El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2018

El ritual


The Ritual, 2017, Reino Unido.
Género: Suspense, terror.
Duración: 94 min.
Dirección: David Bruckner.
Guion: Joe Barton, Adam Nevill (novela).
Actores: Rafe Spall, Arsher Ali, Robert James-Collier, Sam Troughton, Paul Reid.
Música: Ben Lovett.

Valoración:
Lo mejor: Ambiente tenso, malsano y agobiante durante casi todo el metraje.
Lo peor: En los minutos finales no consigue mantener el nivel (aunque dista de fallar). Infravalorada mientras otras del género muy inferiores son aclamadas.

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En el cine, odio cuando como prólogo meten con calzador una historia que no pinta nada en el resto de la película, sólo porque no saben describir al protagonista principal sin tirar de un episodio dramático que deje un conflicto no cerrado con el que intentar conectar con el espectador y apoyar una evolución interna que suele ser innecesaria. Hay cantidad de títulos, principalmente de acción y terror, que usan este pobre recurso en vez de centrarse en la aventura y que el personaje sufra por lo que está ocurriendo y no por traumas anexos y sensacionalistas. Rara vez consiguen una relación orgánica con los eventos de la trama y las vivencias personales de forma que se realcen sus problemas y sus muertes o victorias impacten algo más.

Precisamente El ritual empieza con una introducción que parece de esta clase, y entre eso y que los géneros de suspense y terror dan pocas cintas originales, empecé el visionado con bastantes dudas. Pero al poco de entrar en materia se va perfilando una buena conexión entre los personajes y el trágico suceso, tanto por sus dilemas internos y los roces entre ellos como por la paranoia en que el mal que acecha en el bosque va sumiéndolos, jugando con los remordimientos y los miedos.

El realizador David Bruckner y el guionista Joe Barton le cogen el pulso al relato a la primera y lo van moldeando ante tus narices sin que se vean los trucos, pues, aunque no sea el no va más, no encontramos clichés rancios del género ni en lo argumental ni en lo visual. La historia, quizá por estar basada en una novela (de Adam Nevill publicada 2011), es más original y algo más sustanciosa de lo habitual. Aunque evidente que estamos ante lo de siempre, gente aislada muriendo en fila. No sabes por dónde va a salir, ni cómo podría acabar, alejándose así de la infinidad de cintas clónicas que saturan el mercado. Aunque inicialmente pueda recordar a ese fenómeno absurdo que fue El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), el recorrido y su calidad son muy distintos. Algunos han querido hilar un parecido con La bruja (The Witch, Robert Eggers, 2015), pero más allá de la temática de brujería no hay nada en común. Lo más cercano que se me ocurre sería el videojuego Outlast 2 (2017), y no sé si este bebió del libro o son parecidos casuales.

Juegan con lo desconocido con inteligencia, dejando con cuentagotas pistas que activan tu imaginación. El bosque pasa en un visto y no visto de ser un paisaje natural hermoso a un entorno amenazador, y conforme avanza la proyección cada vez resulta más agobiante, con picos perturbadores. La sensación de indefensión, el miedo a la oscuridad y la claustrofobia te mantienen nervioso en casi toda la proyección, sobre todo desde la noche en la cabaña, que ofrece unas cuantas escenas espeluznantes. Los personajes aguantan el tipo bastante bien, desgranando sus problemas personales con habilidad a lo largo del reto ante el que se encuentran. Y conforme se acerca la misteriosa entidad aumenta el nivel de desasosiego, con unos cuantos sustos bastante efectivos y en general un ambiente perfecto para pasar un mal rato.

El uso del sonido es inteligente, exprimiendo adecuadamente los ruidos naturales del bosque y sin abusar de los sustos sonoros. La fotografía capta muy bien la oscuridad y las sombras de forma que inquieten pero se vea algo, lo que no es nada fácil de conseguir. La música es sencilla pero efectiva, realzando sin sobreponerse y también sin subidones innecesarios. Los actores son muy competentes, en especial el protagonista principal, Rafe Spall (Prometheus -2012-, La gran apuesta -2015-).

El tercer acto parecía que no iba a perder fuelle al mostrar algunas respuestas, tanto el anunciado ritual como la criatura, sobre todo porque el diseño de esta es espectacular, algo también difícil de lograr hoy en día, pero lo cierto es que una vez puestas todas las cartas sobre la mesa la imaginación del espectador ya no puede desbocarse potenciando los temores, y el enfrentamiento final no logra ser muy impactante en sus últimos minutos. Quizá si hubieran logando un giro más ingenioso podríamos estar hablando de una cinta de culto. También, por suerte, no se extiende más de la cuenta (sólo dura una hora y media) ni intenta forzar un giro rebuscado, uno de los males del género.

Lo que me sorprende es que no esté teniendo el éxito que merece mientras otras del género muy inferiores se sobrevaloran con una locura incomprensible, como It Follows (David Robert Mitchell, 2014), Sinister (Scott Derrickson, 2012), Insidious (James Wan, 2010) o sobre todo la reciente e infame Déjame salir (Jordan Peele, 2017).

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Coco

 


Coco, 2017, EE.UU.
Género: Animación, drama, comedia.
Duración: 115 min.
Dirección: Lee Unkrich, Adrian Molina
Guion: Lee Unkrich, Adrian Molina, Jason Katz, Matthew Aldrich.
Actores: Anthony González, Gael García Bernal, Bejamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Sofía Espinosa.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El tramo final, con buen ritmo, algunos giros bien logrados y cierta emoción
Lo peor: Premisa muy vista, moraleja también. Sin garra, sin profundidad ni originalidad en gran parte del metraje, incluyendo en lo visual, que no impresiona nada.

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Quizá es porque con el tiempo aparece el inevitable desgaste, o quizá porque la compra por parte de Disney (en 2006) ha dejado huella en Pixar por mucho que digan que ambas empresas están separadas en cuanto a funcionamiento interno y creatividad. El caso es que antes un bajón como Cars (2006) era una excepción, pero ahora se van multiplicando las películas menores, las que claramente se crean como productos de merchandising, y las secuelas, y aunque en estas últimas hayan salido más buenas que malas (Monsters University -2013-, Toy Story 2 -1999- y 3 -2010- y Buscando a Dory -2016- contra las de Cars), en general la sensación es que empiezan a faltar ideas y a primar la obligación de tener un estreno cada año para hacer caja. Sí, cuando se ponen serios paren genialidades únicas, pero desde la adquisición voy a cada nueva película con dudas: ¿será una Pixar genuina (Wall-E -2008-, Up -2009-, Del revés -2015-), una poco inspirada (Los increíbles -2004-, Ratatouille -2007-), o directamente una cursilada Disney (Brave -2012-, El viaje de Arlo -2015-)?

Coco entra de lleno en la última categoría. El hecho de abordar una cultura latinoamericana señalaba una apertura de miras impropia del etnocentrista Estados Unidos. El tema central más aún, pues abordar la pérdida y muerte de familiares anunciaba un título que se mojaría en un tema tabú con la delicadeza e imaginación habitual de la compañía. Y el envoltorio sobre muertos y más allá permitiría dejar volar la imaginación en la recreación visual. Pero no exploran nada de este potencial…

Está claro que la odisea del héroe fuera de su entorno, donde madurará a través de aventuras varias, es un relato primigenio en la cultura humana, pero una cosa es tomar el concepto como punto de partida más o menos inevitable y desde ahí construir una historia con personalidad propia, como las magníficas Buscando a Nemo (2003), Monsters S.A. (2001), o El rey León (1994), por seguir centrándome en la animación, y otra usar este argumento porque se sabe que funciona y no esforzarse nada.

En Coco estamos ante la misma película de siempre. Limitándome a las aproximaciones más recientes, es otra vez ¡Rompe Ralph! (2012), El viaje de Arlo, Brave, Frozen (2013) y Moana (2016). Distintos nombres y lugares, pero la misma premisa, protagonistas muy semejantes y secundarios más aún, un recorrido muy parecido y un subtexto clónico. El chico tiene aptitudes, lo que en su entorno ultraconservador se traduce en que es un inmaduro y un rebelde que traiciona a la familia y a la tradición. Romperá con todo más por mala suerte que por determinación propia, se encontrará en un viaje fantástico, aprenderá (a perseguir sus sueños, a respetar a otros, etc.), y volverá al redil más maduro y provocará algún cambio. Los diálogos son bastante flojos, sin savia ni gracia en la parte más ligera, sin profundidad en la más dramática. Los personajes son poco llamativos, un cliché detrás de otro, incluyendo el protagonista, que es intercambiable con los de los títulos citados y muchos más. Las situaciones resultan poco imaginativas, no hay escenarios que sorprendan. Cada rabieta, cada rebeldía, cada palo que se lleva y los giros en que va creciendo se intuyen de antemano y no logran ofrecer ni una pizca de ingenio que disimule sus poca imaginación.

Además, en lo visual tampoco cumple la más mínima expectativa. Abordar el mundo de los muertos, y más en una cultura tan rica en tradiciones y leyendas, abría un abanico de posibilidades infinitas donde dejar llevar la imaginación a límites nunca vistos… Pero lo que nos ofrecen es una simplona evolución de los pueblos mejicanos engalanados para las fiestas, poniendo casas en vertical y adornos por todas partes. El puente de paso es de lo poco vistoso que hay, pero no asombra nada; y la inclusión de una especie de dragones no se sabe muy bien a qué viene y no aporta nada sustancioso a la trama. Ojo, no exijo que todas las películas ofrezcan mundos únicos e inclasificables como Monsters S.A. o Del revés, pero si tienes un argumento tan sobado y limitado qué menos que cuidar la impronta visual. A pesar del potencial del más allá, toda la acción transcurre en una estación, unos despachos y un escenario de conciertos, nada con imaginación suficiente (hay momentos muy BitelchúsTim Burton, 1988-) como para realzar una historia tan predecible. Tratan de abrumar los sentidos a base de colorido, pero sin un diseño artístico destacable detrás resulta un tanto artificial. Por otro lado, también sorprende para mal que tras tanto anunciarse una película sobre la música, esta despierte tan poca pasión, pues no encontramos una banda sonora, ni canciones, ni numeritos que dejen huella.

Me parecía muy justita incluso como pasatiempo intrascendente, salvándose únicamente porque no cae en la vergüenza ajena de otros muchos engendros comerciales. Desde que el entramos en el más allá y quedan claras sus pocas bazas estaba deseando que acabara… Pero inesperadamente el tramo final recuperó bastante mi interés. Los guionistas consiguen un clímax movidito y un par de giros bien trabajados y bastante inteligentes, rompiendo con la monotonía y llevándonos hacia sorpresas muy efectivas (la relación entre los músicos), y además hilando muy bien con la idiosincrasia latina (no solo mejicana) de la estructura familiar y el amor por los culebrones.

Más sorprendente aún es que logran un desenlace bastante emotivo, donde las escenas de reunión familiar aportan una perspectiva algo más progresista, aunque sea tristísimo decir a estas alturas que esto es progresista y no una obviedad: dejar (y apoyar) al niño con sus “extrañas” aficiones en vez de coartar sus libertades en pro de las inmovilistas tradiciones. Tras los conservadores finales de Brave (la aventura no sirve para nada, todo vuelve al statu quo) y Los increíbles (qué penoso ver a los chavales rebajar sus cualidades y expectativas para encajar) y el nulo calado emocional de El viaje de Arlo (una versión lastimera de El rey león), es muy de agradecer esta visión más madura.

Pero esas mejoras llegan tarde y no son suficientes para salvar a Coco del limbo de la intrascendencia. Eso sí, no ha impedido que tenga un recibimiento muy entusiasta por parte de la crítica y el público (¡en Filmaffinity y en IMDb es la más votada de la compañía!), pero creo que el tiempo la pondrá en su lugar, esto es, en el olvido.

Mudo (Mute)

 


Mute, 2018, Reino Unido, Alemania.
Género: Crimen, drama.
Duración: 126 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Michael Robert Johnson.
Actores: Alexander Skarsgård, Paul Rudd, Justin Theroux, Seyneb Saleh, Noel Clarke, Robert Sheehan, Gilbert Owuor.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: El reparto.
Lo peor: Guion de telefilme barato, puesta en escena floja, efectos especiales cutres.

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El esperado retorno de Duncan Jones, el realizador de la sorprendente y notable Moon (2009) y la entretenida Código fuente (2011), después de su fallido paso por el cine comercial con la mediocre Warcraft (2016), que rompió con su buena racha y lo dejó en un limbo, ha sido tal fiasco que parece haber firmado su sentencia como autor de culto al que los amantes del género habíamos prometido seguir.

Mudo es tan desastrosa que no se entiende cómo puede haber salido de la mente de quien escribió la fascinante odisea lunar y le dio vida con una impronta visual deslumbrante con cuatro duros. También nos ha supuesto un traspiés a muchos con Netflix. Quienes pensábamos que ninguna gran distribuidora quería hacerse con Mudo porque era ciencia-ficción demasiado inteligente y aplaudimos que Netflix la recuperara nos hemos dado con un canto en los dientes. Muchos han empezado a despotricar, con bastante razón, contra la plataforma de video bajo demanda por haberse convertido en un coladero de series b cutres que nadie quiere. Cercana a esta llegó la irregular aunque desde luego entretenida Bright (David Ayer, 2017) y la infame The Cloverfield Paradox (Julius Onah, 2018), y antes de eso una buena cantidad de morralla que es mejor olvidar. Así pues, queda claro que Netflix tiene que ponerse todavía las pilas en el apartado de cine.

Volviendo a Mudo, parece que Jones ha cogido un guion cualquiera de la pila de telefilmes que producen las teles públicas en cadena. Pero no, resulta que lo tenía en desarrollo desde hace años, es decir, que ha puesto en él todo su empeño y cariño. Lo que no sé si lo de secuela de Moon (más bien sería otra historia ambientada en el mismo universo) lo apañó por el éxito de aquella, pero desde luego es una decisión absurda: la única relación que hay es que el protagonista de Moon aparece de refilón un par de veces de fondo en televisión. Así, la decepción con esta película se torna incluso en un insulto.

La ciencia-ficción aquí es irrelevante. Estamos en una ciudad futurista a lo Blade Runner (Ridley Scott, 1982) pero el argumento no trata ninguna temática del género, pues como digo es un telefilme con todas las de la ley: un dramón de individuos torturados, líos amorosos y crímenes sensacionalistas. El protagonista es mudo por un accidente en la juventud, la chica una puta desgraciada, los malos unos psicópatas y unos gángsteres. Todo se cruza delante del pobre mudito, que tiene que lidiar con toda esta miseria entre infinidad de giros supuestamente lacrimógenos y chungos pero en realidad rebuscados e inverosímiles. La construcción de personajes es nula, se basan únicamente en un rasgo característico. Ninguno evoluciona o se ve obligado a cambiar por más que les caiga encima. La proyección avanza a trompicones, muchas veces sin un argumento concreto al que aferrarse, y aun así se ve venir casi todo. Desde que el mudo aguanta la respiración al beber agua por sus secuelas intuí el truco final, por ejemplo. Los momentos cumbres son lastimeros: telita la persecución en coche, o que el prota sea tumbado por cualquiera, porque es un blando, pero luego arrase en el pub.

A partir de cierto momento pensé que más que un guion tan torpe que cae en la vergüenza ajena lo que estaba intentando Jones era una aproximación al mundo del crimen en plan Guy Ritchie y Quentin Tarantino, con gente estrafalaria, humor negro, situaciones chocantes y giros inesperados a lo RockanRolla (2008), Snatch (2000), Reservoir Dogs (1992) y Pulp Fiction (1994). Pero queda una imitación chapucera, sin ingenio ni gracia, que termina pareciendo una parodia de sí misma.

El otro problema es que la recreación de ese intrascendente futuro es muy endeble. Los efectos especiales son penosos, el cambio de las maquetas de Moon a lo digital ha sido un fallo enorme. Y en cuestiones de fotografía, música y dirección anda muy floja, de hecho la banda sonora es horrenda a pesar de venir del polifacético Clint Mansell.

Si no fuera porque el carisma y el buen hacer de los actores consigue hacer medio digerible el delirante viaje de los personajes habría quitado la película bien pronto. Eso no significa que no me arrepintiera de verla entera, claro.

Black Panther


Black Panther, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: Ryan Coogler.
Guion: Ryan Coogler y Joe Robert Cole. Stan Lee y Jack Kirby (cómic).
Actores: Chadwick Boseman, Letitia Wright, Martin Freeman, Danai Gurira, Michael B. Jordan, Lupita Nyong’o, Daniel Kaluuya, Andy Serkis, Angela Bassett, John Kani, Forest Whitaker.
Música: Ludwig Göransson.

Valoración:
Lo mejor: Buen repertorio de personajes secundarios. Dirección artística, vestuario, decorados, efectos especiales, banda sonora original.
Lo peor: El personaje principal no deslumbra. La trama central es muy clásica y por lo tanto predecible.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores. —

No sabía muy bien qué esperar del episodio de Black Panther en solitario, puesto que la presentación de otros héroes secundarios, Ant-Man y Doctor Strange, sin ser ni mucho menos malas, iban un poco con el piloto automático puesto, sin intenciones de innovar, de aprovechar que ya había muchas historias de orígenes de los héroes para explorar nuevas opciones narrativas. Además, el personaje, aunque resultara un buen complemento en Guerra civil, no terminó de ganarme del todo. Me he encontrado con una película que, aun teniendo todavía bastante margen para mejorar, resulta más compleja de lo esperado, con varias capas de distinto estilo combinadas en un todo con bastante personalidad, sin miedo a conjugar, como de hecho trata en su propio argumento, la tradición con algo más novedoso.

El único pero notable es que la base sobre la que han construido el relato es demasiado clásica y no se mueven de ella un ápice. La trama pasa por todos los clichés ya vistos desde los albores de la narrativa y que Shakespeare explotó con tanto éxito: reyes caídos, príncipes que deben encontrar su valía, herederos desaparecidos que retornan, el consabido conflicto y la obvia maduración y victoria final del héroe. Supone un problema importante, porque el desarrollo de la aventura resulta muy predecible en todas sus fases, y en el desenlace desde luego faltan novedades, alguna sorpresilla que levantara la expectación.

Aquí cabe preguntarse si sus guionistas no dieron para más, o si tuvieron que seguir a rajatabla las directrices del estudio. Y lo cierto es que me inclino por lo segundo, da la sensación de que tragaron con esta premisa tan sencilla porque no les quedaba otra. Así, parece que mientras Edgar Wright no logró salir airoso de su intento dar a Ant-Man una perspectiva personal atrevida, pues fue despedido bien pronto y Peyton Reed tomó las riendas ofreciendo un producto más convencional, el director y principal guionista de Black Panther, Ryan Coogler, ha logrado engañar al estudio con una de héroes tradicional a simple vista pero bastante versátil e inteligente en una lectura más profunda.

Todos dábamos por sentado que, de otorgar protagonismo a la cultura afroamericana, sería con estereotipos blandos y un envoltorio facilón, por ejemplo con música rap y hip hop, como de hecho parecían señalar los avances. Era difícil creer que permitieran tratar a fondo la lucha racial, la miseria en África, y ya de paso la crítica al belicismo tan presente en los cómics, nacidos en los años sesenta en plena crisis de Vietnam y con los líos raciales en momentos álgidos. Pero todo eso está latente en un subtexto bien hilado, que ni parece forzado ni simplón. A veces incluso se permiten reírse de los tópicos, como el chiste de los niños negros del barrio que pretenden desmantelar la nave y vender las piezas como si fuera un Cadillac.

Se expone bien cómo la raza negra ha sido ninguneada, desplazada, negándole igualdad de oportunidades y derechos. También se habla de la colonización, con la invasión de estados, el expolio de recursos y el esclavismo, en parte impulsor de los males del racismo y también un importante factor en la pobreza sistémica de los países del tercer mundo. Por extensión, no se puede evitar criticar el belicismo e intervencionismo de los del primer mundo, o sea, los blancos.

Con todo este trasfondo, las disputas de la corte no se limitan a un “yo valgo más que tú como rey”, sino que tenemos un panorama sociopolítico sólido y realista donde sumergen muy bien a los numerosos personajes secundarios, que se posicionan y mueven ficha con unas motivaciones e intereses claros y verosímiles, algo que muchas veces falta en el género, donde más veces de la cuenta solemos tener una simple lucha del bien contra el mal, con enemigos con planes de conquista por que sí y héroes impolutos sin más aristas. Era obvio que habría un villano que viene a disputar el trono, alguna traición entre los consejeros, más algún otro giro habitual, como la falsa muerte del héroe, pero con este dibujo más elaborado de personajes y tramas se enriquece bien el conjunto. Para rematar, hay roles femeninos en cantidad sin que parezca un panfleto feminista como Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017), sino que fluyen por el relato con naturalidad.

T’Challa / Black Panther (Chadwick Boseman) es el líder prudente y capaz pero al que le falta un poco de maduración para lograr poner orden entre la inmundicia de su reino, para dominar el caos inherente al gobierno. Su corte es dispar y muy atractiva. La hermana ingeniera, Shuri (Letitia Wright), es carismática y divertidísima, su presencia llena la pantalla en cada aparición. Nakia (Lupita Nyong’o) y Okoye (Danai Gurira) forman una pareja espectacular también digna de ver. Las tres terminan resultando más interesantes que el protagonista, pues con la proyección lineal de la trama queda un poco encorsetado, y aunque tiene garra (chistaco) suficiente para no ser engullido (otro más), no logra dejar huella y tiene partes muy mejorables: el romance es lamentable, está incluido como si fuera una obligación a pesar de que no encaja de ninguna manera.

Otros, como la madre de T’Challa (Angela Bassett) o el colega que se posiciona en contra, W’Kabi (Daniel Kaluuya), tienen poco recorrido pero aportan lo justo. Quienes se quedan más cortos son Everett K. Ross (Martin Freeman), quien a pesar del tiempo que ocupa está cerca de resultar más cargante que simpático, y el sacerdote, porque al estar encarnado por un actor tan llamativo como Forest Whitaker cabía esperarse más relevancia pero no pasa de ser un vulgar extra. El villano, Killmonger (Michael B. Jordan), sin llegar a ser fascinante, sí supera de largo el problema que citaba en el género, el de los enemigos de cartón piedra, resultando un individuo con ideas claras y un rival que pone en peligros tangibles al héroe. Cabría preguntarse por qué empezar con Ulysses Klaue (Andy Serkis) como contrincante y no directamente con Killmonger, pero al contrario que otros espectadores no me quejo, su presencia no me parece tiempo perdido. Si Killmonger se hubiera quedado corto sería otro cantar, pero no necesita más profundidad, sólo podría exprimirse con una trama de relleno, para lo cual ya tenemos a Klaue, que funciona bien para ir exponiendo a los demás protagonistas, rellenar las escenas de acción en los dos primeros actos, forzadas por el estudio en todos los capítulos, y dar el necesario toque de continuidad a la serie.

Como punto gris se podría señalar que para aceptar la existencia de Wakanda hay que hacer un salto de fe bastante grande, porque cuesta aceptar que un estado tan avanzado y poderoso lograra pasar desapercibido durante siglos. Para que ninguna persona que descubriera el país (imposible frenar la inmigración estando en el centro de África) hablara de él habrán tenido que mantener una política de asimilación forzosa (con un control total de movimientos durante años) o de exterminio sin miramientos; y a la vez, es poco creíble que, con una ciencia y cultura tan avanzadas, muchos habitantes no quieran irse fuera a conocer mundo y buscar otras oportunidades. También da la sensación de que hay una clase dominante riquísima y unos plebeyos dedicados a la agricultura y ganadería sumidos en la pobreza.

La puesta en escena también contribuye a realzar la personalidad de la cinta. La recreación de Wakanda como pueblo que combina la tradición con la modernidad es deslumbrante en el diseño artístico e impecable en la recreación a través del vestuario, los decorados y los efectos especiales. Hasta la música acierta de lleno en la mezcolanza, uniendo la electrónica, la orquesta estruendosa y motivos africanos (coros y percusiones) con gran habilidad, y además, para mi sorpresa, evitando la inclusión de canciones hip hop de moda para vender más. El desconocido Ludwig Goransson ha logrado una de las mejores bandas sonoras de la serie Marvel, y desde luego la más original.

El realizador Ryan Coogler se dio a conocer en Creed (2015), tardía secuela de Rocky (John G. Avildsen, 1981) que causó muy buenas impresiones. De esta forma, era uno de los pocos realizadores afroamericanos a los que podía optar Marvel, es decir, alguien con talento pero sin una carrera tan asentada como para imponer su personalidad y exigencias. (En la moda del policorrectismo de elegir negros para películas de negros y mujeres para las de mujeres no voy a perder el tiempo). Su trabajo es muy profesional, loable si tenemos en cuenta la dificultad de levantar una superproducción de estas características, logrando un título sólido a pesar de sus ambiciones y a la vez restricciones narrativas. Sólo se queda un poco corto en las luchas cuerpo a cuerpo, pero es que el listón dejado por los hermanos Russo (El Soldado de Invierno, Guerra Civil) está muy alto.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol 2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
-> Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)