El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: abril 2011

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: parte I

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I, 2010, EE.UU.
Género: Fantasía.
Duración: 146 min.
Director: David Yates.
Escritor: Steve Klobes, J. K. Rowling (novela).
Actores: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Ralph Fiennes, Bill Nighty, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Brendan Gleeson, Bonnie Wright, Tom Felton, Jason Isaacs, Evanna Lynch, David Thewlis, Imelda Staunton, John Hurt, Robbie Coltrane, Timothy Spall.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: cri, cri, cri…
Lo peor: Guión, dirección, ritmo, el actor principal, las eternas malas decisiones de los productores…

* * * * * * * * *

La verdad es que no cabía esperar una mejora sustancial teniendo al frente al mismo guionista torpe (Steve Kloves) y al mismo director tan poco dotado (David Yates), pero al menos los mandamases que la producen sí podrían haberse ahorrado el enorme timo que supone la división en dos partes, pues con una sola película se hubiera ido al grano y por cojones, por aglomeración de tramas y acción, el entretenimiento hubiera estado asegurado. Pero tuvieron que exprimir aún más la saga para obtener más y más millones, que hay que renovar la flotilla de aviones privados y Ferraris, y claro, esta primera parte queda como una introducción de dos horas, con todo lo que eso conlleva: casi nada de contenido y un ritmo casi insoportable.

Y en estas condiciones no se puede entender cómo el guionista no se esforzó (o sí lo intentó pero no lo logró) en dar coherencia, vida y densidad a la historia. La cinta ofrece dos horas de nada, tanta nada que seguramente inspiró a Michael Ende, cuando había en las novelas enjundia de sobra de la que sacar material tangible y atractivo. Para empezar, todo lo que inexplicablemente no se abordó en las anteriores películas, detalles cruciales como que las varitas de Potter y Voldemort son gemelas o presentar debidamente qué son los horrocruxes (por citar los dos más importantes, que hay mucho más), debería haberse dejado bien clarito aquí. Pero las explicaciones, cuando las encuentras entre tanta escena vacía, se limitan a un par de citas o revelaciones soltadas de golpe sin el contexto adecuado, con lo que no se captan bien. Por ejemplo, qué son los horrocruxes y para qué los necesitan se mete de tapadillo en una escena que va de otra cosa, y lo suelta Ron de espaldas, como en segundo plano. ¿Pero qué broma es esta? ¿El argumento central de la película lo expones así? Y el resto de la narración se dedica a personajes vagando por bosques, en una búsqueda que, incluso si has pillado esa frase, no se entiende muy bien de qué va: ¿qué decías que eran los objetos, de dónde salen, por qué están por ahí, cómo esperan encontrarlos y qué esperan hacer con ellos cuando los tengan, por qué se pasan semanas de acampada sin hacer nada, por qué de repente asaltan el Ministerio, cómo dices que vuelve Ron, de dónde sale el elfo, por qué antes usaban escobas y ahora se tele-transportan y por qué unas veces se tele transportan y otras no…?

La lista de interrogantes, vaguedades, tramas mal expuestas y peor desarrolladas es incluso superior a las otras entregas. Un no lector no puede comprender lo que está viendo, y yo no puedo entender que en esas condiciones se pueda disfrutar la película. Yo mismo no tengo la novela fresca en la memoria y lo único que veía eran escenas huecas y eternas puestas en fila, una cantidad enorme de metraje que no me daba contenido, drama, acción. El único acierto es la explicación de qué son las Reliquias de la Muerte, con ese curioso cuento que casi es un corto dentro de la película, pero todo lo demás queda en el aire y no hay manera de hilarlo sin los libros delante.

Tampoco se saca partido alguno de los protagonistas a pesar de que toda la historia se centra casi exclusivamente en los tres chavales. Tanto tiempo en pantalla y no sabemos qué piensan, qué esperan de sus compañeros, qué miedos y motivaciones les asaltan y empujan en sus desventuras. No ayuda que el director sea un completo inútil también a la hora de dirigir actores, pues los deja ahí plantados delante de la cámara sin otra instrucción que recitar el diálogo. Tampoco beneficia que de los tres sólo Emma Watson medio se defienda, porque Rupert Grint da risa y Daniel Radcliffe llega a provocar asco de lo mal que lo hace.

La superproducción no luce lo más mínimo, porque no hay lo que se dice escenas que den para ello. La poca acción con efectos especiales que encontramos se halla en el inicio, con la huida de la casa de Harry, pero entre la infame dirección y los mediocres efectos digitales (como dije en la anterior entrega: ¿cómo narices es posible que visualmente la saga vaya a menos?) el caos resultante resulta casi molesto y desde luego no emociona lo más mínimo. Más allá de eso sólo hay algunos grandes angulares de paisajes entre escenas largas y tediosas de personajes sentados sin hacer nada. No le va el dinamismo y la energía a David Yates, qué se le va a hacer.

La única mejora ostensible es que por fin se han decidido a cambiar al compositor de la banda sonora, dejando al inadecuado Nicholas Hooper de lado y contratando al que parece que será el relevo de John Williams como gran maestro de la música del cine: Alexandre Desplat. Si bien su trabajo no es memorable (y tiene muchas bandas sonoras que sí lo son) desde luego muestra una profesionalidad sin fisuras. Y hablando de Williams, es descarado que Desplat imita su estilo (quizá por imposición), pero como lo hace bien no tengo queja sobre ello.

También debo decir que la película no parece estar dedicada a un público claro. Es un error enorme hacerla tan oscura, no sólo porque es un coñazo ver una cinta tan apagada, sombría y fría visualmente cuando la saga destacaba por destilar magia en cada plano, sino sobre todo porque se supone que es para niños. Y por si fuera poco su nivel de violencia, terror y sangre supera a producciones que se suponen para adultos: me quejo de la poca visceralidad de cintas como Terminator Salvation y ésta tiene bastante más… ¡y es no recomendada para menores de siete años! ¿Cómo han conseguido colar algo así? Luego está el tema de que tampoco debería funcionar para los no lectores, por eso de que no se entiende, pero qué más da, es el producto mediático del año, qué digo, de la década, va a arrasar tenga la calidad y estilo que tenga, la gente va a verlo aunque no se entere de nada.

Nada hay para recordar en este bodrio insoportable, salvo los nombres de sus artífices para los maleficios que les queráis lanzar. Es una pena en la mitad de los capítulos de la saga, teniendo tanto potencial, teniendo un presupuesto infinito, un equipo técnico envidiable y un reparto de la hostia, hayan fallado los dos artífices más importantes, el guionista y el director, y más cuando es una serie donde precisamente podían cambiarse. Pero claro, quienes la hayan producido se basaban en un solo criterio: el dinero. Como me pasó con El Señor de los Anillos, me apenas todo lo que pudo ser y no fue, lo cerca que se estuvo en algunos momentos (¡que buena fue El prisionero de Azkaban!) y lo bajo que se cayó en otros. Sólo queda ver si la segunda parte merece la pena como cinta de entretenimiento sin pretensiones, porque esperar algo a estas alturas es absurdo.

Ver también:
El Príncipe Mestizo.
La Orden del Fénix.

Yann Tiersen – Dust Lane


Yann Tiersen – Dust Lane
Género: Rock alternativo, post-rock, dream-pop
Año: 2010, Anti-
Valoración:

Han pasado cinco años desde el sublime Les retrouvailles, el último gran disco de estudio de Yann Tiersen, aunque de por medio tuvimos un aburrido directo (On Tour) y una banda sonora de poca importancia (Tabarly). La espera, que ya se dilataba bastante de por sí, se alargó más de lo debido por dramas personales y disputas con las discográficas, donde parece que Tiersen no se lleva bien con los grandes sellos y ha optado por volver a los pequeños.

Pero Dust Lane no ha satisfecho a todos sus seguidores, pues es claramente un disco menor. Es obvio que la música del francés está evolucionando hacia líneas de rock alternativo, ya se veía venir en Les retrouvailles (donde la influencia y mezcla era perfectísima) y se confirmó con sus decepcionantes giras de rock indie y post-rock. Ojo, no tengo nada en contra de que los artistas evolucionen, igual que no lo tengo en contra de que hagan siempre más o menos lo mismo. Todo depende de cómo se haga, de la inspiración y calidad final de sus trabajos. Dust Lane sobrepasa las fronteras del indie y el post y adquiere tonalidades de dream-pop (más alegre, con voces y coros femeninos o juveniles y adornos por doquier), pero no, la evolución y la combinación de géneros aquí no termina de cuajar.

No cabe duda de que en cada tema y arreglo se nota profesionalidad y experiencia. Los instrumentos suenan de maravilla, desde los tradicionales (acordeones, pianos) a los modernos (guitarras eléctricas, batería). Las atmósferas son muy coherentes, con sonidos muy equilibrados donde cada instrumento tiene su presencia perfectamente medida. La calidad de Tiersen como artísta y la colaboración del productor Ken Thomas (Sigur Rós, Moby) se nota en el acabado final, que resulta impecable. Las canciones son bastante correctas en general y con algunos momentos álgidos propios de este dotado músico, destacando la excelente Palestine al completo, los tramos de Till the End que con una guitarra te atrapan de lleno, los hermosos coros con guitarra de Dust Lane

Sin embargo también es evidente que el disco es muy lineal y posee poca fuerza y originalidad. Los temas son sencillos, como es habitual en Tiersen, pero carecen del virtuosismo con el que nos deleitaba anteriormente y se centra más en sobre cargarlos de adornos que en obtener melodías más certeras. Así, da la sensación de que los cortes están inflados, mucho en algunos casos (los dos últimos), de que canciones efectivas pero algo simples se han adornado demasiado, de que atmósferas que en principio atrapan por su belleza y exquisita coherencia instrumental terminan por no llevar a ninguna parte.

Dust Lane es un álbum de escucha agradable, que entra de maravilla salvo por algún tramo innecesariamente reiterativo, pero también se olvida rápido y no deja huella alguna. Si este va a ser el rumbo de la carrera de Yann Tiersen yo desearía que volviera a sus orígenes. Esperemos que sea sólo un bache en la transición. Aunque dicho sea de paso, ya querrían grupos de mucha más fama (Arcade Fire y otras bandas sobrevaloradas del rock alternativo o del indie) tener bajones con un listón a esta altura.

1. Amy – 5:01
2. Dust Lane – 5:10
3. Dark Stuff – 5:54
4. Palestine – 4:30
5. Chapter 19 – 5:02
6. Ashes – 5:17
7. Till the End – 7:49
8. Fuck Me – 7:42
Total: 46:25

Rango

 

Rango, 2011, EE.UU.
Género: Animación, comedia, acción.
Duración: 107 min.
Director: Gore Verbinski.
Escritores: John Logam.
Actores: Johnny Depp, Isla Fischer, Abigail Breslin, Ned Beaty, Alfred Molina, Bill Nighty, Harry Dean Stanton, Timothy Olyphant, Ray Winstone, Claudia Black.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La perfecta animación (diseño de criaturas, texturas, realismo, belleza).
Lo peor: Falta de definición en el argumento y altibajos en el ritmo.
Mejores momentos: El prólogo, el primer encuentro de la pareja protagonista, la persecución…

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Rango es un caso aparte en la animación digital, una cinta ajena a las dos tendencias principales actuales, la de calidad de Pixar y la comercial de Dreamworks. Es la primera incursión en el género de la archiconocida Industrial Light & Magic, empresa de efectos especiales creada por George Lucas y que ha dado genialidades imborrables de nuestras mentes como los dinosaurios de Parque Jurásico, y su director es Gore Verbinski, un realizador que tras The Mexican y The Ring prometía bastante pero cuya carrera parece no levantar el vuelo como se esperaba (dedicarse a sagas revienta taquillas como Piratas del Caribe no es el camino, desde luego).

La proyección impacta de lleno desde sus primeros planos, y no deja de sorprender hasta el final: la animación es la más perfecta vista hasta el momento, superando incluso a las maravillas visuales que ha conseguido la veterana Pixar. La calidad de las texturas es indescriptible, y el foto realismo total es bien palpable en todas las imágenes de los desiertos. Además, el diseño de las criaturas resulta inspiradísimo y sus movimientos contribuyen de maravilla a su realismo y a remarcar sus personalidades, logrado esto último gracias a que primero se rodó en plató con actores para captar mejor la esencia de la escena y los movimientos y gestos de los protagonistas. La gran imaginación y su excelente plasmación con los ordenadores se aprovecha muy sabiamente, obteniendo una gran cantidad de secuencias y planos que van de lo espectacular (la persecución) a lo hermoso (innumerables planos del desierto resultan preciosos).

Pero en el aspecto narrativo la cinta no se halla tan equilibrada, resultando un experimento interesante y divertido pero irregular, y transmitiendo en general la sensación de que podría haber sido muchísimo más si se hubiera puesto más interés en dar coherencia a la trama que en empalmar escenas determinadas (a algunas les cuesta encajar con el resto) y homenajes por doquier. La historia se desarrolla a trompicones, con altibajos muy marcados, con momentos a los que les cuesta llegar a algo (sobrando especialmente esos búhos cantarines de las narices) y otros que son auténticos festines de humor y acción. El estilo conferido navega entre la comedia sencilla y directa, la surrealista, el drama clásico del western y la acción con persecuciones, monstruos y otras cosillas propias de la animación para jóvenes. Y esto último me lleva a indicar que tampoco parece terminar de decantarse por el público adulto o el joven: su trama es demasiado oscura (el villano es un tirano en un pueblo oprimido y desesperanzado), el entorno es sucio y hostil y sus personajes son muy tétricos (tanto en diseño como en personalidad), pero a la vez tiene secuencias y elementos demasiado juveniles.

En conjunto es sin duda un buen entretenimiento, con partes muy logradas, una fuerza visual enorme y protagonistas de calidad (en especial la figura central, una caricatura del antihéroe torpe que resulta divertidísima). Por un lado me alegro de que por fin haya una réplica de nivel contra la por ahora imbatible Pixar, por el otro está claro que ha faltado claridad de ideas en el proyecto, lo que se ha traducido en una película algo desaprovechada.

Invasión a la Tierra

Battle: Los Angeles, 2011, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 116 min.
Director: Jonathan Liebesman.
Escritor: Chris Bertolini.
Actores: Aaron Eckhart, Michael Peña, Bridget Moynahan, Michelle Rodriguez, Ne-Yo, Ramón Rodríguez, Jim Parrack, Cory Hardrict, Gino Anthony Pesi.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, espectacularidad, las imágenes de destrucción y caos, el carisma de Aaron Eckhart.
Lo peor: El final pierde algo de fuerza. No parece difícil mejorar el débil guión.

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Es alucinante la cantidad de malas críticas que está recibiendo esta película. Algunas la comparan con la aberración de Skyline. Y no, no es mala. De hecho dentro del género de acción de consumo rápido es de las destacables, del tipo Independence Day (sin su patriotismo cansino), Armaggedon (sin destellos de auto parodia) o Transformers. Ofrece un festín de efectos especiales, acción y destrucción y resulta un espectáculo digno de ver en el cine si te gusta este estilo de cine, este tipo de pasatiempos. Si buscas calidad, densidad y trascendencia obviamente eliges mal, pero viendo los avances se sabe perfectamente qué esperar.

Invasión a la Tierra (un título que desvirtúa el original y engaña, pues la historia se centra en Los Ángeles) parece una versión palomitera de Black Hawk derribado con alienígenas y obviamente no tan bien rodada, y también podría decirse que es una adaptación encubierta de los memorables videojuegos Call of Duty (en especial Modern Warfare). Nos deleita con una orgía de tiros y más tiros, caos bélico, soldados corriendo entre la masacre, escenas catastrofistas de enormes proporciones… y todo ello con un ritmo que no decae en casi ningún instante, que te machaca hasta dejarte anonadado.

El envoltorio, la atmósfera, es bastante destacable. Sí, la cámara en mano de Jonathan Liebesman es mejorable, y los efectos digitales que recrean a los alienígenas también (no es una superproducción de las gordas del año, está un peldaño por debajo), pero el ambiente de destrucción es asombroso: los numerosos decorados de edificios derruidos son realistas y espectaculares, y los planos generales de la ciudad en llamas, algunos de sobrecogedoras características apocalípticas, resultan impresionantes.

El guión es sencillo e indudablemente hueco y trivial. Su mejor baza es que sus autores saben lo que quieren ofrecer y van a por ello directamente, sin importarles si resulta simple y sin pretender abarcar más de lo necesario. La presentación de personajes se despacha rápido, pues son carnaza para que vayan muriendo poco a poco, pero cabe destacar que ninguno resulta repelente o aburrido y el protagonista, aunque con conflictos clásicos (¡era su último día en el cuerpo!), destaca gracias al carisma de su intérprete, Aaron Eckhart. Las distintas escenas que conforman la aventura no obedecen a tramas complejas (sólo hay que ir del punto A al B) y se dedica el tiempo a orquestar buenas secuencias bélicas de lo más variadas, como emboscadas, huidas entre las casas o por las calles y contraataques épicos (la escena de la gasolinera), con no pocos momentos cumbre muy logrados, como cuando son diezmados en el puente por una especie de cañón.

El único aspecto negativo notable es que falla en el desenlace, donde la batalla final (el hallazgo del punto débil de los invasores y la incursión para atacarlo) pierde algo de interés y, por eso de tener que meter la gota de esperanza en la victoria, resulta incluso algo forzado. Pero el resto de la película da lo que se espera sin achaques notables, sin dar la sensación de ser cutre, tramposa o insultantemente simple, algo que resulta bastante común en el género.