El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2016

Independence Day: Contraataque


Independence Day: Resurgence, 2016, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes, ciencia-ficción.
Duración: 120 min.
Dirección: Roland Emmerich.
Guion: Roland Emmerich, Dean Devlin, varios.
Actores: Jeff Goldblum, Bill Pullman, Williams Fichtner, Sela Ward, Liam Hemsworth, Judd Hirstch, Maika Monroe, Jessie T. Usher, Brent Spiner, Charlotte Gainsbourg, Deobia Oparei, Travis Tope.
Música: Harald Kloser y Thomas Wanker.

Valoración:
Lo mejor: Espectáculo y entretenimiento garantizados.
Lo peor: El tono estúpido no se ha eliminado.
Mejores momentos: La batalla final.
La pregunta: ¿Cómo han tardado veinte años en hacer la secuela a pesar de la cantidad de dinero que amasó la primera?
La frase:
-¿Por qué gritan?
-No, no gritan. Celebran.

* * * * * * * * *

No entiendo el varapalo que se ha llevado en la opinión del público. En la IMDb le dan la misma nota que a la infame Godzilla, y apenas ha llegado a 400 millones de dólares de recaudación, lo mínimo esperable hoy en día para una superproducción, a pesar de la publicidad y del interés aparente que había y de que la primera parte rompió esquemas con 800 millones a mediados de los años noventa. Bueno, en realidad supongo que el problema ha sido el factor nostalgia. La anterior está sobrevalorada en los corazones de los espectadores y se le perdonan fallos que a esta no. Es lo mismo que pasó con Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, por ejemplo. Parece que han olvidado los estereotipos cansinos en la trama y en los personajes y las salidas de tono excesivas. Vamos, el envoltorio inmaduro y por momentos bobo que echaba a perder unas ideas que parecían apuntar a algo más serio y grande. Con eso en mente, Independence Day: Contraataque es tan entretenida y espectacular… y tan estúpida, claro… como la anterior, y bastante mejor que los bodrios que lleva pariendo Roland Emmerich desde entonces (sólo merece salvar El patriota).

El único cambio notable es lógico y muy aceptable. No hay una larga introducción en plan intriga. No es necesario, conocemos el argumento. Pero no se abandona del todo, sino que el misterio se disemina aquí y allá, con la nave esférica y su sugerente contenido. Sí, cualquiera con dos dedos de frente intuirá de qué va la cosa (en cuanto ocurre lo de la Luna lo vi venir), pero tampoco pido una trama compleja o rebuscada, me conformo con que se desarrolle bien, con que no tomen al espectador por tonto. Y la historia funciona, dando la vuelta de tuerca necesaria al nuevo ataque del despiadado enemigo para que no sepa a repetición sin más. Pero también hay sorpresas. El tramo final no me lo esperaba y arregla un gran fallo del primer episodio: el desenlace esta vez no tiene sandeces patriotas, no es predecible hasta perder mucho interés, sino todo lo contrario, se realza un clímax épico con un giro muy bien exprimido.

El conjunto cumple de sobras como superproducción de acción. El ritmo es fantástico, se combinan muy bien los recesos informativos, las transiciones entre escenarios y personajes (otra cosa es que sobre algún rol, como indicaré luego) y las secuencias de acción. El nivel visual es impresionante a pesar de las reticencias iniciales porque todo sería digital. Los tiempos cambian, y desde hace años la recreación de ciudades por ordenador da resultados magníficos, así que no hay queja alguna. El espectáculo audiovisual está garantizado con un sinfín de situaciones catastróficas y batallas bastante variadas, impidiendo que aparezca la sensación de desgaste.

Pero claro, hay que hacer varios saltos de fe para disfrutar, porque como analicemos a fondo el guion… La llegada de la nave gigantesca está muy bien recreada con los efectos especiales, pero desde luego no es verosímil. Su entrada en la atmósfera directamente destruiría a la humanidad al generar una tormenta global o incluso desplazar hacia el espacio la mitad de la propia atmósfera. Arquímides, señores guionistas. ¿Qué costaba mostrar naves de tamaño más creíble y bien armadas, en plan “han enviado sus destructores”? Nooo, aplican la ley de “más grande = mejor”. También canta un montón cómo se “olvidan” de los escudos para incluir una escena de pelea dentro de la nave. Dicen que “enviarán unos drones para desactivar los escudos”, algo que no vemos, algo que no vuelven a emplear. Además, si el enemigo está ahora desprotegido, por qué no atacas con todo el arsenal nuclear desde lejos, qué es eso de exponerte acercándote tanto. También hay agujeros de guion propiciados por no saber narrar bien, como el tipo que dice que sintonicen tal canal de la radio para hablar cuando ya están hablando, en un burdo intento de justificar que sigan comunicados cuando están separados. Y hay otros producidos por las cansinas escenas de tensión forzada, como engañarnos con que la nave de los compañeros no ha salido del hangar cuando es obvio que sí lo hará (si iban pegaditos, ¿dónde se mete?), o la chapucera cuenta atrás, donde señalan que quedan “cuatro minutos” cuando está claro que la batalla es bastante larga.

Pero los problemas serios de escritura están en el dibujo tan pobre de los protagonistas, el estilo pueril que se busca. Esta vez el patriotismo hortera no existe (de hecho se habla de unión global, no de EE.UU.), pero no nos libramos de un grupo de personajes anclado en estereotipos vulgares. En realidad hay dos conjuntos de protagonistas, con un notable contraste entre ellos. El de adultos que trabajan duramente contra la amenaza, donde se ofrece una línea más seria, y el de jóvenes idiotas y despreocupados que acaban metidos en todo el embrollo pero nada parece importarles más allá de sus rencillas, amoríos y ganas de fornicar. Para rematar nos meten “la cuota China”, algo ya inevitable en las cintas destinadas a reventar la taquilla, porque ese mercado puede dar como cien millones más. Pero no se esfuerzan por integrar los caracteres de esta sección, sino que los meten en escenas forzadas y con aún más clichés. El familiar (aunque era tío, no padre, creo recordar) duro y exigente, la joven guapa tratando de hacerse un hueco en un mundo de hombres, el sacrificio heroico… En fin, minutos tirados a la basura. Pero bueno, también parecen tiempo perdido los otros adolescentes (aunque son treintañeros con supuesta experiencia se comportan como quinceañeros). El negro es un cero en interés y el actor (el desconocido Jessie T. Usher) empeora la cosa, de hecho el protagonista es otro; vamos, que no sé qué pinta aquí el personaje, más allá de que tomaron como obligación que había que meter un hijo del personaje de Will Smith. A la hora de la verdad el único destacable del grupo es el blanquito chuletas (un lastimero Liam Hemsworth) al que le resbala todo y hace lo que le sale de los cojones, y aun así todo le va sobre ruedas. Por supuesto tampoco falta el secundario cómico, el tontorrón que se supone que es simpático pero resulta cargante de narices. Finalmente tenemos a la chica guapa, decidida y experta en todo lo que hace (piloto, asistente político… sólo le ha faltado dar órdenes junto a los generales); Maika Monroe (dada a conocer en It Follows) tampoco hace un gran papel, pero no da tanta pena como el resto.

Entre los adultos la cosa mejora, pero no tanto como para conseguir un buen repertorio. David, el científico que descubrió el plan en la primera entrega (Jeff Goldblum), sigue teniendo una personalidad clara y simpática. El número de generales se ha reducido y se potencia en uno solo, Adams, interpretado por uno de esos secundarios de gran calibre, William Fichtner; no dejo de pensar que este podría ser el personaje pensado inicialmente para Will Smith, aunque seguramente con más escenas de acción al final. El expresidente (Bill Pullman) y la nueva presidenta (Sela Ward) tienen la presencia e interés justos. Y varios de ellos son acompañados por secundarios que no parecen vitales pero dan más vidilla al conjunto: el funcionario es graciosete sin resultar excesivo, el líder tribal y su postura tan marcada tampoco se pasa mucho de la raya (y la parte de la tribu es interesante, aporta un poco de historia entre ambos capítulos). Pero ya van inclinándose demasiado hacia lo exagerado y absurdo, espectro que vuelven a copar el científico loco (Brent Spiner) y su novio, con el despertar del coma tras veinte años sin ninguna limitación física, el histrionismo y el humor de payasos infantiles. Pero como decía, también tenemos algunos personajes innecesarios. Reaparecen unos cuantos roles que aquí no pintan nada, del estilo los de la caravana del capítulo previo: el padre de David y los niños no aportan mucho; ¿querían mostrar con ellos los problemas del pueblo llano? Entiendo la necesidad de dar homenajes varios, pero una cosa es la escena del discurso, donde aparece un viejo general, y otra la gilipollez del hospital, donde el piloto “hijo” de Will Smith deja el escuadrón que debe salvar al mundo para buscar a su mamá, escena tan forzada pero a la vez intrascendente que la borras de la memoria enseguida. Aunque para mí el más inconexo es la científica que va con David (Charlotte Gainsbourg), que no me dice nada.

Gracias al conjunto de adultos se sobrelleva mejor tanta estulticia con los chavales, así que es inevitable pensar que eliminando a estos niñatos la película ganaría bastante. O, dicho de otra forma, tomándola como un drama más serio podría haber sido mucho mejor, pero desde el éxito de la primera entrega Emmerich y también gran parte de Hollywood están convencidos de que es al revés, de que llenando las películas de estupideces es como más éxito tienen.

En el epílogo prácticamente anuncian una tercera parte. Yo espero que se haga, el cambio de escenario es muy prometedor.

Ver también:
Independence Day.

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Star Trek: Más allá


Star Trek Beyond, 2016, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Justin Lin.
Guion: Simon Pegg, Doug Jung.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban, Simon Pegg, Zoe Saldana, John Cho, Anton Yelchin, Idris Elba, Sofia Boutella, Joe Taslim, Lydia Wilson.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ligera mejora en el dibujo de los personajes y el desarrollo de la trama. Un acabado visual (dirección, efectos especiales) inconmensurable.
Lo peor: Agujeros de guion y estupideces incontables frenan su seriedad, coherencia y potencial.
Mejores momentos: El ataque al Enterprise y los primeros pasos por el planeta.
El plano: El platillo cayendo por la atmósfera.
El idioma: Tengo que agradecer por fin que no todas las malditas especies del universo hablen inglés, como ocurría en la series.
La duda: ¿El brindis en una de las primeras escenas es por el padre de Kirk o una forma de meter el homenaje al fallecido Anton Yelchin (Chekov)? Porque parece lo segundo pero el actor está presente en toda la película. Leonard Nimoy tiene su propio homenaje.

* * * * * * * * *

Tercera entrega de la reinvención comercial de la saga Star Trek. Es la única digna de las tres (I y II), aunque deja la sensación de que con pocas mejoras podría haber realmente una buena película. Y eso que todas las entregas repiten el mismo esquema: tipo chungo amenaza a la Federación, sólo el Enterprise parece estar ahí para oponérsele, y los personajes siguen más o menos el mismo patrón. En los filmes de la tripulación original y la nueva generación cada historia era completamente distinta, y en general hasta los títulos más flojos tenían al menos personalidad. Pero sí, en la presente casi se ven personajes de calidad, casi se recupera la esencia de la serie, casi tenemos una superproducción que poder recordar con agrado en el futuro. Pero hay una pugna constante entre el buen hacer y la decepcionante concepción del cine de acción contemporáneo que siguen con tanto empeño en Hollywood: los personajes han de ser esbozos superficiales y reconocibles únicamente por estereotipos, el humor mejor infantil y directo, la trama debe desarrollarse de la forma más básica posible y tirando de clichés de supuesta eficacia comprobada, y todo estos elementos han de estar supeditados a los fuegos artificiales. El resultado, una obra bastante prometedora pero lastrada por exageraciones visuales innecesarias y por infinidad de fisuras o directamente agujeros monumentales en su escritura. Una caótica montaña rusa que pasa de lo intenso y espectacular a lo frío y estúpido en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque no tuvieran una evolución concreta en los dos capítulos previos, de hecho ni ofrecían una personalidad a la que aferrarse, aquí nos presentan a los personajes en un punto de inflexión de sus vidas: han sufrido mucho en la misión de exploración de cinco años y quieren cambiar de aires. A buenas horas van a darles algo dimensión, y encima llegando a un punto clave sin una transición adecuada, pero bueno, aceptamos el repentino cambio si eso va a ofrecer algo de profundidad y recorrido emocional. A la larga no se materializa en unos caracteres atractivos que enganchen con fuerza, de hecho la maduración final es muy predecible, pero al menos durante la situación actual tenemos algo con lo que conectar, algo que explique por qué hacen determinadas cosas, y no que ocurran estas sin más, como suele darse demasiado en esta cansina visión simplificada del género. Recordemos cómo en la primera parte todo iba cayéndoles encima sin orden ni concierto, y avanzaban sin mostrar unas intenciones y esfuerzos concretos.

Spock busca a Uhura por amor, y el pasado y presente de su pueblo pesa en sus decisiones. Scotty no se amilana ante nada. Bones refunfuña pero hace su trabajo como debe. Kirk va dejando de lado su independencia e inmadurez y abrazando los valores de la Federación. Y tanto sus personas como este sistema político y social son puestos a prueba con las motivaciones y planes del villano, simples pero al menos con sentido. De esta manera, en combinación con un apartado visual de notable alto, el segmento central, con la batalla que deja a los tripulantes varados y separados unos de otros y los esfuerzos por sobrevivir y reencontrarse, ofrece una aventura que te mantiene agarrado a la butaca, disfrutando de unas odisea excitante pero también algo interesado por el porvenir de los protagonistas. Si es que incluso hay algunos diálogos con una pizca de ingenio, sobre todo por parte de Bones.

Pero no es suficiente, en general sigue sabiendo a poco, tanto porque no terminan de explotar del todo a los roles principales (Kirk continúa quedándose un tanto por debajo de Bones, Scotty y Spock) como porque no logran un grupo de secundarios con una mínima dimensión e interés. Qué difícil es hoy en día ver películas con muchos personajes carismáticos, en la línea de la magistral Mad Max: Furia en la carretera. Chekov y Sulu no tienen personalidades concretas. Uhura obedece a la tendencia del momento, el feminismo forzado: hoy en día hay que tener una mujer independiente y capaz, y esto lo entienden muchos como que debe soltar hostias como panes, así que vemos una oficial de comunicaciones que parece una soldado experta en el cuerpo a cuerpo. Otros estereotipos, estos más viejos, aparecen con las tres nuevas secundarias, pues se sabe exactamente cuál es su posición en el relato desde el primer momento: quién será la traidora, cuál la que morirá pronto, y cuál la que busca venganza. Por extensión, se ve venir de lejos cuándo veremos el enfrentamiento a puños de turno, tanto la venganza de aquella con el malo de segundo nivel como la lucha final entre Kirk y el malo principal. Este villano además recuerda demasiado al pseudo Khan del capítulo anterior, aunque sea más interesante. Y finalmente, la maduración final de las figuras principales es como decía muy previsible después de los prometedores pasos iniciales. ¿De verdad el conflicto interno no podía terminar de una forma más inteligente o al menos sutil? También tenemos alguna explicación tonta para espectadores tontos, como decir qué está haciendo el malo al lanzarse con los cristales, cuando es obvio, o traducir las conversaciones supuestamente complicadas con sentencias cortas que además están salpicadas de fallidos toques de humor.

Estas limitaciones se van disimulando aceptablemente bien porque el acabado visual sí da la talla y realza mucho la fuerza del relato. Y es que esta entrega es realmente deslumbrante, ofreciendo un título taquillero digno de ver. Como indicaba, el punto álgido, el combate espacial, corta la respiración con secuencias impresionantes, algunos planos épicos y otros incluso con cierta bella (la caída del platillo), pero el resto del metraje mantiene el ritmo entre intenso y trepidante muy bien. En el primer capítulo se quedaban cortos en la recreación del Enterprise a pesar de tener tanta relevancia; en el segundo mejoraban ese aspecto y seguían subiendo el listón con los mundos y ciudades; pero aquí alcanzan un nivel sobresaliente, rivalizando codo con codo con las sagas reinas de los despliegues de efectos especiales y destrucciones de ciudades y mundos, Transformers y Los Vengadores. Ahora sí que vemos la nave en todo su esplendor: saltamos entre pasillos y cubiertas recreados con una indudablemente difícil combinación de decorados enormes y detallados, maquinaria imponente (donde exprimen la técnica de girar pasillos de Origen; los “cómo se hizo” son dignos de ver) y efectos por ordenador de primer orden. A esto hay que sumar el excelente trabajo realizado también con los mundos imaginarios y la gran base espacial (aunque se pueden localizar edificios conocidos, supongo que por ahorrar esfuerzo y costes), donde se ve que quedaron tan contentos con el resultado que se permiten unos cuantos planos para vacilar, de los que no me voy a quejar.

Justin Lin (serie A todo gas/Fast and Furious) maneja esta colosal superproducción con una habilidad y determinación encomiables, hasta el punto de que su labor resulta más madura y efectiva que la de J. J. Abrams. Con una visión más seria y sólida, sin efectos de lucecitas innecesarios (lens flare los llamaban), con menos ajetreo de cámara y aun así con un ritmo más vibrante. Viendo El despertar de la Fuerza quedó claro que Abrams es capaz de mucho más, pero en la presente saga le dio por experimentar y no le salió bien. Cabe destacar también que la banda sonora de Michael Giacchino tiene más pegada y más sentimiento que sus trabajos previos, que me resultaron algo apagados en el drama y repetitivos en la acción. Los actores, como es esperable con el paso del tiempo, están más cómodos en sus papeles, aunque los únicos que destacan como buenos intérpretes son Karl Urban de nuevo y ahora que tiene un rol menos bobo e histriónico también Simon Pegg.

En pocas palabras, se ve la semilla de una buena película de acción y ciencia-ficción… Pero como decía, en aras de abrazar esa obsesión con simplificar, idiotizar, llenar de clichés y abusar de lo visual, poco a poco se van abriendo grietas, apareciendo muchos agujeros de guion, situaciones inverosímiles o poco trabajadas que van frenando su potencial. Algún desliz o falta de esfuerzo se podría pasar por alto si el conjunto tuviera más coherencia, pero son tantos, y algunos de ellos bastante graves, que te pueden estropear el disfrute de una cinta que apuntaba algo más alto pero se queda en un entretenimiento irregular.

Alerta de spoilers: A partir de aquí revelo todo detalladamente, incluyendo el final.–

-La continuidad les importa bien poco con tal de lucir el dinero. Kirk y otros llegan al planeta con lo puesto pero repentinamente aparecen con unos trajes muy vistosos.
-Por qué lo llaman nebulosa si es un planeta rodeado de asteroides, que como es habitual en el cine están imposiblemente pegaditos cuando en realidad los separarían cientos de miles de kilómetros.
-¿Me tengo que creer que un ascensor está preparado para resistir en el espacio?
-¿Cómo expulsan Bones y Spock a los tripulantes de los cazas sin salir despedidos también y sin asfixiarse ni sufrir descompresión?
-¿Con todas las brechas que abren los enemigos en el Enterprise no hay más situaciones de descompresión (sólo se ven un par)? Qué bien se encajan las naves al embestir, oye.
-En el platillo estrellado Chekov tarda como cinco segundos en escuchar la llamada de la traidora, rastrearla, encontrar el lugar de difícil acceso donde la está liando y salvar a Kirk.
-Qué casualidad que el humo que se solidifica les cubra todo a Kirk y Chekov menos la cara, para que así puedan seguir respirando.
-Hablan de una tal Kalara en cierto momento… Es la traidora, pero se olvidan de presentar su nombre antes, así que tienes que hacer malabares para adivinar a quién se refieren.
-¿Pero cómo tiene la nave obsoleta (el Franklin) datos sobre la estación nueva, y cómo ponen un mapa de ella en pantalla en menos de un segundo?
-¿Por qué las naves el enjambre estallan cuando tienen problemas de comunicación? ¡Y estallan todas menos las que pilotan los protagonistas! La música es mala, pero no para tanto.
-¿Cómo sabe Bones de qué plaza le habla Kirk, y cómo calculan el tiempo para llegar todos justo en el momento clave?
-No se explica por qué Krall tiene ese careto alienígena. Es una excusa muy tramposa para forzar la pseudo sorpresa final, porque estaba claro quién era desde la mitad de la película.

En cuanto a la manía de ir a lo más exagerado, toda escena se lleva al límite, las cosas se resuelven en el último momento tras un esfuerzo y una dificultad imposibles. Esto genera muchos momentos en los que la lógica e incluso la coherencia interna se dejan de lado, lo que al fin y al cabo son también agujeros de guion:
-Otra vez tenemos la gravedad cambiante de la nave. No puedes pasarte por el forro las propias reglas expuestas para este universo sólo porque ahora quieres una escena molona. Si nos dices que el Enterprise puede pegarse unas aceleraciones increíbles (la salida del puerto espacial) sin afectar a la tripulación, luego no me puedo creer que en un par de giros en el combate la tripulación salga despedida por todas partes. Así, las escenas de gente corriendo tambaleándose o por las paredes pierden bastante verosimilitud. Para colmo, resulta que después de todo, cuando están en caída libre hacia el planeta no flotan, ¡todos andan sin problemas!
-Pero hay más lío con las fuerzas absurdas: “Tenemos que estar en velocidad terminal para que los impulsores funcionen”. ¿Perdona? ¿Quieres activar los impulsores cuando más fuerza en sentido contrario tendrán? Muy lógico sí. Y no se queda ahí la cosa, porque mientras están en caída libre los tripulantes no se pegan al asiento, ¡sino que otra fuerza misteriosa los empuja hacia adelante!
-Scotty y el barranco… ¿No era suficiente con la escapa por los pelos del abordaje, la caída aparatosa entre rocas y el estrellarse?
-¿De verdad hacía falta el salto de Kirk con la moto para atrapar a la muchacha de chiripa? La propia secuencia al completo es demasiado exagerada, y además es el único momento donde la puesta en escena no da la talla, pues el plano de la moto corriendo entre riscos canta un montón.
-El despegue del Franklin… ¿De verdad hay que forzar tanto la cosa? Ya he comentado la malaciencia de la caída suicida, pero no les bastaba, necesitaban algo más desmedido todavía: la nave rozándose con todas las montañas sin sufrir daños, el cutre amago con que se han estampado en el suelo… Pero es que hasta rompen la realidad que acaban de exponer: no es una nave hecha para volar en la atmósfera, dicen… ¡y luego encienden un montón motores de despegue! En fin, un despropósito que sólo obedece a la manía de buscar espectáculo porque sí.
-Para qué quiere el malo un arma potente pero tan difícil de encontrar cuando tiene una fenomenal en sus manos, un enjambre de por lo menos un millón de naves súper destructivas y el doble de soldados (¿de dónde los ha sacado, pero cuánta gente se ha estrellado ahí?). Sólo con esas podía haber dañado bien a la Federación si no hubiera superhéroes como Kirk de por medio, a tenor de su efectividad. Pero noooo, tiene que ir dentro, a un sitio remoto y donde oooh, llegue únicamente Kirk, porque nadie más se dirige hacia allí para detener una amenaza tan grande. Querían un malo con un plan muy concreto pero también un ejército asombroso, y acabar en el típico encuentro a tortas entre él y el prota. ¿Que no hay manera de que encaje todo junto? Da igual, el espectador de hoy en día no piensa ni se queja ante carencias narrativos descaradas.

De esta manera en el tercer acto, como ocurrió con En la oscuridad, la cinta se derrumba por completo. Las buenas formas, ya heridas, se rematan con un inane desfile de efectos especiales. Hay que hacer demasiados saltos de fe para aceptar lo que se ve. El problema más destacable de hecho supone un agujero de guion demencial, de los más grandes, absurdos e imperdonables que he visto en una película. ¿Pero por qué demonios la Federación envía como nave de rescate una base civil, es que no tiene más navíos? Vaya forma injustificada de poner en peligros desconocidos a una población civil numerosa, población a la que no sé cómo se les ocurre vivir ahí sabiendo lo que les espera. Pero si esa parida no te echa para atrás, el resto no da mucho más de sí, todo clichés y tonterías. La peleílla final a tortas en plan videojuego ya la hemos visto en entregas previas, que luzca más visualmente es lo de menos si se abandona todo intento de conexión emocional e incluso de argumento digno, pues en vez de buscar eso se inclinan por tonterías alucinantes: Scotty tomando los mandos de la estación, las palanquitas que se enganchan en el momento justo y se desenganchan igual, los protas llegando y siendo salvados también en el ultimísimo momento. Y que me expliquen qué es esa habitación acristalada y ese colector espacial gigante. ¿Cómo voy a implicarme si cada nueva escena tiene elementos sacados de la manga repentinamente?

Entre tanta sandez y las innecesariamente ostentosas escenas de acción queda un desenlace muy frío a pesar del acoso constante de ruido e imágenes. Comparemos por ejemplo con el desarrollo del tramo central: las acciones de los personajes son las que mueven la narración, y la combinación de todas sus capacidades e ideas es lo que resuelve la situación. En el final meten la tecnojerga surrealista (que también abundaba en las series, eso sí) que resuelve todo en un giro facilón: la estulta escenita de la música que mágicamente hace explotar las naves enemigas. Y no, no me vale que cada personaje diga una frase de la solución en plan teatrero, como si esa parida implicara que han trabajado todos juntos. Aparte, el epílogo cumple con lo justo sin aportar nada que no fuera predecible, nada ingenioso, pero hay que decir que el time lapse de la construcción de la nueva Enterprise es muy bonito. Eso sí, no sé cómo le siguen dando naves a Kirk si en cada misión acaban destruidas.

Ver también:
Star Trek (2009).
Star Trek: En la oscuridad.

X-Men: Apocalipsis


X-Men: Apocalypse, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Bryan Singer, Simon Kinberg.
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Oscar Isaac, Rose Byrne, Evan Peters, Josh Helman, Sophie Turner, Tye Sheridan, Lucas Till, Kodi Smit-McPhee, Ben Hardi, Olivia Munn, Alexandra Shipp.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: El reparto, sobre todo los principales.
Lo peor: Es una repetición de todo lo visto. Prometía ser a cambio espectacular, pero se queda lejos de lograrlo.
Errores de continuidad: Se supone que a Rondador Nocturno lo conocen en X-Men 2, pero aquí está perfectamente integrado. Jean y Cíclope no conocían a Lobezno al llegar este en la primera X-Men, y es difícil que el encuentro que tienen aquí lo olvidaran. ¿Y cómo acabó Lobezno ahí si en X-Men: Días del futuro pasado se muestra que Mística lo rescata del fondo del río? ¿No se supone que hasta X-Men: La decisión final Jean Grey desconocía y temía los límites de sus poderes? Y supongo que hay más agujeros…

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Para muchos, la saga X-Men parecía agonizar sin remedio tras el cierre fallido de la trilogía original, la denostada X-Men: La decisión final, y las dos aventuras en solitario de Lobezno (I y II), prometedoras pero una vez vistas bastante insatisfactorias. Bryan Singer, quien diera vida a la adaptación de los cómics en la gran pantalla, era de los primeros en mostrarse decepcionado con el camino que llevaba, y se esforzó por darle nueva vida desarrollando X-Men: Primera generación, que con el sencillo truco de ir a la juventud de los mutantes recuperaba la esencia intacta, la cual que aprovechó muy bien en un guion certero que remató sabiamente el director Matthew Vaughn. Pero parece ser que seguía teniendo una espina clavada: darle un cierre digno a los mutantes adultos. Y se montó una difícil mezcla de ambas líneas temporales, X-Men: Días del futuro pasado. A tenor de su gran éxito, al público no pareció importarle que con cualquier excusa pudieran resucitar y matar personajes y rehacer tramas, además de volver toda la línea temporal muy confusa y llena de agujeros, pero a mí, aunque la película no estuvo nada mal, me pareció un jaleo innecesario y hubiera preferido que siguieran la serie exclusivamente con los nuevos protagonistas. Apocalipsis parecía volver a encarrillar las cosas, anunciando además una historia de gran épica al poner como villano al mutante más poderoso de los cómics. Pero Singer parece haberse dejado las neuronas en cuadrar la combinación de las dos líneas, y al retomar una en solitario ha mostrado un notable desgaste de ideas.

El problema más patente de esta entrega es que no ofrece nada nuevo. La temática clásica de aceptación de los mutantes está demasiado enquistada, no es capaz de darle nueva vida, o tan siquiera de probar a arriesgarse con una historia distinta. Y eso a pesar de que con el argumento elegido podía haberla dejado de lado para ir directamente a la acción, pero se empeña en incluir las escenas y clichés de rigor recalcando excesivamente la más que conocida posición de los tres bandos: Xavier, Magneto y gobiernos (curiosamente, nunca se habla de qué opina el pueblo llano de todo el tema).

Pero la falta de novedades se nota más en el agotamiento de los protagonistas. Todos ofrecen la misma historia personal que hemos visto en toda la serie, y más concretamente reviven situaciones que no se diferencian en nada de los dos capítulos previos. Xavier se limita a ser el buenazo que quiere integración y sacar adelante el colegio, pero a la hora de la verdad nunca vemos si los eventos de cada película dejan repercusiones o cambian las cosas, siempre se hace un reset sin más. Mística continúa buscando un hogar dando vueltas sin rumbo concreto por el mundo, para regresar al embrollo actual sin motivaciones claras; ¿en diez años no ha encontrado nada en lo que centrarse? Y sobre todo, Erik salta de la luz a la oscuridad según la tragedia familiar y el enemigo que amenace a los mutantes de turno. ¿En serio tenemos que ver otra vez a Magneto llorando, volviéndose contra los humanos, uniéndose a Xavier en la lucha (con los típicos roces iniciales y colegueo final), para luego irse otra vez? ¿Pero va a ser malo de verdad alguna vez? Menos mal que los actores (Lawrence, Fassbender, McAvoy) los realzan con interpretaciones muy entusiastas, porque si no vaya aburrimiento de protagonistas, cuando antes eran muy atractivos y resultaba fácil emocionarse con sus aventuras.

Los secundarios tampoco funcionan como podrían. Hay muchos personajes y Singer se obsesiona con darle una presentación completa a cada uno, con lo que el lanzamiento de la trama se posterga demasiado en secuencias que deberían ser mucho más imaginativas e intensas, porque lo que cuentan se ve venir o lo conocemos: el quién es quién, que Jean y Scott se liarán, que unos se unirán a Xavier y otros a los oponentes, que Lobezno se escapará del coronel Stryker… Hasta los que tiene ya presentados, como Peter (Mercurio), caen en ese círculo vicioso: ¡la misma escena-videoclip de la cinta anterior! ¿En serio? Por suerte, este grupo de jóvenes despierta la simpatía justa como para que se lleve bien la falta de rumbo claro, con la excepción de Moira, que es un pequeño desastre: ¿qué pinta en la narración? Pero de resultar lo justo de interesantes a deslumbrar, a dejar huella, hay un trecho muy grande. Si al final todos o al menos varios protagonistas avanzaran algo o se unieran dando un clímax que los exprimiera bien, pues quizá tanta exposición regulera se hubiera pasado un poco por alto, en plan “era necesario poner ciertas bases, aunque no fueran muy llamativas”. Pero me temo que también descuida mucho las transiciones y los desenlaces: cada uno tendrá la típica revelación en que acepte sus poderes y elija bando, pero sin avanzar realmente en su historia personal.

La psique de Tormenta no llega a abordarse a pesar del tiempo que ocupa. La de Mariposa Mental mejor no hablamos, sólo está para cumplir el cupo de enemigos, que no llegaban. Angel lo mismo, y no se sabe por qué Apocalipsis elige un mutante tan birria. Rondador aparece prácticamente en cada plano pero no se sabe nada de su vida y pensamientos. Bestia no avanza en ningún sentido, se ha relegado a relleno también. Scott y Jean qué hacen aparte de acercarse un poco el uno al otro; bueno, ella repite el clímax de X-Men: La decisión final en modo ligero, pero es lo mismo, es no aportar nada. Los peores parados son de nuevo los más relevantes. Con Peter parece que el realizador va a hacerlo avanzar en su drama (decirle a Erik que es su hijo) pero se lo guarda negligentemente para otra entrega. A esto se le suma el ciclo no repetitivo, sino ya cansino, de Erik. ¿Para qué sumerges a ambos en una tragedia de familias, de pérdida y búsqueda, si no los vas a llevar a una conclusión? Xavier sigue inmóvil, como si cumplir con lo de la calvicie fuera suficiente para señalar alguna supuesta evolución. Mística cada vez es más buena; fijo que se convertirá en la chunga de la primera X-Men en el último momento del último episodio en un giro trágico que la empuje al mal camino; igual ocurrirá con Magneto, supongo, porque Singer parece haberse inclinado por la fórmula blanda del cine comercial actual (Marvel a la cabeza): los protagonistas no pueden ser malvados, sólo llevados momentáneamente hacia la locura. Y para rematar, el conflicto con Apocalipsis se desarrolla de la forma más predecible posible. Este súper invencible villano (que quiere que lo adoren como a un dios pero en vez de mostrar grandeza lo destruye todo… que me lo expliquen) será derrotado por la esperable combinación de todos los poderes y el deus ex machina que se veía venir de lejos.

El otro gran problema es que ni si quiera da la talla como espectáculo. El ritmo aletargado y sin savia, las partes de acción poco inspiradas, y un aspecto visual que no cumple como debería, conforman una superproducción que parece haber costado la mitad de lo que dicen (178 millones de dólares). Los efectos de destrucción de ciudades no son nuevos ni se utilizan en elaboradas secuencias de acción, con lo que no impresionan lo más mínimo; se quedan a años luz de Transformers y Los Vengadores, la competencia más directa. Y en muchos momentos lo digital se nota demasiado: el campo de concentración o la reconstrucción de la mansión parecen un videojuego (por cierto, menudos conocimientos de arquitectura tienen los mutantes), y a veces la integración de actores con fondos añadidos en postproducción, como la escena de Apocalipsis usando a Xavier en el desierto, dan vergüenza ajena. Los robots y el estadio de Días del futuro pasado pasado quizá no sorprendían, pero al menos su acabado era imponente. Primera generación tampoco era impactante en lo visual, pero se suplía con una historia y unos personajes estupendos.

Ver también:
X-Men.
X-Men 2.
X-Men: La decisión final.
X-Men Orígenes: Lobezno.
Lobezno: Inmortal.
X-Men: Primera generación.
X-Men: Días del futuro pasado.