El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: agosto 2007

Sunshine

 

Sunshine, 2007, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Director: Danny Boyle.
Escritor: Alex Garland.
Actores: Cliff Curtis, Cillian Murphy, Michelle Yeoh, Rose Byrne, Chris Evans, Chipo Chung, Hiroyuki Sanada, Benedict Wrong, Troy Garity, Mark Strong.
Música: John Murphy, Underworld.

Valoración:
Lo mejor: El primer tramo de la cinta, el más comedido e interesante.
Lo peor: El delirante final. La mediocre puesta en escena de Danny Boyle, el guión lleno de agujeros e incongruencias e incapaz de definir buenos personajes y ofrecer una trama que equilibre las distintas y casi incompatibles líneas narrativas (mezcla poco homogénea de cine de catástrofes, de ciencia-ficción, de terror…).

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No llego a comprender cómo el realizador Danny Boyle ha llegado a calar tan hondo en amplios sectores del público y la crítica. Sus obras más destacadas, Trainspotting y 28 días después, han dejado bastante huella a pesar de la irregularidad de la que hacen gala, a pesar de que Boyle echa a perder las interesantes ideas originales con su puesta en escena poco lograda y en algunos tramos delirante y caótica sin sentido. El caso de Sunshine ha ido por el mismo camino: ha tenido en general críticas decentes, pero el producto final a un servidor le parece casi desastroso, y en gran medida es culpa del director.

Sunshine es una malograda mezcla de géneros. Comienza como cine de catástrofes, con la poco creíble misión de detonar una bomba en el Sol para reactivarlo, continúa como cinta de ciencia-ficción, con las aburridas aventuras de la tripulación intentando llegar a su objetivo mientras lidian con los problemas de la nave, y en el tramo final se decanta sorprendentemente por el terror de zombis con leves toques de gore. La simbiosis entre estos tres estilos es irregular, ineficaz. La cinta va dando traspiés sin que quede claro de qué va (a parte de lo de la bomba), sin decantarse de una vez por un rumbo claro, con lo que dificulta la atención del espectador, quien tiene que afrontar los cambios de estilo en una narración con un eje en común también bastante endeble: esos personajes sin definición que entran y salen casi aleatoriamente y parecen puestos ahí para morir en uno u otro instante. Estos caracteres además resultan bastante increíbles: nefasto casting que coloca a jóvenes casi imberbes como científicos y astronautas de gran nivel; la cosa no queda ahí, pues además de comportarse como adolescentes inmaduros cada cual es más incompetente y patético (el segundo al mando es una caricatura vergonzosa). ¿Quién puede creerse que para una misión de tal importancia semejantes parias hayan podido pasar una prueba de selección adecuada?

El guión es demasiado simple y monótono, con diálogos vacíos, situaciones poco entretenidas o totalmente carentes de interés… y algunas no se sabe muy bien qué pintan en la historia, estando apenas justificadas para servir de ambientación o inciso dramático (por ejemplo, ¿qué sentido tiene que el escudo tenga paneles que se abren?, ¿cómo pueden los restos de piel humana de siete tripulantes dejar una capa de polvo de varios centímetros en una nave tan grande?). Las incongruencias, los reveses previsibles de la historia, las preguntas que asaltan al espectador, etc., son elementos típicos de estas producciones menores de acción/terror: ¿por qué ese personaje se comporta tan irracional e infantilmente?, ¿por qué justo ahora se olvidan de la radio o de poner el filtro solar?, ¿cómo pueden respetar tan poco la cadena de mando? A veces dan ganas de gritarle ¡estúpido! a los personajes.

Las virtudes del libreto son casi inexistentes, pero es más lamentable que el poco jugo que se le podría sacar Danny Boyle no lo aprovecha. Su puesta en escena carece de originalidad (¿por qué cuando se está en una nave espacial la cámara tiene que girarse?), abusa de primeros planos y enfoques cortados (reflejos, reflejos borrosos, objetos de por medio) que lejos de imprimir el tono de claustrofobia propio de la situación limitan completamente la narración a los rostros de unos personajes muy aburridos, con lo que no se ve nada y se echa a perder aún más la poca intensidad que posee la historia. El abuso de escenas que pasan por encima de la nave o muestran su escudo también resulta cansino, por no hablar de las repetidas e innecesarias visitas a la sala de observación. Pero la cosa va a peor a medida que avanza la función, pues cuando la nave perdida aparece Boyle pierde el juicio completamente. La absurda y ridícula locura a la que asistimos a partir de ahora comienza con unos flashes repentinos diseminados entre fotogramas. No se acierta a ver qué es, no se comprende su presencia, sólo distrae y hace pensar en un fallo de la proyección. El montaje se acelera, se hace caótico, la fotografía empieza a agitarse descontroladamente… pero todavía no ha llegado lo peor, pues contra toda lógica Boyle se empeña en emborronar la pantalla ante la presencia del zombi, así que los últimos minutos se limitan a ruido, pantalla borrosa, personajes corriendo y escenas en las que uno ya no sabe qué pasa.

Arreglando el tramo final podría haber sido una cinta decentilla; bastante típica y con muchos baches, pero pasable. El conjunto da lástima, y por si fuera poco se acumulan los instantes que recuerdan a otras producciones del género, desde las clásicas 2001 y Alien a otras menos conocidas, como Horizonte Final o Solaris, dejando una sensación constante de falta de originalidad, de personalidad.

Entre copas

Sideways, 2004, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 126 min.
Director: Alexander Payne.
Escritores: Alexander Payne, Jim Taylor, Rex Pickett (novela).
Actores: Paul Giamatti, Thomas Haden Church, Virginia Madsen, Sandra Oh.
Música: Rolfe Kent.

Valoración:
Lo mejor: El buen equilibrio entre drama y comedia, el eficaz guión. Los actores están muy bien en sus papeles.
Lo peor: Su primer tramo está inflado y carece de contenido: tarda en coger ritmo, en centrarse.
Mejores momentos: Cuando intentan simular el accidente de coche.

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El de Hollywood es el mercado cinematográfico dominante en casi todo el mundo, y basa su reinado en un cada vez más cansino abuso de estereotipos, clichés, secuelas y remakes. Salvo contadas excepciones, que da la sensación de que cada año son menores en número y calidad, apenas ofrece obras dignas de mención, cine que aúne originalidad con profesionalidad. Por eso se entiende que de vez en cuando producciones independientes salten a la taquilla renovando el ambiente al aportar algo de originalidad y buen hacer, pero a la vez causando mayor repercusión de la que la calidad de la cinta merece. El caso de Entre copas es uno de ellos. Llegó a estar nominada a cinco de los Oscar más importantes (dirección, película, actor y actriz secundarios, y llevándose el de mejor guión original) compitiendo con maravillas como Hotel Rwanda y Buscando Nunca Jamás y otras cintas notables como El Aviador o Million Dollar Baby. Si bien es una obra simpática, entretenida y con actores en estado de gracia, recibió unas críticas desmesuradas que de haber estado en una época donde aparecieran más de un mísero puñado películas de gran calidad no habría ni soñado tener. De todas formas, se agradece que la cinta tuviera repercusión aun a costa de recibir alabanzas casi absurdas, pues en caso contrario la distribución seguramente habría sido muy limitada.

Dejando aparte los misterios insondables de la Academia y los gustos moldeables del público, Entre copas es una obra bastante recomendable, tanto por deslumbrar en el panorama cinematográfico tan poco inspirado de estos años como por la simpatía que destila, pues es una cinta de personajes muy humanos con historias sencillas, algo que se ve en contadas ocasiones. El guión de Alexander Payne y Jim Taylor sobre la novela de Rex Pickett aúna con un eficaz equilibrio el drama con el humor, y edifica a través de las aventuras de los protagonistas un hermoso y divertido retrato de ciudadanos normales enfrascados en problemas cotidianos: desamores, depresiones, dificultades en el trabajo… La cinta tarda en arrancar y en su primer tramo adolece de montajes musicales que afectan al ritmo al tratarse de meros rellenos, pero cuando por fin se lanza adquiere un ritmo estable donde no hay bajones dignos de mención. Se suceden las visitas a bodegas y bares con situaciones divertidas y emotivas, asistimos a discusiones sobre los rumbos de las vidas de los protagonistas, sus sueños y fracasos, y todo a través de diálogos ágiles donde cada línea tiene algo interesante que aportar a los ricos personajes y sus peripecias.

Se le puede achacar que la música es bastante insistente, pero la realización es correcta y, salvo porque al principio le cuesta centrarse, saca buen provecho del guión. Pero lo más destacable son los cuatro actores principales: la logradísima vena deprimida de Paul Giamatti (borda las escenas en las que el alcohol fluye a raudales), el estupendo toque despreocupado y vividor de Thomas Haden Church (tras ese rostro poco agraciado hay un gran intérprete), y las estupendas aportaciones de Sandra Oh y Virginia Madsen, aunque no me parece que esta última destaque tanto como para que estuviera a punto de llevarse la estatuilla.

En pocas palabras, entretenimiento inteligente que basa su fuerza en diálogos y personajes tratados con cuidado y delicadeza. Hace falta más cine así y menos producciones clónicas.

Los Cuatro Fantásticos

Fantastic Four, 2005, EE.UU.
Género: Fantasía, acción.
Duración: 106 min.
Director: Tim Story.
Escritores: Mark Frost, Michael France.
Actores: Ioan Gruffudd, Jessica Alba, Michael Chiklis, Julian MacMahon, Chris Evans.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de Jessica Alba, ¿qué si no?
Lo peor: Todo lo demás: realización vulgar, guion penoso, personajes ridículos, efectos especiales malos… Aburre bastante y cada dos por tres sorprende con una incoherencia o un diálogo tan horrible que produce tanto asco como risa. El tono de película para adolescentes (personajes, música, escenas tontas…) es insoportable.
Peores momentos: La escena del puente, pues bate record de errores, incoherencias y tonterías, seguida muy de cerca de la pelea tras el espectáculo de motos: científicos de prestigio comportándose como adolescentes. También son insoportables  la del video clip cuando esquían y cómo en un vergonzoso giro los guionistas logran que Ben vuelva a transformarse al final de nuevo en La Cosa para quedarse así… porque sí.

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Enésima adaptación de otro de los cómics más conocidos de la factoría Marvel, que como viene siendo demasiado habitual se queda lejos del aprobado. Los productores buscan la fórmula del éxito sobre la calidad, así que obligan a los guionistas y directores a seguir directrices comerciales e incluir escenas que suponen que atraerán al público esperado, en este caso los menores de treinta años y los adolescentes. Es la única manera de explicar este despropósito de cinta donde unos científicos de alto nivel se comportan como niñatos, donde video clips a ritmo de rock aparecen sin razón y la trama se limita a desarrollar tópicos con diálogos insulsos.

Con gran cantidad de escenas que no aportan nada la cinta se entretiene demasiado en los previsibles y aburridos conflictos que producen las mutaciones en los protagonistas, tanto en relación con el resto de la sociedad como entre ellos, y en gran parte de su metraje no parece tener claro sus objetivos; por si fuera poco se cuenta con un villano cuya aparición se prolonga demasiado y no ofrece nada interesante. Escenas cómicas de humor inmaduro, dilemas y peleas infantiles, relaciones amorosas demasiado vistas y escritas con torpeza… Nada interesante y menos aún inteligente sale de la boca de unos actores que, salvo Michael Chiklis, expresivo incluso tras el logrado maquillaje de la Cosa, aportan muy poco (Julian MacMahon -Doom- y Jessica Alba –la Chica Invisible-) o directamente rozan lo patético, como los terribles Ioan Gruffudd (Mr. Fantástico) y Chris Evans (la Antorcha Humana). Los errores de guión, las inconsistencias e incoherencias están presentes en cada tramo de la película, siendo muy llamativos en algunos casos, como la escena del puente, llena de cabos sin atar: ¿cómo aparecen tantas ambulancias, policías y periodistas de la nada justo tras el instante en que ocurre el accidente y justo en el centro del caos, como si hubieran pasado el tráfico por encima?, ¿cómo es tan endeble el puente que un camión de bomberos derrapando derriba un gran número de columnas o cables?, ¿para qué tanto jaleo en conseguir que Sue se haga invisible para pasar entre el caos si luego los demás pasan andando como si nada diciendo ah, has pasado?

La puesta en escena de Tim Story es rutinaria, muy simple e impersonal, y no saca provecho alguno de las escenas de acción, que carecen de tensión y espectacularidad. Los efectos especiales, excepto el bien resuelto fuego de la Antorcha Humana, algo bastante complicado de hacer, dejan muchísimo que desear, ofreciendo una apariencia de serie de televisión (atención al asfalto que se destroza antes de que la Cosa se estampe contra él), mientras que la música (de un otrora prometedor John Ottman vendido cada vez más al cine comercial) suena tan vista como los demás elementos de la función. Es muy sorprendente que esta abominación diera suficiente dinero como para hacer una secuela, claro que peor es que los productores no vieran sus enormes carencias y cometieran la negligencia de ponerla en manos de los mismos autores.

Ratatouille

 

Ratatouille, 2007, EE.UU.
Género: Animación, fantasía, comedia.
Duración: 110 min.
Director: Brad Bird.
Escritor: Brad Bird.
Actores: Patton Oswalt, Ian Holm, Lou Romano, Peter O’Toole, Peter Sohn, Brad Garrett, Janeane Garofalo, Brian Dennehy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La animación, un guión que dosifica bien sus bazas: entretenimiento, humor, personajes carismáticos, mensajes educativos…
Lo peor: Le falta ímpetu, carácter. No está a la altura de las grandes de Pixar.
Mejores momentos: El protagonista dormido en la cocina, con la rata intentando manejarle y despertarle.
La frase: No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar.

Pixar es una apuesta de calidad asegurada, tanto que incluso sus películas menos logradas están muy por encima de los múltiples productos comerciales de animación (digital o no) que provienen de Hollywood (el cine asiático es otro tema, pues llega con cuentagotas y no suele calar entre el gran público). Ratatouille es buena prueba de ello, pues aunque en conjunto no consigue dejar las buenas sensaciones de las grandes películas de dicha factoría, funciona bastante bien como entretenimiento y ofrece una factura impecable.

En el aspecto técnico es una cinta extraordinaria. El diseño de los personajes es muy adecuado al carácter de cada uno de ellos, mientras que los decorados están logradísimos, siendo impresionantes en cada escena, tanto que aunque la cinta se desarrolle en gran parte en la cocina no deja de sorprender por la cantidad de detalles que hay. Y como la animación sigue avanzando, el realismo de las texturas es increíble: salvo por el aspecto cómico de los protagonistas, obviamente buscado a propósito, hay muchísimos planos en los que parece que estamos ante imágenes reales. Como siempre, Pixar a años luz del resto.

El guión en cambio no ha estado tan inspirado como en otras ocasiones. Se nota la profesionalidad de sus autores (Brad Bird principalmente), quienes ofrecen un repertorio de personajes carismáticos bien construidos e incluidos en la trama de forma equilibrada (algunos magistralmente, como el crítico o el inspector de sanidad) y unos diálogos ágiles adecuados a las necesidades. Sin embargo, la aventura carece de la intensidad a la que nos tienen acostumbrados. Es dinámica, divertida y con buenos momentos, pero nunca llega a ser impresionante, y menos brillante. Así mismo, hay varios tramos en los que el interés decae bastante, aunque sin llegar a aburrir.

Una buena elección para pasar un rato divertido, recomendable tanto para pequeños como para adultos.

Batman vuelve

 

Batman Returns, 1992, EE.UU.
Género: Fantasía, acción.
Duración: 126 min.
Director: Tim Burton.
Escritor: Daniel Waters.
Actores: Michael Keaton, Michelle Pfeiffer, Danny DeVito, Christopher Walken.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La dirección de Tim Burton, la música de Danny Elfman.
Lo peor: Una carencia total de guión, trama y personajes. La película es una sucesión de escenas totalmente absurdas.

Un servidor lleva años siendo gran admirador del Batman de Tim Burton, película que figura entre mis favoritas desde la pre-adolescencia y despertó mi admiración por tan original director, además de poseer una banda sonora que, haciendo memoria, creo que fue la que más me impactó en aquella temprana edad y me empujó a convertirme en ferviente admirador de este género musical. Sin embargo, a pesar de haber sido horrorizado con las espantosas y horteras secuelas perpetradas por Joel Schumacher (Batman Forever y Batman y Robin, esta última digna de considerarse una de las peores cintas de la historia) y más recientemente haberme deleitado con la nueva saga iniciada por otro director que figura también entre mis más admirados, Christopher Nolan, nunca había puesto verdadero esfuerzo por ver la segunda parte (pocos pases por televisión, supongo), a pesar de estar realizada por el mismo Tim Burton. No fue hasta hace poco cuando volví a acordarme de su existencia y me obligué a verla de una vez por todas. Lógicamente lo hice esperando entusiasmado encontrar una cinta cercana al nivel de la fantástica primera entrega, pero la decepción ha sido de proporciones catastróficas, tanto que me supuso gran esfuerzo completar el visionado sin salir huyendo exclamando insultos contra mi alabado Burton.

Lo más sorprendente y lamentable de este engendro de película es la carencia total de sentido en la historia. En una parodia tipo Mars Attacks! y en una cinta tipo Bitelchús son bienvenidos todos los delirios que puedan salir de la extraordinaria mente de Tim Burton, pues encajan en el mundo descrito y en el argumento, pero este Batman vuelve apenas tiene relación con el universo creado en la primera entrega, sino que es una parida de principio a fin que adolece de una falta de lógica alarmante en todas sus escenas. Sencillamente no hay guión, no existe una narración más allá de confrontar personajes estrambóticos, con lo que la cinta va dando tumbos entre escenas anodinas, irrisorias, innecesarias, aburridas e incluso estúpidas hasta dar vergüenza (los payasos saltarines como enemigos y los pingüinos armados son el colmo del absurdo). La construcción de personajes es terrible, y salvo por los destellos de humanidad que destila el Pingüino estos entran y salen de la función sin motivos claros y sin dejar huella. Muy malparado sale el propio Batman, quien parece un mero secundario al que se recurre de vez en cuando para ofrecer vulgares escenas de acción, mientras que otros de estos caracteres están metidos de forma tan endeble que casi todas sus apariciones carecen de sentido: ¿por qué Catwoman ataca a Batman de vez en cuando y sin venir a cuento si su ridículo nacimiento no tuvo nada que ver con él? Durante la función también me asaltaba constantemente una pregunta: ¿dónde está Gotham? La ciudad está representada por una plaza y un par de planos de los edificios circundantes, encima horriblemente dibujados, mientras que los demás decorados se limitan a los pocos locales de algunos de los protagonistas. Así pues, entre la trama insípida, unos personajes muy pobres, la continuas escenas absurdas mal ubicadas y la carencia de personalidad de los escenarios, el desbordante carisma de la primera entrega aquí no existe.

La correcta labor de Tim Burton tras las cámaras y la efectiva música de Danny Elfman no salvan este estropicio, pero al menos permiten algo de distracción entre el tedio casi insoportable que ofrece la cinta. La peor obra de Tim Burton, incluso muy por debajo de su criticada El planeta de los simios.

Nicholas Hooper – Harry Potter and the Order of the Phoenix

Nicholas Hooper – Harry Potter and the Order of the Phoenix
Género: Banda sonora original
Año: 2007, Warner Brothers Records
Valoración:

Un servidor tenía la esperanza de que Patrick Doyle continuara en la saga tras su sublime aportación en El Cáliz de Fuego aunque aquélla fuera poco apreciada debido al elevado número de fanáticos de John Williams, pero enorme fue mi sorpresa cuando el director de la nueva entrega de las andanzas del niño mago, David Yates, consiguió traerse al compositor que deseaba, un desconocidísimo Nicholas Hooper, a quien se puede considerar prácticamente como un novato debido a su corta carrera centrada especialmente en televisión. Fue una elección controvertida y poco esperanzadora, pues nada auguraba que Hooper fuera capaz de hacer frente a un producto de primer nivel y enorme repercusión, y más complicado aún, tenía que enfrentarse a la comparativa entre dos de los mejores compositores que ha dado la industria del cine. Ante semejante panorama observo el resultado de su obra y, aunque no puedo darme por satisfecho, si le otorgo el mérito de haber superado la presión y haber conseguido una partitura bien adaptada a las necesidades de la cinta y bastante alejada de lo que podría denominarse mediocridad.

Uno de los problemas principales de la banda sonora viene de la propia película, pues Yates desvirtúa algún pasaje de la obra otorgándole un aspecto cómico excesivo y poco acorde con el contenido (la dictadora Umbridge no está para provocar risa), con lo que en parte se disculpa el a veces enervante tono de comedia que posee la composición. Sin embargo, eso no evita que el resultado parezca más propio de una comedia ligera que de una saga de aventuras y magia e incluso acción y misterio. La mayor parte de la música reflejada en este disco es de corte alegre, muy sencillo, simple unas veces y más conseguido en otras, pero nada destacable. De todas formas es ineludible decir que, aunque a más de uno se le atragantará, probablemente el mejor corte del álbum es uno de los máximos exponentes de esta vis cómica, Professor Umbridge, un delicioso repique de campanillas y efectivas cuerdas revisitado con menor acierto en otros cortes.

En cuanto a la parte oscura correspondiente a la intriga y la acción, ésta peca de convencional pero está confeccionada teniendo en mente más la correspondencia con las imágenes que el impacto estético o comercial. Entre los cortes más destacados cabe citar Hall of Prophecy, al que le falta inspiración pero se adecua a las necesidades, y dos muy parecidos entre sí, Dementors in the Underpass y Possession, que adquieren un logrado efecto coral cargado de un lamento trágico y perturbador de intensidad creciente, destacando este último como uno de los mejores momentos tanto en la música como en la película.

Otros temas que pueden ser mencionados no tienen mucha presencia. Algún tramo de transición como A Journey to Hogwarts resulta casi vulgar, mientras que Flight of the Order of the Phoenix es bonito pero apenas pasa de ser una buena idea; hay un golpe de guitarras (Fireworks) que ha sido bastante comentado por su nula relación estilística con el resto de la saga, pero no desentona con las imágenes donde los gemelos Weasley desatan un caos de fuegos artificiales; el en teoría tema de amor, The Kiss, se muestra insípido; el obligatoriamente trágico Death of Sirius (vaya con la manía de meter datos muy reveladores en los listados de temas) se presenta tan desaprovechado como la escena en la película: ¿un tema tan previsible y carente de dramatismo para un momento tan importante?

En conjunto, Hooper ha elaborado una partitura dinámica bien adaptada a las imágenes (de hecho en disco pierde puntos), utilizada sin llamar la atención innecesariamente y orquestada con atino, pero no logra evitar las sensaciones de que se trata de una obra bastante menor, apenas llamativa y con poco carisma y personalidad. A pesar de que en general el resultado es más que digno, seguramente pocos oyentes especializados consigan quitarse la sensación de que Hooper fue una elección equivocada y su composición queda bastante por debajo de lo que se espera para esta saga. Y por si fuera poco, ya que David Yates repite en la sexta adaptación es poco probable que la próxima cinta vuelva a tener un compositor distinto, sea el apreciado Williams o cualquier otro (personalmente me inclino por Doyle, que está menos visto). Por último, indicar que se le pueden poner pegas notables a la edición presente, pues no supera los cincuenta minutos pese a que seguramente había material de sobra y ofrece un orden de cortes prácticamente aleatorio.

 

1. Fireworks – 1:45
2. Professor Umbridge – 2:32
3. Another Story – 2:37
4. Dementors in the Underpass – 1:43
5. Dumbledores’s Army – 2:40
6. Hall of Prophecy – 4:25
7. Possession – 3:18
8. The Room of Requirement – 6:07
9. The Kiss – 1:56
10. A Journey to Hogwarts – 2:52
11. The Sirius Deception – 2:34
12. Death of Sirius – 3:56
13. Umbridge Spoils a Beautiful Morning – 2:38
14. Darkness Takes Over – 2:57
15. The Ministry of Magic – 2:47
16. The Sacking of Trelawney – 2:13
17. Flight of the Order of the Phoenix – 1:31
18. Loves One and Leaving – 3:15
Total: 51:56