del humor: el alienígena prácticamente está de vacaciones, viviendo la vida a lo grande (es glotón y se pirra por las armas y los Ferraris), lo que proporciona varias situaciones muy divertidas. El único problema digno de mención es que el final feliz resulta muy forzado y fantasioso, siendo un desenlace totalmente prescindible.

Jack Sholder (autor afincado en la serie B) proporciona una puesta en escena bastante eficaz, sacando buen provecho de un material tan sencillo y unos recursos tan limitados; otorga muy buen ritmo y escenas de acción trepidantes (impresionante la persecución inicial). Mención especial para la contundente violencia (hoy día el cine de acción está descafeinado) y el diseño de la criatura.

The Hidden es una de estas películas sin pretensiones que conocen sus limitaciones (argumentales y monetarias) y se limitan a proporcionar entretenimiento y diversión; dista de ser un clásico pero es considerada una cinta de culto por los amantes del terror y la ciencia ficción serie B. Tuvo una secuela (The Hidden 2, 1994) por lo visto horrorosa que no tengo interés alguno en probar.

Como curiosidad para los amantes de las series de ciencia ficción, son evidentemente reconocibles dos actores: el protagonista Kyle MacLachlan (impronunciable), quien fuera también cabeza de reparto en Twin Peaks, y Claudia Christian, la mítica Susan Ivanova en Babylon 5, cuya presencia destaca además por su erotismo.

Slumdog Millionaire

Slumdog Millionaire, 2008, Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 120 min.
Director: Danny Boyle.
Escritores: Simon Beaufoy, Vikas Swarup (novela).
Actores: Dev Patel, Saurabh Shukla, Freida Pinto, Azharuddin Mohammed Ismail, Ayush Mahesh Khedekar, Rubina Ali, Tanay Chheda, Ashutosh Lobo Gajiwala, Tanvi Ganesh Lonkar, Madhur Mittal.
Música: A.R. Rahman.

Valoración:
Lo mejor: Aunque sólo sirvan para vacilar, la cantidad de recursos del director.
Lo peor: Indescriptiblemente pretenciosa y artificiosa, además de sobrevalorada.

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No me despertaba buenas sensaciones por su estilo (el parecido con la infumable Ciudad de Dios, una de las cintas más sobrevaloradas de la historia, es notable) ni por su repercusión (es la película mimada del año, esa que parece obligatorio ir a ver porque es buena), pero finalmente me esforcé en verla por curiosidad, porque como cinéfilo me gusta conocer qué ha sido considerado de lo mejor del año, no porque me produjera verdadero interés. El resultado es más o menos como lo esperaba: a pesar de sus excelentes críticas no es nada más que un enredo pseudo artístico construido con tantos efectismos visuales que la historia se diluye casi por completo, lo que se traduce en una cinta artificiosa pero hueca.

El relato de supervivencia de los críos está bien y podría haber dado para una gran historia de superación personal paralela a una descripción de las miserias de los países tercermundistas, pero es adornado con engañabobos muy evidentes, con tramas de cuento de hadas demasiado edulcoradas y numerosos giros que claramente buscan la conexión fácil con el espectador, molar con escenitas chulas, por decirlo de forma coloquial. Vamos, que esa narración excesivamente rebuscada evidentemente no está hecha para contar la historia de manera que se le saque más partido y profundidad, sino para resultar más efectista y llamativa, y en el proceso la historia pierde toda intensidad, va y viene demasiado con anécdotas que aportan muy poco, buscando descaradamente la sonrisa y la emoción fácil. Además toda crítica social que se puede intuir se queda en la superficie, en unas cuantas escenas espectaculares pero banales (por no decir que los niños fueron utilizados para la película y luego devueltos a sus miserables vidas de prodecencia, demostrando una vez más la hipocresía del Primer Mundo). Así pues, da la sensación de que en muchos tramos no se está contando nada tangible, de hecho tanto durante la proyección como al final de la misma me pregunté cuál era la trama principal, si su idea central no es más que una excusa para soltar unas cuantas ideas y curiosidades en teoría atractivas y vacilar con trucos narrativos y con la puesta en escena, es decir, si no es más un videoclip que una película.

La realización obviamente está acorde con el contenido. Hay que decir que el director Danny Boyle, a pesar de su mediocre pero increíblemente sobrevalorada carrera (ni su más famosa, Trainspotting, pasa de ser simplemente una película curiosa, y no digamos ya las alabadas pero mediocres Sunshine o 28 días después), posee gran técnica y sabe manejar multitud de recursos, pero los usa más para embelesar con un aspecto visual abarrotado que para dar la forma correcta a la narración (aunque bueno, podría decirse que saber venderse también es otra cualidad). La puesta en escena es colorista, vanidosa, y hasta me atrevería a decir narcisista; está llena de trucos rebuscados, triquiñuelas y vaciles varios que son soltados aquí y allá sin motivos claros. Huelga decir que la fotografía y el montaje están a la altura de lo necesitado (aparatosos, frenéticos), pero visto lo visto no sé si es digno de elogio. En la parte actoral los intérpretes cumplen bastante bien, incluso los críos. Y la selección musical es muy interesante y completa y adorna (de nuevo: adorna más que aporta algo realmente necesario) bastante bien.

En resumen, Slumdog Millionaire es una película pretenciosa y artificiosa hasta límites indescriptibles. Tan rebuscada y exagerada, con casualidades tan ridículas (la de vueltas absurdas que se da para cada respuesta del programa) que constantemente me preguntaba: ¿y esto ahora a qué viene? Por más alabanzas que hayan vertido en ella no es más que un entretenimiento pasajero, demasiado tramposo pero muy fácil de ver. Fue incomprensiblemente aclamada por la crítica, de hecho en un giro insólito los Oscars, en otro año vergonzoso, se rindieron ante ella a pesar de que en un principio está bastante alejada de sus cánones (será que la simpática historia de superación personal les llegó a pesar de sus rebuscados adornos). Y es perfecta para el público actual, que se deja engañar por unos cuantos artificios, por un envoltorio vistoso y saturado, aunque no haya nada en su interior.

Punisher: War Zone

 

Punisher: War Zone, 2008, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 103 min.
Director: Lexi Alexander.
Escritores: Nick Santora, Art Marcum, Matt Holloway.
Actores: Ray Stevenson, Dominic West, Doug Hutchinson, Julie Benz, Colin Simon, Wayne Knight, Dash Mihok.
Música: Michael Wandmacher.

Valoración:
Lo mejor: Se nota que los autores y actores conocen las limitaciones de la película y se lo pasan en grande (en especial Dominic West y Doug Hutchinson).
Lo peor: Guión cutre (personajes ridículos, clichés por doquier), puesta en escena flojilla.
Mejores momentos: La caída del malo en la recicladora de cristales, obteniendo una bestial creación del archi-enemigo, y algunas muertes diseminadas por el metraje que son alucinantes (la del tipo alcanzado en pleno salto con el lanzacohetes, por ejemplo).

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No vi la primera parte (aunque esto más bien es un reintento aparte en plan El increíble Hulk), no tuvo buenas críticas y no me atraía. Pero por aburrimiento y por complacer a mi hermano me lancé con esta otra, que ha sido un poco mejor recibida pero aún así es un notable fracaso artístico y comercial. Punisher: War Zone es más o menos lo que esperaba, una cinta de acción bastante mala y estúpida, pero al menos tiene ese toque que la hace divertida y entretenida, es decir, que es cine cutre del bueno.

La historia no podría estas más vista y llena de tópicos. Héroes, villanos y secundarios cómicos son arquetípicos hasta resultar insípidos, de hecho serían realmente molestos no fuera porque, como indico más adelante, sus actores sacan algo de vida de donde no hay. Y la pasividad y previsibilidad de la narración (cada escena es un cliché de libro) podría haber ofrecido un producto infumable si no fuera porque tiene ritmo gracias a que hay mucha acción de cine de serie B: tiroteos absurdos pero espectaculares, una cantidad de violencia y sangre poco común hoy día (se echan de menos las cintas para mayores de 18 años), muertes realmente originales y truculentas (estúpidas también, claro), etc.

La dirección (Lexi Alexander) no es mala pero se ve bastante lastrada por una fotografía (Steve Grainer) muy torpe (está llena de encuadres lamentables) y un montaje realmente penoso. También tengo que decir que posee unos efectos sonoros que no sé si son chapuceros sin más o un intento fallido de buscar un extraño sentido del humor: están hipertrofiados, exagerados hasta resultar muy molestos en ocasiones; por ejemplo es penoso cuando le quitan un vendaje a un personaje y suena como si estuvieran retorciendo un pescado o algo así, y son verdaderamente cansinos los constantes amartillamientos de armas que suenan cada vez que aparece alguna (y hay cientos) en pantalla.

Lo más destacable es que sus autores y actores evidentemente no se toman en serio la película y parece que se divierten haciéndola. No hay más que ver las numerosas escenas delirantes o las presencias de Dominic West y Doug Hutchinson, quienes se toman a guasa sus papeles y obtienen unas actuaciones tan carismáticas que consiguen despertar el interés en los ridículos personajes que llevan a cuestas. Así, el reparto se alza como lo único realmente digno de esta bobada; prácticamente todos sus miembros son rostros no muy conocidos pero de sobrada experiencia demostrada en grandes títulos de la televisión: Dominic West fue el genial McNulty en The Wire, Ray Stevenson (sustituyendo a Thomas Jane como protagonista) encarnó al simpático bruto Tito Pullo en Rome, Julie Benz fue la misteriosa Darla en Angel, Colin Simon es un secundario habitual de la pequeña y la gran pantalla (salió en varias de James Bond de la época de Pierce Brosnan) y Doug Hutchinson ha sido un destacable secundario en numerosas series de prestigio (Expediente X, Perdidos…). Todos ellos ofrecen interpretaciones bastante más completas que actores mucho más famosos en obras más conocidas del género: no me hagan nombrar al Brandon Routh de Superman Returns o el patético reparto de Los Cuatro Fantásticos.

Punisher: War Zone ha salido directamente a DVD en probablemente todo el mundo después del estrepitoso fracaso cosechado en los cines de EE.UU., y es que es evidentemente sólo apta para amantes del cine cutre. Por cierto, sí, es un tanto hipócrita poner a caldo la crisis artística del cine y a la semana siguiente tragarme una producción de este calibre…