El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: enero 2014

Detrás del candelabro


Behind the Candelabra, 2013, EE.UU.
Género: Biografía, drama.
Duración: 118 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guión: Richard LaGravenese, Scott Thorson (novela) y Alex Thorleifson (novela).
Actores: Michael Douglas, Matt Damon, Dan Aykroyd, Debbie Reynolds, Scott Bakula, Rob Lowe, Cheyenne Jackson.
Música: Marvin Hamlisch.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo e interés constante. Las magníficas interpretaciones de Matt Damon y Michael Douglas.
Lo peor: Nada.

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Es difícil hacer biografías que resulten interesantes, casi siempre son más o menos monótonas y de narración irregular. Hay que basarse en un personaje realmente jugoso para conseguir algo llamativo, y aun así hay que ser hábil para no tener tramos donde los aspectos menos atractivos de su vida se traduzcan en fallas del ritmo y del interés. Incluso buenas películas de autores de gran experiencia resultan arrítmicas: El aviador tiene partes de desigual fuerza, por ejemplo. No sé si la vida y obra de Liberace tendría enjundia de sobra, lo que sí está claro es que el guión sabe seleccionar y exponer muy bien la parte más importante de la historia del pianista a través de una idea muy acertada: centrándose en el ascenso, gloria y caída de su protegido, Scott Thorson, se logra una narración con objetivos claros y ritmo fluido, y se abarca lo justo de la trayectoria de Liberace para conocer su carrera, su forma de ser y el entorno en que se movía.

La odisea de Thorson ofrece una visión espectacular de la fama y los excesos, pues Liberace fue un notable ejemplo de todas las excentricidades y vicios que puede tener una figura con fama y dinero. Los caprichos, los derroches, la ostentación, la cirugía estética, las amistades fingidas, los vaivenes emocionales, la soledad, el rechazo… Hay un momento para describir cada aspecto y de todos ellos se saca muy buen partido. El fulgurante ascenso de Thorson muestra muy bien como deja atrás amistades y familia reales por un sueño lleno de ficciones y mentiras, pues está ciego de emociones y dinero. Su momentánea gloria tiene momentos surrealistas, como las operaciones que le empujan a realizarse para parecerse a Liberace. Y la caída es triste, realmente triste: despachado por otro más joven y aplastado en juicios para que no pudiera reclamar nada.

El guión pone en bandeja dos personajes muy jugosos para lucirse en la interpretación, y Matt Damon y Michael Douglas lo aprovechan de forma impresionante. Damon está pletórico como el joven embobado primero y alicaído después, logrando uno de sus mejores trabajos. Pero lo de Douglas es alucinante. Logra uno de esos papeles no se olvidan: su transformación es total, todos los gestos, la inflexión de la voz (absolutamente imprescindible la versión original) y el tono de la mirada hacen irreconocible a Douglas, parece realmente otra persona, parece el auténtico Liberace. En los secundarios también hay transformaciones dignas de citar a pesar de sus pocos minutos en pantalla: Scott Bakula y Rob Lowe están estupendos, el segundo de hecho tiene un papel muy gracioso (el flipado de las cirugías estéticas).

La solidez del guión, la profesional puesta en escena (Steve Soderbergh es un valor seguro) y sobre todo el excelso reparto han sacado de su órbita a Behind the Candelabra: como telefilme para la HBO no hubiera tenido mucha repercusión incluso ganando los Globos de Oro en la categoría de televisión, pero la fama adquirida merecidamente por Michael Douglas la ha llevado bastante más lejos de lo esperado. No será un peliculón a recordar entre los grandes títulos del año, pero sí es muy recomendable.

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Elysium


Elysium, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 109 min.
Dirección: Neill Blomkamp
Guión: Neill Blomkamp
Actores: Matt Damon, Jodie Foster, Sharlto Copley, Alice Braga, Diego Luna, Wagner Moura, William Fichtner.
Música: Ryan Amon.

Valoración:
Lo mejor: Efectos digitales excelentes. Aventura de ciencia-ficción muy entretenida y con buena crítica social.
Lo peor: A pesar del envoltorio, es un relato harto previsible, lleno de agujeros y con un final decepcionante.

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En el futuro los millonarios tienen medios para alejarse aún más de las clases bajas: se refugian en una maravillosa estación espacial llamada Elysium. Aunque no todo es idílico, porque las ambiciones de algunos por el poder ponen en peligro su estabilidad. En la Tierra la sobrepoblación y la escasez de recursos mantienen a la gente en la miseria, con trabajos de baja calidad o subsistiendo mediante el crimen a pesar de la dura represión policial. El protagonista, Max (Matt Damon), como es esperable se verá empujado a llegar a Elysium por circunstancias de la vida, y quiere la casualidad que en sus manos caiga la posibilidad de cambiar la situación para siempre.

Un personaje puteado al límite, un ritmo excelente, unos efectos especiales impresionantes (espectacular la estación), un diseño artístico con bastante imaginación (aunque solo vemos unas pocas naves y cachivaches), un villano (el mercenario) que acojona y fascina (imprescindible la versión original) y un entorno sencillo pero bien descrito que da pie a una buena crítica forman una aventura de ciencia-ficción visualmente bastante lograda, con contenido que hace pensar y un protagonista de calidad. Sin embargo se puede decir pronto que todo lo que se ve ha sido contado mil veces y Neill Blomkamp lo único que hace es darle un envoltorio más vistoso: no es difícil prever el devenir de la historia y no hay sorpresas, si acaso todo lo contrario, casualidades bastante forzadas, como la forma meter a la chica y su niña en el embrollo.

El problema llega cuando los pequeños detalles negativos, los deslices narrativos o directamente los agujeros de guión que salpican el relato van afeando la propuesta cada vez más, hasta llegar a un final un tanto insatisfactorio. Con el empeño que hay por la seguridad de Elysium no se entiende cómo no tiene defensas contra naves; la escenita de los misiles lanzados desde la Tierra servirá para presentar al mercenario, pero creíble no es. Igualmente, tantos robots y naves de interior que tienen y resulta que el núcleo, el ordenador central, no tiene protección alguna y los protagonistas se pasean por allí como si nada; tampoco se entiende por qué el Presidente, que estaba retenido a cubierto, aparece ahí justo al final, en una cutre forma de decir que ha perdido el poder. Las casualidades imposibles son demasiado descaradas: cada vez que el protagonista se acerca al hospital se encuentra con la chica; y qué conveniente que la niña se desmaye en toda la acción, para no tener un crío molestando. En los momentos finales el mercenario, un rol hasta entonces muy atractivo, se estropea: de repente se convierte en un tirano ambicioso, algo que no pega nada con su personalidad de marginal, y para colmo la persecución del protagonista termina con una pelea a puños muy simplona. No falta el informático loco y pasado de rosca y las paridas habituales con el tema: el tipo ve un código hexadecimal pasar a toda leche por la pantalla y en diez segundos sabe qué es y qué dice exactamente. No escatiman tampoco en aparatitos electrónicos que sin venir a cuento emiten sonido: resulta que el protagonista lleva en algún momento un rastreador que hace pipipipi… ¿y no se da cuenta?, ¿y no es absurdo ponerle luz y sonido a un dispositivo que debe pasar desapercibido?

En la dirección Blomkamp también arrastra ciertas irregularidades. En general su labor es de muy buen nivel, con planos amplios excelentes, gran ritmo en cada secuencia, un uso muy sabio de los efectos especiales (las naves se integran muy bien en la escena)… Sin embargo en ocasiones se le va la pinza e introduce adornos absurdos, borrones confusos, movimientos extraños, ralentizaciones y vaciles contraproducentes. Así, las escenas de acción, bien planificadas y trepidantes por lo general, tienen momentos que deslucen por culpa de estas tonterías.

Entre que resulta bastante previsible, hay inconsistencias notables de vez en cuando y el final acaba con una pelea bastante burda y poco creíble, Elysium parece desaprovechar todo el potencial que muestran en un principio ante tus ojos. Como le ocurrió en District 9, Blomkamp parte de algunas buenas ideas, tanto en el argumento como en lo visual, pero no termina de obtener un relato redondo. Eso sí, Elysium tiene mejor narrativa que District 9, mucho más centrada y fluida. Curiosamente, las críticas siguen dando buena nota a la anterior, mientras que Elysium ha sido bastante machacada. Lo cierto es que aun con sus limitaciones resulta una cinta de ciencia-ficción bastante correcta y muy agradable de ver, todo un logro en el género hoy en día.

The Conjuring (Expediente Warren)


The Conjuring, 2013, EE.UU.
Género: Terror.
Duración: 115 min.
Dirección: James Wan
Guión: Chad Hayes, Carey Hayes
Actores: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Ron Livingston, Lili Taylor.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: Tradicional y efectiva. Bien rodada. Personajes interesantes.
Lo peor: Lo tradicional a veces es también previsible, de hecho muchas escenas se ven venir de lejos.
Mejores momentos: La visita al sótano. El aplauso.

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Inesperadamente The Conjuring ha resultado un título muy recomendable, una grata resurrección de un género ahogado en películas menores y mediocres. De hecho, el propio realizador James Wan ha sido artífice de sagas populares pero de baja calidad, como Saw o Insidious.

Hay metraje más que de sobra dedicado a describir a los protagonistas, sus puntos débiles y fuertes, sus problemas y esperanzas, de forma que cuando empiezan a ocurrir desgracias tenemos en quien fijarnos, con quien sufrir. Cuando un personaje se acerca a un momento de peligro, la conexión establecida con el espectador funciona mil veces mejor que cualquier efecto sonoro forzado para asustar.

Y esa buena base no se desaprovecha. James Wan maneja el tempo narrativo con gran paciencia, controlando la secuencia milimétricamente usando la combinación más acertada de fotografía, iluminación, sonido y dirección de actores. Juega con el miedo a lo desconocido, con el sugerir más que el mostrar (la niña gritando que hay alguien ahí resulta espeluznante), pero también con los miedos clásicos: el fantasma, la posesión, el monstruo bajo la cama o en el armario, el sótano oscuro, el muñeco inquietante… Sin altibajos o recesos donde pierda fuelle, salvo quizá el breve cambio de escenario (el salto a la casa de los Warren), minuto tras minuto The Conjuring va sembrando la semilla del desasosiego, logrando inquietar aunque se sepa de sobras que va a pasar algo. La visita al sótano es uno de los mejores momentos del género en los últimos años, y rematada con el aplauso resulta verdaderamente sobrecogedora, una de las pocas veces que una cinta de terror ha logrado asustarme de verdad.

Con este panorama no importa mucho que la falta de originalidad sea evidente, que tome sin vergüenza ideas de clásicos del género. La pelota al estilo Al final de la escalera, el grupo de tipos raros con cachivaches a lo Poltergeist o la esencia misma de la casa encantada están a disposición de un relato consistente, bien escrito y sobre todo muy bien narrado. The Conjuring no va a sorprender, pero sí asusta, que es su cometido. Queda por ver si el director James Wan sigue por este camino de maduración o se aferra a los títulos más facilones, porque The Conjuring da esperanzas, pero la inmediatamente posterior Insidous 2, filme comercial barato a la estela de una primera entrega ya de por sí pobretona, las quita.

Ain’t Them Bodies Saints


Ain’t Them Bodies Saints, 2013, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 96 min.
Dirección: David Lowery.
Guión: David Lowery.
Actores: Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Keith Carradine.
Música: Daniel Hart.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, reparto.
Lo peor: Muy predecible, a ratos aburrida.

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Ain’t Them Bodies Saints es un título del cine independiente norteamericano muy clásico, donde todas las señas de identidad de este género son bien patentes. El ambiente rural y empobrecido bien captado por una atmósfera entre sombría y esperanzadora, los personajes realistas sufriendo tanto el entorno como sus propias limitaciones, la historia de superación también realista, en plan retrato de la sociedad… Pero no tarda mucho en notarse también que todos estos factores se traducen en algo negativo: el relato es muy predecible, nada en él aporta algo lo suficientemente original o sustancioso como para conseguir dejar atrás la sensación de que todo se ve venir de antemano.

Si se salva de resultar realmente intrascendente e insustancial es otro aspecto habitual del cine “indie”: se ha realizado con dedicación y amor, se nota esfuerzo y cariño en cada escena. Así, su aspecto visual es de primer nivel: David Lowery, apoyándose en una fotografía e iluminación sublimes, consigue dotar a la cinta de considerable belleza y de un tono romántico y trágico bastante eficaz. La cámara en constante movimiento es muy acertada, los planos artísticos en plan Terence Malick resultan hermosos y algunas secuencias son arrebatadoras (como el tiroteo en la oscuridad). Igualmente los actores captan muy bien la esencia sus roles: a Rooney Mara dan ganas de salvarla de su monotonía e indecisión, Casey Affleck construye muy bien a un joven incapaz de madurar, y sobre todo destaca Ben Foster en el papel del sheriff tranquilo y con anhelos (el incipiente enamoramiento con la chica) que el intérprete expone sutilmente con maestría. Es una pena que este actor con tanto potencial (su papelón en El tren de las 3:10 fue para enmarcar) no haya alcanzado el éxito.

Sin embargo el esfuerzo no es suficiente para lograr una obra destacable. Es una lástima que una película que entra tan bien por los ojos y presenta unos personajes tan atractivos resulte tan simple que termina teniendo carencias notables en el ritmo: como la odisea de los protagonistas es tan facilona y previsible no consigue despertar mucho interés, y en muchos tramos incluso aburre.

Los Juegos del Hambre: En llamas


The Hunger Games: Catching Fire, 2013, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 146 min.
Dirección: Francis Lawrence.
Guión: Simon Beaufoy, Michael Arndt, Suzanne Collins (novela).
Actores: Jennifer Lawrence, Liam Hemsworth, Josh Hutcherson, Elizabeth Banks, Woody Harrelson, Lenny Kravitz, Stanley Tucci, Toby Jones, Philip Seymour Hoffman, Jena Malone, Donald Sutherland.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes tienen algo de calidad, el mundo imaginario posee bastante potencial.
Lo peor: Superficial, irregular, aburrida.

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Como la primera parte, esta es una película de quieros y no puedo. Por suerte no espero nada de la saga (no soy lector de las novelas ni fan de la adaptación) y simplemente las veo y las olvido, porque si no me estaría tirando de los pelos por ver tantas posibilidades desaprovechadas. Hay un potencial enorme en todos los elementos de la trama y en todos los personajes, pero nunca termina de emerger del todo. La dictadura, el pueblo a un paso de la hambruna y de la rebelión, el control de la población que se hace a través de los medios de comunicación y los juegos, los personajes planteándose formas de lucha, el complot del que Katniss es una herramienta más… Todo se queda en la superficie, porque se difumina unas veces o se pasa descaradamente de ello otras.

Metraje hay de sobra, pero el guión nunca parece ser capaz de concretar y ahondar e ir al grano. Se pierde en cosas triviales y dedica demasiado tiempo a exponer cosas evidentes. Una escena magistral de un viejo ejecutado es un gran ejemplo de lo alto que podría llegar el relato, un listón que olvida en un trajín de intrascendentes viajes, cansinos lloriqueos de los protagonistas, romances simplones y apariciones en la tv demasiado largas, por no mencionar que se fuerza demasiado el tono juvenil, con el cansino triángulo amoroso.

Y de nuevo el paso al juego rompe el poco ritmo que había, pues deja de lado una trama política con algo de contenido para ir a una aventura de supervivencia anodina. Igual que en el primer capítulo la estancia en el juego (supongo que heredándolo de la novela) es incapaz de mostrar algo emocionante y complejo, ofreciendo un viaje desganado donde los pocos recursos que ofrece son bastante tramposos y rebuscados: en vez de reforzar el prometedor conflicto entre personajes y la lucha contra la hostil naturaleza, tenemos triquiñuelas tecnofantasiosas que parecen improvisadas.

Para colmo, la evolución respecto al episodio precedente es mínima. Se ve que Katniss ha cambiado bastante, de hecho es un buen rol central, pero la trama es exactamente la misma, paso por paso, capítulo por capítulo. Sabiendo que iba ser una historia apenas cambiada por los nuevos puntos de vista de la protagonista podrían, qué digo, deberían haber aprovechado para dar más entidad a los correctos pero mejorables personajes secundarios y sobre todo al entorno, a la exposición y desarrollo del universo. ¿Sabemos algo nuevo del mundo tras otras dos horas y media de película, o ha cambiado éste lo suficiente como para ofrecer nuevos horizontes narrativos? Nada de nada. Tan solo el epílogo va un paso más allá. Así pues, parece un remake realizado con más presupuesto. Y se nota en la ambientación (la ciudad y la selva son bastante espectaculares), pero no en la puesta en escena, que es bastante normalita.

Como la primera parte, resulta demasiado irregular, larga, pesada y poco emocionante a pesar de prometer mucho. Como suele ocurrir, esto no es problema para que la taquilla reviente, pues el público ya está acostumbrado a tener el listón muy bajo.

Prisioneros


Prisoners, 2013, EE.UU.
Género: Drama, thriller..
Duración: 153 min.
Dirección: Denis Villeneuve
Guión: Aaron Guzikowski
Actores: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bello, Terence Howard, Melissa Leo, Paul Dano.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Reparto excelente y puesta en escena de buen nivel.
Lo peor: Predecible y muy forzada.

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Un telefilme con buenos actores, eso es Prisioneros. Personajes definidos a retazos y por extensión de dibujo maniqueo. Trama sensiblera y sensacionalista, simple y predecible, con giros flojos y algunas resoluciones lastimeras (qué forzada resulta la escena final: ¿pero qué hace el personaje de Gyllenhaal ahí?).

Como suele ocurrir los papelones de los actores dan más entidad a unos personajes bastante limitados, y la puesta en escena es de buena calidad y consigue narrar con buen ritmo y una lograda atmósfera la pobre trama. De hecho el tono recuerda a la estupenda Zodiac: el relato es oscuro, sofocante, enfermizo, inquietante… Gracias a esta combinación de reparto capaz de conectar con la fibra sensible del espectador y de atmósfera absorbente la película entra bastante bien a pesar de su excesiva duración. Como drama facilón es pues efectivo, aunque en nada que escarbes los trucos y limitaciones del guión te salpican de lleno.

Para mi sorpresa está siendo una de las cintas más valoradas del año, apareciendo en muchas listas de las diez mejores de la temporada. No puedo entender tal entusiasmo ni aun pensando en lo que gustan en EE.UU. los dramones con buen reparto.

Lobezno: Inmortal


The Wolverine, 2013, EE.UU.
Género: Thriller, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: James Mangold.
Guion: Mark Bomback, Scott Frank.
Actores: Hugh Jackman, Tao Okamoto, Rila Fukushima, Hiroyuki Sanada, Svetlana Khodchenkova, Brian Tee.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Fuera de las escenas de acción, visualmente cumple bastante bien.
Lo peor: Simple, aburrida, y no parece una película de superhéroes.

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Decir que no parece una película de superhéroes se podría considerar un cumplido si se entiende que por ello no abusa de los clichés del género, pero me temo que se va al otro extremo: los superhéroes están metidos con calzador en un thriller muy trillado. El empresario que se jubila, la pelea por el trono entre los hijos, los contactos políticos y mafiosos, el romance… Nada sorprende, todo se desarrolla de la forma más previsible y simple posible.

Víbora es como si se incluyera por cumplir el cupo, no transmite sensación alguna, es como si no estuviera. Lobezno no parece Lobezno. Apagado, sin el estilo arisco de costumbre que tan simpático y gracioso resultaba, es un rol poco sustancioso que va de acá para allá sin que se sepa por qué hace lo que hace; es decir, no se justifican sus acciones: repite mucho que no quiere estar ahí pero se apunta a todo… Odio este tipo de protagonistas con personalidad indefinida. La vidente que lo acompaña es más interesante, pero no se le saca mucho partido. Ya no hay más mutantes, y el resto de personajes son clichés de lo más vulgares.

La chica tiene un pase porque la actriz elegida cumple bien en el físico y en la interpretación como joven tímida a la que hay que proteger (resulta encantadora y dulce), pero precisamente eso la hace incongruente respecto a la trama donde la sumergen: esta niñita no cuela como empresaria candidata a dirigir la compañía más grande del país. Además el romance con Lobezno es muy facilón y falto de interés. El hermano malvado es insoportable, por típico y predecible, y el villano no despierta mucho interés, pues aunque su objetivo se trabaja bastante no tiene presencia ni carisma como para dejar huella; quizá también es que Magneto ha puesto el listón muy alto, o que el desenlace en plan monstruo final de videojuego no sorprende lo más mínimo.

Lo mejor que puedo decir es que la puesta en escena es muy correcta. En manos de un artesano como James Mangold (Copland, El tren de las 3:10) Japón luce bien, el tempo narrativo es fluido a pesar de que no hay un guion consistente detrás, y en líneas generales la película entra sin problemas a pesar de su larga duración, aunque al final te quedes con cara de no haber visto nada. Pero por esa sobriedad también se queda corta. De nuevo, no parece una cinta de superhéroes. Las escenas de acción son bastante normalitas: peleas a puñetazos y espadas nada impactantes, con coreografías muy básicas y un montaje mejorable. La secuencia más espectacular tampoco logra un aprobado: la parte del tren está puesta ahí claramente porque hay que cumplir con el género y porque veían que la cinta se venía abajo en este tramo; resulta tan aparatosa e intrascendente como injustificada.

Además los efectos especiales, para los pocos que hay, no lucen nada, de hecho son reguleros. En un principio parecía que apostaban por la acción tradicional, pero pronto se ven trucajes digitales mediocres por todas partes. La parte del tren es bastante floja en lo visual, pero es que incluso escenas simples de tiroteos están llenas de pantallas de fondo y extras añadidos cutremente: qué mal queda la gente superpuesta en los tejados. Cada vez se dejan más cosas al ordenador, supuestamente ahorrando dinero y esfuerzo pero perdiendo verosimilitud y espectacularidad. El colmo del absurdo está en la cama adaptable del empresario: ¿de verdad aporta algo esa chorrada de efecto digital?

Lobezno: Inmortal como thriller es uno del montón, nada destacable. Como aventura de superhéroes resulta confusa, porque la mezcla con el anterior género no funciona, no termina de llevar a nada no ya nuevo, sino simplemente atractivo. Y además es monótona y aburrida. Resulta menos sustanciosa y entretenida que X-Men Orígenes: Lobezno, que tampoco era gran cosa.