El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: mayo 2012

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio


The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011, EE.UU.
Género: Aventura, fantasía.
Duración: 109 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish, Hergé (cómic).
Actores: Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Toby Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La animación, perfección absoluta en texturas, ambientación y movimientos. El ritmo endiablado, el sentido de la aventura.
Lo peor: Excesivas escenas de acción, que buscan impactar con cosas demasiado exageradas y consiguen lo contrario: incredulidad, rechazo. Y que por ellas la trama y personajes pierden definición.

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Tintín resulta entretenidísima y espectacular por la mezcla de su ritmo siempre activo (impresionante a veces), su eficaz sentido de la aventura (situaciones, escenarios…) y por su impecable acabado, tanto el narrativo (dirección) como el visual (animación perfectísima). Se nota que Steven Spielberg aprovecha para hacer con lo digital lo que no se puede conseguir en la realidad, y se lo pasa en grande. Entre sus infinitas ideas y la calidad de la animación se monta secuencias imponentes donde da rienda suelta a toda su imaginería y experiencia. Planos sueltos, escenas enteras, situaciones concretas… encontramos un sinfín de virguerías que van de lo sorprendente a lo alucinante, con algunos momentos que quitan el aliento. Sin embargo, tanto en el guión como en la escenificación hay algunos peros notables.

A la aventura le falta contenido. La historia se simplifica demasiado y pierde mucha de la fuerza que se deja entrever en los mejores momentos. Es evidente que se elije la idea de machacar al espectador con acción constante sobre la de contar algo más denso, pero ahí se exceden muchísimo. La narración acumula demasiada acción exagerada y demasiada escena absurda, hasta el punto de que hay momentos tan imposibles o ridículos que precisamente juegan en contra de lo buscado: me sacaron completamente de la película. Toda la parte de Marruecos es infumable, por ejemplo. Y es una pena, porque cuando se pone seria funciona. Hay algunos muy buenos momentos, como las fusiones con la historia del pasado o la huida del barco (quitando la memez de las llaves) o los numerosos instantes que hacer recordar a Indiana Jones.

Pero debo decir que desde mi punto de vista el cómic deja las mismas sensaciones: no termina de definirse, de centrarse. En ambos formatos las aventuras de Tintín no dejan claro si la idea es hacer algo infantil o adulto, si se busca un thriller o una aventura medio fantástica. Se pasa de un estilo y género a otro en cada escena (o viñeta en el cómic), de una trama seria gira hacia a una chorrada sin pies ni cabeza, unas veces parece tirar por el realismo (drama y aventura serio) y en el siguiente momento desbarra con paridas absurdas (toda la parte de la avioneta es penosa). Esa ambigüedad, falta de equilibrio y rumbo es lo que impide que ahora de adulto conecte con unos cómics que de niño me gustaban mucho, e impide que la película llene por completo. Y también deudor del cómic es el otro punto negativo: Tintín carece de definición, siempre va hacia delante sin que se ahonde lo más mínimo en su personalidad y motivaciones. Menos mal que Haddock es un buen personaje y lleva el peso de la cinta, porque me temo que los secundarios, que en el formato original sí funcionan y se usan muy bien, aquí no brillan especialmente: los detectives gemelos molestan (¿cómo llegan a África y por qué?), el villano es incapaz de dejar huella…

Su fuerza visual y su ritmo absorbente disimulan bastante los huecos narrativos. La hipnótica animación y la soberbia dirección casi hacen olvidar las salidas de tono demasiado irreales. La suma de virtudes y defectos dan como resultado una impresionante montaña rusa que divierte y emociona con bastante facilidad, pero una vez roto el hechizo la película se olvida rápidamente.

John Carter


John Carter, 2012, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 132 min.
Dirección: Andrew Stanton.
Guión: Andrew Stanton, Mark Andrews, Michael Chabon, Edgar Rice Burroughs (novelas).
Actores: Taylor Kisch, Lynn Collins, Samantha Morton, Willem Dafoe, Thomas Haden Church, Mark Strong, Ciarán Hinds, Dominic West, James Purefoy, Bryan Cranston, Polly Walker.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce de maravilla. La banda sonora es excelente..
Lo peor: El guión es penoso, la aventura confusa y aburrida.
La frase: ¡Vorginia, Vorginia!

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La trama tiene un trasfondo demasiado complejo de reinos, razas, culturas, creencias, conflictos e incluso detalles no llamativos pero necesarios para entenderlo todo, como el cargo y funciones de cada personaje o sus difíciles nombres. A su vez, la historia del personaje, este capítulo concreto que se nos relata de ese mundo, resulta muy sencilla, obedece a innumerables clichés de los cuentos de aventuras, reinos y guerras con pueblos oprimidos. Y por desgracia la mezcla no funciona. El mundo imaginario se presenta a duras penas, con evidentes dudas por parte del guionista y director sobre cómo hacerlo (de hecho se habla de que la película duraba casi tres horas y fue recortada drásticamente) y la consecuente sensación de improvisación, parcheo constante y falta de rumbo. Prólogos confusos mal hilvanados, recesos aburridos o todo lo contrario, lluvia de información mal dosificada, exponen de forma confusa y aparatosa la historia de Marte y sus gentes. Conflicto entre pueblos mal explicado (no se entiende de qué va el asunto ni se sigue claramente el desarrollo de los acontecimientos), cuentos de dioses y creencias que resultan intrascendentes y no se entiende muy bien su conexión con la trama, y sobre todo una raza enemiga que no se sabe qué demonios son y qué pretenden, sientan malamente los cimientos de la aventura. Y claro, si el lugar y la situación donde los personajes se sumergen no resultan atractivos ni fáciles de comprender, la conexión es difícil de establecer.

Las vivencias del protagonista y los secundarios que se encuentra por su camino pecan de simples y previsibles. El héroe renegado pero honorable, la princesa luchadora, el padre agobiado por los problemas que asaltan al reino, el enemigo implacable, las fuerzas oscuras que mueven los hilos desde la sombra… No faltan tampoco los nuevos amigos, las rivalidades con los machotes de la tribu y, como es Disney, también tenemos la mascota simpática (menos mal que no habla). Los hechos navegan por un camino igual de trillado. Aceptación de la misión, reunificación del pueblo, lucha contra el villano y final feliz con boda. Pero lo grave no es que el relato siga patrones muy clásicos, sino que lo hace bastante mal. Primero, porque no es capaz de desligarse del sabor a predecible, y segundo, porque parece empeñado en seguir esos patrones a toda costa, aunque deba descartar buenas ideas, aunque fuerce situaciones incongruentes, aunque se simplifique todo hasta límites molestos. Por ejemplo, la forma en que repentinamente Carter se queda y se casa con la princesa es de un ridículo indescriptible, y roles como el rival belicista de la tribu son de risa.

John Carter ofrece la misma historia que Avatar, Willow, La guerra de las galaxias… Y sí, hay que matizar que en realidad la saga de novelas en que se basa, creada por Edgar Burroughs en 1912, es precursora de muchas de estas obras, la fuente de la que numerosas películas conocidas han bebido descaradamente (de ahí el enorme parecido con La guerra de las galaxias, sobre todo la nueva trilogía)… pero es una razón más por la que esforzarse en conseguir dotar a la narración de más intensidad, en forjar un aura reconocible como propia e independiente. Es evidente que todas esas cintas citadas sabían minimizar sus limitaciones y exprimir sus virtudes, hacer interesantes a sus personajes, mostrar la trama de forma clara y, sobre todo, sabían entretener. John Carter es un despropósito, un burdo conglomerado de ideas primarias sumergidas en un universo pésimamente descrito. Y lo peor, el protagonista es mediocre y los secundarios aburridos. Como ocurría con el Aragorn de El Señor de los Anillos, John Carter es un cutre héroe que no sabe lo que quiere, que no desea estar ahí… pero sin que se explique por qué el tío se apunta a todo. Deambula sin motivaciones claras, pasa de todo pero no pasa, no quiere estar ahí pero lo está, se muere por volver a casa pero se casa con la princesa y se queda en Marte no se sabe por qué. Es un rol tan pobremente descrito y tan puesto al servicio de la narración que carece de entidad, de definición, y es incapaz de conseguir despertar interés en su caótico viaje.

El actor Taylor Kitsch cumple por los pelos. Mejor lo hace la princesa, pues Lynn Collins es capaz de sacar algo de emoción de su también monocromático personaje; además, viniendo el filme de Hollywood y de Disney sorprende por haberse elegido un bellezón maduro y exótico y no una rubita adolescente del patrón MTV, y por enseñar bastante chicha. En los caracteres secundarios tenemos un reparto de infarto bastante desaprovechado en personajes caricaturescos y disfrazados de formas horteras, pero el buen hacer de estos veteranos salva algunas escenas, como la pequeña aportación de James Purefoy a la fuga, uno de los pocos momentos cómicos dignos de recordar.

Cabría pensar que como cinta tontorrona de aventuras, fantasía y acción de alto presupuesto valdría para entretener, como Piratas del Caribe antes de ir desvaneciéndose en episodios insulsos o Transformers 1 y 2. De hecho, incluso los pocos que fueron a verla al cine no hablaron muy mal de ella. Pero desde mi punto de vista el guión es tan infame que no hay manera de salvarla, y más cuando la dirección es irregular. Sí, la puesta en imágenes es fastuosa. Los decorados, vestuario, localizaciones y en especial los efectos especiales son alucinantes. La dirección de Andrew Stanton saca buen provecho de todo ello con una puesta en escena que maneja muy bien la amplitud de los escenarios (virtuales y reales), pero a la hora de enfrentar las escenas de acción toda la magia desaparece y la película se convierte en otra más de acción aparatosa llena de efectos especiales y ruido donde no se entiende nada, donde las criaturitas digitales copan las imágenes sin transmitir emoción alguna. El clímax final es muy monótono y las peleas sosísimas a pesar de las impecables labores de diseño de producción y efectos especiales. Gran parte de culpa la tiene que sin personajes llamativos a los que seguir no hay manera de despertar interés, pero también se agrava por la carencia de energía, de alma, en la dirección de esos momentos cumbre. Hasta Michael Bay consigue resultados claramente superiores en sus productos, y por ello logra sobreponerse a sus limitados guiones y ofrecer cintas espectaculares y entretenidas, pero Andrew Stanton, tras su fulgurante carrera en Pixar (con joyas como Wall-E y Buscando a Nemo), no ha solventado muy bien su paso a la imagen real (o medio real).

Pero más allá de la impresionante recreación visual de Marte y sus pobladores, lo que destaca enormemente en esta fallida mega producción es la imponente banda sonora de Michael Giacchino. Con influencias de John Williams y Maurice Jarre crea un motivo principal épico, glorioso, y se marca en general una obra notable que ensalza las imágenes de forma impresionante, dotándolas de una fuerza de la que en realidad carecen y dando intensidad a una trama apática y de ritmo renqueante.

Otra vez Hollywood da por sentado que una buena película se hace solita con dinero y un apartado visual vistoso a base de efectos especiales y ruido. Se buscaba un gran éxito comercial, e incluso el inicio de otra saga que pegase fuerte en la población, pero John Carter no partía con la ventaja que tuvieron Harry Potter, Transformers, Crepúsculo, Los juegos del hambre…: su fuente original no era adorada por masas ingentes de población. Así, el órdago era de aúpa. Y alguna vez esta fórmula absurda tenía que estrellarse. Quiso un aleatorio cúmulo de hechos que no llamara la atención del público de forma masiva, pues no toda producción palomitera puede conseguir llenar las salas de cine con fuegos artificiales sin nada detrás. Una película de 250 millones (la más cara de todos los tiempos, tras excepciones como El Hobbit o Avatar) que no recauda esa misma cifra en su semana de estreno y además tiene un mal boca a boca cuando se necesitaban al menos 500 ó 600 millones para empezar a ser rentable, y no ha pasado de 270, es un fracaso sonado, tan sonado que el presidente de Disney tuvo que dimitir. Y me temo que esto significa que a partir de ahora se arriesgarán menos con las grandes producciones, que tirarán más hacia las secuelas y remakes facilones. Así pues, el fiasco de John Carter no se limita a lo artístico, sino que ha minado también la industria y parte del futuro cercano del género. Ha sido más entretenido y espectacular el efecto causado sobre el gremio que la propia película.

Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Drama, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

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Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan se pierde cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde deja de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto se escribía sobre la marcha, que se rodaban mogollón de escenas y se dejaba casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto (me explayaré sobre ello en el resto del análisis) como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es malillo se observan muchas secuencias editadas toscamente con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la narración también se tienen que meter algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público al parecer fue más importante que la consistencia del guion. Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde al borrar su presencia dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie B. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir cosas inventadas desde cero. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía (parece que es la única forma que conoce para crear drama). ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que lo monta para meter a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia de Arwen, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva. Es una línea tan innecesaria como ajena al resto, muy mal introducida en la trama y tan torpe en lo que respecta al desarrollo de personajes que no me entra en la cabeza cómo pudo ser concebida y plasmada tan rematadamente mal. Bueno, sí hay respuesta para ello: los guionistas son mediocres.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerle avanzar en la aventura? No se ahonda en ninguna trama, es redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como decía, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma ridícula entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un tipo que mete escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Criadas y señoras


The Help, 2011, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 146 min.
Dirección: Tate Taylor.
Guión: Tate Taylor.
Actores: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Allison Janney, Sissy Spacek.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Historia muy bien narrada, llena de personajes excelentes. Un gran reparto. Una música muy bonita.
Lo peor: Nada.
El título: Por una vez, el título en castellano es mejor que el original.

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La historia de cómo se fue gestando el final de la diferencia de clases entre negros y blancos en los años 60 (más de cien años después de la abolición de la esclavitud…) se ha abordado de muchas maneras, al igual que la aventura de la persona con ideales modernos enfrentada a un mundo abrazado a las injusticias por comodidad e ignorancia. Pero una buena película en parte lo es porque aporta una visión original y bien narrada sobre cualquier argumento, por muy visto que esté. Y Criadas y señoras se quita de un plumazo cualquier atisbo a cine pasado de moda, a historia demasiado clásica, ya sea por la recreación de la época cuidada a todos los niveles (realismo, detallismo, confección de personajes) o porque ofrece una perspectiva muy cercana y humana: deja de lado la política (aunque algo se ve de fondo en las noticias) y los dramas trágicos para centrarse en el día a día de unas pocas y deliciosas protagonistas.

Basándose en una novela de Kathryn Stockett, Criadas y señoras narra una historia ficticia (aunque no lo parece) en la que una serie de eventos revolucionan un pequeño pueblo sureño, haciendo tambalear el obstinado conservadurismo y las injusticias que éste genera. A través de un crisol de personajes de distinto origen y condición vemos la forma de vida de la época, los roles de cada clase, género y estatus social, los clichés, las costumbres y situaciones que llevan a la desigualdad y la opresión. El guión expone la situación de forma magistral a través de personajes definidos con sumo detalle, donde cada rol sirve para desarrollar un ejemplo de la condición humana y todos juntos muestran las grietas de la sociedad que formamos.

La situación de equilibrio social sustentada sobre el miedo a cambiar por un lado y a luchar contra las normas inmorales por el otro se rompe cuando entra en juego una joven blanca que, tras haberse formado en la universidad, vuelve a su pueblo con energía e ideales y se topa con la sinrazón del racismo, el estancamiento de la sociedad conservadora y las absurdas pajas mentales de sus obtusas amigas y familias, que ven todo intento de progresismo como un ataque a su propia existencia. Lo de siempre en las sociedades humanas, vamos. Su entusiasmo y determinación por sacar adelante su vida laboral (pretende ser escritora) y su conciencia ante la situación la llevan a preparar un libro que saque toda la inmundicia que las señoritas pijas blancas vierten sobre las criadas negras.

Sustentando las magníficas protagonistas hallamos el que probablemente sea el reparto más espectacular del año. La indómita y entusiasta Skeeter recae en una joven pero eficaz Emma Stone (estrella emergente tanto por belleza como por calidad); las dos principales criadas, las explotadas y abatidas Aibileen y Minny (la del pastel de mierda) son retratadas de forma impresionante por Viola Davis y Octavia Spencer respectivamente (premios en cantidad se han llevado las dos); la descentrada y rechazada ricachona Celia es mostrada por una brillante Jessica Chastain (a la que los kilos ganados para el papel le sientan de maravilla y quien ha pegado el pelotazo en 2011 con El árbol de la vida y Criadas y señoras marcándose papelones en ambas), y Bryce Dallas Howard realiza una gran composición de la retrógrada Hilly. Redondeando el plantel, en un apartado más secundario tenemos a dos inmensas veteranas: Sissy Spacek y Allison Janney. Pero como suele ser habitual, el doblaje empobrece estas estupendas labores, de hecho en este caso supone una limitación notable más allá de perderse la interpretación real: no se distinguen a las mujeres unas de otras (todas parecen tener la misma voz chirriante) y se eliminan los acentos entre clases/razas. Parece un telediario de Canal Sur, donde nadie tiene el acento del lugar.

Pasar de las dos horas en un relato que oscila entre la comedia y el drama ligero puede parecer excesivo, pero entre la cantidad y calidad de personajes y tramas y la fluidez de la narración la proyección pasa volando sin decaer lo más mínimo en ningún instante. Todas las líneas se entrelazan de forma exquisita, nunca parece haber un cabo suelto o una protagonista fuera de lugar en este filme perfectamente equilibrado. Hasta la narración en off funciona muy bien complementando momentos clave.

Criadas y señoras es una película que tiene de todo, y todo puesto en su sitio y en su justa medida. Una película que da todo lo que se espera del buen cine: entretenimiento que no olvida la inteligencia ni la calidad, que emociona en cada minuto de metraje pero también deja buen poso días tras su visionado, y que además también sirve como crítica y enseñanza de los males de la humanidad. Sin ser deslumbrante como para hablar de una cinta memorable, sí me parece que ha sido de las mejores producciones en un año en el que como ocurre más veces de las deseadas triunfan o se aplauden títulos claramente inferiores. Curiosamente tiene muchísimos elementos que gustan en Hollywood, de hecho es un filme que huele a Oscar en cada plano, pero a pesar de que (junto a Hugo) supera claramente a todas las demás nominadas (incluida a la ganadora, The Artist), pasó sin armar mucho revuelo. En la taquilla le fue bastante bien, sin embargo.

Shame


Shame, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 101 min.
Dirección: Steve McQueen.
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan.
Actores: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Bagde Dale, Nicole Beharie.
Música: Harry Scott.

Valoración:
Lo mejor: La base del relato, la calidad de los personajes y sus intérpretes.
Lo peor: La dirección pedante prefiere vacilar a emocionar.

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Shame es la historia de un en apariencia prototipo de hombre perfecto (trabajo exitoso, físico impresionante, facilidad para ligues de una noche) que en realidad guarda un desapego emocional brutal con el resto de la sociedad, en especial con el lado femenino, algo que se agrava porque es adicto al sexo. Toneladas de porno y numerosas citas con prostitutas no llenan su vacío. Ni siquiera es capaz de manejar la relación con su hermana, una joven frágil que necesita atención y apoyo.

Steve McQueen (guionista y director) construye un drama psicológico inteligente, directo y duro (desde trágico a sórdido -la búsqueda de apego y sexo lleva al protagonista a hacer algunas locuras-) que desgrana aspectos realistas de nuestra sociedad moderna: distanciamiento, soledad, dificultad para conectar con el género que te atrae sexualmente, trabajos que atrapan pero no aportan nada a tu vida… Los personajes exponen muy bien todos esos problemas y conflictos emocionales, sobre todo gracias a que están interpretados con maestría por dos actores ya consagrados: Michael Fassbender está estupendo, aunque me gustó más en X-Men: Primera generación y en Un método peligroso, y Carey Mulligan resulta brillante, dan ganas de ir a rescatarla de su tristeza. Hay algunas escenas impactantes y desesperanzadoras bastante logradas, como el polvo que no sale bien, las peleas entre hermanos, las miradas en el metro que pasan del flirteo al acoso…

Pero estas virtudes se diluyen en un relato incapaz de sacar todo el potencial de la trama y sus excelentes personajes. Una historia sobre emociones humanas no puede narrarse de forma tan distante y fría, pero también rebuscada. No es de recibo que en momentos cruciales en los personajes se priorice el plano pseudo-artístico sobre el mostrar claramente cómo se desarrollan sus sentimientos. Escenas rodadas desde la nuca de los actores, planos secuencia vacíos, largos, cansinos y con aportes musicales que no tienen objetivo alguno (salvo dejar claro que al director le gusta el piano), excesivo interés en fotografiar la arquitectura y decoración moderna así como la belleza de la urbe con luminosidad y colorido (vamos, clichés del cine gafapasta en cantidad), salidas de tono innecesarias (¿qué aporta al argumento ver el pene de Fassbender constantemente, incluso meando?), un final que se va perdiendo hasta acabar tirando por el sensacionalismo innecesario…

Lo que pudiera ser una cinta intensa y psicológica donde dos actorazos arrasaran con unos personajes muy humanos y torturados termina siendo un producto demasiado frío, lento, distante, aburrido. Parece un intento o vacile de arte pedante, gafapasta, modernillo (hipster) y alternativo (en plan Drive, otro coñazo sobrevalorado) que sin duda gustará a los amigos de lo raro y distinto, pero que probablemente se le atragantará a quien busque una historia bien contada.

Martha Marcy May Marlene


Martha Marcy May Marlene, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 102 min.
Dirección: Sean Durkin.
Guión: Sean Durkin.
Actores: Elizabeth Olsen, Hugh Dancy, Sarah Paulson, John Hawkes.
Música: Daniel Bensi, Saunder, Jurriaans.

Valoración:
Lo mejor: La actriz protagonista, capaz de transmitir emociones sin hablar.
Lo peor: Todo lo demás: un guión hueco, mal estructurado y que no lleva a nada, una dirección mediocre.

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Se puede deducir que Martha Marcy May Marlene versa sobre una chica perdida, la Martha del título, que acaba siendo adoptada por una pequeña comuna que funciona al modo de secta, y se escapa en algún momento para refugiarse con su hermana. Y digo que se puede deducir porque el guión confunde la sutileza con no decir nada y la inteligencia con andar liando el argumento de forma artificiosa, con lo que a pesar de los intentos de resultar denso y emocional queda en realidad notablemente hueco y superficial.

En casa de la hermana, Martha muestra una conducta errática, bipolar, depresiva. Intuimos que lo ha pasado mal, y como es obvio esperamos que se nos cuente por qué, cómo ha llegado a esa situación. La idea de la película parece que es abordar este estado mental mediante recuerdos, flashbacks y pensamientos sobre el reciente pasado, pero la conexión entre las líneas temporales parece hecha al azar: avanza a trompicones, soltando información sin mucho orden ni sentido. Y me temo que esa información no sirve para formar una idea clara de la evolución psicológica del personaje. No hay argumento alguno que indique por qué Martha se queda en la comuna, por qué se deja dirigir por el grupo, por qué es violada sin rechistar o por qué se supone que todas las chicas viven ahí atrapadas por el miedo; tampoco se dice qué la lleva a escaparse de una vez por todas. Algunos episodios además no tienen ni pies ni cabeza, ya sea porque no aportan nada (los robos a casas, incluido un asesinato) o porque resultan confusos (por eso de estar puestos sin coherencia y sin saber qué prentenden decirnos). Por ello, la película carece de sentido narrativo, de contenido. Va pasando el metraje y no hay forma de reunir una trama sumando tanta escena vacía, con lo que tampoco se puede hallar la sensación de soledad y desamparo que parece intentar transmitir. Y para colmo el desenlace es ridículo, tan jodidamente ridículo que creo que es el peor final que he visto en una película.

La puesta en escena es pobretona, con tramos donde se las da de moderna o artística y hace el ridículo. Quien espere encontrarse con un peliculón del tipo Winter’s Bone (así la anuncian) saldrá escaldado. Lo único rescatable es el gran papel de Elizabeth Olsen, hermana pequeña de las famosas e insoportables gemelas y quien sí va para actriz de verdad. De hecho ya lo es: cuánta tristeza transmite sin necesidad de hablar, qué bien muestra los cambios de humor y las recaídas. Es capaz de dotar de algo de vida a un personaje sin rumbo ni coherencia.

Caballo de batalla


War Horse, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 146 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Lee Hall, Richard Curtis, Michael Morpurgo (novela).
Actores: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, David Thewlis, Tom Hiddleston, Bennedict Cumberbatch, Celine Buckens.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena. Algunos momentos de gran fuerza.
Lo peor: El forzadísimo tono sensiblero. El ritmo apático de su primer tramo. Su simpleza y previsibilidad a pesar de tanto envoltorio exquisito.
Mejores momentos: Los caballos que llegan con jinetes al frente de ametralladoras… y pasan sin ellos. Soldados de distintos bandos tratando se salvar al caballo en las trincheras.

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Desde los avances se intuía y los primeros minutos de proyección confirman el tono e intenciones que Steven Spielberg quería para War Horse: un sensiblero melodrama familiar centrado en animales, un clásico cuento de superación, separación y reencuentro. Su virtuosismo en la puesta en escena consigue que el viaje sea espectacular a la par que emocionante, y si bien hay momentos capaces de estrujar el corazón y humedecer los ojos, hay otros donde ese tono consigue transmitir todo lo contrario, la sensación de que el estilo se ha forzado en exceso, de que la búsqueda de la lágrima fácil se intenta a través de trampas muy evidentes. Resulta en ocasiones tan enervantemente ñoña, facilona y predecible que por momentos parece un insulto a la experiencia (esto ya lo he visto, esto es una bobada cursi) e inteligencia (tan pasado de rosca que no sé cómo esperas que me lo crea) del espectador. Y es una pena que a veces patine tanto, porque como digo la realización es exquisita y la historia puntualmente posee gran fuerza.

El peor tramo es el inicial. El proceso de unión entre el chaval y el caballo obedece a unos clichés y un estilo tan clásico que resulta viejo y por extensión ingenuo, a lo que se le suma que es tan previsible que no despierta interés y que parece tan decididamente obsesionado con conectar con la fibra sensible del espectador que se ven los trucos muy rápido y provoca más rechazo que emoción. El empresario villano, el padre sobrepasado por la situación, la madre fuerte, el joven entusiasta y esperanzado… Todo resulta tan evidentemente moldeado que casi provoca arcadas. Cuando aparece una oca graciosilla a complementar las escenitas bobas de animales casi dejo la película a medias. Pero menos mal que no lo hice…

Cuando empieza la guerra y el caballo se ve envuelto en ella la cosa cambia bastante. La tontería familiar se deja de lado para seguir al equino en una aventura que muestra la tragedia del conflicto bélico en varios niveles. Se trata la deshumanización de los soldados, donde algunos intentan resistirse encontrando consuelo en el cuidado de estos animales, y se analiza el efecto que la situación causa en el resto de la sociedad (en especial en las clases bajas) y la soledad que trae consigo la muerte y la desolación. De hecho a veces me parece un relato demasiado intenso y oscuro comparado con el que encontramos al inicio de la proyección: las escenas de guerra son tétricas y hay muchos muertos (incluidas ejecuciones), aunque se evitan mostrar los impactos de bala con diversos juegos visuales (que son virtuosos pero también parecen forzados).

En este viaje hay también muchos momentos claramente destinados a estimular la lágrima y sensibilidad del espectador, pero unos cuantos de ellos resultan muy acertados (los personajes con los que se topa el caballo siempre aportan esperanza dentro del caos, en especial la encantadora pareja del anciano y la niña -imposible no pensar en Heidi, por cierto-), otros resultan gratificantes (por divertidos a la par que bonitos, como los soldados de distintos bandos salvando al caballo en las trincheras), otros se controlan mucho mejor (la reaparición del anciano al final me pareció muy comedida y eficaz) y algunos aunque estén bastante sumergidos en la onda previsible y forzada llegan en el momento justo, y quizá si antes no se hubiera abusado tanto hubieran funcionado mucho mejor (el reencuentro final del chaval con el caballo es digno de culebrón pero difícil de eludir en una narración de este tipo).

El relato tiene un envoltorio técnicamente perfecto y artísticamente sobrecogedor. La ambientación (desde el impecable vestuario a las localizaciones y decorados), el sonido, la música, la fotografía… Steven Spielberg une todo bajo su mando ofreciendo una labor de dirección que derrocha recursos y habilidades en cantidades no mesurables. De hecho, su inmenso aspecto visual es más esperable en una gran epopeya y parece excesivo para una cinta tan sencilla, algo que sin duda disfraza bastante el tono de fábula tontorrona.

Aunque como pasatiempo cumple con creces y algunos puntos fuertes elevan su nota, no me cabe duda de que con un estilo más maduro e inteligente la película podría haber sido de muchísima calidad. Estar destinada para todos los públicos no significa rebajar su nivel hasta casi el retraso mental. Menos tono Disney y más madurez y naturalidad le hubiera venido francamente bien. No puedo evitar citar un ejemplo de lo que sería un perfecto drama familiar: E.T., una de la producciones más recordadas de Spielberg y que sin duda está en la cumbre del género.